22672(29-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22672   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.158  

Bogotá D. C., veintinueve (29) de agosto de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la Sala el recurso extraordinario de  casación  presentado  por  el  defensor de WILMER HERNEY DAZA MONROY, contra la  sentencia  dictada  en  el  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de Tunja  (Boyacá),  que  confirmó  la emitida por el Juzgado Tercero Penal del Circuito  de  Garagoa,  por  cuyo  medio  lo  condenó  como autor del delito de homicidio  agravado   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

En un expendio de licor de la inspección San  Carlos  del  Guavio,  municipio  San Luis de Gaceno (Boyacá), cerca de las 6:30  p.m.,  el  19  de  febrero  de  2000,  se  presentó una discusión entre Nelson  Alberto  Rubiano Piñeros y Ariel Gustavo Sánchez, en la que para apaciguar los  ánimos  mediaba  su  amigo  Javier  Alfonso  Cubides, instante en el que WILMER  HERNEY  DAZA  MONROY, conocido de los tres, llegó ebrio, en actitud beligerante  y  esgrimiendo un revólver, con la cacha del cual quiso golpear a Ariel, razón  por  la  que  Javier  Alfonso  lo instó a no intervenir, y sin más comentarios  aquél disparó su arma sobre éste, causándole la muerte.   

Dispuesta la apertura de la investigación el  17  de  marzo  de 2000, mediante declaración de ausencia fue vinculado el 11 de  octubre  de  2001  WILMER HERNEY DAZA MONROY, y su situación jurídica resuelta  el  12  de  diciembre  siguiente,  luego  de  lo  cual,  perfeccionado  el ciclo  instructivo,  tras  el  cierre  de  éste, el mérito probatorio del sumario fue  calificado  el  27  de noviembre de 2002 con resolución de acusación contra el  precitado,  en  calidad  de  autor  de  homicidio agravado en concurso con porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa personal, de acuerdo con los artículos  103,  104-4  y  365  de  la  Ley  599  de  2000, decisión que al no ser apelada  alcanzó ejecutoria el 18 de diciembre de 2002.   

La etapa de la causa la adelantó el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Garagoa (Boyacá), despacho que el 16 de julio de 2003  profirió  fallo  condenatorio  contra  el  enjuiciado por los delitos objeto de  acusación,  y  en tal virtud le impuso pena principal de trescientos diez (310)  meses  de  prisión y accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  diez  (10)  años;  además  lo  condenó  a pagar  trescientos  (300)  salarios mínimos mensuales legales vigentes por concepto de  daños  y  perjuicios, y le negó la suspensión condicional de la ejecución de  la pena, así como la prisión domiciliaria.   

De la reseñada sentencia apeló el defensor  del  procesado,  y el Tribunal Superior de Distrito Judicial de Tunja (Boyacá),  mediante  la  suya  de  18  de  marzo de 2004, la confirmó, fallo contra el que  interpuso   recurso  de  casación  el  mismo  sujeto  procesal,  cuya  demanda,  presentada  oportunamente,  se  declaró  ajustada  a los requisitos de forma, y  acerca  de  esta  el Procurador Primero Delegado para la Casación Penal rindió  concepto.   

LA DEMANDA  

Un  cargo  propone el censor al amparo de la  causal  tercera  de  casación  prevista  en  el  artículo  207  del Código de  Procedimiento   Penal  (Ley  600  de  2000),   “…por  considerar  la  sentencia  objeto  de recurso como violatoria de los artículos 29 y 31 de la Constitución  Nacional,  13  y 18 del Código de Procedimiento Penal, normas que establecieron  en   materia   penal   el  derecho  de  contradicción  garantizando  el  debido  proceso”.   

Puntualiza  que  el  acusado fue condenado a  trescientos  diez  meses  de  prisión  por homicidio agravado y porte ilegal de  armas  de  fuego de defensa personal, pero en el presente asunto “…no  solo  no  existe  soporte fáctico alguno que permita deducir  una  causal  de  agravación  punitiva  (aspecto  material)  sino  que, además,  tampoco  existió  en la sentencia de primera instancia impugnada argumentación  alguna  que  legitime  la  imposición  de  tan  severa  sanción…”,  y  que  justamente  por  ese  yerro  apeló el fallo de primer  grado,  frente  al cual, el Tribunal, tras reconocer que en la decisión atacada  no  hubo estudio del motivo de intensificación punitiva respecto del homicidio,  procedió  a  subsanarlo,  consignando  la justificación de la circunstancia de  agravación deducida desde el pliego de cargos.   

Entiende  el libelista que con tal decisión  el  ad-quem,  vulneró  el  debido  proceso y el derecho de contradicción, pues  propasó  los  límites  fijados  para  el superior en el recurso de apelación,  “…al  pronunciarse  sobre aspectos no comprendidos  en  la impugnación o respecto de aquellos no vinculados inescindiblemente a los  motivos      en     que     se     funda     el     disentimiento…”.   

Señala que como en el fallo de primer grado  no  se  expusieron  los  motivos  acerca de la circunstancia de agravación, los  esgrimidos   en  su  lugar  por  el  ad-quem  “…no  pudieron  ser  controvertidos por el apelante, y entonces los mismos carecerían  de    la    doble   instancia   constitucionalmente   garantizada…”;  agrega  que el juzgador de segundo grado no le está permitido  “…subsanar  los  yerros  del  a-quo…”,  y  que  al proceder como en este caso lo hizo, sin permitir el  derecho  de  contradicción y de defensa, siendo estos elementos que estructuran  la  garantía  del  debido  proceso, tal acción entraña nulidad de lo actuado,  razón    por   la   que   solicita   casar   el   fallo   y   emitir   el   que  corresponda.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación   Penal,   luego  de  señalar  los  requisitos  técnicos  que  deben  observarse  cuando un cargo en casación se contrae a la falta de motivación de  la  sentencia, precisa que en el reproche analizado el censor no indico si ésta  había  ocurrido  por carencia total, fundamentación incompleta, anfibológica,  o  motivación  aparente o sofística, y que además el reproche lo finiquita el  demandante  solicitando  casar el fallo para imponer la pena que corresponda, lo  cual  resulta incoherente con el principio de la doble instancia y el derecho de  contradicción  que  reclama,  y  que  lo  lógico era reclamar la nulidad de lo  actuado desde la sentencia de primera instancia.   

Agrega que la sentencia de primera instancia,  vista  en conjunto, permite comprender las razones de orden fáctico y jurídico  que  sustentan  la  declaración  de  justicia  a  la  que se arriba en su parte  resolutiva,  en concreto respecto de la circunstancia de agravación deducida en  la  acusación para el delito de homicidio, luego no hay ausencia de motivación  en  esa  decisión,  como equivocadamente lo sostiene el censor, afirmación que  el  Ministerio  Público  respalda  con  la  trascripción de varios pasajes del  fallo de primer grado.   

Luego  trae a colación el aparte pertinente  de  la  sentencia de segunda instancia, en relación con el señalado aspecto, e  indica  que  la  motivación  del  ad-quem  contiene   exactamente el mismo  supuesto  fáctico  derivado del análisis probatorio realizado por la Fiscalía  y  el  a-quo  en  punto  de la causal de agravación, es decir, que el procesado  tuvo  como único motivo para disparar contra la víctima, el hecho de que ésta  mediaba  para  evitar  una  riña  entre sus amigos y conocidos, y que si eso es  así,  como  en  efecto  lo  es,  “…no es correcto  afirmar  que  el  juez  de  primera instancia eludió el estudio de la causal de  agravación  consagrada  en  el numeral 4° del artículo 104 del Código Penal,  como  lo señaló el Tribunal, o que éste corrigió el error de motivación del  a-quo,     como    lo    afirma    erróneamente    el    demandante”.   

De  acuerdo  con  lo  anterior el agente del  Ministerio  Público  conceptúa  que el reproche expuesto en la demanda no debe  prosperar.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Es  doctrina  reiterada     en     abundante     jurisprudencia1  que los motivos de ineficacia  de  los  actos  procesales,  no  son  de libre postulación, en cuanto se hallan  sometidos    al    cumplimiento   de   precisos   principios   que   los   hacen  operantes:   

Se  ha  dicho,  entonces,  que  sólo  son  alegables   las   nulidades  expresamente  previstas  en  la  ley  (taxatividad);   no  puede  invocarlas  el  sujeto  que  con  su  conducta  procesal haya dado lugar a la configuración del  motivo  enervante, excepto el caso de ausencia de defensa técnica (protección);  aún  cuando se presente el  vicio,   puede   convalidarse  con  el  consentimiento  expreso  o  tácito  del  perjudicado,  a  condición  de  que sus garantías fundamentales estén a salvo  (convalidación);   quien  invoque  la  nulidad  está  obligado  a  acreditar  que la irregularidad afecta  garantías  constitucionales  de  los  sujetos  procesales o desconoce las bases  fundamentales    de   la   instrucción   y/o   el   juzgamiento   (trascendencia);  y, además, que no existe  otro  remedio  procesal,  distinto  de la nulidad, para subsanar el yerro que se  advierte            (residualidad).   

2.  Pues  bien, el  problema  aquí planteado como motivo de nulidad, al amparo de la causal tercera  de  casación,  consiste  en  que,  según  el  actor,  el ad-quem desbordó los  limites   de   competencia  señalados  en  el  artículo  204  del  Código  de  Procedimiento   Penal  (Ley  600  de  2000),  en  cuanto  admitió  el  reproche  formulado  en la apelación,  acerca  de  que  el  fallador  de primer grado no consignó estudio alguno de la  causal  de  agravación  del delito de homicidio, prevista en el artículo 104-4  del   Código   Penal  (Ley  599  de  2000),   y,  sin  embargo,  procedió  a  subsanar  esa  “omisión”,      suministrando     la  fundamentación  de aquella circunstancia, con lo cual privó al procesado de su  derecho   de   contradicción   y   doble   instancia  en  relación  con  dicho  aspecto.   

3. El proceso penal  es,  en  esencia,  escenario  de  controversia,  a  través  del  cual el Estado  ejercita  la  potestad  de  investigar,  juzgar  y  sancionar la realización de  conductas  prohibidas por el ordenamiento jurídico; tal actividad, sin embargo,  en   virtud   del  principio  de  legalidad,  no  puede  desarrollarse  de  modo  arbitrario,  pues  la  ley  establece  las reglas de su adelantamiento y a ellas  deben  sujetarse  las  actuaciones  del Fiscal, del Juez y de las partes, siendo  ésta  la  manera en que ordena el desarrollo procesal, el cual, adicionalmente,  ha  de  encontrarse permanentemente ceñido a los principios y valores impuestos  por   la  Carta  Política,  como  presupuesto  de  validez  de  los  actos  del  proceso.   

El derecho de acceder a la segunda instancia  tiene  fundamento  constitucional,  en  cuanto  integra  la  noción  de  debido  proceso,   de  acuerdo  con  las  previsiones  y  excepciones  que  al  respecto  establezca  la  ley,  y no se circunscribe a las sentencias, sino que, también,  cobija  a  las  providencias  interlocutorias  distintas  de  aquella,  como  lo  establece el artículo 18 de la Ley 600 de 2000.   

El  recurso  de  apelación, como una de las  formas  de  acceder  a  la  segunda  instancia,  no  sólo  debe ser interpuesto  oportunamente  (artículo 196 A y 215 Decreto. 2700 de  1991;  194 Ley 600 de 2000), sino, también, sustentado  por  escrito  ante  la primera instancia, de manera que la fundamentación de la  apelación,  constituye  un  acto trascendente en la composición del rito, pues  no  es suficiente con que el recurrente exteriorice inconformidad general con la  providencia  que  impugna  sino  que es imperativo, además, concretar el tema o  aspectos  de los que disiente, presentando los argumentos fácticos y jurídicos  que  lo  conducen  a  cuestionar  la determinación, al punto que si no sustenta  debidamente  el  disentimiento  se  declara  desierto y no se abre a trámite la  segunda  instancia,  pues en tal evento el ad-quem no podría conocer sobre qué  aspectos del pronunciamiento se predica el agravio.   

Pero si la sustentación de la apelación es  carga  para  el  impugnante  y  constituye presupuesto para acceder a la segunda  instancia,  cumplido  ese  requisito,  la  fundamentación  expuesta  en  cuanto  identifica  la  pretensión  del  recurrente,  adquiere  la  característica  de  convertirse  en  límite  de la competencia del superior, por cuanto sólo se le  permite  revisar  los  aspectos impugnados y los inescindiblemente vinculados al  objeto  de la misma (artículo 217 Decreto 2700 de 1991  y  204  Ley  600  de  2000),  salvo  la nulidad por su  naturaleza oficiosa.   

Si  los  fundamentos  de la apelación deben  estar  referidos a discutir los términos y conclusiones a que arribó el a-quo,  y  establecen el objeto de pronunciamiento del ad-quem, es evidente la relación  de  necesidad  entre la providencia impugnada, la sustentación de la apelación  y  la  decisión  del  funcionario  judicial  de  segunda  instancia. Por tanto,  providencia  apelada  y  recurso,  conforman  una  tensión dialéctica que debe  resolver  el  superior.  Se  trata de una de las manifestaciones más decantadas  del  principio  de contradicción o controversia que rige el proceso penal y que  explica  el  deber  legal  que  tiene  el  funcionario judicial de integrar a la  estructura  de  su  decisión  la  exposición  del  punto  que  se  trata y los  fundamentos jurídicos de ella.   

En conclusión, si el ordenamiento jurídico  hace  obligatoria  la  sustentación del recurso de apelación, hasta el extremo  de  amenazar  con la deserción del mismo, correlativamente ha de entenderse que  la  segunda  instancia no puede desbordar los motivos de agravio o los elementos  a  los  cuales  puede  extenderse  legalmente  la definición, pues, si lo hace,  violaría   los   principios  de  contradicción,  defensa  y  doble  instancia,  integradores del apotegma más genérico denominado debido proceso   

4.  Tal  y como lo  pone  de  presente  el  agente  del  Ministerio  Público  en  su  concepto, con  razonamientos  que  la  Sala acoge en su integridad, es desacertado el libelista  al  afirmar  que el Tribunal desbordó la orbita funcional su competencia fijada  por  la  apelación, pues, en el aspecto cuestionado ahora en sede de casación,  se  ocupó  justamente  de  uno  de  los  puntos de controversia alegados por el  apelante,  consistente  en  la  aparente falta de motivación de la sentencia de  primera  instancia  respecto  de  la  circunstancia de agravación del artículo  104-4  del  Código  Penal,  deducida  en  el pliego de cargos para el delito de  homicidio.   

En efecto, en el fallo de primer grado, desde  la  redacción  de los hechos, y al atender cada uno de los tópicos presentados  por  la  defensa  para  la  absolución  del  procesado, destaca, como fruto del  análisis  probatorio, el obrar intencional del acusado, determinado simplemente  por   el   hecho  de  que  Javier  Alfonso  Cubides,  la  víctima,  en  actitud  conciliadora  no  lo  dejó intervenir en una discusión de dos amigos suyos, en  la  que  éste  terciaba  para  impedir una riña, solicitándole a DAZA MONROY,  quien  llegó en actitud pendenciera, que se marchara y guardara el revolver que  blandía  en forma amenazante, ante lo cual el acusado respondió percutiendo el  arma   sobre   la   humanidad   de   Alfonso   Cubides,   con  el  resultado  ya  conocido.   

Tal  forma  de  proceder  del enjuiciado fue  calificada  en  la  acusación  como  motivo  “bajo o  ruin”  a  efectos  de  deducir  la  circunstancia de  agravación   cuestionada,   y   en   el   fallo   de  primera  instancia,  como  “motivos     bajos     o     fútiles”  o  como  un  actuar  “sorpresivo por  motivos  abyectos  y  fútiles”,  ambas valoraciones  cuestionadas  en  sede  de apelación por el aquí demandante: la del instructor  por    considerar    que   carecía   de   “soporte  probatorio”  y  por que los términos empleados para  identificar  la  agravante  “no aparecen en el elenco  de    circunstancias    específicas    de    agravación   punitiva”,  “otorgándoseles  un  alcance y un  sentido  del  todo distintos” a los que corresponde a  la  causal  de  agravación;  y  la  del  a-quo  “por  absoluta      falta      de      fundamento      fáctico     y     –por  tal  razón-  absoluta  falta  de  motivación”,    y    por    que   “constituyendo  lo  abyecto  y  lo fútil”  dos  conceptos  diferentes,  no  se  explicó en la sentencia apelada en cual de  ellos se enmarcaba el obrar del procesado.   

El  ad-quem,  al  resolver la apelación, en  concreto  respecto  de  lo  censurado  al  fallado  de  primera  instancia,  con  sujeción  al  mismo  supuesto  fáctico expresado en esa decisión —y   en   la   acusación—  como  fundamento  del  la agravante,  concluyó    que    efectivamente   se   configuraba   ésta,   señalando   que  “realmente  el único motivo que tuvo para actuar el  hoy  procesado en contra de la víctima fue que éste estuviera intermediando en  la  discusión  que  se  generó  entre  Ariel Gustavo Sánchez y Nelson Alberto  Rubiano.  El  procesado trato de agredir a Ariel Gustavo Sánchez lanzándole un  cahazo  y  en  ese  momento  intervino  Javier  Alfonso  Cubides  y  sin  mediar  discusión  con  el procesado, le disparó. Eso significa que el motivo que tuvo  fue  de  muy  poca  importancia  o absolutamente insignificante para quitarle la  vida  a  un  ser  humano  y  por esa razón encontramos que se debe sancionar de  acuerdo   al   cargo   que   se   le   formuló  en  la  respectiva  resolución  acusatoria”.   

De conformidad con el artículo 104, numeral  4°  del  Código  Penal de 2000, el homicidio se agrava cuando se cometiere por  motivo   abyecto   o   fútil;   por  lo  primero  se  entiende  “aquello  despreciable,  vil  en extremo; y fútil aquello que carece  de  aprecio o importancia, es claro que el motivo aducido como desencadenante de  la  acción  homicida  se  identifica plenamente con este último adjetivo, pues  obrar  por  motivos  fútiles  no  puede  ser  otra  cosa  que realizar el hecho  delictivo  por  una  causa  tan  insignificante, tan nimia, que hace resaltar en  forma   inmediata   la   falta   de   proporcionalidad  entre  el  motivo  y  el  hecho.”2   

5.  Ahora bien, lo  que  ocurre  es  que  de  manera equivocada el ad-quem concluyó que en el fallo  apelado  no se consignó un estudio de la causal de intensificación punitiva en  comento,  pero  lo  cierto  es  que,  conforme  quedó visto, la lectura atenta,  serena   y  desprevenida  de  la  decisión  de  primera  instancia  no  permite  desconocer  que  sí  hubo  una  fundamentación  adecuada del tema objeto de la  controversia.   

Sin  que  sea  aquí  necesario  profundizar  acerca  de  la  doctrina  que  esta  Sala  tiene  decantada  respecto  de lo que  constituye  un  acertado  reproche  por  carencia  de  motivación,  basta sólo  recordar  que  la  presentación  de  una  queja  semejante, bien como motivo de  apelación,  ora en esta sede extraordinaria “…debe  dejar  al  descubierto  la falta absoluta de motivación, o explicar por qué es  incompleta,  confusa  o  ambivalente,  si  se  quiere alcanzar el cometido de la  invalidez  de la sentencia, puesto que el ejercicio demostrativo del reproche no  se  satisface  con  la  selección de un segmento de la misma para presentar las  razones  del  desacuerdo  por  considerarse  simplemente que son equivocadas las  consideraciones  allí  plasmadas  o  para  que  se suplan con otras diferentes,  porque  el  fallo  es una unidad que, si permite integralmente su comprensión y  explica    su    contenido,    debe   tenerse   por   suficientemente   motivado  independientemente  de  pequeños  vacíos, incongruencias o contradicciones que  pudiera                   contener3”.   

6. En conclusión,  dado  que  el  aquí  demandante no acreditó que ciertamente el fallo de primer  grado  careciera de motivación en cuanto a la deducción de la circunstancia de  agravación  predicada frente al delito de homicidio, como tampoco es verdad que  ad-quem  hubiese desbordado el límite funcional impuesto por los fundamentos de  la  apelación,  no  siendo  vinculante,  por  las razones atrás precisadas, la  equivoca  afirmación  del  Tribunal  en  cuanto  a que el fallo de primer grado  carecía  de  un  estudio  acerca  de la causal de intensificación punitiva, el  sustento  fáctico en el que descansa el pretendido vicio invalidante alegado en  sede  de  casación,  se  desvanece,  deviniendo como consecuencia ineludible la  improsperidad del cargo.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA    SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO   CASAR   la  sentencia  de  segunda  instancia  dictada  por el Tribunal Superior de Distrito  Judicial  de  Tunja  el  18  de marzo de 2004, en razón de la improsperidad del  cargo  formulado  en la demanda presentada por el defensor de WILMER HERNEY DAZA  MONROY.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Despacho de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                          MARIA  DEL  R.  GONZÁLEZ  DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUÍS   QUINTERO  MILANÉS                                                       

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA                                                                                                  

                Comisión de servicio   

MAURO  SOLARTE  PORTILLA                                  JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia  Casación  Penal  de  8  de julio de 2004. Proceso N°  15001.   

2  Sentencia   de   Casación   Penal   de   26  de  enero  de  2006.  Proceso  N°  22106.   

3  Sentencia   de   Casación  Penal,  de  26  de  octubre  de  2006.  Proceso  N°  22733.     

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