27886(18-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27886   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

SISTEMA ACUSATORIO  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 124  

Bogotá D.C., julio dieciocho (18) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

La Sala se ocupa de analizar el cumplimiento  de  las exigencias lógicas y de suficiente argumentación del libelo casacional  presentado  por  el  defensor de los incriminados JOHN  DANIEL   BARRAGÁN   PÉREZ   y   JOSÉ   RICARDO  CEDIEL  RONCANCIO,  contra el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior  de  Bogotá  el  25  de  enero de 2007, confirmatorio de la sentencia anticipada  proferida  por  el Juzgado Veinte Penal del Circuito de la misma ciudad el 30 de  agosto  de  2006,  que  los  condenó como coautores penalmente responsables del  concurso  de delitos de tentativa de hurto calificado agravado y porte ilegal de  armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente a las 4:40 de la tarde del 14  de  enero de 2006, cuando María Vargas de Vargas, Luz  Dary   Pérez,   Carmen   Rosa   Márquez  y  Miriam  Janeth  Vargas  se  encontraban  dentro  de un vehículo a la altura de la Avenida  Primero  de  Mayo, más delante de la Avenida 68, esperando que el semáforo les  diera  vía,  JOHN  DANIEL  BARRAGÁN  PÉREZ y JOSÉ  RICARDO  CEDIEL  RONCANCIO  rompieron  el vidrio de la  puerta  trasera  del  automotor, amenazaron con armas de fuego a las mencionadas  ciudadanas,  intentaron  hurtar  sus pertenencias y las agredieron físicamente.  Momentos  después,  agentes  de la Policía Nacional los aprehendieron y fueron  puestos a disposición de la Fiscalía.   

En  audiencia  realizada  el  15 de enero de  2006,  el  Juzgado  Treinta  y  Nueve Penal Municipal con Función de Control de  Garantías   declaró   legal   la   captura   en   flagrancia  de  JOHN   DANIEL   BARRAGÁN   y   JOSÉ   RICARDO  CEDIEL.  La  Fiscalía les imputó la comisión del concurso de delitos de  tentativa  de  hurto  calificado  agravado,  porte  ilegal  de armas de fuego de  defensa  personal  y  lesiones personales agravadas. En la misma oportunidad les  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva sin derecho a  libertad provisional.   

El  31 de enero siguiente la Fiscalía y los  incriminados  realizaron  un  preacuerdo. Ulteriormente, el 14 de marzo, el  Juzgado  Veinte  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  realizó  la correspondiente  audiencia  de  aprobación  del preacuerdo, durante la cual la Fiscalía retiró  el  cargo  por  el delito contra la integridad personal en atención a que no se  cumplió   con   el   requisito   de   adelantar  diligencia  para  intentar  la  conciliación entre víctimas y victimarios.   

Mediante fallo del 30 de agosto de 2006, los  procesados  fueron  condenados  a  la pena principal de veintidós (22) meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por el mismo lapso, como coautores penalmente responsables  de  la  comisión  del  concurso de delitos de hurto calificado agravado y porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

En la misma providencia les fue negada tanto  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena, como la prisión  domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

Impugnado  el  fallo  por  la  defensa,  el  Tribunal  Superior de Bogotá lo confirmó mediante sentencia del 25 de enero de  la  presente  anualidad, decisión que ahora es objeto de recurso extraordinario  de casación interpuesto por el defensor de los procesados.   

LA DEMANDA  

Bajo  la  égida  de  la  causal  primera de  casación  establecida  en  la  Ley  906  de 2004, el impugnante postula un solo  cargo por violación directa de la ley sustancial.   

          En  la  demostración  del  reproche  asevera  que los falladores no  aplicaron    los   principios   constitucionales,   dado   que   “a  la  fecha de interponer este Recurso Extraordinario de Casación  y  hasta  cuando se resuelva el mismo los condenados tienen derecho a que se les  conceda   el  beneficio  de  la  Condena  de  Ejecución  Condicional,  Prisión  Domiciliaria  o el derecho adquirido por tiempo de la Libertad Condicional, pues  para  cuando  se resuelva esta demanda estarán próximos a cumplir la totalidad  de la pena impuesta”.   

          Finalmente   manifiesta   que   no  entiende  por  qué  razón  los  falladores  no  tuvieron  en  cuenta  el  derecho a la igualdad reconocido en la  Constitución  de  1991,  ni  los  referidos mecanismos de alternatividad penal,  “pues  se  cumplen  (sic)  con  los requisitos de legal  (sic)        para       concederlos”.   

          Con  fundamento  en  lo expuesto, el censor solicita a la Sala casar  la  sentencia  impugnada, para en su lugar revocarla parcialmente, en el sentido  que  se conceda a JOHN DANIEL BARRAGÁN PÉREZ y JOSÉ  RICARDO     CEDIEL     RONCANCIO    “el  beneficio  de  la  Condena  de Ejecución Condicional, Prisión  Domiciliaria o Libertad Condicional”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  sentado la Sala que si bien en la Ley  906  de 2004 el legislador no distinguió entre recurso de casación por la vía  común  y  por  la  discrecional,  dado que eliminó la exigencia del quantum de  pena   del   delito  por  el  que  se  procede  para  acceder  a  tal  mecanismo  impugnaticio,   lo   cierto  es  que  corresponde  al  demandante  acreditar  la  afectación  de  derechos  o  garantías fundamentales, lo cual le impone contar  con  interés  para  impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar los cargos de  sustentación  del  recurso  y  demostrar que es necesario el fallo de casación  para  cumplir  alguno  de  los  fines  establecidos  en  el  artículo 180 de la  referida  normatividad  para  este  a  impugnación, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia.   

          Además,  es  necesario  resaltar  que según el artículo 184 de la  Ley  906  de 2004, no será admitido el libelo de casación cuando el demandante  carezca  de  interés,  no  señale  la  causal, no desarrolle adecuadamente los  cargos  de  sustentación o cuando se advierta que no es necesario el fallo para  cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

Igualmente  importa  puntualizar  que  en el  estudio  sobre  los requisitos de admisibilidad de las demandas de casación, es  del  resorte de la Sala verificar que los recurrentes formulen sus reproches con  sujeción  a  los  requisitos de lógica y adecuada argumentación definidos por  el  legislador  y desarrollados por la jurisprudencia, a fin de que este recurso  extraordinario   no   se  convierta  en  una  tercera  instancia.  Tales  exigencias  se orientan a conseguir  que  los  libelos  se enmarquen dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que  resulten  inteligibles en cuanto precisos y claros, dado que no corresponde a la  Sala  en su función constitucional y legal develar o desentrañar el sentido de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los impugnantes en  casación.   

Una vez efectuadas las anteriores precisiones  y  en  atención  a  que  el  impugnante  invoca  la causal primera de casación  establecida  en la Ley 906 de 2004, que trata de la violación directa de la ley  sustancial,  resulta pertinente indicar que tal quebranto ocurre cuando a partir  de  la  apreciación  de los hechos legal y oportunamente acreditados dentro del  diligenciamiento,  los falladores omiten aplicar la disposición que se ocupa de  la  situación  en  concreto, en cuanto yerran acerca de su existencia (falta de  aplicación  o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los  hechos   probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan  efectos    diversos    o    contrarios    a    su   contenido   (interpretación  errónea).   

En   dicha  situación,  sin  importar  la  modalidad  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, el yerro de los  juzgadores  recae sobre la normatividad, circunstancia que ubica el debate en un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea  porque  se  dejó  de  lado el precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque el hecho se  adecua   a   una   disposición  estructurada  con  supuestos  distintos  a  los  establecidos  o  bien  porque  se  desborda  el entendimiento propio de la norma  aplicable  al caso concreto, todo lo cual exige del casacionista, la aceptación  de  la  realidad  fáctica definida en las instancias e inmodificable dentro del  proceso.   

Así  las cosas, si el desacuerdo se predica  de  la  actividad  probatoria  y  su  ulterior  ponderación  por  parte  de los  funcionarios  judiciales, la vía de ataque legalmente adecuada es la indirecta,  dado  que  la infracción a la ley sustancial se lleva a cabo de manera mediata,  de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir  los sentenciadores en tal materia.   

En  el  reproche  objeto   de  estudio  se  observa  que  si  bien  el  demandante  plantea  la  violación  directa  de la ley sustancial, no  procede  acto seguido a plantear el problema jurídico respecto  del  cual  se  encuentra  en  desacuerdo, además de que, en primer término, no  identifica    los    argumentos   expuestos   por   los   falladores  para  negar  a  sus  asistidos  la  suspensión condicional de la  ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

         En  segundo  lugar,  no expone los razonamientos de orden jurídico  que  den  apoyo  a  su  disentimiento,  pues  en manifiesto olvido del carácter  rogado  de  este  recurso  extraordinario,  se limita a afirmar de manera vaga e  imprecisa  que  no  fueron  aplicados  los  principios  constitucionales,  ni el  derecho  a  la igualdad y que se cumple con los requisitos para acceder a dichos  institutos,  pero  no orienta su actividad a explicar a la Sala por qué ello es  así,  es  decir,  de  qué  manera  en  concreto  dentro del fallo impugnado se  presentaron  tales  quebrantos  y  en  qué  forma se encuentran satisfechas las  exigencias  legales para suspender condicionalmente la ejecución de la sanción  o sustituir la pena de prisión intramural por domiciliaria.   

En  tercer  término  se  advierte,  que el  casacionista  solicita  sincrónicamente reconocer en  favor  de  sus  procurados  la  condena  de  ejecución condicional, la prisión  domiciliaria  o  la  libertad  condicional,  sin  percatarse  que  se  trata  de  institutos  sustancialmente  diversos,  que  para  su procedencia precisan de la  acreditación  de  diferentes  supuestos  definidos por el legislador y que, por  tanto,  no  es  posible  solicitar  su reconocimiento de manera simultánea, con  mayor razón, si no se invocan los motivos para ello.   

Adicionalmente se  tiene  que el demandante no dice, ni la Sala consigue establecer, cómo podrían  los  acusados acceder en el  actual  momento  procesal  al subrogado de la libertad condicional, razón  de  más  para  concluir  que el  casacionista  incurre  en  serias  falencias  que dan al traste con su propuesta  impugnatoria.   

         También    es    menester   puntualizar,   que   si   la   crítica  del  defensor   se  orienta  a  reprochar   el   valor   otorgado   a  los  medios  de  prueba  respecto        del       referido  subrogado  penal,  era  su  deber  acudir a la causal tercera del artículo 181 de  la  Ley  906  de  2004, esto es, a la violación indirecta de la ley sustancial,  indicando  si  se  trató  de  errores de hecho (falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  o  falso raciocinio) o de  derecho  (falso juicio de convicción o falso juicio de legalidad) y acometiendo  la  respectiva  demostración  propia  de  cada  uno de ellos, labor que tampoco  acometió.   

         Agréguese   a   lo   anterior,  que  el  recurrente no identifica  las  normas  que  considera violadas de manera directa,  omisión  que  a la postre le impide acreditar el yerro que denuncia y, en suma,  deja sin demostración el cargo que simplemente enunció.   

No  hay duda, que si el libelo casacional no  corresponde  a  un  alegato  de  libre confección, su presentación con base en  meras  apreciaciones  personales  indemostradas  del impugnante y sin atenerse a  alguna  de  las  reglas  lógicas y argumentativas que lo gobiernan, comporta el  desconocimiento  de  la  dual  presunción  de  acierto  y  legalidad  del fallo  atacado.   

         En  consecuencia,  encuentra la Sala que  si   el   recurrente  no  ajustó  su  demanda a las  exigencias  dispuestas para postular y demostrar el reproche que presenta contra  el  fallo de segundo grado y, en virtud del principio de limitación que rige el  trámite  casacional  la  Corte  no  se  encuentra  facultada  para enmendar las  falencias  de aquella, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de la  Ley 906 de 2004 se impone de plano la inadmisión del libelo.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  con  ocasión  de la sentencia  impugnada     o     dentro     del    curso       de       la       actuación       procesal, violación de derechos o garantías de  JOHN  DANIEL  BARRAGÁN PÉREZ y JOSÉ RICARDO CEDIEL  RONCANCIO,  como para que tal circunstancia impusiera  superar   los   defectos  de  la  demanda  para  decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º del   artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

          Cuestión final   

          Dado  que contra la decisión de inadmitir la demanda presentada por  la   defensa   procede  el  mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es oportuno precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  cumplirse       para       su       aplicación1, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve la admisión del libelo.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación   interpuesta   por   el   defensor   de   los  procesados  JOHN  DANIEL  BARRAGÁN PÉREZ y JOSÉ RICARDO CEDIEL  RONCANCIO,  por  las  razones expuestas en la anterior  motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                   MAURO SOLARTE PORTILLA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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