27393(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27393  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 109  

Bogotá, D. C., junio veintisiete (27) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala sobre la admisión o  no   de la demanda de casación presentada por la defensora de MÓNICA   PATRICIA   LAVALLE   ORTÍZ  y  dirigida  contra  la  sentencia  del  20 de noviembre de 2006, por cuyo medio la  Sala  Penal  de Descongestión de Foncolpuertos del Tribunal Superior de Bogotá  confirmó  el  fallo  proferido  el  10  de  mayo  del mismo año por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Descongestión de la misma sede, que condenó a  la  procesada  en  mención, así como a Gladys Marina  Ruiz  de  Romero  y a Manuel  Agustín  Manjarrés  Acosta imponiéndole a la primera  de  ellas  las  penas  principales  de 22 meses de prisión y $150.000 de multa,  como autora responsable del delito de estafa agravada.   

HECHOS  

La  Corte Constitucional, mediante sentencia  T-01  del  21  de  enero  de  1997,  dispuso  compulsar  copias con destino a la  Fiscalía  General  de  la  Nación  para  investigar  la conducta de la abogada  MÓNICA   PATRICIA   LAVALLE   ORTÍZ   y     de    varios    ciudadanos,    entre    ellos,    Gladys   Marina   Ruiz   de   Romero   y  Manuel   Agustín   Manjarrés   Acosta,  por  cuanto la letrada promovió acción de tutela en su nombre y  en   contra   de  Foncolpuertos  con  la  pretensión  de  obtener  el  pago  de  indemnización  moratoria  por  la  no  cancelación oportuna de las cesantías,  pese  a que ese derecho en algunos casos ya había sido cancelado y en otros era  inexistente.   

          Es  de  advertir  que  la acción de tutela correspondió en primera  instancia  al  Juzgado  Octavo Penal Municipal de Santa Marta, despacho judicial  que  la  declaró  improcedente. No obstante tal decisión fue revocada por vía  de  impugnación  por  el  Juzgado  Sexto Penal del Circuito de la misma ciudad,  cuyo   titular  accedió  a  las  pretensiones  de  las  accionantes.  Luego  de  seleccionar  el  expediente  para  revisión,  la  Corte  Constitucional,  en la  sentencia  arriba  mencionada,  revocó  la  providencia  de segunda instancia y  dispuso la compulsación de las copias ya comentadas.   

ACTUACION PROCESAL  

1.-  La  investigación  la  inició el 2 de  octubre  de  1997  la  Fiscalía Seccional de Zipaquirá y luego la continuó la  Unidad  Investigativa  Especial  de  Foncolpuertos  con sede en Bogotá, y en el  curso  de la misma se vinculó mediante indagatoria, entre otros, a José  de  la  Hoz  Barraza,  José Cantillo Barrios, Gladys Marina  Ruiz  De  Romero,  Manuel  Agustín Manjarrés Acosta y  MÓNICA PATRICIA LAVALLE ORTIZ.   

2.-  El  15  de  abril  de 2004 la Fiscalía  decretó  la  clausura  de  la  investigación  en  lo  que respecta a las antes  mencionadas  personas,  y  mediante  providencia  del  4 de agosto siguiente, al  calificar  el  mérito  del  sumario,  profirió  en  su  contra  resolución de  acusación  por  el  delito  de  estafa  agravada, a la vez que les precluyó la  instrucción  en  lo  relacionado  con  el  ilícito  de  fraude  procesal,  por  prescripción de la acción penal.   

3.- Apelado como fue el pliego acusatorio, la  Fiscalía   Delegada   ante   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  lo  confirmó  integralmente, según decisión del 7 de junio de 2005.   

4.- Correspondió tramitar la fase del juicio  al  Juzgado  Primero Penal del Circuito de Descongestión, cuyo titular decretó  la  extinción  por  muerte  en  lo  relativo  a José  Santander  de  la  Hoz Barraza. Luego llevó a cabo las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento  y,  antes  de proferir el fallo de  primer  grado,  decretó  la  nulidad  parcial en lo concerniente a José Cantillo Barrios.   

5.- El juez puso fin a la instancia mediante  la  sentencia  del  6  de abril de 2006, contra la cual se alzaron en apelación  los  defensores  de Manuel Agustín Manjarrés Acosta,  Gladys   Marina   Ruiz   de   Romero  y  MÓNICA   PATRICIA  LAVALLE  ORTÍZ,  aun  cuando  obtuvo  confirmación  por  parte del Tribunal Superior de Bogotá, cuyo  fallo  fue  objeto  del  recurso  extraordinario de casación interpuesto por el  defensor  de  la  última  de  las  prenombradas,  impugnación  que  concita la  atención de la Sala.   

LA  DEMANDA   

Al  amparo de la causal primera de casación  prevista  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, la demandante formula dos  cargos  contra  la sentencia del Tribunal, uno con sustento en el cuerpo segundo  (violación  indirecta  de  la  ley)  y  el  otro  con fundamento en el apartado  primero (violación directa de la ley).   

A través del primer  cargo  la  censora  aduce  la aplicación indebida del  artículo  29, inciso segundo de la Constitución Política, por cuanto tanto el  ente  acusador  como el juzgado de conocimiento asumieron una competencia que es  ajena  a  la  justicia  penal,  al  considerar  delictiva  la  conducta  de  una  profesional  del  derecho, que lo único que hizo fue ofrecer sus servicios para  obtener  la cancelación de una indemnización moratoria que les correspondía a  unos  trabajadores  que  fueron  despedidos sin que se les pagaran en su momento  las  prestaciones  sociales,  en  cuyo  poder  entonces  obraban  unos  títulos  legítimos y legales.   

Para  sustentar  la trascendencia del error,  señaló  que  la  invasión  por  parte  de  la  justicia  penal  en asuntos de  competencia  de  otras  jurisdicciones, como ocurre en este caso con la laboral,  no  sólo  constituye  violación  al  debido  proceso  sino,   además, al  derecho a la igualdad y a la seguridad jurídica.   

Y,   en   relación  con  el  segundo   cargo,  predica  la  aplicación  indebida  del  artículo  86  de  la  Constitución  Política, dado que el ente  acusador  y el juez de conocimiento satanizaron el repetido uso de la acción de  tutela,  endilgando  por  ese hecho temeridad y fraude procesal para incurrir en  estafa,  pese  a que la jurisprudencia constitucional fomenta la utilización de  ese  instrumento  de  defensa  judicial en todo momento y lugar y, cuantas veces  sea necesario.   

Con  todo,  sostuvo  que  la  procesada  fue  asaltada  en  su  buena fe, pues desconocía que sus representadas habían hecho  uso  de  la  acción de tutela con anterioridad. En punto de la trascendencia de  este  error,  afirmó  que  endilgar  responsabilidad de carácter penal por esa  circunstancia  es  violar  el principio de rango constitucional consagrado en el  artículo 86 precitado.   

Con  fundamento  en  lo  anterior, solicitó  casar   la   sentencia  para  que,  en  su  lugar  se  profiera  “el fallo de reemplazo en lo pertinente”.   

                     

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          La  demanda  objeto  de examen no será admitida, por las siguientes  razones:   

          En  primer  lugar, porque la demandante carece de interés jurídico  para  recurrir  la  sentencia  del  Tribunal  en  los aspectos que plantea en la  demanda.   

En efecto, tiene dicho la jurisprudencia de  la  Corte  que  para  poder  acceder  al  recurso extraordinario de casación es  necesario  que  el  impugnante  haya apelado el fallo de primera instancia y que  además  exista  identidad  temática  entre  las pretensiones de la alzada y la  casación.  Así  lo  recordó  la  Sala  en  reciente  decisión, donde además  sostuvo:   

“…De   no  cumplirse  estas  condiciones,  carecerá  de  interés  para  recurrir, pues se  entiende  que su silencio implica aceptación del contenido material del fallo y  renuncia  al  interés  que  eventualmente  pudo  haber  tenido para impugnarlo,  además  de  que  la  impugnación  carecería  de  objeto,  en  cuento estaría  dirigida  a  cuestionar  aspectos  que  el  Tribunal  no  tuvo la oportunidad de  analizar”1   

          En  el asunto sometido a estudio, se advierte que los tópicos sobre  los  cuales  se  sustentan  los  dos  reproches, esto es, la intervención de la  justicia  penal  en  un  asunto  de  carácter  laboral y el desconocimiento del  acceso  a  la  acción de tutela, no fueron planteados en la sustentación de la  apelación  interpuesta  contra  la sentencia de primera instancia, en forma tal  que  el  Tribunal  no  tuvo  oportunidad de pronunciarse sobre esos específicos  temas jurídicos.   

          Y,   en   segundo  lugar,  por  las  evidentes  falencias  de  orden  argumental  que  contienen  los dos cargos formulados contra el fallo de segundo  grado,  que  conducen  inexorablemente  a  la conclusión de que la libelista no  satisface  el  requisito  establecido  en  el  numeral 3º del artículo 212 del  estatuto   procesal  penal  de  2000,  conforme  al  cual  los  reproches  deben  postularse mediante indicación clara y precisa de sus fundamentos.   

          Así,  se  tiene  que  a  través  de la primera censura, si bien se  aduce  la  violación  indirecta  de la ley, la actora se abstuvo de expresar y,  más  aún, de demostrar alguno de los errores mediante los cuales se manifiesta  tal  violación,  es  decir,  según  lo tiene precisado la Sala, por errores de  hecho  o de derecho.   

          Mucho  menos  indicó el sentido del yerro, toda vez que ni siquiera  precisó  si el yerro que pretende sea analizado en sede de casación provino de  un  falso  juicio  de  existencia, de identidad o de raciocinio, modalidades del  error  de  hecho,  ni  tampoco si se presentó un falso juicio de legalidad o de  convicción, especies del error de derecho.   

          En  síntesis,  lo que irrumpe evidente es que la casacionista dejó  sin  el  adecuado  desarrollo  el reproche enunciado, porque en vez de expresar,  como  es  de  rigor  cuando  se  denuncia la violación indirecta de la ley, los  errores  de apreciación probatorio en que habría incurrido el sentenciador, se  concentró  en  endilgar  tanto a éste como al ente acusador el desconocimiento  del  debido  proceso  por  invadir  la  órbita  de  competencia  de la justicia  laboral,  con  lo  cual  resultó  planteando  la  existencia  de  una causal de  nulidad,  trasladando  entonces  la  discusión,  de  los  terrenos de la causal  primera  de casación, al ámbito de la causal tercera, que se estructura cuando  la sentencia se dicta en un juicio viciado de nulidad.    

          En  otras  palabras, con total distanciamiento de la lógica y de la  coherencia   argumentativa  que  se  exigen  cuando  se  acude  a  este  recurso  extraordinario,  intentó  demostrar  situación  diversa a la que propuso en el  enunciado  del  cargo,  sin que, de todas maneras, se hubiese allanado a cumplir  los  presupuestos  que  son propios de un reproche fundado en la causal tercera,  porque  ni  precisó  si  se  trató de un vicio de garantía o de actividad, ni  indicó  el  momento  en  que  se  concretó  el  mismo, ni tampoco, como era de  esperarse,  las actuaciones que, en esas condiciones, resultarían afectadas con  la invalidación.   

          Adicionalmente,  se  observa  que  la actora se sustrajo también de  fundamentar  por  qué  razón la jurisdicción ordinaria en lo penal no ostenta  facultad  para  juzgar la conducta de quienes acuden a artificios y engaños con  el  propósito  de  inducir  en  error a la administración de justicia y de esa  manera  obtener  provecho  ilícito,  bajo  el ropaje de perseguir el pago de un  derecho laboral.     

          Significa  lo  anterior  que así se entendiera que la intención de  la  casacionista era plantear la existencia de una causal de nulidad (violación  del  debido  proceso),  caso en el cual sí tendría legitimación para acudir a  esta  extraordinaria  sede,  pese  a  no proponerla en el recurso de apelación,  pues   se  trata  de  una  de  las  excepciones  al  principio  de  identidad  temática  entre  las  pretensiones  de  la  alzada y la  casación  que  tiene  establecidas la Sala, lo cierto  es  que  la libelista no efectuó tampoco una adecuada fundamentación del cargo en ese sentido.   

          No  son diversas las deficiencias que se observan en la proposición  del  segundo  reproche,  en  tanto  que  no surge claro si el cuestionamiento al  fallador  lo es por erigir en estafa el empleo reiterado de la acción de tutela  o  por  no considerar que la acusada ignoraba que sus clientes habían hecho uso  con anterioridad de ese mecanismo constitucional de defensa.   

          Si  se  entendiera que es lo primero, la pobreza argumentativa en la  presentación  del  reproche  resulta evidente, pues la censora omitió explicar  por  qué  razón  la  temeridad  no  puede  constituir  elemento engañoso para  inducir en error a la administración de justicia.   

          Y  si,  contrariamente, se interpretara que la censura se orienta en  la  segunda  dirección, en ese caso la libelista desatiende una elemental regla  de  casación,  aplicable  cuando se aduce la violación directa de la ley, esto  es,  que  en  tal  evento  no  resulta  dable  discutir  los hechos que declaró  probados  el  sentenciador  ni  desconocer  las conclusiones a las cuales llegó  luego de ponderadas las pruebas allegadas al proceso.   

          Lo  anterior  porque  la demandante, en el desarrollo de la censura,  sostiene  que  la procesada ignoraba que sus clientes habían hecho uso ya de la  acción  de  tutela,  cuando  el  Tribunal  encontró  establecido lo contrario,  según   se   observa   del   siguiente   aparte  de  su  decisión:     

          “En  tal medida, se tiene que el actuar  de  Lavalle  Ortiz  se  torna  doloso,  toda  vez  que  siendo conocedora de los  conceptos  prestacionales  cancelados  a sus representados, optó por admitir el  poder  que  aquellos  le  otorgaron  para interponer la acción de tutela y así  solicitar    nuevamente    el    pago    de   prestaciones   ya   canceladas   o  inexistentes”.   

Así  las  cosas, por las razones expuestas  que   ponen  de  presente  la   ausencia   de   legitimación   de     la    actora    y    de   los  presupuestos  atinentes  a  la  adecuada    argumentación    de   la   demanda   de  casación,   se  inadmitirá  el  libelo objeto de examen.   

          Al  margen  de  lo  analizado,  es  preciso  anotar que la revisión  integral  de  la  actuación  procesal,  incluido  el  fallo  impugnado,  no  se  evidencia   vulneración   de   garantías   fundamentales   que   impongan   la  intervención oficiosa de la Sala en orden a su restablecimiento.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR la demanda  presentada  por  la  defensora  de  MÓNICA  PATRICIA  LAVALLE  ORTÍZ,  por  las  razones  consignadas en la  anterior motivación.   

         

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA PULIDO DE  BARÓN                     JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                                                                                  JAVIER           ZAPATA          ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1 Auto  del 7 de febrero de 2007. Rad. 26351.     

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