27473(30-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27473   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 083.  

Bogotá  D.C.,  mayo treinta (30) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala en punto de la admisión  formal  de  los libelos de casación discrecional presentados por los defensores  de  los  procesados  JOAQUÍN  ALIRIO BORDA CARVAJAL y  MARÍA  ASTRID VARGAS NIÑO, contra el fallo de segundo  grado  proferido  por el Tribunal Superior de Valledupar el 22 de agosto de 2006  (de  conformidad  con  lo  dispuesto  en el Acuerdo 3039 del 20 de septiembre de  2005,   proferido  por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura),  confirmatorio  con  algunas  modificaciones  del  dictado  por  el  Juzgado  Sexto Penal del Circuito de Bogotá el 4 de noviembre de 2003, por cuyo  medio  los  condenó  como  coautores  penalmente  responsables  del concurso de  delitos de falsedad en documento privado y fraude procesal.   

HECHOS   Y  ACTUACION  PROCESAL   

Este diligenciamiento tuvo su origen en los  hechos  que  adecuadamente  fueron resumidos por el ad  quem   en  el  fallo  de  segundo  grado en los siguientes términos:   

         

“La  sociedad  Construcciones   Axioma  Ltda.,  conformada  por  los  socios  JOAQUÍN  ALIRIO  BORDA  CARVAJAL   y  MARÍA  ASTRID   VARGAS  NIÑO,  resultó  favorecida  en  la  adjudicación  del  contrato  de interventoría 203 del 17 de diciembre de 1998,  contrato  celebrado entre la mencionada firma como contratista y el Instituto de  Desarrollo        Urbano,        IDU,        como        contratante”.   

“En la propuesta  que  hiciera  la  sociedad  contratista, los socios incluyeron el nombre de LIDO  PALACIO  VILLOTA  como  director  de  la  interventoría,  lo que indudablemente  influyó  en  el  puntaje  final  obtenido por ellos, dada la calidad de Palacio  como ingeniero de vías”.   

“Una   vez  obtenida  la  adjudicación  del  contrato,  JOAQUÍN  ALIRIO  y  MARÍA  ASTRID  guardaron  silencio  hasta  con  el ingeniero Palacio Villota y, como había que  rendir  informes  semanales  sobre  el  desarrollo  de  la  obra  objeto  de  la  interventoría,   tales   informes   los   firmaba   y   presentaba  la  señora  VARGAS  NIÑO,  suplantando la firma del profesional”.   

Con  fundamento en la denuncia presentada a  través  de  apoderado  por el Ingeniero Lido Palacios  Villota,   la   Fiscalía  Seccional      de      Bogotá      dispuso    la    correspondiente    investigación    previa,   para  posteriormente  declarar  abierta  la  instrucción, en cuyo desarrollo vinculó  mediante      indagatoria      a     JOAQUÍN   ALIRIO   BORDA   CARVAJAL   y   MARÍA   ASTRID   VARGAS  NIÑO,  resolviéndoles  su  situación jurídica con  medida     de     aseguramiento     de     caución  prendaria  como  posibles  autores  del  concurso  de  delitos  de  falsedad personal y falsedad en documento  privado.   

Cerrada  el ciclo  investigativo,  el  mérito  del   sumario   fue   calificado   el   16  de  noviembre de 2001 con resolución  de  acusación  en  contra  de  los  procesados  como  presuntos   autores   del   concurso   de   delitos  de  falsedad  en documento privado, fraude procesal y  estafa.   

Impugnada  la resolución calificatoria por  el    defensor    de    los    acusados,  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de Bogotá la  confirmó  mediante  providencia  del  23 de agosto de  2002.   

La  etapa  del  juicio    correspondió   adelantarla   al   Juzgado  Sexto Penal del Circuito de  Bogotá,  despacho  que  una  vez  surtido el rito establecido por el legislador  profirió  fallo el 4 de noviembre de 2003  por  cuyo  medio  condenó  a  JOAQUÍN  ALIRIO  BORDA  CARVAJAL y MARÍA ASTRID VARGAS NIÑO a  la  pena  principal  de cuarenta y un (41)  meses  de  prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones   públicas   por   el   mismo   lapso   como   coautores   penalmente  responsables  del  concurso  de  delitos de  falsedad  en  documento privado y fraude procesal, a la vez que  los absolvió por el delito de estafa.   

En   la   misma   decisión  les  fue negado  el subrogado penal de la condena de ejecución condicional.   

Impugnada  la  sentencia  por  la   parte   civil   y  el  defensor  de  los  acusados,   el   Tribunal  Superior  de  Bogotá  la  confirmó  mediante  fallo  del  22  de  agosto  de 2006, contra el cual los  defensores  de JOAQUÍN ALIRIO BORDA CARVAJAL y MARÍA  ASTRID   VARGAS   NIÑO   interpusieron  recurso  de  casación.   

LAS DEMANDAS  

1.             Demanda   en  nombre  de  JOAQUÍN          ALIRIO         BORDA         CARVAJAL.   

          Inicialmente  la recurrente aduce que propone casación discrecional  contra  el  fallo del ad quem,  toda  vez  que  fue violado el derecho al debido proceso de su asistido, pues se  lo  condenó por una circunstancia genérica de agravación punitiva no deducida  en  la  acusación,  amén  de que se aplicaron indebidamente y en perjuicio del  incriminado  los  criterios  de  dosificación de la pena establecidos en la Ley  599  de  2000,  sin  tener  en  cuenta que la legislación más favorable era el  Decreto 100 de 1980.   

Concluye,    que   se   impone   admitir  discrecionalmente  el  libelo  en  procura  de  asegurar  la  protección de las  garantías  conculcadas a su representado, además de resultar necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  que  se  precise  si  en  el numeral 1º del  artículo  58  de  la  Ley  599  de 2000 debe entenderse que la circunstancia de  mayor  punibilidad  determinada  por  el  obrar  en  coparticipación  criminal,  incluye  también  al  coautor,  pues  en  el  numeral  7º del artículo 66 del  Decreto  100  de  1980 se establecía con toda claridad la causal de agravación  puntiva,  únicamente  cuando  se  actuara  en complicidad, esto es, excluía la  coautoría.   

          Acto  seguido,  la  demandante  presenta tres cargos, el primero por  violación  indirecta  de la ley sustancial por errores de hecho, el segundo por  incongruencia  entre  la  acusación  y  el  fallo y, el tercero, por violación  directa  de  la  ley  sustancial derivada de yerros en la selección de la norma  aplicada.   

          1.1.                      Primer  cargo:  Violación  indirecta  de la ley  sustancial por errores de hecho.   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, la  demandante   manifiesta  que  el  ad  quem  violó los artículos 6º, 9º, 10, 11 y 12 de la Ley 600 de 2000,  en  cuanto  aplicó una pena a quien no cometió las conductas por las cuales se  le condenó.   

Refiere  que  los  errores  de  hecho  en la  apreciación  de las pruebas se produjeron por desconocimiento de las reglas que  gobiernan la construcción de los indicios.   

Igualmente señala que el Tribunal tuvo como  regla  de  sentido  común  que es imposible en una sociedad de dos personas que  una  desconozca  lo  que  realiza la otra, cuando lo cierto es que se probó que  JOAQUÍN   BORDA  nunca  se  entendió   con   el   Ingeniero  Palacios respecto de las minucias del contrato con el IDU.   

Asevera  que  fue cercenado el testimonio de  Jorge  Enrique  Puerto, pues  este  es  claro  en  afirmar  que  respecto  de  la  contratación del Ingeniero  Lido  Palacios siempre habló  con   ASTRID  VARGAS  y  sobre  el  particular  no  tuvo  relación  con  ninguna  otra persona, de donde  concluye  que  lo  dicho por JOAQUÍN BORDA  en  su  indagatoria  es  cierto,  en el sentido de que desconocía  cuanto    hubiera    realizado    su   socia   ASTRID  VARGAS  en  punto  de los delitos por los cuales se lo  condenó.   

          Añade  que  no  se  tuvo  en  cuenta  que el Ingeniero Lido  Palacios dijo que había denunciado a  JOAQUIN  BORDA por ser socio  de  la  empresa  Axioma,  a  partir  de  lo  cual considera la impugnante que su  asistido  fue  condenado por su condición de socio y no, por haber cometido los  delitos objeto de acusación.   

          Con  base en lo expuesto, la censora solicita a la Sala la casación  del  fallo  atacado,  con  el propósito de que dicte sentencia de reemplazo por  cuyo    medio    absuelva    a    JOAQUÍN    ALIRIO  BORDA por el delito contra la fe pública.   

          De  otra  parte  afirma  que  en  el  fallo  se  parte  de supuestos  “falsos  como  que  el  contrato  fue adjudicado por  licitación  pública  y que en ella el puntaje favorable lo haya dado el nombre  del  ingeniero  de  vías  LIDIO PALACIOS, pues ni hubo licitación pública, ni  LIDIO  PALACIOS  es  ingeniero de vías, ni su hoja de vida fue determinante del  acto  administrativo,  ni  el acto administrativo de que se trata es contrario a  la  ley”  y además, a la interventoría le asistía  la  facultad  de contratar al personal que quisiera para efectos de adelantar su  labor.   

          También  alega  que  si  se  hubiera  ponderado la hoja de vida del  Ingeniero  Lidio Palacios, no  se  habría  concluido  que  por  ella fue que se adjudicó el contrato a Axioma  Limitada,  pues  al  igual  que  JOAQUÍN ALIRIO BORDA  CARVAJAL  es  ingeniero  civil, no de vías, con mayor  razón  si  los  otros  dos profesionales que aparecen en la propuesta, esto es,  Melquisedec  Cantor  Bello y  JOAQUÍN  BORDA, contaban con  suficiente  experiencia  y capacitación para desarrollar la obra que finalmente  fue contratada.   

          A  partir  de  lo anterior, la recurrente considera que el delito de  fraude  procesal  no existió y que por tanto, se impone casar el fallo atacado,  con   la   finalidad   de   dictar   sentencia   absolutoria   en  favor  de  su  defendido.   

          Consideraciones de la Sala   

Inicialmente encuentra la Sala que si bien la  censora  invoca la causal primera de casación, cuerpo segundo, lo cierto es que  no  precisa  si los falladores incurrieron en un error de hecho o de derecho. En  el  primer  caso,  debía  demostrar que los funcionarios erraron al apreciar la  prueba,  bien  sea  porque  pese  a obrar en el diligenciamiento no fue valorada  (falso  juicio  de  existencia  por  omisión),  ya  porque  sin  figurar  en la  actuación  supusieron  que  allí  aparecía  y  la  tuvieron  en  cuenta en su  decisión   (falso   juicio  de  existencia  por  suposición),  ora  porque  al  considerarla   distorsionaron   su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola  (falso  juicio de identidad). También, cuando sin incurrir en  alguno  de  los  yerros referidos derivaron del medio probatorio deducciones que  contravienen  los  principios de la sana crítica, esto es, los postulados de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de  la experiencia (falso  raciocinio).   

          En  el  segundo  caso, esto es, en tratándose de la postulación de  errores  de  derecho,  le  correspondía  especificar  si el yerro consistió en  negar  a  determinado medio probatorio el valor conferido por la ley u otorgarle  un  mérito  diverso  al  atribuido  legalmente (falso juicio de convicción), o  bien,  si los falladores al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente como  legal  aunque  no  satisfacía  las exigencias señaladas por el legislador para  tener   tal   condición,  o  la  descartaron  aduciendo  de  manera  errada  su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley  para  su práctica o aducción (falso juicio de legalidad), proceder que no  acometió.   

Naturalmente,   como   la   impugnante  no  identifica  alguna  de las especies de error mencionadas, tal omisión le impide  a  la postre acometer en debida forma la acreditación del reproche que formula,  deja  sin  comprobar  la  configuración del error, amén de que no demuestra su  trascendencia  en  el  fallo,  todo  lo  cual  deja  ayuno  de  demostración el  cargo.   

Adicional a lo dicho, si bien la casacionista  hace  explícito  su interés por atacar la prueba indiciaria, no se percata que  para  emprender tal cometido debía identificar con claridad si la equivocación  se  cometió  respecto de los medios demostrativos de los hechos indicadores, la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de valoración conjunta al apreciar la  articulación,  convergencia  y concordancia de los varios indicios entre sí, o  entre  éstos  y  las  restantes pruebas, para llegar a una conclusión fáctica  desacertada.   

Tampoco  tiene  en  cuenta  que  si el error  radica  en  la apreciación del hecho indicador, dado que debe acreditarse   necesariamente  con otro medio de prueba, imprescindible le resultaba establecer  si  se  trató  de  un yerro de hecho o de derecho, a qué especie corresponde y  cómo se acredita su ocurrencia en el asunto.   

Ahora, olvida que si el error se ubica en el  proceso  de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del  medio  con  el que se acredita el hecho indicador y demostrar que el juzgador en  su  apreciación  se  apartó  de  las leyes de la ciencia, los principios de la  lógica  o  las  reglas  de  la  experiencia, para acto seguido señalar en qué  consiste  y  cuál  es  su  operancia correcta, así como su trascendencia en la  decisión impugnada.   

Igualmente,  no atiende que si lo pretendido  es  denunciar  un  error de hecho por falso juicio de existencia de un indicio o  un  conjunto  de  ellos,  lo  primero  que  debía  acreditar  era la existencia  material  en  el proceso del medio con el cual se evidenció el hecho indicador,  la  validez  de  su  aducción,  qué  se  establece  de  él,  cuál mérito le  corresponde  y  luego  de  realizar el proceso de inferencia lógica a partir de  tener  acreditado  el  hecho  base,  exponer  el  indicio  que  se estructura de  conformidad  con  las reglas de la experiencia, para ahí sí, poner de presente  su   articulación   y   convergencia   con  los  otros  indicios  o  medios  de  prueba.   

También  en punto de los yerros respecto de  la  prueba  indiciaria  se  tiene,  que la demandante omite precisar si estos se  presentan  en  la  labor de análisis de la convergencia y congruencia entre los  distintos  indicios y de éstos con los demás medios, circunstancia que permite  advertir serias incorrecciones formales en el libelo.   

          Como  puede  verse,  ni siquiera la actora procede a identificar los  indicios  que  fueron  aducidos por los falladores para proferir la sentencia de  condena,  amén  de  que  no atina, de acuerdo a las reglas ya enunciadas, a ser  clara   en   su   planteamiento,  como  que  únicamente  expone  su  particular  ponderación  de  los  medios  de  prueba y ensaya su cotejo con la apreciación  judicial  de  los mismos, pero sin detenerse a identificar errores y tanto menos  a acreditarlos y demostrar su trascendencia en el fallo.   

         Las  razones  anteriores  irrumpen  como suficientes para inadmitir  el         cargo        analizado.   

1.2.             Segundo    cargo    (subsidiario):  Incongruencia entre la acusación y el fallo.   

Con  fundamento  en  la  causal  segunda  de  casación,  afirma  la defensora que la circunstancia de agravación descrita en  el  numeral  10  del  artículo  58  de la Ley 599 de 2000 no fue deducida en la  acusación,  pese  a  lo  cual  fue  tenida en cuenta en el fallo impugnado para  agravar  la  sanción impuesta a su representado, pues para dosificar la pena el  a quo se ubicó (en decisión  confirmada  por el Tribunal) dentro de los cuartos medios de movilidad punitiva,  cuando  en  verdad,  debía partir del mínimo, de conformidad con las reglas de  individualización   de  la  punibilidad  establecidas  en  el  Decreto  100  de  1980.   

Entonces,  la  demandante solicita a la Sala  corregir  el  yerro disponiendo la casación del fallo impugnado, para proceder,  en  consecuencia,  a  marginar de la dosificación punitiva la mencionada causal  genérica de agravación punitiva.   

          1.3.                      Tercer  cargo:  Violación  directa  de  la  ley  sustancial    derivada    de    yerros    en   la   selección   de   la   norma  aplicada.   

          Bajo  la  égida  de la causal primera de casación, cuerpo segundo,  la  impugnante  aduce  que  si  en  virtud  del principio de legalidad se impone  aplicar  las  normas  vigentes al momento de la ocurrencia de la conducta que se  juzga,  los  falladores  erraron al aplicar los artículos 60 y 61 de la Ley 600  de  2000,  toda  vez  que se tiene como época de comisión del delito de fraude  procesal,  desde  diciembre  de  1998  hasta  mediados de 1999, caso en el cual,  correspondía  aplicar  el  artículo  61  del Decreto 100 de 1980, amén de que  resulta  más  favorable  a  los  intereses de JOAQUÍN  ALIRIO BORDA CARVAJAL.   

          Argumenta   que   el   sistema  de  cuartos  de  movilidad  punitiva  establecido  en  la  Ley  599  de  2000  es  más  gravoso  que los criterios de  dosificación  de  la  pena  dispuestos en el Decreto 100 de 1980, motivo por el  cual  su  asistido  resultó  condenado  a cuarenta y un (41) meses de prisión,  cuando  lo  cierto  es  que sólo podía ser condenado a veintiséis (26) meses,  tomando  como  base  doce  (12)  meses de prisión que es el mínimo establecido  para  el delito contra la fe pública, aumentado en catorce (14) meses en razón  del delito concurrente.   

   

          De   otra  parte,  la  casacionista  refiere  que  al  aplicarse  la  circunstancia   genérica   de   mayor   punibilidad   por   haber   obrado   en  coparticipación  criminal,  no se tuvo en cuenta que la norma equivalente en el  Decreto  100  de 1980, esto es, el numeral 7º del artículo 66 agravaba la pena  “por  obrar  en  complicidad  con  otro”,  de manera que no comprendía “todas  las  formas  de intervención de sujetos en la actividad delictiva, es decir, la  complicidad  y la coautoría en sus dos modalidades”,  sino  únicamente la complicidad, instituto diverso al que sirvió para condenar  a   JOAQUÍN  ALIRIO  BORDA,  quien lo fue como coautor de los delitos objeto de acusación.   

          Con  apoyo  en  lo anterior, la demandante solicita la casación del  fallo  del  Tribunal,  con  el fin de que en su lugar la Sala profiera sentencia  por  cuyo  medio  satisfaga las exigencias de legalidad y debido proceso por las  cuales propugna.   

Consideraciones de la Sala  

          En   el   estudio   de   las   exigencias   de  lógica  y  adecuada  fundamentación  de  los  cargos  segundo  y  tercero  contenidos  en la demanda  presentada   en   nombre   de   JOAQUIN  ALIRIO  BORDA  CARVAJAL  encuentra la Sala que como en este asunto el  máximo  de  la  sanción  privativa  de la libertad dispuesta por el legislador  para  los delitos de falsedad en documento privado y fraude procesal es inferior  al  quantum  señalado  para  acceder  al  recurso  de  casación  por  la  vía común u ordinaria, le asiste  razón  a  la  impugnante  al  acudir  a  la  casación  discrecional,  también  denominada excepcional.   

Adicionalmente, pronto se advierte que en sus  planteamientos  expresa  con  claridad  y  precisión las razones por las cuales  debe  intervenir la Corte, pues reclama, de una parte, el respeto a la exigencia  de  congruencia  entre  acusación y fallo, en la medida que en la sentencia fue  deducida  una  circunstancia genérica de agravación punitiva no establecida en  la  resolución  acusatoria  y  de otra, demanda la materialización del derecho  fundamental  a  la  aplicación  de  la  ley penal más favorable, presuntamente  quebrantado  a  su  procurado  al  aplicar  en  la  dosificación de la pena los  criterios  establecidos  en  la  Ley  599  de  2000,  y no, los dispuestos en el  Decreto   100   de  1980  (vigente  para  cuando  se  cometieron  las  conductas  investigadas),  los  cuales resultan favorables en cuanto comportan una sanción  inferior a la impuesta.   

Además,        respecto    de   ambas   censuras   la   demandante   señala  en  qué consisten    los  agravios  y  orienta  su  discurrir  a acreditar las  referidas  violaciones  en el fallo  impugnado,  todo  lo  cual permite concluir que satisface las exigencias legales  para   conseguir   que   la   Sala  admita  discrecionalmente  los  cargos   segundo   y  tercero  de  su  demanda,  en  punto  de  la  protección del derecho  fundamental  al  debido  proceso  (congruencia entre  acusación  y  fallo  y  aplicación de la ley penal  más    favorable,    respectivamente)    de    JOAQUÍN    ALIRIO   BORDA  CARVAJAL.   

2.             Demanda   en  nombre  de  MARÍA ASTRID VARGAS NIÑO.   

          Con  apoyo en la causal tercera de casación, el defensor manifiesta  que  se  impone  invalidar  la  actuación,  dado  que ambos procesados contaron  durante  todo  el  trámite  con  la  asistencia de un solo defensor, pese a que  entre  ellos  existían intereses contrapuestos que imposibilitaban que un mismo  profesional los defendiera simultáneamente.   

También   dice   que   en   este   asunto  “la  verdad  revelada  por  el señor JOAQUIN ALIRIO  BORDA  CARVAJAL durante el trámite procesal ha interferido de manera directa en  los    interés    defensivos   de   MARIA   ASTRID   VARGAS   NIÑO”.   

          En  la  demostración de su aserto, el recurrente aduce que mientras  JOAQUÍN  BORDA  afirmó que  desde  el principio el contrato fue manejado por ASTRID  VARGAS,  quien  se encargó de todo y firmó todos los  documentos,  al  punto que en su condición de representante legal no se enteró  de  las  irregularidades  investigadas  sino  hasta cuando del IDU fue llamado y  desconocía  “de  dónde  había sacado al INGENIERO  LIDIO  PALACIOS”,  aquella  refirió  que participó  junto  con  JOAQUÍN BORDA de  la ejecución del contrato.   

          También   señala  que  el  defensor  no  podía  salvaguardar  los  intereses  de  uno  de  sus asistidos sin comprometer la situación del otro, de  manera  que  tomó  partido  por  la  causa de JOAQUÍN  ALIRIO  BORDA,  en  el  sentido  de  demostrar  que no  participó  en  la ejecución del contrato en cuyo desarrollo de presentaron las  referidas  irregularidades,  al  punto  que  tanto al impugnar la resolución de  situación  jurídica,  como  al  presentar  alegatos  de  clausura del sumario,  intervenir  en la audiencia pública e impugnar el fallo de primer grado, abogó  por  los  intereses  de  éste  y no, por los de ASTRID  VARGAS.   

          Acerca  de  la  trascendencia  del  yerro  manifiesta  que  la tesis  defensiva  propuesta  a  favor  de  su  representada  nunca  fue suficientemente  sustentada,  pues  siempre  reconoció  que  ésta  actuó  de  manera aislada e  independiente    de    JOAQUÍN    BORDA,  motivo  por  el cual sólo atinó a plantear la eventual ausencia  de    antijuridicidad    de    la    conducta,    pero    no    exploró   otras  posibilidades   

          A  partir de los anteriores planteamientos, el impugnante solicita a  la  Sala  casar  el  fallo  atacado,  en el sentido de declarar la nulidad de lo  actuado  a  partir  de  la  resolución por cuyo medio se reconoció personería  jurídica  al  defensor  común de los procesados y, por tanto, se devuelvan las  diligencias a la Fiscalía para que sea subsanado el vicio.   

          Consideraciones de la Sala   

          Sea  lo  primero  manifestar  que  si  bien  el recurrente no ofrece  argumento  alguno orientado a que discrecionalmente la Sala admita el libelo que  presenta,  dado  que  los  delitos  por  los  cuales se proceden tienen una pena  máxima  inferior  a ocho (8) años, lo cierto es que del texto de su demanda se  advierte  sin  dificultad  que  cuestiona la violación del derecho a la defensa  técnica de su asistida.   

Además   se   tiene,  que  señala  con  precisión  las  razones  por las cuales considera que se violó el referido     derecho    a   su  procurada,  dado  que  en  su  criterio  existían  intereses  contrapuestos  que  imposibilitaban que un mismo  profesional  defendiera  simultáneamente  a  los dos  incriminados  dentro  de  este  trámite,  amén  de  que  señala  la  trascendencia  de  la gestión del  referido  defensor  en  el  resultado  del  proceso  en  cuanto  se refiere a su  asistida,  todo  lo  cual  permite  concluir que como  la  censura se encuentra planteada de manera adecuada,  se  impone  su  admisión  discrecional  en  cuanto  comporta  la protección al  derecho   de   defensa   de   ASTRID   MARÍA  VARGAS  NIÑO.   

En  suma,  la  admisión  de las demandas de  casación   presentadas a nombre de los procesados por la vía discrecional  (salvo  el  cargo  primero  del  libelo  presentado en  nombre  de JOAQUÍN BORDA CARVAJAL) es la decisión que  corresponde  adoptar  a  la  Sala  en  punto  de  la eventual protección de los  derechos  al  debido  proceso  y  a  la  defensa  técnica de los acusados y, en  consecuencia,  debe  surtirse  el  traslado  pertinente  para  que el Ministerio  Público emita su concepto.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        1.                     INADMITIR  el  primer  cargo  de  la  demanda   de   casación  presentada  en   nombre   de   JOAQUIN  ALIRIO  BORDA  CARVAJAL,  de conformidad con las razones expuestas en  la parte motiva de esta decisión.   

        2.                    ADMITIR    discrecionalmente   los    cargos    segundo    y    tercero   de   la   demanda  presentada por la defensora de  JOAQUIN    ALIRIO    BORDA    CARVAJAL,  así  como  el  libelo  de  casación  presentado  en nombre de  ASTRID MARÍA VARGAS NIÑO,  según se precisó en la anterior motivación.   

        3.                    SURTIR  el  traslado  previsto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000  al Procurador Delegado para que rinda el concepto correspondiente.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                          ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ                        

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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