27848(01-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27848  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 136  

Bogotá,  D. C., agosto primero (1º) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Procede  la Sala a examinar los presupuestos  de  lógica  y  suficiente  fundamentación  del  contenido  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de DAVID TOLEDO  ESQUENAZI,  contra  la  sentencia del 8 de marzo de la  anualidad  en curso, a través de la cual el Tribunal Superior de Cali confirmó  el  fallo  proferido  el  17  de julio de 2006 por el Juzgado Séptimo Penal del  Circuito,  cuyo titular condenó al procesado a la pena de 10 meses de prisión,  así  como  a  multa  en  cuantía  de  16 salarios mínimos legales mensuales e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el lapso de 20 meses, como  autor  responsable  del  delito  de  peculado  culposo.  En  la  misma decisión  declaró inaplicable la pena privativa de la libertad impuesta.   

HECHOS  

          Se  relacionan con el acuerdo de pago celebrado entre la Cooperativa  Multiactiva  de  Trabajadores de Propal “COOPROPAL”  y  el  Fondo Financiero Especializado del municipio de  Cali,  BANCALI,  conforme al  cual    la    segunda   de   esas   entidades,   gerenciada   por   DAVID  TOLEDO  ESQUENAZI, en su condición  de  acreedora,  recibió  de  la primera, en dación de pago, mediante escritura  No.  221  del  2  de  febrero  de  1999,  un  lote  de  terreno  situado  en  el  corregimiento       “Golondrinas”,  zona  suburbana  de  Cali,  para cubrir las obligaciones de plazo  vencido  que  ascendían a $4.332.616.121, cuando el valor del predio, según la  División  de  Formación  de  Avalúos  de  Catastro  Municipal de Cali, era de  $49.731.590.      

ACTUACION PROCESAL  

1.- La Fiscalía Seccional de Cali inició la  investigación  el  10  de marzo de 2000 y, en el curso de la misma, escuchó en  indagatoria  a  DAVID  TOLEDO  ESQUENAZI, a  quien  le resolvió situación jurídica mediante providencia del  1º  de  septiembre  del  citado  año,  optando por abstenerse de afectarlo con  medida de aseguramiento.   

2.-  El  8  de  octubre  de  2001  el fiscal  instructor  clausuró  la  investigación  y  el  14 de marzo del año siguiente  calificó  el  mérito  probatorio, profiriendo resolución de acusación contra  DAVID  TOLEDO  ESQUENAZI, por  el delito de peculado por apropiación.   

3.-   La   providencia  calificatoria  fue  confirmada,  sin  modificación,  por  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal  Superior    de   Cali,   al   desatar   la   apelación   interpuesta   por   la  defensa.   

4.-  Correspondió  adelantar  la  fase  del  juicio  al  Juzgado Séptimo Penal del Circuito de la precitada ciudad, despacho  judicial   que   llevó  a  cabo  las  audiencias  preparatoria  y  pública  de  juzgamiento,  tras lo cual profirió el fallo condenatorio de primera instancia,  que  luego obtuvo confirmación del ad quem,  y  fue  objeto del recurso extraordinario de casación, que ocupa  la atención de la Sala.   

LA  DEMANDA   

La  defensa  formula  tres  cargos contra la  sentencia  de  segundo  grado,  el  primero  con  apoyo  en la causal tercera de  casación  prevista  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000 y los dos  restantes bajo la égida de la causal primera ibídem.   

          En     el    primer    cargo  aduce  que  el fallo de segunda instancia es ilegal, por cuanto el  Tribunal  no  ofreció  respuesta a cada una de las argumentaciones expuestas en  el  recurso  de  apelación,  omitiendo  todo  análisis  acerca  de las pruebas  obrantes   en  el  expediente.  Se  limitó,  dijo,  a  afirmar  “que  existe  una  norma  (el decreto 1420 de 1998) y recordar que la  negociación   recriminada  al  sentenciado  tenía  un  precedente  que  debió  consultar  para  no incurrir en la conducta culposa”.   

          Según  el  censor,  en  la  impugnación  ordinaria  propuso que se  debatiera  el  concepto  de  peculado culposo; ocupó un capítulo para sostener  que   no   podía   imputarse   a   TOLEDO  ESQUENAZI  un  hecho  que  solamente  nació  al  mundo  de  los  fenómenos   con   posterioridad  al  agotamiento  de  la  conducta  reprochada;  argumentó   que  los  avalúos  de  las  lonjas  de  propiedad  obligan  a  los  funcionarios  públicos  y  tienen  una  vigencia  inescrutable  en el tiempo y,  finalmente,  precisó “las razones del procesado, que  riñan  (sic)  con  la  omisión  del  cuidado  debido,  que  se le enrostró al  imputado (sic)”.     

          Sobre  ninguno  de  esos  planteamientos, añadió el demandante, se  pronunció   el   ad  quem,  desconociendo de esa manera el derecho de contradicción.   

          En    el    segundo    cargo  denuncia violación directa de la ley por indebida aplicación del  artículo  6º  de las Leyes 599 y 600 de 2000, así como de los artículos 6º,  26,  28,  29  y 34 de la Constitución Política y por inaplicar el principio de  favorabilidad.   

          Para  sustentar  el  reproche sostiene que el Tribunal, en virtud de  los  principios  de  legalidad  y  favorabilidad,  debió  abstenerse de imponer  sanción  alguna  al  procesado, en razón a que los hechos ocurrieron cuando el  peculado  culposo  estaba  reprimido con arresto, pena que ya no existe, lo cual  hace  improcedente  su imposición, sin que tampoco resulte viable, por ser más  gravosa,   mutarla  por prisión, sanción actualmente aplicable para dicha  conducta punible.   

          En    el    tercer   cargo   atribuye   al   sentenciador  aplicar  indebidamente  la  ley,  como  consecuencia  de  incurrir  en  falso  juicio  de  convicción, al asignar a las  pruebas un valor que no les corresponde.   

          Al  desarrollar  la  censura,  señaló que el Tribunal erró cuando  concluyó  que  DAVID  TOLEDO  ESQUENAZI  violó  el  deber  objetivo  de  cuidado,  pese  a  no existir en la  foliatura  prueba demostrativa, en grado de certeza, de la conducta punible y de  la responsabilidad del procesado.   

Para  el  demandante,  el  fallador  debió  aplicar  el  principio  in  dubio pro reo y  dictar  absolución,  pues la finalidad perseguida por el gerente  de  BANCALI, cuando efectuó  el  acuerdo  de  pago,  fue  impedir que la obligación quedara insoluta ante la  inminente  intervención  de  la  cooperativa  deudora, sin que conociera en ese  momento  que  el  valor  del inmueble disminuiría al cabo de un año en un 700%  por  una  circunstancia  que  no  estaba  a  su  alcance  prever, como lo fue la  expedición  de  un  nuevo  Plan  de Ordenamiento Territorial, el cual varió la  calificación  del  bien  al pasarlo de predio urbano a fundo rural.     

          Consideró   que   condenar  al  acusado  por  no  estudiar  algunos  documentos  y  por  no  objetar  el peritaje de la lonja de Cali, que avaluó el  inmueble   en  $5.967.710.000,  sin  existir  razón  para  sospechar  de  dicho  justiprecio,  “es hilar demasiado delgado y transitar  por  el  fangoso  terreno  de  las  incertidumbres  y  las  dudas”,  por  cuyo  motivo pidió casar la sentencia para dictar sentencia  absolutoria a favor del acusado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

De acuerdo con lo previsto el inciso 1º del  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, el recurso extraordinario de casación  procede   contra   las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y por el Tribunal Superior Militar,  cuando  se  proceda  por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho años, aun cuando la sanción impuesta  haya sido una medida de seguridad.   

Según  el  inciso  tercero  de  la  misma  disposición,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia,  excepcionalmente,  puede  admitir  discrecionalmente  la  demanda  de  casación  dirigida  contra  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas por autoridades  judiciales  diferentes  a  las  ya  mencionadas o relativas a delitos que tengan  señalada  pena  de  prisión  inferior  a  la  prevista  por el legislador para  acceder  a  esta  vía de impugnación extraordinaria o para los sancionados con  pena  no  privativa de la libertad, cuando quiera que ello sea necesario para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   nacional,  o  para  garantizar  derechos  fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la  ley.   

          En  el caso que ocupa la atención de la Sala, aunque la resolución  de  acusación  se  formuló  por  el delito de peculado por apropiación, en el  fallo   de   primera   instancia,   decisión  confirmada  por  el  ad   quem,   el   juzgador   varió   esa  calificación  jurídica  para  proferir  la  condena por el punible de peculado  culposo.   

El  actor  instaura  la  demanda por la vía  común  u  ordinaria  al considerar que el delito a tener en cuenta para efectos  de  determinar  la  procedencia  de la casación es el imputado por la Fiscalía  General  de  la  Nación,  conducta  prevista  en  el artículo 133 del estatuto  punitivo  de 1980, modificado por la Ley 190 de 1995, cuya sanción va de 6 a 15  años de prisión.   

          Disiente  la  Corte  del  criterio  del demandante, pues  cuando en el curso de la etapa del juicio se varía la adecuación  típica  de  la  conducta  imputada,  el  delito  a  considerar  para efectos de  determinar  la  procedencia  del  recurso  de  casación es el concretado en las  sentencias  de  instancia,  dado  que antes de ello la  calificación  jurídica  tiene  carácter  meramente  provisional,  adquiriendo  naturaleza  definitiva únicamente cuando se pronuncian los fallos de instancia,  que  por  ostentar la doble presunción de legalidad y acierto pasan en adelante  a  regir  la actuación, salvo que la Corte, en sede de casación, disponga otra  cosa.    

          La  anterior  postura,  es  de  precisar,  guarda  coherencia con lo  expuesto  por  la  Sala acerca de la prescripción de la acción penal cuando se  varía  la  adecuación  típica  en  el  juicio, tema de connotación jurídica  similar  al que es objeto de examen. En efecto, en providencia del 14 de febrero  de 2002 expresó la Corte:   

“Tampoco   cambia   el   término   de  prescripción  de  la acción, el cual sigue fijado por el delito por el cual se  profirió  la  resolución  de acusación, ya que la variación efectuada por el  fiscal  o  la  propuesta  por  el  juez  como objeto de debate y no admitida por  aquél,  no  son,   como se dijo, sino posiciones jurídicas que, en guarda  del  derecho  de  defensa, de la lealtad procesal y de la estructura lógica del  proceso,  se  les ponen oportunamente de presente a los sujetos procesales, para  que  las  debatan  y  así  poder  fijar  un nuevo marco de congruencia entre el  pliego de cargos y el fallo.   

“Sólo  si  se  condena,  el  lapso  de  prescripción  de  la  acción penal se alterará, pues  pasará   a   ser   el   del   delito   por   el  cual  se  condenó”1          (Subraya      en      este     momento     la     Sala).   

          En  tal  virtud,  resulta  claro que en el caso en estudio el censor  debió  interponer el recurso por la vía excepcional, pues ni para la época en  que  ocurrieron los hechos ni para este momento, el ilícito de peculado culposo  tenía  o  tiene prevista la pena privativa de la libertad que permite acceder a  la casación ordinaria o común.   

          En  efecto,  la  sanción  establecida  para  dicha  ilicitud  en el  artículo  137 del estatuto punitivo de 1980, modificado por los artículos 18 y  32  de  la  Ley 190 de 1996, correspondía a arresto de 6 meses a 2 años, multa  de  10  a  50  salarios  mínimos legales mensuales e interdicción de derecho y  funciones  públicas  de  6  meses  a  2 años. A su turno, el artículo 400 del  Código  Penal  de 2000 prevé para el peculado culposo prisión de 1 a 3 años,  multa  de  10 a 50 salarios mínimos legales mensuales e inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas de 1 a 3 años.   

          Siendo  así  la  situación,  era  deber  del  actor, como lo tiene  expresado  la  Sala,  persuadir  a la Corte acerca de la necesidad de admitir la  demanda,  en  el  contexto  de  los  dos  motivos  que  justifican  la casación  discrecional,  esto  es, desarrollar la jurisprudencia o garantizar los derechos  fundamentales2.   

          Como  el  censor  entendió  equivocadamente  que la procedencia del  recurso  se rige por el delito inicialmente imputado, consecuencialmente omitió  fundamentar  de manera expresa el propósito que perseguía con la impugnación.  Aunque  ello  de  suyo  no  conduce a la inadmisión del libelo, pues la Sala ha  sostenido  que  si  del  contenido  del mismo surge diamantina la intención del  actor,  será  necesaria  su  admisión,  siempre  y cuando satisfaga los demás  requisitos         de         procedibilidad3.   

          En  el  caso examinado, se aprecia que en los dos primeros cargos el  impugnante  pretende obtener la preservación de garantías fundamentales. En la  primera  censura,  exactamente el derecho de defensa, en su vertiente de derecho  de  contradicción,  porque  el  fallador de segundo grado omitió responder los  reparos  que fundaron el recurso de apelación; y, en el segundo, los principios  de  legalidad  y  favorabilidad,  por  cuanto  el  Tribunal debió abstenerse de  imponer  al  procesado  sanción  alguna,  si  se tiene en cuenta que la pena de  arresto  con  la  cual  se  sancionaba  el  delito  ya no existe, en tanto la de  prisión actualmente vigente le resulta más gravosa.   

          De  esa  manera,  los  comentados  cargos,  en  principio, estarían  llamados  a ser admitidos. No obstante, como está dicho, para ese propósito es  necesario  que  las  censuras  reúnan  los  demás  requisitos  de  procedencia  establecidos  en  la ley. Entre esos presupuestos se encuentran los previstos en  el  numeral  3º  del  artículo 212 del Código de Procedimiento Penal de 2000,  conforme  a  los  cuales  es  deber  del  actor enunciar la causal y formular el  cargo,  con  indicación  clara y precisa de sus fundamentos y de las normas que  estima infringidas.   

          Dichas  exigencias, que dicen relación con la necesidad de formular  el  reproche  en  forma lógica y coherente, y cuyo fin es evitar que el recurso  extraordinario  de  casación  se  convierta  en  una  tercera  instancia, no se  cumplen en este caso, por las siguientes razones:   

          El  demandante,  al  desarrollar  el primer  cargo,  se  limita  a  sostener  que  el  ad  quem  no  respondió los motivos de la  apelación.  Sin  embargo,  omitió  toda  referencia  a  los  fenómenos  de la  respuesta  implícita  y de la unidad jurídica inescindible entre los fallos de  primera  y  segunda  instancia,  para demostrarle a la Corte que el ad    quem   vulneró   el   derecho   de  contradicción,  a  tal  punto  que  ni  siquiera  por vía de los fenómenos en  alusión    aparecen    contestados    los    fundamentos   expresados   en   la  alzada.   

          Sobre  la  respuesta  implícita, la Sala ha expresado lo siguiente:   

“… no obstante  la  falta  de  referencia  expresa  al otro sujeto procesal impugnante, el fallo  contiene  la requerida justificación para facilitar su control por medio de las  impugnaciones  posteriores, hasta el punto de que el defensor en hipótesis pudo  haber    atacado    en    casación    los    razonamientos    probatorios   del  juzgador…”   

“… la motivación de las decisiones, como  elemento  definitorio  de  la función judicial, no es un mero acto de cortesía  con  las  partes  sino  la  sustancial,  objetiva  y explícita confrontación y  respuesta  a  sus  inquietudes,  con el fin de propiciar el control posterior de  las  mismas”4.    

          Por  su parte, en torno a la unidad jurídica inescindible, ha dicho  la Corte:    

         

“Cuando las sentencias de primera y segunda  instancia  integran  una  unidad  jurídica inescindible por los aspectos en que  ambas  coinciden  de  manera  explícita  o tácita no solo en lo que a la parte  motiva  concierne  sino  también  a  la parte resolutiva, las consideraciones y  examen  de  la  realidad  probatoria  agotados  por  el  Juez de primer grado se  entienden  incorporados  a  la sentencia de segunda instancia en todo aquello en  que  no  se desvirtúe o modifique, así tales análisis o argumentaciones no se  hayan   reproducido   en   el   fallo   acusado”5.   

          De  hecho,  la  lectura  de  las  sentencias  de  primera  y segunda  instancia,  permite concluir que la afirmada ausencia de respuesta es infundada.  Lo  realmente acontecido fue que el ad quem,  o bien no hizo  expresa   referencia   al   argumento   defensivo  que  rebatía,  ora  remitió  tácitamente   a   las  razones  ofrecidas  por  el  a  quo,  bastante  profusas  y  explicativas, por cierto,  como  lo reconoció el propio represente judicial del procesado en el recurso de  apelación.   

          Así,  se  tiene  que  la  alzada  se  fundó en los siguientes tres  pilares:   

          a)  El  acusado  actuó de conformidad con los avalúos catastrales,  cuyos  montos  sólo  vinieron  a  variarse  un  año  después de realizarse la  dación en pago, modificación que no estaba a su alcance prever.   

          b)   El   avalúo   con  sustento  en  el  cual  se  constituyó  la  “hipoteca”  lo  realizó  una  firma especializada, adscrita a la Lonja de propiedad raíz de Cali y, como  tal,  obligatorio  para  los funcionarios públicos, máxime cuando la garantía  estuvo  precedida  de  un contrato de fiducia, celebrado con la firma Fiduciaria  Alianza,   entidad   comercial   regulada   también  por  el  Estado.  En  esas  circunstancias,       no      había      motivos      para      “recelar”  del  peritazgo,  aun cuando de  haberse  ordenado en ese momento uno nuevo, el resultado muy seguramente hubiera  sido el mismo.    

          c)  La  motivación  del procesado con la celebración de la dación  en  pago fue evitar que se perdiera todo el crédito, dada la nefasta situación  financiera de la cooperativa.    

          Frente   a   esos  argumentos,  las  respuestas  de  los  falladores  surgieron en los siguientes sentidos:   

          1)  Para  el  Tribunal,  el  bien  fue  avaluado  en 1995 sin que se  desenglobara (fl. 1721). Este  planteamiento  se corresponde con el expresado por el a  quo cuando, igualmente, señaló que:   

          “…  y  un avalúo catastral tomado a partir del terreno inicial,  es  decir,  sin desenglobar y  por   lo   tanto   tenía  que  aparecer  con  un  mayor  valor”  (destaca la Sala).   

          “…   

          “Con relación al valor que aparecía en  Catastro  Municipal  –para  efectos  de  impuestos  –es  claro  que  el  sindicado  mencionó  el  de  la totalidad del lote –sin      desenglobar     (subraya    la    Sala)-  y  por  lo  mismo  el  valor debía ser mayor, amen (sic) de que  tampoco  estaba  actualizado  de acuerdo con la misma época de recesión por la  cual transitaba el país (fl. 1617).   

          2)    Según   el   ad   quem,  sí  existían motivos para pensar que el avalúo, determinado en  suma  cercana  a  los  $6.000.000.000 y con fundamento en el cual se celebró el  contrato  de  fiducia, no correspondía a la realidad, pues apenas 4 meses antes  COOPROPAL había recibido el  inmueble,    también    a    título   de   dación   en   pago,   por   apenas  $2.946.601.741.   

          Y  sobre  el  tema  referente a la obligatoriedad de los avalúos de  las   Lonjas,   tácitamente   le   respondió   el   Tribunal  al  apelante  lo  siguiente:   

          “…  para abonar y adeudar, recuérdese  que  el  decreto 1420 de julio 24 de 1998, en su artículo 15 se (sic) faculta a  la  entidad  solicitante para que pida la revisión y realice la impugnación al  avalúo,  norma que permite inferir que un avalúo puede ser tachado, ya sea por  no  ceñirse  a  la  realidad y de contera solicitar su revisión o, impugnarlo,  previamente   a   la   negociación   tantas   veces   mencionada” (fl. 1.727).   

          3)  Finalmente,  en  relación con la razón que animó al procesado  para  celebrar  la  dación  en  pago,  esto señaló el sentenciador de segunda  instancia:   

          “Es  claro  para  la Sala que para la recuperación de la cartera,  no  podía  procederse de forma ligera, al establecerse que para cubrir el monto  de  la  deuda  monetaria,  se  procedería  a  recibir un bien inmueble, esto en  razón  a  la  falta  de  liquidez  del  deudor.  Debió  el señor DAVID TOLEDO  ESQUENAZI   contestar   que   dicho   bien   recibido   como  dación  en  pago,  evidentemente,  correspondía  a un determinado valor pero no al total del pago,  y  buscar  por  estos  medios idóneos le fuera entregado el valor restante, sin  compromiso  del  patrimonio  del  fondo,  que  a la vez afectaba al Municipio de  Cali…”.   

          Respecto  a  este  tópico,  vale  destacar  cómo  el  a   quo,  en  perfecta  armonía  con  el  criterio  plasmado  por el Tribunal, atribuyó al procesado infracción al deber  de  cuidado  cuando  se  apresuró  a celebrar la dación en pago, sin seguir el  procedimiento   establecido   en   la   fiducia   suscrita   entre  COOPROPAL  y  Alianza  Fiduciaria,  que le  hubiera  permitido  avaluar el bien en su justo precio y perseguir luego el pago  del  crédito  insoluto  a  través de las vías legales respectivas (fs. 1621 y  ss.).   

          En  consecuencia,  por  no  reunir  los  presupuestos  de  lógica y  adecuada sustentación, la Sala inadmitirá el primer reproche.   

          En    el   segundo   cargo   el   demandante   incurre   en   la   impropiedad  de  reprochar  al  sentenciador   genéricamente  no  abstenerse  de  imponer  sanción  alguna  al  procesado,  cuando  es  evidente  que esa petición resulta totalmente infundada  frente  a  las  penas  no privativas de la libertad, pues la norma que regía al  momento  de  los  hechos  y  la  actualmente  vigente consagran para el peculado  culposo  tanto  multa  como  interdicción  (o  inhabilitación como se denomina  ahora) de derechos y funciones públicas.   

          Aun  cuando  si  se  entendiera,  como  surge  de la demanda, que la  pretensión  es  procurar  impunidad  únicamente  en  relación con la sanción  privativa  de  la  libertad  (llámese  arresto  o prisión), es evidente que el  actor  carece de interés jurídico para impugnar ese aspecto del fallo, pues el  a  quo,  en decisión que no  sufrió  modificación  en  segunda instancia, inaplicó la pena privativa de la  libertad  impuesta, con lo cual satisfizo la pretensión del sujeto pasivo de la  acción,  cual  fue  relevarse  de cumplir sanción de esa naturaleza por razón  del punible cometido.   

          Al  respecto, ningún perjuicio para el procesado acreditó el actor  con  la  determinación  de  los  sentenciadores  consistente  en imponerle pena  privativa   de  la  libertad,  cuando,  de  todas  maneras,  los  juzgadores  la  declararon inaplicable.   

          Por  lo  demás, debe acotarse que los falladores, para inaplicar la  sanción  privativa  de  la  libertad  impuesta, se sujetaron al criterio que en  torno  al tránsito de legislación entre el Código Penal de 1980 y el estatuto  punitivo  de  2000  prohijó  la Corte inicialmente frente a la pena de arresto,  pero  esa postura fue recientemente modificada por la jurisprudencia de la Sala.  En efecto:   

“Sobre el tema, dijo la Corte en sentencia  del 1º de junio del 2005, radicado 23.132:   

‘Resulta  necesario  precisar  que  ante  la  eliminación  de la pena de arresto para los  delitos  contenidos  en  la  parte especial del actual estatuto punitivo, no hay  lugar  a  imponer  pena privativa de la libertad porque, en virtud del principio  de  favorabilidad,  no  es posible aplicar una pena que no está contenida en la  norma  que  describe  y sanciona la conducta respectiva, ni tampoco la contenida  en  el  actual  Código  Penal  no  sólo  porque resultaría evidentemente más  gravosa  que  la  dispuesta en la legislación derogada, sino porque sólo puede  ser   aplicada   a   delitos   cometidos   dentro   de  su  vigencia’.   

Un nuevo examen del punto, sin embargo, lleva  a  la  Sala a reconsiderar esa tesis, para sostener ahora que como en todo caso,  tanto  en  el  anterior  Código  Penal  como  en el actual, la ley previó pena  privativa  de  libertad  para el peculado culposo, debe mantenerse la de arresto  aunque disminuida su cantidad, como se detallará adelante.   

En  efecto,  si  en  aquella legislación el  hecho  estaba sancionado con arresto y en la de hoy con prisión, se debe partir  de  que  el  legislador  quiso  hacer  más  severas las consecuencias punitivas  incrementando cualitativamente la medida corporal.   

En este evento, sin embargo, entran en pugna  la  normatividad pretérita y la actual, conflicto de leyes que impulsa hacia la  pasada  para  utilizarla  ultractivamente pues es más benéfica que aquella que  ahora rige el tema.   

Como  es claro, en los dos articulados se ha  previsto  pena  privativa  de la libertad, que, por tanto, se debe sostener pues  en  estricto  sentido  no  hubo  despenalización radical. Y como la anterior es  menos   gravosa   que   la   vigente,   a  ella  se  debe  acudir”6.   

          De  tal  forma  que  si  se  admitiera  la  demanda,  por razón del  comentado  cargo,  la  consecuencia  sería  distinta  a  la  procurada  por  el  casacionista,  en cuanto habría lugar a revocarse la decisión que inaplicó la  pena  privativa  de  la libertad impuesta. Desde luego, al final, tal reforma al  fallo  no  podría  hacerse,  pues ello supondría vulnerar la prohibición a la  reformatio   in  pejus,  en  cuanto el procesado se erige como único impugnante.   

          En     consecuencia,     también     la    segunda    censura    se  inadmitirá.   

          En     relación     con    el    tercer  cargo,  observa  la  Sala  que  ese  reproche, así se  persiga  allí  la  aplicación  del principio in dubio  pro  reo,  no  involucra  la vulneración de garantía  fundamental  alguna,  pues  el  actor se dedicó a exponer su particular visión  acerca  del  poder  persuasivo  de  las  pruebas recaudadas, pretendiendo que la  Corte  lo  acoja,  en detrimento de la apreciación probatoria realizada por los  sentenciadores,  sin  advertir  que ese tipo de planteamientos no son admisibles  en  sede  de  casación,  menos cuando se pretende que la Sala revise la postura  valorativa de los juzgadores por vía discrecional.   

          Lo  anterior,  tanto  más cuando el censor no expone ni mucho menos  acredita  errores  trascendentes  en  la  apreciación de la prueba que pudieran  configurar violación indirecta de la ley.   

          En  consecuencia,  la demanda objeto de examen, en cuanto ninguno de  los  reproches  formulados  fue  adecuadamente  sustentado  en  el  marco  de la  casación discrecional que procedía en este caso, se inadmitirá.   

          Es  de precisar que la Sala no advierte en el curso de la actuación  vulneración  de  garantías  fundamentales, cuyo restablecimiento deba corregir  de oficio.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada     a    nombre    de    DAVID    TOLEDO  ESQUENAZI, por las   razones   expuestas  en  la  parte  motiva.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ               MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                          

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                              MAURO SOLARTE PORTILLA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1 Rad.  18457.   

2  En  ese sentido, auto del 4 de mayo de 2005. Rad. 22304.   

3 Cfr.  Auto del 18 de abril de 2007. Rad. 26916.   

4  Sentencia del 28 de septiembre de 2001. Rad. 15997.   

5  Sentencia  del 22 de septiembre de 1993. Rad. 8003. En el mismo sentencia del 15  de mayo de 2003. Rad. 17081.   

6  Sentencia del 19 de julio de 2006. Rad. 22263.     

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