27672(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27672  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 245  

Bogotá, D. C., cinco (5) de diciembre de dos  mil siete (2007).   

V I S T O S  

La  Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ALEXANDER  AUGUSTO AREIZA CHAVARRÍA.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Los hechos fueron sintetizados por el  juzgador de primera instancia de la siguiente manera:   

“Se  presentaron  el día 29 de abril de 2005 a eso de las diez de la  noche  (10:00  p.  m.)  cuando  el  señor  JESÚS ALBERTO OCHOA VÉLEZ recibió  varios  impactos de arma de fuego que le quitaron la vida casi de inmediato y en  momento  en  que  se  encontraba  en su negocio ubicado en la carretera troncal,  sitio  conocido  como  Lavadero El Turco, zona semi-urbana de Santa Rosa de Osos  (Antioquia).  Dichos  disparos fueron realizados directamente por VÍCTOR JOBANY  RESTREPO  RESTREPO, quien para ese momento era acompañado de PABLO JAMER OROZCO  GÓMEZ, quien conducía una motocicleta.   

“Ejecutado  el  crimen,  estos  dos  sujetos  huyeron en la motocicleta hasta el sitio Hoy Rico,  corregimiento   ubicado   en  la  zona  rural  de  esta  municipalidad  y  donde  previamente  se  había  acordado  reunirse  con otros de los partícipes de los  hechos,  los  cuales  los  habían  contratado  previamente, a efectos de dar el  parte de lo ocurrido.   

“Los móviles del  crimen  obedecieron,  al  parecer,  a  la  enemistad  grave que de tiempo atrás  tenía  sobre  el  hoy  occiso  y  el  señor  SÁNCHEZ PÉREZ por unas lesiones  personales   que  se  habían  provocado,  por  lo  que  este  último  ofreció  públicamente  la  suma  de  dos millones de pesos ($2.000.000) para quien diera  muerte a OCHA VÉLEZ.   

“Fue  así  como  NAVARRO  WARNES  se contactó con SÁNCHEZ PÉREZ y ultimó detalles económicos  con  éste, procediendo aquél a encargarse de conseguir el arma y demás medios  logísticos    para   ejecutar   el   crimen   el   cual   se   agotó   en   su  integridad”.   

2.  El Juzgado Promiscuo del Circuito de  Santa  Rosa  de  Osos,  mediante sentencia fechada el 29 de agosto de 2006 y con  base  en  la  resolución  de  acusación  proferida  el  23  de marzo anterior,  condenó a los siguientes acusados, así:   

2.1.  Efraín de Jesús Sánchez Pérez a  la  pena  principal  de  37  años  y  3  meses  de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso  de  20  años,  como  determinador de los delitos de homicidio agravado y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

2.2.  William Antonio Navarro Warnes a la  pena  principal de 31 años de prisión y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el lapso de 20 años, como  determinador  de  los  delitos  de homicidio agravado y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

2.3.  Pablo Jamer Orozco Gómez a la pena  principal  de 29 años y 6 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el lapso de 20 años,  como  coautor  de  los  delitos de homicidio agravado y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

2.4.  Alexander  Augusto  Areiza  Chavarría  a la pena principal de 12  años  y  6  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena  privativa  de la libertad, como cómplice de los delitos de homicidio agravado y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

3.   Apelado  el fallo por el fiscal, el  Ministerio  Público y los defensores de los procesados, el Tribunal Superior de  Antioquia,   el   20   de  noviembre  de  2006,  lo  confirmó,  “con  la REFORMA  de  la  pena corporal impuesta a los justiciables, la que en definitiva queda en  28  años  y  6  meses  de  prisión para cada uno de Efraín de Jesús Sánchez  Pérez,  William  Antonio  Navarro  Warnes y Pablo Jamer Orozco Gómez; y en 146  meses  y  20  días de prisión para Alexander Augusto  Areiza  Chavarría,  término  al  que  se  reduce la  duración  de  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones   públicas   para   el   último   de   los   mencionados”.   

Contra  esta  determinación,  el defensor de  Alexander   Augusto  Areiza  Chavarría  interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA      DEMANDA      DE   CASACIÓN   

El   defensor   del   procesado  Areiza Chavarría, al amparo de la causal  primera   de   casación,   presenta   dos   cargos   contra  la  sentencia  del  Tribunal.   

Primer cargo  

Acusa  al  sentenciador de haber incurrido en  “violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  toda vez que el fallador  aprecia       erróneamente       una      prueba      (testimonial)”.   

Sostiene   que   las  conclusiones  de  los  juzgadores  respecto  de su procurado son equivocadas, toda vez que Areiza     Chavarría    “jamás    pudo    actuar    como    cómplice    del    delito   de  homicidio”,  pues,  en  su criterio, no se probó el  elemento subjetivo de la conducta punible, es decir, el dolo.   

Afirma  que  en  este  caso  “recurre   a   la   especulación  como  forma  de  ir  ‘atando        cabos’  por parte de la fiscalía que, a la  postre,   surte  los  primeros  efectos  al  lograr  establecer  algunos  hechos  indicadores  que  se  iban  cotejando con otros supuestos fácticos hasta lograr  establecer  unos  indicios leves sobre algunas circunstancias de modo y lugar en  que       se       sucedieron      los      infortunados      hechos”.   

Recuerda  que,  con  base  en  los  informes  rendidos  por los organismos de seguridad, el Ministerio Público solicitó a la  fiscalía  que  se  abstuviera  de  dictar  medida de aseguramiento en contra de  Areiza Chavarría, situación  que,   en   su  opinión,  permite  concluir  que  desde  ese  momento  procesal  “surgen  muchas  dudas  frente  a  la calificación  sumarial  de los hechos y el grado de participación”  de  su defendido, aspecto que lleva a inferir que los funcionarios judiciales no  leyeron los informes de octubre de 2005.   

Estima que los errores en la valoración de la  prueba   generaron   confusión   respecto  de  los  determinadores,  autores  y  colaboradores   en   la   comisión   de  los  hechos,  lo  que  “a  la  postre exculpa a Alexander Areiza, gravitando en su favor la  presunción  de  inocencia”, máxime su representado  no  conducía  ninguna  motocicleta  ni Orfidia facilitó el arma con la cual se  causó  la  muerte  de  Ochoa Vélez, “todo era mera  especulación   y  fascinación  por  parte  de  los  investigadores”,  además  de que, en su criterio, se violó el debido proceso y  el  derecho  de  defensa  en  el  instante  en  que se le capturó y vinculó al  proceso  “con  el señalamiento vago e impreciso de  los investigadores”.   

Luego de citar algunos apartes de la sentencia  impugnada  y  de  hacer  una  breve  conceptualización jurídica respecto de la  forma    como    se   estructura   “el   cómplice  necesario”,  asevera  que la fiscalía no interrogó  debidamente    a    las    personas   que   injustamente   incriminaron   a   su  procurado.   

Añade  que  “la  forma  como  se  vinculo  a Areiza y con la prueba que se vinculó se vulneraron  los   artículo   232,   238,   277,  286,  322  y  355  del  C.P.P.”.   

Segundo Cargo (subsidiario)  

Afirma   que   el   Tribunal  incurrió  en  “violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por  error     de     hecho     por     falso    juicio    de    identidad, al darle el alcance e inteligencia que  no  corresponde  a  un trascendental medio de convicción obrante en el proceso.  El  error  de  hecho,  se  deriva porque el sentenciador le ha dado un contenido  fáctico  a  los  testimonios  de  las distintas injuradas un alcance y sobre el  cual   toma   decisiva   evidencia   para   desestimar   los  argumentos  de  la  defensa”.      

Después  de  transcribir  apartes  de  los  argumentos   que  presentó  en  la  sustentación  del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  la sentencia de primera instancia, sostiene que el Tribunal  se    equivoca    cuando   “interpreta   los   contenidos  de  las  injuriosas  acusaciones  de  que era objeto ALEX sin que existiera una prueba que respaldara  esos  asertos  no  detectando  la  CONFABULACIÓN  urdida en contra de este para  ellos limpiarse”.   

Sostiene  que  la fiscalía no investigó con  celo   y   profesionalismo   las   aseveraciones   de  todos  los  coprocesados,  limitándose  a  la  conjetura  y a la imaginación, dando por establecidos unos  hechos, una responsabilidad y una participación que no existió.   

Agrega que “cuando  se  amplían las indagatorias de Víctor y Alexander se descubre el ‘eje       temático’   de   la  manera  aproximada  como  sucedió  el crimen de Ochoa Vélez. Si no es por esta colaboración tan valiosa  otra  hubiera sido la suerte de este proceso dada la pobreza de pruebas directas  durante  la  instructiva.  Sin embargo, esas pruebas no gravitan en contra de mi  defendido.  Por  el contrario, existen contraindicios de su inocencia y ajenidad  con los hechos investigados”.   

Estima que si no se hubiese cometido el yerro  denunciado,  necesariamente  se  habría concluido por parte del sentenciador en  la  existencia del instituto de la duda a favor de su procurado, toda vez que la  valoración    de    los    medios    de    convicción    se    “apartó    de    los   postulados   de   la   lógica   y   de   la  experiencia”.   

Por   último,   estima   que  el  Tribunal  transgredió  el  principio  igualdad, por cuanto que a su defendido  se le  hizo  una  rebaja  de  pena muy inferior al realizado a los demás sentenciados,  además  de que en lugar de ser condenado como cómplice de los citados delitos,  se le debió imputar el delito de omisión de denuncia.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar el  fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

Se hace imperioso recordar que la casación es  un  recurso  de  naturaleza  extraordinaria  y  rogada,  motivo  por  el cual el  legislador  estatuyó  las  causales  por  las  que resulta procedente atacar la  presunción  de  acierto  y legalidad con que viene amparada la sentencia a esta  sede.  De  igual  modo,  dada  las  citadas características de la impugnación,  también  la  legislación procesal contempla los mínimos presupuestos lógicos  y  argumentativos  que  debe cumplir el escrito, cuya inobservancia conduce a su  inadmisión.   

En el caso que ocupa la atención de la Sala,  surge  evidente  que la demanda de casación presentada a nombre de Alexander  Augusto Areiza Chavarría carece  de  la  claridad  y  precisión  requeridas,  al  punto que las hipótesis allí  planteadas  no  son  más  que  una  abierta  disparidad  de  criterios  con las  conclusiones  adoptadas en el fallo impugnado, sin que evidencie y demuestre, de  manera metodológica, la trascendencia de los yerros denunciados.   

Así,   en  ambos  cargos  el  actor  no  indicó las normas sustanciales  transgredidas,  como  tampoco  precisó  el  sentido  de  su quebrantamiento, es  decir,  si  lo  fueron  por  falta de aplicación o por aplicación indebida, ni  precisó  ni se infiere del desarrollo de las censuras, por qué el juzgador las  transgredió al momento de elaborar el juicio de derecho.   

De  igual  manera,  en cuanto al primer  cargo,  si bien es cierto el actor  acusa  al  Tribunal de haber violado, de manera indirecta, la ley sustancial por  error  de  derecho  generado en un falso juicio de legalidad, también lo es que  la  demostración  del reproche se aparta totalmente de la hipótesis casacional  planteada.   

En  efecto,  pese  a  que  la  formulación  jurídica  del ataque está dirigida a cuestionar la legalidad de alguna prueba,  la  sustentación  del mismo no contiene ninguna referencia frente a  dicho  planteamiento,  pues  en  lugar  de  de  precisar  cuál  o  cuáles  medios  de  convicción  fueron  aducidos  con desconocimiento de las normas procedimentales  que  condicionan su validez y cómo tales yerros impidieron la absolución de su  defendido  a  través  del  reconocimiento  de  la  existencia del instituto del  in dubio pro reo, dedicó el  discurso  a  afirmar  que la investigación  estuvo apoyada “en   la   suposición,  conjetura  y  fascinación  mental  de  los  funcionarios”,  o  que  desde  el  momento en que el  Ministerio  Público solicitó a la fiscalía que se abstuviera de dictar medida  de    aseguramiento    en    contra    de    su    procurado,    “surgieron  muchas  dudas  frente a la calificación sumarial de los  hechos   y   el   grado  de  participación  de”  su  defendido,  o que “todas esas apreciaciones de hecho  equivocadas  y  alejadas  de  la realidad sólo sirvieron para confundir y crear  todo     tipo    de    suspicacias”,    etcétera,  argumentaciones  que, sin duda, no comulgan con el falso juicio de legalidad que  apoya  el   primer cargo.   

En  otros términos, la labor demostrativa de  la  censura  la  centró  en imponer su personal valoración de los elementos de  juicio  obrantes  en  el proceso, concluyendo que su defendido no es responsable  de  la  conducta  punible  de  homicidio  o,  por  lo  menos,  que la duda es el  instituto  que,  en  su criterio, debió aplicarse en este asunto, desconociendo  que  la  simple   disparidad de criterios no constituye error demandable en  casación,  toda  vez  que  el  juzgador,  dentro  del  método  de  persuasión  racional,  goza  de  libertad para apreciar los elementos de juicio válidamente  allegados  a  la  actuación,  sólo  limitado por las reglas que estructuran la  sana  crítica,  sin  que,  en  este  caso,  el  actor haya demostrado cómo las  pruebas fueron ilegalmente practicadas y aducidas.   

Como si lo anterior fuese poco, resulta fácil  advertir  que  el  censor transgrede el principio de autonomía, según el cual,  al  interior  de  un mismo cargo no se pueden mezclar ataques correspondientes a  causales   distintas,  pues  cada  una  cuenta  con  características  y  reglas  técnicas   de   demostración  diferentes  y  producen  diversas  consecuencias  jurídicas,  postulado  que  pasa  por alto cuando en este reproche transita, de  manera  simultánea,  por la causal tercera, al plantear que se violó el debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa  en el instante en que a su defendido se le  capturó   y   vinculó   al   proceso   “con   el  señalamiento    vago    e    impreciso    de   los   investigadores”,  reparo  que ha debido formular de manera separada y respetando  el principio de prioridad.   

Por   su   parte,   en    cuanto   tiene      que      ver     con     el     segundo    cargo,    se    hace  necesario    recordarle    al    actor   que   el   falso      juicio      de      identidad     “tiene  lugar  cuando el juzgador se equivoca al apreciar la prueba,  dado  que,  obrando  en  el  proceso,  al  valorarla  distorsiona  su  contenido  cercenándola,  adicionándola o tergiversándola, caso en el cual está llamado  a   señalar   mediante    el   cotejo   objetivo   de   lo   dicho   en  el  medio  probatorio  y  lo  asumido  en  el  fallo,  qué  aparte  fue  omitido o añadido a la prueba, qué  efectos  se  produjeron  a  partir  de  ello  y, lo más importante, cuál es la  trascendencia   del   yerro  en  la  declaración   de   justicia   contenida   en   la  parte  resolutiva de la  sentencia  atacada,  tópico  que  no  puede  ser  demostrado con la exposición  subjetiva  del criterio del impugnante acerca del valor que corresponde al medio  de  prueba  que  estima  tergiversado,  pues  menester resulta que materialmente  acredite  que  el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación  indebida  de  la ley sustancial en el fallo, esto es, que corregido el yerro, la  prueba  debidamente valorada en conjunto con las demás modifica sustancialmente  el  sentido  de la decisión reprochada”.1   

En  otras  palabras,  el  falso  juicio  de  identidad,  sentido  propio  del  error  de  hecho, se demuestra confrontando el  contenido  del medio de prueba con la lectura que de su texto hizo la sentencia,  con  el fin de evidenciar que entre uno y otro no existe coincidencia, y que los  jueces  de  instancia  dicen  de  la  prueba  lo que en ella no se afirma siendo  indispensable,  además,  atacar toda la base probatoria que sirve de sustento a  la  decisión  a  fin  de  derruir la presunción de acierto y legalidad con que  viene amparado el fallo.   

Así, resulta claro que el libelista no acató  las  anteriores  premisas,  pues  si  bies  es  cierto  que  acusa la violación  indirecta  de  la  ley sustancial por error de hecho generado en un falso juicio  de  identidad,  también  lo  es  que  no  relacionó  las pruebas sobre las que  recayó  el  yerro,  ni  precisó,  de  manera concreta, cuáles partes de ellas  fueron   dejadas   de   lado,   omitidas   o  tergiversadas,  ni  evidenció  la  trascendencia  del  mismo  frente a la parte resolutiva del fallo impugnado, sin  olvidar  que tampoco correlacionó dicho error de apreciación con los restantes  medios   de   convicción   que   sirvieron   de   fundamento   al   juicio   de  reproche.   

Por el contrario, alejándose de la hipótesis  enunciada,  dedica  su  discurso a afirmaciones tales como que el juzgador   “se  equivoca  cuando  interpreta los contenidos de  las  injuriosas  acusaciones de que era objeto ALEX”,  o  que  todo  fue  producto  de  la  “confabulación  urdida  en  contra  del  procesado”,  o  que  se  le  “desconoció  lo  favorable  y  se  le enrostró lo  desfavorable”, o que “no  se  advierte  en él un dolo específico de causar la muerte a nadie”,  o  que  “existen contraindicios de  su inocencia”.   

Como  se  advierte,  la  inconformidad  del  libelista  radica  en  la credibilidad positiva o negativa que los juzgadores le  otorgaron    a    las   pruebas   incorporadas    al    proceso,   olvidando,     como     ya    lo    indicó    la   Sala,   que  la simple  disparidad  de  criterios   no  constituye  yerro  demandable en casación.   

Ahora  bien,  si  la inconformidad del censor  estaba  destinada  a  demostrar  una  transgresión de los postulados de la sana  crítica,  aspecto que se deduce cuando afirmó que la valoración de los medios  de  convicción  se “apartó de los postulados de la  lógica  y  de  la  experiencia”, ha debido fundar el  ataque  a  través del error de hecho por falso raciocinio, señalando cuál fue  la  regla  de  la  lógica,  de  la  ciencia  o  de la máxima de la experiencia  vulnerada,  de  qué  manera  lo fue y su incidencia en la parte dispositiva del  fallo, labor que tampoco emprendió.   

Por  último,  la abstracta y abreviada queja  del   actor   relativa   a   la   pena   impuesta   al   procesado  Areiza  Chavarría  y a la adecuación  típica  del  delito por el cual fue condenado, por ser dos aspectos que carecen  de  la debida fundamentación, argumentación  y demostración, la Corte no  puede  hacer  ningún  pronunciamiento,  dado  el  postulado de limitación que rige el recurso de casación.   

En  esas condiciones, al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que  el  estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  ALEXANDER  AUGUSTO AREIZA CHAVARRÍA. En consecuencia,  se   declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                             JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                     

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                             JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                     

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

         Secretaria   

    

1 Ver,  entre  otras  decisiones, casaciones 23032 del 22 de junio de 2005; 29519 del 22  de  septiembre  de  2005;  29474  del  22 de septiembre de 2005; 23932 del 26 de  octubre de 2005 y 20830 del 23 de noviembre de 2005.     

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