27898(25-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 27898  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.130  

Bogotá  D.C.,  veinticinco (25) de julio de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los   fundamentos   lógicos  y  de  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación   presentada por el defensor del procesado LUIS ALBERTO GONZÁLEZ  FINO,  contra  el  fallo de segundo grado de 18 de diciembre de 2006 emitido por  el  Tribunal  Superior de Bogotá mediante el cual confirmó el proferido por el  Juzgado  Décimo  Penal del Circuito del mismo Distrito Judicial, por cuyo medio  lo  condenó  como  autor del concurso delictual de homicidio culposo agravado y  lesiones personales culposas agravadas.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Hacia  las  cuatro  de  la mañana del 13 de  enero  de  2002,  en la Avenida Primero de Mayo con carrera 63 de Bogotá, luego  de  que  la  camioneta  marca  Cherokee,  de  placas OJF-779, conducida por LUIS  ALBERTO  GONZÁLEZ  FINO colisionara inicialmente con el vehículo Renault 12 de  placas  JKD-983 manejado por Néstor Roberto Garzón Cadena, fue a dar contra un  poste  del  alumbrado  público,  percance  en  el  cual  perdió  la vida José  Salvador  Téllez Garzón, en tanto que resultaron heridos José Iván Jiménez,  Edgar  Enrique  Jiménez,  Aldemar Avila Castañeda y Yebrail Hernández Correa,  todos ellos ocupantes de la camioneta.   

Con  base  en  el  informe policial que daba  cuenta  del  accidente  en  el que se anotaba que “se  presume  por  las  lesiones  presentadas en la parte fasial -sic-”  que Yebrail Hernández Correa conducía la camioneta, en tanto que  Néstor  Roberto Garzón lo hacía respecto del automóvil, la Fiscalía General  de  la  Nación  abrió  formal investigación penal y los vinculó a través de  indagatoria,  pero  mediante  decisión  de  18  de  enero de 2002 se abstuvo de  imponerles alguna medida de aseguramiento.   

En  el  curso  del  instructivo  y  ante  la  información  de  los  ocupantes de la camioneta, como Yebrail Hernández, Edgar  Enrique  Jiménez  y  Miguel Roberto Sierra Murcia acerca de que quien conducía  ese  vehículo  para  el  momento de los hechos era LUIS ALBERTO GONZÁLEZ PINO,  Agente  de la Policía adscrito a la SIJIN (MEBOG) y primo del interfecto, se le  vinculó  a  través  de  indagatoria  y  su situación jurídica provisional se  resolvió  el  31  de  enero  de  2002 con medida de aseguramiento de detención  preventiva,  otorgándole el beneficio de la libertad provisional, como presunto  responsable  del  delito  de  homicidio  culposo  agravado y lesiones personales  culposas agravadas.   

Clausurado el ciclo investigativo, el mérito  probatorio  del  sumario  se calificó el 5 de agosto de 2002 con resolución de  acusación  en  contra  de  LUIS ALBERTO GONZÁLEZ FINO por los mismos ilícitos  imputados   en   la   situación  jurídica,  al  tiempo  que  se  precluyó  la  investigación  a  favor  de Yebrail Hernández Correa y Néstor Roberto Garzón  Cadena.   

Ejecutoriada  la  calificación  el  17  de  septiembre  de  2002  al  no  ser  objeto de impugnación, la fase del juicio la  adelantó  el  Juzgado Décimo Penal del Circuito de Bogotá, despacho que luego  de  adelantar  el  acto  público  de  juzgamiento,  a través de fallo de 13 de  enero    de  2006  condenó  a  LUIS  ALBERTO  GONZÁLEZ  FINO  como  autor  penalmente   responsable   del   concurso   de   delitos  objeto  de  acusación  —se excluyeron las lesiones  personales  ocasionadas  a  Edgar  Enrique Jiménez, Yebrail Hernández Correa y  Aldemar   Avila  Castañeda,  subsistiendo  las  relacionadas  con  José  Iván  Jiménez—, en consecuencia,  le  fijó como penas principales treinta y ocho (38) meses de prisión, multa de  treinta  y  cuatro  (34)  salarios  mínimos  legales mensuales y privación del  derecho  a  conducir  vehículos  automotores  y motocicletas por el término de  tres   (3)  años  y  ocho  (8)  meses,  así  como  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  la  pena  privativa  de  la  libertad.  No se le otorgó el  subrogado  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena, pero se le  concedió la prisión domiciliaria.   

Impugnado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, mediante proveído de 18 de diciembre de 2006 lo  confirmó  en  su  integridad,  por  lo  que  insiste el mismo sujeto procesal a  través del recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

El defensor formula un cargo al amparo de la  causal  primera  de  casación,  por  violación indirecta de la ley sustancial,  debido a un error de derecho por falso juicio de legalidad.   

Tras destacar que los miembros de la policía  no  fueron  requeridos  judicialmente  para  ratificar  su  informe  acerca  del  accidente  de  tránsito,  señala  el  censor que el Tribunal desconoció dicho  informe,  documento que se encuentra revestido de legalidad y autenticidad y que  es  prueba  medular  sobre  la  responsabilidad  en  el hecho por tratarse de la  primera  autoridad que conoció del mismo, máxime que los ocupantes del rodante  se  encontraban  en alto grado de alicoramiento y sus dichos no presentan unidad  de la forma como ocurrió el percance.   

Pone    de    manifiesto   que      desde      el      inicio      de     la   investigación   y  con  base  en  el aludido informe la Fiscalía endilgó  responsabilidad  a  Yebrail  Hernández  Correa,  como  presunto  conductor  del  vehículo  del  siniestro,  sin  embargo,  fue mediante pruebas sobrevivientes y  contradictorias  que  se  le  endilgó  responsabilidad a LUIS ALBERTO GONZÁLEZ  FINO.   

En  criterio  del  libelista,  la  falta  de  ratificación   del   informe  deja  en  el  limbo  no  sólo  el  principio  de  contradicción,  sino  que arroja dudas acerca de las circunstancias posteriores  al accidente.   

En  este  orden,  critíca  al  Tribunal por  restarle  valor  probatorio al informe policial en el que se señalaba a Yebrail  Hernández  Correa  como  conductor  de  la  camioneta  cuando  estimó que ello  obedeció  a  las  heridas  que  presentaba  en  su  rostro,  conclusión que en  criterio  del  demandante  contraría  la prohibición del juez de basarse en su  propia  experiencia,  pues si el informe no fue ratificado, no se podía inferir  el  por  qué  los  policiales  dedujeron que esa era la persona que manejaba el  automotor.   

Aduce que de haber fundado la sentencia en el  aludido  informe  policial,  como  prueba  esencial,  lo  correcto  hubiera sido  declarar  la  vulneración  del  debido  proceso,  pero en cambio el Tribunal se  dedicó  a  defender  unas  pruebas  testimoniales  contradictorias,  cuando  de  acuerdo  con  el  fin del debido proceso que no es salvar las formas sino exigir  su  cumplimiento  cuando  de  ellas  depende  la  intangibilidad de los derechos  superiores,   debió  poner  en  tela  de  juicio  la  actitud  tanto  del  ente  investigador,  como  del  juez de primera instancia por no haber requerido a los  policiales  para  que  aclararan la afirmación de que Yebrail Hernández Correa  era el conductor de la camioneta.   

Por último, subraya que el informe policial  hace  un  claro  análisis  de  la  forma  como  ocurrieron  los  hechos dada la  información  recogida  de primera mano acerca de la ubicación de los ocupantes  de  la  camioneta  y  de  su  conductor,  el cual cotejado con las declaraciones  permite  inferir  que  dadas  las  heridas  recibidas  en  el rostro era Yebrail  Hernández  quien  estaba  al  mando  del  rodante,  porque  si como éste dice,  ocupaba   uno   de  los  puestos  traseros,  difícilmente  podía  conocer  los  pormenores  del  accidente, pues su relato es producto de la percepción directa  de una persona ubicada en un asiento delantero.   

En  suma, manifiesta que como no fue posible  su  ratificación,  se le debió dar pleno valor probatorio al informe policial,  ya  que  de  haberlo  considerado  el  Tribunal habría concluido la ausencia de  culpabilidad  del  enjuiciado  al no existir certeza de que haya desarrollado la  actividad   delincuencial,   debiendo   en  consecuencia  aplicar  el  principio  in    dubio    pro   reo.   

Luego  de  citar como normas infringidas los  artículos  9°  y  12  del Código Penal, 1°, 6°, 7°, 9°, 13, 24, 232, 234,  235  y  238  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  29  de  la Constitución  Política,   solicita  a  la Sala proferir sentencia de reemplazo en la que  se absuelva al procesado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Estima la Sala que si bien le asiste interés  al  recurrente  para  interponer  el  recurso  extraordinario contra el fallo de  segundo  grado dada la identidad temática por la unidad de alegaciones entre el  recuso  de  apelación  y las formuladas en su libelo de casación de abogar por  la  absolución  para  su  defendido  al  considerar  que no existe certeza para  predicar  su  responsabilidad penal ante el hecho de que el informe policial que  dio  cuenta  del accidente relaciona a otra persona como conductor del vehículo  siniestrado,  el  desarrollo  que  le  imprime  al  cargo  basado en un error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  resulta  desafortunado con la debida  argumentación  y  explicación  lógica que se debe observar cuando se trata de  la   denuncia  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  como  se  verá:    

         

Es  sabido  que  el  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  tiene  lugar cuando el juzgador otorga valor suasorio a una probanza que adolece  de  defectos  formativos en su incorporación procesal, esto es, cuando la asume  erradamente  como  legal  aunque no satisfacía las exigencias señaladas por el  legislador  para  tener tal condición, o porque la descarta aduciendo de manera  errada  su  ilegalidad,  pese  a  que  se  cumplieron  cabalmente los requisitos  dispuestos en la ley para su práctica o aducción.   

La        otra    modalidad     de     error    de    derecho,   por  falso  juicio  de   

convicción  se  presenta  cuando  el  fallador le niega a la prueba el valor demostrativo que la  ley  le  atribuye  o  le  da uno no autorizado legalmente, yerro que versa sobre  pruebas tarifadas.   

El  censor presenta dos aristas relacionadas  con  el  informe  policial  que dio cuenta a la autoridad judicial del accidente  automovilístico,  por  un lado, añora que los funcionarios que lo suscribieron  no  fueron  llamados  a  su  ratificación,  y  por  otro,  que el Tribunal haya  demeritado  su  valor  probatorio  ya  que  en él se anotaba como conductor del  vehículo accidentado a una persona diferente a su defendido.   

Resulta  a todas luces claro que al tenor de  lo  dispuesto en el artículo 314 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000)  el  informe  policial a que alude el libelista no constituye en sí mismo  un  medio  de  prueba,  pues  tan  sólo  sirve  como  criterio orientador de la  investigación.   

En  efecto, las afirmaciones plasmadas en el  informe  sirven  de pauta o de guía para adelantar la instrucción, de ahí que  resulte  desafortunada  la  postura  del  recurrente cuando alejado del error de  derecho  anunciado  y  en  contra de la tarifa legal negativa establecida por el  legislador  para  minar  valor  probatorio  al  mismo, busca sobredimensionar su  crédito demostrativo.   

A  este  respecto, la Sala ha precisado que:  “La  ley,  en algunos casos, por razones de distinta  índole,  autoriza  la  práctica  de  una  determinada  prueba,  pero limita su  eficacia  probatoria,  expresión  que en dogmática casacional significa que la  prueba  es  jurídicamente  válida,  pero  solo tiene vocación probatoria para  ciertos  efectos.  En  materia  penal  un  ejemplo  típico de esta modalidad de  tasación  probatoria  se  encuentra  en  las  regulaciones  contenidas  en  los  artículos  50  de  la ley 504 de 1999 y 314 del Código de Procedimiento Penal,  …  Como  puede  verse,  la  ley autoriza a los organismos de policía judicial  realizar  entrevistas  y  obtener  exposiciones  de  informantes, pero introduce  restricciones  a  la aptitud probatoria de estos elementos de juicio al disponer  que   solo  pueden  ser  tenidos  en  cuenta  como  criterio  orientador  de  la  investigación,  lo  cual  significa  que  pueden  ser  utilizados  como guía o  referente  para  buscar  nuevas  pruebas, o lograr su autorización, mas no como  evidencia  de  la  responsabilidad  penal  de la persona implicada por ellos, en  ningún   momento   procesal,   ni   en   la   sentencia,   ni   en   decisiones  precedentes”1   

Dicho  informe fue tomado efectivamente cono  norte  de  la  investigación,  al  punto  que  para corroborar lo allí anotado  acerca  de que al parecer Yebrail Hernández Correa conducía la camioneta se le  vinculó  penalmente a través de indagatoria, sin embargo, en el transcurso del  proceso  y  por la presencia de varias probanzas que señalaban al miembro de la  Policía  LUIS  ALBERTO  GONZÁLEZ FINO como conductor del automotor accidentado  se  encaminó  la  instructiva  hacia  él,  al  punto  que  en la calificación  sumarial    se    precluyó    la    investigación    a   favor   del   inicial  imputado.   

En  este  orden,  se  muestra  superflua  la  ratificación  del informe por parte de los policiales que lo suscribieron, ante  las  múltiples  probazas  que desvirtuaron la afirmación allí plasmada acerca  del presunto conductor del automotor accidentado.   

De manera sofística presenta el censor como  una  invención  la  conclusión  del  Tribunal  cuando  justificó  la  inicial  sindicación  de  una  persona diferente al procesado en el hecho de sus heridas  en  el  rostro,  cuando  tal aseveración obedeció a la consignado en el propio  informe  acerca  de  que “se presume por las lesiones  presentadas   en   la   parte  fasial-sic-”  que  la  camioneta   era  conducida  “al  parecer”  por  Yebrail Hernández Correa (Folio  23 cuaderno original N° 1).   

En este orden, más que un error de derecho,  la  postura  del  libelista  apunta  a  aspectos  netamente  de  la credibilidad  otorgada  por  el  fallador  a  las pruebas que señalaban al enjuiciado como el  conductor  de  la  camioneta  que llevó a edificar el fallo de condena, censura  que  debió  encauzar  dentro  de  un  falso raciocinio si consideraba que no se  cumplió  con  el sistema de apreciación racional probatoria por la infracción  de  los postulados de la sana crítica, es decir, que la conclusión judicial no  fue  coherente  como  enseña la lógica, que se alejó de los principios que se  aplican   en   un   espacio  teórico  específico  propio  de  la  observación  científica,  o  que  no estuvo acorde con los juicios que se forman a partir de  comportamientos  sometidos a una identidad circunstancial que arrojan las reglas  de la vida.   

Dada  la  naturaleza rogada del recurso, no  puede  la Corte subsanar los vacíos argumentativos y torna el libelo carente de  la  idoneidad  necesaria  para  su  admisión,  sin  que  tampoco se advierta la  necesidad  de  garantizar  un derecho fundamental del procesado, como para hacer  uso  de la facultad legal oficiosa que le asiste a fin  de    asegurar    su    protección    en  los  términos  del  artículo  216 del Código de Procedimiento  Penal (Ley 600 de 2000).   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  LUIS   ALBERTO   GONZÁLEZ  FINO,  de  acuerdo  con  las  razones  anteriormente  expuestas.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

     Notifíquese y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Excusa justificada  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                         MARÍA        DEL        ROSARIO        GONZALÉZ        DE       L.             

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANES                   YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                            

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                 MAURO   SOLARTE  PORTILLA                                                                

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia de casación del 6 de octubre de 2005. Radicación 21196     

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