24867(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24867  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

         

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANES  

Aprobado Acta N° 224  

Bogotá D.C., catorce (14) de noviembre de dos  mil siete (2007).   

V   I   S   T   O   S   

Se  pronuncia  la Sala sobre la admisibilidad  del  recurso de casación interpuesto por el defensor del procesado FRANCISCO  IVÁN  BOTERO  CERRO, contra la  sentencia  de  segunda  instancia proferida por el Juzgado Penal del Circuito de  Envigado  –  Antioquia,  el  25 de agosto de 2005, mediante la cual confirmó la  que  había  proferido  el  Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal de Sabaneta –  Antioquia, el 29 de abril del mismo año.   

H E C H O S  

En  la  sentencia  de  primer  grado  fueron  resumidos de la siguiente manera:   

“…  fueron denunciados por el señor JOSE  HORACIO  ORTIZ  TEJADA, ante la Inspección Municipal de Policía de Sabaneta el  día  11  de  junio  del  año  2001.  Explica  el  denunciante que antes había  laborado  en  calidad de mecánico para una pequeña fábrica denominada MUNDIAL  DE  CERDAS  Y BROCHAS, de la cual eran socios los señores FRANCISCO IVAN BOTERO  CERRO  Y  RUBEN  DARIO  SERNA  LOBO,  sociedad  que un día se había terminado,  constituyéndose  en la causa para que posteriormente, los señores Botero Cerro  y  José  Horacio  Ortiz  Tejada,  se  dedicaran  a la tarea de acondicionar una  maquinaria para fabricar idénticos elementos.   

En la denuncia el señor JOSE HORACIO (folio  1  frente),  sin concretar que titulo (sic),  afirmó  haber trasladado a un local ubicado en la carrera 72 Nro  46-44  y  a  solicitud  de  Francisco Iván Botero, la siguiente maquinaria: Una  máquina    estruber    avaluada    en    ocho    (8.000.000,00)    (sic)  millones  de pesos; un troquel para  terminal  de  bujías,  con un costo de un millón quinientos mil (1.500.000,00)  (sic)  pesos; un troquel para  cable  de terminal de bujía avaluado en la suma de dos millones ($2.000.000,00)  de  pesos;  un  troquel para terminal de bujías avaluado en la suma de  un  millón     (1.000.000,00)     (sic)    de  pesos;  un  troquel  para  terminal  de  bujías,  con  un costo  de     un    millón    quinientos    mil    (1.500.000,00)    (sic)  pesos;  y  tres  máquinas manuales  avaluadas  en la suma de ochocientos (800.000,00) (sic)  mil  pesos.  Igualmente,  negociando  con  el  señor  FRANCISCO  IVÁN,  la  fabricación  de  una máquina insertadora por la suma de  quince  millones  de pesos ($15.000.000), pero solamente cancelándole por dicho  concepto,  la  suma de seis millones cien mil pesos ($6.100.000), que una vez le  cobró  el dinero restante de la máquina insertadora, había obtenido respuesta  negativa,  a  la  vez  que  le  había manifestado, que la maquinaria que había  llevado de su propiedad, tampoco ya le pertenecía.”   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Con sentencia del 29 de abril de 2005, el  Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal  de  Sabaneta  –  Antioquia,  condenó  a  FRANCISCO    IVÁN    BOTERO   CERRO,   a  la  pena  principal  de  12  meses  de  prisión  y multa de diez  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  (2001),  a  las  accesorias de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por un periodo igual al de la  pena  privativa  de  la  libertad,  al  pago  de  perjuicios  y  le  otorgó  la  suspensión   condicional  de  la  pena,  entre  otras  decisiones,  como  autor  responsable  del  punible  de  abuso  de  confianza, que le había sido imputado  según  resolución  de  acusación  formulada  el  2  de  mayo  de  2003 por la  Fiscalía  3  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Antioquia, al desatar la  alzada  interpuesta  contra la decisión mediante la cual se había precluido la  investigación, en primera instancia.   

2. Dicho fallo fue apelado por el defensor, y  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Envigado – Antioquia, al desatar la alzada,  confirmó  la  sentencia,  decisión que es objeto del recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  mismo  procurador  judicial del procesado, cuya  revisión ocupa a la Corte.   

L   A      D  E  M  A  N  D  A   

Se   argumenta   acudir   a   esta   sede  extraordinaria,  de  manera  excepcional,  en  procura  de  que se desarrolle la  jurisprudencia  frente  a  los  derechos fundamentales del procesado, por ser de  interés un pronunciamiento de la Corte acerca de temas como:   

i.-  )      El  manejo procesal del dictamen pericial, cuando el mismo  se  rinde  en  la  etapa  del  juicio,  pues  que  fue  contrario a la ley,  vulnerando  no solamente el debido proceso sino el derecho a la defensa, lo cual  tuvo  incidencia  directa  en la decisión final, por haber servido de soporte a  la misma;   

ii.   -)  Sobre  la  valoración  de  la  prueba,  porque  el  juzgador  distorsionó  por  cercenamiento la prueba testimonial y documental aportada por  el  imputado  y  el  denunciante,  y en consecuencia desconoció las razones que  justificaban   la  no  devolución  de  la  maquinaria  de  parte  del  acusado,  desembocando  en  la aplicación tipo penal de abuso de confianza a pesar de que  no se estructura, y,   

iii.-)  En  lo correspondiente a la adecuación  típica  de  la conducta punible de abuso de confianza, ya que entre denunciante  y  acusado  existió  una  sociedad comercial de hecho y, por tanto, habiéndose  aportado  la  maquinaria  como  parte  del  haber  societario, no podía existir  apropiación  indebida  de  una  cosa  mueble  ajena  que  se  hubiese entregado  mediante  título  no  traslativo de dominio, porque en virtud de la sociedad el  dominio  de  la  maquinaria  de  facto  se trasladaba a ambos socios que habían  decidido  explotarla  con  fines  económico-comerciales,  razón por la cual el  conflicto  de intereses era eminentemente civil, resultando atípica la conducta  del procesado.   

A partir de allí, formula un cargo principal  y dos subsidiarios contra la sentencia así:   

1.- Cargo principal: Nulidad.  

Considera el demandante que como a la pericia  rendida  sobre el valor de la maquinaria, no se le dio el procedimiento indicado  por  los artículos 254 a 258 y 400 del C. de P. Penal, omitiéndose con ello su  publicidad,  contradicción  y  objeción, al ser presentado cuando ya se había  vencido  el  traslado  el  artículo 400 ibídem, con lo cual se incurrió en la  vulneración  clara  del debido proceso y el derecho a la defensa, acorde con lo  establecido  en  los  artículos  2, 6, 8, 9, 13, 14, 306.2 y 3 de la ley 600 de  2000,  además  de  los ya citados, y 29 de la Constitución Política, y pese a  ello  sirvió  de  soporte  para la condena en perjuicios proferida en contra de  BOTERO  CERRO,  a quien se le  sorprendió  con  dicho  medio  de  prueba en la audiencia pública “sin  que ejercitara la contradicción sobre el medio de prueba en  cuestión”.   

Así,  solicita que se case la sentencia y se  ordene  la  nulidad  de  lo  actuado a partir de la presentación del peritazgo,  incluidas  las  audiencias  preparatoria  y  pública,  además de preservar las  garantías fundamentales.   

2.-  Primer  cargo  subsidiario:  Violación  indirecta de la ley sustancial.   

Aduce el libelista que el juzgador incurre en  la  violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho originado en un  falso  juicio  de identidad, dado que distorsionó, por cercenamiento, la prueba  testimonial  (declaraciones  de  Leonel  Cano,  Yeison  Javier  Buriticá Rojas,  Edwuar  Darío Arango Montoya, Bibiana María Cardona Ortiz, Rubén Darío Serna  Lobo,  Mónica  María  Muñoz  Segura,  Mario Alberto Gómez Salazar y versión  libre   e   indagatoria  de  BOTERO  CERRO)  y  documental  (recibos  de  caja,  facturas  de venta, pagos que  hiciera  el  acusado  de  deudas  del denunciante, de arrendamientos y servicios  públicos)  allegada,  pues  que “no produjo un serio  análisis  crítico de la prueba testimonial y documental de conjunto que milita  en  el  informativo porque simplemente se limitó a valorar unas pruebas y a las  señaladas      –  distorsionadas    y    cercenadas    –  les  dio  su propio y personal valor”,  utilizando  ello para estructurar los ingredientes del  tipo  penal  escogido  para  condenar,  con  lo cual se incurrió en aplicación  indebida  o  selección  errónea del artículo 249 de la Ley 599 de 2000, yerro  que  de  no  haberse  presentado,  habría conducido a la absolución, que es el  fallo  de  reemplazo  que  peticiona  dictar,  una  vez  se  case  la  sentencia  impugnada.   

3.-  Segundo  cargo  subsidiario.  Violación  directa de la ley sustancial.   

Considera  el censor que el juzgador cometió  dicha   violación  por  la  aplicación  indebida  o  selección  errónea  del  artículo  249  de la Ley 599 de 2000, desconociendo los ingredientes requeridos  para  la  configuración del punible de abuso de confianza (apropiación de cosa  mueble  ajena  confiada  o entregado mediante título no traslativo de dominio),  que  en  el  caso concreto no se cumplen, si se atiende la sociedad comercial de  hecho  constituida  entre  denunciante  y  denunciado,  a  la  cual aportaron la  maquinaria   en  disputa  cuya  propiedad  es  común,  por  tanto,  no  podían  estructurarse  los  aludidos  ingredientes  del  tipo penal, ya que “siempre  que  existan  dichas  relaciones  jurídico  legales …  nunca  se podrá aplicar el tipo penal de Abuso de confianza sino lo relativo al  precepto  242 numeral 2 de la ley penal sustantiva”,  ya  que  el  legislador  instituyó  figuras  penales  específicas  en  tratándose  de relaciones societarias o comerciales de hecho,  que  para  el  caso  fueron  despreciadas  por los juzgadores, para en su lugar,  poner  a  jugar roles que no son de su resorte punitivo, a la norma escogida, de  suerte  que de no ser por el yerro mencionado, la sentencia se habría proferido  por  el  delito  de  hurto  entre  condueños, pero al no estar probada la cuota  parte  de  los  societarios, la conducta de su prohijado deviene atípica y, por  ende,  el  fallo  de  reemplazo  que  solicita,  una  vez  se  case la sentencia  impugnada,    es    el    de    absolución.         

  C O N S I D E R A C I O N  E S       

Conforme   a   los   últimos   desarrollos  jurisprudenciales1,  en  el  presente  asunto  el  recurso  procedería  por  vía  de la casación excepcional, como quiera que la  sentencia  mediante  la  cual  se  condenó a FRANCISCO  IVÁN   BOTERO  CERRO,  por  el  delito  de  abuso  de  confianza,  fue  proferida en segunda instancia el Juzgado Penal del Circuito de  Envigado  – Antioquia, por  lo  que  discrecionalmente  puede  la Corte aceptar el recurso extraordinario, a  solicitud  del ministerio público o del defensor, cuando se considere necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos  fundamentales, siempre que reúna las demás formalidades.   

Insistentemente  la jurisprudencia de la Sala  ha  sostenido  que  cuando  de  la casación excepcional se trata, el demandante  debe  exponer  así sea de manera sucinta pero clara qué es lo que pretende con  el  recurso,  teniendo  como  norte  que  solamente  procede  el  mismo  para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o para garantizar los derechos fundamentales,  por  lo  que  se  debe  señalar  en  concreto  el  tema jurídico sobre el cual  considera  el  actor  que  se hace indispensable un pronunciamiento de autoridad  por  parte  de  esta  Corporación  y/o  el  derecho  fundamental cuya garantía  persigue,  acorde  con  lo exigido por el inciso 3° del artículo 205 de la Ley  600  de  2000  – artículo  219   del   decreto   2700   de  1991  -,  precisando  la  manera  en  que  la  decisión solicitada tiene la  utilidad  simultánea  de brindar solución al asunto y a la par servir de guía  a  la  actividad  judicial,  sin que ello pueda confundirse con el desarrollo de  los cargos propuestos en la demanda.   

Así,  la  admisión del recurso de casación  por  la  vía  discrecional  conlleva  un  juicio  previo  de  la Corte sobre la  necesidad   de  su  intervención  en  el  caso  concreto,  atendiendo  las  dos  finalidades  ya  expuestas, el cual adelanta con fundamento en las explicaciones  justificativas  que  suministra  el casacionista en la demanda y la realidad que  el  proceso  revela,  razón  por la cual, para cumplir con ello, no le basta al  censor  exponer los motivos por los cuales solicita la intervención de la Corte  y  presentar una demanda formalmente ajustada a los requerimientos legales, sino  que  es  necesario  que  del  estudio  del  caso  aparezca  que la intervención  solicitada  se  justifica  para  el  cumplimiento  de  uno cualquiera de los dos  específicos fines señalados en la norma.   

Sobre tal requisito, el demandante cita como  justificación   de  la  casación  excepcional,  que  la  Corte  desarrolle  la  jurisprudencia  respecto a los tres temas específicamente citados en la demanda  –  ya  destacados  -,  por  lo  que debe precisarse que cuando el actor pretende  fundamentar  la procedencia de la casación excepcional con base en tal aspecto,  se  hace  indispensable,  para que sea viable admitir el recurso extraordinario,  que  el  demandante  refiera la razón por la cual ello se hace “necesario”,  pues  la  ausencia  de  esta  exigencia  impone la inadmisión de la demanda, en  atención  a que la Corte carece de función meramente consultiva y si bien, uno  de    los    fines    del   recurso   de   casación   es   la   “unificación     de    la    jurisprudencia    nacional”,  su  intervención  sólo  tiene  sentido  en  la medida que la  temática  sugerida  por el actor evidencie, como ya se dijo, la necesidad de un  pronunciamiento  y  que  además,  este  resulte útil para solucionar el asunto  analizado.   

Tal  necesidad la pregona el libelista desde  la   perspectiva   de  los  derechos  fundamentales  del  acusado  que  advierte  vulnerados  con  la  actitud  asumida  por  el  juzgador frente a los tres temas  señalados,  sin que de ninguna manera explique dicho postulado, para dedicarse,  a  continuación,  a  desarrollar  los cargos formulados contra el fallo, con lo  cual  no  satisface el requisito mencionado, y, si la justificación del recurso  fuera  garantizar los derechos fundamentales al debido proceso y al derecho a la  defensa  del procesado, que esgrime violentados con la sentencia proferida en su  contra,  la  admisión de la demanda necesariamente debe consultarse a partir de  la  formulación  clara,  lógica  y  precisa de los cargos, en armonía con los  requisitos  que  el  legislador  exige  (artículos  205  y 212 de la ley 600 de  2000),  en  lo  cual  tampoco  tiene  éxito  el  censor,  como  se examinará a  continuación.   

Es  que,  por ser la casación un recurso de  naturaleza  extraordinaria  y  rogada,  el legislador estatuyó las causales por  las  cuales  resulta procedente atacar la presunción de acierto y legalidad con  que  viene  amparada  la sentencia a esta sede. De igual modo, dadas las citadas  características   de   la   impugnación,  también  la  legislación  procesal  contempla   los   mínimos   presupuestos   formales   que   debe   cumplir   el  libelo.   

Por   ello,   como   lo   tiene  dicho  la  jurisprudencia   de   la   Corte,  la  demanda  de  casación  no  es  de  libre  formulación,  razón  por  la  cual  no  es procedente hacer cualquier clase de  cuestionamiento  a una sentencia que por ser la culminación de un proceso está  amparada,  como  se  indicó,  por  la doble presunción de acierto y legalidad,  sino  que  debe  ser  un  escrito  lógico  y  sistemático  en  el que sólo es  permitido  denunciar  los errores cometidos en el fallo, separadamente, al tenor  de  los  motivos  expresa  y  taxativamente  señalados  en la ley, demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciar  su  trascendencia  en  la parte dispositiva del  mismo.   

En  consecuencia, el éxito de la censura no  depende  de  la  multiplicidad  indiscriminada de criterios personales, ni de lo  extenso   o   sugestivo  del  discurso  plasmado  en  la  demanda,  sino  de  la  argumentación  técnica  que  conlleve, de manera lógica, precisa, coherente y  jurídica,  a  la  demostración  de  que  la  sentencia  es  ilegal,  por haber  incurrido   el  juzgador  en  vicios  de  juicio  (in  indicando)    o   de   procedimiento   (in    procedendo),   según   el   caso.   

1.-  En  cuanto al  cargo  principal  formulado  contra  la  sentencia,  es  decir,  el  de  nulidad,  no  aparece  marginado del  imperativo  de claridad y precisión en cuanto a su postulación y demostración  correspondientes,  toda  vez  que  es tan exigente como las demás dado el   rigor   predicable   de   la   naturaleza   misma   de   la  casación,  de manera  tal  que  se   impone   para   el   actor   el   deber   de   concretar   la  índole  del vicio, sea de estructura o de garantía,   que  se dice afecta el proceso, en qué grado y magnitud y desde qué actuación  procesal se configura.   

Por  consiguiente,  tratándose del cargo de  nulidad  la demanda no es un escrito de libre confección, toda vez que también  debe ajustarse a los presupuestos formales para su admisibilidad.   

De   igual  manera,  en   virtud    del    principio    de    trascendencia   que  gobierna   la  declaratoria  de  nulidad,  según   la   cual,   no   basta  con denunciar irregularidades o que  éstas  efectivamente se presenten en el proceso, sino que se hace indispensable  demostrar  que  aquellas  inciden  de  manera  concreta   en  el   quebranto     de     los    derechos    de    los   sujetos    procesales,   se    hace    necesario   que   el    actor    evidencie    un    perjuicio   con   el   yerro   in  procedendo   denunciado,   pues,  caso  contrario,     la     Corte,     por     razón     del  principio   de   limitación,   no  puede  entrar   a  complementar  al  censor.   

En esas condiciones, observa la Sala que los  reproches  fundados  en  las dos causales de nulidad, refundidas por el censor a  pesar  de  su  distinta naturaleza, en la omisión que le imputa al juzgador, no  satisfacen  los  anteriores presupuestos, como quiera plantea que por no haberse  dado  el  trámite completo previsto en los artículos 254 y subsiguientes de la  Ley  600  de  2000,  al  avaluó  pericial  rendido cuando ya había fenecido el  traslado  del artículo 400 ibídem, se vulneró tanto el debido proceso como el  derecho  a  la  defensa,  toda  vez que dicha prueba sorprendió al acusado, por  desconocer  los  principios  de publicidad y controversia que le son propios, no  obstante  lo  cual  sirvió  de sustento para emitir el fallo condenatorio en su  contra.   

Sobre la vulneración al debido proceso, tiene  dicho    la    Sala,    que    como    traducción    del    principio   lógico  antecedente-consecuente  que  es,  se  relaciona  con  una  sucesión integrada,  gradual  y  progresiva  de  actos  regulados  en la ley, que tiene por objeto la  verificación  de  un  delito  y  la  consecuente  responsabilidad del imputado,  orientados  al  fin  de  obtener  una  decisión  válida y definitiva sobre los  mismos temas.   

Por ello, cuando el ataque se formula por esa  vía  le  compete  al  actor,  como reiteradamente lo pregona la jurisprudencia,  determinar  la  manera  en  que  se  resquebrajaron  las  bases esenciales de la  instrucción  o  del  juzgamiento  que  obligan  a rehacer lo actuado, es decir,  señalar  en  cuál de los diferentes eslabones concatenados y subsiguientes que  estructuran  el  debido  proceso se presenta el irremediable defecto, y también  le  corresponde  demostrar  que  la irregularidad cometida durante el desarrollo  del  proceso e inadvertida en el fallo incide de tal manera, que para remediarla  no  queda  ninguna  alternativa distinta a invalidar las diligencias, motivo por  el  cual quien así alega debe indicar con precisión el momento procesal al que  han  de  retrotraerse  las actuaciones, una vez excluidas las alcanzadas por los  vicios.   

De  otro  lado,  la  simple  ocurrencia de la  incorrección  no  conduce  necesariamente  a la invalidación de lo actuado, en  cuanto  es  preciso  acreditar  que  aquella  produjo unos resultados adversos y  lesivos  a  los  intereses  y  derechos del sindicado, ya que de lo contrario el  vicio  carece  de trascendencia e imposibilita declarar la pretendida invalidez,  lo  cual  permite  concluir  que el cargo no prospera, si se tiene en cuenta que  acerca  del  traslado  del  dictamen  pericial,  su publicidad y contradicción,  insistentemente se ha dicho:   

“2.  En reiteradas oportunidades esta Sala  ha  sostenido  que  la  simple  omisión  por  parte del funcionario judicial de  ordenar  y realizar el traslado del dictamen pericial  para que los sujetos  procesales  ejerzan el derecho contradicción -lo que vale en punto del traslado  posterior  a  la práctica de la inspección judicial- no puede considerarse una  actividad  que  afecte  la  estructura  del  proceso  o  que  genere nulidad por  violación  del  debido proceso o de otras garantías, en tanto que al contenido  de  la  experticia  que  debe  obrar  en  el expediente, tienen acceso todos los  sujetos  procesales,  por  manera  que  el  principio  de  publicidad,  y  el de  contradicción  si lo quieren ejercer, quedan garantizados con la incorporación  al plenario de este documento.   

En  reciente  pronunciamiento,  sostuvo esta  Corporación, lo siguiente:   

“Si  bien  es  cierto,  la  preceptiva  del  artículo  254-2  del  Código de Procedimiento Penal, dispone correr traslado a  los  sujetos procesales del dictamen pericial por el término de tres (3) días,  para  que  soliciten  su aclaración, ampliación o adición, también es verdad  que  la  omisión  de  dicha  acto procesal carece de la entidad suficiente para  enervar  la  actuación,  pues  tan  solo  constituye  una irregularidad, que no  conculca  las  garantías  fundamentales  de las partes, como lo ha sostenido la  jurisprudencia  de  la  Sala,  dado que, la objeción del mismo puede proponerse  hasta  antes  de  que  finalice  la audiencia pública, obviamente, rebasando el  término  de tres (3) días que prevé la norma” (Sentencia 23 de agosto de 2006  rad.    21.055).”   2   

Ahora,  lo  cierto  es  que  habiendo  sido  incorporado  al  proceso  el  dictamen  pericial desde el 24 de octubre de 2003,  como  el  mismo  demandante  lo  admite  en  su libelo, en la audiencia pública  iniciada  el  22  de  enero  de  2004,  a  la  que  asistieron el procesado y su  defensor,  entre  otros  sujetos procesales, el funcionario de primera instancia  puso  en  conocimiento  de  todos  ellos el mismo, y les preguntó a cada uno si  requerían  alguna  ampliación,  aclaración o si lo objetaban, haciendo uso de  lo  primero  el representante de la parte civil, mientras que acusado y defensor  “manifestaron      no      tener      objeción  alguna”,   y   en   su  intervención   en   dicho   acto,   el   procurador  judicial  de  BOTERO   CERRO,   cuestionó   desde   su  perspectiva,  lo  relacionado  con  la  maquinaria  y su propiedad en cabeza del  denunciante,  como  quiera que, de acuerdo con su tesis, la prueba demostraba la  existencia   de   la   sociedad   de   hecho   conformada  entre  denunciante  y  acusado.   

Con  todo  ello,  resulta  un  contrasentido  afirmar  que  el  dictamen  pericial no fue publicitado y que no se concedió la  oportunidad  para  controvertirlo, cuando ello emerge diáfano del contenido del  informativo.   

De   otro   lado,   además   de   mezclar  indebidamente  el casacionista en la presentación de esta a censura la presunta  violación  del  derecho  a la defensa, con base en la misma imprevisión que le  imputa  al  juzgador,  omite la construcción lógica de las premisas de las que  supuestamente  dimana  tal  conclusión,  emergiendo así lo infundado del cargo  por  desarrollarse  con  la  simple  afirmación  del  libelista,  pues no basta  mencionar  la  ausencia del traslado de la prueba para acreditar que se vulneró  el  derecho  a  la  defensa,  desconociendo, de paso, lo realmente acontecido al  interior  del  proceso  y ya destacado, en cuanto a la oportunidad brindada para  cuestionar el dictamen.   

Todo  lo anterior advierte lo inadmisible del  reproche.   

2.-   Ahora,  el  primer  cargo  subsidiario se  formula  al  amparo  de la causal primera de casación, por violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  originado  en un falso juicio de  identidad,  por  cercenamiento  de  la prueba testimonial y documental allegada,  porque,   según  el  demandante,  el  juzgador  “no  produjo  un  serio  análisis  crítico de la prueba testimonial y documental de  conjunto  que  milita  en el informativo porque simplemente se limitó a valorar  unas  pruebas  y  a  las  señaladas  –        distorsionadas        y        cercenadas       –   les   dio  su  propio  y  personal  valor”.   

En  este punto interesa recordar que tal vía  de  ataque,  según  la reiterada jurisprudencia de esta Sala, hace referencia a  los  errores  en  que  puede incurrir el juzgador en la apreciación probatoria,  siempre  y  cuando  ellos  conduzcan  a  la  equivocada declaración del derecho  material  en  cuanto  deja  de  aplicar  determinado  precepto  o  por aplicarlo  indebidamente.   

Esta  clase  de  desacierto  se  presenta por  errores  de  hecho  o  de derecho; los primeros cuando el juez ignora una prueba  que  obra  válidamente en el proceso o supone como existente una que no ha sido  incorporada  (falso  juicio  de existencia) o cuando distorsiona o tergiversa su  contenido  fáctico  atribuyéndole  efectos  que  no  se derivan de ella (falso  juicio  de  identidad), y los segundos, hacen  referencia a que el fallador  admite   y  confiere  valor  probatorio  a  un  medio  de  convicción  allegado  irregularmente  al  proceso  o   desconoce  y  niega  alcance  probatorio a  pruebas  válidas  (falso  juicio  de  legalidad),   o  le asignó un valor  probatorio  distinto  al  establecido por la ley o le negó el que legalmente se  le ha conferido (falso juicio de convicción).   

Igualmente,  la transgresión indirecta de la  ley  puede ocurrir cuando en la asignación del mérito probatorio que se deriva  de  la prueba válidamente allegada al proceso, el juzgador haya desconocido los  postulados  de  la  sana crítica como método de apreciación probatoria (falso  raciocinio),  valga  decir,  los  principios  de  la  ciencia,  la  lógica,  la  experiencia o el sentido común.   

Ahora,  por  esta  vía de censura compete al  actor  precisar la naturaleza del error, el sentido de la violación y, luego de  identificar  el  desacierto,  demostrar su incidencia en la parte resolutiva del  fallo  acusado, en proceso de demostración completo, esto es, acreditando cómo  de  corregirse el yerro sobre las pruebas erradamente apreciadas y valorárselas  adecuadamente  junto  con las restantes válidamente incorporadas al proceso, la  sentencia habría sido de distinto contenido.   

Cuando  lo  pregonado es un falso juicio de  identidad  como  sustento  de la violación indirecta,  como   aquí  ocurre,  que  necesariamente  debe  derivar  de  una equivocada percepción de la prueba en la  medida  en  que se distorsiona o se falsea su contenido  objetivo  para  hacerla  decir lo que materialmente no  expresa,  resulta  imperioso  que en la demanda se aduzcan los razonamientos del  juzgador  sustento  de  su  decisión  de condena, por cuanto de allí emerge el  acto   de   valoración   cuestionado,  aspecto  trascendental  omitido  por  el  casacionista  para  dedicarse,  por  el  contrario, a tildar de insubstancial el  análisis  que de la prueba destacada hizo el fallador, al cual pretende imponer  su  personal  reflexión  sobre  la misma, desconociendo con ello la logicidad y  coherencia   de   la   causal   esgrimida,   pues  el  contexto   del  material  probatorio aludido en manera  alguna       deviene       tergiversado,      cercenado      o      distorsionado        por     los    juzgadores     en     sus     fallos,  toda  vez  que,  efectivamente, corresponde  a   lo   que  dijeron  en  su  momento  los             testigos           Jesús  María  Rodríguez,    Leonel    Cano    Cano,      Yeison     Javier     Buriticá  Rojas,   Edwar  Darío  Arango  Montoya,  Bibiana  María  Cardona Ortiz, Rubén  Darío  Serna  Lobo,  Mario  Alberto  Gómez  Salazar, Mónica María Muñoz Segura  y    Norela    Zumaque  Usuga,    al    igual    que   a     lo  manifestado  por  el  denunciante y el acusado en sus  salidas  procesales, y a lo  reflejado    por   los  documentos aportados.   

Cosa  diferente es oponerse a la valoración  que  hicieron  los falladores de tales medios de convicción, que es en últimas  la  critica  que  se  hace  por  parte del demandante, ya que tal desarrollo del  cargo  contradice,  evidentemente,  el  que  debe  amparar el error de hecho por  falso  juicio  de identidad formulado, amén de que el desacuerdo en la forma de  asumir  las  pruebas, como se sabe, no constituye error demandable en casación,  salvo  que lo que se quiera destacar sea que en la apreciación de los medios de  convicción  se vulneren los postulados que informan la sana crítica, evento en  el   cual  el  reparo  debe  presentarse  con  fundamento  en  la  técnica  que  corresponde  al  error de hecho por falso raciocinio, indicando las reglas de la  lógica, ciencia o experiencia que fueron vulneradas.   

Así, fuerza concluir que el cargo no cumple  con  los  presupuestos  de  claridad  y  precisión y, por ende, se inadmitirá.   

3.- Por último, el  segundo  cargo  subsidiario  formulado  al  amparo  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  o  selección errónea del artículo 249 de la Ley 599 de  2000,   consiste,   según   el   censor,   en   que   no   se  acreditaron  los  “ingredientes”  necesarios  para  la  configuración del punible de abuso de  confianza  (apropiación  de  cosa  mueble  ajena  confiada o entregado mediante  título  no  traslativo  de  dominio),  ya que ante la existencia de la sociedad  comercial    de    hecho    entre    denunciante    y   procesado   “nunca   se   podrá   aplicar   el   tipo   penal   de  Abuso  de  confianza”,  que  fue  el  delito por el cual se condenó.   

Olvida  el  demandante  que por esta vía de  ataque  no  resulta  posible  controvertir  la  apreciación  que los juzgadores  hicieron  de  la  prueba  en  la  sentencia,  ni  los  hechos  que se declararon  demostrados  en ella, puesto que esta forma de infracción presupone conformidad  absoluta  con  dichos  aspectos  y,  por  tanto, el debate debe ser de contenido  estrictamente  jurídico,  no  probatorio,  y  debe  necesariamente  abordarse a  partir  del  supuesto de que los juzgadores acertaron en la demostración de las  conclusiones   fácticas,  pero  se  equivocaron  al  determinar  la  situación  jurídico  sustantiva  del  asunto,  bien porque aplicaron una norma equivocada,  porque  dejaron  de  aplicar  la  correcta,  o  porque  habiendo  acertado en su  selección,   le   dieron   un   significado   distinto   del   que   legalmente  corresponde.    

Y es que en desarrollo del cargo, para arribar  a  la  conclusión  de  la  indebida  aplicación  o  selección  errónea de la  normatividad  que  destaca,  el casacionista se opone a los hechos declarados en  la  sentencia como constitutivos del delito por el cual se condenó al acusado y  al  análisis  que  de  la  prueba  hizo el juzgador, y en su lugar, presenta su  tesis  en  el  sentido  de  que  la  conducta desplegada por el procesado podía  acomodarse  al  hurto  entre  condueños,  lo que en últimas también descarta,  para afirmar que es atípica.   

Si lo que quería el demandante era demostrar  la  falta  de  aplicación  del  artículo  242.2 del C. Penal, le correspondía  señalar  que  las pruebas reconocidas en el proceso determinaban la aplicación  de  la norma jurídica y, no obstante ello, el sentenciador la omitió, pero sin  respeto  a  los  lineamientos  de la lógica casacional, ni siquiera se preocupa  por   referir  los  medios  probatorios  que  respaldaran  su  tesis  con  total  desconocimiento  del contenido del fallo, al punto de incorporar como hipótesis  de  su  personal  cosecha  la  de  una  supuesta atipicidad, lo que lleva  a  concluir  que  la alegación es inadecuada, sin que pueda  ser  enderezada  por  la  Sala  dada  la  naturaleza  y  esencia de esta vía de  impugnación,  razón  suficiente  para  inadmitir  el  cargo.   

Así  las cosas, como el casacionista omite  fundamentar  clara  y  precisamente  los  motivos  que  lo  llevan  a invocar el  ejercicio   de  la  discrecionalidad  por  la  Corte,  los  cargos  que  formula     resultan  desconectados   de   la  realidad     jurídica    que    el    fallo    ofrece    y    acusan   inocultables   defectos   de  orden  lógico-jurídico,  amén  de  que  de  la revisión de lo actuado no se observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la  oficiosidad  por  la  Sala,  resulta inexorable tener que inadmitir la demanda y  disponer    la    devolución   del   diligenciamiento   al    juzgado   de  origen.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  FRANCISCO    IVÁN    BOTERO    CERRO.  En  consecuencia, se declara desierto el recurso extraordinario  de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

C O             M             U             N             Í             Q             U             E             S             E        Y            C         Ú             M             P             L             A             S             E   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                      MARÍA.  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                             JORGE LUIS  QUINTERO    MILANÉS                     

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                 JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Autos  16/02/2005 Rad. 23006 y 20/06/2006 Rad. 25090   

2 Auto  07/02/2007 Radicación 26011.     

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