27550(20-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27550  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 102   

Bogotá,  D.C.,  veinte  de  junio de dos mil  siete.   

VISTOS  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del procesado JOSÉ RICARDO  JOYA  SÁNCHEZ,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga, el 8 de febrero de  2007,  confirmatoria  en  todos  sus  apartes de la emitida el 6 de diciembre de  2006,  por  el Juzgado Sexto Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de  Bucaramanga,  Sant., en la cual se condenó al acusado a la pena principal de 26  meses  y  12  días  de  prisión,  junto  con  multa por el equivalente a 36.66  salarios  mínimos legales mensuales, como autor del delito de cohecho por dar u  ofrecer.   Allí mismo se decretó la sanción accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, por un lapso igual al de  la  privación  de  la  libertad, y se negaron al procesado los subrogados de la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la   pena   y   prisión  domiciliaria.   

HECHOS  

En  el fallo atacado, se narró lo ocurrido,  de la siguiente forma:   

“Se desprende de la actuación, que en las  horas  de la noche del 25 de septiembre de 2006, JORGE  RICARDO  JOYA  SÁNCHEZ transitaba con un amigo por las  inmediaciones   de  la  carrera  22  con  avenida  “La  Rosita”  dentro  del  perímetro  urbano  de  esta ciudad, cuando fueron abordados por las autoridades  de   la   Policía   Judicial,   quienes  les  solicitaron  su  identificación,  procediendo  éste  a  entregar  una  contraseña  supuestamente expedida por la  Registraduría   Nacional   del   Estado   Civil   a   nombre   de  LUIS    HERNANDO    BARRIOS    MONGUÍ,  informándosele  que  debía  ser conducido a las instalaciones de la SIJIN para  corroborar  la  información,  por  lo  cual se acercó a uno de los agentes que  hacía  el  operativo,  LUIS  JOSÉ CORREA SANDOVAL, ofreciéndole el pago de la  suma  de  $  1.000.000,  si lo dejaba marcharse, por cuanto tenía vigente en su  contra  una  orden  de captura, confesando su verdadero nombre, siendo capturado  de  inmediato,  circunstancias que dieron lugar al desarrollo de las diligencias  por las cuales hoy se procede en esta Sala.”   

DECURSO  PROCESAL   

    

              Capturado  en  flagrancia  el  procesado,  el  día 26 de septiembre de 2006, se  realizaron   ante   el  correspondiente  Juez  de  Control  de  Garantías,  las  audiencias  preliminares  de  legalización  de la aprehensión, formulación de  imputación y solicitud de medida de aseguramiento.   

            En  el  decurso  de las audiencias, el Juez de Control de Garantías determinó legal la  captura,  facultó que se formulase imputación por el delito de cohecho por dar  u  ofrecer,  a  la  cual  no  se allanó el imputado, y a pedido de la fiscalía  impuso  al  procesado  las medidas de aseguramiento no privativas de la libertad  contenidas  en los numerales 3° y 4° del literal B del artículo 307 del C. de  P.P.,  aunque no se concedió materialmente la excarcelación al procesado, toda  vez  que  se  le  requería  por  el  Juzgado  Primero de Ejecución de Penas de  Bucaramanga,  para  descontar  pena  de  prisión  impuesta  por  otra instancia  judicial.   

           Como  quiera  que  dentro del período investigativo el procesado, junto con su defensor, y la  fiscalía,  pactaron  un  preacuerdo  por  virtud  del  cual  el  primero acepta  responsabilidad  penal  en  el  delito  de  cohecho  por dar u ofrecer que se le  atribuye,  a cambio de obtener una rebaja del 45 % en la pena mínima imponible,  el  ente  investigador  presentó  el  correspondiente escrito de acusación por  preacuerdo.   

            Acorde  con  ello,  el  día  6  de diciembre de 2006, el Juez  Sexto Penal del Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  de  Bucaramanga,  examinó  el  acuerdo  y  lo  determinó   legal,   procediendo,  luego  de  un  corto  receso,  a  emitir  la  consecuente sentencia de condena.   

         Allí,  se  determinó responsable al procesado, del delito de cohecho por dar u  ofrecer,  dispuesto en el artículo 407 del C.P., modificado por el artículo 14  de la Ley 890 de 2004.   

        En  razón  de  lo consignado en el acuerdo, se impuso al procesado pena de 26 meses  y   12   días   de  prisión,  y  multa  de  36.66  salarios  mínimos  legales  mensuales.   

          Determinando, a su  vez,  que  no  se  cubre  el requisito subjetivo dispuesto para el efecto en los  artículos  63  y  38 del C.P.,  se negaron al acusado los subrogados de la  suspensión   condicional    de   la  ejecución  de  la  pena  y  prisión  domiciliaria.  Allí  mismo  el  defensor del procesado y éste interpusieron el  recurso de apelación, de inmediato concedido.   

          El  día   8  de febrero de 2007, ante la correspondiente Sala de Decisión del  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga, se realizó la diligencia de argumentación  del  recurso  de  apelación,  en  la  cual tanto el procesado como su defensor,  solicitaron  se concediera al primero el subrogado de la suspensión condicional  de  la  ejecución de la pena, establecido en el artículo 63 del C.P., y a ello  se limitó su intervención.   

           Finalmente,   ese  mismo  día,  el  Tribunal expidió la sentencia impugnada, en la cual confirmó  íntegramente  la  condena,  denegando  lo  solicitado  en  punto  del subrogado  excarcelatorio.   

SÍNTESIS  DE LA DEMANDA   

Único cargo  

Con amparo en la causal primera,  ataca  el   defensor   la   sentencia  “por  la  FALTA  DE  APLICACIÓN,  INTERPRETACIÓN  ERRÓNEA  Y APLICACIÓN INDEBIDA DE UNA NORMA DEL  BLOQUE  DE  CONSTITUCIONALIDAD,  CONSTITUCIONAL  Y  LEGAL,  LLAMADA A REGULAR EL  CASO,  CON  VIOLACIÓN  A  GARANTÍAS  CONSTITUCIONALES Y LEGALES” .   

Específicamente, el recurrente advierte que  el  Tribunal,  conforme  la  razón  que  impulsó apelar la sentencia de primer  grado,  denegatoria  de  los  subrogados  de  la  suspensión  condicional de la  ejecución  de  la  pena y prisión domiciliaria, confirmó lo resuelto por el A  quo,  a  través  de una providencia  errada  que someramente analizó  las   condiciones   del  procesado,  juzgando  e  interpretando  sin  argumentos  probatorios  válidos,  la  necesidad  de  aplicar  con  todo  rigor tratamiento  penitenciario.   

   A renglón seguido, se ocupa el  recurrente  de  establecer  un  perfil de personalidad del acusado, describiendo  también  su  núcleo  familiar  y  la  forma  en  que  vela  por el mismo, para  concluir,  en  argumentación de clara raigambre sociológica, que resulta mejor  permitir   al   procesado   retornar   al  seno  de  su  hogar,  dentro  de  los  condicionamientos  de  la  prisión  domiciliaria,  que  obligarlo  a cumplir en  efectiva  prisión  la  sanción,  pues  con  esto  último  resultan claramente  afectados  sus hijos, en contravía de las normas constitucionales y legales que  establecen una especie de plus a sus derechos.   

Estimando  que  el  acusado,  entonces, debe  entenderse  padre cabeza de familia, solicita el impugnante se tome en cuenta lo  dispuesto  por los artículos 2, 5, 13, 42, 43, 44, 48 y 67, de la Constitución  Política  Colombiana,  para  efectos de que se le otorgue  el subrogado de  la prisión domiciliaria, casándose parcialmente la sentencia.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Previo a examinar el cargo presentado por el  impugnante  en  contra  de la sentencia objeto de censura, debe relevarse cómo,  con  el advenimiento de la Ley 906 de 2004, se ha buscado resaltar la naturaleza  de  la casación en cuanto medio de control constitucional y legal habilitado ya  de  manera  general  contra todas las sentencias de segunda instancia proferidas  por  los  Tribunales,  cuando  quiera  que  se adviertan violaciones que afectan  garantías  de  las partes, en seguimiento de lo consagrado por el artículo 180  de la Ley 906 de 2004, así redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”   

                   Precisamente,  en  aras  de  materializar el cumplimiento de tan específicos intereses, la Ley  906  de  2004,  faculta  a  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  entre  otros,  de  la  potestad  de superar los defectos de que pueda  adolecer  la  demanda,  a efectos de que pueda emitirse pronunciamiento de fondo  –art.   184,   inciso  3°-.   

         Es  necesario,  sin embargo, inadmitir la demanda si, como postula el inciso segundo  de  la  norma  citada:  “el  demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de  sustentación  o  cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente que no se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso”.   

Atendidos  estos  criterios, ha señalado la  Corte1:   

“De  allí  que bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

“Por  lo  tanto,  sin  perjuicio  de  la  facultad  oficiosa  de  la Corte para prescindir de los defectos formales de una  demanda  cuando  advierta  la  posible  violación  de garantías de los sujetos  procesales  o de los intervinientes, de manera general, frente a las condiciones  mínimas de admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

“1.  Acreditación  del  agravio  a  los  derechos    o    garantías    fundamentales    producido   con   la   sentencia  demandada;   

“2.   Señalamiento  de  la  causal  de  casación,  a  través  de  la  cual  se  deja  evidente tal afectación, con la  consiguiente   observancia  de  los  parámetros  lógicos,  argumentales  y  de  postulación propios del motivo casacional postulado;   

“3. Determinación de la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

“De  otro  lado,  con  referencia  a  las  taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo  181 del nuevo  Código, se tiene dicho que:   

“a)  La  de  su  numeral 1º –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

“b)  La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

“En  tal caso, debe tenerse en cuenta que  las  causales  de  nulidad  son  taxativas  y  que  la  denuncia  bien sea de la  vulneración  del  debido  proceso  o  de las garantías, exige clara y precisas  pautas                 demostrativas2.   

“Del  mismo modo, bajo la orientación de  tal  causal  puede  postularse  el  desconocimiento del principio de congruencia  entre       acusación       y       sentencia3.   

“c)  Finalmente,  la  del  numeral 3º se  ocupa  de  la  denominada violación indirecta de la ley sustancial –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio  de convicción4,     mientras    que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

“La  invocación  de  cualquiera de estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.”   

Establecidas   las  premisas  básicas  de  evaluación,  abordará  la  Sala la demanda de casación, de conformidad con el  cargo planteado por el casacionista.   

         

Cargo Único.  

          Basta  apreciar  la  metodología  utilizada  por el impugnante para  controvertir  la decisión de segunda instancia y los fundamentos en que se basa  la  impugnación,  para  concluir  evidente  la  impropiedad  del  único  cargo  planteado,  en  tanto,  se  trata de un alegato de libre confección en el cual,  lejos  de  demostrar  algún  tipo  de  violación  o  yerro  trascendente en la  evaluación  efectuada  por el tribunal para denegar el subrogado de la prisión  domiciliaria  al  acusado,  busca  anteponer  a  ello  su particular perspectiva  acerca  de  los fines de la sanción y las condiciones familiares del procesado,  pasando  por  alto que la sentencia de segundo grado arriba a la sede casacional  revestida de una doble connotación de acierto y legalidad.   

        En   este  sentido,  si  el  demandante  delimita  su  ataque  dentro  de la causal primera  contemplada  en  el  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004,  se tornaba  elemental,  como requisito básico, determinar cuál o cuáles fueron las normas  sustanciales  pasadas  por  alto  o  indebidamente  aplicadas por el Tribunal, y  cómo  ocurrió ello, acorde con el tipo de controversia propuesto y la supuesta  violación que soporta el cargo.   

        En  lo  que  toca con la violación directa de la ley material y la forma de abordar  adecuadamente  la  argumentación, ha dicho la Corte5:   

      “…Cuando  el  casacionista  se  basa  en  la  causal  primera de casación, cuerpo primero, es  decir,  violación  directa   de  la  ley  sustancial,  fundamentalmente le  corresponde:   

        2.1.  Afirmar  y probar que el juzgador de segunda instancia ha incurrido en error por  falta   de   aplicación   (exclusión  evidente  o  infracción  directa),  por  aplicación   indebida  (falso  juicio  de  selección)  o  por  interpretación  errónea  (sobre  la  existencia  material sobre la validez o sobre el sentido o  alcance) de la ley sustancial.   

       “2.2.  Abstenerse  de reprochar la prueba, es decir, le compete aceptar la apreciación  que  de  ella  ha  hecho  el  fallador  y  conformarse de manera absoluta con la  declaración de los hechos vertida por éste.   

        “2.3.  Realizar un estudio puramente jurídico de la sentencia.   

       “2.4.  Si  como  consecuencia  de  la  errónea interpretación de la ley, ésta se deja de  aplicar,  o  se  aplica  indebidamente,  debe dirigir su acusación hacia una de  estas  dos hipótesis y no hacia la interpretación equivocada de la ley pues lo  importante,  en  últimas,  es  la  decisión  tomada por el juez: no aplicar la  norma o aplicarla indebidamente.   

         “2.5.  Si  predica  aplicación  indebida de una norma, tiene que  precisar  la  norma inadecuadamente utilizada y aquella que en su lugar debe ser  atribuida.   

        “2.6.  Respecto  de  una  misma  disposición  legal no puede predicar simultáneamente  falta de aplicación y aplicación indebida.   

      “2.7.   Indicar en forma clara y precisa los fundamentos de la causal.   

      “2.8. Citar  las normas que se estiman infringidas.   

        “2.9.  …”                 

          Nada de lo anotado  cumplió  el  impugnante,  en  cuanto, ni siquiera mencionó cuál es la norma o  normas  que  el  fallador  de  segunda  instancia  dejó  de  aplicar  o aplicó  indebidamente,  qué  dicen  estas, cómo las interpretó o dejó de tomarlas en  cuenta  el  Ad quem, y cuál es el efecto adecuado que ha de darse a lo regulado  por el legislador.   

           Lo  anotado,  por  sí  solo,  conduce  a  la  inadmisión de la demanda, entre otras razones,  porque  se  le  impide  conocer a la Sala, cuál es el yerro en que incurrió el  Tribunal  al  negar  al  procesado el subrogado contenido en el artículo 38 del  C.P.,  o,  dicho  de  otra  forma,  cuál  fue  la  norma  violada  y  cómo  se  materializó ello.      

         Apenas  si,  en  un  apartado de su argumentación el demandante pide de la Sala  que   se   “construya   y  enfoque  en  una  nueva  posición”,   lo   establecido   en  varias  normas  constitucionales,   sin   siquiera  preocuparse  por  señalar  qué  dicen  los  artículos  en mención o cómo opera ello dentro del asunto examinado, ni mucho  menos   la   manera   en   que   ello   controvierte   los   fundamentos  de  la  sentencia.   

        Fundamentos  que,  por  lo  demás,  se  ha privado a la Corte de conocer, pues,  sobre   el  contenido  argumental  de  la  decisión  de  segunda  instancia  el  demandante   sólo   significa   que  se  incurrió  en  error  al  “juzgar  e interpretar sin argumentos jurídicamente válidos”,  obviando  referenciar  así  fuese someramente cuáles  fueron     esos     argumentos     o    por    qué    no    son    “jurídicamente válidos”.   

         Resulta    inane,    cabe    agregar,   una   argumentación   que   de   manera  descontextualizada  y  aislada  se  dirige  a  soportar  una tesis por lo demás  abstracta  y  genérica  de  prevalencia  de  los  derechos  de los menores, sin  abordar  así  fuese adjetivamente la decisión que dice controvertirse, como si  de  verdad  la  casación  fuese  escenario  para  hacer  revivir  oportunidades  perdidas,   y   no,  cual  se  postula  legal  y  constitucionalmente,  la  sede  extraordinaria  que  faculta  derrumbar  la  sentencia  de segunda instancia por  ocasión      de     demostrarse     existir     objetiva     una     violación  trascendente.   

       En este  sentido,  se  releva  cómo con ocasión de la expedición de la Ley 906 de 2004  y,  particularmente,  las normas regulatorias del recurso de casación, una  vez  eliminadas  las  exigencias  formales  para  acceder  al  medio especial de  controversia,  se  ha  pensado,  erradamente,  que el discurso opera ya de libre  confección,  en  forma  similar a un típico alegato de instancia, sin tomar en  consideración  la  naturaleza  excepcional del instituto y el objeto del mismo,  menesterosos,   ambos,   de   una  adecuada  fundamentación  que  consulte  los  parámetros  señalados al inicio, operantes para la legislación anterior y hoy  completamente  vigentes  de  conformidad con lo establecido en los incisos dos y  tres del artículo 184 del C. de P.P.   

    

Sólo  así  se  entiende  que  el  defensor  pretenda  con  la demanda obtener a favor de su representado legal la concesión  del  subrogado  de  prisión  domiciliaria,  sin ocuparse siquiera de significar  qué  fue  en concreto lo analizado y resuelto en el fallo  atacado, en una  alegación  genérica  que  ni  siquiera  supliría los requisitos mínimos para  conceder  la  alzada, si del recurso de apelación se tratase.      

Está claro que los errores de argumentación  y  la  falta  de  fundamentación  del  cargo  propuesto,  postulan necesaria la  inadmisión  de  la  demanda. Pero además, no puede pasar por alto la Corte, la  falta  de  exactitud  con  la cual actuó el impugnante cuando de manera elusiva  pretendió  significar que efectivamente la apelación al fallo emitido por el A  quo  y la argumentación ante la segunda instancia, así como lo decidido por el  Tribunal,   se refirieron al tópico de la prisión domiciliaria, cuando es  lo  cierto  que  jamás  ese fue el objeto del recurso vertical, ni la sentencia  atacada lo consideró, así fuese de soslayo.   

Evidente asoma, en el comportamiento procesal  del  demandante,  cómo este buscó superar el impedimento que representa alegar  en  casación  un  tema  que  no  fue objeto de apelación,  a partir de la  manifestación   genérica   y   mendaz   de   un  supuesto,  pero  inexistente,  pronunciamiento  de  la  segunda  instancia,  para  así pretender entronizar el  presunto   yerro   en  el  cual  se  fundamenta  la  impugnación  por  la  vía  extraordinaria.   

Así  se explica que se dijera en el escrito  impugnatorio:    “Al   confirmar   la   sentencia  condenatoria   de  primer  grado  en  lo  atinente  a  la  nugatoria  (sic)  del  otorgamiento  del  mecanismo sustitutivo de la pena privativa de la libertad, de  la  suspensión  condicional  de la sentencia, así como, del instituto penal de  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva de la pena de prisión impuesta al  acusado  JOSÉ RICARDO JOYA SÁNCHEZ, el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bucaramanga,  propende  por continuar con la senda adoptada por la Honorable  Corte   Suprema   de  Justicia,  frente  a  los  últimos  pronunciamientos  que  distinguen   los   institutos   penales   anteriormente  referenciados”.    

O que más adelante, al pretender fundamentar  el  cargo,  sostenga  que  el  Tribunal,  al  evaluar  el  delito cometido y los  antecedentes     del     procesado,     estimó    que    éste:    “….no  se  hace  merecedor al mecanismo sustitutivo de las pena  privativa  de  la libertad, de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  así  como  tampoco,  estima,  hay  lugar  a la concesión de la prisión  domiciliaria como sustitutiva de la pena de prisión”.   

Además, que se anote como yerro del Ad quem:  “…juzgar   e  interpretar   sin  argumentos  probatorios  jurídicamente  válidos,  que  a  partir  del  análisis  somero y  escueto  que  se  hizo,  se  edifique  una decisión judicial cercenando a JOSÉ  RICARDO  JOYA  SÁNCHEZ y a su núcleo familiar, de la oportunidad de permanecer  en   su   domicilio   o  residencia,  bajo  la  vigilancia  de  las  autoridades  administrativas   del  INPEC,  cumpliendo  su  fase  de  condena.”      

Y,  finalmente,  se  señale:  “Para  esta  (sic) cuerpo colegiado, careció de lógica y normal  raciocinio,  el  permitir  que JOSÉ RICARDO JOYA SÁNCHEZ, permanezca si quiera  (sic)  mínimamente  cumpliendo  el reproche  social que le hace el Estado,  por  haber  incurrido  en la conducta delictual por la que fue sentenciado, bajo  los  alcances  de al prisión domiciliaria como forma válida de cumplimiento de  al  pena  impuesta,  señalando  que  se  carecen (sic) de elementos probatorios  válidos  que  permitan tener la plena certeza de su sometimiento a la ley, pues  con  los  existentes  no  puede deducirse seria, fundada y motivadamente, que no  volverá  a poner en peligro a la comunidad y que no evadirá el cumplimiento de  la  pena, y en contrario sensu, tanto las pruebas aportadas como la modalidad de  la  conducta  endilgada, los llevaron a concluir que se pone en riesgo inminente  la  tranquilidad  de  la comunidad local, permitiendo su permanencia en su lugar  de   residencia  como  sitio  propicio  para  el  cumplimiento  de  la  sanción  legalmente impuesta.”   

     

Cuando, en contrario, se observa objetivo que  el  fallo  no tocó siquiera someramente el tópico de la prisión domiciliaria,  entre  otras  razones,  es  necesario  destacar, porque la alegación propia del  recurso  de  apelación  interpuesto,  como  se  registra  en  el  audio  de  la  audiencia, tampoco se refirió a ello.   

Sobre  lo  que  se  discute, ha señalado la  Corte6:   

“La  Sala tiene  determinado  que  los  requisitos  formales  de la demanda de casación no sólo  hacen  referencia  a  su  contenido lógico armónico, es decir a su corrección  formal,  sino  que  también  deben  contener  una  corrección  material.  Ello  significa  que  entre  las  piezas  procesales  sobre las que se fundamenten los  cargos  y  la presentación que se haga de ellas en la demanda, debe existir una  relación     de     correspondencia     objetiva7,   respetando   siempre   su  realidad.    

“En  tales  eventos, ha dicho también la  Sala,  no  se trata de determinar a priori la prosperidad de la demanda, sino de  prevenir  que  la  corrección  formal  de  la  misma  no esté sustentada sobre  inexactitudes  o  mendacidades,  conscientes o  inconscientes, pero en todo  caso advertibles a simple vista.   

“Los antecedentes del caso debatido en una  demanda  de  casación  son  vinculantes, no sólo porque la ley bajo la cual se  rige  el  presente  caso  los incluye dentro de sus requisitos formales (numeral  2º  del  artículo  212  de  la  Ley  600  de 2000), sino porque los mismos son  presupuesto  del  análisis que debe emprender la Corte cuando revisa su aspecto  formal,  pues  de  ello  dependerá  muchas  de  las veces que la Sala encuentre  correctamente demostrado un cargo en casación”.    

Por  último, como la Corte no observa en el  trámite  del  asunto  o  lo  consignado  en  el  fallo  atacado,  violación de  garantías  fundamentales  que  haga  necesaria  la  intervención  oficiosa, se  inadmitirá   la   demanda   de   casación   presentada  por  el  defensor  del  acusado.   

Cuestión       final.   

Habida  cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  procede  el  mecanismo  de insistencia de  conformidad  con lo establecido en el Art. 186 de la Ley 906/04, impera precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación8 como sigue:   

         

          a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  -siempre  que  el  recurso  de  casación   no   hubiera  sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates y  suscrito la providencia inadmisoria.   

          b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público  a  través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

          c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

                     d) El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

1.   INADMITIR  la  demanda de casación presentada en nombre de JOSÉ  RICARDO     JOYA    SÁNCHEZ,     en  seguimiento de  las motivaciones plasmadas en el cuerpo del  presente proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                 

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                    JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA       

                                                                                      

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del 2 de noviembre de 2006, Radicado 26.089   

2 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.323.   

3 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.530.   

4 ib.  radicación 24.530   

5 Auto  del 30 de noviembre de 1999, radicado 14535.   

6 Auto  del 28 de febrero de 2006, radicado 24783.   

7  Auto   del   25  de  abril  de  2002,  radicado  No.  15.782.   

8  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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