26906(20-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26906   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 056  

         

Bogotá  D.C.,  abril veinte (20) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado JAIRO  ALCIDES  BECERRA  MUÑOZ, contra la  sentencia  de  segunda  instancia proferida por el Tribunal Superior de Popayán  de  fecha septiembre 26 de 2006, mediante la cual confirmó el fallo dictado por  el  Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito de la misma ciudad el 21 de abril de esa  anualidad,  por cuyo medio lo condenó por el delito de actos sexuales con menor  de catorce años agravado.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El 13 de mayo de 2003, acudió ante el Cuerpo  Técnico  de Investigación de la Fiscalía General de la Nación con sede en la  ciudad   de  Popayán  el  señor  Eduardo  de  Jesús  Arbeláez  Guzmán,  padre  de  la  menor M.C.A.P.,  de  5  años  de  edad para ese  entonces,  con  el  fin  de  formular  denuncia  penal en contra de JAIRO  ALCIDES  BECERRA  MUÑOZ,  a  quien  señaló  de  haber  tocado  y  manipulado genitalmente a la mencionada menor el  día  11  de  mayo  anterior,  luego de que llegara en estado de embriaguez a la  vivienda   en   donde   todos   los   mencionados    residían.   

Con  fundamento en los hechos anteriores, se  decretó  la  apertura  de instrucción, en cuyo marco fue vinculado  JAIRO  ALCIDES  BECERRA  MUÑOZ, mediante  diligencia  de indagatoria, a quien se resolvió situación jurídica con medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin beneficio de excarcelación,  como  posible autor del delito de actos sexuales con menor de 14 años agravado.   

Cerrado el ciclo instructivo, se calificó el  mérito  del  sumario el 13 de octubre de 2005, con resolución de acusación en  contra  del  procesado  por  la  misma  conducta punible que sustentó la medida  detentiva.   

El  trámite  del  juzgamiento correspondió  adelantarlo  al  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Popayán despacho que, una  vez  surtió  el  rito  legal, dictó sentencia el 21 de abril de 2006, por cuyo  medio  condenó  al  procesado a la pena principal de cuarenta y ocho (48) meses  de  prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por un tiempo igual al de la pena privativa de la libertad,  al  tiempo  que  se  abstuvo  de  condenarlo al pago de perjuicios y le negó el  subrogado  penal  de  la condena de ejecución condicional, al encontrarlo autor  penalmente  responsable  de  la  conducta de acto sexual abusivo con menor de 14  años agravado.   

Impugnada  la  anterior  decisión  por  el  defensor  del procesado, el Tribunal Superior de Popayán, mediante fallo del 26  de septiembre de 2006, la confirmó.    

Inconforme  con  el  fallo  del ad-quem,  la  defensa  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  mediante  demanda,  sobre  cuya admisibilidad se  pronuncia la Sala.      

LA DEMANDA  

          El   demandante   formula   un  único  cargo  contra  la  sentencia  recurrida,  bajo  la égida de la causal primera prevista en el artículo 207 de  la  Ley  600 de 2000, al estimarla “violatoria de los  artículos  29  y 230 de la Constitución Nacional, 7, 15, 20, 232, 234,237, 238  y  287  en concds. con el 175 del Código de Procedimiento Penal vigente, normas  que  establecen  el  debido  proceso  aplicable  a  toda  situación  judicial y  administrativa,  el  sometimiento  de  todo  juez  al  imperio  de la Ley en sus  providencias  como  principios  constitucionales  desarrollados  en  las  normas  penales     citadas”.   

          Advierte  que  en  el  presente  asunto  su  defendido fue condenado  “desconociéndose            ‘intencionalmente’   la  prueba  principal  como  es  el  dictamen  de  medicina  legal  que  certifica  que la supuesta ofendida no tiene  nada”  para  en su lugar acoger la certificación de  una  enfermera  “amiga  o  pariente  del padre de la  menor”,  sobre la existencia de un leve eritema y no  de  un edema “cuya experiencia en enfermería le hace  decir  ‘al parecer no hubo  penetración’,  lo  que en  niña  tan pequeña se notaría a distancia, pues el eritema es producido por el  propio  padre  cuando él, como dice, revisó la niña en la vagina sin hallarle  nada, pero le hizo el eritema”.   

Señala    que    otros    “otros  documentos probatorios de inocencia que desecha la fiscal,  califica    como    indicio    (sic)    el  hecho de estar en su propia casa y estar en estado de embriaguez  e  imputa dolo y premeditación o preparación de la comisión del hecho punible  con una antelación a tres años”.   

Agrega  que  a  pesar  de  que  lo  anterior  “se   descartó   de   un   tajo”   y  de  que  no  se  contó  con  “prueba  principal  como  testigos de los hechos” la sentencia  apelada  fue  confirmada  con  base  en  lo  dicho  por  la  menor  “a   lo   que  se  aplicó  JURISPRUDENCIAS,  que  son  aplicables  (sic)   en   otros  casos,  similares   pero   no   iguales;   así  es  evidente  que  la  providencia  confirmatoria   motivo   de   esta   demanda,  lesionó  derechos  y  garantías  fundamentales     del     orden     constitucional     y    legal”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita casar  la  sentencia  impugnada “y, en su lugar, revocar tal  providencia  y  absolver  al  acusado  JAIRO  ALCIDES BECERRA MUÑOZ teniendo en  cuenta  los abusos y excesos ilegales en la instrucción y juzgamiento expuestos  antes”.   

      CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Impera  precisar, en primer término, que en este caso por razón de  que  los  hechos  tuvieron ocurrencia el 13 de mayo de 2003, no se remite a duda  que  la  normativa  aplicable en punto del recurso de casación es la Ley 600 de  2000,  cuyo  inciso 1º del artículo 205, establece que este medio impugnaticio  procede   contra   las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  proceda por “delitos que tengan señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de  ocho años” (subrayas fuera de texto).   

En  aquellos  eventos  en  que  el  fallo de  segundo  grado  no  es proferido por los mencionados Tribunales, o que el delito  por  el  que  se  procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior al  quantum    señalado   en  precedencia  o  sanción  no  restrictiva  de  la  libertad,  el  inciso 3º del  mencionado  artículo,  faculta  a  esta Sala para admitir discrecionalmente las  demandas   de   casación  presentadas,  “cuando  lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos  por la ley”.   

          En   punto  de  la  casación  discrecional  compete  al  demandante  expresar  con  claridad  y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir la Corte, ya para proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto de un tema jurídico  especial,  bien  para  unificar  posturas conceptuales o actualizar la doctrina,  ora  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera  la  decisión  solicitada tiene la utilidad simultánea de brindar  solución   al   asunto   y,   a   la  par,  servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Pero  si  lo pretendido por quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias  que,  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la  sola referencia descriptiva hecha en la sustentación.   

También  se  tiene  que las dos especies de  casación  (ordinaria  y  discrecional)  no  pueden reclamarse simultáneamente,  pues  son  excluyentes,  en  cuanto  la segunda es subsidiaria de la primera, es  decir,  sólo  procede  en  la  medida  en  que  no  resulte viable la casación  ordinaria en el caso concreto.   

          En  el  asunto  objeto  de  estudio se advierte que si bien el fallo  impugnado  fue  proferido  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Popayán,  el  procesado  JAIRO ALCIDES BECERRA MUÑOZ  fue  condenado  por  el  delito  de actos sexuales con  menor  de  catorce  años,  de conformidad con el artículo 209 de la Ley 599 de  2000  que  lo  sanciona  con una pena de tres (3) a cinco (5) años de prisión,  agravado    de    conformidad    con    el   211,   numeral   4°   ibídem  que incrementa la sanción de una  tercera  parte  a  la  mitad  cuando  la conducta “se  realizare    sobre    persona    menor   de   doce   (12)   años”;   es  decir,  que  el máximo punitivo que se impone tener como referente para efectos  de  la  procedencia  del  recurso de casación ordinaria es de siete (7) años y  seis  (6)  meses,  el  cual queda marginado del presente asunto, en tanto que no  excede  los  8  años  a  que  refiere  el  mencionado  artículo  205 de la Ley  600/00.         

Precisado  lo  anterior,  sin  dificultad se  observa  que el actor escogió la vía ordinaria para demandar en casación, sin  percatarse  que  el  quantum  punitivo  no  supera  los  ocho (8) años de prisión señalado para el ilícito  por  que  se  procede  y  por  el  que fue condenado, de allí que, como bien lo  señaló  el  Tribunal  en  el  numeral  segundo  de  la  parte resolutiva de la  sentencia   impugnada,   sólo   le  quedaba  como  posibilidad  acudir  a  esta  impugnación  por  la vía discrecional asumiendo, desde luego, las obligaciones  y  exigencias  dispuestas  por  el  legislador  en  esta  materia,  labor que no  acometió,  pues  se  abstuvo  de  plantear  las  razones  por las cuales debía  intervenir  la  Corte de manera excepcional, para proveer un pronunciamiento con  criterio  de autoridad respecto de una determinada temática, bien para unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado; o para procurar la garantía de derechos fundamentales de  su defendido.   

Sobre  este  último  aspecto,  oportuno  se  ofrece  señalar  que  si  bien a través del único cargo que instaura el actor  con  fundamento  en  la  causal  primera, dicho sea de paso, sin concretar si la  violación  de  la ley sustancial a que refiere es por vía directa o indirecta,  hace   alusión   a   gran  cantidad  de  derechos  fundamentales  supuestamente  vulnerados,  tales  como  debido  proceso, in dubio pro  reo  y sometimiento por los jueces a la ley, lo cierto  es que el desarrollo del reparo no evidencia su desconocimiento.   

Se  arriba a la conclusión anterior, porque  lo  que  básicamente  se  encuentra  en el texto de la censura es el desacuerdo  personal  del  censor  con la forma como fueron apreciadas las pruebas sobre las  cuales  se  edificó  el juicio de responsabilidad de su defendido, sin que ello  ponga  de  manifiesto  la  violación  de  alguna de las garantías que en forma  indiscriminada  apenas enuncia, pero mucho menos para concluir, como se consigna  en   la   parte   final   del   libelo,   que   se   incurrió  en  “abusos    y    excesos    ilegales    en    la   instrucción   y  juzgamiento”,  los  cuales se sustrajo a demostrar y  tampoco irrumpen de la revisión de la actuación procesal.   

          Significa  lo  expuesto en precedencia que la demanda presentada por  el  impugnante  se  ofrece  inepta  y  hace  inviable el recurso extraordinario;  circunstancia  que  impide  que  la  Sala  entre  siquiera a revisar si el cargo  formulado  contra  el  fallo de segundo grado atacado reúne los presupuestos de  lógica  y  de  adecuada  argumentación que se exigen para su admisión en esta  sede.   

          Así  las cosas, la conclusión que razonablemente se impone adoptar  es  la  de  inadmitir  el  libelo  presentado  por  el  defensor de JAIRO  ALCIDES  BECERRA  MUÑOZ, de acuerdo  con  la  consecuencia  procesal  señalada  en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   Además,  porque  no se advierte que dentro del presente trámite o  en  la sentencia se hubiera incurrido en violación de garantías fundamentales,  que fuera necesario conjurar por la vía de la casación oficiosa.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el defensor de  JAIRO   ALCIDES   BECERRA   MUÑOZ,  por  las  razones  expuestas en la anterior motivación.   

          De  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 187 de la Ley 600  de 2000, contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                               JORGE       LUIS      QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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