27834(06-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27834  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado  acta No.  162    

Bogotá,     D.    C.,    seis   de   septiembre    del   año  dos  mil  siete.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de     la     demanda     de     casación     que     presenta     el  defensor  del procesado ÁLVARO   BUSTAMENTE   DO  LUGAR,  contra la sentencia condenatoria  proferida  en  segunda  instancia  el  veintinueve de  enero  de  dos  mil siete por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Barranquilla, Sala de Justicia y  Paz1,    mediante    la    cual    lo    condenó   a   tres    (3)  años  de  prisión  como  autor  del  delito     de     homicidio    culposo    –    agravado.   

1.- Antecedentes.  

1.1.- La cuestión  fáctica fue declarada por el juzgador de la manera siguiente:   

“Los hechos que  dieron  lugar  al  presente  proceso  ocurrieron  el  día  10 de Junio de 2001,  aproximadamente  a  las  7:00  pm,  a  la altura del estadio de fútbol Pedro de  Heredia,  sobre  la  calzada  derecha  de la avenida que recibe el mismo nombre,  cuando  el  señor  ÁLVARO  BUSTAMANTE  DO  LUGAR conducía su automóvil marca  Renault  9,  con  placa  PBE-779,  arrolló  a  los  señores  SAMUEL  MARTÍNEZ  MAGALLANES  y  NICOLÁS  ROMERO  BERDUGO,  causándoles  lesiones. El primero se  encontraba  haciendo algunos trabajos de reparación y mantenimiento de la vía,  toda  vez  que  trabajaba  para  una  compañía  de  ingenieros contratada para  realizar  tal  labor. El segundo estaba ejerciendo sus funciones como agente del  DATT  dirigiendo  el  tráfico  vehicular por el desvío que se había provocado  con   ocasión   a   las  labores  de  reparación  y  mantenimiento ya mencionadas.   

“En  virtud  del  informe  rendido  por el  agente  del  DATT  OSCAR RODRÍGUEZ PRADA de fecha 12 de Junio de 2001 se abrió  la  correspondiente  investigación por parte de la Fiscalía Local No. 20 de la  Unidad  de  Delitos  contra  la  Integridad  Personal, quien de manera inmediata  procedió  a  efectuar  varias  diligencias tendientes al esclarecimiento de los  hechos,   entre   ellas,   vincular   mediante  indagatoria  al  señor  ÁLVARO  BUSTAMANTE,  así  como  escuchar  en  declaración jurada a los señores SAMUEL  MARTÍNEZ   MAGALLANES,   AMAURY   CÓRDOBA  CANOLE,  CORNELIO  MORENO  y  OSCAR  RODRÍGUEZ.   

“Como   consecuencia   de  las  lesiones  ocasionadas  al  señor SAMUEL MARTÍNEZ MAGALLANES le sobrevino la muerte el 25  de  Junio  de  2001. Por tal razón la Fiscalía Seccional No. 30 Unidad de Vida  avocó  el  conocimiento  del  caso  y  en  consecuencia ordenó la práctica de  varias  diligencias,  entre ellas, oficiar al Director de la Clínica Enrique de  la  Vega,  para  que  remitiera  el  resultado  de  la  prueba  de  alcoholemia  practicada  con  la muestra de sangre tomada al señor  ÁLVARO  BUSTAMANTE;  escuchar en declaración jurada a NICOLÁS ROMERO BERDUGO,  vincular  mediante  indagatoria  a  los  señores  ÁLVARO BUSTAMANTE DO LUGAR y  AMAURY CÓRDOBA CANOLE.   

“Habiéndose evacuado gran parte del acervo  probatorio  que  venía  ordenado  en  autos  y  encontrándose  vinculados a la  investigación  los  procesados, el Despacho de conocimiento procedió a definir  su  situación  jurídica  mediante  resolución  del  6  de  Noviembre de 2001,  imponiendo  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva domiciliaria al  señor  ÁLVARO  BUSTAMENTE  DO  LUGAR y se abstuvo de decretar medida alguna en  contra del señor AMAURY CÓRDOBA CANOLE”.   

1.2.-   Posteriormente,   previa   clausura  del  ciclo  instructivo  (fl.  210   cno.  1),   el   veintiocho  de  agosto  de  dos  mil dos  se  calificó  el  mérito probatorio del sumario con  resolución    de    acusación    en    contra   del   procesado   ÁLVARO   BUSTAMANTE   DO   LUGAR  como  presunto    autor    penalmente   responsable   del  concurso  de  delitos  de  homicidio  culposo  agravado  y  lesiones  personales  culposas,  al  tiempo que precluyó la investigación  respecto    de    AMAURY  CÓRDOBA CANOLE    (fls.    223   y   ss.),      mediante     determinación     que     el     veintiuno  de  noviembre  de dos mil dos,  la  Fiscalía  Delegada ante  el     Tribunal    Superior    del    Distrito    Judicial    de    Cartagena,  confirmó íntegramente al  conocer   de   la   impugnación   interpuesta   por   la  defensa  (fls.  1 y  ss. cno. Sda. Inst.).   

1.3.-  La  etapa  de  juicio  fue asumida por el Juzgado Tercero   Penal   del   Circuito   de  Cartagena  (fls.   1  cno.  2),  en  donde  se  llevó  a  cabo la vista pública (fls. 99       y       ss.-23)  y  el  veintinueve   (29)  de  abril  de  dos  mil  cuatro  se  puso fin a la instancia condenando al   procesado  ÁLVARO  BUSTAMANTE  DO  LUGAR,  a las   penas  principales     de  tres   (3)   años   de  prisión,   multa  cuantía  de  treinta  (30)  salarios  mínimos  legales  mensuales y  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por término igual al de la pena privativa de la libertad,  a  consecuencia  de  hallarlo  penalmente responsable del delito de homicidio   culposo   a  él    imputado    en    el   pliego  enjuiciatorio,    entre   otras   decisiones,   al   tiempo   que   lo      absolvió     del   delito   de   lesiones   personales   culposas  (fls.    126   y   ss.-3).   

1.5.- Recurrida  esta  decisión  por  la  defensa (fls. 164-2   vto.)   y   la   parte   civil  (168), el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Barranquilla,  Sala  de  Justicia y Paz,   por   medio   del  fallo  de  segunda  instancia  proferido  el  veintinueve  de  enero  de dos mil siete,       decidió    impartirle  íntegra  confirmación  (fls.   32  y  ss.  cno.  Trib.).   

1.6.- Contra la  sentencia     de     segunda     instancia,    en    oportunidad    la  defensa interpuso recurso  extraordinario    de   casación   (fls.             53             ss.),  el  que fue concedido por el ad  quem  (fl.  57  y ss.), y  presentó    la    correspondiente    demanda  (anexo),   sobre  cuya  admisibilidad se pronuncia la Corte.   

La demanda.  

Después   de   identificar  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia  demandada,  y  luego de hacer una síntesis de los  hechos  materia  de  juzgamiento  y  de  la  actuación  llevada  a  cabo en las  instancias  ordinarias  del trámite, con apoyo en la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  de  casación, un  cargo   formula   contra   el   fallo   del  Tribunal  en  el  que  sostiene    que    la    sentencia    es    violatoria  de  la ley sustancial, por infracción indirecta, a consecuencia  de   incurrir   en   error   de   hecho   por   falso   juicio  de  existencia    en   la   apreciación  probatoria.   

Sostiene  que  los  juzgadores de primera y  segunda  instancias ignoraron la existencia y valor de los testimonios de Manuel  Ortiz  y  Carlos  Mendoza  Goez, los cuales fueron presentados por la defensa, y  “quienes  explican  que  presenciaron  los  hechos, el primero (MANUEL) porque  desde   muchos   minutos   antes  se  encontraba  en  el  balcón  de su vivienda que tiene como frente el  sitio  de  los  acontecimientos  y  el segundo (CARLOS) porque venía dentro del  automotor conducido por mi defendido”.   

Anota   que  estas  dos  personas,  desde  distintos  puntos  de  observación, presenciaron los  hechos  y en sus deponencias coinciden en señalar que el accidente ocurrió por  la  imprevisión  de quienes ocuparon la vía y no actuaron diligentemente en la  labor  de señalizar un desvío que horas antes no estaba y que  al momento  de  ocurrencia  de  los  hechos  se  encontraba  sin  señales  luminosas lo que  representaba    un    peligro    como    finalmente    representó    para   las  víctimas.   

Sostiene  que  si  se hubieran valorado las  pruebas  de  descargo  que extraña, se llegaría por lo menos a resquebrajar la  certeza   para   condenar   que  pregonan  ambos  falladores  mirando  única  y  exclusivamente  la  prueba   de cargos, toda vez  que  los  testigos en que se fundó el fallo, tienen comprometida su objetividad  por  su  evidente  interés  en el resultado del proceso, y resultan desmentidos  por  los  testimonios no considerados en la sentencia, rendidos por personas que  no  tienen  vínculos  de  amistad  o  enemistad  con  el  procesado, dando como  consecuencia  la absolución del procesado en aplicación del principio in dubio  pro reo.    

Con fundamento en lo expuesto solicita a la  Corte  casar  la  sentencia recurrida y absolver a su asistido de los cargos que  le    fueron    formulados    (fls.   1 y ss. anexo).   

   

Alegato de no recurrente.  

Dentro  del  término  de  traslado  a  los  sujetos  procesales  no  recurrentes,  hizo  uso  de este derecho el  apoderado  de  la  parte civil quien se opone a las pretensiones  del  demandante y solicita la inadmisión de la demanda, al considerar que ésta  “parece  más  un  recurso de reposición que un recurso de casación, el cual  está  sometido  a  rigurosas  exigencias  para  que  la  Corte pueda evaluar su  procedencia”   (fls.   9   y   ss.   anexo).    

SE CONSIDERA:  

1.-  Reiteradamente  ha  sido  dicho por la  Corte,  que  la  casación  no  es  instancia  adicional  en  la  que puedan ser  presentados  informalmente  argumentos  de  disentimiento  contra  los fallos de  segunda  instancia,  ni  constituye  una  prolongación del juicio donde resulte  posible  continuar  el  debate  fáctico y jurídico propio del trámite regular  del proceso.   

Su postulación ha de obedecer a la denuncia  y  demostración  de haber sido transgredida la ley con el fallo, y el escrito a  través  del  cual  se  ejerce  debe  cumplir  rigurosos  requisitos  de forma y  contenido,  establecidos  por  el  artículo  212  del  Código  de Procedimiento       Penal  a fin de que pueda ser admitido  por  la  Corte, entre los que se encuentra la obligación de presentar precisa y  claramente  los  fundamentos  fácticos y jurídicos del motivo de casación que  se  aduce, pues es de  entenderse que cada una de las causales susceptibles  de  invocarse  en  sede  extraordinaria,  obedece  a  naturaleza  autónoma y su  configuración   trae   aparejada  consecuencias  de  diversa  índole  para  el  proceso.   

En   relación  con  la  causal  primera,  cuerpo   segundo,  debe  reiterar  la  Sala  que  cuando  en  sede  extraordinaria se denuncia violación  indirecta  de     disposiciones     de     derecho     sustancial,   a  consecuencia  de  incurrir  el  juzgadores  en errores de apreciación probatoria, el casacionista debe precisar  si éstos son de hecho o de derecho.   

A  este respecto conviene recordar que los  primeros   se   presentan   cuando   el   juzgador  se  equivoca  al  contemplar  materialmente  el  medio;  porque  omite  apreciar  una  prueba  que  obra en el  proceso;  porque la supone existente sin estarlo (falso juicio de existencia); o  cuando  no  obstante  considerarla  legal y oportunamente recaudada, al fijar su  contenido  la  distorsiona,  cercena  o  adiciona  en  su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos que objetivamente no se establecen de ella (falso  juicio   de  identidad);  o,  porque  sin  cometer  ninguno  de  los  anteriores  desaciertos,   existiendo  la  prueba  es  apreciada  en  su  exacta  dimensión  fáctica,  y  al asignarle su mérito persuasivo transgrede los postulados de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia o las reglas de experiencia, es decir, los  principios  de  la  sana  crítica como método de valoración probatoria (falso  raciocinio).   

Cuando  la censura se orienta por el falso  juicio  de  existencia  por  suposición  de  prueba,  compete  al  casacionista  demostrar  el  yerro  mediante la indicación correspondiente del fallo donde se  aluda  a  dicho  medio  que  materialmente no obra en el proceso; y si lo es por  omisión  de  ponderar prueba que material y válidamente obra en la actuación,  es  su  deber  concretar  en  qué  parte  del  expediente  se ubica ésta, qué  objetivamente  se  establece  de  ella,  cuál  el  mérito  que  le corresponde  siguiendo  los  postulados  de la sana crítica, y cómo su estimación conjunta  con  el  arsenal  probatorio  que  integra  la actuación, da lugar a variar las  conclusiones  del  fallo,  y,  por  tanto  modificar  la  parte resolutiva de la  sentencia   objeto   de   impugnación   extraordinaria.       

Si   lo   pretendido   es  denunciar  la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar expresamente, qué en  concreto  dice  el  medio  probatorio, qué exactamente dijo de él el juzgador,  cómo  se  le tergiversó, cercenó o adicionó haciéndole producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Si  se  denuncia  falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué  infirió de él el juzgador, cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, señalar cuál postulado de la lógica, ley  de  la  ciencia  o  máxima  de  experiencia  fue desconocida, y cuál el aporte  científico  correcto,  la  regla  de  la  lógica  apropiada,  la máxima de la  experiencia  que debió tomarse en consideración y cómo; finalmente, demostrar  la  trascendencia del error indicando cuál debe ser la apreciación correcta de  la  prueba o pruebas que cuestiona, y que habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente distinto y opuesto al ameritado.    

Los  errores de derecho, entrañan, por su  parte,   la  apreciación  material  de la prueba por el juzgador, quien la  acepta  no  obstante  haber  sido  aportada  al  proceso  con  violación de las  formalidades  legales  para  su  aducción, o la rechaza porque a pesar de estar  reunidas  considera  que  no  las  cumple (falso juicio de legalidad); también,  aunque  de  restringida  aplicación por haber desaparecido del sistema procesal  la  tarifa  legal,  se  incurre  en  esta  especie  de  error cuando el juzgador  desconoce  el  valor prefijado a la prueba en la ley, o la eficacia que ésta le  asigna  (falso  juicio  de convicción), correspondiendo al actor, en todo caso,  señalar   las  normas procesales que reglan los medios de prueba sobre los  que    predica    el    yerro,    y    acreditar    cómo    se    produjo    su  transgresión.   

Cada  una  de  estas  especies  de  error,  obedecen  a  momentos  lógicamente  distintos  en  la apreciación probatoria y  corresponden   a   una   secuencia  de  carácter  progresivo,  así  encuentren  concreción  en  un  acto históricamente unitario: el fallo judicial de segunda  instancia.  Por  esto  no  resulta  avenido  a  la lógica que frente a la misma  prueba  y  dentro  del mismo cargo,  o en otro postulado en el mismo plano,  sin  indicar  la  prelación  con  que  la  Corte ha de abordar su análisis, se  mezclen   argumentos   referidos   a   desaciertos   probatorios  de  naturaleza  distinta.   

Debido  a  ello,  en aras de la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar el sentido de transgresión de la ley, y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios de prueba sobre los que predica el yerro, e indicar de manera objetiva  su  contenido,  el  mérito atribuido por el juzgador, la incidencia de éste en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación la norma de  derecho  sustancial  que mediatamente resultó excluida o indebidamente aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber ocurrido el yerro, el sentido del fallo habría  sido  sustancialmente distinto y opuesto al impugnado, integrando de esta manera  la proposición del cargo y su formulación completa.   

Además,  de acogerse a la vía indirecta,  la  misma  naturaleza  rogada  que  la casación ostenta impone al demandante el  deber  de  abordar  la  demostración  de  cómo  habría de corregirse el yerro  probatorio  que  denuncia,  modificando tanto el supuesto fáctico como la parte  dispositiva  de  la  sentencia,  tarea que comprende realizar un nuevo análisis  del   acervo   probatorio,   valorando   las   pruebas  omitidas,  cercenadas  o  tergiversadas,  o  apreciando acorde con las reglas de la sana crítica aquellas  en  cuya  ponderación  fueron  transgredidos  los postulados de la lógica, las  leyes  de la ciencia o los dictados de experiencia; y excluyendo las supuestas o  ilegalmente   allegadas   o  valoradas;  pero  no  de  manera  insular  sino  en  confrontación  con  lo acreditado por las acertadamente apreciadas, tal como lo  ordenan  las  normas  procesales  establecidas  para  cada  medio  probatorio en  particular  y  las  que  refieren  el modo integral de valoración, y en orden a  hacer  evidente la falta de aplicación o la aplicación indebida de un concreto  precepto  de derecho sustancial, pues es la demostración de la transgresión de  la  norma  de derecho sustancial por el fallo, la finalidad de la causal primera  en   el   ejercicio   de  la  casación  (cfr.  Cas.  Agosto  6  de  2002.  Rad.  19330).     

2.-      En     el     presente     caso,     resulta   evidente   que   el  único  cargo        propuesto       contra   la  sentencia  impugnada  en  la  demanda  formulada  por  el    defensor   del  procesado    ÁLVARO  BUSTAMANTE      DO      LUGAR,      lejos  se  encuentra  de cumplir estas  exigencias  básicas. Salta a la vista la  falta de  claridad,  precisión y de debida sustentación en la  postulación  del  reparo.  Las  inconsistencias  de  fundamentación  y  técnicas  son  de  tal  magnitud  y  entidad,  que  impiden  establecer  el  verdadero  alcance  de  la  pretensión  del  impugnante, lo que  determina    que    el  libelo   no  pueda ser admitido al trámite con  miras  a  un  pronunciamiento  de  fondo,  en  términos que seguidamente pasa a  precisarse.   

Se  observa que  pese  a  denunciar  la violación indirecta de la ley sustancial, a consecuencia  de  incurrir  el  juzgador  en errores de hecho por falso juicio de existencia   en  la  apreciación  de  los    testimonios    que    menciona,  no  sólo  no  demuestra  la  configuración  objetiva de dicho  desacierto,  sino  que  omite  abordar el proceso demostrativo de su trascendencia, lo que denota que el  cargo  resulta  formalmente incompleto, por ende inidóneo para derruir la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  con  que  viene  amparada  la  sentencia  recurrida.   

Con   total  liberalidad,  a  manera de un alegato en las instancias ordinarias del trámite,  el      censor      no      sólo      no      concreta      ni     acredita con el rigor exigible en sede  extraordinaria   -como  párrafos  arriba  ha  sido  visto-    la   configuración   del   error   de   hecho  que  pretende  denunciar  y  su definitiva incidencia en las declaraciones fácticas del fallo,  sino  que  con  absoluto  menosprecio  por  los  principios  de autonomía y no-  contradicción    que    rigen   las   causales   de   casación,   llega  incluso  a  sugerir,  sin  llegar  a  demostrar  su aserto,  la  existencia de motivos de nulidad por violaciones  al  debido  proceso  y el  derecho   de   defensa,   haciendo  de  la  demanda  un  discurso  indescifrable  por   el   cúmulo   de  planteamientos  e  ideas  totalmente  deshilvanadas  que  no permiten a la Corte  desentrañar  el  verdadero  sentido  y  alcance  que habrían de corresponderle  frente al motivo que aduce.   

Esto es lo que podría llegar a colegirse de  la    insular    queja    relacionada   con   que   el   Tribunal   dejó   de   pronunciarse  sobre  las  pruebas   que   extraña   “omitiendo   siquiera   resolver  mi  inconformidad  consistente  en  la  exclusión  material  que  de ellas hace el juez de primera  instancia”,  para  lo  cual ha debido acudir a la senda de la causal tercera y  demostrar  al  tiempo  que  el  juzgador  de  alzada  no resolvió los puntos de  disenso    cuando    la   defensa   recurrió   en  apelación.   

Pero   como  esto  no  podría  llegar  a  demostrarlo, toda vez que  no   es   lo   que  la  actuación  revela,  acude  entonces  a  la  vía  indirecta  de  casación para  sostener  que  los  juzgadores  dejaron  de  ponderar  las  pruebas  de descargo  consistentes  en  los  testimonios  rendidos  por  MANUEL ORTIZ y CARLOS MENDOZA  GOEZ.   

   

Sin  embargo, en  el   ataque   a   la  apreciación   probatoria   no   expresa           qué          objetivamente          indican   estos  testigos,  por  qué sus  dichos    merecen    credibilidad,  de  qué  manera, de haber sido ponderados, tanto individualmente  como  en  conjunto  con los demás medios sobre los  cuales      no      concurre      ningún      tipo     de     error,   habría   incidido   de  manera  definitiva  en  las conclusiones fácticas del fallo y  con   ello   en   la   declaración   de   justicia   contenida   en   su  parte  resolutiva.   

Sostiene   tan   solo   que  los  citados  declarantes vieron el momento en que se presentó la  colisión  del  automóvil  conducido por el procesado con las víctimas  y  “coinciden  en  señalar  que   el   accidente   ocurre   por   imprevisión   de   quienes   ocuparon  la  vía  (los obreros y los  agentes  de  tránsito)  por  cuanto no actuaron diligente y oportunamente en su  labor  de  señalizar  un  desvío  que  horas  antes  no  estaba”,  pero  deja de mencionar    por    qué    dicha   hipótesis  tendría    la    virtualidad    de   variar   las  conclusiones  del  fallo  en  cuanto  al  estado  de  embriaguez  en  que  conducía  el  procesado. Menos  señala  la  razón  por  la  cual  la  Corte  habría  de preferir sus          dichos, frente a las consideraciones que de  la     hipótesis     contraria     hizo    el    juzgador,    pues   no   denota   que   al       abordar       el       proceso       de      ponderación  probatoria,       hubiere      cometido     algún   tipo   de  error          de          hecho.   

En  el discurso del libelista tampoco logra  saberse    cuáles    fueron    los   medios    que    fundamentaron    la  declaración   de   condena,   ni  por  qué    la    Corte    habría    de   proceder   a   revaluarlos  como lo pretende, pues no pone en evidencia que en la  asignación  del  mérito persuasivo los sentenciadores hubieren cometido algún  tipo  de  error  de  hecho  o  de  derecho, cómo se  acredita   éste,   ni   cómo   habría   de   verse   corregido   en  sede  de  casación.   

Pero  el  censor  no  solo se aparta de los  lineamientos  establecidos  para  denunciar  la  configuración de errores en la  apreciación  probatoria,  sino  que,  al  margen de  dichos  desaciertos,  no es fiel a las declaraciones fácticas del fallo, y esto  le resta toda objetividad a la demanda.   

Con  el  sólo  propósito   de   hacer  evidente  la  falta  de  seriedad  en  la formulación del reparo, cabe recordar  que   el   Tribunal  expresamente  indicó  que  “en  lo  concerniente  a  los  testimonios  de  los  Srs. MANUEL ORTIZ y CARLOS MENDOZA GOEZ, tampoco es cierto  que  el a quo no sopesara las declaraciones de conducta vertidas en la etapa del  juicio,  ya  que  es  patente  en  la  parte  considerativa  de la sentencia, el  meticuloso  examen  que  hizo  a  las  pruebas  y  su posterior valoración” y  agregó:   

“Por   tanto,   las   condiciones   de  nocturnidad,  la  deficiente  iluminación,  el tránsito cerca de la acera y la  concentración  de personas en el sitio del siniestro, le imponían al procesado  el  deber  de  conducir  a  una  velocidad  máxima de 30 km/h, más aún por el  estado  de  embriaguez  en el que se encontraba,  lo que a toda luz resulta  en  el  quebrantamiento  de  las  normas  de  tránsito como factor generador de  culpa.  De  todo  lo  anterior  se  desprende,  por  un  lado,  que la tesis del  defensor,  (consistente  en que la responsabilidad del accidente recae sobre los  agentes  de  tránsito  por la indebida señalización de la vía) es infundada,  pues  ello no releva del deber de cuidado al Sr. BUSTAMENTE DO LUGAR, ya que con  su  actuar  vulneró  el  deber  de  cuidado que le era exigible por ejercer una  actividad  riesgosa como es la conducción. Por otro lado, es concluyente que la  falta  al  deber de cuidado sumada a la embriaguez, fue la causal del descontrol  del  automóvil  y,  conscuentemente  el  resultado  dañoso  que  con  ello  se  produjo” (fl. 43)          

Esto  patentiza  que  el  censor acude a la  casación,  no  con  el propósito de denunciar la objetiva configuración de un  concreto   tipo   de   error  probatorio,  sino  tal  vez,  como  recurso  de  último  momento  tan sólo  porque   la   decisión  que  combate  resultó  adversa  a  los  intereses  que  representa,  y  suponiendo  erradamente que   la   Corte   oficiosamente  debe  desentrañar  el  tipo  de  yerro probatorio que el  demandante   considera   haberse   cometido  en  la  apreciación   de   los  medios  de  convicción en  que   se   sustentó   la   sentencia,  cuando  es  lo cierto que ésta  es  labor  que  ha  debido  abordar  en la demanda, y al no  hacerlo           la           torna  inestudiable.   

Siendo entonces ostensibles los defectos que  la  demanda  acusa,  pues,  como  se  deja  expuesto,  de ella no se desentraña  precisa      y      claramente     los     fundamentos     de     las  causal  invocada,  y no pudiendo la  Corte   corregirla   por  virtud  del  principio  de  limitación  que  rige  su  actuación,  lo  procedente  será  inadmitirla,  declarar desierto el  recurso  y  ordenar la devolución del expediente al despacho de origen, conforme así se  establece  de los artículos 197 del decreto 2700 de 1991 y 213 de la ley 600 de  2000.   

Esto último, si se da en considerar que de  la  revisión  de  lo  actuado  tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

Contra  estas decisiones no procede recurso  alguno.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda      de      casación      presentada     a     nombre     del        procesado   ÁLVARO   BUSTAMENTE   DO   LUGAR,  por  lo anotado en la motivación de este proveído.  En   consecuencia  se  DECLARA  DESIERTO    el  recurso.     

Contra   este  auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ         MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS     

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN            JORGE     LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS             JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA            JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1   Esta  autoridad  profirió el fallo de segunda instancia atendiendo lo dispuesto  en  el  Acuerdo  3730  de  2006,  emanado  de la Sala Administrativa del Consejo  Superior de la Judicatura.     

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