27711(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27711  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    181   

Bogotá,      D.      C.,      veintiséis  (26)  de febrero de dos mil  siete (2007).   

V   I   S   T   O  S   

Procede   la   Corte   a   calificar  los  presupuestos  lógicos  y  de  debida  argumentación de la demanda de casación  presentada     por     la     defensora   de  JUAN  CARLOS       AMÉZQUITA      GIRALDO.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el Tribunal de la siguiente manera:   

“En este proceso  se  juzga  el  comportamiento  que tuvo el señor JUAN  CARLOS  AMÉZQUITA GIRALDO en su condición de Monitor  del  Grupo de Control de Recaudos de las Empresas Públicas Municipales de Cali,  EMCALI,  entre  el 25 y el 28 de febrero de 1997 cuando, con el fin de favorecer  a   un   grupo  de  usuarios,  en  perjuicio  de  esa  empresa,  falsificó  documentos  públicos  (base  electrónica de datos) haciendo aparecer que estas  personas   habían  cancelado  los  valores  correspondientes  a  los  servicios  públicos  cuando  en  verdad  no lo habían hecho. El valor de la defraudación  ascendía  a diecinueve millones seiscientos diecisiete mil novecientos cuarenta  pesos.   

“Las directivas  de  EMCALI  pronto  se  percataron de la defraudación, por lo que procedieron a  adelantar  frente  a cada usuario el recobro de lo debido, por lo cual se evitó  que la defraudación se consumara”.   

2.    Adelantada   y  clausurada  la  investigación,  la  Fiscalía  115  Seccional  de  Cali, el 13 de septiembre de  2000,   profirió   resolución   de   acusación   en  contra  de  Juan  Carlos  Amézquita  Giraldo,  como  posible  autor de los delitos de falsedad en documento privado y estafa en grado  de  tentativa,  decisión  que, por virtud del recurso de apelación interpuesto  por  la  defensa,  un  Fiscal  Delegado  ante  el Tribunal Superior de la citada  ciudad,   el   1°   de  junio  de  2001,  modificó  en  el sentido de imputarle al acusado los delitos de  falsedad  material  de servidor público en documento  público  y estafa en grado  de  tentativa, según los artículos 218, 356 y 22 del  Decreto  100  de  1980, normatividad vigente para la época de los hechos.    

3.   El  Juzgado  Dieciocho  Penal del  Circuito  de Cali, mediante sentencia fechada el 30 de marzo de 2006, condenó a  Juan    Carlos    Amézquita    Giraldo  a las penas principales de 4 años 7 meses de prisión y multa de  $1.000,oo,  y  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por el mismo término de la pena privativa de la libertad,  como  autor  de  los  delitos  de  falsedad  material  de  servidor  público en  documento público y estafa en grado de tentativa.   

En   cuanto  a  la  individualización  y  dosificación   de   la   pena,   el   juzgador  de  primer  grado  textualmente  indicó:   

“El  artículo  218  del Decreto Ley 100 de 1980 fijaba para el infractor del delito de falsedad  material  en  documento  público  pena  de  prisión  entre 3 y 10 años. Dando  aplicación  al precepto 61 del estatuto punitivo referido, decimos que teniendo  en  cuenta  que  la  falsedad  recayó  en  un  buen  número de documentos y la  modalidad  de  la  conducta  que  ha  significado  la violación de la confianza  depositada  por  la  institución  EMCALI,  debido a que el acusado no le fueron  cargadas  circunstancias de agravación de ninguna especie, estima prudente este  Despacho  imponerle  el mínimo de pena, incrementado en 10 meses, para un total  de 46 meses de prisión.   

“En  virtud de  que  se  juzgan  en  concurso  dos conductas punibles (la falsedad con la estafa  tentada),  el  Juzgado  procede a dar aplicación a las normas contenidas en los  artículos  26,  27  y 28 del decreto Ley 100 de 1980, concluyendo por tanto que  la  pena de prisión por la ejecución de las dos conductas punibles será de 55  meses  de  prisión  o,  lo  que lo mismo, 4 años y 7 meses, y la pena de multa  será de $1.000”.   

3.   Apelado  el fallo por el defensor  del    procesado    Amézquita   Giraldo,  quien,  luego  de  hacer  un análisis personal de los medios de  prueba,   concluyó   que   de   los   mismos  no  surge  la  certeza  sobre  la  responsabilidad  penal  de  su  defendido,  el  Tribunal  Superior  de  Cali, el  19  de  febrero de 2007, lo  confirmó.   

4.   Contra  esta  determinación,  la  nueva    defensora    del   procesado   interpuso recurso extraordinario de casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

Con  fundamento  en  las causales primera y  tercera  de  casación, la defensora del procesado presenta dos cargos contra la  sentencia    de    segunda    instancia,    cuyos   argumentos   se   sintetizan  así:   

Primer cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber incurrido en  violación  directa  de  la  ley sustancial, generada en la indebida aplicación  del  artículo  218  del  Decreto  100  de  1980,  toda  vez  que  se  presentó  “una falsa adecuación de los hechos probados a los  supuestos  que  contempla  la norma, ya que los hechos procesalmente reconocidos  no  coinciden  con  las  hipótesis  condicionantes  de la sentencia”.   

Luego  de indicar que para la tipificación  del  delito  de  falsedad material de servidor público en documento público se  requiere    que    lo    cometa    un    “servidor  público”,   que   el   mismo  se  “halle  en ejercicio de sus funciones” y  que  se  realice  “en  documento público que pueda  servir   de   prueba”,  asegura  que  éste  tercer  “supuesto”   no   se  cumplió  en el presente caso, pues el “hecho de que  la  defraudación  no  se  haya  consumado  está demostrando que los documentos  públicos  falsos  no  sirvieron de prueba y como consecuencia EMCALI no perdió  un solo centavo”.   

Insiste  en  afirmar  que  en este caso las  falsedades      fueron      “inanes”,  por  cuanto  que  se  demostró  que  a  los  usuarios de los  servicios  públicos se les facturó nuevamente el servicio, el cual fue pagado,  situación  que lleva a colegir que no se generó ningún perjuicio y, a su vez,  que  los “documentos fraudulentos nunca sirvieron de  prueba como lo exige el tipo penal”.   

Después de indicar que la conducta falsaria  es    atípica,    toda    vez    que    se   ausentaron   los   “elementos  subjetivos  de  la  descripción  típica  en su aspecto  objetivo”,   afirma   que   el  error  alegado  es  trascendente  por  cuanto  que  los  “hechos  y las  pruebas  no  guardan  relación  con  el  fallo  ilegal  de  condena”,  razón  por  la  cual  solicita  a  la  Corte  casar el fallo  impugnado.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en  un  juicio  viciado de nulidad, ya que la acción penal del delito de estafa  en  grado  de  tentativa se encontraba prescrita al momento de dictarse el fallo  de segundo grado.   

Asevera  que  desde  la  ejecutoria  de  la  resolución  de acusación, es decir, el 1° de junio de 2001, hasta el instante  en  que  el  Tribunal  Superior de Cali dictó la sentencia de segunda instancia  (19  de  febrero  de  2007),  ya  habían transcurrido más de 5 años, término  sobre el cual, en este asunto, opera dicho fenómeno jurídico.   

Por  consiguiente,  solicita  a  la  Corte  declare   la   extinción   de  la  acción  penal  de  la  mencionada  conducta  punible.    

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Sobre la  prescripción de la acción penal del delito de estafa   

Teniendo  en  cuenta  lo  planteado  en  el  segundo  cargo del libelo y  luego  del  correspondiente  estudio,  observa la Corte que la acción penal del  delito  de estafa en grado de tentativa imputado en la resolución de acusación  al    procesado     Juan     Carlos   Amézquita       Giraldo       se   encuentra      prescrita,     no     quedando     otra   alternativa    jurídica   distinta   a   la   de   su  declaración.   

En   efecto,   recuérdese  que  mediante  resolución  de  acusación  de  primera  instancia  fechada  el   13      de      septiembre     de     2000,     y   confirmada     en    segundo     grado    el    1°     de     junio     de    2001,  al   procesado   Amézquita  Giraldo    se    le    imputó,   entre   otro   delito,   el   de  estafa  en   grado     de   tentativa,   conducta   punible    que    se   encontraba   prevista   en   el   artículo   356   del   Decreto  100 de 1980, normatividad vigente para la época de los  hechos,  la  cual  contempla  pena  máxima  de  10  años  de prisión, quantum  punitivo  que  quedaba  en  7  años  y  6  meses  por  razón  del  dispositivo  amplificador  de  la tentativa, según así lo establecía el artículo 22 de la  misma legislación.   

Frente  a  la  mencionada preceptiva y para  efectos  de  los  respectivos  cómputos, debe indicarse que comparada la citada  norma  con aquella que se encuentra tipificada en el artículo 246 de la Ley 599  de  2000,  se  observa que esta última contempla una pena máxima de 8 años de  prisión,  razón  por  la  cual  será esta disposición la que, por razón del  principio de favorabilidad, regule este asunto.   

Así,  entonces,  teniendo en cuenta que el  mencionado  artículo  246 contemplaba pena máxima de 8 años de prisión (o lo  que  es igual 96 meses) para el delito de estafa, y toda vez que se trata de una  conducta  en  grado  de tentativa, según así quedó definido en la resolución  de  acusación,  de  conformidad  con  el  artículo  27  de  la Ley 599 de 2000  (anteriormente  artículo  22  del  Decreto  100 de 1980), surge evidente que la  pena  máxima  privativa  de  la  libertad  queda en 6  años (72 meses).   

Ahora  bien,  como  se   produjo      la     interrupción     del     término   prescriptivo  de  la  acción  penal  con  la  ejecutoria  de  la resolución de  acusación,  caso  en  el cual principia a correr de nuevo por un tiempo igual a  la  mitad  del máximo indicado, pero en ningún caso puede ser inferior a cinco  (5)   años,   se   tendrá   éste  último  como  lapso  para  efectos  de  la  prescripción,  según  el  artículo  86 de la Ley 599 de 2000(artículo 84 del  derogado Decreto 100 de 1980).   

Significa  lo  anterior  que  dentro  del  presente  asunto  la  acción  penal del delito de estafa se ha extinguido   por    causa    de    la    prescripción,   pues   no    hay   duda   que   desde   el   1°      de      junio      de      2001,    fecha    de    la    resolución   de  acusación  de  segunda  instancia,  a hoy han transcurrido más de cinco años,  por  lo  que  se  impone  la  declaratoria de tal fenómeno procesal, el cual se  consolidó   el  1°  de  junio  de  2006,  es  decir,   varios meses antes del proferimiento del fallo  dictado  en  segundo  grado  por  el Tribunal Superior de Cali (19 de febrero de  2007).   

Por  lo tanto, al ser incuestionable que la  acción  penal  se  ha  extinguido  por causa del fenómeno de la prescripción,  necesariamente  se  impone  su declaratoria y, en consecuencia, se dispondrá la  cesación  de  todo  procedimiento  contra Juan Carlos  Amézquita  Giraldo  en  relación  con el punible de  estafa en grado de tentativa.   

2.  Sobre la  demanda de casación   

La  demanda  de casación presentada por la  defensora  del  sentenciado  Juan  Carlos  Amézquita  Giraldo   no  reúne  los  requisitos  de  claridad,  precisión  y coherencia que para ser admitida establecen las normas que regulan  el recurso extraordinario.   

En   efecto,  como  lo   ha   reiterado   la  Corte,  la  demanda  de   casación   no  es  de  libre  formulación,  razón  por  la  cual  no  es  procedente  hacer  cualquier  clase  de cuestionamientos a una sentencia que por  ser  la  culminación  de  un proceso está amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,   sino   que  debe  ser  un  escrito  lógico y  sistemático  en el que sólo es permitido  denunciar los errores cometidos  en  el  fallo,  al tenor de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  demostrarlos  dialécticamente y evidenciando su trascendencia en la parte  resolutiva del mismo.   

En  el  libelo que ocupa la atención de la  Sala    y   en   cuanto   se   refiere   al   primer  cargo,  si bien es cierto que la demandante fundó el  ataque  a la  sentencia por los senderos de la violación directa de la ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo  218  del  Decreto 100 de  1980,   también   lo  es  que  no  precisó, como  era  su  deber,  cuáles  fueron  las  razones  jurídicas por las cuales, en su  criterio,  el  Tribunal incurrió en dicha aplicación indebida, ni explicó, en  el  campo del estricto derecho, los motivos por los cuales considera que en este  caso  es  “atípica” la  falsedad en documento público imputada a su representado.   

Por ello, se hace necesario recordarle a la  libelista  que  la  violación  directa  de  la ley sustancial tiene que ver con  la   equivocación  en  que  incurre el juzgador al aplicar la normatividad  que  corresponde  a los hechos materia de juzgamiento, manifestándose a través  de  tres  variaciones:  la  primera se presenta cuando no se aplica la norma que  corresponde  porque  el  juez  yerra  acerca  de su existencia, es la denominada  falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente;  la  segunda,  el  sentenciador  efectúa  una  falsa  adecuación  de  los  hechos  probados a los supuestos que  contempla  la  disposición  y, por ello, incurre en aplicación indebida, y, la  última,  los  procesos  de  selección  y  adecuación al caso en cuestión son  correctos  pero al interpretar el precepto el juez le atribuye un sentido que no  tiene   o   le   asigna   efectos   distintos   o  contrarios  a  su  contenido,  configurándose   así   la   llamada   interpretación   errónea   de  la  ley  sustancial.   

Así mismo, ha señalado insistentemente la  jurisprudencia  de  la Corte que cuando se invoca el cuerpo primero de la causal  primera  de  casación,  esto  es,  violación  directa de la ley sustancial, el  libelista  no  puede  discutir  la  valoración  de  la  prueba realizada por el  sentenciador  ni  cuestionar  la  declaración  de  los  hechos consignada en el  fallo,  pues toda su actividad debe estar dirigida exclusivamente a demostrar la  equivocación  en  que  incurrió  el  Tribunal  al  aplicar  o  al inaplicar la  normatividad al caso concreto.   

Se   trata,   entonces,   de  un  estudio  estrictamente      jurídico,     toda     vez     que      “cualquiera  que  sea  la modalidad de violación directa de la ley,  el  yerro  de los juzgadores recae indefectiblemente en forma inmediata sobre la  normatividad,  todo  lo  cual implica un cuestionamiento en un punto de derecho,  sea  porque  se  deja  de  lado  el precepto regulador de la situación concreta  demostrada,  porque  el hecho se adecua a un precepto estructurado con supuestos  distintos  a los establecidos, o porque se desborda la intelección propia de la  disposición         aplicable        al        caso        concreto…”.1   

Estos  últimos  delineamiento  lógicos no  fueron  observados  por  la  demandante, pues, como se indicó, si bien apoya el  reproche  bajo  los derroteros de la violación directa de la ley sustancial por  aplicación  indebida del artículo 218 del Decreto 100 de 1980, de todos modos,  abandonando  los  derroteros  que  en  esta  sede  identifican  dicha causal, se  limitó  simplemente  a  afirmar que la mencionada conducta punible es atípica,  toda  vez  que,  en  su  criterio,  “los documentos  simulados  no sirvieron de prueba” por cuanto que no  se  logró  “defraudar  el patrimonio de la empresa  EMCALI”.   

Tales  afirmaciones,  las  que reitera a lo  largo  del  reproche,  carecen  de  la  debida argumentación y, por ende, de la  necesaria  demostración,  pues  más allá de aseverar la atipicidad del delito  de  falsedad material en documento público, en manera alguna ilustra a la Corte  sobre  los  motivos  jurídicos  que  conduzcan en realidad a colegir la alegada  falta de tipicidad frente al citado punible.     

Es  más,  el  planteamiento  de la censura  sufre  un notorio desvió hacia los linderos de la violación indirecta, pues en  espera  de  que,  como  se  dijo,  centrara su argumentación a demostrar, en el  ámbito  estrictamente  jurídico, cómo el juzgador le otorgó al artículo 218  del  Decreto  100  de 1980 un alcance que no contempla, se dedicó a afirmar que  “los  hechos y las pruebas no guardan relación con  el  fallo  ilegal de condena”, o que “el  hecho  de  que  la  defraudación  no  se  haya consumado está  demostrando   que   los   documentos   públicos   falseados   no  sirvieron  de  prueba”  o  “existe un  presupuesto  estable y verdad ilegal declarada por el sentenciador que lo llevó  a  su  desatino  en  la  aplicación  de  la norma”.   

Si  la libelista no compartía el resultado  fáctico  logrado  por  los  jueces,  por  cuanto  que  el  proceso arrojaba los  suficientes  elementos de juicio que, bajo su correcta valoración, conducían a  la  atipicidad del delito de falsedad material de servidor público en documento  público  por  ausencia  de  uno  de  sus  elementos  configurantes,  es  claro,  entonces,  que  tales desavenencias recaen sobre las pruebas, motivo por el cual  el  ataque  deja  de  ser directo para convertirse en indirecto y, por lo mismo,  debió  centrar   el   reproche   a   través  de   la   apreciación   probatoria, según  la índole de los errores  que en esa materia hubiesen podido incurrir los sentenciadores.   

Ahora  bien,  si en gracia de discusión se  aceptara  que  la  argumentación de la demandante se delineó exclusivamente en  el  ámbito  de  la  aplicación indebida del artículo 218 del derogado Código  Penal  (norma  aplicada  en  este evento), lo que se deduce cuando afirma que el  Tribunal  “desconoció”  un  elemento  constitutivo del citado delito, esto es, que el documento público  falseado  sirviera  de  prueba,  de  todos  modos el cargo lo dejó en el simple  enunciado,   pues   no  ilustró  a  la  Corte  en  qué  consistió  la  errada  hermenéutica  que  el  sentenciador le otorgó a dicha preceptiva, cuál era su  correcto  entendimiento  y  cómo  de haberse interpretado de manera acertada el  fallo  habría  sido  favorable  a  los intereses jurídicos de su defendido, es  decir,   que   hubiese   sido   absuelto   por   atipicidad   de   la   conducta  punible.   

Por  consiguiente,  al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

3.  Sobre la  redosificación de la pena   

En estas condiciones, como se inadmitirá la  demanda  de  casación  y  ha  prescrito  uno de los delitos (estafa en grado de  tentativa)  por  los  que fue acusado y condenado Juan  Carlos   Amézquita  Giraldo,  indispensable  resulta  ajustar  la  pena  que  debe permanecer vigente contra el sentenciado por razón  del  delito  de falsedad material de servidor público en documento público que  es  el único por el cual queda condenado, respetando, desde luego, la tasación  efectuada en las instancias.   

Como  quedó consignado en los antecedentes  de  esta  providencia,  en  la  sentencia  de  primera  instancia,  la  cual fue  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali, el juzgador, en el proceso de  individualización  de  la  pena  y  respecto  del  delito contra la fe pública  (punible   más   grave),   precisó   que   “dando  aplicación  al precepto 61 del estatuto punitivo referido, decimos que teniendo  en  cuenta  que  la  falsedad  recayó  en  un  buen  número de documentos y la  modalidad  de  la  conducta  que  ha  significado  la violación de la confianza  depositada  por  la  institución  EMCALI,  debido a que el acusado no le fueron  cargadas  circunstancias de agravación de ninguna especie, estima prudente este  Despacho  imponerle  el mínimo de pena, incrementado en 10 meses, para un total  de 46 meses de prisión”.   

A  su  vez,  a  los 46 meses le adicionó 9  meses  y  $1.000 como multa por concepto del concurso con el delito de estafa en  grado  de tentativa, cuya prescripción da lugar a la cesación de procedimiento  que  será  declarada  en esta decisión, arrojando un total de pena impuesta de  55 meses de prisión y la citada pena de multa.   

Por ello, deduciendo los mencionados 9 meses  y  los  $1.000 de multa, es fácil inferir que la pena principal que subsiste en  contra  de Juan Carlos Amézquita Giraldo es  la  de  cuarenta y seis (46) meses de  prisión,  como  autor  responsable  del  delito  de  falsedad  material de servidor público en documento público. Así mismo, se le  impondrá  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y  funciones   pública   por  el  mismo  término  de  la  pena  privativa  de  la  libertad.   

La sentencia se mantendrá inmodificable en  todo lo demás.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.  DECLARAR  que la acción penal que por el delito de      estafa     en     grado     de  tentativa   se   acusó   al   procesado      JUAN     CARLOS     AMÉZQUITA  GIRALDO,  se encuentra prescrita. En consecuencia, se  decreta  en  su  favor  la  cesación de la actuación  procesal    únicamente    por    dicha    conducta  punible.   

2.   READECUAR  la sanción impuesta a JUAN  CARLOS  AMÉZQUITA GIRALDO, razón por la cual la pena  principal  que  deberá  cumplir  como  autor responsable del delito de falsedad  material  de  servidor  público  en  documento  público,  es  de  CUARENTA  Y  SEIS (46) MESES DE PRISIÓN.  Así  mismo,  se  le  impone  la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo término de la pena  privativa de la libertad.   

3.   Contra  las anteriores decisiones  procede el recurso de reposición.   

4.  INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por la          defensora     de  JUAN    CARLOS    AMÉZQUITA    GIRALDO.  En  consecuencia,  se declara desierto el recurso extraordinario  de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                            JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                             JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Rad.  14899,  sentencia  del  6  de  mayo  de 2003; rad. 18580, auto del 12 de mayo de  2004;  rad.  21821, sentencia del 2 de marzo de 2005; rad. 21206, auto del 29 de  junio de 2005, entre otros.     

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