27635(13-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27635  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta N° 95   

          Bogotá, D. C., trece de junio de dos mil siete.   

VISTOS  

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada   por   el   defensor  de  ÁLVARO  ALPIDIO  y  FÉLIX  HUMBERTO  ANAYA  RAMÍREZ, LUIS FERNANDO NIÑO  PABÓN  y  LUIS EMILIO BLANCO  LOZANO, contra la sentencia de segundo grado que el 19  de  febrero  pasado  profirió el Tribunal Superior del Distrito Judicial de San  Gil,  Santander,  confirmatoria  de  la  que dictó el 5 de diciembre de 2006 el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito de la misma ciudad, por cuyo medio condenó  al  primero  de los nombrados a 72 meses de prisión y multa equivalente a 66.66  s.m.l.m.v.,  como  responsable  de  los  delitos  de cohecho por dar u ofrecer y  porte  ilegal  de  armas de fuego y municiones, en concurso; y la de 32 meses de  prisión  impuesta  a  los  restantes procesados por la segunda de las conductas  punibles en cuestión.   

HECHOS  

En  el peaje localizado sobre la vía que de  San  Gil conduce a Bucaramanga, en comprensión municipal de Curití, Santander,  miembros  de  la  Policía de carreteras dieron captura en las horas de la noche  del  23 de abril de 2006 a ÁLVARO ALPIDIO y      FÉLIX      HUMBERTO      ANAYA  RAMÍREZ, LUIS FERNANDO NIÑO  PABÓN  y  LUIS EMILIO BLANCO  LOZANO,  al  encontrar  en  el  interior del vehículo  automotor  en el cual se movilizaban hacia la capital santandereana –Renault      9      con     placas  CAA-800–,   debidamente  camuflados,  un  revólver  Colt  Cobra,  calibre 32, y otro Smith & Wesson,  calibre  38  largo,  así  como una pistola calibre 22 y su respectivo proveedor  con  12  proyectiles  y 8 más sueltos. En dicho rodante igualmente descubrieron  1.076  gramos  de  una sustancia explosiva y, oculto en el volante del mismo, un  estopín  eléctrico  con  su  correspondiente  cable,  en  tanto que debajo del  asiento  del conductor hallaron dos pedazos de cordón detonante. Además, en el  baúl  del carro, dentro de la cajuela de herramientas, encontraron 20 cartuchos  calibre  38,  marca  Indumil,  y otros 5 cartuchos de similar marca, calibre 32.   

Inquiridos por el salvoconducto de las armas  y  las  municiones,  manifestaron  carecer de autorización legal para su porte.  Para  evitar  ser judicializados, ÁLVARO ALPIDIO ANAYA  RAMÍREZ,   conductor   del  automotor,  le  ofreció  $12’000.000.oo   a   la  sub-intendente                 María                 del                 Carmen  Bolaños.                 

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Solicitada   por  la  Fiscalía  audiencia  preliminar,  la  cual  se  llevó a cabo el 25 de abril de 2006 ante el Juez 1°  Promiscuo  Municipal  de  Curití  con  funciones  de  control de garantías, se  declaró  la legalidad de la aprehensión de los implicados, como también la de  los  elementos  incautados.  A los indiciados se les formuló imputación por el  delito  de  fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego, agravado por la  utilización    en    su    comisión    de    medio   motorizado   –Art.   365-1   C.   Penal–;      y,      a      ÁLVARO   ALPIDIO  ANAYA  RAMÍREZ  se  le  imputó,  además,  la  conducta  punible de cohecho por dar u ofrecer -Atr. 467  ibidem-.   Los   imputados  manifestaron al unísono no allanarse a los cargos.   

Del  mismo  modo,  se  les  impuso  a  los  acriminados  medida de aseguramiento no privativa de la libertad, consistente en  la  obligación  de presentarse periódicamente o cada vez que en razón de este  asunto deban ser requeridos, previa caución.   

La   Fiscalía  presentó  el  escrito  de  acusación  pertinente  por  los  delitos objeto de imputación relacionados con  antelación,  cuya  formulación  realizó  a cada uno de los procesados ante el  Juzgado  1° Penal del Circuito de San Gil en audiencia celebrada el 29 de junio  de  2006,  diligencia  dentro  de  la  cual  la defensa invocó la nulidad de la  actuación  por  violación  del  debido  proceso;  negada la misma, el Tribunal  confirmó dicha determinación.   

El 1° de septiembre tuvo lugar la audiencia  preparatoria,  en  cuyo  desarrollo  el  defensor solicitó la exclusión de una  prueba  presentada  por  la  Fiscalía, pretensión que el juez del conocimiento  despachó  negativamente  y  que  el Tribunal Superior convalidó, al desatar el  recurso de alzada interpuesto contra esa decisión.   

El  20 de noviembre siguiente se instaló la  audiencia  de  juicio  oral,  y  tras su culminación se anunció el sentido del  fallo  de carácter condenatorio, produciéndose su lectura el 5 de diciembre de  2006,  de  cuya naturaleza y contenido se hizo mérito en el acápite inicial de  esta  providencia,  el  cual  fue  confirmado por el Tribunal mediante la que es  objeto de este recurso extraordinario.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en la causal 3ª, un único  cargo  postula  el  censor  por  estimar  que la sentencia impugnada en sede del  extraordinario  recurso,  es  violatoria  del  inciso  último del Art. 29 de la  Carta  Política  y  de  los  Arts.  6,  7,  10  y 23 de la Ley 906 de 2004, por  avasallar  el  debido  proceso  y  los  principios  de legalidad, presunción de  inocencia  y  el  de  exclusión  de  la  prueba  obtenida con violación de las  garantías fundamentales.   

En  desarrollo  de  la  censura, sostiene el  libelista  que  el  debido proceso se conculcó porque durante el transcurso del  procedimiento  policivo  del  que se da cuenta en autos, el acta de recaudación  de  los  elementos  incautados  se  destruyó,  fue  rota  por la funcionaria de  Policía  que  la elaboró cuando ya ésta había sido suscrita por el procesado  ÁLVARO    ALPIDIO    ANAYA    RAMÍREZ,   la   cual   sustituyó   por   otra   en  la  que  se  evidencia  “clara   discrepancia”  respecto del contenido de la inicial.   

Esa  situación  la  admitió  la autora del  hecho,  sub-intendente  MARÍA  DEL  CARMEN BOLAÑOS PÉREZ, en la diligencia de  audiencia  de  juicio  oral  -aduce  el demandante-, suceso que, a su juicio, es  constitutivo  del delito de falsedad y, como tal, no produce efectos jurídicos,  lo  que  significa  que  mal pueden tenerse esas actas como medio de prueba para  fincar      en      las      mismas      una      sentencia     de     carácter  condenatorio.         

Dado que el recurso de apelación lo desató  el   Tribunal  desfavorablemente,  su  decisión  es  contraria  a  derecho  por  quebrantar  postulados  de la Carta Política tales como el debido proceso y los  principios  de  inocencia, in dubio pro reo  e  investigación  integral -reitera-, rompiéndose por contera la  cadena   de   custodia,   por   lo   que   se   incurrió   en   “error  de  hecho  por errada apreciación de la prueba, al otorgarle  una   valoración   que   no   poseía,   por   tratarse   de  una  ‘PRUEBA      NULA      DE     PLENO  DERECHO’”, conforme a lo  reglado en el inciso final del Art. 29 Superior.   

Casar  la  sentencia  impugnada  en su lugar  absolver  de  toda  responsabilidad  a  los  sentenciados, es la pretensión del  censor.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          El  artículo  184, inciso 2º, de la Ley 906 de 2004, autoriza a la  Corte  para  no  seleccionar, en auto debidamente motivado, aquellas demandas de  casación   que  se  encuentren  en  cualquiera  de  los  siguientes  supuestos:   

“(…)  si  el  demandante  carece  de  interés, prescinde de señalar la causal, no desarrolla  los  cargos  de  sustentación  o cuando de su contexto se advierta fundadamente  que  no se precisa del fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso  (…)”      

En  ese  orden de ideas, ni siquiera bajo la  óptica  del  nuevo sistema procesal penal -como ya lo tiene dicho la Corte-, el  libelo  impugnativo  puede  ser un escrito de libre factura, por cuanto a efecto  de  concitar  la  atención de la Sala para su examen de fondo y poder verificar  si  la  sentencia  de  segunda  instancia  se  profirió  o  no  conforme  a  la  constitución  y  a  la  ley,  es  menester  que  de manera precisa y concisa se  señalen  las  causales invocadas, que se expresen los fundamentos de la censura  y  que  se acredite que se requiere del fallo para el cumplimiento de algunas de  las finalidades del recurso .   

Precisamente,  por lo que viene de anotarse,  la Corte precisó:   

“Supone  lo  anterior  que  el  demandante  debe  encaminar  sus  esfuerzos a demostrar cómo con el trámite procesal o a través  del  fallo  se  afectaron  derechos  o garantías fundamentales para lo cual, en  consonancia  con  el  yerro  advertido, ha de servirse de la causal de casación  pertinente  señalándola  expresamente  e  indicando las razones que le asisten  para  estimar  que se encuentra estructurada, sin olvidar que debe indicar, así  sea  sucintamente,  cuál  de  los  fines  establecidos  para  la casación hace  necesaria  la  intervención  de  la  Corte  en  el particular asunto, según lo  previsto  en  el  artículo  180  de  esa  normatividad,  esto  es,  si  ella es  indispensable  para  la  efectividad  del  derecho  material,  el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos o la unificación de la jurisprudencia.   

“Con   esos  propósitos,  resulta  de  suma  utilidad  que  el actor atienda las directrices  desarrolladas  por la jurisprudencia sobre la forma para abordar en esta sede el  desarrollo  de  los  diferentes  motivos  de  casación  pautas  que, bien está  recordar,  no  pasan de ser un conjunto de postulados orientados a conseguir que  el  demandante  se  sujete  a  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia en la  formulación y desarrollo de sus reparos.   

“Tales  directrices  tienden,  pues,  a  facilitar  la labor del demandante a fin de que  resulten  completos  y  entendibles  los  cargos  que propone contra el fallo de  segundo  grado, exigencia que sigue vigente pues si bien en la nueva lógica del  recurso  se habilita a la Corte para superar los defectos que el libelo ofrezca,  esta  última opción demanda del censor un esfuerzo argumentativo a través del  cual  demuestre  ya  el  probable  distanciamiento entre el fallo recurrido y la  norma  constitucional  o  legal  que  debió  gobernarlo, ora la vulneración de  garantías  fundamentales  de los intervinientes, bien el tema jurídico que por  su  relevancia  deba ser abordado por la Sala a fin de procurar el desarrollo de  la jurisprudencia.   

“Es   decir,  siempre  será  necesario  que  el  demandante  elabore una propuesta coherente,  comprensible  y  convincente,  por  cuyo  medio  pueda  concluirse  que  sí  es  indispensable  la  intervención de la Corte para lograr alguno de los cometidos  de   la   casación,   de   acuerdo   con   la   índole   de   la  controversia  planteada.”1   

En relación con este asunto, el libelista no  acata  esas  directrices  y,  por  consiguiente,  su  demanda  no es más que un  escrito  de  libre  factura mediante el cual, si bien logra invocar el motivo de  casación  en  el  que  dice  sustentar  el  reproche,  su  desarrollo  se torna  impreciso  e  incoherente  porque  de la postulación de errores de apreciación  probatoria,  a  renglón  seguido  y  al  interior  del único cargo que formula  plantea,  a  manera  de  genérico  enunciado,  el quebrantamiento de garantías  fundamentales   como   el  debido  proceso  y  el  principio  de  investigación  integral.   

En  el  primer evento, debió especificar si  realmente  el  cargo  tiene  por fundamento la violación del debido proceso por  desquiciamiento  de  su  estructura  básica,  lo  que le obligaba a    la   demostración   fehaciente   de  irregularidades  sustanciales  que efectivamente menoscaben la estructura formal  y   conceptual   del   esquema   procesal   en   una  cualquiera  de  sus  fases  -investigación  o juzgamiento-, lo cual implica para el censor, como de antaño  lo  tiene establecido la doctrina de la Corte: a) Identificar el acto irregular;  b)  Concretar  de  qué manera una tal irregularidad afectó la integridad de la  actuación  o  conculcó  las  garantías  procesales;  c)  explicar por qué es  irreparable  el  daño;  y,  d)  Señalar  el  momento a partir del cual se debe  reponer  la  actuación.  Adicionalmente,  es  necesario  tener  en  cuenta  los  principios   que  rigen  la  declaratoria  de  nulidades  y  su  convalidación,  enumerados  en  el  Art.  310  de  la  Ley 600 de 2000, como los de concreción,  trascendencia,  protección,  taxatividad  y residualidad. Bajo tal perspectiva,  aparece evidente que la causal que debió invocar era la segunda.   

Y,  si  de  la denuncia de la violación del  debido  proceso  probatorio  se  trataba -como apenas así parece sugerirlo-, la  “nulidad     de     pleno     derecho”,   según   arraigada   doctrina   de  la  Corte,  significa  la  “inexistencia” jurídica  del  medio  probatorio  que  da lugar a su desestimación en cualquier decisión  judicial,  situación  que  presupone  el  quebranto  indirecto  de una norma de  derecho  sustancial,  a  causa  de  un  error  de  derecho  por  falso juicio de  legalidad.   En  este  escenario,  también  ha  sido  dicho  por  la  Corte  en  innumerables   ocasiones,  es  carga  del  demandante  señalar  el  precepto  o  preceptos  que  establecen  el rito bajo el cual la prueba debe ser adosada a la  actuación  y, acto seguido, como condición ineludible y trascendental en orden  a  demostrar  la ilegalidad de la sentencia, enfrentar los restantes fundamentos  del  fallo  para  señalar  que  no  perviven  al  excluir  los  atinentes  a la  valoración de la prueba señalada de ilegal.   

Quizá  los  defectos  que se observan en el  libelo  podrían  llegar  a  superarse,  de no ser porque el censor no esboza el  menor  ejercicio  argumental  en  el  señalado  sentido,  pues  su atención se  concentra  en insistir y repetir que la prueba es ilegal, y que por tener origen  en    una    conducta    delictiva,    mal    puede   ésta   producir   efectos  jurídicos.   

Ahora,  cuando  se alega la vulneración del  principio  de investigación integral -yerro que al desgaire igualmente denuncia  el  actor-,  tiene  dicho  la  doctrina  de  esta Corte que no es suficiente con  indicar  someramente  cuáles fueron los medios de convicción que se dejaron de  practicar,  ni  cuál  su  fuente,  sino que es deber del recurrente precisar su  pertinencia,  conducencia,  utilidad,  eficacia  y  trascendencia,  todo lo cual  surge  de  la  confrontación lógica con el restante acervo probatorio sustento  de  la  sentencia,  de  tal  modo que se evidencie que de haberse practicado, su  sentido  habría  sido, de uno u otro modo, favorable al acusado, hasta el punto  de  hacerse  indispensable  derribar  lo  actuado  para que las pruebas omitidas  puedan  ser practicadas. Como el censor ni siquiera relaciona las pruebas objeto  de la pretextada preterición, su afirmación deviene infundada.   

Y,  si del reclamo por la no aplicación del  principio   de   in   dubio   pro   reo  se  trataba,  era  obligación  del censor acreditar cómo a pesar de que la prueba sólo daba para  sembrar  incertidumbre,  el  Tribunal  no lo consideró así y profirió condena  aduciendo  certeza  donde  sólo  podía  haber  perplejidad,  reproche  que  le  obligaba  a  señalar  y  demostrar  los  errores  de  hecho  o de derecho en la  apreciación  de  los medios que determinaron los falsos juicios del juzgador en  la fundamentación de la condena, lo cual de igual manera omite.   

Para acceder a la casación, igualmente lo ha  dicho  la  Sala,  le está vedado al libelista entender que la argumentación de  la  demanda  deba cursar dentro de los parámetros propios de unas instancias ya  superadas,  por  cuanto la pretensión de ahora es remover una sentencia que, se  reitera,  llega  a  esta  sede  amparada  por  la doble presunción de acierto y  legalidad,  y que además es obra de una manifestación de autonomía judicial y  seguridad   jurídica,   rasgos   de   la   jurisdicción   que,  por  una  vía  extraordinaria  como  es  el recurso de casación, no pueden cuestionarse con el  despliegue  de  cualquier  forma  de disentimiento, presentado de manera libre o  caprichosa.   

Por tales razones, se inadmitirá la demanda  de  cuyo  examen  forma  se  ha  ocupado  la Sala y, porque además, la Corte no  observa    que    haya    habido   conculcamiento   de   garantía   fundamental  alguna.   

                      

Cuestión final.  

Habida   cuenta  que  contra  la  presente  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  186  de  la  Ley  906 de 2004, impera precisar que como dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su  aplicación2, como sigue:   

          a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  -siempre   que  el  recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por  el  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente o el Magistrado que no haya participado en  los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  hayan  salvado  voto  en  cuanto a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         

          c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

                               

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

1.           INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  los sentenciados ÁLVARO  ALPIDIO y  FÉLIX    HUMBERTO    ANAYA    RAMÍREZ,  LUIS FERNANDO NIÑO PABÓN y LUIS   EMILIO   BLANCO   LOZANO,  por  su  defensor.   

2.  De  conformidad  con  lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese, notifíquese y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Excusa justificada  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                               ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                              JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                                               JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 C. S.  de  J.,  Sala  de  Casación  Penal, auto de junio 22 de 2006. Rad. 25412.    

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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