27650(20-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27650  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                               

          Aprobado  Acta N°  102   

          Bogotá, D. C., veinte de junio de dos mil siete.   

VISTOS  

Con  el  fin de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  el  Art. 212 del C. de P. Penal, examina la  Corte  las  demandas de casación presentadas por los defensores de JUAN  CARLOS  MEJÍA  TOSCANO y  JOSÉ DAVID AMORTEGUI FORERO,  contra  la  sentencia  de  segundo grado  proferida  el  30  de  octubre  de  2006  por  el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cartagena,  que  modificó la que dictó el 28 de abril de 2003 el  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de esa ciudad en contra de los citados  procesados,  entre  otros, en el sentido de condenar al primero de los nombrados  en  calidad  de  coautor, en vez de cómplice, de violar los Arts. 33 y 38 de la  Ley  30  de 1986, reformada por la Ley 365/97, Art. 17, fijándole en definitiva  como  pena principal la de 13 años y 6 meses de prisión y multa en cuantía de  2000  s.m.l.m.v.,  y  la  accesoria  de  interdicción   en el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por término similar al de la restrictiva de la  libertad.  En  tanto  que  respecto  del  segundo  revocó la absolución que el  A-Quo  había impartido a su  favor  en relación con el delito de espionaje, para en su lugar condenarlo como  responsable  por dicha conducta punible, en concurso con la de infracción a los  Arts.  33  y 38 de la Ley 30 de 1986, reformada por la Ley 365/97, Art. 17, a la  pena  principal  de  17  años  y  6 meses de prisión, multa equivalente a 2000  s.m.l.m.v.,  y a la accesoria de interdicción  en el ejercicio de derechos  y   funciones   públicas   por   igual   lapso   al   de  la  privativa  de  la  libertad.        

HECHOS     Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

          En    el    fallo    del    Tribunal,    se    hizo   la   siguiente  síntesis:   

“La  presente  investigación  se  inició  a  raíz  de los resultados de la orden dada por la  Fiscalía,  a  petición  del Departamento Administrativo de Seguridad DAS, para  la  interceptación  de  líneas  telefónicas convencionales en las ciudades de  Cartagena  y  Cali  y  de  unas  línea  celulares, interceptaciones debidamente  diligenciadas  y  autorizadas  por  autoridad competente, mediante las cuales se  tuvo  conocimiento  de la venta de coordenadas de las posiciones de barcos de la  Armada  Nacional  y extranjera que patrullaban el mar Atlántico, realizadas por  el  señor  JOSÉ  DAVID AMORTEGUI FORERO, en su calidad de capitán retirado de  la   referida   entidad,   por   valor   aproximado   de  un  millón  de  pesos  ($1.000.000.oo)  cada  una,  detectándose  el  día  31  de  julio  de  2000 la  interceptación  de  una  conversación que dio origen al decomiso de 400 gramos  (sic)  -léase  kilogramos-  de  cocaína  que  iban  a  ser  enviados  dentro de un contenedor de víveres a  Mozambique   en   un   cargamento   de   ayuda  humanitaria,  habiéndose  hecho  imputaciones  en  relación  con  este  asunto  contra  los señores JOSÉ DAVID  AMORTEGUI,  capitán retirado de la Armada Nacional, JUAN CARLOS MEJÍA TOSCANO,  el  señor  ROBERTO  JAVIER  PADILLA  OSORIO,  este  último  encargado  de  los  trámites   de   exportación  y  GUSTAVO  POLO  COGOLLO,  empleado  de  PADILLA  OSORIO.”   

Tras   haberse   agotado   la   etapa   de  investigación  preliminar, se decretó formal apertura de instrucción y a ella  se  vinculó mediante indagatoria, entre otros, a los prenombrados individuos, a  quienes  se  les  definió  situación  jurídica  con  imposición de medida de  aseguramiento  de  detención preventiva sin beneficio de excarcelación por los  delitos  de  concierto  para  delinquir  y  menoscabo  a la integridad nacional,  respecto     de     AMORTEGUI    FORERO;  violación a  la  Ley  30  de  1986  y  concierto para delinquir en relación con MEJÍA  TOSCANO;  a  Padilla  Osorio se le  imputó  infracción  al  antiguo Estatuto Nacional de Estupefacientes; en tanto  que  la  Fiscalía se abstuvo de imponerle medida de aseguramiento alguna a Polo  Cogollo.   

Fenecida  la etapa sumarial, por resolución  del  24 de julio de 2001 la Fiscalía calificó su mérito por cuyo medio acusó  a  los  citados  procesados  por  los  delitos  en  relación con los cuales les  profirió  medida de aseguramiento al definirles su situación jurídica, empero  respecto  de  AMORTEGUI FORERO  varió  la  imputación  inicial de menoscabo a la integridad nacional por la de  espionaje,  y le compulsó copias para que se le investigara por enriquecimiento  ilícito  y lavado de activos; respecto de Polo Cogollo, precluyó a su favor la  investigación.   

El  13  de  diciembre  del  mismo  año,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal modificó la determinación tomada por el  A-Quo  al desatar el recurso  de  apelación  que  contra  ella  se  interpuso,  en  el  sentido de revocar la  acusación  que por el delito de concierto para delinquir se dictó en contra de  MEJÍA  TOSCANO, y a su favor  precluyó la investigación por esa conducta punible.   

De  la  etapa del juicio conoció el Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cartagena, despacho que tras evacuar la  vista  pública  profirió el fallo que le puso fin a la instancia y del cual se  hizo  mérito  en  el  introito  de  esta providencia, cuya modificación en los  términos  que  allí  igualmente  se  dejaron  reseñados impartió el Tribunal  Superior de la misma ciudad.     

LAS DEMANDAS  

          Demanda   a   nombre  de  Juan  Carlos  Mejía  Toscano.   

          Tras   relacionar  in  extenso  la  prueba  recaudada  en  la  actuación,  y  de  transcribir  la  indagatoria  de su asistido, como cargo único dice la libelista postular yerros  relacionados  con  la  apreciación  de  las pruebas, consistentes en errores de  hecho  por  falsos  juicios  de  existencia  por  suposición  probatoria  en lo  relacionado,  concretamente,  “con la prueba recogida  de   las   transliteraciones  de  las  conversaciones  realizadas  por  el  DAS,  violándose  el  art.  286  del  C.  de P. P. existiendo otras normas medios que  sirven  de  instrumentos  de vulneración como son los artículos 20, 232, 234 y  237  de  la  misma  obra  que  en su orden tratan de la investigación integral,  necesidad  de  la  prueba,  imparcialidad  del funcionario en la búsqueda de la  prueba  y  la  libertad  probatoria  la cual debe hacerse siempre respetando los  derechos  fundamentales.”  Agrega  que  en virtud de  esas  infracciones  normativas,  no  se  recaudaron  las pruebas en legal forma,  oportuna y regularmente producidas dentro del proceso.    

En desarrollo de la censura, sostiene que los  requisitos  que  demandan los Arts. 232, 234 y 237 para el acopio de las pruebas  presupone  el respeto a las garantías fundamentales, exigencias procesales que,  a   su   juicio,  no  se  cumplen  en  el  presente  asunto  y,  por  lo  tanto,  “existen  dudas  sobre la autenticidad de algunas de  las  conversaciones gravadas por el DAS”, que como se  trata  de  cintas  contentivas de esos supuestos diálogos, para que se surtiera  cabalmente   el  derecho  de  contradicción  las  mismas  debieron  ponerse  en  consideración  de los presuntos autores para que admitieran o infirmaran que se  trataba  de  sus voces, por lo que en este último evento, es decir, de tratarse  de  una  negativa,  menester era acudir a la realización de una prueba técnica  para  dilucidar el asunto. No bastaba pues, con que los agentes del DAS hubiesen  consignado  en  su  informe  que  los  interlocutores cuyas voces se encontraban  gravadas, era la de los procesados.   

Para  la  demandante,  en  la  actuación no  existe  “una sola prueba”  con  la cual demostrar fehacientemente que su defendido es partícipe del delito  de  narcotráfico  que  a  título  de  dolo  se  le  endilga,  puesto  que  las  conversaciones  interceptadas  y  que en lo pertinente fueron transcritas por el  DAS,  no  fueron  reconocidas  por  su asistido como suyas, no las controvirtió  -reitera-,  pues,  “en ningún momento admitió haber  sido     uno     de     los    interlocutores    que    intervino    en    estas  conversaciones”,  amén  de  que,  no  empece  haber  colaborado  con la Fiscalía en el decurso de la investigación, al imponérsele  la  sanción  no  se  tuvo  en  cuenta  tal  situación, sino que en el fallo de  segunda  instancia  se  le  incrementó  la  pena  tasada  por  el  A-Quo.   

Casar  la  sentencia impugnada y en su lugar  dictar     un     fallo     absolutorio,     es    la    pretensión    de    la  actora.           

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Los  presupuestos de orden argumentativo  que  ha  de  observarse  en  la  confección  de toda demanda de casación, cuya  idoneidad  faculta  a la Corte para el respectivo examen de fondo del asunto, no  se  encuentran  cumplidos  en  el libelo que a nombre del procesado JUAN   CARLOS   MEJÍA   TOSCANO  presenta  su  defensora, lo cual impone su inadmisión de plano.   

En  efecto,  los  yerros  que  la  libelista  plantea  en  sede  de casación se resienten de protuberantes y graves falencias  que  dan al traste con su pretensión. La falla relevante consiste en que no hay  una  indicación  clara  y  precisa  de  los  fundamentos  que  se  ciñan a los  derroteros propios del motivo de ataque seleccionado.   

Si bien omite señalar la causal que invoca,  del  contexto  del  reproche  cabe  colegir  que  se trata de la primera, cuerpo  segundo,  al  aducir  yerros  de apreciación probatoria, en concreto errores de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por suposición de pruebas, vicio que  consiste  en  imaginar  por  parte  del  juzgador un medio probatorio que no fue  legal  y  oportunamente incorporado a la actuación para sustentar su decisión,  en  cuya  demostración  es menester no sólo individualizar la prueba o pruebas  ideadas,  sino  también acreditar la trascendencia del yerro, es decir, exponer  fundadamente  que la invención de ese elemento de juicio incidió en el sentido  del fallo.   

Sin  embargo,  en  la  demanda  no  hay  una  sustentación  clara  encaminada  a la demostración de los referidos supuestos.  Contrariamente  a  lo  dicho,  el  discurso  de  la  actora se torna errático y  confuso,   haciéndose   patente   su   absoluto   desconocimiento   del   rigor  argumentativo  propio  de la casación al vincular el error de hecho denunciado,  con  el  falso  juicio  de  legalidad,  modalidad  del  error  de derecho que se  presenta  cuando  el  sentenciador  al  apreciar  una  prueba, le otorga validez  jurídica  cuando  en  realidad  carece  de  ella, o cuando le niega esa validez  jurídica  porque  considera que las exigencias formales para su aducción no se  hallan  satisfechas,  cumpliéndolas.  Obviamente,  en  ambos  eventos la prueba  censurada  obra  materialmente  en  el  proceso  y  su estimación por parte del  fallador no se pone en tela de juicio.      

El  desarrollo  de  la censura se torna aún  más  caótico,  cuando  del planteamiento de errores de apreciación probatoria  salta  a  la proposición de nulidades, propias de la causal tercera, tales como  la  violación  al principio de investigación integral que impidió por contera  el   ejercicio   del   derecho  de  controversia,  o  el  conculcamiento  de  la  prohibición  de  reforma  peyorativa,  e  inclusive  la  inobservancia  de  las  consecuencias  benéficas  que  se  derivan  de  la  confesión,  sin  llegar  a  concretar  en  qué  forma  se  produjeron  las vulneraciones de esas garantías  fundamentales  que  al  desgaire  y a manera de genérico enunciado expone en su  libelo.   

No despliega la demandante el más mínimo  esfuerzo   por  demostrar  inequívocamente,  de  una  parte,  los  errores  que  denuncia,  ni de otra, por desvirtuar los argumentos de la sentencia, los cuales  ni siquiera enseña.   

             

Habida  cuenta  que  la demanda que viene de  examinarse  en su aspecto formal carece de los mínimos requisitos de claridad y  precisión  señalados  en  el  Art. 212-3 del C. de P. Penal, será inadmitida.   

2. Libelo a nombre  de JOSÉ DAVID AMORTEGUI FORERO   

Como  la demanda presentada a nombre de este  procesado  reúne  las  exigencias  formales estipuladas en el artículo 212 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  se  declarará  ajustada  a  derecho,  y  en  consecuencia,  de  conformidad  con  el  artículo  213  idem,  se dispondrá su  traslado  y  el del expediente al señor Procurador Delegado en lo Penal, por el  término de veinte (20) días, con el fin de que rinda su concepto.   

3.    Del   mismo   modo,   la   Corte  en  ejercicio  de  su facultad oficiosa -Art. 216 del C. de P. Penal- dispondrá que  se  surta  el  traslado  pertinente  al  Procurador  Delegado  para que emita el  concepto  de  rigor  en  lo  que dice relación con el  quantum  de  la  pena  accesoria  impuesta  a  los  procesados, al vislumbrar la  posible   vulneración   del   debido   proceso  por  desconocimiento    del    principio   de   legalidad.   

           

         En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     Sala     de     Casación     Penal,   

         

R E S U E L V E  

         1º.             INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  JUAN   CARLOS   MEJÍA  TOSCANO,  por  lo  anotado     en     las  motivaciones   de   este   proveído.     

         

2º.          ADMITIR la demanda de casación presentada  a   nombre   del   procesado   JOSÉ  DAVID  AMORTEGUI  FORERO.   En  consecuencia,  de  conformidad  con  el  artículo  213  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  córrase traslado de la  misma,  junto con el expediente, al Procurador Delegado para la Casación Penal,  por   el   término   de  veinte  (20)  días,  con  el  fin  de  que  rinda  su  concepto.   

3. Igualmente, de manera oficiosa, se dispone  el  traslado  pertinente  al Procurador Delegado para  que  emita  el  concepto  de  rigor  en  lo  que  dice  relación  con el quantum de la pena accesoria impuesta a los procesados, por la  posible   vulneración   del   debido   proceso  por  desconocimiento        del        principio       de       legalidad.   

4.  Contra  este  auto  NO  procede  recurso  alguno,  en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los  Arts.  213 y 187, inc. 2º   C.P.P.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                            

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE     LUIS    QUINTERO    MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

             Secretaria     

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