27750(11-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  27750   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 117  

Bogotá,  D.C.,  once  de  julio  de  dos mil  siete.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado FÉLIX  MANUEL  MANZUR MARTÍNEZ, contra el fallo de segunda instancia que profiriera el  Tribunal  Superior  de  Montería,  Córdoba,  fechado  el  15  de  noviembre de  2006,   mediante  el  cual confirmó integralmente la sentencia emitida por  el  Juzgado Promiscuo del Circuito de Planeta Rica, condenando a su representado  legal,   a   la  pena  de un año de prisión, en calidad de autor del  delito  de  constreñimiento  ilegal.  Además,  se  impuso la pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,  por lapso igual a la pena  privativa  de  la  libertad,  se  determinó  el  pago,  a título de perjuicios  morales,  del  equivalente  a  cien  salarios  mínimos  legales mensuales, y se  otorgó   al  procesado  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia impugnada,  del siguiente tenor:   

“La  señora  SINCLAIR  BENAVIDES, sostuvo  relaciones  amorosas  con  el  sindicado MANZUR MARTÍNEZ, por espacio de un (1)  año,  al  finalizar  la  relación  (para  el mes de octubre de 2000, aclara la  Sala)  empezó  a  ser  constreñida,  por  él  para continuar con la avenencia  mediante   amenazas,   intento   de   incendio,  lesiones  personales,  llamadas  telefónicas amenazantes.”   

DECURSO PROCESAL  

La  denuncia  penal  fue  instaurada  por la  afectada,  el  19  de febrero de 2001, y gracias a ella la Fiscalía 25 Delegada  ante  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Planeta  Rica, Córdoba, abrió  formalmente la instrucción, el 5 de marzo de 2001.   

El  23  de  abril  de  2001,  se  recabó la  indagatoria del procesado FÉLIX MANZUR BENAVIDES.   

El  17  de  mayo  de  2001,  se emitió auto  admitiendo  la   demanda de constitución en parte civil, presentada por el  representante designado para el efecto por la ofendida.   

El  12 de junio de 2001, previa solicitud de  su defensor, se amplió la indagatoria del procesado.   

Después de algunos cierres de investigación  fallidos,  revocados directamente por la funcionaria, finalmente, el 23 de julio  de 2002, se hizo efectiva la medida.   

Consecuentemente,  el  13  de  septiembre de  2002,   se   calificó   el  mérito  del  sumario,  profiriéndose  resolución  acusatoria  en  contra  del procesado, como autor de los delitos de tentativa de  incendio, lesiones personales y constreñimiento ilegal.   

Apelada  la  decisión  por  el defensor del  acusado,  el  día  21  de  enero de 2003, la Fiscalía Primera Delegada ante el  Tribunal   Superior  de  Montería,   desató  el  recurso  modificando  la  decisión  del  A  quo,  en  el  sentido  de precluír la instrucción en lo que  atiende  a  los  delitos de tentativa de incendio y lesiones personales, dejando  con  plenos  efectos  la  acusación  referida  al  ilícito de constreñimiento  ilegal.      

Ejecutoriado el auto de llamamiento a juicio,  el  asunto  le correspondió, por competencia, al Juzgado Promiscuo del Circuito  de  Planeta Rica, celebrando este la audiencia preparatoria, el 19 de febrero de  2004.   

Luego  de  ello,  el 4 de mayo de 2004, tuvo  lugar la audiencia de juzgamiento.   

La  sentencia  de  primera  instancia  fue  proferida el 6 de septiembre de 2004.   

Apelada  ella  por  el defensor del acusado,  finalmente,  el  15  de  noviembre  de  2006, el Tribunal Superior de Montería,  profirió  la sentencia confirmatoria ahora atacada a través del extraordinario  recurso que se examina.   

LA DEMANDA  

        Es  de  precisar,  y  ello  de  antemano informa de la  suerte  que  correrá la demanda, cómo el libelista omite significar los cargos  bajo   los   cuales  soporta  su  impugnación,  dejando  también  de  lado  la  manifestación  de  cuál es en concreto la violación que atribuye al Tribunal,  o  respecto  de qué específico análisis, limitándose a reiterar lo que fuera  objeto  de fundamentación en el alegato precalificatorio, la apelación al auto  calificatorio  del  mérito  instructivo,  la  intervención  en la audiencia de  juzgamiento   y   la  impugnación  del  fallo  de  primera  instancia,  incluso  reiterando     textualmente    lo    básico    de    cada    uno    de    estas  argumentaciones.   

         En  desarrollo  de  la censura, entonces, el recurrente toma cada una de las pruebas  que   supuestamente   fundamentaron   la   sentencia  emitida  por  el  Tribunal  –aunque    nunca   se  relaciona,  así  fuese  adjetivamente,  el contenido de los fallos de primero y  segundo  grados-  y  de  ellas realiza un particular análisis que, afirma, debe  conducir   a   demostrar   la   mendacidad   de   los   testigos  de  cargos  y,  consecuencialmente,  la  inocencia  de  su  representado  legal,  aunque tampoco  precisa el motivo o finalidad de su disenso.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

     De  entrada,  la  Corte  manifiesta  que  se  inadmitirá  la  demanda,  en tanto, no cumple esta con las  mínimas  exigencias  que  en  punto  de  la  pena  impuesta, facultan acudir al  extraordinario  recurso,  dentro  de  los estrictos límites que consagra la ley  para el efecto.   

        En  este  sentido,  el  artículo  205  de  la Ley 600 de 2000,  normatividad     que     reguló    el    trámite  procesal,  señala  que el  recurso  extraordinario  procede  “…por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años”.   

         Mirada  la  conducta por la cual se emitió la sentencia objeto de impugnación,  se  ha  de  partir  por  significar  que  ella  se  materializó en un lapso que  comprende   los   últimos  meses  de  2000  y  comienzos  de  2001,   y   no   concurren   los  incrementos  punitivos de la Ley 890 de  2004.   

       Significa   lo  anotado,   que   la   conducta   objeto  de  condena  no   cubre  la  exigencia  punitiva   mínima   establecida   para  acceder  al  mecanismo  excepcional  invocado     por     el     demandante.    

        El  procesado  recibió  sentencia  de  condena,  se  recuerda,  por el delito de  constreñimiento  ilegal,  previsto  originalmente en  la      Ley      599      de     2000, de la siguiente manera:   

“ARTICULO 182. CONSTREÑIMIENTO ILEGAL. El  que,  fuera  de los casos especialmente previstos como delito, constriña a otro  a  hacer,  tolerar u omitir alguna cosa, incurrirá en prisión de uno (1) a dos  (2) años”.   

               A  la  luz  de  la  Ley  600  de  2000  que rige esta  actuación,  es  claro  que  la  casación esta prevista para “…delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho años, aún cuando la  sanción    impuesta    haya    sido   una   medida   de   seguridad”.  De  suerte que la conducta  examinada  no  accede  al  extraordinario recurso.   

         Debe  advertirse,  eso  sí,  que tampoco, a efectos de viabilizar la intervención de  la    Corte,    puede   argumentarse   haber  acudido el impugnante al instituto  de la casación excepcional  o    discrecional,   simplemente,   porque  el  demandante  no  postuló  el recurso de esta manera y  tampoco  significó  en el  escrito  la  existencia  de  violaciones que  comprometan derechos fundamentales, siendo carga del libelista  –a  la luz del artículo  205  inciso  tercero  de  la  Ley  600  de  2000-  acreditar  la necesidad de la  intervención  de  la  Corte  en  favor  de  la  protección  de  las garantías  fundamentales y/o del desarrollo de la jurisprudencia.   

      Sobre  este  particular,  para remitir a lo consignado en el escrito  presentado  por  el  defensor  del procesado, debe hacerse hincapié en cómo la  Corte,  de  manera  pacífica  y  reiterada  ha advertido la necesidad de que la  demanda  de  casación comporte un mínimo rigor lógico jurídico y argumental,  pues,  no  se trata de hacer valer una especie de tercera instancia que sirva de  escenario  adecuado  a la controversia ya superada por los falladores de primero  y  segundo  grados,  en  la  cual se pretende anteponer el particular criterio o  valoración  probatoria,  a  aquel  que sirvió de soporte a la decisión de los  jueces  A  quo  y  ad  quem,  entre  otras razones, porque a esta sede arriba la  decisión   judicial   con  una  doble  connotación  de  acierto  y  legalidad.   

      Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,   derivados  del compromiso de demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió el fallador, suficiente para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

      Pero,  se  agrega, si el recurrente ni siquiera cumple con el más  elemental  de  los  presupuestos,  que  remite  a  manifestar  la  causa  de  su  inconformidad     con     el     fallo,    entre    otras    razones, porque lejos de elaborar un discurso  encaminado   a   controvertir   los   fundamentos  de  la  sentencia,  reproduce  íntegramente  alegatos  pasados,  con  destinatario  y  objeto  diferentes, por  sustracción  de materia la Corte debe relevarse de cualquier tipo de análisis,  en  el entendido de que ni siquiera se verifica clara la legitimidad para acudir  al mecanismo extraordinario de impugnación.   

     Es  que,  carece  de  seriedad  un  discurso  evidentemente  dirigido  a  otras instancias    –a  manera  de  ejemplo,  véase cómo se pide tener en cuenta el oficio enviado por  la  Procuraduría para solicitar la preclusión de la instrucción, o  se  analiza  lo  argumentado  por  el  Fiscal  Delegado ante el  Tribunal,  cuando modificó el auto de llamamiento a juicio, o se destaca que la  fiscal  de  primera  instancia  no  leyó  el  expediente  y por ello emitió la  resolución  de  acusación,  o se controvierten las razones que tuvo la segunda  instancia  de  la  fiscalía  para confirmar la acusación en lo que toca con el  delito   de  constreñimiento  ilegal  o,  en  fin,  las  directas  alusiones  a  providencias  o  trámites  pasados,  que  buscan  de la primera instancia tomar  decisiones  concretas,  desde  luego  completamente ajenas a la naturaleza de la  casación-,  en  el  cual  ni  siquiera por vía indirecta se atacan las razones  esgrimidas     por     el     tribunal     para     confirmar    la    sentencia  condenatoria.   

         Así   planteada   la   impugnación,  debe  resaltarse,  ni  siquiera  habilita  considerarse  alegato  de  instancia,  pues,  en  este, cuando menos, habría de  expresar  el  recurrente  cuál  es  el  motivo  por  el  que  no se comparte la  providencia,   controvirtiendo   los   fundamentos   fácticos,   jurídicos   o  probatorios de la misma.   

      Y,  si  se tiene  claro  que la vía casacional representa un ataque a  la  legalidad  del fallo, que implica necesario demostrar un error trascendente,  con  capacidad  de  derruir  lo decidido, menos posibilidades de admisión tiene  esa  especie  de  alegato  libre  y  descontextualizado  que  ni  siquiera   referencia el alcance de lo pedido.   

Está  claro entonces, de un lado, que no se  cumplen  los  presupuestos legales que facultan acudir al excepcional mecanismo,  en  tratándose  de  la  condena por el delito de constreñimiento ilegal, y del  otro,  que  tampoco  se  ha  postulado la vía discrecional para el efecto y del  escrito   presentado   por   el  recurrente  ninguna  violación  de  garantías  fundamentales  se  extracta,  conclusión  a  la  que  también se llega una vez  verificado el trámite del asunto.   

No   es,  pues,  necesario  que  la  Corte  intervenga  oficiosamente, razón suficiente, junto con los impedimentos legales  y  argumentales  antes  referenciados,  para  que  se  inadmita  la  demanda  de  casación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el  defensor  del procesado       FÉLIX       MANUEL      MANZUR      MARTÍNEZ.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN            JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *