27356(06-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27356   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr.   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta No. 88    

Bogotá,     D.    C.,    seis   de   junio   del  año  dos  mil  siete.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación que presenta el defensor del procesado    FRANKLIN    DE    JESÚS   CORREA  BUILES,  contra  la  sentencia  de  segunda instancia  proferida  el  treinta  de  noviembre de dos mil seis  por    una  Sala  Penal  del Tribunal Superior del  Distrito    Judicial    de    Medellín,   mediante   la   cual   lo condenó a  las   penas          principales  de  ciento  sesenta   (160)   meses   de   prisión  y la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el término de diez  años,  como coautor de los  delitos   de   homicidio   y   porte   ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal, entre otras determinaciones.   

1.- Antecedentes.  

La     cuestión    fáctica,    ocurrida    en    Medellín,   fue              declarada   por   el   juzgador  de  la  manera  siguiente:   

“El  día  3  de  septiembre de 2005, Juan  Carlos  Mejía  Correa  se encontraba en horas de la noche departiendo con otras  personas  frente  a  una  tienda  ubicada  en  la carrera 49 A No. 87-70 de esta  ciudad,  cuando  fue  ultimado  por el disparo de armas de fuego, tras el ataque  sorpresivo  de  que fue objeto por parte de sujetos que inmediatamente abordaron  el   taxi   de   placas   TRB-069,  conducido  por  Franklin  de  Jesús  Correa  Builes.   

“Alertada una patrulla de la policía de lo  sucedido,  interceptó  ese  vehículo  de  servicio  público  cerca del sector  conocido  como  Cuatro  Bocas  del  Barrio  Moravia, pero cuando dio la orden de  detenerse  fue  atacada  por  dos  sujetos  que acompañaban al taxista, quienes  dispararon  sus  armas  de  fuego,  siendo  repelidos  de  igual  manera por los  uniformados,  resultando  herido  en  una  pierna el subintendente Carlos Arturo  Zamorano Hurtado.   

“Inmediatamente  el  vehículo  emprendió  veloz  marcha  y  fue  perseguido  por las unidades de policía hasta el llamado  Puente  de  El  Mico, donde tras algunas maniobras realizadas por el conductor y  el   cruce   de  disparos  se  produjo  el  volcamiento  del  vehículo,  siendo  aprehendidos  Correa  Builes  y  Elkin  Albeiro  Restrepo Rincón, y trasladados  heridos  a  un  centro hospitalario, mientras que el tercer sujeto, identificado  como  Duan  Arlet  Cadavid  Molina,  falleció  en  ese  mismo sitio a causa del  enfrentamiento”.   

2.-  Asimismo, con  apego  a  la  realidad  que  el  proceso  ofrece, la actuación procesal aparece  reseñada en el fallo de segunda instancia de la manera siguiente:   

“Abierta  la  instrucción  y  vinculados  por  medio  de indagatoria Correa Builes y Restrepo  Rincón,   la   Fiscalía  3ª  Seccional  profirió  en  su  contra  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva, sin beneficio de excarcelación, por la  comisión  de  un  concurso  de delitos de homicidio,  lesiones   personales,   porte   ilegal   de   armas   de   fuego   de   defensa  personal y violencia contra  servidor público (fls. 142 a 154).   

“3.-  Como  el  procesado  Elkin  Albeiro  Restrepo  Rincón  manifestó  su  deseo de acogerse a sentencia anticipada, una  vez  llevada  a  cabo  la  diligencia de formulación y aceptación de cargos se  produjo la ruptura de la unidad procesal (fls. 336 a 347).   

“4.-  Clausurado el ciclo instructivo (fl.  458),  la  misma  Fiscalía  procedió  a  calificar  el mérito del sumario con  resolución  de  acusación  en  contra de Franklin de Jesús Correa Builes como  coautor  de  un concurso de delitos de homicidio, porte ilegal de armas de fuego  y  violencia  contra  servidor  público  (artículo  103, 365 y 429 del código  penal).   

“5.-  A  la  ejecutoria  de  la  anterior  resolución,  la  etapa  de  la  causa  fue  asumida por el Juzgado 27 Penal del  Circuito   de  Medellín,  quien  condenó  al  acusado  como  autor  penalmente  responsable  de los delitos de homicidio, lesiones personales, porte de armas de  fuego  de  defensa  personal  y  violencia  contra  servidor público, a la pena  principal  de  doscientos  cuatro  (204)  meses  de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término   de  diez  (10)  años.  Al  mismo  tiempo  negó  la suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y se abstuvo de condenar por los daños  morales  y  materiales  ocasionados con el delito por no estar acreditados en el  proceso”.   

6.- Recurrida esta  decisión  por  la  defensa,  el     Tribunal    Superior    del    Distrito    Judicial    de    Medellín  al  conocer   en   segunda   instancia  de  la  apelación  interpuesta,    por    medio    del    fallo    proferido    el    treinta   (30)   de   noviembre   de   dos  mil  seis  (2006),      resolvió     “revocar  parcialmente  la  sentencia  apelada,  en  cuanto  condenó a Franklin de Jesús  Correa  Builes  como  coautor  de los delitos de lesiones personales y violencia  contra  servidor  público; y, en su lugar, absolver al acusado por la comisión  de   estos  delitos”,  al  tiempo  que  decidió  “confirmar  la    sentencia  apelada,  en  cuanto condenó a Franklin de Jesús Correa Builes como  coautor  de los delitos de homicidio y porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal,  modificándola  en  el  sentido de imponer como pena principal ciento  sesenta  (160)  meses  de prisión en lugar de los doscientos cuatro (204) meses  le impuso el a quo”.   

Finalmente, confirmó en los demás aspectos  el   fallo   de  primera  instancia   (fls.  589 y  ss.).   

7.-  Contra la sentencia de segunda  instancia,  el  defensor  del  procesado FRANKLIN DE  JESÚS    CORREA    BUILES    (fl.    606)        manifestó        interponer  recurso extraordinario de casación,  el  cual fue concedido por  el      ad     quem     (fls.     608),  y    dentro  de la oportunidad legal presentó la correspondiente demanda  (fls.   612  y  ss.), sobre cuya admisibilidad se  pronuncia   la   Corte.   

La demanda.  

Después   de   identificar  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia  demandada,  y  luego de hacer una síntesis de los  hechos  materia  de  juzgamiento  y  de  la  actuación  llevada  a  cabo en las  instancias  ordinarias  del trámite, con apoyo en la  causal   primera   de   casación   dos   cargos  formula   contra   el   fallo   del   Tribunal      en     los  que  lo  acusa  de  ser violatorio de  disposiciones de derecho sustancial.   

Al  enunciar  la   primera       censura  sostiene  que  la  sentencia acusada  resulta  violatoria  de los artículos 232 y 233 del  Código  de Procedimiento Penal de 2000, ya que “está en desacuerdo total con  la  prueba  recaudada,  los informes de la policía y los testimonios recogidos,  los    cuales    no    son    precisos,  ni  coherentes,  ni  concretos,  frente  a los verdaderos hechos  ocurridos  antes y después de la muerte de Juan Carlos Mejía Correa…”.   

Agrega  que en la actuación no obra prueba  legalmente  recaudada que diera lugar a formularle a  su  asistido  el cargo por el delito de porte ilegal de arma de fuego de defensa  personal,  pues,  a  su criterio, no resulta suficiente lo declarado en torno al  tema por el Agente de la Policía Zamorano Hurtado.   

Después  de  aludir  a  lo  narrado  por  dicho  testigo  y  lo  consignado  en el informe que  éste                  presentó,  indica  que  “si  analizamos  detalladamente  estas  pruebas con las que se le  imputó  el  cargo  de  porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal a mi  defendido,  no  son suficientemente claras, ni precisas, ni coherentes y además  no  existe  prueba  de  absorción  atómica (guantelete) que debió practicarse  inmediatamente  al  procesado  cuando  estaba siendo atendido en la policlínica  municipal  herido  de  cuatro balazos que recibió por parte de la policía” y  agrega  que  el  testigo  en  mención  “miente tanto en su informe como en su  declaración,   porque  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  no  se  dan”.   

Considera,  entonces  que  “como  bien es  sabido,  el error de hecho  en  la  apreciación  probatoria,  radica  en dar a una prueba el alcance que en  realidad  no  tiene. De acuerdo a los principios de derecho probatorio relativos  a  la  sana  crítica del  testimonio,  las  declaraciones  arriba  anotadas  y  rendidas  por  el policía  Zamorano  Hurtado  Carlos Arturo, no tienen fuerza de  plena  prueba,  y al no haberse practicado la prueba  de  absorción  atómica (guantelete) al sindicado inmediatamente fue capturado,  es  un  error  de derecho  que  consiste  en  apreciar  en la sentencia una prueba que no fue practicada de  acuerdo  a  la  ley  procesal  para  llegar  a  la  certeza de que el día de la  ocurrencia  de  los  hechos  el  procesado sí había disparado arma de fuego en  contra  de  los  policiales,  por  lo  cual  no  han debido ser apreciadas en la  sentencia  siendo  esto  suficiente  para  que  mi defendido sea absuelto por el  cargo  de  porte  ilegal  de  armas  de fuego de defensa personal” (se resalta).   

Al     enunciar    el    segundo  cargo, indica que el Tribunal  incurrió    en    “apreciación    errónea   de   la   prueba”  y sostiene que en el proceso “está  plenamente  demostrado  que el procesado estuvo cerca al lugar de los hechos que  terminaron  con la vida de JUAN CARLOS MEJÍA CORREA el día 03 de septiembre de  2005,  transportando  a  cuatro sujetos, bajo presión por parte del sujeto DUAN  ARLEY      CADAVID,     alias     ‘el            flaco’  quien  le  colocó  una  pistola  en  la  nuca  mientras  los otros tres sujetos  acababan  con  la víctima luego de ubicarlo en la carrera 49 con la calle 88 de  la     ciudad     de     Medellín”.   

Después  de  hacer algunas consideraciones  sobre  lo  que  en  su  criterio  se  establece  de lo narrado por Elkin Albeiro  Restrepo  y Carlos Arturo Colorado Castaño, sostiene que “si eran 4 sujetos y  el  taxista,  si  los  sujetos que dispararon eran 3, entonces ¿dónde está el  cuarto    sujeto?”,   seguidamente   responde  que  “estaba  en  el  taxi  esperando  con  el taxista  amenazado  y  encañonado  con  una  pistola  que  fue la misma que encontró la  policía  al  lado  del  cadáver del ‘flaco’  ”,      a      continuación      considera  que “con el taxista eran cinco, que luego de asesinar  a  su víctima, se montaron todos al taxi, dos de ellos heridos en la balacera y  luego  se  bajaron  éstos  en  San Cayetano, entonces quedaron dos sujetos y el  taxista”,     y  finalmente  concluye que  “  por lo tanto, mi defendido no es coautor, ni cómplice, del homicidio en la  persona  de  JUAN  CARLOS  MEJÍA  y  si  existió  ésta fue bajo presión y en  defensa de su vida”.   

A continuación reproduce algunos apartes de  lo  narrado  en  sus  indagatorias  por  parte  de  Elkin  Albeiro Restrepo y de  Franklin  de  Jesús  Correa Builes, así como lo referido por el testigo Rubén  Arturo  Colorado Castaño,  y  concluye  que  “si  este  señor al presenciar la balacera salió corriendo  hacia  el  norte  y vio cuando el tercer sujeto también baleó al señor MEJÍA  CORREA,  y  se  montó en un taxi que estaba parqueado con el motor encendido en  la  parte  delantera,  ¿entonces  cuándo  tuvo tiempo para fijarse en todo eso  mientras     estaba     auxiliando    a    su    amigo    llevándolo    a    la  policlínica?”.   

Así  considera  “que  el  error  de  hecho en la apreciación de  la  prueba  es  más  que diáfana, pues resulta absurdo que por el hecho de que  este  declarante  observó  que   el  tercer  sujeto  que  le disparó a la  víctima  se  montó  a  un  taxi que lo esperaba en la parte delantera y que no  supo  qué  se  hicieron  los  otros  dos  sujetos  que  también disparaban, no  constituye  plena  prueba  para  endilgarle al procesado la coautoría del cargo  por  homicidio  simple”  (se  destaca).   

A partir de dichas consideraciones, califica  como  “evidente  que el Tribunal lesionó garantías de rango constitucional y  legal.  Esta  mera  prueba  no  es  suficiente y conforme a la ley no han de ser  apreciadas  y  al  haberlas apreciado el fallador, está incurriendo en error de  derecho”     (se  destaca).   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  casar  la  sentencia  objeto  de  recurso,  “dictar  la  que en derecho  corresponda”   y   disponer   la   libertad  de  su  asistido     (fls.     612     y ss.).   

SE CONSIDERA:  

Repetidamente la  Corte   ha   convenido   en  sostener  que   la  casación  no  es  instancia  adicional  a  las  ordinarias  del  trámite,  en  la que puedan ser presentados  informalmente   argumentos   de  disentimiento  contra  los  fallos  de  segunda  instancia,  ni  constituye  una  prolongación  del juicio donde resulte posible  continuar  el  debate  fáctico  y  jurídico  propio  del  trámite regular del  proceso.   

Por  el  contrario,  ha  precisado  que  el  aludido  instrumento es una sede única que parte del  supuesto  que  el  juicio  ha  culminado  con  la expedición de la sentencia de  segunda  instancia,  en  la  cual  el  ejercicio del derecho a impugnar se halla  condicionado  a  la  necesidad  de  demostrar  que  la declaración judicial del  derecho material se apartó del ordenamiento jurídico.   

Tiene  establecido,  que el trámite casacional es un juicio  jurídico  a la sentencia en orden a lograr  su invalidación, cuya postulación  debe obedecer a la denuncia y demostración de haber  sido  transgredida  la  ley  con  el  fallo,  y el escrito a través del cual se  ejerce  ha de reunir rigurosos requisitos de forma y contenido, establecidos por  el     artículo    212    del    Código    de    Procedimiento    Penal,  a fin de que pueda ser admitido por  la  Corte,  y cuya prosperidad está determinada por  la  demostración  de  haberse  configurado  una  o  algunas  de las causales de  procedencia normativamente establecidas.   

Entre  los presupuestos exigidos por la ley  de  rito  para  que  la  demanda  de  casación pueda ser admitida por la Corte,  se   encuentra   la   obligación  de  indicar   clara  y  precisamente  los  fundamentos   fácticos   y   jurídicos   del   motivo   de  casación  que  se  aduce     para     pedir    la    infirmación del fallo.   

Dicha exigencia se funda en la necesidad de  fijar  objetivamente  el  sentido  y  alcance  la  impugnación,  con  el fin de  determinar  su  idoneidad  formal y sustancial, y en el principio de limitación  que  gobierna  el  recurso, de acuerdo con el cual al Juez de Casación le está  vedado   proceder  a  colmar  los  vacíos  que  el  libelo  ofrezca  a  fin  de  desentrañar     la    verdadera    pretensión    del    demandante.   

Esto  último,  sin  perjuicio de    la   facultad   oficiosa   de   intervención   de    la    Sala   cuando   encuentre  configurado  algún  motivo  de  ineficacia de lo actuado, o en el evento de que  sea  ostensible  que  la  sentencia  atenta contra las garantías fundamentales,  pues  en  tales  casos se impone superar los defectos de la demanda y abrir paso  al  trámite casacional en orden a posibilitar un pronunciamiento de fondo sobre  los yerros advertidos.   

En  este caso, los mencionados requisitos,  expresamente  indicados  por  el  artículo  212  del  Código    de    Procedimiento    Penal    de    2000,   no    aparecen   satisfechos   en   la   demanda   que   el  recurrente  presenta.  Si  bien  trata  de  acertar identificando el fallo impugnado y los  sujetos    procesales,   así   como   resumir  los  hechos  que  en  su  criterio  tuvieron  lugar  y la  actuación  llevada  a  cabo  durante el trámite judicial, no logra lo mismo en  relación  con  la  necesidad de indicar clara y precisamente los fundamentos de  la causal que aduce.   

          

En ambos cargos, formulados al amparo de la  causal  primera  de  casación,  pese  a  sostener  que  en  la  sentencia  se incurrió en errores en la apreciación probatoria en  relación  con  los  cargos por los delitos de porte ilegal de armas de fuego de  defensa  personal  y homicidio, es lo cierto que por parte alguna de su discurso  precisa  la  concreta  especie  de error cometido, no  logra  demostrar  su  existencia ni la trascendencia que tuvo en la declaración  de justicia que pretende combatir.   

Pasa por alto que  la  Corte  ha sido persistente en indicar que cuando  en  sede  de casación se denuncia violación indirecta de la ley, el demandante  no  sólo  debe concretar  la   prueba   o   pruebas   sobre   las   que  predica  el  yerro,  sino        precisar  a  qué  género  corresponde éste -si de hecho o de derecho- y  señalar su especie.   

También   ha   de   demostrar  no  sólo  la    configuración   objetiva   del   desacierto  probatorio,  sino  la  definitiva  incidencia  de  éste en las conclusiones del  fallo,  y  por  tanto,  en  la  trasgresión  indirecta de las normas de derecho  sustancial,  para  lo  cual  debe  indicar  si  ello  tuvo lugar por aplicación  indebida  o  por  exclusión evidente, es decir, tiene por carga integrar lo que  se  conoce  como  la  proposición  del  cargo  y  la  formulación  completa de  éste.   

Asimismo,  con la finalidad de patentizar la  trascendencia  del  error  cometido  por el juzgador en la sentencia, compete al  casacionista  precisar  cómo  habría  de  corregirse  el  yerro probatorio que  denuncia,  modificando  tanto  el supuesto fáctico como la parte dispositiva de  la  sentencia.  Esto  le  implica  tener  que  realizar  en  la demanda un nuevo  análisis  del  acervo  probatorio,  en  el que se valoren las pruebas omitidas,  cercenadas  o  tergiversadas, o se aprecien de acuerdo con las reglas de la sana  crítica  aquellas  en  cuya ponderación fueron transgredidos los postulados de  la  lógica, las leyes de la ciencia o los dictados de experiencia; y, de ser el  caso,  se  excluyan  las  supuestas  o  las  ilegalmente  allegadas o valoradas.   

Todo ello de modo individual respecto de cada  prueba  como  contextualizadamente con lo que se acredita por las apreciadas con  acierto  por  el  juzgador,  bajo  los  criterios  establecidos  por  las normas  procesales  para  cada  medio probatorio en particular, y las que aluden al modo  integral  de valoración, a fin de poner de resalto la falta de aplicación o la  aplicación  indebida  de un concreto precepto de derecho sustancial, pues es la  demostración  de  la  trasgresión  de  la  norma  de derecho sustancial por el  fallo, el ejercicio en casación de su motivo primero.   

Como  ya  ha sido advertido, estos  presupuestos  de  claridad  y  precisión  en la formulación  de    los     ataques,    no    resultan  satisfechos  en  la  demanda  presentada       por       el      defensor          del        procesado   ELKIN   DE   JESÚS   CORREA  BUILES  y,    de    contera,  impiden  que  el  libelo  supere el juicio previo de  admisibilidad   al   trámite   de   la   casación   que   debe   realizar   la  Corte.   

No      obstante      afirmar  que acude a la causal primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  para  denunciar  que en el fallo se incurrió  en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial a  consecuencia    de    errores    de   hecho  en  la apreciación probatoria,  no  es  claro  ni preciso en cuanto a la indicación  del   tipo   de   error   que  pudo  haberse  cometido  respecto  de    la   ponderación   que       el       juzgador      hizo      sobre      la  evidencia  física y los medios de  convicción   allegados   da   durante   el   proceso  investigativo,  pues  no  logra  saberse  si  fue  que  cercenó,  adicionó  o  tergiversó  la  prueba;  si la dejó de considerar pese a obrar materialmente y  válidamente     en     la     actuación;    si    la    supuso    existente  sin  estarlo;  o  si,  por  el  contrario,  sin cometer  ninguno  de  dichos desaciertos, al asignarle mérito persuasivo desconoció los  postulados  de  la ciencia, las leyes de la ciencia o las reglas de experiencia,  falso  raciocinio  que  a  más  de  no  ser denunciado expresamente, tampoco se  demuestra en la demanda.   

Tampoco  ensaya  la demostración de que el  juzgador  hubiere  incurrido  en  errores  de  derecho  por  falsos  juicios  de  legalidad  o  de convicción en la apreciación de la prueba, como para entender  que se orienta por la senda de los errores de derecho.   

Se  afirma  tan  sólo  que  en  la  actuación  no  obra  la  prueba  requerida  para  proferir  fallo de condena, pero sin  acreditar  en  qué consistió el error de apreciación probatoria, sobre    cuáles    específicos    medios   recae,   cómo  se demuestra éste, cuál es su definitiva incidencia en la  juridicidad  del  fallo,  y  por  qué razón la interpretación que propone sí  respeta  las reglas de la sana crítica, al punto que  ni  siquiera  se  da  a  la tarea de cotejar sus asertos con las consideraciones  fácticas  del  fallo,  y  al  no  hacerlo  las manifestaciones contenidas en la  demanda   caen   en  el  vacío  pues  no  tienen  concreción,  desarrollo,  ni  demostración.   

Tampoco  indica  cuál  habría  de  ser la  solución  que habría de adoptar la Corte en sede extraordinaria para el evento  en  que  la  censura  logre  prosperidad,  pues  solicita tan sólo casar  la  sentencia  recurrida  y  “dictar  la  que  en derecho  corresponda”,  con lo cual no se sabe el alcance y  fin de la impugnación extraordinaria.   

Lo pretendido por  el   censor,  atendiendo  el    particular    entendimiento    que  posee  sobre la naturaleza y fines  del   instrumento   a  que  acude,  es  que  en  sede  extraordinaria  la  Corte  revise integralmente la prueba y la ponderación que  de  ella  hicieron  los  juzgadores, a manera de tercera instancia y, acorde con  las  pretensiones del recurrente, le confiera un mérito distinto o por  fuera  del  otorgado  en  la  segunda  instancia,  lo cual no  constituye     error     alguno     denunciable     en     casación.   

   

Siendo entonces ostensibles los defectos que  la  demanda  acusa,  pues,  como  se  deja  expuesto,  de ella no se desentraña  precisa    y    claramente   los   fundamentos   de   la   causal   que  invoca,  y  no  pudiendo la Corte  corregirla  por  virtud  del principio de limitación que rige su actuación, lo  procedente  será  inadmitirla,  declarar  desierto  el  recurso  y  ordenar  la  devolución  del  expediente al Tribunal de  origen,  conforme  así se establece de los artículos 197 del  decreto 2700 de 1991 y 213 de la ley 600 de 2000.   

Esto  último, si se da en considerar que de  la  revisión  de  lo  actuado  tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

Contra  estas  decisiones no procede recurso  alguno.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   a   nombre   del   procesado    FRANKLIN    DE    JESÚS   CORREA  BUILES,  por  lo  anotado  en la motivación de este  proveído.     En    consecuencia    se    DECLARA  DESIERTO el recurso.     

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ         ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA             JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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