27936(08-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27936  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 221.  

Bogotá, D. C., noviembre ocho (8) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de fondo en sede de  casación  sobre la eventual violación de garantías del procesado CARLOS  ALBERTO CARDOZO RIVERA, en punto de  la  dosificación  punitiva  realizada  en  la  sentencia  de  primera instancia  proferida  el  8  de  agosto  de  2005  por el Juzgado Noveno Penal del Circuito  Especializado  de  Bogotá,  confirmada  el 16 de agosto de 2006 por el Tribunal  Superior  de  esta  misma  ciudad  y  mediante  la cual condenó al procesado en  mención  a la pena principal de 450 meses de prisión, así como a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  término  de 20 años, por los delitos de homicidio agravado, homicidio tentado,  hurto  tentado,  concierto  para  delinquir y porte de armas de uso privativo de  las fuerzas militares.   

HECHOS  

Se   vienen  resumiendo  de  la  siguiente  manera:   

“En  la  mañana  del  8 de julio de 1997,  varios  sujetos  armados  irrumpieron  en  las  instalaciones de la sucursal del  Banco  de Bogotá situada en la calle 17 con carrera 68 del perímetro urbano de  esta  ciudad  con  el propósito de asaltar la entidad; sin embargo, tal acción  coincidió  con el arribo de la patrulla policial integrada por los agentes Luis  Humberto  Gómez  Mojica  y  Fredy Álvarez Hernández, quienes fueron repelidos  con  disparos  de  armas  de  fuego  que ocasionaron la muerte del primero antes  mencionado  y  lesiones  de  gravedad  al segundo. Los delincuentes emprendieron  después la huida en un vehículo marca Fiat y en una motocicleta.   

Los  datos  suministrados  por  la comunidad  permitieron  a  las autoridades policiales desplegar el operativo finalizado con  la  localización  en el sector de la calle 13 con avenida Boyacá del automotor  utilizado  para  la fuga, de placas MQD-987 y en cuyo interior fue abandonada la  subametralladora  Ingram,  calibre  9  mm.,  con  su  respectivo  proveedor y 16  cartuchos  para  la misma; vehículo del cual fue despojado su propietario en la  noche  anterior  mediante  asalto  perpetrado  en la avenida 1 de mayo frente al  predio    de    nomenclatura    63   – 52.   

De  igual modo, en el allanamiento efectuado  al    apartamento    402    de   la   carrera   51   número   39   –   01  sur,  los  agentes  del  orden  privaron  de  la  libertad  a  los  individuos JUAN CARLOS PERALTA DÍAZ y JOSÉ  ELVIS   PERALTA  ROJAS.  El  primero  antes  mencionado  presentaba  una  herida  ocasionada  con  arma de fuego; y el segundo, según las constancias del acta de  la  diligencia,  informó  que otro de los intervinientes de los hechos residía  en  la  calle  27  sur  número  40A  –  31.  Los  uniformados se desplazaron entonces a esa otra vivienda,  donde   hallaron   9  millones  300  mil  pesos  en  efectivo  y  efectuaron  la  aprehensión  de  ANDRÉS  RODRÍGUEZ LARA, de quien se estableció después que  respondía    en    realidad    al    nombre    de    CARLOS   ALBERTO   CARDOZO  RIVERA”.   

ACTUACION PROCESAL  

1.  En  su  momento,  la fiscalía abrió la  correspondiente  investigación,  indagó  a  los capturados y el 18 de julio de  1997   les  resolvió  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  por  los  punibles  de  homicidio, lesiones personales,  hurto tentado y porte ilegal de armas.   

2.   En   el   curso  de  la  instrucción  Juan  Carlos Peralta Díaz se  acogió  al  mecanismo  de  sentencia  anticipada, razón por la cual el proceso  continuó   por   separado  respecto  de  los  otros  dos  vinculados,  en  cuyo  desarrollo,  una  vez  decretado  el  cierre  de la investigación, la fiscalía  calificó  el  mérito del sumario, profiriendo resolución de acusación contra  Andrés  Rodríguez Lara, por  los  ilícitos  atribuidos  al  definirle  la  situación jurídica,  y dictando preclusión de la instrucción  a  favor  de  José  Elvis  Peralta  Rojas.   

3.  Asumió inicialmente el conocimiento del  juicio  el  Juzgado  32  Penal  del  Circuito  de  esta ciudad, cuyo titular, en  decisión  del  21  de  agosto  de  1998,  optó  por  decretar  la cesación de  procedimiento    respecto   de   Andrés   Rodríguez  Lara,  al advertir que su identidad había sido objeto  de suplantación.   

4. Por lo anterior, la fiscalía reinició la  investigación,  esta  vez  en contra de CARLOS ALBERTO  CARDOZO   RIVERA,  a  quien  después  de  indagar  le  resolvió,  el  6  de  junio  de 2000, la situación jurídica, afectándolo con  medida  de  aseguramiento  por los ilícitos de homicidio agravado, tentativa de  homicidio  agravado,  tentativa  de  hurto calificado y agravado, concierto para  delinquir  y  porte  ilegal  de  armas  de fuego de uso privativo de las fuerzas  armadas.   

5.  El  15  de  marzo  de 2001 el instructor  cerró  la  investigación  y,  mediante decisión del 2 de noviembre siguiente,  calificó  el  mérito  del  sumario  acusando a CARLOS  ALBERTO   CARDOZO   RIVERA,   como  presunto  coautor  responsable  de  los  delitos  de  homicidio  agravado,  tentativa de homicidio,  tentativa  de  hurto,  concierto  para  delinquir y porte ilegal de armas de uso  privativo.   

6.   La   providencia   calificatoria  fue  confirmada  el  3  de  junio  de 2003 por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  al desatar la apelación interpuesta por el defensor del  acusado.   

7.  Correspondió  tramitar  el  juicio  al  Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito Especializado de esta ciudad, despacho que  celebró  las audiencias preparatoria y pública de juzgamiento y luego puso fin  a  la  instancia con la sentencia condenatoria, confirmada después, por vía de  apelación,  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá, decisión contra la cual la  defensa interpuso el recurso extraordinario de casación.   

8. Mediante decisión del 6 de septiembre del  cursante  año,  esta Sala de la Corte Suprema de Justicia inadmitió la demanda  de   casación,   por   no  cumplir  las  presupuestos  de  adecuada  y  lógica  fundamentación.  No  obstante,  al  advertir  la  posible  vulneración  de las  garantías  fundamentales  del  procesado, ordenó correr traslado al Ministerio  Público para que conceptuara sobre el particular.   

          CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

          Según  la  Procuradora  Tercera Delegada para la casación, en este  caso  se presenta un problema de conflicto de leyes en el tiempo, por cuanto una  era  la  ley  vigente a la fecha de la sentencia y otra la que regía al momento  de  los  hechos,  en  punto  de  la  pena  accesoria  de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  pues  con  fundamento  en  el  artículo  52  de  la  Ley  599  de  2000,  la pena de prisión conllevará a la  accesoria  en  mención  por  un  tiempo igual al fijado para la privativa de la  libertad,  pero  de  acuerdo  con  el  artículo  44 del Decreto 100 de 1980, la  interdicción  de  derechos  y  funciones pública no puede exceder de diez (10)  años.   

          En  su  criterio,  por  tanto,  es  necesario acudir al principio de  favorabilidad   para  aplicar  la  norma  más  benéfica  a  los  intereses  de  procesado,  es decir, la vigente al momento de la ocurrencia de los hechos, cuyo  límite  máximo  fue  desconocido por el fallador al fijar en veinte (20) años  la  pena  accesoria.  En tal virtud, solicitó casar la sentencia, con el fin de  efectuar  la  dosificación  punitiva  con  fundamento  en  el  Decreto  100  de  1980.    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

En un Estado Social de Derecho las funciones  de  los  servidores  públicos están regladas. Se trata de una garantía de los  ciudadanos,  cuya  conquista se remonta a la época de la revolución francesa y  tiene  como  fin  impedir  la  arbitrariedad  de  las  autoridades.   

Esa imperiosa sujeción de los funcionarios  a    la    ley    está    consagrada   en  la  Constitución Política en normas  como   las   previstas  en  los  artículos  121  y  124.  La  primera  de  esas  disposiciones señala:    

“Ninguna  autoridad  del Estado podrá ejercer funciones distintas de  las    que    le    atribuyen   la   Constitución   y   la   ley”.   

Por   su   parte,   el   artículo   124  prevé:   

“La   ley  determinará  la  responsabilidad  de  los  servidores  públicos y la manera de  hacerla efectiva”.   

En el caso de los funcionarios judiciales la  obligación   de   actuar   con   apego  a   la   ley   se  deriva  también  de  lo   dispuesto   en   el   artículo   230  de  la codificación superior cuando  establece  en su inciso primero: “Los jueces, en sus  providencias, sólo están sometidos al imperio de la ley”.   

El  principio de legalidad se erige así en  un  imperativo insoslayable  en todas las actuaciones de  los servidores públicos.   

En  el  ámbito  punitivo   ese  principio  está  consagrado  en  el  inciso  segundo  del  artículo  29  de la Constitución política. Esa       disposición      establece:      “Nadie  podrá  ser  juzgado  sino  conforme  a  las  leyes  preexistentes  al  acto  que  se le  imputa,…”.   

De acuerdo con dicho postulado, para  condenar  a  una  persona  se  requiere que su conducta esté  previamente    definida   como   delito;   además,  una  vez  condenado,  sólo  puede  imponérsele  la pena establecida en la ley con  anterioridad al acto que se  le  imputa, es decir, dentro  de   los   límites   cuantitativos  y  cualitativos  establecidos  por       la      misma.   

         Por  supuesto, así como los jueces  están  obligados  a ejercer sus  funciones  al  amparo  de  la  ley, de igual manera, les corresponde, dentro del  ámbito  de sus competencias, corregir aquellas actuaciones que se apartan de la  misma,   comportando   la  vulneración     de    garantías    fundamentales.  En  el  caso  de  la  Corte  Suprema de Justicia, esa  función  está  expresamente  establecida  en  el  artículo 216 del Código de  Procedimiento  Penal de 2000, en cuanto establece que  la  Corporación  casará la sentencia cuando sea ostensible que la misma atenta  contra            las            garantías           fundamentales.    

Ahora  bien,  el  postulado   de  legalidad  tiene estrecha vinculación   con   el   principio  de  favorabilidad,   el   cual   se  encuentra  también  consagrado  en  el artículo 29 de la Carta Política, en cuyo inciso tercero se  establece:  “En  materia  penal, la ley permisiva o  favorable,   aun  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva o desfavorable”.    

En     virtud    del    principio         de   favorabilidad,   la  ley  derogada  proyecta  sus  efectos  hacia  el  futuro  cuando  resulta  más benéfica a los  intereses         del         procesado         (aplicación        ultraactiva)  o la actualmente vigente  retrotrae  sus  efectos  para  regular  casos  ocurridos antes de entrar a regir  cuando,  igualmente,  apareja  una sanción más favorable para el sujeto pasivo  de        la        acción        penal        (aplicación        retroactiva).   

Hechas   las  anteriores  acotaciones,  se  advierte  cómo,  en  el  caso  en  estudio, el Tribunal Superior de Bogotá, al  realizar  la  labor  de  tasación  punitiva, fijó en veinte (20) años la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  aplicando  así  una  sanción  superior  a  la  permitida en la ley  vigente  al  momento  de  la  ocurrencia  de  los  hechos,  la cual contenía un  tratamiento en esa materia más benigno para el procesado.   

En  efecto, como los sucesos acaecieron el 8  de  julio  de  1997,  el asunto se rige por lo dispuesto en el artículo 44  del  Decreto  Ley  100 de 1980, modificado por el artículo 3º de la Ley 365 de  1997,  según  el  cual  la  duración  máxima  de  la pena de interdicción de  derechos  y  funciones públicas es de diez (10) años, cuya norma, por resultar  más  favorable  al acusado con respecto a lo previsto sobre el particular en la  Ley 599 de 2000, debe ser aplicada de manera ultraactiva.   

En  tales  condiciones,  como  lo expresa la  Delegada,  es  evidente  que  al  condenarse  a  CARLOS  ALBERTO   CARDOZO  RIVERA  a  la  ya  mencionada  pena  accesoria  por  el  término  de  veinte (20) años, se excedió el quántum  máximo  establecido  para dicha  sanción  por  el  legislador, resultando de esa manera quebrantado el principio  de  legalidad  y  de  paso  el  de  favorabilidad,  al imponérsele una sanción  accesoria  superior  a  la prevista en la ley vigente cuando tuvieron ocurrencia  los hechos.   

En  consecuencia,  corresponde  a  la  Sala  restablecer  oficiosamente  el  daño  causado, razón por la cual se dispondrá  casar  parcialmente  el  fallo  en cuanto atañe a la pena accesoria, para en su  lugar establecer su duración en diez (10) años.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

          De    oficio,    CASAR    parcialmente  la  sentencia de segunda  instancia,    para    fijar    en    diez  (10)  años  la  pena accesoria  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas allí  impuesta  a CARLOS ALBERTO CARDOZO RIVERA.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

Comisión de servicio  

AUGUSTO        J.   IBAÑEZ              GUZMÁN                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                  JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                    JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

          Secretaria   

    

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