27710(18-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27710   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No. 124.  

         

          Bogotá  D.C.,  julio  dieciocho  (18)  de  dos  mil  siete  (2007).   

  VISTOS  

Decide  la  Sala  sobre  la  admisión de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado FERNEY   RAMÍREZ  RODRÍGUEZ  contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Cali el 19 de febrero del año  en  curso,  mediante  la  cual  confirmó la dictada por el Juzgado 19 Penal del  Circuito  de  la  misma  ciudad el 9 de febrero de la anualidad anterior, que lo  condenó   por   los   delitos  de  fraude  procesal  y  falsedad  en  documento  privado.     

ANTECEDENTES  

Los   hechos   fueron  declarados  por  el  ad-quem,  de  la  siguiente  forma:   

“A los 18 días del mes de agosto de 1984  Nelly  Ingha  Tovar,  contrajo  matrimonio  por  el  rito  católico  con FERNEY  RAMÍREZ  RODRÍGUEZ,  dentro  del  matrimonio  se  adquirieron varios muebles e  inmuebles  como  el  automotor  Daewo  racer  STI,  color amarillo, modelo 1995,  adquirido  por  FERNEY  con  promesa  de compraventa de fecha 17 de mayo de 1996  celebrada   con   Edgar   Feria  Naranjo,  luego  la  pareja  entró  en  crisis  presentándose  una  separación  de  hecho,  según  el dicho de la denunciante  intentó  un  acuerdo  para la cesación de los efectos civiles del matrimonio y  liquidación  de  la sociedad conyugal, siendo infructuosos los intentos, por lo  que  se  instauró la respectiva demanda, donde el juzgado competente ordenó el  embargo  y  secuestro de los bienes adquiridos, entre ellos el del carro Daewoo,  pero  en  la  diligencia  de  secuestro del automotor presentó oposición Jairo  Ramírez  Rodríguez,  hermano de FERNEY, el esposo demandado, quien ostentó la  propiedad  del  carro  por traspaso hecho por Edgar Feria Naranjo”.   

Los  sucesos  denunciados  por  Nelly  Ingha  Tovar sirvieron de base para  que  la  Fiscalía  Seccional  73  con  sede en la ciudad de Cali, dispusiera la  apertura   de   instrucción   penal,  a  la  que  fueron  vinculados,  mediante  indagatoria,   los   hermanos   FERNEY  y  JAIRO  RAMÍREZ RODRÍGUEZ,   y   en   la   que   se   constituyó   como   parte   civil   la  denunciante.   

Una vez clausurada la instrucción, el 20 de  noviembre  de  2003  se  calificó  el  mérito  del  sumario con resolución de  acusación  en  contra de los procesados como presuntos coautores de los delitos  de fraude procesal, falsedad en documento privado y estafa.   

Contra  el  calificatorio, la defensa de los  procesados  interpuso  recurso  de  reposición  y  en  subsidio  apelación. El  primero  fue resuelto mediante providencia del 20 de marzo de 2004 en el sentido  de  no  reponer  la  decisión  y, el segundo, que fue desatado por la Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal de Cali el 30 de septiembre ulterior, la modificó en  cuanto excluyó de la acusación el delito de estafa.   

El juzgamiento le correspondió al Juzgado 19  Penal  del  Circuito de la misma ciudad.  Dicho despacho, luego de imprimir  el  trámite legal correspondiente, dictó sentencia mediante la cual condenó a  FERNEY    y  JAIRO  RAMÍREZ  RODRÍGEZ  a  la  pena  principal   de   dieciséis   (16)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por un tiempo igual.  Del  mismo  modo,  los  condenó  al  pago  de perjuicios materiales por la suma de $  80.910.000,  al  tiempo  que  les  otorgó  el subrogado penal de la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

La anterior decisión fue confirmada el 19 de  febrero  del año en curso por el Tribunal Superior de Cali, a raíz del recurso  promovido   por   la  defensa  del  procesado  FERNEY  RAMÍREZ.    

Nuevamente  en  desacuerdo,  el mismo sujeto  procesal  interpuso  y  sustentó,  mediante  demanda, recurso extraordinario de  casación  discrecional.  Sobre  la admisión de ese escrito se ocupa la Sala en  esta providencia.    

LA DEMANDA  

          El  defensor del procesado FERNEY RAMÍREZ  RODRÍGUEZ  allegó demanda de casación, a través de  la  cual  formula  cuatro cargos contra el fallo recurrido, cuyo contenido es el  siguiente:   

          Primer cargo:   

          Lo  fundamenta  en  la  causal  tercera  de casación prevista en el  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, en tanto considera que la sentencia se  dictó en un juicio viciado de nulidad.   

Sostiene el actor que lo anterior se produjo  toda  vez  que  en la actuación había operado el fenómeno de prescripción de  la   acción  penal  en  relación  con  el  delito  de   fraude  procesal,  imputación  que  se dedujo por la Fiscalía de la inducción en error a que fue  sometido  el Secretario de Tránsito Municipal con base en la alteración de los  elementos  de juicio que daban cuenta de la supuesta venta del vehículo, lo que  se  tradujo  en  la  expedición  de un acto        administrativo contrario a la ley.   

A  juicio del demandante, el referido delito  se  encontraba  prescrito  antes  de  iniciarse  la  fase  del juicio porque, de  acuerdo  con  la jurisprudencia de esta Sala, dicho término comienza a correr a  partir   del  momento  de  la  ejecutoria  del  acto  administrativo  proferido,  situación  que  ocurrió  a  finales  de mayo de 1999, dado que ya no procedía  recurso  alguno  en  su contra, como así lo dispone el artículo 62 del Código  Contencioso Administrativo.     

          A  partir  de esa fecha, agrega, y hasta cuando cobró ejecutoria la  resolución  de  acusación,  fenómeno  que  a  su  vez  se  verificó el 30 de  septiembre  de  2004, habían transcurrido 5 años y 4 meses, de manera pues que  ya  había  operado  la  prescripción  de  la  acción penal por esta conducta,  situación  que  condujo  a  la  extinción  del  ius  puniendi por parte del Estado.   

Como  se continuó con el juicio no obstante  que  ya  no se contaba con la facultad legal de juzgar y mucho menos de condenar  por  esa  infracción,  el  actor estima que se quebrantó el debido proceso, lo  que   torna  ineludible  el  decreto  de  nulidad  de  la  actuación  procesal,  “ora  decretar  el  cese  de procedimiento por este  cargo   contra   la  administración  de  justicia”.   

          Segundo cargo:   

         

El  demandante  lo  fundamenta  en la causal  primera,  cuerpo  segundo,  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  a  consecuencia  de un error de  derecho por falso juicio de legalidad.   

         

Al  respecto,  comienza  por señalar que el  yerro  tiene  origen  en  la  declaración  contenida en el numeral cuarto de la  parte  resolutiva  del  fallo  impugnado  que  refiere  a  la condena al pago de  perjuicios materiales.   

          Indica  que  el  juzgador  incurrió  en  el  error  de apreciación  señalado  cuando  estimó la pericia a través de la cual se determinaron tales  perjuicios,  puesto  que  en  su  creación,  aporte al proceso y valoración se  violaron las normas que regulan esa materia.   

Sobre  el  particular,  recuerda  que  en la  resolución  de  acusación de segunda instancia a su defendido se lo radicó en  juicio      por      los      delitos      de      falsedad     en     documento  privado          y  fraude  procesal, al  tiempo  que  se  concluyó  la inexistencia del delito de estafa, por cuanto los  hechos,  las  pruebas  y  la  ley  conducían a la inexorable conclusión de que  “jamás  se ha cristalizado deterioro patrimonial a  la  sociedad  conyugal ilíquida que el señor FERNEY RAMÍREZ RODRÍGUEZ había  conformado  con  su  ex  consorte Nelly Ingá Tovar”,  puesto  que  en  su  condición  de copropietario de esa universalidad de bienes  contaba  con  la  facultad  legal  para su administración, la cual le permitía  vender  el  vehículo,  sin  que  con  ello  desbordara  la  cuota  parte que le  correspondía.   

Advierte  que  así  como esa decisión hizo  tránsito  a  cosa  juzgada  y  brindó  seguridad jurídica, de la misma manera  limitaba  el  margen  de controversia en el juicio, razón por la cual la prueba  pericial   emitida  por  la  investigadora  Esperanza  Montes   de   Rincón  al  dar  respuesta  a  algunas  inquietudes  de  la  parte civil acerca del producido neto de un taxi durante un  determinado  tiempo,  es  abiertamente ilegal “en la  medida  en  que  no  se  tuvo  oportunidad  de ser conocida por las partes ni de  someterse  a  la elemental controversia probatoria que debe darse en el ambiente  de debate propio de la vista pública”.   

Para sostener lo anterior, se basa en que la  aludida  probanza  fue allegada cinco días después de finiquitada la audiencia  pública  lo  que  impidió  que fuera conocida en su debida oportunidad por los  sujetos  procesales,  no  obstante  fue valorada por los juzgadores “para   liquidar   unos   perjuicios  inexistentes”,  violando  así  los  artículos 232, 235, 236, 254, 255 de la Ley  600  de  2000,  así como el principio de legalidad de la prueba contenido en el  artículo 6° de la Ley 599 del mismo año.   

Tercer cargo:  

Con fundamento en la misma causal invocada en  el   cargo   precedente,   precisa   que   el   fallo  incurre  en  “error  de  derecho  (sic) por  falso  juicio  de  identidad en la apreciación de determinada  prueba”.          

Refiere  que  el  juzgador  tergiversó  la  experticia  del  CTI  por  medio  de  la  cual  se estableció la utilidad de un  vehículo  de  servicio  público  en  un determinado lapso, al concluir que esa  suma  constituía  el  perjuicio directo de los delitos por los que se atribuyó  responsabilidad  a  su  defendido,  cuando en este caso no se adulteró la firma  del  denunciante  sino la del anterior propietario del automotor, situación que  “constituye  un  distorsionamiento  de proporciones  catedralicias  respecto  del  sentido  de  este  medio  de prueba”.   

Además, porque se desconoció que ya había  adquirido  fuerza  de cosa juzgada el argumento de la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  contenido  en  la  preclusión  de  investigación  en  favor  de  los  procesados  por  el  delito  de estafa, en el sentido de que su defendido estaba  autorizado  legalmente  para vender el vehículo, por lo que no estaba facultada  esa  autoridad en el fallo recurrido para asignarle crédito a la aludida prueba  con  el  objeto  de  determinar un supuesto detrimento patrimonial por ese mismo  delito.   

De esa forma, añade, el juzgador se apartó  de   los   artículos  232,  inciso  segundo,  235  y  257  de  la  Ley  600  de  2000.        

Cuarto cargo:  

Lo presenta con sustento en la causal segunda  de  casación  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  pues estima que  “la  sentencia no guarda consonancia con los cargos  formulados      en      la      resolución     de     acusación”.   

Destaca  el  libelista  que  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal de Cali a través de la providencia calificatoria de  segunda  instancia concluyó la inexistencia del delito de estafa y descartó el  supuesto  detrimento  patrimonial  del  haber de la sociedad conyugal conformada  por  la  denunciante y su defendido, decisión que hizo tránsito a cosa juzgada  y   delimita   los   cargos   por   los   que   se   llamó   a   juicio  a  los  procesados.   

A  pesar  de  ello,  agrega,  el  fallador  desconoció  el  marco  fáctico  de esa providencia cuando señaló que se hizo  valer  la  propiedad  del  vehículo ante el Juzgado de Familia con el objeto de  excluirlo de la aludida sociedad conyugal.   

Por consiguiente, colige que en la sentencia  impugnada  no se dedujo el delito de fraude procesal de la inducción en error a  la  autoridad  de  tránsito  para  que  emitiera  el  registro  de la venta del  automotor,   sino   de  la  oposición  efectuada  a  su  embargo,  “situación  que  genera  una  inconsonancia  fáctica  entre los  episodios  que  soportaron  la  acusación  y  aquellos por los cuales se dictó  sentencia de condena”.   

Adicional  a  lo anterior, puntualiza que el  fallo  también se apartó de los presupuestos fácticos de la acusación porque  en  esta última se indicó que fue perfectamente legal la venta del vehículo y  que no hubo detrimento patrimonial.   

En el capítulo final del libelo, solicita de  la  Sala  casar  la  sentencia impugnada “para en su  lugar  decretar  la  cesación  de  procedimiento  frente  al  cargo  de  fraude  procesal   en virtud de la prescripción de la acción penal, y decretar la  nulidad  de la sentencia para en su lugar proferir una acorde con los postulados  de legalidad que deben inspirarla”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

Cuestión  previa:            

El  defensor  del  procesado  FERNEY   RAMÍREZ   RODRÍGUEZ  elige  la  denominada   vía   discrecional   o   excepcional   para   acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  sin  reparar que en este evento no era necesario  acudir  a ella por cuanto procedía la impugnación tradicional, situación que,  aun  cuando por sí misma no da  al traste con la admisibilidad del libelo,  importa  precisar  a  fin de establecer cuáles son los parámetros que se deben  tener         en         consideración         para        acometer        este  estudio.        

   

Ciertamente,   examinadas  las  diferentes  normatividades   procesales   que   han   regulado   la  procedencia  del  medio  extraordinario  de  impugnación  desde  la fecha en que tuvieron ocurrencia las  conductas  por  las que se procede, esto es, en el mes de mayo de 1999, se tiene  que  el  delito  de  falsedad en documento privado por el cual se condenó a los  procesados  cumple  con el requisito punitivo exigido para acudir a la casación  normal o tradicional.        

A  esa  conclusión  se  llega  porque  de  conformidad  con el artículo 218 del Decreto 2700 de 1991, modificado por el 35  de  la  Ley 81 de 1993, primer ordenamiento procedimental vigente a partir de la  fecha  aludida,  el  recurso  extraordinario  de  casación procedía contra las  sentencias  “proferidas  por  el Tribunal Nacional,  los  Tribunales Superiores del Distrito Judicial y el Tribunal Penal Militar, en  segunda  instancia,  por  los  delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad   cuyo   máximo   sea   o  exceda  de  seis  (6)  años”.     

En el evento que ocupa la atención, es claro  que  la  sentencia de segunda instancia fue proferida por una de las autoridades  señaladas  en  la  norma,  como en efecto lo es el Tribunal Superior de Cali, y  que  el delito de falsedad en documento privado se sancionaba, también para esa  misma  época,  con  una  pena máxima de seis (6) años de prisión, de lo cual  emerge  diáfano  que  el  demandante  podía acceder al medio extraordinario de  impugnación  sin  necesidad  de  acudir  a la posibilidad prevista en el inciso  tercero     de    esa    misma    norma,    según    la    cual    “de  manera excepcional, la Sala Penal  de  la Corte Suprema de Justicia, discrecionalmente, puede aceptar un recurso de  casación  en  casos  distintos  de  los  arriba  mencionados,  a  solicitud del  Procurador,  su  delegado, o del Defensor, cuando lo considere necesario para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales”.   

En  ese  sentido,  cabe  agregar  que  no es  incidente  que  las  normativas  procesales  posteriores  hayan  incrementado la  exigencia  punitiva  para   acceder  al  recurso  extraordinario  para  los  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda  de  ocho (8) años, como a la postre sucedió con el artículo 1° de la Ley 553  de  2000  que  modificó  la  misma preceptiva y el actual 205 de la Ley 600 del  mismo  año,  que  reprodujo  esa  exigencia,  pues  se  trata de una preceptiva  procesal  de  carácter  sustancial  que  impone  su  aplicación ultractiva por  favorabilidad de la ley penal.   

Por lo mismo, tampoco tiene relevancia que el  delito  de  fraude procesal, concurrente en este caso con el delito contra la fe  pública,  no  satisfaga  el  condicionamiento  punitivo,  pues  por tratarse de  delitos  conexos  la  posibilidad  de  acudir al recurso, como lo tiene dicho la  Sala, se hace extensiva para todos.   

Ahora  bien, como no hay duda que por ser la  vía  tradicional menos exigente que la excepcional en punto de la admisión del  libelo  de  casación,  se  impone reconocer que en el caso objeto de estudio el  recurso  extraordinario  no  debía  sujetarse  a los requisitos de esta última  sino  de  aquella.  Por  consiguiente,  de  conformidad con sus presupuestos, se  analizará la demanda presentada.   

Análisis   de   los   presupuestos   de  admisibilidad:   

Sobre  el  particular, encuentra la Sala que  los  cargos  primero  y  cuarto  de la demanda objeto de estudio, propuestos con  fundamento  en las causales tercera -por violación al debido proceso- y segunda  de  la  Ley  600 de 2000 -por incongruencia entre la resolución de acusación y  el  fallo-,  respectivamente, cumplen con la exigencia de contar con una mínima  exposición  lógica  y  debidamente  argumentada  en  orden  a  su  claridad  y  precisión,  a  voces de lo normado en el artículo 225 del Decreto 2700 de 1991  (212  de  la Ley 600 de 2000) para su admisión, lo que no ocurre con respecto a  los  reproches  segundo y tercero, en tanto es evidente que el impugnante carece  de  interés  para  plantear  los  temas  que  ventila,  como a continuación se  verá.   

En  relación  con  estas  censuras,  impera  señalar  prima facie que su  objeto  está  orientado  a  cuestionar  la condena en perjuicios impuesta en el  fallo.   Así  lo  reconoció  expresamente  el  casacionista en el segundo  cargo  que  promovió  al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo segundo, del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  200,  al señalar, desde su inicio, que la  inconformidad  radica  “en  el numeral cuarto de la  parte  resolutiva  de la condenación al pago de perjuicios materiales derivados  de  las  supuestas  infracciones  contra  la administración de justicia y la fe  pública”,   propósito   que   se  refleja  en  el  desarrollo  del  reproche al pretender demostrar que el juzgador incurrió en un  yerro  de  apreciación  probatoria  del  dictamen  pericial  que, como el mismo  censor     lo    admite,    precisamente    sirvió    de    base    para    esa  ponderación.      

Y  aunque  no  con  la misma claridad de ese  cargo,  también  se  evidencia igual cometido en el tercero, a través del cual  también  se  acude a la causal de violación indirecta de la ley, pero esta vez  por     “error     de    derecho    (sic)  por falso juicio de identidad en la  apreciación de determinada prueba”.   

Lo anterior se afirma porque este reparo, en  esencia,  es  igual  al  segundo  de la demanda, aun cuando se haya seleccionado  para  su desarrollo otro error de valoración  probatoria.  En efecto,  nótese  que,  de  la  misma  forma que el precedente, se dirige, con los mismos  argumentos,  a  cuestionar la apreciación de la referida probanza, esto es, del  dictamen  pericial  por medio del cual los sentenciadores establecieron el monto  de los perjuicios materiales.   

El  propósito  de  este  cargo,  sin  duda  encaminado  a  atacar  el  aspecto  relacionado  con  la  condena en perjuicios,  deviene  también  de  la  referencia que el defensor efectúa del artículo 170  del  estatuto procesal penal y, específicamente, de su numeral 6°-disposición  que  el  libelista  transcribe-,  en cuanto exige como requisito de la sentencia  que    contenga    “los   fundamentos   jurídicos  relacionados  con  la  indemnización  de  perjuicios,  en  los  eventos  en que  proceda”,   a   lo   que,   acto   seguido,  agrega  expresamente   que   el   yerro   alegado   se  produjo  dado  que  “merced  al  desacierto  en  la  valoración  del medio de prueba  pericial  ya  mencionado  termina por dar aplicación a una norma sustancial que  como  el  art.  56 de la Ley 600 de 2000 señala que demostrada la existencia de  perjuicios  provenientes del hecho investigados, se procederá a liquidarlos y a  condenar    la    pago    de    los   mismo   en   la   sentencia”.   

Igual  sucede  en  la  parte  final  de  la  censura,    en   la   que   se   sostiene   que   el   desacierto   “cuya  incidencia  en  el  fallo es incuestionable”,  se  presenta  porque  “no se menciona  absolutamente  nada  distinto  al  uso del rodante como plataforma para decantar  la  cristalización  de  unos  supuestos  perjuicios  materiales,  lo  que,  se  insiste,  conlleva  a que se aplique indebidamente el  inciso  final  del  art.  97  del Código Penal, el cual ordena que ‘los  daños materiales deben probarse  en   el   proceso’…”  (subrayas   fuera   del  texto  original)   

De   las   anteriores  referencias,  pero  especialmente  del  contexto integral de los reparos, emerge claro que lo único  que  pretende  el actor a través de los cargos segundo y tercero de la demanda,  aun   cuando   entremezcle  otros  aspectos,  es  discutir  en  derredor  de  la  indemnización  de  perjuicios  decretados  en  la  sentencia impugnada, en cuyo  caso,  como  lo  exige  el  artículo  208  de  la  Ley  600 de 2000, el recurso  extraordinario  “deberá  tener como fundamento las  causales  y  la  cuantía  establecidas  en  las normas que regulan la casación  civil,   sin   consideración   a   la   pena   señalada   para   el  delito  o  delitos”.   

Pues  bien,  en  el  asunto  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala,  pronto  se  colige  que  el libelista no acudió a las  causales  que  rigen  la  casación  civil,  desacierto  que no reviste de mayor  trascendencia  si,  como  se  ha  dicho  reiteradamente,  la  causal  primera de  casación  invocada  por  el  actor  es  sustancialmente similar en las materias  civil y penal.   

Sin embargo, lo que resulta determinante en  detrimento  de su admisibilidad, es que en este caso la pretensión contenida en  los  dos  cargos no colma la cuantía exigida para acceder a la casación civil,  lo  cual  indica  que  el  demandante  carece  de interés en relación con esas  propuestas.   

Antes  de  abordar  ese análisis, conviene  acotar  que  la  Corte  Suprema de Justicia, tanto en su Sala de Casación Civil  como  en  la  Penal, han sostenido que la cuantía del interés para recurrir en  casación  se  determina  por la fecha del fallo de segunda instancia, porque en  últimas  es la decisión objeto de la impugnación extraordinaria, en tanto que  allí  se decide si se impone la afectación patrimonial cuya cuantía habrá de  determinar  la  viabilidad  jurídica  de  censurar  el  fallo  en  este aspecto  específico1.   

Por  otro  lado, el valor de la resolución  desfavorable  al  recurrente a que refiere la disposición, puede emanar bien de  la  diferencia  entre  lo  pedido por el demandante y lo negado por el juez, ora  entre  las sumas fijadas en las sentencias de primera y segunda instancia, y esa  diferencia  es  la  que se ha de confrontar con la cuantía fijada por la ley al  momento de dictarse el fallo impugnado.   

Clarificados lo puntos anteriores, se tiene  que  de  conformidad  con  el  artículo 366 del Código de Procedimiento Civil,  modificado  por  el  1°  de  la  Ley 592 de 2000, el recuso de casación en esa  especialidad  procede  “cuando el valor actual de la  resolución   desfavorable   al   recurrente   sea  o  exceda  de  cuatrocientos  veinticinco    (425)    salarios   mínimos   legales   mensuales”.   

   

Dicho  monto,  para  la  fecha del fallo de  segundo  grado   impugnado  (febrero  19 de 2007), ascendía a la suma de $  184.322.500,  si  se  tiene  en cuenta que el salario mínimo para este año fue  fijado  en  $  433.700,  según  el  Decreto  4580  de  2006  ($433.700  x 425 =  $184.322.500),  la  cual  es muy superior al monto actualizado para el año 2007  de  los  $ 80.910.000 por el que fueron condenados los procesados en el fallo de  primera  instancia  de fecha febrero 9 de la anualidad anterior, por concepto de  los perjuicios materiales.   

Así  las  cosas,  la  Sala  llega  a  la  conclusión  de  que  el recurrente carece de interés jurídico respecto de los  cargos  referidos  que  versan  sobre  la  indemnización  de los perjuicios por  cuanto  la  cuantía  de su pretensión es inferior a la prevista legalmente, lo  que  de  contera  conduce  a  su  inadmisión,  por ser la consecuencia procesal  señalada  en  el artículo 226 del Decreto 2700 de 1991 (en similares términos  213  de  la  Ley 600 de 2000), según la cual “Si la  demanda  no  reúne  los  requisitos,  se  declarará  desierto  el recurso y se  devolverá  el  proceso al tribunal de origen.”    

         En  consideración  a lo expuesto, se procede a inadmitir la demanda  en  cuanto  a  los cargos segundo y tercero y a admitirla sólo en relación con  el primero y cuarto.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  los  cargos  segundo  y  tercero  de  la  demanda presentada por el defensor del  procesado   FERNEY  RAMÍREZ  RODRÍGUEZ,     por     las     razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

         

2.  ADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el mismo sujeto procesal únicamente en lo  que  concierne  a  los reproches primero y cuarto, como se dejó precisado en la  parte considerativa de esta providencia.   

En  consecuencia,  se  ordena  remitir  la  actuación  a la Procuraduría Delegada para que emita concepto en relación con  estos  cargos,  de  conformidad con lo dispuesto en el artículo 226 del Decreto  2700 de 1991.   

         Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          MARÍA   DEL  ROSARIO      GONZÁLEZ      DE      LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                    MAURO               SOLARTE  PORTILLA           

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1 Auto  marzo  8/99,  rad.  7475,  Sala  Civil,  y  autos Nov.19/96, rad. 11.637 y abril  25/02,   rad.  14495,  de  esta  Sala,  entre  otros.     

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