27936(06-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27936  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 162  

Bogotá,  D.  C., septiembre seis (6) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada por el defensor de CARLOS ALBERTO  CARDOZO  RIVERA contra la sentencia del 16 de agosto de  2006,  mediante  la  cual el Tribunal Superior de Bogotá confirmó la proferida  el  8  de  agosto de 2005 por el Juzgado Noveno Penal del Circuito Especializado  de  la  misma  ciudad, que condenó al procesado en mención a la pena principal  de  450  meses  de prisión, así como a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el término de 20 años, por  los  delitos  de homicidio agravado, homicidio tentado, hurto tentado, concierto  para  delinquir  y  porte  de  armas  de uso privativo de las fuerzas militares.   

HECHOS  

Los  resumió el ad  quem en los siguientes términos:   

“En  la  mañana  del  8 de julio de 1997,  varios  sujetos  armados  irrumpieron  en  las  instalaciones de la sucursal del  Banco  de Bogotá situada en la calle 17 con carrera 68 del perímetro urbano de  esta  ciudad  con  el propósito de asaltar la entidad; sin embargo, tal acción  coincidió  con el arribo de la patrulla policial integrada por los agentes Luis  Humberto  Gómez  Mojica  y  Fredy Álvarez Hernández, quienes fueron repelidos  con  disparos  de  armas  de  fuego  que ocasionaron la muerte del primero antes  mencionado  y  lesiones  de  gravedad  al segundo. Los delincuentes emprendieron  después la huida en un vehículo marca Fiat y en una motocicleta.   

Los  datos  suministrados  por  la comunidad  permitieron  a  las autoridades policiales desplegar el operativo finalizado con  la  localización  en el sector de la calle 13 con avenida Boyacá del automotor  utilizado  para  la fuga, de placas MQD-987 y en cuyo interior fue abandonada la  subametralladora  Ingram,  calibre  9  mm.,  con  su  respectivo  proveedor y 16  cartuchos  para  la misma; vehículo del cual fue despojado su propietario en la  noche  anterior  mediante  asalto  perpetrado  en la avenida 1 de mayo frente al  predio    de    nomenclatura    63   – 52.   

De  igual modo, en el allanamiento efectuado  al    apartamento    402    de   la   carrera   51   número   39   –   01  sur,  los  agentes  del  orden  privaron  de  la  libertad  a  los  individuos JUAN CARLOS PERALTA DÍAZ y JOSÉ  ELVIS   PERALTA  ROJAS.  El  primero  antes  mencionado  presentaba  una  herida  ocasionada  con  arma de fuego; y el segundo, según las constancias del acta de  la  diligencia,  informó  que otro de los intervinientes de los hechos residía  en  la  calle  27  sur  número  40A  –  31.  Los  uniformados se desplazaron entonces a esa otra vivienda,  donde   hallaron   9  millones  300  mil  pesos  en  efectivo  y  efectuaron  la  aprehensión  de  ANDRÉS  RODRÍGUEZ LARA, de quien se estableció después que  respondía    en    realidad    al    nombre    de    CARLOS   ALBERTO   CARDOZO  RIVERA”.   

ACTUACION PROCESAL  

1.  En  su  momento,  la fiscalía abrió la  correspondiente  investigación,  indagó  a  los capturados y el 18 de julio de  1997   les  resolvió  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  por  los  punibles  de  homicidio, lesiones personales,  hurto tentado y porte ilegal de armas.   

2.   En   el   curso  de  la  instrucción  Juan  Carlos Peralta Díaz se  acogió  al  mecanismo  de  sentencia  anticipada, razón por la cual el proceso  continuó   por   separado  respecto  de  los  otros  dos  vinculados,  en  cuyo  desarrollo,  una  vez  decretado  el  cierre  de la investigación, la fiscalía  calificó  el  mérito del sumario, profiriendo resolución de acusación contra  Andrés  Rodríguez Lara, por  los  ilícitos  atribuidos  al  definirle  la  situación jurídica,  y dictando preclusión de la instrucción  a  favor  de  José  Elvis  Peralta  Rojas.   

3.  Asumió inicialmente el conocimiento del  juicio  el  Juzgado  32  Penal  del  Circuito  de  esta ciudad, cuyo titular, en  decisión  del  21  de  agosto  de  1998,  optó  por  decretar  la cesación de  procedimiento    respecto   de   Andrés   Rodríguez  Lara, al advertir que esa identidad había sido objeto  de suplantación.   

4. Por lo anterior, la fiscalía reinició la  investigación,  esta vez contra CARLOS ALBERTO CARDOZO  RIVERA  a quien después de indagar le resolvió, el 6  de   junio  de  2000,  la  situación  jurídica,  afectándolo  con  medida  de  aseguramiento  por  los  ilícitos de homicidio agravado, tentativa de homicidio  agravado,  tentativa  de hurto calificado y agravado, concierto para delinquir y  porte   ilegal   de   armas   de   fuego   de   uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas.   

5.  El  15  de  marzo  de 2001 el instructor  cerró  la  investigación  y,  mediante decisión del 2 de noviembre siguiente,  calificó  el  mérito  del  sumario  acusando a CARLOS  ALBERTO   CARDOZO   RIVERA,   como  presunto  coautor  responsable  de  los  delitos  de  homicidio  agravado,  tentativa de homicidio,  tentativa  de  hurto,  concierto  para  delinquir y porte ilegal de armas de uso  privativo.   

6.   La   providencia   calificatoria  fue  confirmada  el  3  de  junio  de 2003 por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  al desatar la apelación interpuesta por el defensor del  acusado.   

7.  Correspondió tramitar el juzgamiento al  Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito Especializado de esta ciudad, despacho que  celebró  las  audiencias  preparatoria  y pública de juzgamiento, y luego puso  fin  a  la instancia con la sentencia condenatoria que fue después, por vía de  apelación,  confirmada por el Tribunal Superior de Bogotá, decisión contra la  cual  la defensa interpuso el recurso extraordinario de casación que concita la  atención de la Sala.   

LA  DEMANDA   

          Dos  cargos formula el defensor del procesado contra la sentencia de  segunda  instancia,  el  primero al amparo de la causal primera, cuerpo primero,  prevista  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, y el segundo bajo el  auspicio  del  apartado  segundo  de  la  misma  causal  primera  de  casación.   

          En     el    primer    cargo  aduce  la violación directa, por interpretación errónea, de los  artículos  271             y            2392  del  Código  Penal  de 2000.   

          Al  desarrollar  el  reproche,  sostiene  que  el Tribunal no debió  emitir  condena  por  el punible de hurto tentado, dado que el comportamiento no  alcanzó  a salir de la esfera de los actos preparatorios. Señala que el arribo  de   los  agentes  de  la  policía  al  lugar  de  los  hechos  “impidió    la   ejecución   y   posterior   consumación   de   la  conducta”,  al  punto  que  ninguna  de las personas  presentes  en  la  entidad  bancaria  “escucharon ni  mucho  menos  vieron  ninguna  acción  tendiente  al  apoderamiento del dinero,  tampoco  fueron  intimidados,  estos  solo  manifestaron  escuchar unos disparos  provenientes de la calle…”.   

          Luego  de citar apartes de varios testimonios recaudados en el curso  de  la  actuación, concluye el censor que ninguno de ellos declaró haber visto  manifestación   alguna   de  los  implicados  orientada  a  asaltar  el  Banco,  reiterando  así su criterio de que en este caso no hubo tentativa de hurto, por  cuya  razón  solicitó  casar  la  sentencia para absolver al procesado por ese  delito.   

          En    el   segundo   cargo   plantea  la  violación  indirecta  de  la ley, derivada de error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad.  El  yerro lo predica respecto de la  prueba   denominada   “análisis  instrumental  para  residuos    de   disparo   por   emisión   atómica   (plasma)   o   absorción  atómica”,  cuya  aducción  la  considera irregular por no haberse cumplido los  protocolos  referentes  a  la  cadena  de  custodia,  según  lo dispuesto en el  artículo 288 del Código de Procedimiento Penal.   

          El  desconocimiento  de  la  cadena de custodia lo hace consistir en  que  las  muestras en su momento se embalaron en tubos inapropiados, tal como lo  advirtió,  a  modo  de  observación, el mismo perito del Instituto de Medicina  Legal,  dejando  así  entrever su desconfianza por la manera como la prueba fue  recolectada y embalada.   

          Según   el   demandante,   si   el   sentenciador   “no  hubiera desconocido los errores cometidos en la recopilación de  las  muestras,  su base legal para condenar habría sido anoréxica y no habría  tenido  otro  camino que absolver por los punibles que supuestamente cometió mi  prohijado  al disparar un arma de fuego, esto es, homicidio agravado y tentativa  de  homicidio”,  por  cuya  razón  pidió  casar la  sentencia    para    absolver   al   acusado   por   esos   punibles.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          La  Sala  inadmitirá  la demanda objeto de examen por no reunir los  presupuestos  de  fundamentación  lógica  y  adecuada  sustentación  a que se  refiere  el  numeral 3º del artículo 212 del Código de Procedimiento Penal de  2000.   

          En  efecto, en el primer cargo el  casacionista  desacierta  cuando  por  interpretación  errónea  denuncia  la  violación directa de los artículos 27 y 239 del Código Penal de  2000,  que  tratan,  en  su orden, de la tentativa y del delito de hurto, pese a  solicitar  casar  la  sentencia  para  absolver al procesado en relación con la  imputación  que  por  ese  punible,  en  la  modalidad  tentada, le formuló la  fiscalía.  Si  dichas  normas  fueron seleccionadas por los sentenciadores para  regir  el caso, lo correcto era postular el reproche por indebida aplicación de  esos  preceptos,  independientemente  del  alcance  asignado  en  el fallo a los  mismos.   

         

          Así  lo  tiene  ampliamente  precisado  la  Sala,  postura  que  se  recordó  en  la  sentencia  de casación, cuya parte pertinente se transcribe a  continuación:   

“…  el  concepto  de  interpretación  errónea  supone,  necesariamente,  que el precepto que se reputa como vulnerado  por  el  sentenciador  fue correctamente seleccionado y aplicado, no pudiéndose  confundir  este  fenómeno  cuando  dependiendo del alcance otorgado al precepto  legal, el mismo no se aplica o se aplica indebidamente.   

“…  Lo  anterior,  permite  nuevamente  recordar  que  la aplicación indebida o la falta de aplicación de la ley, bien  pueden   presentarse   independientemente   de   las   razones  que  tuviere  el  sentenciador  para  llegar  a  dicha  conclusión, por  manera  que  si  las mismas tienen que ver con el alcance de la disposición, no  puede  postularse  en  casación  como  interpretación  errónea,  pues  lo que  importa,  se  repite,  son  los  efectos  que  de la norma se materialicen en el  fallo.  Por  ello,  si  el  juez la interpreta y como  consecuencia  de  ello  no  la  aplica o la aplica erradamente, es cualquiera de  estas  dos  últimas  hipótesis las que se presenta, pues lo primero equivale a  que  siendo  la  que  correctamente regula el caso, se le excluyó y la segunda,  que  no  siendo  la  que  corresponde, indebidamente se le hizo producir efectos  jurídicos  donde  no  los  podía  tener.  En  cambio,  si  la  selección y la  aplicación  material  de la ley es la correcta, pero al determinar sus alcances  se  restringen  o exacerban, lo que se presenta es una interpretación errónea,  precisamente     porque     los     dos     primeros    aspectos    –selección   y  aplicación-  no  se  discuten3.   

          Aparte  del reseñado defecto, el libelista desatiende palmariamente  la  regla  casacional, según la cual cuando se acude a la vía de la violación  directa,   al  impugnante  le  está  vedado  discutir  los  hechos,  así  como  desconocer   las   conclusiones  probatorias  del  fallador.  En  tal  caso,  le  corresponde   plantear   una   controversia  puramente  jurídica,  orientada  a  acreditar  que,  por  un error in iudicando,  el  juzgador dejó de aplicar una norma de derecho sustancial, la  aplicó indebidamente o la interpretó de manera errónea.    

          Como  se  señaló,  el censor no se allana a cumplir esa exigencia,  porque  desconoce  el  mérito  que  los  falladores  asignaron  a  las  pruebas  aportadas  al  proceso,  a  cuyo  amparo  concluyeron  que  la  acción  de  los  victimarios  sí  dio  inicio  a  la  ejecución del delito de hurto, sin que la  consumación  se  concretara  por  el  arribo  al  lugar  de  los  hechos de las  autoridades de policía.   

          Para  que  una  propuesta  casacional  como la sugerida por el actor  aparezca   correctamente   presentada,  se  hace  necesario  acreditar  que  los  juzgadores,   al   examinar   las   pruebas,   dieron  por  establecido  que  el  comportamiento  de  los  agresores no alcanzó a salir de la esfera de los actos  preparatorios,   pese   a   lo  cual  lo  condenaron  por  tentativa  de  hurto.   

          No  es  ese  el caso que concita la atención de la Corte, porque el  libelista  no  encauza  el  cargo  hacia  la  demostración  de  un  error de la  naturaleza  aludida,  sino  que  se  adentra  en aspectos puramente probatorios,  señalando  que  las  declaraciones  de  los  testigos de los hechos no ponen de  manifiesto  la  intención  de  ejecución  del  hurto, con lo cual desconoce el  valor  que  los falladores asignaron a esos y demás medios de prueba recaudados  en la foliatura.   

          En   tal   virtud,   como   se  anticipó,  la  primera  censura  se  inadmitirá.   

          En    el   segundo   cargo   el  casacionista  predica  la  existencia de un error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad,  al apreciarse la prueba de absorción atómica, a  pesar   de  que,  según  considera,  en  su  obtención  se  desconocieron  los  protocolos de cadena de custodia.   

          El  falso  juicio de legalidad, recuerda la Sala, se presenta cuando  el  fallador  asigna  validez  a  un  medio  de  prueba,  a  pesar  de que en su  producción  y aducción se desconocieron las reglas establecidas en la ley para  el  efecto.  También  se  estructura  esa  clase  de error de derecho cuando el  juzgador  deja  de  apreciar  algún  elemento  de  convicción,  por considerar  erróneamente que en su recaudo se desatendieron dichas reglas.   

Para  su  demostración,  lo  tiene dicho la  Corte,  “el  actor  debe  identificar  claramente  la  prueba indebidamente apreciada, señalar las normas  medio  que  regulan su formación, acreditar que la prueba fue excluida debiendo  ser  apreciada  o  que  fue  apreciada  debiendo  ser  excluida, y demostrar las  implicaciones   del   error   en   las  conclusiones  probatorias”4.   

          En  el  caso  en  estudio,  resulta  evidente  que  el impugnante no  cumplió  la  carga  de  acreditar  la trascendencia del yerro que aduce, porque  aunque  sostiene  que  sin  la prueba indebidamente apreciada la “base  legal  para  condenar  habría  sido anoréxica”,  se  sustrajo  a  efectuar  una  valoración  integral  del caudal  probatorio  para  demostrarle  a la Sala que tampoco con las restantes elementos  de  convicción  aportados  al  proceso sería dable condenar al acusado por los  delitos de homicidio agravado y tentativa de homicidio.   

Como,    en   esas              condiciones,          la        segunda         censura   

también se inadmitirá, esa será la suerte  que  correrá,  conforme ya  se dijo, la demanda instaurada por la defensa.   

Cuestión final  

Por  cuanto  la  Corte   advierte   que   la   pena   accesoria   de   inhabilitación   para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  se tasó en 20 años,  situación  que  puede eventualmente derivar en la violación de  garantías          del          procesado,  porque  el  artículo  44  del  estatuto  punitivo  de  1980,  modificado por el  artículo  28  de la Ley 40 de 1993, a su vez modificado por el artículo 3º de  la  Ley  365  de  1997,  en  cuya vigencia ocurrieron los hechos objeto aquí de  juzgamiento,  contemplaba  como  límite  máximo  para  la  imposición  de  la  accesoria  de esa naturaleza diez (10) años, se surtirá traslado al Ministerio  Público  para  que  se  pronuncie  al  respecto  y,  posteriormente,  dictar la  decisión   de  fondo  que  en  derecho  corresponda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el defensor de CARLOS ALBERTO CARDOZO  RIVERA,    por    las   razones   de   la   anterior  motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

2.  CORRER    traslado  al  Ministerio  Público  por  el  término  de  veinte  (20) días para que conceptúe sobre la  posible  vulneración  de garantías fundamentales del  procesado.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                 MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

           Aclaración   de  voto   

JORGE   LUIS  QUINTERO MILANES            YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                        MAURO   SOLARTE  PORTILLA            

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Esta  norma contempla la figura de la tentativa.   

2 Tipo  penal que describe el delito de hurto.   

3  Sentencia del 20 de agosto de 2002, rad. 14747.   

4 Auto  del 6 de junio de 2007. Rad. 27116.     

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