26978(25-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26978   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 058.  

Bogotá  D.C., abril veinticinco (25) de dos  mil siete (2007)   

VISTOS  

La   Sala   aborda  el  estudio  sobre  el  cumplimiento  de los requisitos de lógica y adecuada fundamentación del libelo  casacional  presentado  por  el  procesado  JOSÉ LUIS  RODRÍGUEZ  LINARES,  quien  ostenta  la condición de  abogado,  contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  14  de  agosto  de  2006,  confirmatoria –    con     modificaciones   al    disminuir    la    sanción    inicialmente   impuesta  –  de  la  dictada  por el  Juzgado  Trece  Penal del Circuito de la misma ciudad el 6 de diciembre de 2004,  por  cuyo  medio  lo  condenó  como  autor penalmente responsable del delito de  peculado por apropiación.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Dentro   de   la   investigación   adelantada   por  la  Sub-Unidad  Antiextorsión  y  Secuestro  de  la  Fiscalía  de  Bogotá contra Yeimy  Milena  Martínez, se realizó el 4  de  marzo  de 1999 una diligencia de allanamiento a su residencia, en la cual se  incautaron,  entre  otros  elementos,  una  cadena  de  oro  con  un cristo, una  gargantilla  de  oro  y  una  cadena  con un medallón que representa una moneda  francesa  en  oro  de  24  quilates,  con  33  incrustaciones  en diamante, 3 de  esmeraldas  y  la  figura  de  la  estatua  de  la  libertad,  bienes que fueron  entregados  para  su  custodia  y administración a FONDELIBERTAD (Fondo para la  Defensa de la Libertad Personal) el 4 de junio de 1999.   

Dado  que  mediante  resolución  del  29 de  diciembre  de  2000 la Fiscalía se abstuvo de imponer medida de aseguramiento a  la  mencionada  ciudadana,  ordenó  la  entrega  de  las  joyas  que  le fueron  incautadas,  librando  la correspondiente orden a FONDELIBERTAD, institución en  la    que    el    doctor   JOSÉ   LUIS   RODRÍGUEZ  LINARES se desempeñaba como Gerente, quien manifestó  que  las alhajas habían sido hurtadas. No obstante, el 2 de junio de 2006 éste  entregó  al  Coordinador  de  la  Sub-Unidad  Antisecuestro  y Extorsión de la  Fiscalía  unas  joyas que resultaron ser una copia de las originales que fueron  puestas  a  disposición  de  tal  entidad,  motivo  por  el cual la perjudicada  presentó la respectiva denuncia.   

La  Fiscalía  Seccional de Bogotá declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo  vinculó mediante indagatoria,  entre     otros,    a    JOSÉ    LUIS    RODRÍGUEZ  LINARES.   

Concluida la fase instructiva, el sumario fue  calificado  el  9  de  diciembre de 2003 con resolución de acusación en contra  del    procesado    como   presunto   autor   del   delito   de   peculado   por  apropiación.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Trece Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez surtida la  ritualidad  dispuesta para este ciclo por el legislador, profirió fallo el 6 de  diciembre   de   2004,   por   cuyo   medio   condenó  al  doctor  JOSÉ  LUIS  RODRÍGUEZ  LINARES  a la pena  principal  de  sesenta  (60)  meses  de  prisión, multa por treinta millones de  pesos  ($30.000.000) e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas   por   el   mismo   lapso,  amén  del  pago  de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios  como  autor  penalmente  responsable  del delito  objeto de acusación.   

En  la  misma  decisión  le  negó tanto la  suspensión   condicional   de  la  ejecución  de  la  pena  como  la  prisión  domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

          Impugnada  la sentencia por el defensor del incriminado, el Tribunal  Superior  de  Bogotá la confirmó mediante fallo del 14 de agosto de 2006, pero  tasó  la  pena  principal en quince (15) meses de prisión, multa de un millón  ciento   ochenta  y  seis  mil  cientos  treinta  y  dos  pesos  ($1.186.132)  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de la sanción privativa de la libertad. Además, le otorgó el  subrogado  penal  de  la  condena de ejecución condicional, decisión contra la  cual el acusado interpuso recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Actuando en su nombre, el doctor JOSÉ  LUIS  RODRÍGUEZ LINARES formula dos  cargos  contra  el  fallo del Tribunal. El primero, por error de hecho por falso  juicio  de  identidad  sobre  el  acta  de  entrega  de  las joyas por parte del  procesado  a  la Fiscalía. El segundo, por error de derecho por falso juicio de  legalidad  respecto  del poder otorgado por la denunciante al profesional que la  representó  como  parte  civil,  así  como  sobre todas las actuaciones en las  cuales participó dicho abogado.   

A  fin  de  evitar  repeticiones superfluas,  metodológicamente   se   optará,   a  continuación,  por  referir  de  manera  independiente  los  reproches  presentados  por  el  censor,  para  acto seguido  analizar  si  en su postulación y desarrollo cumplen o no con los requisitos de  lógica   y   adecuada  fundamentación  exigidos  para  acceder  a  este  medio  impugnaticio extraordinario.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Como  ya  ha  sido  suficientemente  decantado  por  la  Sala, en el  estudio  sobre  la  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales le corresponde  verificar  que  los  recurrentes  formulen  sus  censuras  con  sujeción  a las  exigencias  de  lógica  y adecuada argumentación definidas por el legislador y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso extraordinario  no  se  convierta  en una tercera instancia.  Tales  requisitos  se  orientan  a  conseguir que las demandas se  enmarquen  dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que resulten inteligibles en  cuanto  precisos  y  claros,  dado  que  no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Advertido  lo  anterior,  procede  la Sala a  realizar  el  anunciado  estudio  sobre  los  cargos  formulados  por  el doctor  JOSÉ     LUIS    RODRÍGUEZ    LINARES.   

1.            Primer cargo: Violación indirecta de la  ley  sustancial  por  falso  juicio de identidad sobre el acta de entrega de las  joyas por parte del procesado a la Fiscalía.   

          Con  fundamento  en  la causal primera de casación, cuerpo segundo,  el  recurrente  afirma que en el fallo atacado se incurrió en un error de hecho  por  falso  juicio de identidad al apreciar el acta por cuyo medio devolvió las  joyas  al  Coordinador  de  la  Sub-Unidad  Antisecuestro  y  Extorsión  de  la  Fiscalía.   

          Al  emprender  el  desarrollo  del  reproche  afirma  que  si  en la  referida  acta  se expresó que los “elementos fueron  cotejados  por  los  que  intervienen  en  esta  diligencia con las fotografías  relacionadas   en   la   misión   de   trabajo  FV-583  de  I-06-09”,  y  luego  se dijo que “Quien recibe  manifiesta  que  los  elementos  entregados coinciden con los relacionados en el  álbum    fotográfico    mencionado   en   el   párrafo   anterior”,  erró  el  Tribunal al aseverar que dicha acta no acredita que  JORGE LUIS RODRÍGUEZ hubiera  entregado  las  joyas  incautadas,  sino  que  el  funcionario  que las recibió  “con base en la buena fe y debido al parecido de las  mismas,  no  tuvo  cuidado  en  apreciar que las alhajas no correspondían a las  verdaderas”.   

Aduce  que  como dicha acta fue suscrita por  funcionarios  públicos  en  ejercicio  de  sus  funciones tiene el carácter de  documento  público, motivo por el cual goza de las presunciones de autenticidad  y  veracidad,  dando  fe de su contenido, los hechos relacionados, la fecha y el  lugar  de su otorgamiento, de conformidad con lo establecido en el artículo 251  del estatuto procesal civil.   

Agrega que de acuerdo con el artículo 252 de  la  mencionada  legislación  procesal,  los  documentos  son auténticos cuando  existe  certeza  sobre  la  persona  que los ha elaborado, manuscrito o firmado,  mientras  no se compruebe lo contrario mediante tacha de falsedad, circunstancia  que   no  ocurrió  en  el  curso  de  este  trámite,  de  donde  concluye  que  “el  acta  de  entrega  se  constituye en una prueba  legal,  regular,  oportunamente  allegada al proceso que no fue tachada de falsa  ni controvertida por ningún medio”.   

          Indica,  entonces,  que  pese al texto claro, concreto y objetivo de  la   mencionada   prueba,   el   ad  quem  al  apreciarla llegó a conclusiones diversas de las que realmente  se  desprenden  de ella al contrariar su texto literal, pues lo cierto es que el  funcionario  que  recibió  las  joyas  las  cotejó con las fotografías que de  ellas  se  tenía  y  tuvo  el cuidado de verificar que se trataba de los mismos  elementos incautados.   

Concluye  de  lo anterior que el Tribunal no  tuvo  en cuenta que con la prueba en comento se acreditaba la inexistencia de la  conducta  objeto  de  acusación,  circunstancia  que le imponía proferir fallo  absolutorio.   

          Con  base  en lo expuesto, el impugnante solicita a la Sala casar el  fallo  atacado,  para,  en su lugar, proferir sentencia de carácter absolutorio  en su favor.   

Dado que en el planteamiento de este reproche  el  recurrente  refiere  la  presencia  de un error de hecho por falso juicio de  identidad  en  punto  de la valoración judicial del acta que da fe de que en su  calidad  de  Gerente  de  FONDELIBERTAD  devolvió  al  Fiscal Coordinador de la  Sub-Unidad   Antiextorsión   y  Secuestro  las  alhajas  que  le  habían  sido  entregadas  para su custodia, oportuno resulta señalar que tal especie de yerro  tiene  lugar  cuando  el  juzgador  se equivoca al apreciar la prueba, dado que,  obrando  en  el  proceso,  al  valorarla distorsiona su contenido cercenándola,  adicionándola o tergiversándola.   

En  tal  caso  debe  el  impugnante señalar  mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en  el  fallo,  qué  aparte  fue  omitido  o  añadido a la prueba, qué efectos se  produjeron  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia  del  yerro en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva de la  sentencia  atacada,  tópico  que  no  puede  ser  demostrado con la exposición  subjetiva  del  criterio  del actor acerca del valor que corresponde al medio de  prueba   que  estima  tergiversado,  pues  menester  resulta  que  materialmente  acredite  que  el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación  indebida  de  la ley sustancial en el fallo, esto es, que corregido el yerro, la  prueba  debidamente valorada en conjunto con las demás modifica sustancialmente  el   sentido   de   la   decisión   reprochada,  labor  que  no  emprendió  el  censor.   

          En  efecto,  sin  dificultad  se  observa,  de  una  parte,  que  el  demandante  no  identifica  cuál  fue  el  aparte de la referida prueba que fue  objetivamente  adicionado  o cercenado, circunstancia que le impide acreditar la  presencia  del  yerro  denunciado, así como su definitiva incidencia sustancial  en las conclusiones del fallo.   

          Y  de otra, no se ocupa de explicar a la Corté por qué en punto de  la  ponderación  de  la ya mencionada prueba dentro del proceso penal rigen las  reglas  establecidas en la legislación procesal civil, es decir, no se ocupa de  ponderara  el  alcance  que  en la situación planteada tienen los principios de  libertad  probatoria  y  libre  apreciación  de  la  prueba que rigen en la ley  adjetiva  que gobierna este diligenciamiento (artículos 237 y 238 de la Ley 600  de 2000).   

          Adicional  a  lo anterior, observa la Sala que la queja se orienta a  cuestionar  el  valor  que  en  su  criterio  ha  establecido el legislador a la  apreciación  judicial de la prueba documental, caso en el cual le correspondía  plantear  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por falso juicio de  convicción,  el cual se configura cuando existiendo tarifa legal en punto de la  apreciación  de las pruebas, se niega al medio demostrativo el valor que la ley  le  ha conferido o se le otorga un mérito diferente al atribuido legalmente. En  atención  a  que  en  el estatuto procesal penal no se conserva este método de  apreciación  probatoria,  por  regla  general,  salvo  contadas excepciones, la  denuncia  de  ésta  clase  de  yerros  no  tiene  cabida en sede del recurso de  casación,  amén  de  que  correspondía  al  actor  en tal evento demostrar la  infracción  de  la tarifa de valoración dispuesta por el legislador, así como  su    injerencia    en    el    sentido    del    fallo,   labor   que   tampoco  emprendió.   

Para  concluir  es necesario destacar que el  recurrente  no  señala  las  normas  que  estima  violadas de manera indirecta,  falencia  que  permite  advertir que se desentiende de la preceptiva del numeral  1º  del artículo 207 del estatuto procesal penal, según la cual, la casación  procede  “cuando  la sentencia sea violatoria de una  norma     de     derecho    sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta   imprescindible   (numeral   3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más  para advertir  equívocos lógicos en la presentación de la censura analizada.   

   

Ahora, si de conformidad con el principio de  claridad  y  precisión que rige la presentación y fundamentación del cargo en  este  trámite, corresponde al actor dentro de la violación indirecta de la ley  sustancial,  identificar  la  especie  de  yerro  que reprocha y conforme a ello  desarrollar  la  censura,  no se aviene al referido principio que respecto de la  misma  prueba  y  en  el  mismo  reproche,  o  en otro postulado sin señalar su  prioridad,  se  confunda la argumentación y acreditación propias de errores de  distinta  especie,  como  ha  ocurrido en este asunto, con el error de hecho por  falso   juicio  de  identidad  y  el  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción.   

          La  referida  confusión lógica y conceptual imposibilita a la Sala  para  acometer  el  estudio  de  la censura así planteada, más aún, cuando el  impugnante  no  se  ocupa  de desvirtuar el aporte demostrativo de otras pruebas  que   obran   en   la   actuación,   como  para  derrumbar  la  atribución  de  responsabilidad  contenida  en  el  fallo  atacado,  circunstancia que impone la  inadmisión del reproche.   

2.            Segundo cargo: Violación indirecta de la  ley  sustancial por falso juicio de legalidad respecto del poder otorgado por la  denunciante quien la representó como parte civil.   

          También  al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación, cuerpo  segundo,    el    censor   manifiesta   que   el   ad  quem  incurrió  en  violación  indirecta  de  la ley  sustancial  derivada de un error de hecho por falso juicio de legalidad, el cual  recayó   sobre  el  poder  otorgado  por  la  denunciante  al  abogado  que  la  representó  como  parte  civil  dentro  de  este  diligenciamiento,  vicio  que  también compromete las pruebas en las cuales el mismo intervino.   

          En  la  fundamentación  del  cargo  afirma que si en el texto de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Fiscalía  se  abstuvo  de  imponer medida de  aseguramiento     a     Yeimy    Milena    Martínez  Molina  y  ordenó, en consecuencia, la entrega de las  joyas  que  le fueron incautadas, se afirma que “obra  a  folio  90  c.o.3  informe de febrero 18 del 2000 en el cual se consigna que a  Yeimy  Milena  Martínez  Molina  se  le  canceló la cédula No. 39.577.252 por  doble  cedulación;  así  lo  certificó  RENAL;  es  de aclarar que obra en el  expediente  que  a  la  antes  citada  se  le  había  expedido  la  cédula No.  52.305.808  de  Bogotá”, se concluye que si el 12 de  marzo  de  2001  la mencionada ciudadana otorgó poder a su abogado de confianza  para   que   se  constituyera  como  parte  civil  dentro  de  esta  actuación,  identificándose  con  la  cédula  de  ciudadanía  que  le fuera cancelada, el  referido mandato carece de validez.   

          Agrega,  que  además  de  lo  anterior, dado que el apoderado de la  denunciante  no  contaba  con un poder otorgado válidamente, es decir, se trata  de     “un    documento    inexistente”,  no  podía  actuar  dentro del proceso, razón por la cual las  actividades   profesionales   que   adelantó   no   podían   ser   tenidas  en  cuenta.   

A   partir  de  lo  anotado,  concluye  el  demandante  que el Tribunal incurrió “en un error de  hecho    por    falso    juicio   de   existencia”,  “toda  vez  que  infiere consecuencias valorativas a  partir  de  unos  medios de convicción que no formaban parte del proceso por no  haber  sido  legal  y  oportunamente  incorporados”,  motivo   por   el  cual  se  imponía  su  exclusión  al  ser  nulos  de  pleno  derecho.   

Luego de señalar las facultades de la parte  civil  dentro  del  proceso penal, refiere que no debieron ser tenidos en cuenta  los  testimonios  de Luz Mary Parada Sánchez, Humberto  Palacios,  Carlos Arturo Giraldo Flórez, Gloria Criales Vanegas, María Juliana  Albán  Durán,  Ricardo  Alberto  Restrepo  Londoño,  Esperanza Galvis Sierra,  Julio  Real  y Juan Francisco Mesa Torres y  Ana  Cecilia  Molina  de  Martínez, así  como   la   ampliación   del   dictamen   pericial   rendido  por  Juan  Manuel Getiva, todo lo cual conducía  a proferir sentencia absolutoria en su favor.   

Apoyándose en los planteamientos expuestos,  el  recurrente  solicita  a  la  Sala  casar  la  providencia  atacada,  con  el  propósito de ser beneficiado con un fallo absolutorio.   

          Como  en  este reproche el censor finca su aspiración casacional en  la  denuncia de un error de derecho por falso juicio de legalidad, es pertinente  indicar  que  dicho  yerro  se  presenta  cuando  el fallador aprecia una prueba  irregularmente   aducida   a   la  actuación  o  cuando  la  misma  adolece  de  irregularidades   que  afectan  su  validez;  también  se  presenta  cuando  el  funcionario  desecha  por ilegal una prueba que no ostenta tal irregularidad. En  el  primer  caso, corresponde al actor identificar el medio probatorio que tacha  de  ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales  o constitucionales que al ser  quebrantadas  determinan  su  ilegalidad  y  demostrar  que  ello  efectivamente  ocurrió;  en  el  segundo  es deber del demandante comprobar la legalidad de la  prueba desechada por el juzgador.   

Además,  en  los  dos  eventos, también le  compete  acreditar  la  trascendencia  del  yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es, demostrar que con la marginación de la prueba que se dice ilegal, las  restantes  pruebas  conducen  a  una  decisión  sustancialmente  diversa  de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada.   

Puntualizado lo anterior advierte la Sala que  el  casacionista  no  procede  a  demostrar  por  qué  el poder otorgado por la  denunciante  al  profesional que la representó como parte civil es en sí mismo  ilegal  en  razón  de  haber  anotado el número de cédula de ciudadanía cuya  cancelación  había  dispuesto  la Registraduría Nacional del Estado Civil por  doble  cedulación,  amén  de que tampoco atina a señalar por qué, en caso de  ser  ello  así,  tal  incorrección  tendría incidencia en la legalidad de las  pruebas  obrantes  en  el  informativo, esto es, respecto de los testimonios que  indica y la ampliación del dictamen que menciona.   

          Tampoco   el   impugnante   se   detiene  a  explicar  por  qué  la  apreciación  de  las pruebas que tacha de ilegales conduce a un falso juicio de  existencia,  pues  éste  se presenta, precisamente, cuando la prueba obra en la  actuación  pero  el  fallador  la  margina  en su integridad, o bien, cuando no  aparece  en  el expediente, pero pese a ello el funcionario la supone, supuestos  que  no  corresponden  a  la  alegación  del  actor,  circunstancia que permite  evidenciar su confusión.   

          Es  de  anotar, que al igual que en el cargo inicialmente analizado,  en  este,  el  demandante  no cita las normas constitucionales o legales que dan  soporte  a su planteamiento, razón de más para advertir que no se sujeta a las  reglas  exigidas  para  que  su  censura  consiga  ser  admitida  y  estudio  de  fondo.   

No hay duda, que si el libelo de casación no  corresponde  a  un  alegato  de  libre confección, su presentación con base en  meras  apreciaciones  personales  del  impugnante y sin atenerse a alguna de las  reglas  lógicas  y argumentativas que lo gobiernan, comporta el desconocimiento  de la dual presunción de acierto y legalidad del fallo atacado.   

Así  las  cosas,  encuentra la Sala que si  el   censor  no  ajusta  su  demanda  a  las  mencionadas  exigencias  dispuestas  para  postular y demostrar los  reproches que  presentan  contra el fallo  de  segundo grado y, en virtud del principio de limitación que rige el trámite  casacional  la  Corte  no  se encuentra facultada para enmendar las falencias de  aquella,  de  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000 se impone de plano la inadmisión del libelo.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación    de    derechos    o    garantías   del   procesado   RODRÍGUEZ  LINARES,  como  para que tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación     interpuesta     por    el    procesado    JOSÉ  LUIS  RODRÍGUEZ  LINARES,  por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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