27906(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 27906  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  245   

Bogotá,  D.  C.,  miércoles,  cinco (5) de  diciembre de dos mil siete (2007).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del procesado Cecilio  Bonilla  contra  la  sentencia  proferida el 30 de enero de 2007 por el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que  lo  condenó  como autor responsable de un concurso  homogéneo  de  falsedades materiales de particular en  documento  público  agravadas  por el uso en concurso  heterogéneo        con        estafa.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1. Los sucesos que  dieron   lugar  a  la  sentencia  de  condena  atacada  por  medio  del  recurso  extraordinario  fueron  conocidos  por  la  autoridad  judicial el 2 de abril de  1998,  cuando  Luz  Marina  Peña  Rodríguez,  apoderada  judicial  de  la Caja  Nacional  de  Previsión  Social,  informó  que  ante  dicha entidad el abogado  Cecilio   Bonilla   había  presentado  a  nombre  de  Julio  César  Rodríguez  Rodríguez    reclamación    para    la   obtención   de   una   pensión   de  jubilación.   

2. La documentación  aportada  por  el  abogado  permitió  que  Cajanal expidiera la Resolución N°  012603,  de  9  de  octubre  de 1996, reconociendo pensión mensual vitalicia de  jubilación   a   Rodríguez   Rodríguez,   pero   una   vez  constado  que  la  documentación  que  sirvió de soporte para el reconocimiento de la prestación  social  era  falsa, mediante acto administrativo N° 024632 de 5 de diciembre de  1997 se revocó el derecho concedido al beneficiario.   

          3.  La denuncia y sus anexos constituyeron  fundamento  suficiente  para ordenar la apertura de la instrucción, resolución  que  emitió  la  Fiscalía  173  Seccional  de  Bogotá el 29 de abril de 1998,  disponiendo  luego,  el  18  de  octubre  de  2000, vincular al sumario mediante  indagatoria  a  Cecilio  Bonilla.  Y  más  adelante,  ante  la imposibilidad de  cumplir la mencionada diligencia, se le declaró persona ausente.   

4.  Clausurada  la  investigación   se   procedió   a   la   calificación  del  mérito  sumarial  profiriéndose  el  23  de  enero  de  2003 resolución acusatoria en contra del  indagado,  como  presunto  autor  responsable  de  los  delitos  de falsedad  material  de particular en documento público agravada  por  el  uso  en  concurso  heterogéneo  con estafa  en grado de tentativa, resolución  que  al  ser  apelada  mereció  pronunciamiento  de  un fiscal delegado ante el  Tribunal  Superior de Bogotá, quien mediante decisión de 24 de octubre de 2003  aclaró  el pliego de cargos para precisar que el procesado debía responder por  un   concurso  homogéneo  y  sucesivo  de  falsedades  materiales     de     particular     en    documento    público    agravada  por  el  uso  en  concurso  heterogéneo  con estafa.   

5. El Juzgado Veinte  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  avocó  el conocimiento de la causa, luego la  pasó  al  Primero  de la misma categoría para que cumpliera con las audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento,  quedando finalmente el proceso a disposición  del  Juzgado  Primero Penal del Circuito de Descongestión de Bogotá, autoridad  que  profirió el 12 de septiembre de 2006 el fallo de primer grado,  mediante el cual condenó por los cargos  imputados  al acusado Cecilio Bonilla a las penas de prisión de 48 meses, multa  en  cuantía  de  $1.500,00  e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  pena de prisión y negó al  acusado  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena, decisión que  oportunamente fuera apelada.   

6.  El  Tribunal  Superior  de  Bogotá  tramitó  la  alzada  y  el 30 de enero del año en curso  confirmó  integralmente  la  providencia  impugnada,  decisión que el defensor  recurrió en casación.   

7.  Concedido  el  recurso  en  proveído  de 12 de abril de 2007 y presentado el libelo dentro del  término  allí  dispuesto,  se  ordenó el traslado por quince (15) días a los  sujetos  procesales no recurrentes, luego de lo cual se enviaron las diligencias  a esta Corporación para los fines consiguientes.   

LA  DEMANDA:   

Con el fin de que se case el fallo de segunda  instancia,  el  recurrente  presenta  en  contra  de  la sentencia demandada los  siguientes cargos:   

Primer  cargo: Bajo  el  amparo de la causal tercera del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, señala  que  se  incurrió en una vía de hecho porque la sentencia fue proferida cuando  la acción penal se encontraba prescrita.   

Indica  que  los  hechos  ocurrieron  en los  primeros  meses  de  1995,  por  lo que teniendo en cuenta las penas consagradas  para  los  delitos  investigados  cuando  se produjo la acusación ya la acción  penal se encontraba prescrita.   

Lo  antes  señalado le lleva a pedir que se  case    el    fallo    y   en   su   lugar   se   disponga   la   cesación   de  procedimiento.   

Segundo  cargo: Con  fundamento   en  la  causal  primera  cuerpo  segundo  denuncia  una  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  al  configurarse  un  error  de hecho en las  modalidades   falso   juicio  de  legalidad,  falso  raciocinio  y  omisión  de  prueba.   

Dice que el procesado, dada su condición de  abogado,  lo  único que hizo fue cumplir con el encargo recibido de manos de un  poderdante, siendo asaltado en su buena fe.   

Critica   que   el   Tribunal   haya  dado  credibilidad  a  la denuncia formulada por el representante judicial de Cajanal,  desconociendo    la    prueba   aportada   en   el   juicio   (no   la   señala  cuál).   

Dice  que a la prueba de cargo se le ha dado  un   valor   que  no  lo  tiene,  por  lo  que  el  ad  quem  es contradictorio al pregonar la responsabilidad  del procesado.   

Luego  hace  un  listado  de  “formas  de  violación”  de  la  ley sustancial y termina solicitando que la sentencia sea  casada;  subsidiariamente  reclama la nulidad del fallo impugnado y la cesación  de todo procedimiento a favor de acusado.   

CONSIDERACIONES:  

         1.    La   casación   es   un   medio  extraordinario  de  impugnación y, por tanto, no constituye sede adicional para  prolongar   el  debate  probatorio  cumplido  en  las  instancias  ordinarias  y  concluido  con  el  fallo  de  segundo  grado,  por  el contrario, exige para la  admisión  de  la  demanda  el  cumplimiento de específicos requisitos formales  orientados  a  demostrar  a  través  de  un juicio técnico jurídico que en la  declaración       de      justicia      allí      contenida,      –la cual llega a esta sede amparada de  la      dual      presunción     de     acierto     y     legalidad–,  se incurrió en errores de hecho o  de  derecho  ostensibles  y  relevantes  o  se  profirió  en un juicio viciado,  ocurrencias    una    y    otra    que    reclaman   para   sí   el   necesario  correctivo.   

Las reglas establecidas en el artículo 212  de  la  Ley  600  de  2000  para  la  elaboración  del libelo son de ineludible  cumplimiento  y  cuando  se  soslayan  aquéllas  relacionadas  con  la adecuada  formulación  de  los  cargos  y  se  omite indicar con la claridad y precisión  debidas  sus  fundamentos,  la consecuencia procesal inmediata no puede ser otra  que             su            inadmisión1.   

2.  Este  marco  teórico  permite  afirmar  que  si  bien  el  censor  acertó  en la demanda al  identificar  los sujetos procesales, sintetizar los hechos juzgados y relacionar  brevemente  los  antecedentes procesales, desatendió los principios que regulan  el  recurso  extraordinario  de  casación  orientados  a  conjurar  confusiones  argumentativas  y  conceptuales  que  puedan  entorpecer  el entendimiento de la  propuesta.   

En lo que sigue se exponen los lineamientos  jurisprudenciales  que  ha elaborado la Sala sobre las causales de casación que  presenta  el demandante para señalar los yerros en que incurrió y que conducen  a la inadmisión de la misma.   

3. Primer cargo: nulidad  

3.1. De esta causal  se  ha  dicho  de  tiempo atrás que aun cuando admite cierta flexibilidad en su  proposición  y  desarrollo no es de libre alegación, porque la naturaleza y la  especialidad  de  la casación hacen ineludible la observancia de las exigencias  técnicas     que     gobiernan     a     este     medio     de     impugnación  extraordinario.   

Al  censor  se  le impone en su postulación  identificar  la  clase  de  vicio, esto es, si se trata de una irregularidad que  afecta  la estructura del proceso  o desconoce las garantías fundamentales  del  procesado,  proponerlo de acuerdo con su alcance y autonomía invalidatoria  debiendo   hacerlo   en   cargos  separados  cuando  son  varios,  señalar  sus  fundamentos  y  las  normas que se estiman lesionadas y demostrar de qué manera  la  irregularidad  repercute  en  el  trámite  y  cómo  ella  trasciende  a la  sentencia impugnada conduciendo a su anulación.   

También  será  imprescindible  indicar  la  etapa  procesal  a partir de la cual se debe invalidar la actuación y demostrar  que  no existe otro medio para subsanar la irregularidad sustancial distinto que  proceder  a  su  reconocimiento,  conforme  a  los  principios  que  orientan la  declaratoria de las nulidades y su convalidación.   

Del  mismo  modo,  la  principialística que  gobierna  las nulidades en el proceso penal, en síntesis, impone a quien invoca  una  nulidad,  además  de  la  referencia a la causal específica (principio de  taxatividad),  el  deber  de  argüir  de  manera  clara  y precisa en dónde se  origina  el  defecto  de  actividad y si éste no satisfizo la finalidad para la  que  estaba  previsto  (principio de instrumentalidad de las formas) y demostrar  si  el vicio afectó las garantías o las bases fundamentales de la instrucción  y  el  juzgamiento (principio de trascendencia). Frente a este último postulado  la Sala ha dicho que   

“significa que no hay nulidad sin perjuicio  y  sin la probabilidad del correlativo beneficio para el nulidicente. Más allá  de  otrora  carácter  puramente formalista del derecho, para que exista nulidad  se  requiere  la  producción  de daño a una parte o sujeto procesal. Se exige,  así,  de  un  lado, la causación de agravio con la actuación; y, del otro, la  posibilidad  de éxito a que pueda conducir la declaración de nulidad. Dicho de  otra  forma,  se  debe  demostrar que el vicio procesal ha creado un perjuicio y  que  la sanción de nulidad generará una ventaja”2.   

En  sede  de  casación  una  propuesta  de  prescripción  a  partir  de  la  causal de nulidad debe hacerse con apego a las  reglas  que  rigen  la  causal  primera,  por  la  sencilla  razón de que la no  declaratoria  de  la  prescripción por parte del juzgador, está necesariamente  vinculada  a  un  error  de  juicio  producido  en  la  sentencia, de naturaleza  jurídica o probatoria.   

La  prescripción desde la perspectiva de la  casación,  puede  producirse: a) antes de la sentencia de segunda instancia; b)  como  consecuencia  de  alguna decisión adoptada en ella con repercusión en la  punibilidad;  o,  c)  con posterioridad a la misma, vale decir, entre el día de  su proferimiento y el de su ejecutoria.   

Si en las dos primeras hipótesis se dicta el  fallo,  su  ilegalidad  es demandable a través del recurso de casación, porque  el  mismo  no  se  podía  dictar en consideración a la pérdida de la potestad  punitiva del Estado originada en el transcurso del tiempo.   

Frente a la tercera hipótesis la situación  es  diferente.  En  tal  evento  la  acción  penal estaba vigente al momento de  producirse  el fallo y su legalidad en esa medida resulta indiscutible a través  de  la  casación,  porque  la  misma  se  encuentra  instituida  para juzgar la  corrección  de  la sentencia y eso no incluye eventualidades  posteriores,  como  la  prescripción  de  la acción penal dentro del término de ejecutoria.   

Cuando así sucede, es deber del funcionario  judicial  de  segunda  instancia  o de la Corte si el fenómeno se produce en el  trámite  del recurso de casación, declarar extinguida la acción en el momento  en  el  cual  se  cumpla  el  término  prescriptivo, de oficio o a petición de  parte.  Pero  si  no  se  advierte  la  circunstancia  y la sentencia alcanza la  categoría   de  cosa  juzgada,  la  única  forma  de  remover  sus  efectos  e  invalidarla  es  acudiendo  a la segunda de las causales que hacen procedente la  acción de revisión.   

3.2.  El  cargo  frente  a  los  supuestos  fácticos   

La nulidad reclamada por el demandante en el  primer  cargo  de  su  escrito  la  cimienta en que la sentencia fue proferida a  pesar de estar prescrita la acción penal.   

Para determinar si las premisas que sirven de  soporte   al   cargo  elevado  contra  la  sentencia  por  el  libelista  tienen  correspondencia   con   lo   ocurrido   en   el   presente   asunto  procede  la  Sala:   

a).  El  delito  de  falsedad  material    de    particular   en   documento   público,  agravada  por  el  uso,  se  ejecuta  desde  el momento en que se  elabora  el documento mendaz y se proyecta durante el término de uso del mismo,  esto  significa  que  se  trata  de un delito de ejecución instantánea pero de  efectos  permanentes.  En  este caso particular no se conoce de manera exacta en  que  momento se realizó la falsificación de los documentos que acompañaron la  petición  de pensión de jubilación que se presentó ante Cajanal, pero sí se  sabe  que  el uso de los mismos ocurrió el 22 de enero de 1996, día en que fue  radicada   la  solicitud  de  pensión  de  jubilación  que  dio  origen  a  la  resolución  de  reconocimiento  de  9 de octubre de la misma anualidad, y cuyos  efectos  jurídicos  se proyectaron hasta el 5 de diciembre de 1997, fecha en la  que  la Caja profirió la Resolución 024632 conforme la cual revocó el derecho  pensional   conferido   a   favor   del   poderdante  del  procesado3.   

Si el uso del documento falso ocurrió el 22  de  enero  de  1996  y  la  resolución  acusatoria quedó ejecutoriada el 24 de  octubre  de  2003,  tenemos  que entre uno y otro acontecimiento trascurrieron 7  años 8 meses y 29 días.   

La  prescripción  de  la  acción penal se  produce  cuando  transcurre un término igual al máximo de la pena fijada en la  ley  (Código Penal de 1980, artículo 80, Código Penal de 2000, artículo 83),  y  como  el  delito  de falsedad que aquí se investiga en los términos del los  artículos  220  y 222-2 de la antigua codificación ameritaba una pena de hasta  12  años  de  prisión  y  conforme los artículos 287 y 290 del nuevo estatuto  hasta  9  años  de pena privativa de la libertad, sencillo resulta concluir que  el  plazo extintivo de la acción penal no se había cumplido cuando se expidió  la resolución acusatoria.   

b).  En  cuanto  al  delito de estafa  se  tiene  que  la  pena  máxima  consagrada  en  la  codificación  de  1980,  artículo  356, era de 10 años de  prisión;  a  su  vez  el  estatuto  de  2000,  artículo 246 previó un extremo  punitivo  superior  de 8 años de afectación de la libertad, de donde surge que  la norma más favorable es la nueva.   

El     delito     de     estafa  dirigido  a  la afectación de los  intereses  económicos  de  la Caja Nacional de Previsión Social se desarrolló  en  forma continuada, desde el momento en que se produjo el reconocimiento de la  pensión  de  jubilación  (9  de octubre de 1996) hasta la revocatoria por vía  administrativa  de  tal  derecho  (5  de  diciembre de 1997), acto que quedó en  firme  sólo  después de su ejecutoria, la que efectivamente ocurrió en el mes  de          febrero          de         19984.   

De  lo  anterior  se  desprende  que  para  determinar  si  se  ha  presentado  prescripción de la acción en el evento del  delito  contra  el patrimonio económico se tiene que tomar como fechas límites  el  mes  de  febrero  de  1998  (último  mes en que tuvo ocurrencia la conducta  lesiva  del  patrimonio)  y  el 24 de octubre de 2003 (fecha de ejecutoria de la  acusación),  constatándose  que  entre tales extremos transcurrieron apenas un  poco  menos  de 5 años y 8 meses, con lo que no se cumplió el plazo de 8 años  que  debe  sucederse  para  que se produzca el fenómeno extintivo de la acción  penal.   

En  estas  condiciones resulta palmario que  los  puntos  de  partida  que  sirven  de  soporte  para  el alegado vicio no se  corresponden  con la realidad procesal, lo que conduce a que el cargo devenga en  inadmisible.   

4. Segundo cargo: violación indirecta de la  ley  sustancial por error de hecho en las modalidades falso juicio de legalidad,  falso raciocinio y omisión de prueba.   

4.1.   En   la  identificación  del  cargo  así  como  en su desarrollo el demandante habla de  violación  indirecta  por  error  de  hecho  y  simultáneamente explica que se  incurrió  en  falso  juicio  de  legalidad,  “falso juicio de raciocinio” y  omisión  de  prueba,  de  donde  se  tiene  una  argumentación contradictoria,  incoherente,  confusa  y  asistemática  que  desatiende  las  reglas  técnicas  mínimas    que    han    sido    desarrolladas    jurisprudencialmente    desde  antaño.   

4.2.  La  Sala ha  precisado  reiteradamente  en  punto  de  la violación  indirecta   de  la  ley  sustancial  determinada  por  errores  de  hecho, que estos  se  presentan  cuando  el  juzgador  se equivoca al apreciar la prueba, bien sea  porque  obrando  en  el  proceso omite valorarla (falso  juicio  de  existencia  por  omisión);  ya porque sin  figurar  en  la  actuación  supone que allí aparece y la tiene en cuenta en su  decisión    (falso   juicio   de   existencia   por  suposición);  ora  porque al considerarla distorsiona  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola  (falso  juicio  de  identidad);  también,  cuando  sin  incurrir  en  alguno  de  los  yerros  referidos  deriva  del medio  probatorio  deducciones  que  contravienen  los  principios de la sana crítica,  esto  es,  los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de  la    experiencia    (falso   raciocinio).   

4.3.  A su turno,  los  errores  de  derecho se  refieren  a  la  apreciación  material  de  la prueba por el juzgador, quien la  acepta  no  obstante  haber  sido  aportada  al  proceso  con  violación de las  formalidades   legales   para  su  aducción,  o  la  rechaza  porque  considera  erróneamente  que  no  las  cumple  (falso  juicio de  legalidad); también se puede incurrir en esta especie  de  error  cuando el juez desconoce el valor prefijado a la prueba por la ley, o  a  la  eficacia  que  esta  le  asigna (falso juicio de  convicción),  error  que  por  su  naturaleza solo es  susceptible  de  ser  alegado dentro de un sistema de apreciación probatoria de  tarifa  legal,  o prueba tasada, cuya característica básica consiste en que la  ley  señala  a  priori el mérito o eficacia probatoria de cada medio, y porque  el  Juez  debe  limitarse  solamente  a  reconocer  el  grado  de  verosimilitud  prefijado en la normatividad legal.   

4.4. De lo expuesto  se  tiene  que  la  formulación del cargo por parte del libelista no respeta la  técnica   casacional  pues  involucra  en  un  mismo  argumento  lo  que  puede  constituir   un   error   de  hecho  (falso  raciocinio  y  omisión  de  prueba  –falso    juicio   de  existencia-)   con   un   error   de   derecho   (falso  juicio  de  legalidad),  circunstancias  que  por  sí sólo constituyen motivo suficiente para inadmitir  la demanda.   

Si  lo  pretendido  por  el  libelista  era  cuestionar  el  proceso  de  valoración  de  la  prueba  al interior de la sana  crítica,  olvidó  señalar de que manera fueron desconocidos los postulados de  la  lógica, la experiencia o la ciencia, amén de desconocer que ésta clase de  error  no  es de derecho sino de hecho, y su demostración no debe hacerse sobre  el  criterio  de  haberse  violado la legalidad en el decreto y práctica de una  prueba,  sino  de  la  transgresión  manifiesta  de  los  principios de la sana  crítica.   

No resulta compatible con la lógica y no es  de  recibo  en  la  casación  que  frente  a la misma prueba y dentro del mismo  cargo,  se  mezclen argumentos referidos a desaciertos probatorios de naturaleza  distinta  como  lo  son  los  errores  de  hecho  y  los  de  derecho.  En  sede  extraordinaria  no  es posible atacar las mismas pruebas y en forma concomitante  por  error  de  hecho  y  de  derecho,  pues  cuando se invoca error de hecho se  presupone  o  acepta  la  legalidad  de  la  prueba  (en su decreto, aducción o  práctica),  mientras  se  le  niega  tal  calidad  cuando  se  formula error de  derecho.  Resulta  entonces ilógico e incoherente predicar en forma simultánea  de unos mismos medios probatorios su legalidad e ilegalidad.   

Es  necesario,  en  aras  de  la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación,  que  el  actor identifique nítidamente el tipo de desacierto en  que  se  funda,  individualice el medio o medios de prueba sobre los que predica  el  yerro,  e indique de manera objetiva cuál es su contenido, cuál el mérito  atribuido  por  el  juzgador,  la  incidencia  de  éste en las conclusiones del  fallo,  y  la norma de derecho sustancial que indirectamente resultó excluida o  indebidamente  aplicada  y cómo, de no haber ocurrido el desacierto, el sentido  del  fallo  habría  sido  sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  impugnado,  integrando  de  esta  manera  lo  que  se conoce como proposición jurídica del  cargo y  la formulación completa de éste.   

Finalmente es oportuno resaltar que la Sala  no  observa  con  ocasión  del  trámite  procesal  o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos  o  garantías del procesado Cecilio Bonilla, como para  que  se  hiciera  necesario  el  ejercicio  de la facultad legal oficiosa que le  asiste  a  fin  de asegurar su protección en los términos del artículo 216 de  la Ley 600 de 2000.   

A   mérito   de  lo expuesto, la  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

         1°.  INADMITIR  la demanda presentada por  el defensor del procesado Cecilio Bonilla.   

2°.  ADVERTIR que  contra la presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO     

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                           MARIA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

                                                                                                          Impedida   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                 JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                               JULIO   ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.   

    

1 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto   del   13   de   julio  de  2005,  radicación  23889.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, sentencia de casación, 26 de  noviembre de 2003, radicación 11135.   

3  Véase  el  acto  administrativo  y  el  edicto notificatorio del mismo a folios  29-36 cuaderno N° 1.   

4 En el  proceso  no  figura  la  constancia  de ejecutoria de la Resolución 024632. Sin  embargo  se  observa  a  folio  35  el edicto de notificación del mismo y en el  folio  36  aparece  la constancia de haber sido fijado el 5 de febrero de 1998 y  desfijado el 18 de febrero de 1998.     

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