27634(13-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27634  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado en acta Nº 95  

Bogotá D. C., trece (13) de junio de dos mil  siete (2007)   

Decide  la  Corte  sobre  la  admisibilidad      o      no  selección  de la demanda de casación  presentada  por el  defensor de LUIS ENRIQUE PRADA  JAIMES   contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  dictada  por  el Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bucaramanga, el 20 de  febrero  de  2007,  que confirmó la expedida por el Juzgado Sexto (6) Penal del  Circuito de Conocimiento.   

HECHOS  

El  5  de  abril  de  2006,  en la vereda El  Rodalito,  municipio  de  Cepitá,  la señora BRICEIDA  JAIMES    FIGUEROA,    denunció    a   LUIS  ENRIQUE  PRADA  JAIMES,  teniendo en  cuenta  que  su  menor  hija  A.P.O.J.,  cuando  se  dirigía  a la escuela, fue  abordada  por  el  sentenciado,  “quien  además  de  abrazarla,  la  besó  en  la  boca  y  le  tocó  sus  genitales”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.-  El  10  de  septiembre  de  2006,  el  Juzgado  Cuarto  Promiscuo Municipal con funciones de  control    de    garantías    de    Piedecuesta    (Santander),    profirió      contra     PRADA  JAIMES  medida  de  aseguramiento  consistente  en detención  preventiva  en su residencia, toda vez que la Fiscalía  Séptima  Seccional  de  Bucaramanga  le  imputó  el  punible  de  actos  sexuales  con  menor   de catorce años, agravado por el  numeral  4° del artículo 211 del Código Penal.    

2.   El  19  de  septiembre  de  2006, la Fiscalía presentó escrito de  acusación  ante  el  Juzgado Sexto Penal del Circuito  con  funciones  de conocimiento; despacho jurisdiccional que realizó audiencias  de    i)    formulación  de  acusación, ii)              preparatoria       y      iii)  el  debate  oral  que  finiquitó al informar el Juez que el fallo  era absolutorio.   

3. El 20 de febrero  de       2007,      el      Tribunal      de      Bucaramanga,      revocó  la  sentencia  absolutoria objeto  de   apelación elevado  por  el Fiscal, el Ministerio Público y el representante de las víctimas; para  en  su  lugar  condenar al procesado LUIS ENRIQUE PRADA  JAIMES,           como           autor  responsable  de  la  conducta   punible   de   actos  sexuales  en  menor  de  catorce  años,   a   la   pena   principal   de  sesenta  y  cuatro (64) meses de prisión e  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo  tiempo de la pena principal impuesta.   

     

3.1.    Para  fundamentar   el   fallo   el   Juez   Plural,   afirmó   que  el  perito  adscrito a Medicina Legal, indicó  que  el  relato  de  la  menor  era  categórico  por  lo  cual  “merece  un  alto  grado de credibilidad”.  Testimonio  de  la  niña  que  es  corroborado  en  gran parte por GLADYS       JAIMES.      Así  mismo, se le  imputó  el indicio de manifestaciones posteriores a la  comisión   del  delito,  toda  vez  que  BRISEIDA   JAIMES  FIGUEROA  y  NORBERTO  ORTIZ QUIÑONEZ, declararon que  habían     recibido     amenazas     del     procesado     por     no    haber    querido    retirar    la  denuncia.    

3.2. Respecto a la  declaración   de   la   menor   el   Tribunal   puntualizó   que  “…  merece  credibilidad,  pues  hace un relato claro, preciso y  sencillo  de un suceso que resulta verosímil, sin que se observe circunstancias  o  elementos  que  permitan  colegir que el mismo sea producto de su fantasía u  obedezca  a  la  manipulación  de  sus  padres  o  de  otra  persona mayor. Las  preguntas  que  la  fiscalía  hizo  para acreditar a la testigo muestran que se  trata  de  una  niña  de  siete  años  de edad, que para la fecha del insuceso  cursaba  segundo  de primaria, quien además sabe claramente que (sic) es verdad  y que (sic) es mentira”.   

LA DEMANDA  

El libelista ataca el fallo de segundo grado  por  “manifiesto  desconocimiento en la apreciación  de  las pruebas”, con fundamento en el artículo 181,  inciso 3 de la Ley 906 de 2004.   

Inicia  la  sustentación  de  la  censura  transcribiendo  los  artículos  7, 381 del Código Penal Ley 599 de 2000., y 29  constitucional;   afirmando  que  contrario  a  lo  expresado  por  el  Tribunal  “para   la   defensa   la   niña   no   dijo   la  verdad”,  porque después de los hechos ilícitos al  menos   hubiera   sufrido   un   trastorno   psicológico,   estaría   llorado,  traumatizada,  descompuesta, pero ello no sucedió. No le contó a su familia de  inmediato  lo  que  le  pasó,  durante tres días continuó con su vida normal,  entonces  se  pregunta  el  demandante  ¿por  qué  la  niña  no  contó nada?  Respondiéndose  que  miente  toda  vez  que  “los  traumas de esta naturaleza son  visibles  y  apreciables  por  el  común  de  la  gente  y  no son de exclusiva  observación de los especialistas”.   

Sostiene  que la menor pudo haber dicho todo  “empujada” por la mamá,  “escandalizada”  por  el  relato   que   le   hizo   la   testigo   presencial   y   vecina   GLADYS,   sobre   el  comportamiento  del  procesado  para  con  su  hija.  Así  mismo,  no  entiende  como  pudo la niña  “estallar   en  llanto”  cuando  la  entrevistó el perito y ante el Fiscal en el interrogatorio, más no  el día de los hechos.   

Afirmó el actor que el comportamiento de la  testigo   presencial  es  “lamentable”  porque  salió corriendo “cuando debía  de  haber  intervenido  enérgicamente en protección de la menor”.  Así  mismo,  su defendido se encontró con la menor “y  como  se  conocían  le  dijo que le ayudará con el maletín,  (él)  le respondió que  no  pero  la  cogió  de  la  manita,  le  puso  la  mano sobre el hombro y así  caminaron  un  poquito y nada más”; eso es lo cierto  porque así lo manifestó su prohijado y lo depuso la testigo.   

Siendo ello así, la sentencia construida con  indicios  debe “corregirse en sede de casación, pues  el   legislador   no   los   ha   contemplado   en   el   nuevo   sistema  penal  acusatorio”.  Informa  además  que  contrario  a la  valoración        del       Tribunal,       la       defensa       “considera”     que    no    existe  responsabilidad  penal  en  cabeza  de  su  prohijado,  porque todas las pruebas  generan  duda  y  se  les  dio  un alcance más allá de toda duda, sin estarlo.   

Expresó  que al demostrarse la culpabilidad  el   “error  estriba  en  la  desfiguración  de  lo  objetivamente  conocido  por  la  menor” la    testigo    directa    y   el   perito,   porque  no  existe  una  “incriminación      directa,      clara      y  precisa”,  todo lo cual conduce a la inocencia de su  prohijado;  citando como normas sustanciales vulneradas los  artículos 29,  250  constitucionales, 7 y 381 del Código de Procedimiento Penal. Omitiendo, en  forma    final,    cualquier   solicitud   que   respondiera   a   su   interés  casacional.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Viene señalando  la  Sala,  que con la entrada en vigencia del  sistema  procesal penal  acusatorio   previsto  en   la   Ley   906   de  2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  toda vez que, en la actualidad es susceptible la  impugnación  contra  decisiones  de segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales  de Distrito del país, atacando los fallos de absolución o condena,  sin  tener  en  cuenta como presupuesto para su admisibilidad el quantum de pena  descrito  en  cada  tipo  penal, como lo imponían las legislaciones anteriores.   

Es de la esencia de la impugnación, para ser  admitida  la  demanda  de  casación,  que  el  censor tenga interés, formule y  desarrolle  los  cargos  contra  el  fallo  de segundo nivel y, desde luego que,  acredite la afectación de derechos y garantías fundamentales.   

Imprescindible  resulta,  además,  que  el actor no olvide lo preceptuado en el artículo 180 del Código  Instrumental   Ley  906,  en  el  entendido  que  una  de  las  obligaciones  al  confeccionar  el  libelo  es demostrar la necesidad de intervención de la Corte  para   el   logro   de   alguno  de  los  fines  establecidos   por  el  instituto.  Siendo  ello  así,  el  Principio   de  Intervención debe ser el norte del libelista toda vez que él  integra  cuatro  aspectos  teleológicos  que  se traducen en el espíritu de la  censura:                  i) la efectividad  del       derecho      material,      ii) el respeto de  las  garantías  de  los  intervinientes,  iii)    la  reparación    de    los    agravios    inferidos   a   los   intervinientes   y  iv)   la   unificación   de   la   jurisprudencia.   

Desde  otro  punto  de vista, la Sala, viene  insistiendo  que  el nuevo sistema procesal penal acusatorio al disciplinar todo  lo  concerniente  a  la  impugnación  extraordinaria,  jamás  precisó que los  presupuestos  formales  ya no son necesarios para sustentar una demanda. Todo lo  contrario,   el   recurso   de  casación,  no  perdió  su  entidad  de  juicio  lógica-argumentativa,  de  manera que el libelo debe cumplir pautas que impidan  concebirlo    como    tercera   instancia,  donde  los  reparos  compilen   presupuestos  de  claridad y  precisión,  porque  a  la Sala no le corresponde interpretar las alegaciones de  los       recurrentes       en       casación.1   

En  consecuencia,  la  Sala ha sostenido que  para  admitir  o  seleccionar una demanda de casación a fin de decidir de fondo  sobre  el  problema  jurídico  planteado por el actor; la censura, en sí, debe  sujetarse   al  cumplimiento  de  los  requisitos  formales  consagrados  en  el  artículo  184,  ordinal  2°   de  la  Ley  906,  o  demostrar la evidente  vulneración  a  los  derechos fundamentales que le asisten a los intervinientes  en  el  proceso;  es  por  todo  ello  que  se  deben aplicar los principios que  orientan  la  casación  penal  como  los  de claridad,  autonomía,   razón  suficiente,  no  contradicción,  entre  otros,  para  –de la  mano   de   ellos-   presentar  una  argumentación   trascendente,  habida  consideración  de  condensar en el ataque, los errores de juicio o de actividad  que pudieron haber incurrido los falladores.   

Objetividad,   comprensión,   precisión,  argumentación  suficiente  y  constatación  de  la trascendencia, también son  postulados  que  deben  guiar  el ejercicio intelectual en la elaboración de la  demanda  por  el  censor,  a fin de demostrarle a la Sala, el motivo por el cual  debe  ser  aceptada  una  determinada tesis jurídica o una legal valoración de  los medios probatorios.    

En repetidas oportunidades lo viene indicado  la  jurisprudencia  que  i) la  correcta  selección  de  la  causal,  ii)  el  interés  del actor, iii)   la   coherencia   de   los   cargos   aducidos,  iv)  la  puntual  fundamentación   fáctica  y  jurídica,    v)    el  cumplimiento de al  menos   

uno  de  los  fines del instituto; marcan la  pauta  para declarar la inconstitucionalidad o ilegalidad del fallo en atención  al artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

2.  Sostiene  el  demandante    que    el    fallo    de    segundo    grado    es    ilegal  toda  vez que se vulneró en forma  indirecta  la ley sustancial  por  error “manifiesto” de  hecho  en  la  modalidad  de  falso              raciocinio.   

Respecto al falso  raciocinio,  viene  precisando  la  Sala en múltiples  pronunciamientos,  que  es  imprescindible cuando se ataca el desconocimiento de  los    principios    de    la    sana    crítica,   el   indicar   i)  qué dice de  manera     objetiva     el    medio,    ii) qué infirió  de      él      el      juzgador,     iii)  cuál valor  persuasivo    le    fue    otorgado,    iv) e identificar  cuál  postulado  de  la  lógica, ley de la ciencia o máxima de la experiencia  fue   inadvertida.   Supuestos   que  desatendió  el  demandante  en  todo su contexto, al adentrarse en una ilación de razonamientos  confusos, sin trascendencia ni demostración alguna.    

Así   mismo,   la   jurisprudencia  viene  explicando  el  modo  como  debe  proponerse  la censura contra los indicios,   orientando  el  ataque  hacia  cualquiera   de   los   elementos   de  construcción  indiciaria:  i)  sobre  los  medios de conocimiento que  soportan  el  hecho indicador,  ii)  con  fundamento  en  la  operación   mental   para  inferir  el  nuevo  hecho,  y     iii)  con  base  en la estimación individual y  conjunta   de   su  poder  suasorio;  siendo  oportuno  recordar  que  el demandante debe señalar la naturaleza del yerro, de  hecho  o  de  derecho e informar cómo  incidió en el fallo.   

Debe  el  libelista  argumentar aisladamente  todos  los  hechos indicadores  acreditados   por  los  falladores  a  fin  de  determinar  los  errores  en  la  inferencia    lógica   o  demostrar  que   la  persuasión que derivaron de  ellos  se  contrapone  a  la verdad probada, o que las  deducciones  en  sana crítica  ofrecen  conclusiones erradas,  para evidenciar por último, lo ilógico de  la  responsabilidad penal declarada por las instancias.   

El  actor  pretende  a  toda  consta  que su  criterio  jurídico sea valorado por encima al del Tribunal, cuando por ejemplo,  afirma  que  “si  hubiera  sido  cierto  que el acto  sexual    ocurrió”   descartando   de   tajo   el  comportamiento  ilícito, sin que medie en su argumentación algún postulado de  la  sana  critica  omitido o desconocido por el fallador de segundo grado.    

Sin  duda,  la  demanda  de  casación es un  alegato    de   instancia,   constatado   cuando   sostiene   que   “El      perito      ejerce      una     disciplina     que     es  especulativa”,   es   una   conjetura  del  censor:  “no   hay   evidencia   alguna  de  los  hechos”,  afirmación  contra  los  medios probatorios valorados  por   el   Tribunal   sin   demostración   del   yerro   aducido:  “la  niña  pudo haber afirmado ante el perito que fue víctima de  la  agresión  sexual  empujada por la madre”, es una  suposición      del      libelista      sin     ninguna     trascendencia   probatoria:       “el    comportamiento   

de  la  testigo es lamentable por la actitud  asumida  en  el momento del hecho”, es una hipótesis  más  de  las  que  asume  el  actor  como  ciertas para confrontar la sentencia  condenatoria con su muy particular visión del acontecer criminal.   

Los fallos emitidos por los funcionarios que  administran  justicia  están  amparados  por  la doble presunción de acierto y  legalidad  y,  como  tal, no se pueden derrumbar con simples alegaciones propias  de  instancias, menos aún sobre conjeturas o al proponer tesis por fuera de los  cánones  de  la  lógica,  si  ello  es  así,  lo único que se verifica es un  latente   desconocimiento   de   los   postulados   que   sustentan  el  recurso  extraordinario  de casación. Es por el contrario, un ejercicio dialéctico, que  supone  una  arremetida  objetiva  contra  los  fallos de instancia –si  no  se  oponen  en sus decisiones-  para  tratar  de  demostrar  los  yerros que han debido ser detectados y con los  cuales  el  fallo  del Tribunal, sería ilegal o injusto según los lineamientos  jurisprudenciales.   

Así las cosas y, como quiera que el recurso  de    casación    está    regido,    entre    otros,   por   el   principio  de limitación, las deficiencias  que  presenta  la  demanda no pueden ser remediadas por la Sala, en tanto que no  le  corresponde  asumir  la  tarea  argumentativa  propia  del  recurrente, para  complementar,  adicionar  o  corregir su escrito de impugnación, máxime cuando  es  antiquísimo  el  criterio  de  la  Sala  en  el  sentido  de que el recurso  extraordinario  de  casación  es  un juicio lógico-argumentativo que tiene una  regulación  prevista  por  el  legislador y desarrollada por la jurisprudencia,  con  el  propósito  de que no  se convierta en una tercera instancia.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de  la  actuación  existió  violación de los derechos o  garantías  de  los sentenciados, como para superar los defectos de la demanda y  decidir  de  fondo  según  lo  impone  la  preceptiva  del inciso 3º del   artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Estudiado  el  ataque,  sólo  conjeturas  y  especulaciones  identifican  la  censura,  sin  que  se  hubiese  presentado una  motivación  coherente  con  la propuesta casacional, circunstancia por la cual,  la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte,  inadmitirá   la   demanda   presentada  a  favor  de  LUIS  ENRIQUE  PRADA  JAIMES.   

La   motivación  del  cargo  es  confusa,  enmarañada  y  sin  claridad,  en  ella  se  sugiere  acreditar unos argumentos  producto  de inferencias exclusivas del actor, apartándose de manera abrupta de  los   postulados   de   la  sana  crítica  mismos  principios  suasorios  que a toda consta pretender invocar  como vulnerados contra el fallo del Tribunal.   

Finalmente,  cuando  el actor afirma que los  indicios en el nuevo sistema  penal  acusatorio  no  tienen  ninguna entidad probatoria, la Sala recuerda, sin  que  ello  sea  considerado fundamento de fondo, que en la Ley 906 de 2004, así  el  indicio  no  aparezca  nominado  como   prueba,  ello no indica que las  inferencias     lógico     jurídicas     a     través     de    operaciones  indiciarias se hubieren prohibido o quedado archivadas  en vetustas legislaciones.   

3.  Teniendo  en  cuenta       que       contra       la       decisión      de      inadmitir  la  demanda signada a favor del  sentenciado  LUIS  ENRIQUE  PRADA  JAIMES,     procede     el     mecanismo    de  insistencia  de  conformidad  con lo establecido en el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, cuyo trámite no fue regulado, pero que  para   tornarlo   operativo,   la   Sala   ha  definido  las  reglas2 que habrán de  seguirse       para       su       aplicación3,      como      pasa     a  indicarse:   

3.1. La insistencia  es  un  mecanismo especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide  inadmitir  o  no  seleccionar  la  demanda  de  casación, con el fin de  provocar que ésta reconsidere lo decidido.   

También podrá ser provocado oficiosamente,  en  el  mismo término, por alguno de los Delegados del Ministerio Público para  la  Casación  Penal,  a  menos  que  el recurso hubiera sido interpuesto por el  Procurador  Judicial,  el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que no haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

3.2.    La  solicitud   de  insistencia  puede  elevarse  ante el Ministerio Público, a través de sus Delegados para la  Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador Judicial Delegado ante el Tribunal  Superior  fuese el casacionista; o ante uno de los Magistrados que hayan salvado  voto  en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda o ante uno de  los Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

3.3. Es potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado  del  Ministerio  Público ante quien se formula la insistencia optar por someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión. En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días.   

3.4.  El  auto  a  través  del  cual se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia contra la cual se formuló el  recurso  de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y  conlleve a la  admisión de la demanda.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia  en  Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

Primero:  INADMITIR  la demanda de casación presentada a nombre  de LUIS ENRIQUE PRADA JAIMES,  por las razones expuestas en la parte motiva de esta providencia.   

Segundo: Contra la  presente  decisión  procede  el  mecanismo de insistencia de conformidad con el  inciso 2° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Tercero:  Devuélvase al Tribunal de origen.   

CÓPIESE,   COMUNÍQUESE   Y   CÚMPLASE   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

Excusa justificada  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                            ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                 JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                              JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                           JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del 8 de junio de 2006. Radicación: 25565   

2  C.S.J.  Sala  de  Casación Penal. Auto del 15 de diciembre de 2005. Radicación  24322.   

3  C.S.J. Auto, 24322 diciembre 12 de 2005.     

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