23787(21-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23787  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No.  25   

Bogotá     D.    C.,    veintiuno (21) de febrero de dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Mediante  sentencia  del  8 de noviembre de  2004,  el  Juzgado  Penal Municipal de El Socorro (Santander) condenó a GERARDO  CAMARGO   TRASLAVIÑA   como   autor   de   abuso  de  confianza,  a  la  pena principal de veintiséis (26)  meses  de  prisión, a inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  igual  lapso,  al  pago  de  multa  por valor de $ 358.000.oo; a  indemnizar  los  perjuicios  materiales  y morales generados con la infracción,  sufragando  a  favor  de  la víctima la suma de $ 20.048.000; y le concedió el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la sanción  restrictiva de la libertad.   

Al    desatar    la    apelación  interpuesta por el defensor, con  fallo  del  1°  de febrero de 2005, el Juzgado Segundo Penal del Circuito de El  Socorro  (Santander)  confirmó la sentencia de primera instancia, con la única  modificación      consistente     en  absolver al procesado del pago de perjuicios morales, que habían  sido  tasados en un salario mínimo legal mensual, toda vez que éstos no fueron  demostrados.   

En  esta  oportunidad,  la Sala califica el  aspecto  formal de la demanda de casación presentada por el defensor de CAMARGO  TRASLAVIÑA.   

HECHOS  

Fueron  resumidos de la siguiente manera en  la sentencia de primera instancia:   

“Durante  los meses de enero a marzo/02  ANGELMIRO  DÍAZ  RIBERO,  caficultor del municipio del Socorro, llevó al punto  de  compra de la Cooperativa de Caficultores de Santander LTDA., ubicado en esta  localidad,  la  cantidad  de  mil  ochocientos  cincuenta y dos kilos y medio de  café,  de  primera  calidad  para  su  comercialización,  entregando a GERARDO  CAMARGO  TRASLAVIÑA,  comprador  comisionista  de  la  Entidad,  en  calidad de  depósito  y  en espera de mejoramiento de precio, para más adelante venderlo a  la Cooperativa.   

El  café  fue  vendido  de  inmediato a la  Cooperativa  por  GERARDO  CAMARGO  TRASLAVIÑA   sin coordinación previa,  recibiendo  por tal concepto la suma de CATORCE MILLONES TRESCIENTOS VEINTISÉIS  MIL  TRESCIENTOS  SETENTA  PESOS  ($  14.326.370.oo),  dinero  del  que  dispuso  abusivamente  apropiándose  del  mismo,  sin entregar finalmente al propietario  dicho valor.”   

LA  DEMANDA   

El  defensor de GERARDO CAMARGO TRASLAVIÑA  formula  “cargos” contra  la  sentencia  del Juzgado Segundo Penal del Circuito de El Socorro (Santander),  con  fundamento  en  la causal primera de casación, contemplada en el artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000), por violación  indirecta    de    la   ley   sustancial   por   errores   en   la   estimación  probatoria.   

Asegura,  sin  embargo,  que  tanto  en  la  investigación  como  en el juzgamiento fueron vulnerados el debido proceso y el  derecho  a la defensa del implicado, toda vez que algunas pruebas solicitadas no  fueron   decretadas   y   otras  no  se  practicaron.  Menciona  los  siguientes  medios:   

Certificaciones bancarias sobre buen manejo  de  las  cuentas  por parte de CAMARGO TRASLAVIÑA (no  decretada);  relaciones de compra de café bonificado  desde  noviembre  de 2001 hasta mayo de 2002, para demostrar que cada caficultor  recibió  el  dinero  según  el  número  de kilos comercializados (solicitada   al   A-quo);  colilla  del  cheque  y  de  los  recibos de pesaje pertenecientes al denunciante (no   evacuada);  y  certificados  sobre  otras  investigaciones  penales  y  civiles  donde  el  denunciante  figura como  demandante       (no      decretada).   

El libelista sostiene que en “el  caso  que  nos  atañe, y las pruebas que anteriormente enuncia  pero   que   no  se  estimaron,  eran  válidas  para  controvertir  los  cargos  endilgados;  cargo  éste  que  consistía  en el abuso de confianza, puesto que  tanto  como  el  cheque que fue entregado por mi representado, como los archivos  financieros  o  libros de contabilidad, daban plena prueba, de la existencia del  café  real  depositado,  cancelado y bonificado y de quién era el café que se  había  entregado  y su cantidad. Situación esta que se llegaría a esclarecer,  la verdad de los hechos denunciados.”   

Agrega  que  no se estableció el valor del  kilo  de  café entregado en depósito por el denunciante, ni el precio de venta  a  la  Cooperativa, por lo cual el Juez de primera instancia tomó los datos que  le  suministró  aquél  y  les otorgó un alcance que no tienen, presentándose  así  una  desfiguración  de  la  prueba  o  interpretación falsa, por lo cual  dedujo que CAMARGO TRASLAVIÑA se apoderó del dinero.   

Cita  como  normas transgredidas  los artículos 8 (defensa),    13    (contradicción),     232     (necesidad     de    la  prueba),  233  (medios  de  prueba),           234          (imparcialidad)   y   238  (apreciación   de   las   pruebas)  del  Código  de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000, y solicita a la Corte casar el  fallo    impugnado    y    proferir    el   de   sustitución,   de   naturaleza  absolutoria.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.   Los   acontecimientos  investigados  ocurrieron  entre enero y marzo de 2002; y el Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  El  Socorro  (Santander)  profirió  el fallo de segunda instancia el 1° de  febrero  de  2005,  esto es, en vigencia del Código de Procedimiento Penal, Ley  600  de  2000;  por lo cual, la presentación de la demanda, los traslados y los  requisitos  de procedibilidad se sujetan por entero a las disposiciones de dicho  cuerpo normativo.   

2.  De  conformidad  con  el artículo 205  ibídem,  la  casación  procede  contra sentencias de segunda instancia “en  los  procesos  que  se hubieren adelantado por delitos que tengan señalada pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de ocho años, aun cuando la  sanción    impuesta    haya   sido   una   medida   de   seguridad.”   

Como  en  el presente asunto, el implicado  GERARDO  CAMARGO  TRASLAVIÑA  fue  condenado  por  el  delito  de  abuso  de  confianza, cuya máxima pena  no  excede  de  ocho  años de prisión, se concluye que la demanda de casación  presentada  por  su  defensor carece del requisito de procedibilidad referido al  quantum de pena exigido por el mencionado artículo 205.   

En  efecto,  el  delito  de  abuso  de  confianza, tipificado en el  artículo  249 del Código Penal (Ley 599 de 2000), se reprime con prisión de 1  a 4 años.   

3.  Por  tanto,  era  necesario  que  el  libelista  acudiera  a  la  casación  excepcional prevista en el inciso 3° del  artículo   205   del   Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000),  expresando  la  necesidad  de  su  admisión para el  desarrollo  de la jurisprudencia o la garantía de los derechos constitucionales  que  hubieren  sido  transgredidos en el trámite ordinario del proceso, únicos  motivos  por  los  cuales  puede  ser  admitida, correspondiéndole decidir a la  Corte,  en ejercicio de la discrecionalidad que la ley le otorga, si la admite o  rechaza.   

Se  trata  de  dar a conocer a la Sala las  razones  por  las  cuales  el  demandante  piensa  que  el  recurso de casación  excepcional  debe ser admitido, motivos que no siempre pueden confundirse con el  desarrollo  de  los  cargos  concretos  que se eleven por alguna de las causales  contra  el  fallo  de  segundo  grado, pues si así fuere, no existiría ninguna  diferencia     entre     la    casación    discrecional    y    la    casación  corriente.   

Ello  implica  que  el  estudio acerca del  aspecto  formal  de  la  demanda  se  efectuará  a posteriori, siempre y cuando  previamente  la  Corte  haya  arribado  a  la  conclusión  de  que es necesario  tramitar,  por  excepción,  el  recurso extraordinario en pro de las garantías  fundamentales o con miras a desarrollar la jurisprudencia.   

4.  Cuando  se aboga por la efectividad de  los  derechos  fundamentales,  al libelista corresponde identificar la garantía  objeto  del  quebranto denunciado, así como la norma superior que la protege; y  vincular  su  afectación  con  las actuaciones del respectivo proceso; esto es,  señalar   en   forma   específica   en   qué   consistió   la   vulneración  alegada.   

En    lo    relativo   al   desarrollo  jurisprudencial,  es  deber  del impugnante indicar si lo pretendido es fijar el  alcance  interpretativo  de alguna disposición, o la unificación de posiciones  disímiles  de  la  Corte,  o  el  pronunciamiento  sobre  un punto concreto que  jurisprudencialmente  no  ha  sido  desarrollado,  o  la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas y jurídicas; y, además,  es  preciso  resaltar  la  incidencia  favorable  de  la pretensión doctrinaria  frente  al  caso  y  la ayuda que prestaría a la actividad judicial, por trazar  derroteros de interpretación auxiliares de dicha actividad.   

5.  En  el  presente  caso, el defensor de  GERARDO  CAMARGO  TRASLAVIÑA  interpone  la  casación sin desarrollar aquellos  temas  con  la profundidad argumentativa que se requiere; apenas insinúa que se  vulneró  el  debido  proceso  y  el  derecho  a  la defensa, por circunstancias  atinentes  a diversas materias probatorias, en forma confusa y entremezclada, de  suerte  que  la  Corte no logra identificar un cargo destinado a que se restaure  algún   derecho   fundamental   del  implicado,  ni  un  reproche  lógicamente  estructurado por defectos en la valoración del acopio probatorio.   

Las  omisiones  destacadas son suficientes  para  inadmitir  la  demanda, máxime que tampoco en la sustentación del libelo  se  encuentra  una  referencia  coherente  y  sistemática  a  cualquiera de los  aspectos  que  eventualmente  posibilitarían  el  recurso extraordinario por la  vía excepcional.   

6.  El  libelista empieza a inobservar las  exigencias  sustanciales de la demanda desde el acápite destinado al resumen de  los  hechos,  puesto  que  se  separa abiertamente de los declarados en el fallo  impugnado,  para  en su lugar, emprender ahí mismo el análisis probatorio a su  acomodo   y   narrar  los  acontecimientos  según  su  particular  concepción;  perdiendo  de vista que los hechos exigidos por la ley son los que constituyeron  el  objeto  de  juzgamiento  y  no  los  que  pudieron  haber ocurrido según la  opinión del casacionista.   

De  ese  modo,  el  censor  sucumbe  en el  desatino  de  tener  por  cierta  la  versión  que  le  interesa  acerca de los  acontecimientos,  pese  a  que  tales  afirmaciones  son precisamente la materia  sobre la que se discute y ha versado el debate probatorio.   

7.  Amén  de  lo  anterior,  en cuanto el  libelista  protesta  por  la vulneración del derecho a la defensa, debido a que  no  se  decretaron  o no se practicaron algunas pruebas, sea lo primero recordar  que  un  defecto  de  tal  naturaleza  no  conllevaría  a  la  absolución  del  implicado,  como  parece haberse entendido, sino, eventualmente, a la nulidad de  lo actuado.   

Además,  no  era suficiente mencionar tal  supuesto  como  un  episodio aislado y sin correlación alguna con el fundamento  del fallo.   

A la sazón, la jurisprudencia de esta Sala  de  la  Corte  ha  reiterado  que  en  tal  hipótesis  corresponde al libelista  explicar  razonadamente  que  tales  medios de convicción eran procedentes, por  estar   admitidos   en   la   legislación   procesal  penal;  conducentes,  por  relacionarse  directamente con el objeto de la investigación o del juzgamiento;  y  factibles  de  practicar,  puesto  que  ni  los  abogados  defensores  ni los  funcionarios  están  obligados  a  intentar  la  realización  de  lo que no es  posible lógica, física ni jurídicamente.   

Y  además  que,  en  cuanto  esté  a  su  alcance,  el  demandante  debe  aproximarse al contenido material de las pruebas  omitidas,  para  brindar  a  la  Sala  la oportunidad de confrontar el aporte de  aquellos  elementos  de  convicción con las motivaciones del fallo y así poder  concluir  si  en  realidad  se  han  vulnerado  las garantías fundamentales del  procesado.   

De   otra   parte,  es  preciso  que  el  casacionista  discierna  acerca  de  la  manera  cómo  las  pruebas  dejadas de  practicar,  por  negligencia  o  por  la  ausencia  de  investigación integral,  tenían  capacidad  de  incidir  favorablemente  en la situación del procesado,  “bien  sea  en  cuanto al grado de responsabilidad  que  le  fue  deducido,  o  frente  a la sanción punitiva que le fue impuesta o  simplemente  porque  el  conjunto  probatorio  que  se  hecha  de  menos podría  desvirtuar   razonablemente   la   existencia  del  hecho  punible  o  acreditar  circunstancias  de  beneficio  frente  a la imputación que soporta.”  (Sentencia  del 4 de diciembre de  2000, radicación 14127)   

Cada  uno de estos tópicos debe abordarse  separadamente,  debido a que su comprobación implica desarrollo y sustentación  específicos.   

En  cuanto  a  la trascendencia del vacío  dejado  por  la  prueba  cuya  práctica  se omitió, es preciso recordar que la  posibilidad  de  declarar  la  nulidad  no  deriva  de  la  prueba  en sí misma  considerada,  sino  de  su confrontación lógica con las que sí fueron tenidas  en   cuenta   por   el   sentenciador   como  soporte  del  fallo,  “para  a  partir de su contraste evidenciar que las extrañadas,  de  haberse   practicado, derrumbarían la decisión, erigiéndose entonces  como  único  remedio procesal la invalidación de la actuación censurada a fin  de  que  esos elementos que se echan de menos puedan ser tenidos en cuenta en el  proceso.”   (Auto   del  12  de  marzo  de  2001,  radicación 16463).   

8.  Ahora  bien,  en  cuanto  hace  a  la  tergiversación,  interpretación  “falsa”  u  omisión  de  algunas pruebas  -problemática  que  no  puede  deslindarse  con  precisión porque el libelo es  confuso-  la  supuesta  violación indirecta de la ley sustancial no pasa de ser  un  conjunto  de  ideas  sueltas,  sin  argumentos  que las cohesionen, hasta la  demostración de algún error de hecho.   

En realidad, el libelo cuyo aspecto formal  se  examina  no alcanza a estructurar una demanda de casación admisible, puesto  que  lejos  de  adentrarse  en el desarrollo y la demostración de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  cual  si  se  tratara  de  otro  alegato de  instancia,  orienta  su esfuerzo a exponer las razones por las cuales piensa que  el   procesado   GERARDO   CAMARGO  TRASLAVIÑA  es  inocente,  pero  con  total  distanciamiento  de la lógica del recurso extraordinario, toda vez que hace una  disertación  genérica,  sin demostrar la incursión en errores de hecho  o de  derecho; y donde campea la indefinición, pues no es  factible   comprender  si  la  protesta  radica  en  que  el  Juez  Ad-quem  omitió  valorar  las pruebas  que  menciona,  lo  que constituiría un falso juicio  de   existencia;   o   si  el  cargo  es  por   tergiversación  de  algún  medio  en  concreto,  configurando  un falso  juicio  de  identidad;  o si se  proponía  denunciar  la  valoración  divorciada  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  hipótesis que podría constituir un falso  raciocinio.   

El  libelista  confecciona  un  memorial  redactado  libremente,  sin  sujeción  a la lógica del recurso extraordinario,  cual  si continuara litigando en las instancias, pues se refiere indistintamente  a  una  serie  de  temas  que  ameritaban la postulación de cargos autónomos y  separados,   por   ser   incompatibles   entre   sí  y  conducir  a  soluciones  diferentes.   

9.  No  debe  perderse  de  vista  que el  recurso  extraordinario  no  constituye  una  especie  de  tercera instancia; no  consiste  en  someter  a  un  nuevo juicio al procesado, ni en sede de casación  puede  postularse  un  debate  probatorio  generalizado  y sin acatamiento de la  lógica  argumentativa que le es inherente, puesto que el recurso extraordinario  no  fue concebido como un medio adicional para litigar libremente, sino como una  excepcional  manera  de  llevar  a  conocimiento  del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción    ordinaria    el    fallo    proferido   por   el   Ad-quem,     por    las    causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  adecuadamente desarrolladas en la demanda.   

El recurso de casación se concibe como un  instituto   procesal  extraordinario  que  busca  remediar  o  poner  fin  a  la  violación  de  garantías  constitucionales  o  de  la  ley  sustancial, que se  hubiese  materializado en el fallo de segunda instancia, por errores de juicio o  de  actividad,  y  como  tal  comporta  la  elaboración  de  un  juicio lógico  jurídico  sobre  la  sentencia  misma,  siguiendo  el  derrotero trazado en las  causales invocadas.   

No  se  trata  de exigir que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin  embargo,  sí es de esperarse que el casacionista  discurra  de  un  modo  claro, lógico, y profundo, hasta demostrar que el fallo  presenta  defectos  protuberantes  en su estructura jurídica, de tal suerte que  no es factible que mantener su vigencia.   

10. Las impropiedades advertidas conllevan  a  inadmitir  la  demanda, máxime que tampoco en la revisión del expediente se  observa  la  vulneración  de  alguna  garantía  fundamental,  que  amerite  el  ejercicio  de  las  facultades  oficiosas  de la Sala de Casación Penal, en los  términos  del  artículo  216  del  Código  de Procedimiento Penal, Ley 600 de  2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto, la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

  RESUELVE   

Inadmitir  la  demanda   de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  GERARDO  CAMARGO  TRASLAVIÑA.   

Contra  el  presente  auto  no procede el  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

Cúmplase   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                        ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        JULIO ENRIQUE          SOCHA           SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIS NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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