27070(11-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27070  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                                   Magistrado Ponente:   

                                     Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                                     Aprobado acta No. 49   

Bogotá,  D.  C.,  once  de  abril de dos mil  siete.   

      Se pronuncia la  Corte  sobre  el  recurso  de  queja  propuesto  por el  defensor de OBEIDA  PÉREZ  PERLAZA,  contra  la  decisión  mediante  la  cual  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Antioquia,  no  concedió  el  de  casación interpuesto por este respecto de la  sentencia condenatoria presuntamente emitida.   

        La Sala  rechazará  el  recurso interpuesto por el abogado defensor de la acusada, pues,  se  hace  evidente  que  no  ha  cumplido  él  con  los presupuestos procesales  establecidos   para   la  tramitación  del  mismo,  careciendo  la  Corte,  por  consecuencia  de ello, de los elementos de juicio suficientes para determinar si  efectivamente el recurso de casación fue o no bien denegado.   

        Para el  efecto,   entiende   necesario   la  Sala,  precisar  la  naturaleza  jurídica,  pertinencia  y  trámite  del  recurso  de  queja,  para lo que corresponde a la  denegación   del   recurso   de  casación,  por  entenderse  extemporánea  su  interposición.   

        En este  sentido,   aunque   de   antaño   se   tiene   claro  que  la  declaratoria  de  inexequibilidad  de  las  normas  dispuestas  en  la  Ley  600  de 2000, para la  tramitación  del recurso de casación, obliga revivir la normatividad dispuesta  sobre  la  materia  por  el  Decreto  2700  de  1991,  se han afinado los puntos  concernientes  a  la  naturaleza  del  acto denegatorio de la interposición del  recurso  de casación, y la posibilidad de que este pueda ser controvertido o no  a través del recurso de  queja.   

        Ya  el  tópico  se  ha  decantado  de  la  siguiente  manera1   

“Con ocasión de la declaración parcial de  inexequibilidad  de  los  artículos  6° de la ley 553 de 2000, y 210 de la ley  600  de  2000  (Sentencia  C-252/01), que regulaban lo atinente a la oportunidad  para  la  interposición  de  la casación en materia penal, la Corte acogió la  tesis  de  la reviviscencia de los contenidos normativos derogadas, siguiendo al  efecto  la doctrina constitucional dominante, con el fin de prevenir los vacíos  que  pudieran  presentarse, y garantizar el acceso al recurso (Cfr. Queja 18631,  octubre  22  de  2001,  Magistrado  Ponente Dr. Carlos Augusto Gálvez Argote; y  Casación  Discrecional  18582, octubre 22 de 2001, Magistrado Ponente Dr. Jorge  Aníbal Gómez Gallego).    

Las  conclusiones  a  las  que  se llegó en  aplicación   de  esta  tesis,  fueron  básicamente  las  siguientes:  (1)  Que  revivían  los  artículos  223 y 224 del Decreto 2700 de 1991, que regulaban la  manera  de interponer y conceder la casación como recurso extraordinario; y (2)  que  revivían  también  los artículos 207 a 210 ejusdem, que reglamentaban el  recurso  de  hecho  (queja) como mecanismo para acceder a la casación cuando el  Tribunal  de  apelación  negaba  su concesión (Cfr. decisiones citadas y Queja  18862,    marzo   6   de   2002,   Magistrado   Ponente   Dr.   Jorge   Córdoba  Poveda).   

De la interrelación de estas normas con los  preceptos  que  lograron superar el examen de constitucionalidad, principalmente  con  el  inciso  último  del artículo 210 de la ley 600 de 2000, que establece  que  “si la demanda se presenta extemporáneamente,  el  tribunal  así  lo  declarará  mediante  auto  que  admite  el  recurso  de  reposición”,  la  Corte  concluyó  que  el examen  sobre  la  procedencia  del  recurso era de competencia exclusiva de la Corte, y  que  el Tribunal solo podía negar su concesión por razones relacionadas con su  interposición    extemporánea.    En    todos   los   demás   casos,   debía  concederlo.    

Precisó  igualmente  que  la decisión del  Tribunal   que   niega   el   trámite  casacional  por  extemporaneidad  de  la  impugnación  solo admite el recurso de reposición, de acuerdo con lo dispuesto  en  el  citado  artículo  210  de  la  ley 600 de 2000, y que el de queja tiene  cabida  cuando  el  Tribunal  decide  negarlo  por razones distintas a las de su  competencia,   es   decir,   por   motivos   diferentes   de  su  interposición  extemporánea,  como  cuando  aduce para negar su concesión el quantum punitivo  (summa  poenae),  la  cuantía del interés para recurrir (summa gravaminis), la  capacidad  para  actuar  en el proceso (legitimatio ad processun), la naturaleza  de      la      providencia      impugnada      o      su      origen,     entre  otros.          

Este criterio, ha sido y sigue siendo el que  rige   el   procedimiento   aplicable   en  el  trámite  casacional  (consultar  adicionalmente  recursos  de  queja  No.  21010,  de julio 3 de 2003, Magistrado  Ponte  Dr. Edgar Lombana Trujillo, y No.23087 de 19 de enero de 2005, Magistrado  Ponente  Dra. Marina Pulido de Barón, entre otros). Sin embargo, la Sala estima  oportuno    retomar    el    punto,   con   el   fin   de   replantearlo,   pues  considera     que  el  procedimiento  que  viene  siendo  aplicado  no  responde  a  la  estructura  lógica  del  proceso  casacional,  ni  consulta el  contenido  de  las  normas  en  las  cuales  se  sustenta,  fundamentalmente los  artículos  223  y  224  del  Decreto  2700  de  1991,  y  210  de la ley 600 de  2000.   

El  proceso  casacional,  como  cualquier  proceso,  se  divide  en  etapas,  fases  o  compartimentos, que se rigen por el  principio  de  preclusión,  de  acuerdo  con  el  cual,  los estadios de que se  compone  la  actuación se agotan progresivamente, convirtiéndose cada una  de  ellas  en  condición  necesaria de la siguiente, y en estanco que impide el  retorno  a  fases  ya superadas. Se busca con ello no solo dar orden al proceso,  sino  ir concretando progresivamente su objeto, y dar certeza a las partes sobre  los momentos en los cuales deben hacer uso de sus derechos.   

En  el sistema procesal que regía antes de  la  entrada  en  vigencia  de  la  ley  553  de  2000, el trámite casacional se  integraba  de  cuatro fases claramente diferenciadas: (1) la de interposición y  concesión  del  recurso, (2) la de sustentación, (3) la de calificación de la  demanda,  y (4) la decisión (Artículos 223, 224, 226 y 229 del Decreto 2700 de  1991).  Las  dos  primeras  se  cumplían  en  el  Tribunal de apelación, y las  últimas  en  la  Corte,  siendo  cada  una de ellas presupuesto necesario de la  siguiente,  pues  la  lógica  del  proceso  casacional enseña que primero debe  interponerse  el recurso, luego concederse, después sustentarse, posteriormente  calificarse la demanda, y finalmente decidirse.   

La primera etapa se compone de dos subfases,  la  de  interposición  del  recurso y la de concesión. La interposición es el  acto  mediante  el  cual  el sujeto procesal expresa al Tribunal su decisión de  llevar  el caso a casación. Puede hacerse en el acto de la notificación, o por  escrito  dentro  de  los  15  días  siguiente  a la última notificación de la  sentencia  (artículo  223  ejusdem).  La  concesión, es el acto por el cual el  Tribunal  decide  si  otorga  el recurso interpuesto o lo niega, lo cual implica  examinar  los  presupuestos  de  procedibilidad  de la impugnación, o lo que es  igual, las condiciones de admisibilidad del recurso.   

No  se  trata  de  un acto formal,  de  simple  mecánica  procesal,  como  ha  venido  siendo  entendido después de la  declaratoria  de  inexequibilidad  de los dos primeros incisos del artículo 210  de  la ley 600 de 2000, sino de una decisión de contenido material, que implica  examinar  si se cumplen o no los presupuestos que la ley impone para declarar en  trámite  la  impugnación.  Esta  noción  es  unánime  a nivel de doctrina, y  además   la  que impone la teoría de la casación, pues de no ser así se  incurriría   en   el  contrasentido  de  tener  que  correr  traslado  para  la  presentación  de una demanda que de antemano se sabe improcedente, con pérdida  de   tiempo   para   los   sujetos  procesales,  desgaste  innecesario  para  la  administración   de   justicia,   y  dilación  perniciosa  del  procedimiento.   

Reputados  casacionistas  nacionales,  como  Fabio   Calderón   Botero   y   Humberto  Murcia  Ballén,  coinciden  en  esta  conceptualización.  El  primero  sostiene  que  la determinación referida a la  concesión  o  negación  del  recurso,  implica  estudiar  si fue incoado en la  oportunidad  debida,  si  fue formulado por quien tenía derecho a hacerlo, y si  la  sentencia  impugnada  está  sujeta  a  casación.  El segundo afirma que el  Tribunal  solo  puede  optar  por  la  concesión  del  recurso  cuando  ha sido  interpuesto  en  tiempo,  contra  sentencia  susceptible de ser atacada por esta  vía,  y  por  quien  está  legitimado  para  hacerlo, debiendo negarlo en caso  contrario.   

El  temor  de que el derecho de los sujetos  procesales  a  acceder  al recurso pueda verse comprometido por la decisión que  pueda  tomar  el  Tribunal  en  el  remate  de  esta  primera  fase del trámite  casacional,  se  disipa  por  previsión de la misma ley, que históricamente ha  consagrado  la  posibilidad  de  que  contra la decisión que niega la casación  pueda  interponerse  el  recurso  de hecho (o de queja), para que sea el Juez de  casación  el  que  decida  en  últimas sobre su procedencia, cualquiera sea el  motivo,  incluido  el  relativo  a  su interposición extemporánea, que no debe  confundirse  con  la  extemporaneidad  de  la  demanda, que corresponde, como se  verá  más  adelante,  a  una  fase  superior,  en  donde  no  es  admitida  la  impugnación de hecho.   

La  segunda fase se integra también de dos  momentos.   El  de  presentación  de  la  demanda  (sustentación  del  recurso  propiamente  dicho),  y  el  de  aportación  de  los  alegatos  de  los sujetos  procesales  no  recurrentes.  La  presentación  de la demanda es necesaria para  poder  acceder  a  la  tercera  fase,  mas  no  así  la aportación de alegatos  apreciatorios.  Si  el  impugnante  presenta demanda en tiempo, el Tribunal debe  remitir  el  proceso  a  la Corte para el cumplimiento de la tercera fase. Si el  recurso  no  es  sustentado,  o  lo es fuera de tiempo, debe declararlo desierto  mediante  decisión  que  solo admite recurso de reposición, de conformidad con  lo  dispuesto  los artículos 224 inciso último del Decreto 2700 de 1991, y 210  último inciso de la ley 600 de 2000.   

No puede confundirse el acto de declaración  de  extemporaneidad  de  la  interposición  del  recurso,  que  es propia de la  primera  fase,  y  contra  el  cual  procede  el  recurso  de  queja,  con el de  declaración  de extemporaneidad de la demanda, que pertenece a la segunda fase,  y  solo  admite  recurso  de reposición. Ambas decisiones competen al Tribunal,  pero  pertenecen  a momentos procesales diferentes, y están referidos a objetos  distintos.  Esta  aclaración  resulta importante, porque fue con ocasión de la  simbiosis  de estos dos conceptos que la Sala terminó  postulando la tesis  que hoy se replantea.       

La  tercera  fase  comprende  también  dos  momentos.  La  calificación  de la demanda por parte de la Corte, y el traslado  al  representante  del Ministerio Público para concepto. La calificación de la  demanda  supone  doble  análisis,  (1) la verificación del cumplimiento de las  exigencias   requeridas   para  la  procedencia  del  recurso  (presupuestos  de  admisibilidad),  y  la  calificación  propiamente  dicha, o acto por el cual se  establece  si  la  demanda cumple los presupuestos mínimos de forma y contenido  que  permitan  su  estudio  de  fondo,  según  las  exigencias de la ley, y los  requerimientos de la técnica casacional.   

En la práctica, el primer examen abarca la  revisión  de los presupuestos requeridos para la admisibilidad del recurso, que  se  supone  fueron  analizados por el Tribunal en el momento de decidir sobre su  concesión,  y  la  verificación  de  aquellos que solo pueden ser establecidos  frente  al contenido de la demanda, como el interés para recurrir en razón del  tema  planteado  (unidad  temática  entre  los  aspectos  de la apelación y la  casación),  o  el  interés  para  hacerlo  en  razón de la pretensión (si lo  buscado  es la nulidad, la variación del sentido del fallo, o la reparación de  perjuicios,  según se trate o no de sentencia anticipada, o del sujeto procesal  que  recurre),  pues dependiendo de lo que se esté alegando podrá o no existir  interés para recurrir.   

Si   la   Corte  encuentra  reunidos  los  requisitos  de  admisibilidad  del  recurso,  y la demanda en forma, la admite y  ordena  correr  traslado al representante del Ministerio Público para que emita  concepto,  cumplido  lo  cual  entra  a  decidir  el  recurso.  Si  no encuentra  cumplidos  los  requisitos  de  admisibilidad,  lo declarará improcedente, y se  abstendrá  de  calificar  la  demanda.  Si  los  presupuestos  de admisibilidad  concurren,  pero  la  demanda  no reúne las exigencias mínimas requeridas para  que  pueda adelantarse un estudio de fondo, la inadmitirá, sin perjuicio de que  oficiosamente  pueda  habilitar el trámite casacional si advierte violación de  derechos fundamentales.   

Con la entrada en vigencia de la ley 553 de  2000,  la  estructura del proceso casacional sufrió sustanciales modificaciones  en  su primera parte, pues se eliminó la fase de la interposición del recurso,  para  reducir el trámite casacional a tres fases, (1) la de presentación de la  demanda,  (2)  la  de  calificación  de  la  demanda, y (3) la de decisión. La  primera  se  cumplía  ante  el  Tribunal,  y  las  dos últimas en la Corte. Al  desaparecer  la  fase  de  la  interposición,  desaparecía por sustracción de  materia  el  acto  de  concesión,  y  consecuencialmente  el  recurso  de queja  previsto  como  mecanismo  supletorio  para  intentar  el  acceso a la casación  cuando   era  negada por el ad quem, siendo estas las razones por la cuales  la    leyes   553   y   600   de   2000   omiten   hacer   alusión   a   dichos  institutos.     

La primera fase comprendía la presentación  de  la  demanda  y  el traslado a los sujetos procesales no recurrentes. Una vez  agotada,  el  expediente  debía ser remitido a la Corte para el cumplimiento de  la  segunda  fase, que abarcaba el examen de los requisitos de admisibilidad del  recurso  y  la  calificación formal de la demanda, ambas por parte de la Corte.  Bajo  este régimen, el Tribunal carecía de competencia para pronunciarse sobre  la  procedencia de la impugnación, facultad que quedaba privativamente asignada  a la Corte.   

La  única decisión que el Tribunal podía  tomar  en el curso del trámite casacional tenía que ver con la declaración de  extemporaneidad  de  la  demanda,  cuando era presentada en destiempo, decisión  contra  la cual procedía el  recurso de reposición exclusivamente, según  lo  preceptuado en los  artículos 6° de la ley 553 de 2000 y  210 de  la  ley  600  de  2000,  cuyos incisos finales, textualmente idénticos, son del  siguiente   tenor:   “Si  la  demanda  se  presenta  extemporáneamente,  el  Tribunal  así lo declarará  mediante auto que admite el recurso de reposición”.   

Si   la  Corte  encontraba  reunidos  los  requisitos   de   procedencia   del   recurso   y  la  demanda  satisfacía  los  requerimientos  formales  y  técnicos  exigidos  para  su  estudio de fondo, la  admitía  y  ordenaba  correr  traslado  al  Procurador  para  concepto. En caso  contrario,   declaraba  improcedente  el  recurso, o inadmitía la demanda,  según  se  tratara  del  incumplimiento  de los presupuestos de procedencia del  recurso,  o de admisibilidad formal del libelo. La segunda fase concluía con la  obtención  del concepto del Procurador, y se iniciaba la tercera, en la cual la  Corte entraba a decidir el recurso.   

La  declaratoria  de inexequibilidad de las  normas  de  la  leyes  553  y  600  de 2000 que regulaban el nuevo procedimiento  casacional,  llevó  a  la  Corte, como ya se dejó visto atrás, a proclamar la  tesis  de  la  reviviscencia  o restauración ipso iure de los contenidos de las  normas  derogadas, concretamente de los artículos 223 y 224 del Decreto 2700 de  1991,  que  regulaban  el  procedimiento anterior, donde se preveían como fases  del  procedimiento  casacional,  (1)  la   interposición  y concesión del  recurso,  (2)  la  sustentación,  (3)  la  calificación de la demanda y (4) la  decisión,  y  donde  el  acto  de  concesión  del  recurso,  entendido  en  su  comprensión  dogmática  casacional,  es  decir  como  decisión  en  la que se  estudian  los  requisitos  de  procedencia  de  la  impugnación,  se erigía en  presupuesto    necesario    para    poder    acceder    a    la   fase   de   la  sustentación.   

Siendo ello así, la conclusión a la que se  llega,  y  que hoy acoge la Sala, es que el acto de concesión del recurso no es  una   decisión  carente  de  contenido  (en  blanco),  como  ha  venido  siendo  entendido,  sino  un  acto  dotado de sustancialidad, en el que el Tribunal debe  analizar  los distintos presupuestos requeridos para la procedencia del recurso,  con  el  fin de determinar si debe o no concederlo, excepción hecha de aquellos  que  solo pueden ser determinados frente al contenido de la demanda, como sería  el  caso  del  relacionado con la unidad temática, o del interés para recurrir  en  razón  de  la  pretensión,  o en razón de sujeto procesal que impugna. En  estos  supuestos,  la llamada a pronunciarse sobre el cumplimiento del requisito  de  procedencia  del  recurso es la Corte, en el momento de analizar la demanda.   

La  tesis de la Sala, consistente en que el  Tribunal  solo podía pronunciarse sobre la extemporaneidad de la interposición  del  recurso, y que contra esta decisión no procedía el recurso de queja, sino  el  de reposición, parece haberse sustentado en la lectura del único fragmento  del  artículo  210  de  la  ley  600  de 2000 (artículo 6° de la ley 553) que  logró   superar  el  examen  de  constitucionalidad,  donde  se  establece  que  “si  la  demanda se presenta extemporáneamente, el  Tribunal   así   lo   declarará   mediante  auto  que  admite  el  recurso  de  reposición”,  pero  esta  norma  se  refiere  a la  inobservancia  de  los  términos  para  presentar la  demanda,  no a la inobservancia de los términos para  la    interposición    del    recurso,  como  terminó  entendiéndose,  sin  advertir que se trataba de  situaciones   disímiles,   claramente  diferenciadas,  pertenecientes  a  fases  diferentes  del  trámite  casacional,  que  implicaban consecuencias procesales  distintas.   

Sintetizando,   puede   decirse   que  en  tratándose  de  casación  común,  que  no deba regirse por la ley 906 de 2004  (sistema  acusatorio),  el trámite a seguir comprende los siguientes pasos. (1)  El  de interposición, que debe cumplirse dentro de los 15 días siguientes a la  última  notificación de la sentencia (artículo 223 del Decreto 2700 de 1991).  (2)  El  acto de concesión, que corresponde al Tribunal, e implica el análisis  de  todos  los  requisitos de procedencia del recurso, con excepción de los que  solamente  pueden  establecerse  a  partir  del  contenido  de  la demanda. Debe  adoptarse  mediante  auto  de  sustanciación  (artículo  224  ejusdem),  y  es  susceptible  del  recurso  de queja en los términos previstos en los artículos  207   y  siguientes  del  referido  estatuto  cuando  es  denegado.  (3)  El  de  sustentación  y  presentación  de alegatos apreciatorios, en la forma y plazos  previstos  en  el  artículo  224.  Si  el  recurrente  no  presenta demanda, el  Tribunal  debe declarar desierto el recurso. Si es presentada por fuera  de  término,  debe declararla extemporánea mediante auto contra el cual procede el  recurso  de  reposición  (artículo  210  de  la  ley  600  de 2000). (4) El de  calificación  de  la  demanda y traslado al Ministerio Público, de competencia  privativa de la Corte, y (5) el de decisión.   

En  tratándose de casación discrecional o  excepcional,  el  trámite  a  seguir  es el mismo. El recurso debe interponerse  dentro  de  los  15 días siguientes a la última notificación de la sentencia,  con  la  indicación  de  que se utilizará la vía discrecional, precisión que  resulta  importante a efectos de determinar si se cumplen o no las exigencias de  procedencia.  Dentro  de  los tres días siguientes el Magistrado, mediante auto  de  sustanciación, debe decidir sobre su concesión, para lo cual debe analizar  los  requisitos  de  procedencia del recurso cuya concreción  no requieran  el  análisis  del  contenido  de  la  demanda  (como  interposición en tiempo,  capacidad  procesal  del  impugnante,  naturaleza  de  la providencia impugnada,  etc).  Si  la  decisión  es  de  rechazo,  procede el recurso del queja, en los  términos  ya  indicados.  De lo contrario, se ordenarán los traslados. Agotada  esta  fase,  se  remite  el  expediente  a  la  Corte  para verificación de los  requisitos  de  procedencia  del  recurso  y  calificación de la demanda. Si el  recurrente  no  presenta  demanda,  compete  al  Tribunal  declarar  desierto el  recurso,  y  si  es  presentada pero en destiempo, debe declararla extemporánea  mediante auto que solo admite recurso de reposición.   

Oportuno es precisar que en el nuevo código  (ley  906  de  2004),  el  trámite  casacional  comprende  cuatro fases: (1) De  interposición  motivada  del recurso, que debe cumplirse dentro de los 60 días  siguientes  a  la  última  notificación de la sentencia. El acto de concesión  desaparece,  y  por  ende,  el  recurso  de  queja.  El ad quem debe limitarse a  remitir  el  escrito  de  interposición  (demanda)  a  la  Corte, junto con los  antecedentes  del  caso,  para  su  estudio.  (2)  De admisión del recurso, que  corresponde  a  la  Corte,  y  comprende  la  constatación de los requisitos de  procedencia,  y  el  cumplimiento  de  las  exigencias de sustentación mínima.  Contra  la  decisión que inadmite el recurso por falta de interés, motivación  insuficiente,  o  inidoneidad  sustancial, procede el recurso de insistencia por  parte  del  Ministerio  Público  o de cualquiera de los Magistrados de la Sala.  (3)  De  sustentación  en audiencia.  Si el recurrente no comparece, ha de  entenderse  que  desiste del recurso (artículo 199 ejusdem), y se impondrá por  tanto  la  declaración  de  deserción. (4) De decisión, dentro de los 60 día  siguientes.”   

       Acorde con la  jurisprudencia  transcrita, es claro, en primer lugar, que si se busca rituar la  tramitación  del  recurso de casación y la negativa del Ad quem, a concederlo,  dentro  de  la perspectiva de la Ley 906 de 2004, ninguna consideración habría  de  hacer  la  Corte respecto de la impugnación propuesta por el defensor de la  acusada,  sencillamente porque el recurso de queja asoma exótico en lo que toca  con  la  posibilidad  de  revocar  la  negativa en mención,  pues, como se  anotó  atrás,  no  existe  pronunciamiento  que  deba realizar el Tribunal, en  punto de concesión o no del recurso de casación.   

      De esta manera,  entonces,   si  el  recurrente  desea  que  se  tome  en  cuenta   su   postulación       de       revocar       el      auto   denegatorio,   a  través  de  la vía del recurso de queja,  necesariamente  debe  amoldar  su  comportamiento de parte, a las exigencias que  respecto  de  ello consagran los artículos 207 y siguientes del Decreto 2700 de  1991,  con  plenos  efectos sobre la materia, como amplia y reiteradamente lo ha  dejado sentado la Sala en pacífica jurisprudencia.    

    

       A  manera  de  carga  para el recurrente, pues, se impone, en primer lugar, la necesidad de que  el  recurso  se  interponga, a voces del artículo 207 del Decreto 2700 de 1991,  “dentro  del  término  de  ejecutoria del auto que  deniega el recurso”.   

        Además  de  ello,  corre  de  cargo  del  recurrente  interponer la impugnación ante el  funcionario,  Tribunal,  tratándose  de  casación,  que profirió la decisión  atacada,  y  allí  mismo  solicitar  “copia  de la  providencia  impugnada  y  de  las  demás  piezas  pertinentes,  las  cuales se  compulsarán  dentro  del  improrrogable  término  de  un  día  y se enviarán  inmediatamente  al  superior”,  tal  cual postula el  artículo  208  ibídem.  Dentro  de  los tres días siguientes al recibo de las  copias  por  parte del superior, es menester que se sustente el recurso, a voces  del artículo 209 ejusdem.   

       Sobre  estas  exigencias,   en  concreto,  el  término  de  interposición  del  recurso,  la  autoridad  ante la cual se presenta y  el momento de su sustentación, esto  dijo  la  Corte2:   

“Es  claro  que  los  recursos son medios  concedidos  por  la  ley a los sujetos procesales, para propiciar la corrección  de  los yerros en que hayan podido incurrir los servidores judiciales, de manera  que  la  facultad de interponerlos y el deber de sustentarlos cabalmente, están  radicados  en  el prudente criterio, idoneidad y responsabilidad del interesado,  que  debe  ejercer  el derecho de  impugnación, como toda postulación, al  interior  del  proceso correspondiente, por cualquiera de los medios autorizados  por  la  ley;  de  tal  manera,  la interposición y la sustentación tienen que  hacerse  valer  ante  el  despacho  que  profirió  la  providencia, y es con la  fecha   en  que  allí se acrediten que se determinará si lo fueron dentro  de los precisos términos instituidos al efecto.   

          Con  posterioridad  la         Corte         ha        establecido3,  en  punto  de sustentación,  que  ésta  perfectamente  puede  introducirse en el mismo momento en el cual se  interpone  el  recurso,  sin que sea menester hacer uso, ante esta eventualidad,  de  los tres días que consagra la Ley a partir de recibirse por el superior las  copias previamente solicitadas.   

            Pero   ello   no  releva,  debe  destacarse,  de  la obligación de interponer, dentro de los tres  días  siguientes  a  la ejecutoria del auto, ante el funcionario o corporación  que  denegó  la  casación,  el  recurso  de hecho, facultando que allí se dé  curso  adecuado  a  la tramitación, precisamente a través de la expedición de  las  copias  de  la  sentencia  y las piezas procesales pertinentes, mismas que,  enviadas    al   superior,   habilitan   de   este   conocer   del   recurso   y  resolverlo.   

         Nada  de  ello  operó,  sin  embargo,  en el caso concreto, pues, el recurrente  directamente  acudió  con  su escrito impugnatorio y sustentatorio del recurso,  ante  la  Secretaría  de  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  demandando  se eche abajo el auto que denegó el recurso de casación  presuntamente  interpuesto  en contra del fallo condenatorio proferido en contra  de  su  representada  legal,  obviando los pasos que para el efecto contempla lo  normado   en   los   artículos   207   y   siguientes   del   Decreto  2700  de  1991.   

         Y  ello  es  trascendente,  debe  relevar  la  Sala,  porque a partir de las piezas  procesales  que  hubo de enviar el tribunal, se determina qué en concreto es lo  discutido   respecto   del   fallo   –es  que,  ni siquiera el recurrente solicitó o hizo llegar copia de  la  sentencia  condenatoria  supuestamente  proferida en contra de Obeida Pérez  Perlaza,   ni   se   conocen   adecuadamente  los  términos  de  proferimiento,  notificación  y  ejecutoria de la misma, cuando lo discutido es precisamente la  extemporaneidad  o  no  en  la  presentación del recurso de casación que fuera  denegado-.   

          Cierto,  sí,  que  el  inciso  tercero  del  artículo  209  del  Decreto  2700 de 1991, faculta al  superior  para solicitar del inferior, copias de las piezas procesales estimadas  menester,  pero  ello  no  significa  que  se  elimine  la  carga  procesal  del  recurrente,  referida  a  aportar, por la vía de su manifestación expresa ante  el  inferior  acerca  de la interposición del recurso, la copia de “la    providencia    impugnada    y   de   las   demás   piezas  pertinentes”.  Documentos,  estos,  cuya legitimidad  deriva  precisamente  del hecho de que son expedidos y enviados directamente por  el Tribunal, para el caso que nos ocupa.   

              Y   ya   en  lo  que  toca  con  los  términos  legales  establecidos  para  la  interposición  del  recurso,  la  omisión  del  recurrente asoma bastante más  trascendente,  si se advierte que el obviar presentar la copia de la sentencia y  la  tramitación  posterior,  en punto de notificaciones y ejecutoria, e incluso  la  constancia  o certificación de haber presentado el recurso de queja ante el  Tribunal,  dentro  de  los  precisos  límites  temporales  significados  en  el  artículo  207 del Decreto 2700 de 1991, impide verificar si ha cubierto o no la  ineludible exigencia.   

             Sobre  este  particular,  bien  poco  sirve  que  el impugnante manifieste en su  escrito  cómo  la negativa a desatar el recurso “se  hizo  a  través  de  un  auto de Cúmplase, que no se notificó y, por ende, no  permitía   recurso   alguno”,   dado  que  ninguna  certificación  se  posee  respecto  a la forma como se expidió la decisión en  cuestión,  ni mucho menos cuándo o de qué modo llegó ella a conocimiento del  defensor,  para  que  así  pudiese  no  sólo  tomar  la copia que aportó a su  libelo,  sino interponer ante esta sede el recurso de hecho en contra de un auto  que,  como  ya  se  anotó  en  la  jurisprudencia  ampliamente transcrita, debe  reputarse  de sustanciación, cual consigna el artículo 224 del Decreto 2700 de  1991.   

            Si  el  auto  en  cuestión  fue  proferido  el 7 de febrero de 2007, y se conoce que el  recurso  se  presentó  en  la  Secretaría  de la Sala, el 9 de marzo siguiente  (folio  1 del cuadernillo del recurso, como reza el sello), un primer vistazo al  asunto  permitiría  apreciar  que  ya el término de ejecutoria de la decisión  atacada,   estaba   vencido   cuando  se  impugnó  ella,  aunque  es  esta  una  manifestación  al paso que surge, se reitera, de la imposibilidad de contar con  elementos   de   juicio   suficientes,   fruto   del   errático  comportamiento  procesal  destacado del censor.   

           Desde luego,  si  lo  pretendido por el recurrente, hubiese sido habilitar el espacio adecuado  para   que  se  le  notifique  la  decisión  denegatoria  y  así  facultar  la  posibilidad  de  controversia  propia del recurso de queja, o significar que los  términos    corren   ajenos   a   lo   que   la   ley   consagra   –dígase,  por  haberse  notificado por  conducta  concluyente-, pues, así debió indicarlo cuando interpuso el recurso,  desde  luego, no en esta instancia, sino ante  el Tribunal, a fin de que se  resolviera allí adecuadamente sobre el punto.   

             Más  que  un  recurso,  el  mecanismo  informal  utilizado por el defensor para  obtener  la  posibilidad  de  acceder al recurso de casación, corresponde a una  solicitud  libre  en  la  cual,  presentando documentos también informales, que  dice  corresponden  al  proceso seguido en contra de su representada legal, pasa  por  alto  mínimos  presupuestos del debido proceso, evitando las cargas que le  corresponden  en  su  calidad de recurrente y obviando el principio preclusivo o  antecedente consecuente de los actos procesales.   

             Porque,  para  hacer  más evidente la impropiedad de lo adelantado motu  proprio  por el recurrente, si este  no  ha  dado a conocer al funcionario o corporación que profirió la decisión,  su  interés  por  impugnarla,  perfectamente  puede  ocurrir  que  se determine  ejecutoriada  la  misma,  dado que dentro del término establecido por la ley no  se   interpuso   el   recurso  en  esa  sede,  y  en  consecuencia,  emitida  la  certificación  que  así  lo  haga ver, se envíe el proceso al correspondiente  Juez  de  Ejecución  de  Penas y Medidas de Seguridad, encargado de ejecutar lo  decidido,   resultando  de  ello  que  a  la  par  se  adelanten  dos  trámites  disonantes,  vale  decir,  el propio del recurso de queja seguido, para el caso,  por  la  Corte,  en  el  entendido  de que no se ha ejecutoriado la sentencia, y  aquel de ejecución, prevalido de la constancia de ejecutoria.   

              Desde  luego  que  la  Corte  no  puede prohijar un tal proceder paralelo que se  lleva  de  calle el debido proceso y amenaza producir decisiones contradictorias  o  equívocas –piénsese en  la  posibilidad  de  admitir  el recurso de casación, lo cual implicaría dejar  sin  efecto  la ejecutoria de la sentencia verificada por el Ad quem-, a través  del  mecanismo  de  entender  válida  o validable la forma de intervención del  defensor.   

              Para  que  quede  claro,  una  interpretación  sistemática  de  las normas que  regulan  el  recurso  de  hecho en lo que toca con la denegatoria del recurso de  apelación   o   el   de   casación  –en  este  caso,  únicamente para lo que compete al trámite seguido  con  anterioridad  a  la vigencia de la Ley 906 de 2004-, implica necesariamente  el cumplimiento de cinco presupuestos básicos, a saber:   

    

1. Que  se  haya  denegado  el  recurso de apelación o el de casación  interpuestos.   

2. Que  el  sujeto  procesal  afectado  con la decisión, manifieste su  inconformidad  e  interponga  el  recurso  de queja, ante el mismo funcionario o  corporación  que denegó el recurso, “dentro del término de ejecutoria de la  decisión que deniega el recurso.”   

3. Que  en  ese  mismo  momento el recurrente solicite al funcionario o  corporación,  compulse  copias de la decisión pretendida controvertir y de las  piezas  procesales  que estime pertinentes, mismas que en un plazo máximo de un  (1)  día,  deben  ser expedidas y de inmediato enviadas por esa autoridad, ante  el superior.   

4. Que  se  sustente  el  recurso,  actividad  que  el impugnante puede  ejecutar  en  el momento mismo de interponerlo ante el inferior, o dentro de los  tres   días   siguientes   al   momento  de  recibir  el  superior  las  copias  referenciadas en el numeral precedente.      

              

               Como       el  recurrente,  en  el caso analizado, no cumplió con tan precisas directrices, no  cabe  más  a la Sala, que rechazar el recurso de queja interpuesto, a fin de no  quebrantar  el debido proceso y el principio preclusivo de los actos procesales,  amén  de  evitar  decisiones contradictorias o equívocas respecto de un asunto  en  el  cual,  por  lo  demás,  no  se aportaron elementos de juicio válidos y  suficientes para determinar la procedencia o no de lo deprecado.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

1.    RECHAZAR  el  recurso de queja interpuesto por el defensor de la  procesada    OBEIDA    PÉREZ    PERLAZA.     

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                 

Permiso  

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                    JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA       

                                                                                      

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                            

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del 22 de junio de 2005, radicado 23701   

2 Auto  del 9 de agosto de 2001, radicado 18.445   

3  Véase,   entre   otros,   Auto   del   24   de   noviembre  de  2005,  radicado  24.580     

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