22353(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22353  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 224  

Bogotá,  D. C., catorce (14) de noviembre de  dos mil siete (2007).   

V I S T O S  

La  Corte  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  demanda   de   revisión   presentada   por   el   apoderado   de   ALFREDO   CARRASCAL  CARRASCAL  contra  la  sentencia  proferida  el  30 de septiembre de 1997, mediante la cual el Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Valledupar confirmó la dictada el 22 de mayo  del  citado  año  por el Juzgado Penal del Circuito de Chiriguaná (Cesar), que  lo  condenó como coautor de los delitos de homicidio agravado, hurto calificado  y agravado y secuestro simple agravado.   

H E C H O S  

1.  Fueron sintetizados por el Procurador  Delegado de la siguiente manera:   

“El día 4 de marzo  de  1995,  sobre  el  medio  día,  en  jurisdicción del Municipio de Pailitas,  Departamento  del  Cesar,  en  cercanías  de  las  veredas denominadas Norean y  Besotes,  más  adelante  del  sitio  denominado  Los  Laureles, en la carretera  nacional  que  de  ese  municipio  conduce  a  Aguachica,  varios  miembros  del  Ejército  Nacional al mando del Sargento Antonio Betancourt Castro, acatando un  plan  previo  concebido  con  personas particulares de la región, instalaron un  supuesto  retén  con el propósito de apoderarse de dos tractomulas afiliadas a  la  empresa COPETRAN, previamente identificadas, que cubrían la ruta Valledupar  –  Bogotá,  cargadas cada  una   con   1.400   cajas   de  leche  en  polvo  de  propiedad  de  la  empresa  CICOLAC.   

“Realizado  el  retén  de  los  automotores,  fueron  apeados  sus  dos  conductores  y los dos  escoltas  que  cada  uno  llevaba  consigo,  atados, esposados y conducidos a la  finca  El  Espejo,  de  propiedad del señor Ismael Barbosa Ballesteros, ubicada  cerca  al  lugar,  dentro  de la cual permanecieron retenidos en una habitación  durante horas hasta entrada la noche.   

“Los  vehículos  ilegalmente  inmovilizados  fueron  entregados  a  dos  conductores  contratados  previamente   para   su  conducción.  El  primero  se  le  entregó  al  señor  ALFREDO  CARRASCAL  y,  el  segundo, al señor Carlos A. Rincón.   

“Emprendida   la   marcha,  el  rodante  de  este  último   presentó   una  falla,   debido  a  la  ausencia   de    combustible,    que    le    impidió  proseguir   su    camino.    Enterado    del   percance,   el   señor    ALFREDO    CARRASCAL,   quien  llevaba  la  avanzada,  se   devolvió  en  su auxilio y en vista de que no podía solucionar aquella, y ante  la      mirada     de     otros     ‘muleros’  que  recorrían  ese  paraje,  optó,  junto  a  su compañero de labor criminal, por  abandonar  a  los  automotores  ante  el temor de ser descubiertos por los otros  conductores  de  la  vía  que  sí  conocían  a los verdaderos choferes de los  vehículos asaltados.   

“Carlos   A.     Rincón     y    ALFREDO   CARRASCAL     regresaron     a     la  finca    mencionada    con    la   finalidad   de   enterar    al   resto   de   la  banda   criminal   del   fracaso  de  la  acción  ilícita,  y   luego   alejarse de la misma para dirigirse al municipio de Bosconia, sitio  donde residían.   

“Los  señores  Gabriel  Alfredo  Zequeira, Oscar Oñate Cuello e Ismael Barbosa Ballesteros, en  la  finca  mencionada,  y con los retenidos, esperaron la presencia del Sargento  Betancourt  Castro  del  Ejército  con  la  finalidad   de   decidir   la   suerte   de  éstos;  luego de  una  fuerte  discusión,  este  suboficial  ordenó  que  las personas plagiadas  fueran   llevadas   a   un  vehículo  de  propiedad  del  señor  Barbosa   Ballesteros  para   conducirlos   por   la   vía   que   comunica al   corregimiento     de     EL    BURRO    con    la   municipalidad   de   EL  BANCO y en un paraje solitario, cerca al Río  Magdalena,  los  mataron  para  luego arrojarlos al cauce del río citado y así  ocultar la acción criminal.   

“Días después de  estos   hechos,  se  dieron  por  desaparecidas  las  personas  asesinadas.  Los  cadáveres  fueron  recogidos  por pescadores de la zona ribereña, quienes, les  dieron  sepultura  sin  identificarlos,  siendo ubicados seis meses después los  lugares donde fueron enterrados”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL DEL  

EXPEDIENTE OBJETO DE REVISIÓN  

1.  Con base en los medios de convicción  allegados  durante  la  investigación  previa,  la  cual  se fundamentó en las  labores   de  inteligencia  que  adelantó  el  Departamento  Administrativo  de  Seguridad,  Seccional Cesar, se dio inició a la instrucción, dentro de la cual  fueron  vinculados, entre otros, Gabriel Alfredo Zequeira Romero, Ismael Barbosa  Ballesteros,  Arnulfo Castellanos Martínez, Campo Elías Sierra Builes y Carlos  Arturo Rincón Vega.   

Agotado  el ciclo investigativo, la fiscalía  dispuso  el  cierre  parcial  respecto  de los mencionados procesados, contra quienes profirió resolución de  acusación.   

Culminado el juicio, el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de  Chiriguaná (Cesar), el 15 de octubre de 1996, profirió sentencia  a  través  de  la  cual  condenó  a  Gabriel Alfredo Zequeira Romero, a Carlos  Arturo   Rincón   Vega   y  a  Ismael  Barbosa  Ballesteros,  el  primero  como  determinador  del  delito  de  hurto calificado y agravado y, los dos restantes,  como  cómplices  de  la misma conducta punible. Así mismo, absolvió a Arnulfo  Castellanos  Martínez  y  a  Campo  Elías  Sierra Builes de los delitos que le  fueron  imputados  en  la  acusación,  excepto el concierto para delinquir y el  secuestro,  respecto  de  los  cuales  dispuso  la  cesación  de procedimiento.   

Apelado  el  fallo  por un procesado y por la  fiscalía,  el  Tribunal  Superior  de  Valledupar,  el  24 de abril de 1997, lo  modificó  y,  en  su  lugar,  condenó  a los acusados Zequeira Romero, Barbosa  Ballesteros  y  Rincón  Vega como coautores de los delitos de homicidio y hurto  calificado  y  agravado.  Del mismo modo, declaró la nulidad de la decisión de  cesación  de  procedimiento  por  los  delitos  de  secuestro simple agravado y  concierto  para  delinquir,  cesó procedimiento respecto de Campo Elías Sierra  Builes y confirmó la absolución de Castellanos Martínez.   

Por  razón  del  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto,  la  Corte,  mediante  fallo  del 6 de marzo de 2003, no  casó la sentencia de segunda instancia.   

2.   A su vez, la fiscalía continuó  con la restante investigación,  dentro  de  la cual fueron vinculados como sindicados Oscar Oñate Cuello, alias  “Catire”, Gustavo Vergel  Jaimes,   Alfredo   Carrascal  Carrascal,  Luvangert  Arango  Galvis,  Fernando  Guerra  Echeverri  y Nelson  Enrique Guerrero.   

Cabe    precisar    que    Alfredo   Carrascal   Carrascal,   aquí  accionante,    fue    vinculado    a   la   investigación   como   persona  ausente,  según resolución del  15 de febrero de 1996.   

Clausurada   la   investigación,  mediante  resolución   del  25  de  junio  de  1996,  la fiscalía profirió resolución de acusación en contra de los  citados  procesados,  por  los  delitos  de  homicidio  agravado, concierto para  delinquir, hurto calificado y agravado y secuestro simple.   

Agotado  el  juicio,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Chiriguaná, el 22 de mayo de 1997, dictó sentencia, a través de  la  cual  condenó  a  los  acusados Oscar Oñate Cuello, Gustavo Vergel Jaimes,  Alfredo Carrascal Carrascal,  Luvangert  Arango  Galvis, Fernando Guerra Echeverri y Nelson Enrique Guerrero a  la  pena  principal de 50 años de prisión, los tres primeros como coautores de  los  citados  delitos  y los restantes como cómplices, fallo que fue confirmado  integralmente  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Valledupar,  según sentencia del 30 de septiembre de dicho año.   

Por  último, debe agregarse que Alfredo  Carrascal Carrascal, identificado  con  la  cédula  de ciudadanía 5.466.991,   fue   capturado  el  22  de  enero  de  1999  en  la  ciudad de Valledupar, en momentos en que  conducía un taxi.    

LA      DEMANDA      DE   REVISIÓN   

Con  fundamento en la causal 3ª de revisión  de  que  trata  el  artículo  220  de  la  Ley  600  de  2000,  el apoderado de  Alfredo  Carrascal Carrascal  aduce  que  con  posterioridad  a  la sentencia condenatoria aparecieron pruebas  nuevas    que    establecen    de    manera    clara    la   inocencia   de   su  representado.   

Refiere  que  después de proferido el citado  fallo  se  allegaron  fotocopias de varias tarjetas alfabéticas de personas que  pueden   señalarse  como  homónimas  de  su  poderdante,  tales  como  Alfredo  Carrascal,  con  cédula  de  ciudadanía  número 13.363.920 de Ocaña, Alfredo  Carrascal  Carrascal,  con  cédula de ciudadanía número 88.144.758 de Ocaña,  Alfredo  Carrascal  Machado,  con  cédula  de  ciudadanía número 9.266.930 de  Mompós,  Luis  Alfredo  Carrascal  Machado,  con cédula de ciudadanía número  18.932.487   de   Codazzi,   y   Alfredo   Carrascal  Carrascal,  identificado con la cédula de ciudadanía  número    5.466.991    de    Ocaña,    esta   última   perteneciente   a   su  procurado.   

Afirma  que  los  citados  documentos  y  las  restantes  pruebas  nuevas  incorporadas  al  proceso, valoradas conjuntamente y  conforme  a  los lineamientos de la sana crítica, permiten inferir, en grado de  certeza,  que  su  defendido  es  inocente  de  los  delitos  por  los  que  fue  condenado.   

Sostiene que ante el Juzgado de Ejecución de  Penas  y  Medidas  de Seguridad de Valledupar, la señora Remedios María Mejía  Reales,  esposa  de  Campo  Elías Sierra Builes, persona que haciendo parte del  grupo  delincuencial participó en los hechos y, por ende, fue condenado por los  mismos,  aseguró que en compañía de su esposo, hoy fallecido, “le  bautizó  una  hija  a  Luis  Alfredo  Carrascal  Machado  el  28  de  mayo  de  1994,  quien  morfológicamente  es  diferente  a  los rasgos físicos del señor Alfredo               Carrascal               Carrascal”.   

Dice  que las pruebas nuevas llevan a colegir  que  “la  individualización  procesal  hecha  a  mi  defendido   ALFREDO  CARRASCAL  CARRASCAL  fue  errónea,  puesto  que en el proceso se hace sin indicaciones  directas  respecto  al  nombre  y  un  apellido  determinado  por las labores de  inteligencia   que   el  autor  o  partícipe  de  los  hechos  punibles  es  mi  representado  ALFREDO CARRASCAL CARRASCAL,  hecho este que no se ajusta a la realidad puesto que el verdadero  autor    o    partícipe   del   hecho   es   una   persona   diferente   a   mi  representado”,    es    decir,    “Luis          Alfredo          Carrascal         Machado”.   

Como apoyo de su pretensión, el actor allegó  a la demanda los siguientes elementos de convicción:   

1.   Fotocopias  de  las  sentencias  de  primera   y   segunda   instancia   con  la  correspondiente  constancia  de  su  ejecutoria.   

2.   Fotocopias autenticadas de las  mencionadas cartillas decadactilares.   

3.   Testimonio  rendido  por la señora  Remedios  María  Mejía  Reales,  con  el  cual  se  demuestra  que  la persona  condenada  no es la que verdaderamente participó en la comisión de los delitos  juzgados.   

4.  Copia  autenticada  de  la  declaración  rendida  por  Gerardo  Segura,  Técnico  Criminalístico del Cuerpo Técnico de  Investigación  de  la  Fiscalía,  de  la  cual  se  desprende  “que  la  persona  condenada por los delitos es mi representado, pero  igualmente   no   fue   la  persona  que  participó  en  la  comisión  de  los  mismos”.   

5.   Informe  N°  025 FGN-CTI del 11 de  abril  de  2002, suscrito por el Técnico Judicial Víctor Bravo Córdoba, quien  “identificó   plenamente  al  señor  LUIS   ALFREDO   CARRASCAL  MACHADO,  con  número  de  cédula  18.932.487,  expedida  en  Codazzi (Cesar), hijo de Carmen  Carrascal  y  Alcario  Machado,  nacido  el  14 de noviembre de 1951. Igualmente  identifico   a   mi  representado  ALFREDO  CARRASCAL  CARRASCAL,  identificado con la C. C. N° 5.466.991 de  N.  de Sder., hijo de Miguel Carrascal y Ana María Carrascal, nacido el día 30  de julio del año 1945”.   

6.  Declaraciones rendidas por Juan Novoa  Martínez  y  Carlos José Pinto, quienes dan referencias personales y laborales  de su representado.   

7. Certificaciones expedidas por la Directora  Seccional  de  Fiscalía  de  Valledupar y por el Departamento Administrativo de  Seguridad  de  la  misma  ciudad,  en  las  cuales se informa sobre los diversos  procesos  penales  que  por  el  delito de hurto se han adelantando en contra de  Luis    Alfredo    Carrascal    Machado.   

8.   Certificación  expedida  por  el  Director  del  Instituto  Municipal  de  Tránsito  y  Transporte de Valledupar,  “que  prueba  que mi representado no tiene capacidad  ni licencia para conducir tractomula”.   

9.   Partida  de  bautismo  de  Marynes  Carrascal  Salcedo,  siendo  padrinos  Remedios  María Mejía de Sierra y Campo  Elías Sierra Builes.   

Por  lo expuesto, solicita la “desestimación   del   fallo”   y,   en  consecuencia,     se     dicte     la     determinación    que    en    derecho  corresponda.     

ACTUACION    SURTIDA    EN   LA  CORTE   

1.   La   demanda   de   revisión    fue    presentada    inicialmente    ante   la   Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Valledupar, Corporación que  procedió  a  admitirla  y,  en  consecuencia,  dispuso  allegar  las copias del  proceso  objeto  de revisión y ordenó la práctica de unas pruebas. Agotada la  correspondiente    actuación,    advirtió   que   no   era    competente    para    fallar   dicho    asunto,   toda     vez     que     dentro     del    citado   proceso   profirió  sentencia  de  segunda  instancia,  motivo por el cual  remitió el diligenciamiento a la Corte.   

2.   Recibido  el  expediente  y  siendo  evidente  que  el  Tribunal  Superior de Valledupar carecía de competencia para  tramitar  la  invocada acción de revisión, la Sala, mediante providencia del 9  de  febrero  de 2006, declaró la nulidad de lo actuado a partir, inclusive, del  auto  que admitió el libelo, precisando que dicha invalidación no afectaba las  pruebas  practicadas  y  allegadas. A su vez, por reunir las exigencias legales,  admitió la citada demanda de revisión.    

Por  auto  del  27  de  abril  siguiente,  el  Magistrado  Ponente  dispuso  tener  como  pruebas las aportadas con la demanda,  ordenó  la  práctica  de  las  solicitadas  por  el  Procurador Delegado y, de  oficio, decretó otras.   

Luego  de  adelantarse  la  práctica  de las  pruebas   decretadas,   se  corrió  traslado  a  los  intervinientes  para  que  presentaran  sus  alegaciones conclusivas, actividad que cumplieron el apoderado  del  demandante  y el Procurador Segundo para la Investigación y el Juzgamiento  Penal.   

ALEGATOS  DE  CONCLUSIÓN  

1.    Los  presentados por la defensa   

Sostiene  el  apoderado del accionante que la  sentencia  condenatoria  en contra de Alfredo Carrascal Carrascal tuvo origen en  el  informe  de  inteligencia  y  en  la ampliación del mismo suscrito por Luis  Gonzaga  Palacio, Jefe de la Unidad Investigativa de la Policía Judicial, y por  Norberto  Sotomayor González, Coordinador del DAS, Seccional Cesar, mediante el  cual      se      identificó     a     “Alfredo  Carrascal”  como  coautor  de  las  conductas punibles objeto de investigación,  refiriéndose en los siguientes términos:   

“ALFREDO  CARRASCAL,  de cincuenta años aproximadamente, aspecto santandereano, residente  en  Valledupar,  de profesión conductor, trabaja actualmente en la estación de  servicio  San  Juan,  ubicada  en  la  Diagonal 21 número 18D-66 Valledupar, de  propiedad      del     señor     conocido     como     el     muñe”.   

Manifiesta  que  dicha  labor de inteligencia  permitió  a  la  Fiscalía  Catorce  iniciar  la  investigación  y requerir la  identificación  e  individualización  de  “Alfredo  Carrascal”,  lo que culminó con el señalamiento de  Alfredo  Carrascal Carrascal,  “identificado  con  la C. C. N° 5.466.591de Ocaña,  nacido  en  Ocaña  en  julio 30/45, hijo de Miguel y Ana, trigueño, de 1.78 de  estatura  de  profesión conductor”, como así quedó  plasmado      textualmente     en     el     multicidado     informe.   

Considera  que  tal  vinculación vulneró el  debido  proceso  desde  el  momento  mismo en que fue vinculado su representado,  toda  vez  que  no  hay  duda  que  la  persona  identificada no es la misma que  participó  en  los  delitos  cometidos,  máxime  cuando  el D.A.S. simplemente  transcribió   los   datos   suministrados   por  la  Registraduría  acerca  de  Alfredo  Carrascal Carrascal,  sin  otros  elementos  de prueba que descartaran la concurrencia de homónimos o  la  posibilidad  de existencia de otra persona que, con nombres similares, fuera  el  verdadero  partícipe  de las conductas punibles, situación que llevó a un  evidente error judicial.   

Afirma  que  con posterioridad a la sentencia  objeto  de  revisión  se  allegó  el  testimonio de la señora Remedios María  Mejía  Reales,  persona  que,  declaró en cuatro oportunidades, diligencias en  las   que,   de  manera  clara  y  contundente,  informó  que  el  Alfredo  Carrascal  que  conoce  no  es el  señor  que  tuvo  la  oportunidad  de ver, es decir, el aquí condenado, ya que  sabía    que    quien    estaba   vinculado   al   proceso   era   Alfredo  Carrascal, su compadre, a quien no  le  conoce  el  segundo  apellido,  según  así  se lo informó su esposo Campo  Elías  Sierra  Builes,  quien  también  estuvo  vinculado a la actuación como  integrante del grupo delincuencial.   

Agrega  que el citado testimonio ofrece total  credibilidad,  pues  existen  razones  para  concluir  que  su  información  es  verídica,  ya  que  ella, Remedios María Mejía Reales, fue madrina de bautizo  de   una   hija   de   Alfredo  Carrascal,  surgiendo  de  esa manera el compadrazgo y, por lo mismo, sabe de  quien   se  trata,  siendo  por  tanto  cierto  que  el  condenado  Alfredo   Carrascal  Carrascal  no  es  su  compadre,  sino de aquél que también se llama Alfredo  Carrascal,  conocido  y amigo de su esposo, y de quien  desconoce  su  segundo  apellido,  aspecto  que es corroborado con la respectiva  partida de bautismo, donde aparecen registrados los padrinos.   

De   igual   manera,   dice   que  obra  la  manifestación  del  condenado en el sentido de ser ajeno a los hechos que se le  imputan,  lo  cual  está  confirmado  con  el testimonio de Mejía Reales y las  informaciones    de    los    demás    procesados    suministradas    en    sus  indagatorias.   

Así   mismo,   asevera  que,  conforme  al  desarrollo   de  los  acontecimientos  fácticos  consignados  en  la  sentencia  condenatoria,     Alfredo     Carrascal,  coautor  de los hechos delictivos, fue  contratado  para  conducir  una  tractomula, siendo claro que, de acuerdo con la  certificación   expedida  por  el  Ministerio  de  Transporte,  a  Alfredo  Carrascal  Carrascal, su prohijado  condenado,  no  se  le  expidió  licencia para conducir ese tipo de vehículos,  puesto  que la categoría séptima, en la actualidad cuarta, no lo habilita para  tal efecto.   

Destaca  el contenido de las declaraciones de  Gabriel  Alfonso Zequeira y Oscar Oñate Cuello, condenados por los hechos aquí  referenciados,   porque   informaron  que  el  Alfredo  Carrascal  Carrascal, privado de la libertad, no es la  misma persona que los acompañó en la acción delictiva.   

Del mismo modo, resalta el testimonio de Luis  Ariza  Ruiz, quien relata la manera como un informante describió físicamente a  Alfredo  Carrascal, verdadero  partícipe  de  los  hechos  criminales,  descripción física que, sin duda, es  diversa a la del condenado por esta causa.   

Se  apoya  también  en  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas,  en la cual participaron Remedios María  Mejía   Reales,  Gabriel  Alfredo  Zequeira  Romero  y  Oscar  Oñate,  quienes  afirmaron  claramente  que  el señor Alfredo Carrascal  Carrascal,  ahí  presente,  no  es  el  Alfredo   Carrascal  que  participó  como  coautor    en   la   comisión   de   los   delitos   que   fueron   objeto   de  juzgamiento.   

En   fin,   estima   que    las   pruebas    nuevas   allegadas  a  este  trámite   permiten   concluir   en   la  inocencia  de   Alfredo   Carrascal   Carrascal,   por   lo   que,  en  su criterio, se impone la revisión del proceso, el cual debe anularse  parcialmente         desde          la         vinculación        su   representado.          

2.    Los  presentados por el Ministerio Público   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Investigación  y  el  Juzgamiento  Penal,  señala  que  con  fundamento en las  pruebas  allegadas a la demanda de revisión y las practicadas en este trámite,  la acción  impetrada debe prosperar.   

En   efecto,   precisa   que   Alfredo  Carrascal  Carrascal, identificado  con  la cédula de ciudadanía 5.466.991 de Ocaña, hijo de Miguel y Ana María,  no  fue  la  persona  que, el 4 de marzo de 1995, condujo uno de los automotores  hurtados  en la vía que de Valledupar conduce a Bogotá, afirmación que emerge  de  la  aparición  de pruebas nuevas mediante las cuales se demuestra que quien  fue  condenado  es  una  persona  diferente  a  la  que   participó en los  hechos.   

En  síntesis,  la  alegación del Ministerio  Público   guarda   identidad  con  lo  expuesto   por   la   defensa,  entendiendo  que  el contenido probatorio allegado con posterioridad a  las  sentencias,  es  determinante para establecer  con  certeza   que   no   obstante   Alfredo  Carrascal  existe,   este    no    corresponde    al   Alfredo   Carrascal  Carrascal  vinculado  al  proceso, pues aquél, según  descripción  de  los  también condenados Zequeira y Oñate Cuello, era alto de  unos  cuarenta  o  cuarenta  y  dos  años  para la fecha de los hechos, cabello  crespo,  mono, de ojos claros, es decir, que el 4 de marzo de 1995 era un hombre  joven;      en     cambio     Alfredo     Carrascal  Carrascal,  aquí  accionante e identificado con C. C.  N° 5.466.991, para esa misma fecha contaba con 50 años.   

Después  de realizar un estudio detallado de  la  prueba  nueva  testimonial  y  documental,  concluye  el Procurador que esos  medios  de convicción son los que permiten afirmar que fue otro el autor de las  conductas  punibles  por  las que fue condenado Alfredo  Carrascal  Carrascal y es a través de esta acción que  debe   corregirse   el  error,  cesando  las  consecuencias   de  un  fallo  condenatorio contra quien no cometió tal comportamiento.   

Dice  que  en este caso la importancia de las  pruebas  nuevas radica en que de haberse conocido por el juzgador en su momento,  habría  significado  fallo  absolutorio  para  Alfredo  Carrascal  Carrascal,  identificado  con la cédula de  ciudadanía   N°   5.466.991   de   Ocaña,   por  lo  cual  solicita  resolver  favorablemente  la  pretensión  de  revisión  y,  en  consecuencia,  se  anule  parcialmente  el  proceso  a  partir de la vinculación de éste y, por ende, se  decrete su libertad inmediata.    

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

Como  lo  ha  enfatizado   la   jurisprudencia   de  la  Sala,  al  ser   probable  que  la  sentencia  condenatoria  o absolutoria, o las providencias de  preclusión     o     cesación    de    procedimiento   que   se   encuentran ejecutoriadas no contengan la verdad histórica,  originándose  así una injusticia, el legislador penal instituyó la acción de  revisión  como  mecanismo  idóneo  para  remover  la   cosa    juzgada    y   declarar   sin   valor  el   fallo    objeto    de    la   acción,   dictando   la    providencia   que   corresponda  o   disponiendo   tramitar   nuevamente   el   proceso   desde   el   momento   en  que  se  indique,  según  la  causal invocada y que la Corte  encuentre fundada.   

Así, la remoción de la cosa juzgada sólo es  posible   cuando   frente   a   la  demostración  de  alguna  de  las  causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  se  evidencia  que  se  cometió  una  injusticia.   

De  igual  manera,  de  tiempo  atrás  tiene  establecido  la  Corte  que la invocación de la causal tercera de revisión, es  decir,  la  aparición  de  hechos  nuevos  o el surgimiento de pruebas de igual  naturaleza  no  conocidas  al  tiempo de los debates, impone la presentación de  elementos  de  juicio  novedosos  con  la  suficiente capacidad e idoneidad para  acreditar  la  inocencia  del  condenado  o  su  inimputabilidad,  al extremo de  derruir  el  soporte  probatorio de la sentencia que, por lo mismo, se determina  injusta   no   obstante   estar   amparada   por   los   efectos   de   la  cosa  juzgada.   

Respecto al concepto de hecho o prueba nueva,  la jurisprudencia de la Corte ha precisado que:   

“El hecho nuevo,  como   lo   ha   sostenido   la   Sala   de   manera   reiterada,   ‘…  es  aquel  acaecimiento fáctico  vinculado  al  delito  que fue objeto de la investigación procesal, pero que no  se  conoció en ninguna de las etapas de la actuación judicial de manera que no  pudo  ser  controvertido;   no  se  trata,  pues, de algo que haya ocurrido  después  de  la  sentencia, pero ni siquiera con posterioridad al delito que se  le  imputó  al procesado y por el cual se le condenó, sino de suceso ligado al  hecho  punible  materia  de  la  investigación  del  que,  sin embargo, no tuvo  conocimiento  el  juzgador  en  el  desarrollo del itinerario procesal porque no  penetró al expediente.   

“Prueba nueva es,  en  cambio,  aquel  mecanismo probatorio (documental, pericial, testimonial) que  por  cualquier causa no se incorporó al proceso, pero cuyo aporte ex novo tiene  tal   valor   que  podría  modificar  sustancialmente  el  juicio  positivo  de  responsabilidad   penal que se concretó en la condena del procesado. Dicha  prueba  puede  versar  sobre evento hasta entonces desconocido (se demuestra que  fue  otro  el  autor del delito) o sobre hecho conocido ya en el proceso (muerte  de  la  víctima,  cuando  la  prueba  ex novo demuestra que el agente actuó en  legítima  defensa), por manera que puede haber prueba nueva sobre hecho nuevo o  respecto  de  variantes  sustanciales  de  un  hecho  procesalmente conocido que  conduzca   a   la   inocencia   o  irresponsabilidad  del  procesado.   

“No  se  dará,  desde  luego, esta causal de revisión, cuando el demandante se limita a enfocar  de  otra  manera  hechos  ya  debatidos  en  el  juicio o pruebas ya aportadas y  examinadas  en  su  oportunidad por el juzgador, pues en tales casos lo nuevo no  es  ni  el  hecho naturalísticamente considerado, ni la prueba en su estructura  jurídica,  sino  tal vez el criterio con que ahora los examina el demandante, y  no  es  eso  lo  que  la ley ha elevado a la categoría excepcional de causal de  revisión”.1   

Así,  entonces,  para  que  se  configure la  causal  tercera  de  revisión  prevista  en  el  artículo  220  del Código de  Procedimiento  Penal,  es necesario que se configuren dos presupuestos básicos,  a  saber:  i)  que  sobrevenga  una situación fáctica o probatoria ex novo, no  conocida  en  el  curso  del  proceso  y  ii)  que  la  nueva evidencia fáctico  probatoria  tenga  la  virtualidad  de  establecer,  en  grado  de  certeza,  la  inocencia  o  inimputabilidad del condenado, o de tornar cuando menos discutible  la  verdad  declarada  en  el  fallo,  haciendo  que  no  pueda  probatoriamente  mantenerse.2   

En  ese  orden  de  ideas,  procede la Sala a  analizar  el  recaudo  probatorio, partiendo de las pruebas nuevas aportadas por  el  demandante,  para  confrontarlas  con  las allegadas en este trámite y  con  las  que  obran en el proceso, a fin de efectuar finalmente una valoración  conjunta de las mismas.   

Pruebas    nuevas    allegadas   por   el  accionante   

Conforme  a  la  definición  jurisprudencial  anteriormente  reseñada y teniendo en cuenta que no fueron conocidas durante el  curso  del  proceso, las pruebas nuevas allegadas por el accionante son aquellas  que  se  adjuntaron  al  libelo y que se relacionaron en el acápite pertinente,  reiterando  que se refieren a varias cartillas decadactilares, unos testimonios,  un  informe  técnico y unas certificaciones, documentos con los cuales pretende  el  demandante  demostrar  que  su  defendido,  Alfredo  Carrascal  Carrascal,  no fue  quien  cometió los delitos por los que fue condenado,  sino  otra  persona  con  nombre  (Alfredo)  y  apellido  (Carrascal)  iguales a  aquél.       

Pruebas  nuevas  recaudadas en el trámite de  revisión   

A petición del Procurador Delgado y de oficio  se  allegaron  otras  nuevas pruebas, las cuales están encaminadas a corroborar  el  contenido  de  los  elementos de juicio incorporados por el demandante y los  argumentos plasmados en su libelo. Estas son:   

1.  Certificación  expedida  por el Jefe del  Grupo  CISAD  de la Fiscalía General de la Nación, en la cual se informa que a  Alfredo  Carrascal Carrascal,  identificado  con la cédula de ciudadanía N° 5.466.991 de Ocaña (Santander),  le  aparece  un  antecedente  penal.  Cabe aclarar que este dato se refiere a la  sentencia condenatoria que aquí es objeto de revisión.   

Dicho  funcionario  también  informó  que a  “Luis   Alfredo   Carrascal   Machado,  identificado  con la cédula de ciudadanía número 18.932.487 de  Agustín  Codazzi (Cesar)”, le aparece un antecedente  penal,  toda  vez que el Juzgado Segundo Municipal de El Espinal (Tolima), el 31  de  diciembre  de 2002, dictó en su contra sentencia condenatoria por el delito  de hurto.   

2.    La  Dirección  de  Tránsito  y  Transporte   del   Ministerio   de  Transporte  certificó  que  a  Alfredo  Carrascal  Carrascal, identificado  con  la  cédula  de  ciudadanía  N°  5.466.991, se le expidió la licencia de  conducción  N°  371240,  categoría  5ª,  la cual se encuentra vigente. Así mismo, a  “Luis    Alfredo    Carrascal    Machado,  identificado  con  la  cédula  de  ciudadanía  número  18.932.487”  se  le  expidió  la licencia de conducción N° 8758001165002,  categoría 6ª, actualmente activa.   

3.   Declaración  rendida  por Norberto  Sotomayor  González,  persona  que  para la época de los hechos investigados y  juzgados  se  desempeñó  como  Jefe  del  Grupo  de  Inteligencia  del D.A.S.,  Seccional  Cesar, motivo por el cual participó en las averiguaciones que dieron  inició  al proceso penal. Respecto a Alfredo Carrascal  Carrascal  indicó  que no recuerda los detalles de su  vinculación  al  caso,  además de que “no tengo muy  claro  ni su aspecto físico ni edad exacta, por que aquí en el informe dice de  50  años  para  ese  entonces”. Al preguntársele si  tuvo  en algún momento “contacto físico  o vio a Alfredo  Carrascal  Carrascal,  CONTESTO:  Honestamente  no  me  acuerdo,   yo  me  acuerdo  mucho  de  ‘Papi       Castellanos’,   porque   con   él   iniciamos   la   investigación”.   

4.  Declaración rendida por Luis Gonzaga  Palacios  Aguirre,  integrante  del  Grupo de Inteligencia del D.A.S., Seccional  Cesar,  funcionario  que  también  participó  en aquella investigación, quien  manifestó  no recordar los detalles de la averiguación adelantada, ni recuerda  haber  visto  a Alfredo Carrascal Carrascal.     

5.   Declaración  rendida  por Remedios  María  Mejía  Reales,  esposa  de Campo Elías Sierra Builes, persona que hizo  parte   del   grupo  delictual  y,  por  lo  mismo,  participó  en  los  hechos  investigados.   Según   su   dicho,  es  también  comadre  de  “Alfredo  Carrascal”,  toda  vez  que fue  madrina,  junto  con  su  esposo, de una hija de aquél, llamada “Marynes   Carrascal   Salcedo”.   Sobre  Alfredo  Carrascal  Carrascal  dijo:   

“Yo conozco a un  ALFREDO  CARRASCAL  que es mi compadre, lo conocí hace más de veinte años. En  lo  que  yo  me acuerdo de él, se que es un señor cachaco de mediana estatura,  moreno  de  ojos claros, cabellos crespos, cuando yo lo conocí era como canoso,  cuando  yo  lo conocía que fui a bautizarle a la niña, de eso hace como quince  años,  la ahijada debe tener como dieciséis años”.   

Al   exhibírsele   una   fotografía   de  Alfredo  Carrascal Carrascal,  aquí   accionante   y   actualmente   privado  de  la  libertad,  contesto  que  “esa  persona  que  aparece  en la fotografía no es  ALFREDO CARRASCAL”.   

6.  Finalmente, reconocimiento en fila de  personas,  diligencia  en  la  cual  participaron  como testigos Remedios María  Mejía  Reales,  Gabriel  Alfredo Zequeira Romero y Oscar Enrique Oñate Cuello,  estas  dos  últimas personas hicieron parte de la banda delincuencial y, por lo  mismo, fueron condenadas por los hechos juzgados:   

– Integrando Alfredo  Carrascal   Carrascal   la  fila  de  personas  y  al  preguntársele  a  Remedios  María  Mejía  Reales  si en dicha fila se hallaba  “ALFREDO  CARRASCAL,  a  quien  usted conoce como su  compadre”,     contestó:    “No,   ALFREDO   CARRASCAL  al  que  yo  conozco,  no  está  en  esa  fila”.   

–   Hecha  la  misma  pregunta a Gabriel  Alfredo  Zequeira  Romero,  contestó: “No señor, no  está  al  que  yo  conozco,  está  al  que  conocí  en la cárcel”.   

–   Oscar  Enrique  Oñate  Cuello, a la  misma  pregunta,  contestó:  “No, no se encuentra el  que  estaba en el lugar de los hechos, está en el número uno el que conocí en  la cárcel”.   

Valoración de las pruebas  

Desde  ya  debe  indicar  la  Corte  que,  en  concordancia  con  lo alegado por el demandante y de acuerdo con el concepto del  Procurador  Delegado,  las  pruebas  nuevas  allegadas  al  escrito de demanda y  practicadas  durante  este  trámite  de  revisión,  permiten  concluir  que se  encuentra  demostrada  la  causal  de  revisión  planteada  por  el  libelista.   

En  efecto,  leído  el proceso incorporado a  este  diligenciamiento  y  valoradas  mancomunadamente las pruebas nuevas, surge  incuestionable  que  en el fallo objeto de revisión se cometió una injusticia,  toda  vez  que  Alfredo Carrascal Carrascal,  identificado  con  la cédula de ciudadanía número 5.466.991 de  Ocaña  (Norte  de  Santander),  y quien fue condenado a la pena principal de 50  años  de  prisión  por  los  delitos de homicidio agravado, hurto calificado y  agravado  y secuestro simple agravado, no integraba la banda de delincuentes que  el  4  de  marzo  de  1995  llevó  a cabo cada una de las mencionadas conductas  punibles  y,  por  lo  mismo,  no  pudo haber participado en dicho y reprochable  acontecer fáctico.     

Debe  recordarse  que la Fiscalía Catorce de  Reacción  Inmediata  de  Valledupar  dio  inicio formal a la investigación con  base  en  el  informe  y  en la ampliación del mismo que rindieron Luis Gonzaga  Palacio  Aguirre  y Norberto Sotomayor González, Jefe de la Unida Investigativa  de  Policía Judicial y Coordinador de Inteligencia del D.A.S., Seccional Cesar,  respectivamente,  quienes  en  el  segundo documento, fechado el 24 de agosto de  1995, indicaron:   

“De acuerdo a las  actividades  de  inteligencia  realizadas  por  esta repartición, se ha logrado  obtener  la identificación plena de algunos de los integrantes de esta banda de  delincuencia  organizada,  dedicada  a la piratería terrestre en las carreteras  del  Departamento  del  Cesar,  ubicando  sus  alias  y  lugares  de  residencia  así:”   

En  el mismo informe, luego de relacionar los  nombres,  edades  y  lugares  de ubicación de algunos miembros de la mencionada  banda,    sobre   “Alfredo   Carrascal”  se refrieron  en los siguientes términos:   

“…ALFREDO  CARRASCAL,  de  50  años  aproximadamente,  aspecto  santandereano,  residente  en  Valledupar,  profesión  conductor,  trabaja  actualmente  en la Estación de  Servicio  San  Juan,  ubicada  en  la  Diagonal 21 número 18D-66 Valledupar, de  propiedad   del   seño   conocido   El  Muñe”  (Se  resalto).   

Como  eran  escasos  los  datos  de identidad  suministrados  por  dichos  funcionarios, la citada fiscalía, en la resolución  de  apertura  de  instrucción,  fechada  el  24  de agosto de 1995, entre otras  cosas,  ordenó  al  D.A.S.  que,  “por  los  medios  legales,   individualicen   a   los   sujetos    conocidos   como   ALFREDO  CARRASCAL…”.   

Mientras  se  esperaba  el  resultado  de  la  averiguación  ordenada,  fueron  oídos  en  indagatoria,  entre otros, Arnulfo  Castellanos  Martínez, Campo Elías Sierra Builes y Carlos Arturo Rincón Vega,  y  se  escuchó en declaración a Luis Ariza Ruiz, quienes sobre “Alfredo    Carrascal”   indicaron   lo  siguiente:     

Arnulfo  Castellanos Martínez, señalado por  Gabriel    Zequeira   como   la  persona  que  le  presentó  al  conductor  “Alfredo  Carrascal”, en  el    relato    general    del   acontecer   fáctico,   dijo:   “ALFREDO  es  un  muchacho  grueso,  blanco,  de  una estatura más o  menos”.   A  continuación,  prosiguiendo  con  sus  explicaciones,  agregó:  “…entonces  resolví con  ellos  CARLOS y CAMPITO   [se  refiere a Campo Elías Sierra Builes]   venirnos,   salimos  en un termo de Brasilia, como  el   bus   iba   para   Barranquilla,   los  tres  nos  quedamos   en   Bosconia,   yo   cogí   un   termo   y   me   vine   para   Valledupar  y CAMPITO y CARLOS se fueron para la casa de  ALFREDO    que   vivía    en    Bosconia.  CAMPITO  y  CARLOS  se  quedaron  en  Bosconia  porque  CAMPITO  es  compadre  de ALFREDO…, ALFREDO CARRASCAL  lo  conocí  porque  fue chofer de BERTULFO mi hermano.  (Se subrayó).   

Por  su  parte,  Campo  Elías  Sierra Builes  (recuérdese  que  era  esposo de Remedios María Mejía Reales), en el curso de  su   narración  y  luego  de  incluir  a  “Alfredo  Carrascal”  como  otro  partícipe  de  los  hechos  investigados,  informó  que  éste  vivía  en  Bosconia.  Más  adelante se le  preguntó:  “Sírvase manifestar qué vínculos tiene  usted     con     ALFREDO?.    CONTESTO:    Somos    amigos    y    compadres”. (Se destacó).   

Días después, en ampliación de indagatoria,  reiteró     que     conocía     a     “Alfredo  Carrascal”  desde  que  le  manejaba al Capitán Gil  “las  mulas”, además de  que  confirmó que con él lo unía un compadrazgo, toda vez que “yo  le  bauticé  unos niños”. También,  es    esta    diligencia,    volvió    a    manifestar    que   “ALFREDO        y       CARLOS  vivían  en  Bosconia”.     

A su vez, Carlos Arturo Rincón Vega informó  que    fue    contratado,    junto   con   “Alfredo  Carrascal”,  para  conducir  dos tractomulas, una de  las  cuales,  la  que  él  conducía, se varó, motivo por el cual se marcharon  para  Bosconia, lugar donde vivían. Posteriormente precisó que “Yo  conducía  el vehículo Brigadier, creo que era verde, y el otro  era  Ford, la otra era conducida por el señor ALFREDO  CARRASCAL”.   

De  otra parte, el ciudadano Luis Ariza Ruiz,  persona  allegada  a  los  familiares  de  los  conductores desaparecidos, en su  declaración  jurada  indicó  que  un  informante le suministró los siguientes  datos:   

“…  me  comentó  que  días  atrás  se había puesto a tomarse unos  tragos  con  el señor CAMPO, el cual se dedica a la mecánica y el señor CAMPO  le  comentó cosas relacionadas con la desaparición de los dos ex agentes y los  dos   muleros,  me  comentó  que  los  dos  carros  o  tractomulas  en  la  que  transportaban  leche  Klim,  al  parecer  fueron  interceptadas por personal del  Ejército  Nacional desconociéndose grados y demás, en compañía de una banda  de   piratas  terrestres  o  una  especie  de  socios,   entre  los  cuales  mencionaban  a los siguientes particulares comprometidos: el mismo CAMPO ELÍAS,  un  tal  ALFREDO, el cual es de profesión mulero, que  es   un   señor   aproximado   de   35  a  45  años  de  edad,  gordo,  moreno  claro…”. (Subrayado ajeno al texto).   

Posteriormente,  en  la  ampliación  de  su  declaración     y     respecto    de    “Alfredo  Carrascal”, agregó:   

“Distingo  al  señor  ALFREDO,  es un señor como de 35 a 40 años, alto, gordo, de barba como  espesa,  es  moreno  bastante claro, no tan blanco como CAMPO, es cachaco, CAMPO  es  como  cachaco,  pero  tiene  años  de  estar  por  acá.  ALFREDO  vive  en  Bosconia”.   

Practicadas   las  anteriores   diligencias,   entre   muchas   otras,  el  30  de  agosto  de 1995, los mencionados funcionarios del D.A.S., cumpliendo lo ordenado  por  la  Fiscalía,  rindieron  un  tercer  informe, en el cual indicaron que se  “lograron    identificar    a    las    siguientes  personas”,     refiriéndose,     entre    ellas,  a:   

“ALFREDO  CARRASCAL   CARRASCAL,  identificado  con  la  C.  C.  5.466.991  de  Ocaña  (NS),  nacido  en Ocaña en julio 30/45, hijo de Miguel y  Ana,  trigueño,  de  1.78  de  estatura,  de  profesión  conductor”.   

Cabe  precisar que en ningún aparte de dicho  informe  se  indicó  cuál fue la fuente de la identificación suministrada, ni  por  qué  se  concluyó  que el mencionado “ALFREDO  CARRASCAL  CARRASCAL”  era la persona que participó  en los hechos materia de investigación.   

Sin  embargo,  con  base   en   aquel  documento,  la  fiscalía  dispuso  su  captura,   la   que   para   esa  época  no   se   logró   pese   a   que   se  sabía  el  lugar   donde   podía   ser  ubicado,  captura  que  finalmente  se  logró  en  Valledupar   casi  cuatro  años  después,  esto   es,   el   22   de   enero  de 1999,  cuando   ya   se   habían   dictado   en  su  contra   sentencia     condenatoria.     

Así,   entonces,   teniendo   en   cuenta   los   datos  que  arrojan  los   anteriores   elementos   de  juicio  obrantes  en   el   proceso,   se   impone  concluir   un  hecho   cierto:    que    para   el   4   de   marzo   de   1995,    fecha   de  ocurrencia del acontecer fáctico,  “ALFREDO   CARRASCAL”,  quien  participó  en  tales  acontecimientos conduciendo una de las tractomulas  hurtadas,   era   un  hombre  joven  que  no   pasaba   de   los   cuarenta  y  dos  años  de  edad,   crespo,    con    ojos    claros,    que   vivía   en   el   municipio  de  Bosconia  (Cesar)  y  que  era  compadre  del  coprocesado Campo Elías Sierra Builes.   

Aquella  conclusión,  como  lo  precisa  el  Procurador  Delegado  en su concepto, no puede pasar desapercibida, toda vez que  para   ese   año,   la  persona  privada  de  la  libertad,   Alfredo    Carrascal   Carrascal,   aquí  accionante,  identificado  con  la  cédula  de ciudadanía número 5.466.991 de  Ocaña,  nacida  el  30  de  julio de 1945, contaba con  cincuenta  años,  lo  que, sin lugar a dudas, difiere  notoria  y  sustancialmente  de  la  edad de “ALFREDO  CARRASCAL”  que  describen los demás integrantes de  la banda de asaltantes.   

Mírese  cómo los condenados Gabriel Alfredo  Zequeira  Romero  y  Oscar Oñate Cuello, miembros de la banda, en declaraciones  que  rindieron  siete  años  después  de  los hechos (3 de septiembre de 2002)  describen    a    “Alfredo   Carrascal” así:   

El  primero  de  los  mencionados  dijo  que  “Alfredo  Carrascal” era  de  estatura  más  o menos alta, de unos cuarenta a cuarenta y dos años cuando  realizó  los  ilícitos,  de  cabellos  crespos,  amonado,  de ojos claros, sin  recordar  si eran verdes o azules, siendo enfático en decir que lo había visto  dos  veces  en  su  vida,  lo que coincide con los datos tomados al interior del  proceso.   

Por  su  parte,  el  segundo  informó  que  “Alfredo Carrascal” para  la  fecha  del  ilícito  era  un  “hombre  joven de  treinta  y  pico  a  cuarenta  años,  de  ojos  claros, de regular estatura, de  cabello   crespo”,  recordando  que  “Alfredo” fue uno de los conductores que  colaboró en el hurto.    

En esas condiciones, debe la Sala afirmar que  la  persona  que se identifica con la cédula de ciudadanía número 5.466.991 y  que   responde   al   nombre   de   Alfredo  Carrascal  Carrascal  no  posee  la  descripción  que  hacen los  miembros   de   la  banda  delictual  y  de  aquellos  que  los  conocieron  con  anterioridad  a  los  multicitados  hechos,  toda  vez  que las características  físicas   (edad,   color   de   ojos,   cabello,   contextura)   no   coinciden   con quien hoy se encuentra privado  de la libertad acudiendo a esta acción de revisión.   

Y  si  bien es cierto que, como lo resalta el  Ministerio  Público,  los  datos  relativos a la edad, estatura, color de ojos,  presencia  de  barba,  contextura física y demás características relacionadas  con  la  descripción  de  una persona  cambian  según  el   observador,    lo    que    podría    generar    dudas  sobre   este   tema,   también  lo  es  que   ello   queda   totalmente   despejado o clarificado con la prueba  de  reconocimiento  en  fila  de  personas ordena por la Corte en este trámite,  diligencia  en  la  cual  Gabriel  Alfredo Zequeira Romero y Oscar Oñate Cuello  fueron  claros  al  afirmar  que  en  dicha  fila  no  se hallaba la persona que  conocían   como   “Alfredo  Carrascal”  y  que  participó en el acontecer delictual conduciendo uno de  los tractocamiones hurtados.   

Ahora     bien,     debe   concluirse     que     los     testimonios    Zequeira   Romero    y   Oñate    Cuello   se   ajustan   a   la    verdad    y,    por    lo    mismo   merecen  credibilidad,  ya que sus afirmaciones se encuentran corroboradas con los medios  de  prueba  que  el demandante incorporó a este trámite y con los elementos de  juicio  que  se  practicaron  a  solicitud  del Procurador Delegado y de oficio.   

Es  así como se cuenta con las declaraciones  rendidas  por  Remedios  María Mejía Reales, obtenidas con posterioridad a las  sentencias  de  instancia,  quien  en  sus  intervenciones  llegó  a  la  misma  conclusión,     es     decir,    que    “Alfredo  Carrascal”,  a  quien conoció antes de 1995, es una  persona  “de mediana estatura, joven, moreno, de ojos  claros,   cabello   crespo   y   pestañón,   con   bigote  poblado”, que vivía en Bosconia.   

Además,  debe  recordarse  que en su última  declaración,  ante  la  fotografía  que  se  le  puso  de  presente,  la  cual  corresponde  al  rostro  del accionante en revisión y actualmente privado de la  libertad,  manifestó  que  quien aparece en ella “no  es  ALFREDO CARRASCAL”, su  “compadre”.   

Así  mismo,  es de vital importancia en este  asunto  la  afirmación hecha por Remedios María Mejía Reales, según la cual,  el    señor    “ALFREDO    CARRASCAL”   que   conoce  es  su  “compadre”,   por  cuanto   que   “le bauticé  a   la   niña”,      aseveración     que   coincide   con  lo  que  expuso  su esposo Campo Elías  Sierra  Builes,  quien  en  su  indagatoria  y  en la ampliación de la misma se  refirió    a    “Alfredo   Carrascal”   como   su   “compadre”,   pues   “yo   le   bauticé  unos  niños”.   

Para demostrar la veracidad de tal afirmación  y,  por  ende,  su  credibilidad,  basta con leer la partida de bautismo que fue  aportada  a  este  diligenciamiento, con la cual se prueba aquella aseveración,  es       decir,       la      real      existencia      del      “compadrazgo”,   toda   vez  que  en  la  Parroquia   de   “Las  Tres  Avemarías”  de  la  ciudad  de  Valledupar,  el  28  de  mayo  de 1994, fue  bautizada  una  niña  de  nombre “MARYNES CARRASCAL  SALCEDO”,  hija de “LUIS  ALFREDO  CARRASCAL  MACHADO”  y  de  “JUDITH    SALCEDO   PEDROZA”,   siendo  padrinos  “CAMPO    ELIAS   SIERRA   y MARÍA MEJÍA DE SIERRA”.   

Y  surge  evidente  que esta situación tiene  clara  incidencia  en  el contenido de la declaración de María Remedios Mejía  Reales  frente  a  la  credibilidad  de  su  exposición  y, en particular, a lo  relativo  a que Alfredo Carrascal Carrascal,  con  cédula  de ciudadanía número 5.466.991 de Ocaña, privado  de  la  libertad  y  aquí  accionante,  “no  es su  compadre”,   no   es   aquél   que   conoció  con  anterioridad  al  año  de  1995,  quien,  según la manifestación de su esposo  Campo   Elías   Sierra   Builes,  fue  partícipe  de  las  conductas  punibles  investigadas y juzgadas.   

Ahora  bien,  las  aseveraciones  hechas  por  María  Remedios  Mejía  Reales  cobran mayor crédito al tener en cuenta que a  este  diligenciamiento  se  allegó copia autenticada de la tarjeta decadactilar  de   “Luis  Alfredo  Carrascal  Machado”,  identificado  con la cédula de ciudadanía número 18.932.487  de  Agustín  Codazzi,  nacido  el  14  de noviembre de 1951 en Ocaña (Norte de  Santander)  e  hijo  de  Carmen  Carrascal  y  de  Alcario  Machado,  datos  que  encuentran  correspondencia con los que han surgido de los medios de convicción  aquí analizados.   

Así, por ejemplo, no debe olvidarse que en la  citada   partida   de  bautismo,  el  padre  de  la  menor  bautizada  se  llama  “Luis   Alfredo   Carrascal   Machado”,  amigo  y  compadre de María Remedios Mejía Reales y de Campo  Elías Sierra Builes.   

Del   mismo   modo,   si   el   mencionado  “Luis   Alfredo   Carrascal   Machado”  nació  en  Ocaña  (Norte  de Santander) el 14 de noviembre de  1951,   surge   evidente  que  para  la  época  en  que  fueron  asaltados  los  tractocamiones  contaba  con 44 años, edad que corresponde con la que tenía la  persona  descrita  por  los  integrantes  de la banda delictual, sin olvidar que  algunos  de  éstos y la propia María Remedios Mejía Reales lo señalaron como  un  “señor cachaco”, por  no ser oriundo del Cesar.   

Además,  aparece  en el expediente documento  expedido  por  la  Dirección  de  Tránsito  y  Transporte  del  Ministerio  de  Transporte,    a   través   del   cual   certificó   que   a   “Luis    Alfredo    Carrascal    Machado,  identificado  con  la  cédula  de  ciudadanía  número  18.932.487”  se  le  expidió  la licencia de conducción N° 8758001165002,  categoría  6ª,  prueba  que  termina  de  corroborar  la  existencia  de dicha  persona.   

Debe,  entonces,  afirmar  la  Sala  que  el  “compadre”  “Alfredo  Carrascal” sí  existe   y   que   éste   no   es  Alfredo  Carrascal  Carrascal,  identificado con la cédula de ciudadanía  número 5.466.991, y actualmente privado de la libertad.   

En otras palabras, como de manera acertada lo  conceptuó  el  Procurador  Delegado,  “las  pruebas  aportadas   enseñan   que   LUIS  ALFREDO  CARRASCAL  MACHADO  y ALFREDO CARRASCAL  CARRASCAL  son  dos  personas  diferentes  y  que  el  ALFREDO  CARRASCAL, a secas,  referido  en  las  manifestaciones de los integrantes de la banda, probablemente  corresponde  al  primero  de  los nombrados”, pues no  puede  olvidarse  que  los autores de las conductas punibles juzgadas siempre se  refirieron  a su compañero de acción como “ALFREDO  CARRASCAL”,    sin    otro   nombre   ni   segundo  apellido.   

Así   las   cosas,   surge   evidente  que  Alfredo  Carrascal Carrascal,  con  cédula  de  ciudadanía  número  5.466.991  de  Ocaña, fue erróneamente  vinculado  a  dicho proceso penal, yerro que surgió a partir del informe que el  30  de  agosto  de  1995 rindieron los funcionarios del D.A.S., Seccional Cesar,  señores  Luis  Gonzaga  Palacios  y Norberto Sotomayor González, a través del  cual  suministraron  los  datos  de identidad de aquél, documento que, sin otra  corroboración,   sirvió   para  que  la  fiscalía  procediera  a  ordenar  su  vinculación,  librando  la  correspondiente  orden  de  captura,  la  que al no  producirse,   se   dispuso  su  declaratoria  de  persona  ausente  y,  en  esas  condiciones, fue acusado y finalmente condenado.    

Observa la Sala que durante la investigación  la  fiscalía  nunca  solicitó  a  la  Registraduría Nacional del Estado Civil  información  que le indicara si en los archivos de esa entidad aparecían otras  personas  con  el  mismo  nombre  y  apellidos.  Y  en  las  pocas ocasiones que  requirió  algún  dato  de  la  Registraduría, se limitó a consignar  el  mismo  nombre  y  apellidos  con  la  inclusión  de  su cédula de ciudadanía,  situación  que,  por  obvia razón, conllevó a que aquella entidad respondiera  refiriéndose       a       Alfredo      Carrascal  Carrascal.   

Se requirió de esta acción de revisión para  que  la  justicia  se  enterara  que efectivamente en la Registraduría aparecen  seis  tarjetas  decadactilares  que  indican  la existencia del mismo número de  personas  con  nombres  y  apellidos  iguales  o  similares  al  de Alfredo  Carrascal Carrascal, incluyendo el  de   “Luis  Alfredo  Carrascal  Machado”.   

En  cuanto  a  la  pluralidad de personas con  nombres  y  apellidos  similares,  la  Sala  encuentra  juiciosas y atinadas las  apreciaciones  del Procurador  Segundo Delegado para la Investigación y el  Juzgamiento, cuando conceptuó que:   

“Lo  anterior  indica  que  de  tantas  opciones no encontramos una razón lógica para que los  detectives  del  DAS  hayan  manifestado  en  su  informe  que  el  ALFREDO   CARRASCAL  mencionado  por  el  ‘papi’             CASTELLANOS,       era  ALFREDO  CARRASCAL  CARRASCAL con c. c.  5.466.991,    máxime    si    quienes    participaron    en    la    labor   de  individualización    no   recuerdan   qué   procedimiento  realizaron  al  respecto,  y  cuáles  los  parientes  para  concluir que esa era la persona que  participó    en   los   hechos   y   no   otra   cualquiera   de   los   arriba  mencionados.   

“Lo  que  sí  aparece  claro,  es  que  muchos  de  los  datos  signados  en  los  informes de  inteligencia  son  exactos  a  los  que aparecen en la tarjeta alfabética de la  Registraduría  tales  como  color  de la piel, nombre de los padres, estatura y  oficio.   

“Y  aún  más,  sorprendente  que luego de la acusación, se observan sendos informes realizados  tanto  por  el DAS como el CTI que siguen la misma línea de consignar datos que  aparecen   en   documentos  predeterminados;  en  el  primero,  se  afirmó  que  ALFREDO CARRASCAL CARRASCAL  se  había ido a vivir por los lados de Ocaña;  en el segundo, se consigna  que    ALFREDO    CARRASCAL   CARRASCAL,  se  identifica  con  la  cédula  de  ciudadanía N° 5.466.991,  nacido  el  30  de  julio  de  1945, hijo de Miguel y Ana, profesión conductor,  soltero,  residente  en  la cra. 4 N° 19-56, dirección en la que desconocen al  sujeto mencionado .   

“Nótese  que  estos  datos  coinciden  con los signados en la tarjeta biográfica que reposaba  en  los  archivos del DAS, Seccional Cesar, entidad que ante el requerimiento de  la   autoridad,  envió  lo  que  reposaba  en  sus  dependencias  respecto  del  mencionado.   

“Resulta fácil  entonces  concluir  que  simplemente  la labor de inteligencia realizada por los  organismos  de  seguridad,  respecto  de  la  individualización de ALFREDO   CARRASCAL,  se  limitó  a  la  trascripción  de  tal  documento;  sin  que mediara una investigación sobre la  identidad      real      del      partícipe      así     señalado”.   

A  todo  lo  anterior,  debe agregarse que,  conforme  a  los  testimonios  de  Carlos  José  Pinto Alfonso y María Paulina  Loaiza,  los  cuales  fueron aportados al trámite de esta acción de revisión,  quienes  han  manifestado  conocer  hace  más  de  veinte  años a Alfredo  Carrascal  Carrascal, se ha podido  saber  que éste siempre ha vivido en Valledupar y no en Bosconia, que se ganaba  la  vida  manejando  taxi  en  la  plaza  de  mercado de Valledupar y que es una  persona  honorable,  información  que  también  es corroborada  por   el    ciudadano   Juan   Novoa   Martínez,   sin   dejar      pasar     por      alto      que     Alfredo           Carrascal          Carrascal   así  lo  ha  indicado  en  las dos  oportunidades  que  rindió  declaración luego de su captura ante el Juzgado de  Ejecución   de   Penas   y   Medidas   de   Seguridad   de  la  última  ciudad  citada.   

De igual manera, cabe añadir que también se  acreditó   en   este  diligenciamiento  que  “Luis  Alfredo  Carrascal  Machado”  ha estado en distintos  sitios  de  la  Costa  Atlántica renovando su pase de conducir, toda vez que su  oficio  es la conducción de tractomulas, actividad que lo ha llevado a diversas  partes  del  país,  entre ellas, al El Espinal (Tolima), lugar donde le aparece  un  antecedente  judicial,  por cuanto el Juzgado Segundo Penal Municipal de esa  localidad  lo  condenó  por  el  delito  de  hurto  agravado,  como así quedó  consignado  en  la  certificación  que  expidió  el Jefe del Grupo CISAD de la  Fiscalía General de la Nación.   

En fin, la valoración individual, conjunta y  conforme  a la sana crítica de los medios de convicción obrantes en el proceso  y  de  las pruebas nuevas allegadas a esta acción, ofrece, en grado de certeza,  una  clara  conclusión: fue otro el autor de las conductas punibles por las que  fue  condenado  Alfredo Carrascal Carrascal.   

En   consecuencia,  encuentra   la   Sala    sustentada   y   demostrada  la   invocada   causal   tercera   prevista  en  el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  motivo  por  el cual, de conformidad con el artículo 227  ibidem,  se  procederá  a  dejar  sin  efecto  los  fallos de primera y segunda  instancia,    solo    respecto   de   la   condena   impuesta   a   Alfredo  Carrascal Carrascal, decisión que  se  adoptará  compartiendo  el concepto emitido por Procurador Segundo Delegado  para la Investigación y el Juzgamiento Penal.   

ACOTACIÓN    FINAL  

   

Acorde      con      lo   expuesto,   de   conformidad   con   el   numeral   2°   de  artículo   277   de  la  Ley  600   de   2000,   se   dispondrá  la  restauración parcial  del   proceso   (únicamente  en  lo  que  respecta  al  condenado  Alfredo  Carrascal  Carrascal, identificado  con  la  cédula  de  ciudadanía  número  5.466.991 de Ocaña, para lo cual se  romperá  la  unidad procesal) a partir, inclusive, de la resolución fechada el  8  de  abril  de 1996, a través de la cual la Fiscalía Dieciséis Seccional de  Valledupar,  declaró cerrada la investigación. Debe precisarse que las pruebas  practicadas  o  aducidas  en forma legal a la actuación conservarán plena  validez.   

Para   el   efecto,   se   dispondrá   que   las  diligencias  regresen  al   Juzgado  Penal   del   Circuito  de  Chiriguaná  (Cesar),  para  que,  previas  las constancias  pertinentes  en  los  libros   radicadores,    a    su   turno   las  remita   a   una    Fiscalía    Seccional    con    sede   en   el   mismo   circuito,  distinta  de  la  que  intervino  en  la etapa  instructiva,  con  el  fin de que se adopten las decisiones pertinentes  en  cuanto  a la situación del ciudadano Alfredo Carrascal  Carrascal  y  se  cumplan  los  fines  mismos  de  la  investigación  a  que  se refiere el artículo 331 del Código de Procedimiento  Penal.  Se  advierte  así mismo que de llegar el proceso a la etapa del juicio,  debe  adelantarse  en un despacho judicial distinto al que profirió el fallo de  primer grado.   

Así mismo, dicha oficina instructora deberá  adoptar  las medidas investigativas correspondientes tendientes a identificar y,  según  el  caso,  acusar  y  juzgar  al  verdadero autor de los delitos por los  cuales se acusó a   

Alfredo Carrascal Carrascal.  

Finalmente,   se   ordenará   la  libertad  provisional   inmediata  del  condenado,  previa  suscripción  de  diligencia  de compromiso para presentarse  cuando  sea  requerido,  siempre  y  cuando no sea solicitado por otra autoridad  judicial.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

1.    DECLARAR   fundada  la  causal  tercera  de  revisión  invocada    a    favor    de    ALFREDO    CARRASCAL  CARRASCAL,  identificado con la cédula de ciudadanía  número 5.466.991 de Ocaña.   

2.   DEJAR  SIN   EFECTO  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia   proferidas    por    el    Juzgado   Penal   del   Circuito   de  Chiriguaná  (Cesar),  el 22   de   mayo   de  1997,  y  por  Sala  de   Decisión   Penal   del   Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Valledupar,  el 30 de septiembre del mismo año, únicamente en lo que tiene  que  ver  con  la  condena impuesta a ALFREDO CARRASCAL  CARRASCAL,  como  coautor  de los delitos de homicidio  agravado,  hurto  calificado  y  agravado  y  secuestro  simple  agravado,   así     como    la    actuación    surtida    a   partir,            inclusive,   de   la  resolución del 8 de abril de 1996, a través  de  la  cual  la Fiscalía Dieciséis Seccional  de  Valledupar,   declaró   cerrada   la  investigación.  En  lo demás  y   respecto   de   los  otros  condenados,  los  citados  fallos  mantienen  su  firmeza.   

3.    DEVOLVER  el  proceso al Juzgado de origen para que, a  su  turno,  lo remita a Fiscalía Seccional del mismo Circuito, diversa a la que  intervino   en  la  etapa  instructiva,  para  que  se  adopten  las  decisiones  correspondientes   en   cuanto   a  la  situación  del  ciudadano  ALFREDO CARRASCAL CARRASCAL.   

4.    DISPONER  la     libertad     inmediata    de    ALFREDO   CARRASCAL   CARRASCAL,   previa  suscripción  de diligencia de compromiso para presentarse cuando sea requerido,  siempre y cuando no esté requerido por otra autoridad judicial.   

5.   ORDENAR  la cancelación de las órdenes de captura libradas en  contra   de  ALFREDO  CARRASCAL  CARRASCAL, por razón del proceso revisado.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                             JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                     

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                             JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                     

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

                                                                           Secretaria     

1.    Rad.  9901,  providencia  del  18  de  febrero  de  1998;  rad.12460,  decisión  del  22  de  abril de 1997, rad. 23690 del 25 de julio de  2007, Rad. 23581 del 16 de octubre de 2007, entre otras.   

2 Ver  rad.  16382  acción de revisión del 12 de diciembre de 2000 y rad. 24272 del 3  de agosto de 2006.     

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