24786(06-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24786  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  162   

Bogotá,  D. C., septiembre seis (6) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS:  

Resuelve  la  Sala  el recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  Octavio  Guzmán  García  y  el  Procurador  Judicial  II  Número  85,  contra  la  sentencia  proferida  por el  Tribunal  Superior  de San Andrés, Providencia y Santa Catalina por medio de la  cual  confirmó  y modificó la dictada por el Juzgado Único Penal del Circuito  Especializado  de San Andrés Islas, imponiéndole al citado y a Jeison Archbold  y  Manuel  Madarriaga  Mendoza  como  pena  principal  prisión  de  66  meses e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  al encontrarlos penalmente responsables de las conductas punibles  de  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o  municiones    en    concurso    con    fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  y  municiones  de uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas, previstas en los  artículos 365 y 366 del Código Penal.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN   PROCESAL:   

1. Mediante oficio  suscrito  por  un oficial de la Fuerza Naval del Caribe perteneciente al Comando  Específico  San  Andrés y Providencia, de fecha 4 de mayo de 2005, se informó  a  la  Fiscalía  Especializada  sobre  la  existencia de unas armas de fuego de  largo  y  corto alcance en una residencia del barrio Cliff, por la llantería La  Piragua.   

2.  En  la  misma  fecha  la  Fiscalía  ordenó  adelantar  diligencia de allanamiento y registro,  arrojando  como  resultado  la  incautación de 14 fusiles AK-47, 1 fusil FAL, 1  fusil  M16 A1, una subametralladora Mauser calibre 9 mm., 64 granadas de 40 mm.,  15  proveedores  de AK-47, un proveedor para fusil M16 A1, un proveedor de fusil  FAL,  2  proveedores  para  subametralladora Mauser, material calificado como de  uso    privativo    de   las   fuerzas   militares1.   

3.  En el lugar de  los  hechos  fueron capturados Octavio Guzmán García, Jeison Archbold y Manuel  Madarriaga  Mendoza,  quienes  una  vez declarada la apertura de la instrucción  fueron  escuchados  en  diligencia  de  indagatoria,  en  la que se les informó  expresamente por el instructor:   

“A  usted  (es) se le (s) formulan cargos  por  el  delito  de  tráfico  de armas de fuego de uso privativo de las fuerzas  militares,     artículo    366    del    C.P.”2.   

4.   Mediante  resolución  de  5  de  mayo  de  2005  a los sindicados les fue impuesta por el  fiscal   instructor   medida   de  aseguramiento  de  detención  preventiva  al  considerarlos  autores  de  un  punible contra la seguridad pública3,    pues  encontró   

“que  en  el  expediente reposan diversos  elementos  de  convicción  que demuestran la existencia del tráfico de armas y  municiones   de   uso   privativo   de   las   fuerzas  militares”4.   

Enseguida   expresó   que   el   delito  de   

“tráfico de armas de uso privativo de las  fuerzas    militares    cuya    existencia    hemos    comprobado”5   

debe atribuirse a los indagados.  

5. En diligencia de  inspección                 judicial6  practicada  el 10 de mayo de  2005,  con  la  asistencia  de  perito  se  describió e identificó el material  bélico  incautado.  Se  precisó  respecto  del mismo (i) que de los 14 fusiles  AK47  solamente  4  corresponden a tal denominación genérica y 10 a la especie  calificada  como  AKM, calibre 7.62X39, y (ii) respecto de las 64 granadas HE A1  de 40 mm. se dijo que   

“sirven como munición y explosivo… Como  explosivo    sirven   con   cordón   detonante”7.   

6.   Los  tres  procesados  manifestaron  en  ampliación de indagatoria su deseo de acogerse al  mecanismo     de    la    sentencia    anticipada8,  motivo por el cual el 16 de  mayo  de  2005  fue  celebrada  la  diligencia de formulación de imputación de  cargos,  oportunidad  en la que los asegurados aceptaron ser responsables de las  conductas  delictivas  descritas  en  los  artículos  365  y  366  del  Código  Penal.   

7.  Tomando  en  cuenta  el  acta  de formulación de cargos el Juzgado Único Penal del Circuito  Especializado  condenó a los procesados a las penas de 86 meses de prisión y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas,  como autores responsables de los delitos descritos en los artículos  365 y 366 del Código Penal.   

8.  Los defensores  de   los  procesados  apelaron  la  decisión  del  a  quo  al  considerar  que (1) se incurrió en error al  aplicar  la dosimetría penal y (2) se vulneró el debido proceso, y el Tribunal  Superior,  a  través  del fallo recurrido en casación, expedido el 4 de agosto  de  2005,  redosificó  la pena y confirmó en lo demás lo resuelto por el juez  de primer grado.   

         

LAS DEMANDAS:  

         

          1.    La   presentada   por   el   defensor   de   Octavio   Guzmán  García:   

El  defensor  presentó,  al  amparo  de la  causal  tercera  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal, un  cargo   único  contra  la  sentencia acusándola de haber sido proferida en un juicio viciado.   

Dice el libelista que se vulneró el derecho  consagrado  en el artículo 29 de la Constitución Política, en armonía con el  artículo  306-2  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  pues  se atribuyó un  concurso  de  conductas  punibles siendo que la única imputable al procesado es  la  del  artículo 366 del Código Penal, porque los elementos encontrados en su  poder  corresponden  en  su totalidad a los denominados como de uso privativo de  las fuerzas militares.   

Por lo expuesto solicita casar el fallo para  que  se  decrete  la  nulidad de la actuación y se rebaje la pena impuesta a su  protegido.   

2.   La   presentada   por  el  Procurador  Judicial:   

Cargo  primero:  Violación  directa  de una norma de derecho sustantivo por aplicación indebida  del  artículo 29 en concordancia con el artículo 6° del Código Penal y 293 y  351-1  de  la  Ley 906 de 2004 y consiguiente falta de aplicación del artículo  40-3 de la Ley 600 de 2000.   

Considera  que para la época de los hechos  en  el  Distrito Judicial de San Andrés, Providencia y Santa Catalina no estaba  en  vigencia  y  por lo mismo no era aplicable la Ley 906 de 2004, razón por la  cual  dicho  estatuto  no podía ser tenido en cuenta para las decisiones que se  tomaron   –rebaja   de  pena–,  más  cuando los  institutos  de la sentencia anticipada de la Ley 600 de 2000 y el allanamiento a  los  cargos  y  los preacuerdos del estatuto procesal de 2004 si bien son afines  no  son  idénticos,  pues obedecen a mecánicas y filosofías distintas, por lo  que   al   equipararlos   el   ad   quem incurrió en un grave error de juicio.   

Solicita que se case la sentencia y se dicte  fallo de reemplazo.   

Cargo      segundo:     Violación   directa   de  una  norma  de  derecho  sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo  61  del  Código  Penal  y  por  falta de  aplicación      del      artículo      58-10      y      61-2     ibídem.   

         Señala  que  en la aplicación de la pena se incurrió en un error  al   no   ser   tenida  en  cuenta  la  causal  de  agravación  referida  a  la  coparticipación  criminal, de donde surgió una pena benigna pues en el proceso  de dosificación punitiva se partió del primer cuarto.   

A juicio del demandante la agravante podía  ser  aplicada  a  pesar  de  no  estar  referenciada  expresamente  en el pliego  acusatorio,  porque  la  misma  es  una  causal genérica de agravación de tipo  objetivo  que para su deducción no requiere juicios de valor y salta a la vista  con la mera narración de los hechos.   

Solicita que se case la sentencia y se dicte  fallo de reemplazo aplicando una mayor pena a los condenados.   

         

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO:  

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal  hizo  un resumen de los hechos y la actuación procesal. Luego  analizó  cada  uno  de  los  cargos  formulados  por los demandantes y ante los  mismos expresó:   

1.  Demanda  a  nombre  de  Octavio  Guzmán  García.   

Cargo Único: Advierte algunas deficiencias  en  el  discurso  lógico  jurídico  de  la  censura.  Independientemente de lo  anterior,  citando  decisiones  de  esta  Sala recuerda que la defensa carece de  interés  para  recurrir  el fallo de condena, excepto frente a la dosificación  de  la  pena, los mecanismos sustitutivos de la misma y la extinción de dominio  sobre  bienes, pues cuando de sentencia anticipada se trata los cargos aceptados  no  son susceptibles de retractación. Por lo expresado concluye que el cargo no  está llamado a prosperar.   

2.     Demanda     del     Procurador  Judicial.   

Cargo Primero: Señala su opinión proclive  a  la  aplicación  por  favorabilidad  del artículo 351 de la Ley 906 de 2004,  aunque  recuerda  el criterio contrario que reiteradamente ha difundido la Sala,  empece  de  lo  cual,  y  con  apoyo de lo que ha venido sosteniendo el Tribunal  Constitucional,  solicita  que  se reformule la jurisprudencia. En tal evento lo  resuelto  por  el  Tribunal  resulta  correcto  y por tanto el fallo no debe ser  casado.   

Cargo  Segundo:  Dice que no debe prosperar  porque  la resolución de acusación debe precisar de manera clara e inequívoca  la  imputación  fáctica  y  jurídica,  de  donde  se  tiene que si no se hizo  expresa  mención  a la causal de agravación prevista en el artículo 58-10 del  Código  Penal,  la  misma no se puede derivar en contra de los procesados. Como  el  Tribunal  no la aplicó y razonadamente la excluyó concluye que éste cargo  tampoco puede prosperar.   

3.     Petición     de     casación  oficiosa.   

Considera  equivocada  y  contradictoria la  decisión  del  Tribunal  cuando  al  momento de proceder a la dosimetría penal  inaplica  el  sistema  de  cuartos, apoyado en el artículo 3° de la Ley 890 de  2004,  pues previamente había señalado que por favorabilidad acogía la rebaja  de  pena  del  artículo  351 de la Ley 906 de 2004, olvidando que el primero de  los  estatutos citados está ligado al nuevo sistema procesal de clara tendencia  acusatoria.   

Por  lo  anterior  solicita  que  se  case  oficiosamente  la  sentencia  y  se  redosifique  la  pena teniendo en cuenta el  sistema  de  cuartos  previsto  en  el  artículo  61  del  Código  Penal, pero  aplicando  al  concurso  de  delitos  juzgado  la  rebaja de pena prevista en el  artículo 351 de la Ley 906 de 2004.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. Problemas jurídicos.  

Los que debe examinar la Sala se concentran  en  las peticiones de los demandantes, las cuales se dirigen a (i) cuestionar el  respeto  de  la  garantía  de  los  derechos fundamentales, (ii) si el fallo es  respetuoso  de la ley vigente en el tiempo o desconoció tal apotegma al aplicar  por  favorabilidad  el artículo 351 de la Ley 906 de 2004 y (iii) si se acertó  por  el ad quem al inaplicar  la agravante punitiva de la coparticipación criminal.   

Dado que en el presente asunto no existe un  recurrente  único  y  los  cargos  formulados  también  se  refieren a la pena  impuesta  y las rebajas y agravantes tenidas en cuenta, la Corporación en estos  puntos  no  tiene limitaciones y ello será tenido en cuenta en la decisión del  recurso.   

En lo que sigue, primero se determinará si  existe  ALGUNA irregularidad que produzca violación de las garantías y, luego,  de  no  existir  la  misma,  se analizarán los cargos referidos a la violación  directa   de   la   ley   formulados   por   el   Procurador   Judicial   de  la  instancia.   

2.  Nulidad  y  garantías  fundamentales.   

Si  bien  es  cierto,  como lo advierte el  Procurador   Delegado,   asaz  se  establece  que  la  censura  desnuda  algunas  deficiencias  en  el  discurso  lógico  jurídico,  a pesar de ello, como no se  observa  que  haya  sido  utilizado  el  recurso  extraordinario  para diluir la  aceptación  de  cargos  inicialmente exteriorizada, esta Corporación proveerá  de   fondo   respecto   de   los   cargos   formulados   contra   la   sentencia  impugnada.   

La  Sala  considera  que se hace necesario  determinar   la   eventual  existencia  de  una  irregularidad  derivada  de  la  integración  que  de  los  hechos  y  su consecuencia jurídica se hizo por las  instancias,      para     acometer     el     análisis     del     factum   y   determinar  si  tiene  una  correcta  correspondencia  con  el  iuris, pues como se dijo en oportunidad precedente   

“la labor del servidor judicial no puede  quedar  en  el plano no científico, sino que debe revisar si los hechos encajan  en  la  norma elevada como conducta punible desde el plano objetivo y subjetivo,  es  decir,  primero  debe establecerse el sentido típico para luego saber si un  determinado  comportamiento corresponde al alcance hermenéutico que previamente  se  le  ha  dado,  de  ahí que sea la ley la que se interpreta y no los hechos,  pues        éstos        se        valoran”9.   

2.1.   La  sentencia  anticipada  y  las  limitaciones  que  surgen  de  ella  cuando  procesado  o  defensor  impugnan la  condena. Reiteración de jurisprudencia:   

La  Sala  ha  venido  sosteniendo  que ese  interés  jurídico  que  le asiste al defensor y al procesado para recurrir los  fallos                  anticipados10, es el mismo que se exige en  sede  extraordinaria,  porque  es  apenas  obvio  que  si  el pronunciamiento de  segunda  instancia  solo  puede darse en relación con los aspectos mencionados,  los  errores  de  juicio  o  de  procedimiento  que pueden cometerse en el fallo  estarían directamente conectados con éstos.   

Pese a lo anterior, en esta clase de fallos  la  situación  del  procesado  no queda de ningún modo expuesta al arbitrio de  los  funcionarios  que en ella intervinieron, ni desprovista de las garantías a  las  que  se  compromete  y  está  obligado  a  respetar  el Estado. Por tanto,  tratándose  de  nulidades,  es  un  hecho  que la defensa y el sindicado tienen  interés  para  recurrir extraordinariamente, salvo, claro está, que se utilice  este  motivo  de  ataque  como  pretexto  para  retractarse de la aceptación de  cargos11.   

2.2.  La  necesaria  coincidencia  de  los  hechos con el derecho:   

El  pronunciamiento  temprano  de  fallo  condenatorio  exige no sólo la aceptación voluntaria y formal del procesado de  los  hechos  a  él imputados sino, también, prueba indicativa de la existencia  de   éstos  y  de  la  responsabilidad  penal  del  acusado,  que  si  bien  no  necesariamente  debe  aportar conocimiento en el grado de certeza exigido por el  artículo   232   del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000  -o  más  allá de la duda razonable, en  términos   del   artículo   372   del   Código   de  Procedimiento  Penal  de  2004-, sí debe conducir a  establecer  la  tipicidad  y  antijuridicidad  de  la  conducta  aceptada por el  sindicado, y a señalarlo como su más posible autor y responsable.   

Cuando  se  trata  de  armas  de  fuego  o  municiones  resulta  imperioso  que  se  establezca de manera concreta el tipo o  clase  de  artefacto,  porque  la  principialística  vinculada  a  la  estricta  tipicidad   demanda   que   con   absoluta   refulgencia   se   verifiquen   las  características  del arma o de la munición para así determinar si la conducta  punible  se  adecúa  al  tipo  que  hace  referencia  a las armas, municiones y  explosivos  de  defensa  personal  o a las armas de uso privativo de las fuerzas  militares.   

Si   no   es   posible  identificar  las  características   de   las   armas  o  de  las  municiones  cuya  importación,  fabricación,    reparación,   almacenamiento,   conservación,   adquisición,  suministro  o  porte  está  prohibido  cuando  se  hace  sin  el  permiso de la  autoridad  competente  como  para  calificarlas  de uso privativo de las fuerzas  armadas  y  en  todo  caso  el  artefacto  tiene  que  ser  reputado como arma o  munición,  por  razones  de  favorabilidad deberá adecuarse la acción al tipo  penal  que  genera  menor reproche punitivo, esto es al previsto en el artículo  365 del Código Penal.   

Lo  anterior  no  impide  que  cuando  una  persona  porta armas o municiones que se califican como de uso personal y de uso  privativo  de las fuerzas armadas, vr. gr. cuando un individuo tiene en su poder  fusiles  y  revólveres  .38, surja un concurso de conductas típicas pues en el  evento que alguien   

con  una  sola  acción  u  omisión o con  varias  acciones  u  omisiones  infrinja  varias disposiciones de la ley penal o  varias  veces  la  misma  disposición, quedará sometido a la que establezca la  pena  más  grave  según  su naturaleza, aumentada hasta en otro tanto, sin que  fuere  superior  a la suma aritmética de las que correspondan a las respectivas  conductas   punibles  debidamente  dosificadas  cada  una  de  ellas,   

que  en  nuestro  asunto  significaría la  aparición  de un concurso homogéneo y simultáneo de  porte   de   armas   de  fuego  de  defensa  personal  con  porte  de  armas de uso privativo de las fuerzas  armadas,  delitos  previstos  en los artículos 365 y  366 del Código Penal.   

2.3.   Los   elementos   incautados  son  únicamente de uso privativo de las fuerzas armadas:   

La  Fiscalía instructora constató que la  conducta  punible desarrollada por los procesados se adecuaba al tipo consagrado  en  el  artículo  366  del  Código  Penal,  dejando  constancia  de ello en la  diligencia  de  allanamiento  y  registro,  en  las  injuradas recibidas y en la  resolución  por  medio  de  la  cual  impuso  medida  de  aseguramiento  a  los  aprehendidos.   

Sin  embargo,  y  sin  una  explicación  procesal  para ello, en el acta de aceptación de cargos a los procesados se les  solicitó  que  reconocieran  la  comisión  de  los  delitos  previstos  en los  artículos    365    y    366    ibídem,  lo  que  efectivamente  ocurrió  sin reparo alguno por parte de  estos ni de sus defensores.   

Lo  anterior  resultaría  legítimo y los  fallos  de  las  instancias  no  generarían  reproche  alguno  si en el proceso  existiera  evidencia sobre la incautación de armas, municiones o explosivos que  encajaran  dentro  de la calificación legal como de defensa personal, pero ello  no es así.   

Ha  de  recordarse  que el Decreto 2535 de  1993,  “Por el cual se expiden normas sobre armas, municiones y explosivos”,  señala en su artículo 8° que   

Son  armas de guerra y de uso privativo de  la   Fuerza   Pública,  aquellas  utilizadas  con  el  objeto  de  defender  la  independencia,  la  soberanía  nacional,  mantener  la  integridad territorial,  asegurar  la  convivencia  pacífica,  el ejercicio de los derechos y libertades  públicas,  el  orden  constitucional  y el mantenimiento y restablecimiento del  orden público, tales como:   

     

a. Pistolas  y  revólveres de calibre 9.652 mm. (.38 pulgadas) que no  reúnan   las   características   establecidas  en  el  artículo  11  de  este  decreto.     

     

a. Pistolas  y  revólveres  de  calibre  superior  a  9.652  mm. (.38  pulgadas).     

     

a. Fusiles  y  carabinas  semiautomáticas  de  calibre  superior a 22  L.R.      

     

a. Armas automáticas sin importar calibre     

     

a. Los  antitanques,  cañones,  morteros, obuses y misiles de tierra,  mar y aire en todos los calibres.     

     

a. Lanzacohetes,      bazucas,      lanzagranadas     en     cualquier  calibre.     

     

a. Cargas  explosivas  tales como bombas de mano, bombas de aviación,  granadas de fragmentación, petardos, proyectiles y minas.     

     

a. Granadas de iluminación, fumígenas     

     

a. Armas   que   lleven   dispositivos  de  tipo  militar  como  miras  infrarrojas,     laséricas     o     accesorios     como     lanzagranadas    y  silenciadores.     

     

a. Las  municiones correspondientes al tipo de armas enunciadas en los  literales anteriores.     

Cotejando  el  anterior  precepto  con los  elementos   incautados   ha   de  concluirse  que  estos  aparecen  expresamente  señalados    en   los   literales   “c”  (los  16  fusiles,  la subametralladora y los proveedores para  los  mismos)  y  “j” (las  64  granadas),  de donde surge incontrastable que ni uno sólo de los artefactos  encontrados  en  el  allanamiento  y  registro  que  dio  origen  a  la presente  actuación  puede  ser  calificado  como  arma, munición o explosivo de defensa  personal.   

Es posible que el delegado fiscal así como  los  jueces  de  las instancias hayan considerado, a partir de las explicaciones  dadas  por el técnico profesional en explosivos de la Sijin en la diligencia de  inspección  judicial, que las granadas son al mismo tiempo armas de guerra y de  defensa  personal, lo cual resulta un contrasentido pues estos artefactos tienen  que  ser  clasificados  como  de  los  unos  o  de  los otros, pero bajo ninguna  circunstancia  como  de ambas clases amén de que en caso de duda, como se dijo,  en  clara  aplicación  del principio del in dubio pro  libertatis,  deberá ser identificado como de defensa  personal   por   ser  éste  tipo  penal  el  que  apareja  la  menor  respuesta  punitiva.   

No  caben vacilaciones en cuanto a que las  granadas  incautadas  tienen  que  ser calificadas como material de guerra y por  tanto  de  uso  privativo  de  las fuerzas armadas, pues sus características se  acoplan inequívocamente a las previsiones del decreto citado.   

La  Sala en oportunidades anteriores se ha  referido  a  las  granadas  de  fragmentación  para  calificarlas como armas de  guerra  de  uso  privativo  de las fuerzas armadas, descartando de plano que las  mismas      puedan     ser     consideradas     como     simple     explosivo12,   si   bien   el   efecto  destructivo     de     la     granada     se     lo     da    el    explosivo que carga dentro, generalmente  unos pocos cientos de gramos.   

Las  granadas HE (alto poder explosivo) A1  de  40  mm.  normalmente  se  utilizan con un lanzagranadas MGL y, por supuesto,  para  producir los estragos que generan su activación se utilizan explosivos de  diferente   naturaleza,   pero   no   por  ello  pasan  a  ser  un  explosivo en los términos del artículo  365 del Código Penal.   

Para  que  una acción se tipifique en los  términos  de  la  norma  que  se  acaba  de  citar  se necesita que se importe,  fabrique,  transporte,  almacene, distribuya, venda, suministre, repare o porte,  sin  permiso  de  autoridad  competente,  explosivos  de alguna naturaleza, como  podrían  ser  anfo, dinamita, pentolita o C4. Pero si la dinamita hace parte de  los   elementos  explosivos  que  se  integran  en  una  unidad  llamada  cohete  antitanque,  por  ejemplo,  la  acción típica ejecutada será la del artículo  366  ibídem porque para la  caracterización  de  la  acción se tiene en cuenta el artefacto en cuanto tal,  como   unidad   y   totalidad   de   algo,   y   no  sus  componentes  o  partes  integrantes.   

De lo expuesto se sigue que estas granadas  constituyen   la   munición   (Decreto   2535  de  1993,  artículo  8  literal  j)   que   utilizan   los  lanzagranadas  descritos  como  armas  de  uso  privativo  de la fuerza pública  (literal   f),  de  donde  resulta  diáfana  la  previsión normativa, de modo que de la definición legal  resulta  lógico  y  coherente  expresar que las granadas conocidas en el asunto  sub   judice  constituyen  material   de   guerra   cuya  tenencia  está  restringida  a  las  autoridades  competentes.   

Es   inadmisible   y  contrario  a  toda  hermenéutica  considerar  que  por  contener un artefacto material explosivo se siga que el mismo pueda ser  considerado  como explosivo,  pues  si  ello  fuese así y teniendo en cuenta que todo tipo de munición tiene  entre  sus  componentes  material  explosivo  (definido  legalmente  como  aquel  “cuerpo  o  mezcla que en determinadas condiciones puede producir rápidamente  una    gran   cantidad   de   gases   con   violentos   efectos   mecánicos   o  térmicos”13),  ningún  pertrecho podría ser calificado como de uso privativo  de la fuerza pública.   

Por  las  anteriores  precisiones  se hace  evidente  el  yerro  de  las  instancias  al  considerar  que  con  las acciones  desplegadas  por  los  procesados  se  realizó  un  concurso  de  delitos, pues  realmente  su  proceder  criminal  encaja  sólo  y exclusivamente en la acción  típica  identificada  bajo el nomen iuris  de la fabricación, tráfico y porte de  armas   y  municiones  de  uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas, consagrado en el artículo 366 del Código Penal.   

3. Sentencia de reemplazo.  

Atendiendo las imperativas consideraciones  anteriores  la Corte se erige en Tribunal de instancia para proferir el fallo de  reemplazo.  Si  bien  fue uno sólo de los procesados quien acudió en casación  los  efectos  favorables  del  fallo se transmiten a los no recurrentes, de modo  que  en  la  parte  resolutiva  se  indicará  lo  pertinente. A tal efecto y de  acuerdo con la siguiente argumentación se procede:   

3.1.  La  rebaja  de  pena  por  sentencia  anticipada  no  puede  tener  en  cuenta  la  Ley  906  de 2004. Reiteración de  jurisprudencia:   

La negación de la aplicación retroactiva  de  las  reglas  que  consagran  disminuciones  punitivas en la Ley 906 de 2004,  cuando  se  trata  de  allanamiento  a  los  cargos  o  de  la aceptación de la  imputación  penal  por  el  procesado,  en la forma demandada por el Procurador  Delegado  en  garantía  del principio de favorabilidad, en consideración a que  las  proporciones  previstas  en el novedoso ordenamiento procesal penal para la  señalada  figura  de  terminación  abreviada  del  proceso  son  mayores a las  consagradas  en  el  inmediatamente  anterior para la “sentencia anticipada”, es  decir,  porque  en  su opinión, en el fondo parten del mismo supuesto de hecho,  posición  con  la  cual la Sala no está de acuerdo mayoritariamente conforme a  prolija  argumentación  contenida  en  providencia  del  23  de agosto de 2005,  radicación  N°  21954,  que  se  acaba de reiterar14.   

“Planteada  así  la  problemática, surge  evidente  que  la  comparación  institucional de las dos figuras en estudio, es  decir,  la  sentencia  anticipada del sistema procesal anterior y la aceptación  de  cargos  o  de  imputación  actualmente reglada en la Ley 906 de 2004 no son  iguales,  toda  vez  que  pertenecen  a  sistemas  procesales  de enjuiciamiento  contrapuestos,  conclusión  lógica  y  jurídica que necesariamente conlleva a  excluir  la pretendida aplicación del principio de favorabilidad que reclama la  Procuraduría  Delegada,  pues  si  bien  es  cierto  que la Sala ha admitido la  operancia  de  la  favorabilidad  frente  a  la “coexistencia” de legislaciones,  también  lo  es  que ella se verifica siempre y cuando los institutos partan de  los  mismos  supuestos  de hecho, evento que en este caso no ocurre”.   

3.2. Vigencia  temporal  y  espacial  del  artículo 14 de la Ley 890 de  2004.    No    es    aplicable    al    presente    asunto.    Reiteración   de  jurisprudencia:   

La  Ley  890  de  2004  hace  parte  de un  compendio  de  normas,  constitucionales  y  legales, expedidas con motivo de la  introducción  del  sistema  procesal que con clara tendencia acusatoria rige en  la   actualidad,   cuyo   pilón  fundamental  está  constituido  por  el  Acto  Legislativo  N° 03 de 2002, el cual existe    y    cobró    vigencia              –rige–   a  partir   de  su  aprobación  en  diciembre  de  2002,  aunque  su  eficacia            jurídica15  o  aplicación   la  moduló  el  Constituyente  en  el  sentido  de  que  si  bien  comenzaría   a  surtir  efectos  jurídicos  inmediatos  en  relación  con  la  conformación  de  una  comisión  encargada  de  preparar  los proyectos de ley  necesarios  para  desarrollarla  y  el establecimiento de las fechas de inicio y  culminación    de   su   implementación,   otros   efectos   fueron   diferidos  en  el  tiempo,  como  la  desaparición  del anterior sistema procesal, o excluidos, como es el caso de la  prohibición  expresa  de aplicar el nuevo sistema a hechos anteriores al 1º de  enero de 2005.   

Por ello, entonces, el Acto Legislativo N°  03   de   2002  y  el  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004  sólo        son       aplicables         –con              contadas           excepciones–  en  los  Distritos Judiciales donde se introdujo el sistema acusatorio el 1º de  enero  de  2005  y respecto de delitos cometidos a partir de esa fecha, mientras  que  en  los  demás, rigen la Ley 600 de 2000 y el Código Penal del mismo año  sin  el  aumento general de  penas    ordenado    por    la    Ley    890    de   2004,   cuya   aplicación   es   dependiente   de   la  vigencia      del  sistema16.   

Del  plenario  se desprende que los hechos  investigados  ocurrieron en el curso del año 2005 en San Andrés Islas, lo cual  significa  que  el ordenamiento jurídico penal aplicable al asunto es, desde el  punto  de  vista  sustantivo,  el  Código Penal de 2000. Y desde la perspectiva  formal,  atendiendo  lo  consignado en los artículos 530 y 533 de la Ley 906 de  2004,  el  Código  de  Procedimiento  Penal  que regenta la actuación es el de  2000,  pues en el Distrito Judicial de San Andrés, Providencia y Santa Catalina  el  sistema  procesal  de  tendencia  acusatoria  solamente  empezará a regir a  partir del 1° de enero de 2008.   

3.3.   Congruencia  entre  acusación  y  fallo:   

El  Procurador  Judicial  en  su  demanda  solicita   la  aplicación  de  unas  agravantes  punitivas.  Tal  postura,  que  desconoce  reiterada  jurisprudencia  de la Sala, es críticamente examinada por  el  Agente  del  Ministerio  Público  Delegado  para  la casación, quien en su  concepto solicita denegar la pretensión del recurrente.   

Y  tiene  razón  el  Delegado  porque  la  revisión  del pliego de cargos formulado en el presente asunto, contenido en el  acta  de  acuerdo para sentencia anticipada, permite constatar que la acusación  no  hizo  mención  a causales de incremento punitivo, específicas o generales,  de  donde  resulta  un  imposible  jurídico para los jueces imponer una condena  introduciendo  variables  normativas  que  carecen  de soporte en la resolución  acusatoria.   

Esto  es  así porque la congruencia tiene  que  ser  entendida  como  parámetro  de  racionalidad en la relación que debe  existir  entre  acusador  y fallador pues lo ejecutado por el primero limita las  facultades  del  segundo;  siendo  la  Fiscalía  General  de la Nación quien a  nombre  del  Estado  ejerce  la  titularidad  de la acción penal, los jueces no  pueden  ir  más  allá de lo propuesto como elementos fácticos y jurídicos de  la  acusación.  Esto  equivale  a  decir  que  los  jueces  no  pueden  derivar  consecuencias  adversas  para  el  imputado o acusado, según sea el caso, ni de  los  elementos  que  no  se derivan expresamente de los hechos planteados por la  Fiscalía  ni  de los aspectos jurídicos que no hayan sido señalados de manera  detallada   y  específica  por  el  acusador  so  pena  de  incurrir  en  grave  irregularidad  que  deslegitima  e ilegaliza su proceder; dicho en forma simple:  el  juez  solamente puede declarar la responsabilidad del acusado atendiendo los  limitados      y      precisos      términos      que      de      factum     y     de     iure  le  formula  la  Fiscalía, con lo  cual  le  queda  vedado  ir  más  allá  de  los temas sobre los cuales gira la  acusación17.   

3.4. Pena a imponer:  

El delito previsto en el artículo 366 del  Código  Penal,  que  en  los  términos  del  acta  de  acuerdo  para sentencia  anticipada  debe  ser sancionado sin la concurrencia de agravantes especiales ni  genéricas,  prevé  prisión  de 3 a 10 años, de donde se tiene que el límite  punitivo  será el que se obtiene del cuarto mínimo cuyos extremos van entre 36  y 57 meses.   

Dada  la gran cantidad de armas incautadas  como  el  enorme poder destructivo e intimidatorio de las mismas se tomará como  pena  imponible  el  máximo  que permite el cuarto mínimo, esto es 57 meses de  prisión.  Tal  cantidad de pena debe ser reducida en una tercera parte al tener  en  cuenta  que  los  procesados  se  acogieron  a  la  figura  de  la sentencia  anticipada  (Ley  600  de  2000,  artículo  40),  y  por  tanto  la pena que en  definitiva  deberá  purgar  cada  uno de ellos será prisión de treinta y ocho  (38) meses.   

Respecto   de   la   pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  se  determina  para  los procesados en el mismo tiempo que corresponde a la sanción  privativa de la libertad.   

Por último, dada la sanción principal por  imponer  a  los  acusados y la afectación que causaron con su proceder del bien  jurídico  seguridad  pública,  sin  olvidar los fines que la ley atribuye a la  pena   -prevención   general,   retribución   justa,   prevención   especial,  reinserción  social  y protección al condenado- la Sala estima que lo decidido  en  manera  alguna afecta las consideraciones de los juzgadores en la instancias  que  no  concedieron  ni  el  subrogado penal de la ejecución condicional de la  pena ni la prisión domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la Corte  Suprema de Justicia, administrando justicia  en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:   

1.   CASAR   PARCIALMENTE   el  fallo proferido por el Tribunal y extender sus efectos a los no  recurrentes.   

2.  PROFERIR  la  sentencia   de   reemplazo   y  DECRETAR  que  los  procesados  Octavio  Guzmán  García,  Jeison Archbold y  Manuel  Madarriaga  Mendoza  son autores responsables del delito de fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  y  municiones  de uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas,  previsto en el  artículo  366 del Código Penal, motivo por el cual se les condena, a cada uno,  a  la pena de treinta y ocho (38) meses de prisión. El mismo lapso se fija para  la  pena  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas.   

3. En lo demás se  confirma la sentencia impugnada.   

4.  Contra  esta  decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ          MARIA     DEL     R.    GONZÁLEZ    DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                  JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

     Salvamento parcial  de voto   

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                     JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

FE DE ERRATAS: En la página 17 se cita la  providencia  25099  del  29-08-07,  pero  su  fecha real es 06 de septiembre del  presente año (Nota de Relatoría).   

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

Ref.:   CASACION  24786   

Con respeto, debo apartarme de la mayoría  y,  entonces,  debo consignar los argumentos por los cuales mi criterio es   divergente,  porque  creo  firmemente que la aplicación favorable del artículo  351  de  la  Ley 906 de 2004 se impone para casos tramitados al amparo de la Ley  600 del 2000. Así:   

En  abstracto,  como  corresponde al marco  Constitucional, el artículo 29 ordena:   

“ARTICULO  29.  El  debido  proceso  se  aplicará   a   toda   clase   de   actuaciones  judiciales  y  administrativas.   

Nadie  podrá  ser juzgado sino conforme a  leyes  preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal competente y  con   observancia  de  la  plenitud  de  las  formas  propias  de  cada  juicio.   

En  materia  penal,  la  ley  permisiva  o  favorable,   aun  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva o desfavorable.   

Toda persona se presume inocente mientras no  se  la  haya declarado judicialmente culpable. Quien sea sindicado tiene derecho  a  la  defensa  y  a  la asistencia de un abogado escogido por él, o de oficio,  durante  la  investigación  y  el juzgamiento; a un debido proceso público sin  dilaciones  injustificadas;  a  presentar  pruebas  y  a controvertir las que se  alleguen  en su contra; a impugnar la sentencia condenatoria, y a no ser juzgado  dos veces por el mismo hecho.   

Es  nula,  de  pleno  derecho,  la  prueba  obtenida   con   violación   del   debido   proceso.”   (Subraya   fuera   de  texto)   

El principio de favorabilidad, como tal, no  admite  excepciones.  Y,  aunque  se  podría insinuar que existe una excepción  cuando  se  trata  de  la  protección  a  la  víctima,  ello no constituye tal  situación,  porque  es,  sin  duda,  aplicación del mismo principio, ahora, en  procura del derrotero de la igualdad.   

Siempre  lo  hemos  dicho:  el  principio  encuentra  soporte  de  proverbial postura en valores fundantes en procura de la  libertad  y,  ahora,  en  aras de resolver el conflicto, en el campo del derecho  penal.  No  otra  es  la  conclusión  que se deduce del denominado ‘Bloque               de  Constitucionalidad’  –artículo 93 de la Carta  Política-:     

“ARTICULO  93.  Los  tratados y convenios  internacionales  ratificados por el Congreso, que reconocen los derechos humanos  y  que  prohíben  su limitación en los estados de excepción, prevalecen en el  orden interno.   

Los  derechos y deberes consagrados en esta  Carta,  se  interpretarán de conformidad con los tratados internacionales sobre  derechos humanos ratificados por Colombia.   

   

El  Estado  Colombiano  puede  reconocer la  jurisdicción  de  la Corte Penal Internacional en los términos previstos en el  Estatuto  de  Roma  adoptado  el  17  de  julio  de  1998  por la Conferencia de  Plenipotenciarios  de  las  Naciones  Unidas y, consecuentemente, ratificar este  tratado    de   conformidad   con   el   procedimiento   establecido   en   esta  Constitución.   

   

La admisión de un tratamiento diferente en  materias  sustanciales  por  parte  del  Estatuto  de  Roma  con  respecto a las  garantías  contenidas en la Constitución tendrá efectos exclusivamente dentro  del  ámbito  de  la  materia  regulada  en  él.”18   

Y, de siempre lo hemos sostenido, bajo los  siguientes planteamientos:   

(i)  se ha de observar la ley vigente   al   tiempo   en   que  se  comete  el  hecho.     Así,     la     ‘ley  aplicable al delito desde el punto de vista temporal es la ley  vigente  en  el momento de la comisión del hecho punible. Se trata de una regla  que  se  deriva  del principio de legalidad (…). Al derivarse del principio de  legalidad  la  exigencia  de  la  ley  previa  que  incrimine  el  hecho  tiene,  obviamente,  jerarquía  constitucional”19;   

(ii)  la retroactividad y la ultractividad  se     encuentran     prohibidas     lo    que     así,    “Implica  la  irretroactividad de la ley penal, o en otras palabras,  la  prohibición  de  retroactividad de la ley ex post  facto   –ubicado  por  el  autor  como  parte  del  principio  de legalidad,  agregamos-.  (…)  Se  trata  de  impedir  la  arbitrariedad del legislador. El  ciudadano    no    puede    quedar    entregado   a   la   sola   voluntad   del  legislador.”20;   

(iii)   no   obstante,   es  posible  su  aplicación  retroactiva o ultractiva cuando es favorable al agente del punible,  como  lo ordena el artículo 29 de la Constitución Política, en referencia, de  siempre,   al   humanitarismo   del  Derecho  Penal21   

y,  a  los  supuestos  generales  que se  encuentran    en    la    ley    153    de    188722   

;  

(iv)   tal   planteamiento   permite  la  reflexión  sobre  la  ley  intermedia,  la  temporal,  la  excepcional  y,  por  supuesto,  la  ley  declarada inexequible; en tal punto nos parece esclarecedora  la   postura   de  la  honorable  Corte  Suprema  cuando  afirmó:  ‘Es  necesario  parear,  pues,  a  los  fines  de  lo que se ha llamado el segmento de libertad, o sea el respeto que se  debe   a  toda  decisión  favorable  que  propicie  la  recuperación  de  este  inestimable  bien,  tanto la situación que se crea con la derogatoria o reforma  normal  de  la  ley,  como el caso de reposición de vigencia de la ley derogada  mediante       la       norma       declarada       inconstitucional’23.   

Ello   es   así,  pues,  al  declararse  inejecutable  un  texto  legal,  se  indica que tales normas son contrarias a la  Carta  Fundamental,  que  no  tuvo  vida  jurídica  alguna y que careció de la  fuerza  de  norma  suficiente  para  derogar  precepto alguno. Pero no cabe duda  sobre   que   la   cláusula  existió,  que  en  este  lapso  tuvo  vigencia  y  efectos24.      Y,      allí      mismo      se      dijo:     ‘(…) de allí su inmediata vigencia,  la  cual debe perdurar en los casos que recibieron o debieron recibir su benigno  influjo,  por  encima  de  reformas  posteriores  que  vuelvan  al  mismo o más  riguroso   tratamiento   del   acordado  por  la  citada  ley  (…)’    25;   en   consecuencia,  las  situaciones  latentes  o ley penal latente,  deben ser comprendidas dentro del principio de favorabilidad; y,   

(v)  de  iguales  consecuencias  se  debe  resaltar   lo   referente   a   las   ‘normas’  de  procedimiento;  de  antaño  se  dijo: ‘Las  normas  de  procedimiento, al menos cuando no afectan aspectos  sustanciales  (v. gr. reforma en el régimen de prescripción de la acción o de  la  pena;  privación  de libertad), pueden considerarse indiferentes o neutras,  en  cuanto  no  afectan  de  suyo el principio de favorabilidad consagrado en el  art.   26  (artículo  29  de  la  Constitución  Política,  agregamos)  de  la  Constitución   Nacional.   De  ahí  que  tanto  en  la  doctrina  como  en  la  jurisprudencia,   con   la   salvedad  indicada,  constituya  regla  general  su  aplicación  inmediata,  máxime cuando las mismas implican un perfeccionamiento  de   la  administración  de  justicia”26.   

Por último, se ha superado el debate   sobre  la existencia de normas procesales con contenido sustancial, a las cuales  el  principio  de  favorabilidad extiende sus benéficos efectos y, sin duda, es  la   concreción   de   la   prevalencia  del  derecho  sustancial  –artículo      228      de     la  Carta-.   

Y   con   respecto   al   ‘Bloque               de  Constitucionalidad’  se  debe resaltar, por lo menos, que en:   

(i) la Convención Americana sobre Derechos  Humanos  (Pacto  De  San  José) de 1969, ordena en su artículo 9, ‘Principio    de   Legalidad   y   de  Retroactividad’   que,  ‘Nadie puede ser condenado  por  acciones  u  omisiones  que en el momento de cometerse no fueran delictivos  según  el  derecho  aplicable. Tampoco se puede imponer pena más grave que la  aplicable  en  el momento de la comisión del delito. Si con posterioridad a la  comisión  del  delito  la  ley dispone la imposición de una pena más leve, el  delincuente  se  beneficiará  de ello.’;   

(ii) la Declaración Universal de Derechos  Humanos,  adoptada  y proclamada por la Asamblea General en su resolución 217 A  (III),  de  10  de  diciembre  de  1948,  en  el  artículo  11,  se  ordena que  ‘1.  Toda persona acusada  de  delito  tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su  culpabilidad,  conforme  a  la  ley  y  en juicio público en el que se le hayan  asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.   

2.  Nadie  será  condenado  por  actos  u  omisiones  que  en  el  momento de cometerse no fueron  delictivos  según  el  Derecho  nacional  o internacional. Tampoco se impondrá  pena   más   grave  que  la  aplicable  en  el  momento  de  la  comisión  del  delito’.  (resaltos fuera  de texto); y,   

(iii)  el   Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos  Adoptado y abierto a la firma, ratificación y  adhesión  por  la  Asamblea  General  en  su resolución 2200 A (XXI), de 16 de  diciembre  de  1966,  en  donde  en  el  artículo  15  se  determina  que   ‘1.    Nadie  será  condenado  por actos u omisiones que en el momento de  cometerse    no    fueran    delictivos    según    el   derecho   nacional   o  internacional.  Tampoco  se  impondrá pena más grave  que  la  aplicable  en  el  momento  de  la  comisión  del delito. Si  con  posterioridad  a la comisión del delito la ley dispone la  imposición   de   una   pena  más  leve  el  delincuente  se  beneficiará  de  ello.   

2. Nada de lo dispuesto en este artículo se  opondrá  al  juicio ni a la condena de una persona por actos u omisiones que en  el  momento  de  cometerse fueran delictivos según los principios generales del  derecho     reconocidos     por    la    comunidad    internacional.’ (Resalto fuera de texto).   

En  el  caso concreto no me asalta ninguna  duda  sobre  la  vulneración que se presenta con la inaplicación artículo 351  de la Ley 906/04.   

No  viene  al  caso  reiterar lo que otros  salvamentos  parciales  de  voto  resaltan  con  respecto  a  institutos como la  sentencia  anticipada –ley  600  de  2000-  y  lo  introducido  en  el nuevo sistema de enjuiciamiento penal  colombiano  –ley  906 de  2004-.   

En  el  control  de Constitucionalidad, con  respecto  a  la  ley  que  contiene  el  nuevo  Sistema  de Enjuiciamiento Penal  Colombiano,  en especial línea de jurisprudencia, esa Corporación en Sentencia  C-592  de  nueve  (9) de junio del año dos mil cinco  (2005),    M.   P.   Dr.   ALVARO   TAFUR   GALVIS27   

sostuvo:  ‘Al    respecto   la  jurisprudencia   ha   expresado   que  en  líneas  generales,  las  finalidades  perseguidas  con  la  reforma  constitucional fueron: (i) fortalecer la función  investigativa  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  en  el  sentido  de  concentrar  los  esfuerzos  de  ésta  en  el  recaudo  de  la  prueba;  (ii) la  configuración  de un juicio público, oral, contradictorio y concentrado; (iii)  instituir   una   clara   distinción   entre  los  funcionarios  encargados  de  investigar,  acusar  y  juzgar;  (iv)  descongestionar  los despachos judiciales  mediante  la supresión de un sistema procesal basado en la escritura para pasar  a  la  oralidad,  y  de  esta  forma,  garantizar  el  derecho a ser juzgado sin  dilaciones  injustificadas;  (v)  modificar  el  principio  de permanencia de la  prueba  por  aquel  de  la  producción de la misma durante el juicio oral; (vi)  introducir  el  principio  de  oportunidad;  (vii)  crear  la figura del juez de  control  de  garantías;  e  (viii)  implementar  gradualmente  el nuevo sistema  acusatorio’   

Y  bajo  las siguientes pacíficas bases se  perfilaron:   (i)   las   nuevas   funciones  de  la  Fiscalía28;    (ii)    las   fuentes   del   derecho   aplicables29; (iii) los  principios   fundamentales  que  rigen  el  proceso30   

;  (iv)  los actores que intervienen en la  relación   jurídica   y   en   el  proceso  penal31;   (v)  la  creación  del  ‘Juez  de  control  de  Garantías’32   

;  (vi)  el  mantenimiento  del Ministerio  Público  dentro  del  proceso, con especial énfasis en la protección y tutela  de  los  derechos  fundamentales  y  la  protección  de la sociedad33;  (vii) en  los  rasgos  estructurantes  del  nuevo  sistema  se ve una preponderancia en la  etapa            del           juzgamiento34   

;  (viii) los poderes atribuidos a quienes  participan      en      el     proceso     penal35;  (ix) los parámetros para  la  interpretación de las normas del Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de  2004’36;  (x)  la  aplicación  del  ‘Bloque      de  Constitucionalidad’37.   

En  cuanto  a la terminación abreviada del  proceso,  se  intenta  resaltar, por la mayoría, que hacen parte de sistemas de  enjuiciamiento  penal  diversos.  Ello  sería posible si en Colombia se hubiese  adoptado  un  modelo tal de diferenciación, pero como  esa situación  no  corresponde  a  la  puridad  de  términos  de  diferencia,  pues  no existe  parámetro  exacto  que  los  distinga,  la  ausencia  de parámetros ciertos de  diferencia  no  puede  entonces  servir  de  referente  para  la  distinción de  institutos  y  modelos,  en  fin  de  ‘norma’.   

Elemento  de especial consideración sería  la  microcomparación,  en  donde la diferencia ponderada en el contenido de los  artículos  daría la diferencia; No obstante, el derecho comparado y el derecho  penal  comparado dan muestras de otra formulación, pues la macrocomparación no  se  realiza  con relación a los artículos que hacen los institutos, sino a los  modelos   mismos:   ‘El  estudio  del  derecho  comparado  en  general  se  distingue  en  dos  tipos  de  actividades  netamente diferenciadas entre ellas: un primer tipo de comparación  –llamada  <macrocomparación>-  tiende a identificar las líneas de tendencia que se  presentan  en  las  diferentes  experiencias  prácticamente  realizadas  en los  distintos  países  para individualizar algunos  modelos en cuyos grupos de  ordenamientos  parecen  inspirarse  aunque se diferencien de manera más o menos  acentuada   entre   ellos;   un   segundo   tipo  de  comparación  –llamada   <microcomparación>-  tiende  en cambio a confrontar instituciones jurídicas en particular, comunes a  ordenamientos  diferentes  o  al  menos confrontables entre ellos, para poner en  evidencia  las  semejanzas y las diferencias que presenta la disciplina aplicada  a    ellos   en   distintos   países’38.   

Y los modelos mismos son la norma que, como  tal,  imponen  al  aplicador  su  función  y  su finalidad. En consecuencia, la  favorabilidad se impone.   

Sobre  el  punto,  cabe  resaltar  que para  establecer  diferencias  se  deben realizar ingentes esfuerzos, en tanto que las  similitudes,  las  identidades,  surgen  sin  necesidad de esforzados análisis,  como  se  demuestra en la sentencia de tutela del 24 de agosto de 2007 (radicado  32.637).   

Con respeto,  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN.   

Bogotá D.C,  03 de octubre de 2007.  

    

1  Cuaderno original, folio 3.   

2  Cuaderno original, folios 10, 12 y 14, respectivamente.   

3  Cuaderno original, folios 40, 41 y 42, respectivamente.   

4  Cuaderno original, folio 17.   

5  Cuaderno original, folio 18.   

6  Cuaderno original, folios 29 a 31.   

7  Cuaderno original, folio 31.   

8  Cuaderno original, folio 18.   

9 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, sentencia de casación, 10 de  noviembre de 2005, radicación 20665.   

10 Ley  600  de  2000,  artículo  40.  Sentencia anticipada… (inc. 10°) Contra  la  sentencia  procederán los recursos de ley, que podrán  interponer  el  Fiscal  General  de  la  Nación  o  su  delegado, el Ministerio  Público;  el  procesado  y su defensor respecto de la dosificación de la pena,  de  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa  de  la libertad y la  extinción  del  dominio sobre bienes. La parte civil podrá interponer recursos  cuando le asista interés jurídico para ello.   

11  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación, 9  de junio de 2004, radicación 13594.   

12  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto  definición de  competencia, 8 de junio de 2006, radicación 25525.   

13  Decreto  2535  de  1993,  artículo  50. La Convención Interamericana contra la  Fabricación  y  el Tráfico Ilícitos de Armas de Fuego, Municiones, Explosivos  y  otros materiales relacionados”, adoptada en Washington, el 14 de noviembre de  1997,  adoptada  mediante Ley 737 de 2002 y Decreto 2122 de 2003, artículo I-5,  entiende  por  explosivo  «toda  aquella  sustancia o artículo que se hace, se  fabrica  o  se  utiliza para producir una explosión, detonación, propulsión o  efecto pirotécnico».   

14  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Cas.  de 29  de agosto de 2007, rad.  25.099.   

15 La  existencia  de  una  norma  hace  relación  a  su  introducción  al  ordenamiento jurídico una vez se han  cumplido  los  requisitos  constitucionales  respectivos  para  su adopción; la  eficacia  jurídica  hace  relación   a  la  producción  de  efectos  de  la  norma;  y  la  vigencia  al  tiempo  en  el  que genera  efectos jurídicos obligatorios, a su entrada en vigor.   

16  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto de colisión de  competencia,  7  de  febrero de 2005, radicación 23312 y la adición de voto en  el mismo asunto.   

17 En  el  mismo  sentido Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia  del 28 de febrero de 2007, radicación 26087.   

18  Incisos  3  y  4  adicionados  por  el artículo 1 del Acto Legislativo No. 2 de  2001   

19  Enrique  BACIGALUPO.  Manual  de  Derecho Penal. Ed. Temis. Bogotá. 1989. Pág.  56   

20  Juan  BUSTOS  RAMIREZ.  Manual  de  Derecho  Penal  Español.  P.  G. Ed. Arial.  Barcelona. 1984. Pág. 71   

21  “(…)  por una razón de conveniencia y filantropía, la segunda parte del art.  26  manda  que  la  ley permisiva o favorable, aun cuando sea posterior al hecho  ejecutado,  prevalezca  sobre la restrictiva o desfavorable. Nada más puesto en  razón   y   más   cristiano”   José   María   Samper.    Derecho     público     interno.  Bogotá,  Ed  Temis.  1982. p.  330.   

22 Art.  43  La  ley  preexistente  prefiere  a  la ley ex post  facto  en  materia  penal.  Nadie podrá ser juzgado o  penado sino   

por  la  ley que haya sido promulgada antes  del hecho que da lugar al juicio.   

Esta  regla  se  refiere  a  las  leyes que  definen  y  castigan  los  delitos  pero  no a  aquellas que establecen los  tribunales y   

determinan  el procedimiento, las cuales se  aplicarán con arreglo al art. 40.   

Art. 44 En materia penal la ley favorable o  permisiva   prefiere   en   los   juicios   a   la  odiosa  o  restrictiva,  aun  cuando   

aquella  sea  posterior al tiempo en que se  cometió el delito.   

Esta  regla  favorece a los reos condenados  que estén sufriendo su condena.   

Art. 45. La presente disposición tiene las  siguientes aplicaciones:   

La  nueva  ley  que quita explícita o  implícitamente  el  carácter  de  delito  a un hecho que antes  lo tenía  envuelve indulto   

y rehabilitación.  

Si  la ley nueva minora de un modo fijo, la  pena  que  antes  era  también  fija,  se  declarará la correspondiente rebaja  de   

pena.  

Si  la  ley  nueva reduce el máximun de la  pena  y  aumenta el mínimun, se  aplicará de las dos leyes la que invoque  el interesado.   

Si la ley nueva disminuye la pena corporal y  aumenta la pecuniaria, prevalecerá sobre la ley antigua.   

Los  casos  dudosos  se  resolverán  por  interpretación benigna.   

Art.  46  La  providencia  que hace cesar o  rebaja,   con  arreglo  a  una  nueva  ley,  la  penalidad  de  los  que  sufren  condena,   

será     administrativa     y     no  judicial.   

Art. 47. La facultad que los reos condenados  hayan adquirido a obtener por derecho, y no como gracia, rebaja de   

pena, conforme a la ley vigente en la época  en  que  se  dio  la  sentencia  condenatoria,  subsistirá  bajo  una nueva ley  en   

cuanto  a  las  condiciones  morales  que  determinan  el  derecho  y  a  la  parte  de  la  condena  a  que  el derecho se  refiere;   

pero se regirán por la ley nueva en cuanto  a  las  autoridades  que  deban  conceder  la  rebaja  y  las  formalidades  que  han   

de observarse para pedirla.  

23 C.  S.  de J. sala casación penal. M.P. Dr. Gustavo Gómez Velásquez. Auto de once  de noviembre de 1986.   

24  Cfr.     Comentarios     de     jurisprudencia.    En    Revista    derecho    penal    y    criminología.  Universidad  Externado  de  Colombia.  Vol  IX.  No. 31. Bogotá. 1987. p. 140 y  ss.   

25 C.  S.  de J. sala casación penal. M.P. Dr. Gustavo Gómez Velásquez. Auto de once  de noviembre de 1986.   

26  C.S.   de   J.  sala  plena.  M.P.  Dra.  Fanny  González  Franco.  Proceso  de  exequibilidad  del  art.  10 de la ley 2a. de 1984. Providencia de  mayo 10  de 1984.   

27  Señala  la  misma  Corte  Constitucional  que:  “La  Corte  en  las  sentencias C-873 de 2003 M. P. Manuel José Cepeda Espinosa.  y  C-591  de  2005  M.  P. Clara Inés Vargas Hernández. hizo un extenso análisis  tanto  de  los  elementos  esenciales  y  las principales características  del  nuevo  sistema  de  investigación,  acusación  y  juzgamiento en materia penal  introducido   mediante  el  Acto  Legislativo  03  de  2002,  que  reformó  los  artículos  116,  250  y  251  de  la  Constitución, como de los parámetros de  interpretación  aplicables  a  las  normas  dictadas  en  desarrollo  de  dicha  reforma,   al  cual  resulta necesario remitirse para introducir el análisis   de  los cargos planteados en el presente proceso contra algunos artículos de la  Ley  906  de 2004 “por la cual se expide el Código de Procedimiento Penal”.   

28  “i)  (…)  La  función  de  la  Fiscalía   a  partir de la reforma es la de  adelantar   el  ejercicio  de  la  acción  penal  e  investigar  los  hechos  que tengan las características de una violación de la  ley   penal,  siempre  y  cuando  existan  motivos  y  circunstancias  fácticas  suficientes  que indiquen la posible comisión de una tal violación;  precisa  el  texto  constitucional que éste cometido general es  una  obligación  de  la Fiscalía, la cual no podrá en consecuencia suspender,  interrumpir  ni  renunciar  a  la  persecución  penal,  excepto  en  los  casos  previstos   para  la  aplicación  del  principio  de  oportunidad –el  cual  deberá  haberse  regulado  en  el  marco de la política  criminal  del  Estado  colombiano, y tendrá control de legalidad por el juez de  control  de  garantías  –  (…).   ii)  Ya  no  corresponde  a la Fiscalía, por regla general, asegurar la  comparecencia   al   proceso   de   los   presuntos   infractores   de   la  ley  penal,   adoptando   las  medidas  de  aseguramiento  necesarias;  ahora  únicamente  puede  solicitar  la  adopción  de  dichas  medidas  al  juez  que ejerza las funciones de control de  garantías,  con  la  misma  finalidad de asegurar la  comparecencia  de  los  imputados, así como para garantizar la conservación de  la  prueba  y  la  protección  de  la  comunidad,  en  particular  de  las  víctimas.  (…).  iii)    la  Fiscalía   General  de  la  Nación  podrá   imponer,  en  el  curso  de  las  investigaciones   que   realice,   las   medidas   de   registro,  allanamiento,  incautación  e  interceptación  de  comunicaciones.  No  se  requiere,  en  el nuevo texto constitucional,  autorización  judicial  previa para ello; pero sí se  someten  a  un  control  judicial  posterior automático, por parte del juez que  cumpla  la  función de control de garantías, dentro de las treinta y seis (36)  horas  siguientes. (…) iv)  El  numeral  3  del  nuevo  artículo  250  constitucional  asigna  una función  específica  a  la  Fiscalía que no estaba prevista expresamente en el texto de  1991,  a  saber,  la  de  “asegurar  los  elementos  materiales   probatorios”,  para  lo  cual  deberá  garantizar  la  cadena de custodia mientras se ejerce la contradicción de tales  pruebas.  (…) v) (…) una  vez  se  presente  el  escrito de acusación por parte de la Fiscalía, se puede  dar  inicio  a  un  “juicio  público,  oral,  con  inmediación  de  las  pruebas,  contradictorio,  concentrado  y  con  todas las  garantías”               – acusación que no es vinculante para  el  juez.  (…)  vi) (…)  despoja  a  la  Fiscalía General de la Nación de la  función  de  declarar precluídas las investigaciones  penales  en  los  casos  en  que no exista mérito para formular una acusación,  (…).    Vii)   (…)  corresponde  al  juez de conocimiento de cada proceso  adoptar  las  medidas  judiciales  necesarias  para  asistir a las víctimas del  delito,  disponer  el  restablecimiento  del derecho y la reparación integral a  los  afectados, a solicitud de la Fiscalía. En tanto  que  en  el  numeral  7  del artículo 250 reformado se mantiene en cabeza de la  Fiscalía  General  de la Nación la función de velar  por  la  protección  de las víctimas, los testigos y  las  demás  personas  que intervienen en el proceso penal (…)” Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio  del  año  dos  mil  cinco  (2005),  M.  P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS.  Ver  Sentencia  C-873/03  M.P.  Manuel  José Cepeda Espinosa.”   

29  “Las    fuentes   de  derecho  aplicables siguen  siendo,  en  lo  esencial,  las  mismas,  con  la  diferencia de que existe, con  posterioridad   al   Acto   Legislativo,  una  regulación  constitucional  más  detallada  de los principales aspectos del procedimiento penal que configuran un  nuevo  sistema que se inscribe dentro de la Constitución adoptada en 1991. Ello  implica  que, en virtud del principio de unidad de la Constitución Política”  Sentencia C-592 de nueve (9)  de  junio  del año dos mil cinco (2005), M. P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS “(…)  en  virtud  del  principio  de  unidad  de la Constitución Política Ver, entre  otras,  la  sentencia  SU-062  de  2001,  M. P. Eduardo Montealegre Lynett., las  modificaciones  introducidas  por  el  Acto  Legislativo  deben  interpretarse y  aplicarse  en  forma tal que guarden armonía con los principios generales y los  derechos  fundamentales  consagrados  en  el  texto constitucional Ver Sentencia  C-873/03  M.P.  Manuel José Cepeda Espinosa.” Y allí se ordena: “(…)  la  Corte  considera  necesario  efectuar  dos precisiones  adicionales   para  resolver  el  problema  jurídico  sobre  el  parámetro  de  constitucionalidad que se debe aplicar en el presente proceso:   

   

(a)  Ya  se  señaló  que fue voluntad del  Constituyente  instaurar  un  nuevo  sistema  penal;  y según ha expresado esta  Corporación,  ‘un sistema  se  define  por  el  hecho de no ser un simple agregado desordenado de elementos  sino   por   constituir   una   totalidad,  caracterizada  por  una  determinada  articulación  dinámica  entre  sus  partes  y  una  cierta  relación  con  su  entorno’       [47   Sentencia  C-251  de  2002,  MM.PP.  Eduardo  Montealegre  Lynett  y  Clara Inés Vargas Hernández].  Por  lo  mismo, si bien las normas jurídicas que constan en el Acto Legislativo  No.  3  de  2002  son  parte integrante de dicho sistema, éste también incluye  tanto  (i) las leyes que lo habrán de desarrollar, como (ii) la infraestructura  necesaria  para  su implementación, según dispone el artículo 4º Transitorio  de dicho Acto Legislativo       [48   Artículo   4.   Transitorio.   (…).’],   los   cuales   constituyen   parte  integrante   del   nuevo   esquema  diseñado  por  el  constituyente  derivado;  y   

(b)  Por  virtud  del  mecanismo  gradual  y  sucesivo de  implementación  establecido  en  el  artículo  5º  del  Acto  Legislativo, se  presentarán  tres  (3)  etapas  distintas en el proceso de materialización del  nuevo  sistema  acusatorio:  (i)  entre  el  momento  de la aprobación del Acto  Legislativo  y  el  1º  de enero de 2005, regirá el sistema preexistente; (ii)  entre  el  1º de abril de 2005 y el 31 de diciembre de 2008, se presentará una  etapa  de transición durante la cual coexistirán los dos sistemas en distintas  regiones  del territorio nacional; y (iii) a partir del 31 de diciembre de 2008,  deberá  estar  en  ?plena vigencia? el nuevo modelo acusatorio de procedimiento  penal en todo el país.”   

30   “(i)   siguen   gozando   de  rango  constitucional,  (ii) se interpretan a la luz de las disposiciones relevantes de  los  instrumentos  internacionales  de  derechos humanos que vinculan a Colombia  (art.   93,   C.P.),  y  (iii)  deben  ser  desarrollados,  por  mandato  de  la  Constitución  y  del  acto  mismo  Acto Legislativo, a través de disposiciones  legales  orientadas  a  precisar  su  alcance  y  contenido  específicos  en el  contexto  del  procedimiento penal ibidem.” Sentencia  C-592  de  nueve  (9) de junio del año dos mil cinco  (2005), M. P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS.   

31  Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio del año dos  mil    cinco    (2005),    M.    P.    Dr.   ALVARO   TAFUR   GALVIS.   

32  Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio del año dos  mil  cinco  (2005),  M.  P.  Dr.  ALVARO  TAFUR  GALVIS  “Particular  mención ha hecho la jurisprudencia al  caso  de  la  figura  del  juez de control de garantías Ver Sentencia C-1092/03  M.P. Álvaro Tafur Galvis.   

33  Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio del año dos  mil  cinco (2005), M. P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS Ver sentencia C-966de 2003 M.P.  Marco Gerardo Monroy Cabra.   

34  Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio del año dos  mil  cinco  (2005),  M.  P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS. Ver Sentencia C-873/03 M.P.  Manuel José Cepeda Espinosa   

35  Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio del año dos  mil  cinco  (2005), M. P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS. En tal sentido, Ver Sentencia  C-873/03 M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.   

36  “i)  La   labor hermenéutica de las nuevas normas  de   procedimiento penal, deberá tener en cuenta no solo las normas contenidas  en   el   Código  respectivo,  sino  también   las  disposiciones  del  Acto legislativo 03 de 2002, y las  demás     disposiciones    pertinentes    de    la  Constitución,  incluidas aquellas que se integran al  bloque      de     constitucionalidad.   

ii)  La  Corte  no debe dejar de lado las  diversas          líneas         jurisprudenciales36  que  ha  venido  sentado a lo largo de más de una década por el  hecho  de  que  se  ha implantado un  “nuevo modelo  acusatorio”.   

Sin  lugar  a  dudas,  se  está  frente a  cambios  importantes  que  imponen  unos nuevos parámetros hermenéuticos de la  Carta     Política.     No    obstante,  en  virtud del principio de unidad de la Constitución Sentencia  SU  062  de  2001,  M.P.  Eduardo Montealegre Lynett., aquéllos “deben  interpretarse  y aplicarse en forma tal que guarden armonía  con  los  principios  generales  y  los derechos fundamentales consagrados en el  texto  constitucional  Sentencia C- 873 de 2003, M.P.  Manuel José Cepeda Espinosa..   

iii)  El  Acto  Legislativo  03  de  2002  introdujo  únicamente cambios en ciertos artículos de la parte orgánica de la  Constitución,  mas  no  en  la dogmática. De allí la necesidad de interpretar  tales  modificaciones  a  la luz de determinadas disposiciones constitucionales,  en  especial,  los  artículos  6, 15, 28, 29, 30, 31 y 32, e igualmente, por la  vía  del  artículo  93  de la Carta Política, de conformidad con los tratados  internacionales  sobre  derechos humanos que prohíben su limitación en estados  de  excepción. Aunado a lo anterior, en temas vinculados con la administración  de  justicia  penal,  tales  como  los  mecanismos  alternativos de solución de  controversias,  la  jurisdicción  indígena  o  los juicios adelantados ante la  Corte  Suprema  de  Justicia, el Acto Legislativo 03 de 2002 no introdujo cambio  alguno.”  Sentencia C-592 de nueve (9) de junio del año dos mil cinco (2005),  M.  P.  Dr.  ALVARO  TAFUR  GALVIS.  En tal sentido, Ver Sentencia C-873/03 M.P.  Manuel  José  Cepeda  Espinosa.  Ver Sentencia C-591/05 M.P. Clara Inés Vargas  Hernández.   

37  “(..)  Entre otros los tratados internacionales que reconocen derechos humanos  y  que  prohíben  su limitación es los estados de excepción. (C-358 de 1997),  los  tratados  limítrofes (C 191 de 1998) y los convenios 87 y 88 de la O.I.T (  T-   568   de   1999).–   -bloque      de     constitucionalidad     stricto  sensu,  y  en relación con  otras   normas   que   aunque   no  tienen  rango  constitucional,  configuran   parámetros   necesarios para el análisis de las disposiciones  sometidas a   su   control  -bloque de constitucionalidad   lato  sensu-.Ver  Sentencias C-191 de 1998, M.P. Dr. Eduardo  Cifuentes  Muñoz  y C-774-2001 M.P. Rodrigo Escobar.” Y se resalta, también:  Sentencias  C-600A  de  1995,  C-287 de 1997, C-337 de 1993; Sentencias C-179 de  1994,  C-578  de  1995;  Sentencia  C-358 de 1997 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz;  sentencias  C-195 de 1993 y C-179 de 1994. M.P. Carlos Gaviria Díaz.; Sentencia  C-  774-2001  M.P.  Rodrigo  Escobar  Gil; Sentencia C-200/02 M.P. Álvaro Tafur  Galvis  .  S.P.V.  Jaime Araujo Rentaría. Sentencia C-592 de nueve (9) de junio  del año dos mil cinco (2005), M. P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS   

38  Alessadro  PIZZORUSSO.  Curso  de  Derecho  Comparado. Ariel Derecho. Barcelona.  1987. pág. 88.     

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