26935(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26935  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 73.  

          Bogotá    D.C.,   mayo   dieciséis   (16)   de   dos   mil   siete  (2007).   

VISTOS  

          Examina  la  Sala las bases jurídicas, lógicas y argumentativas de  la  demanda de casación presentada por el defensor de la procesada SANDRA     PATRICIA     RUBIANO      PARRA    contra  la  sentencia anticipada del Tribunal Superior de Bogotá de  fecha  agosto  18 de 2006, por cuyo medio confirmó la dictada por el Juzgado 14  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  que la condenó como autora de los  delitos  de  estafa  y  falsedad  en  documento  privado,  cada  uno de ellos en  concurso homogéneo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  supuesto  fáctico  que  originó  la  presente  actuación  fue  adecuadamente  compendiado  por el ad-quem en el fallo impugnado, de la siguiente manera:   

          “El  18  de  septiembre de 2004, Flor Delia Cortés Torres acudió  al  concesionario ASAN MOTORS LTDA, situado en la carrera 7ª. # 56-44, donde la  atendió  la  vendedora  SANDRA  RUBIANO PARRA, a quien le entregó $ 2.000.000,  con  el  fin  de  separar  un  taxi ATOS 2005, quedando de entregárselo en tres  meses  mientras  le  tramitaba  documentos;   el  2  de octubre de 2004, le  abonó  otra suma igual; vencido tal plazo, SANDRA comunicó a la compradora que  no le había salido el cupo.   

Transcurrido  un  mes, la llamó, le dijo que  todo  estaba  listo, le suministró el número de las placas, le aseguró que en  ocho  días  le  daría  la  tarjeta  de propiedad, lo que no sucedió; el 12 de  julio  de 2005, la denunciante volvió al concesionario, donde le avisaron sobre  problemas  de  dinero  de  la acusada y que los recibos expedidos por ésta eran  falsos.   

El  14  de  octubre de 2004, la misma SANDRA  RUBIANO  PARRA, celebró la venta de un vehículo con Briceida Díaz de Parada y  aseguró  entregarlo  en  el  plazo  de  un  mes.   La  compradora le dio $  2.000.000  en  efectivo,  luego  un  cheque  por  $  12.000.000  y por último $  1.000.000,  para  el total de  $ 15.000.000, pero nunca le cumplió y en el  concesionario  le dijeron que SANDRA se había ido, luego de perjudicar a veinte  clientes,  que  pusiera  la  denuncia y se le devolvería la suma pagada, lo que  así  hizo  el  dueño  de  la  empresa”.   

Con fundamento en los hechos anteriores, las  dos  afectadas  señaladas en precedencia formularon denuncia penal en contra de  SANDRA     PATRICIA    RUBIANO    PARRA,  motivo  por  el  cual  se dispuso la apertura de instrucción, en  cuyo marco se la vinculó, mediante diligencia de indagatoria.   

Durante  el  desarrollo de dicha diligencia,  que  tuvo  lugar  el  28 de marzo de 2006, la procesada manifestó acogerse a la  figura  de  sentencia  anticipada.   En  el acto, la fiscalía imputó a la  mencionada  los  delitos  de estafa y falsedad en documento privado, cada uno de  ellos  en  concurso  homogéneo,  cargos  que fueron aceptados por la procesada.   

Concluida  la  diligencia,  la actuación se  remitió  al  Juzgado  14  Penal del Circuito de Bogotá, despacho que profirió  sentencia  anticipada  el  9  de  mayo  de  2006,  por  cuyo  medio  condenó  a  SANDRA PATRICIA RUBIANO PARRA  a  las  penas  principales  de  dos  (2) años y multa por valor de treinta (30)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, a la accesoria de interdicción  de  derechos y funciones públicas por el mismo término de la pena privativa de  la  libertad  y  al  pago  de perjuicios por $ 28.600.000, al encontrarla autora  penalmente  responsable de los delitos que aceptó.  En la misma decisión,  a  la  procesada  no se le concedió la suspensión condicional de la ejecución  de  la  pena  y  se  le  sustituyó  la  pena  de  prisión  por  la de prisión  domiciliaria.   

            En  contra  del  proveído  anterior, el  defensor  de  la  sindicada  interpuso recurso de apelación, sobre el cual  se  pronunció  el  Tribunal Superior de Bogotá el 18 de agosto siguiente   confirmando la decisión.   

Inconforme  con la determinación de segunda  instancia,  el defensor interpuso recurso extraordinario de casación, que luego  sustentó  mediante  demanda,  sobre  cuyo  cumplimiento  en  punto de las bases  jurídicas, lógicas y argumentativas se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

          Con  sustento  en  la  causal  tercera  de  casación prevista en el  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, el defensor de la procesada RUBIANO  PARRA  formula un cargo contra el  fallo  anticipado  de  segundo  grado,  por  estimar  que  fue  dictado  en  una  actuación viciada de nulidad.   

          Para   fundamentar   su   pretensión,  comienza  por  señalar  que  “los  funcionarios instructores y de juzgamiento que  conocieron  de  este  proceso  penal  violaron,  in  procedendum, por errores de  actividad  que  rompen la estructura del rito procesal, en su aspecto conceptual  formal  y  que  repercuten  en  el  aspecto  netamente  sustancial y, por violar  derechos  procesales  o  de garantía de mi defendida, que implica la violación  de  los  derechos  fundamentales   en  este  proceso  de  la señora SANDRA  PATRICIA  RUBIANO  PARRA y consagrados en los artículos 29, 33, 228 y 230 de la  Constitución  Política, en concordancia con el numeral 3° del artículo 306 y  artículos  2,  3, 6, 8, 9, 10, 11, 12, 19, 22, 23, 24, 25, 26, 32 en su numeral  2º.,  246  y  289  del  Código  Penal  referido  en  la Ley 599 de 2000, y por  supuesto  la  violación  por la inaplicación, de los artículos 1, 2, 3, 6, 7,  9,  11,  12, 13, 14, 16, 17, 18, 20, 40, 259, 260, 261, 280, 281, 282, 283, 302,  305,  306,  307,  323, 333, 336 y 337 del Código de Procedimiento Penal, de que  trata  la ley 600 de 2000, lo que genera la nulidad de todo lo actuado, a partir  del  día  veintiocho (28) de marzo del año de dos mil seis (2006), fecha en la  cual  se  practicó  ilegalmente diligencia de injurada y acta de audiencia para  sentencia  anticipada  a  la  señora  SANDRA   PATRICIA  RUBIANO PARRA, en  razón  de  que se continuó este proceso penal en su contra, en presencia de la  circunstancia  establecida en el artículo 1508 del Código Civil y artículo 71  en sus numerales 1 y 2 del Código de Procedimiento Civil”   

          En  la  demostración  del  cargo  indica  que la nulidad que invoca  tiene  sustento  en el numeral 2° del artículo 306 del estatuto procesal penal  por  la  comprobada  existencia  de irregularidades sustanciales que lo afectan,  apreciándose   “un  sinnúmero  de  circunstancias  legales   que   determinan   esas   irregularidades  sustanciales”.   

          En   ese   sentido,   destaca  que  se  incurrió  en  dicha  causal  “por  quebranto  al  debido  proceso de SANDRA   PATRICIA  RUBIANO  PARRA  y  que  se materializa, por haber confesado y aceptado  unos  cargos  en presencia de claros vicios del consentimiento y sin el lleno de  los   requisitos   que   la  confesión  exige  en  este  proceso”,  por  cuanto, a su modo de ver, la mencionada fue inducida durante  la  diligencia  de aceptación de cargos para sentencia anticipada en contravía  a   lo   dispuesto  en  los  artículos  1508  del  Código  Civil  y  71,  numerales  1  y 2, del Código de  Procedimiento   Civil,   así   como   del  280  del  estatuto  procesal  penal,  “puesto que si bien es cierto que, la norma procesal  penal  establece  que la confesión debe hacerse con la asistencia del defensor,  no  es  menos  cierto  que  el  abogado  tiene  la  obligación de preparar a su  defendido      para      esta      clase      de      diligencias”.   

          Destaca,  igualmente,  que  dicha  diligencia  no  fue  realizada en  presencia  de un fiscal, sino de su secretario o asistente judicial, situaciones  que,  en  suma,  determinan  que  “es  absolutamente  evidente  que  la  señora  SANDRA  PATRICIA  RUBIANO PARRA, fue inducida por su  defensora  a aceptar unos cargos con detrimento de sus garantías fundamentales,  puesto  que  jamás  se  analizó  si  realmente  todos  las conductas imputadas  tuvieron  ocurrencia,  si  la  imputada  tenía  conciencia  de  cuáles  cargos  aceptaba  y  porque  los  aceptaba,  si  la relación de hechos que se le hacía  tuvieron  o no lugar en el tiempo en que se le indicaba, si estos delitos por lo  que  aquí  se  le  sindicaba  eran  susceptibles  de  ser  acumulados  a  otras  investigaciones,  si  en el sumario obraban desistimientos de alguno o alguno de  los  denunciantes,  si  estaba  de acuerdo con dichos desistimientos o no, si la  persona   que   se  constituyó  como  parte  civil  figuraba  o  no  entre  los  denunciantes,  lo  anterior  para  no  afectar  el  derecho  de  defensa ante la  presencia  de un defensor técnico amañado y al parecer de acuerdo con la parte  civil,  todos  estos  aspectos  y  mil  más  tuvieron  ocurrencia el día de la  diligencia  de  injurada  y  se  han  mantenido hasta el presente”.   

Luego,  a través de subcapítulo posterior,  señala   que   la   nulidad   deprecada   tiene   asidero   en  los  siguientes  aspectos:          

En primer lugar, ante la presencia sucesiva y  notoria   de   irregularidades  que  afectaron  “los  principios   de   legalidad,   debido   proceso,   afectación  de  la  defensa,  reconocimiento  de  la  dignidad  humana,  integración,  reconocimiento  de  la  libertad,   presunción   de   inocencia,  actuación  procesal,  juez  natural,  autonomía  e  independencia judicial, contradicción, publicidad, finalidad del  procedimiento,  lealtad,  doble  instancia,  investigación  integral, sentencia  anticipada,  aporte de documentos, obligación de entregar documentos, documento  tachado   de   falso,  requisitos  de  confesión,  procedimiento  en  casos  de  confesión,  criterios para la apreciación de la confesión, reducción de pena  por  confesión,  procedimiento  en caso de falsedad de documentos, inexistencia  de  diligencias,  causales  de  nulidad,  declaratoria de oficio, reserva de las  diligencias,   quien   recibe  diligencia  de  indagatoria,  citación  para  la  diligencia    de    indagatoria,   y   reglas   para   la   recepción   de   la  indagatoria”.   

Luego,  expone  que  a su prohijada no se le  citó  debidamente para la diligencia de indagatoria, puesto que se le envió el  telegrama  a la dirección de su residencia, “la cual  era   para   ese   momento  ampliamente  conocida  en  el  diligenciamiento,  en  tanto    que   el   telegrama   le  es  dirigido  a  la  dirección  de  su  patrono”,  situación que corrobora que “fue  llevada  como conejillo de indias, sin el menor conocimiento  de  lo  que  le esperaba aquel 28 de marzo de 2006” y  que  le  impidió  la posibilidad de solicitar y controvertir pruebas, así como  las  diversas decisiones, a lo que se suma que “no se  enteró  a  la  sindicada  del desistimiento que presentara la señora Briceída  Díaz  de  Parada el día dos (2) de marzo de dos mil seis (2006), tampoco se le  corrió  el  traslado  de  la demanda de parte civil, la cual se le notifica sin  estar  en  firme  en el momento de su indagatoria y diligencia de aceptación de  cargos sin que la misma entienda de que se trataba”.   

De  la  misma forma, agrega que “además  de  la  incongruencia  en  la  imposición de cargos, es  claro  que  se  incurrió  en  atipicidad de la conducta punible imputada por el  delito  de  estafa, puesto que si el señor Martín Fernando Ñungo Castro, como  patrono  de  la  sindicada pagó las pretensiones de las víctimas, desapareció  el  delito  de estafa como tal y, de otro lado, la legitimidad del señor Ñungo  Castro  para  constituirse  en parte civil, quedó en completo entredicho ya que  no  fue  él  estafado en momento alguno”.  Todo  lo  cual  se  produjo  “por la mediación ilegal del  señor  asistente  del  fiscal, puesto que si se hubiese realizado la diligencia  de  injurada y la aceptación de cargos con presencia del señor fiscal, ninguna  de   estas   irregularidades   se   habrían   pasado   por  alto”.   

Resalta  que  también  se violó la reserva  sumarial   “porque  se  notificaron  decisiones  al  representante  de  la  parte  civil y se rehizo entrega de piezas procesales sin  que  se  hubiera  garantizado debidamente la legitimidad de su representado para  tenerlo como tal”.   

          En  segundo orden, precisa se concretó la nulidad, por “la  desafortunada  falta de orientación del proceso penal en que  se produjo la sentencia condenatoria”.   

          Al  respecto,  sostiene que el primer defensor de la procesada   asaltó  su  buena  fe  y  la  indujo  a  aceptar  cargos, sin que hubiera hecho  solicitud  probatoria  alguna,  a  la  par  que  omitió  asesorarla  sobre  las  consecuencias  de la aceptación de cargos y se abstuvo de presentar alegaciones  a su favor durante la audiencia celebrada el 28 de marzo de 2006.   

              En     el  capítulo  siguiente  que  intitula  “cumplimiento de  los  requisitos legales para declarar la nulidad”, el  casacionista  destaca  que ni él, ni su defendida, han coadyuvado la ejecución  de  los  actos  irregulares  y  que  no  existe otra forma de corregirlos, salvo  mediante el decreto de la nulidad en los términos indicados.   

Posteriormente, aduce que las irregularidades  a  las  que  ha hecho mención afectaron a su defendida, pues se la condenó sin  existir  prueba en su contra, por lo que solicita se case la sentencia impugnada  para  que  se  decrete la nulidad a partir de lo actuado desde el 28 de marzo de  2006.     

ALEGATO DEL NO RECURRENTE   

Dentro  del  término legal previsto para la  intervención  de  los  sujetos  procesales  no  recurrentes, allegó escrito el  apoderado  de  la  parte  civil,  a  través del cual solicita no casar el fallo  impugnado  “toda  vez que el casacionista en ningún  momento  relacionó  las  pruebas  a  las  que  en  concreto se refiere y lo que  plantea  son  supuestas  irregularidades  sin  un  soporte  jurídico diáfano y  claro…    por   ello   solicito   desestimarla   y   rechazarla”.   

A  la misma conclusión arriba porque, en su  sentir,  la  demanda  no  está  debidamente  motivada,  en  tanto  “se  limita  solamente  a  calificar  la  providencia recurrida de  nula,  que  se  ha  vulnerado  el  debido proceso y el derecho de defensa, donde  emplea  calificativos  y  expresiones  vagas,  imprecisas,  que  no  expresan ni  siquiera     explícitamente     las     razones     o     motivos     de     su  inconformidad”.   

Además,  advierte que en el presente evento  no  procede el recurso extraordinario porque los delitos de estafa y falsedad en  documento  privado  “no  tienen pena privativa de la  libertad  cuyo máximo sea o exceda de  ocho años, lo cual es un requisito  de procedencia de la casación”.   

También  indica  que  a  la  procesada,  a  diferencia  de  lo  que sostiene el censor, no se le vulneró ninguna garantía,  tanto  así que durante la diligencia de indagatoria estuvo debidamente asistida  por  una defensora, al tiempo que le fueron explicados los alcances de la figura  de sentencia anticipada a la que se acogió libremente.   

Agrega que la demanda no sólo omite expresar  en  forma clara y precisa sus fundamentos, sino que, adicionalmente, está llena  de  afirmaciones  graves e infundadas, como que la diligencia de formulación de  cargos  para  sentencia anticipada se llevó a cabo ante el asistente del fiscal  quien  se  habría  hecho  pasar  por  éste,  situación  que, recaba, nunca se  denunció;  en el mismo sentido tampoco es cierto que la procesada fue engañada  por  su  defensora,  cuando  lo  que  se  aprecia  simplemente es que esa fue su  estrategia defensiva.   

Con base en lo anterior, depreca no casar el  fallo  impugnado  y  confirmarlo “en todas y cada una  de          sus          partes”.      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Habida  cuenta  que el apoderado de la parte  civil  sostiene,  a    través  de su alegato de no recurrente, que en  este  caso  no  es  procedente  el  medio  extraordinario  de  impugnación  por  cuanto      ninguno de los delitos por los que fue condenada  SANDRA    PATRICIA  RUBIANO  PARRA  tiene  prevista  una  pena  superior a ocho años, resulta necesario  efectuar algunas precisiones acerca de esa temática.   

En  primer lugar, importa señalar que, como  en  forma  atinada  lo  indica  el  referido  sujeto procesal, de acuerdo con el  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  normatividad procesal que regula la  procedencia  del  recurso  de  casación  para el presente caso, éste es viable  “contra   las   sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito Judicial y el Tribunal  Penal   Militar,  en  los  procesos  que  se  hubieren  adelantado  por  los  delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).    

De  suerte que aun cuando el fallo objeto de  impugnación      fue proferido por el Tribunal Superior del  Distrito   Judicial   de   Bogotá,   con   lo   cual   se  cumple  uno  de  los  condicionamientos  exigidos  por  la  ley  para que proceda el recurso por dicha  vía,   lo  cierto  es  que  a  la  procesada  RUBIANO  PARRA  se  la  condenó  por  los  delitos de estafa y  falsedad  en  documento privado que no cumplen la exigencia punitiva a la que se  ha hecho referencia, según pasa a verse.    

Ciertamente,  la primera modalidad delictiva  se  sanciona,  conforme  al artículo 246 de la Ley 599 de 2000, con una pena de  dos  (2)  a  ocho (8) años de prisión, mientras que la segunda, reprimida a su  vez  en el artículo 289 del mismo estatuto, se castiga con una pena de prisión  de  uno (1) a seis (6) años, por lo que deviene evidente que ninguna alcanza el  tope legal exigido.   

De   lo   anterior  se  desprende  que  al  casacionista   no   le   era   viable  acudir,  como  así  lo  hizo,  al  medio  extraordinario   de   impugnación  por  la  vía  común  o  tradicional.    

En  segundo  orden,  también  es  necesario  acotar  que de conformidad con el inciso tercero del artículo 205 de la Ley 600  2000      es      posible      acudir     al     medio     extraordinario     de  impugnación          por  la denominada  vía  discrecional,  a  condición de que la Sala “lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos fundamentales” y en la medida en que el  actor  justifique  adecuadamente la necesidad de su intervención frente a estos  aspectos.      

De  allí  que  si  bien  es verdad, como lo  sostiene  el  sujeto  procesal  no  recurrente, que en este asunto no es posible  acudir  a  la  casación común en tanto que los delitos de estafa y falsedad en  documento  privado  por  los  que  fue  condenada  la  procesada  no  cumplen la  exigencia  punitiva  a  la  que  se  ha  hecho referencia, también lo es que el  recurrente  contaba  con  la  posibilidad  dispuesta por la denominada casación  discrecional       o      excepcional.          

          En  un  tal caso, la jurisprudencia de la Sala ha venido sosteniendo  que  se  hace  necesario  que  el demandante exponga, así sea de manera sucinta  pero  clara,  qué  es lo que pretende con la impugnación excepcional, debiendo  señalar  el  derecho  fundamental  cuya  garantía persigue o el tema jurídico  sobre  el  cual  considera se hace indispensable un pronunciamiento de autoridad  por parte de esta Corporación.   

Así,  los argumentos que deben sustentar la  justificación  han  de  estar  dirigidos a orientar a la Corte en el sentido de  hacerle  ver, se repite, la necesidad de su pronunciamiento, en forma tal que si  se  trata de reclamar la garantía de un derecho fundamental, al casacionista le  corresponde  precisar  los  derechos que fueron desconocidos, indicar las normas  constitucionales  y  legales  que  los  protegen  y  la  determinación que debe  adoptarse  para  su salvaguarda. Y, si el motivo invocado es el desarrollo de la  jurisprudencia,   tendrá   que  puntualizar  el  tema  jurídico  que  requiere  definición  o  precisión,  sea  porque  es  nuevo  o porque existen posiciones  opuestas que deben ser unificadas.   

Cabe  destacar que, en ese propósito, no es  necesario  que  el  casacionista exponga fórmulas sacramentales, ni que elabore  un  aparte  específico para desarrollarlos, pues basta con que puedan deducirse  del contexto de la demanda.   

Desde  esa  perspectiva,  se  colige que aun  cuando  el  actor no refiere a la casación discrecional y por ello lógicamente  tampoco  alude a los motivos legales que franquean su acceso, surge diáfano que  el  cuestionamiento que elabora está orientado a demostrar la violación de los  derechos  fundamentales  de su prohijada, situación que acompasa con uno de los  motivos  que  permite  la  casación  discrecional, razón por la cual se estima  que,  a  diferencia  de  lo  que señala el sujeto procesal no recurrente, en el  caso  de  la especie no existe objeción en punto de la procedencia del recurso.   

Sin  embargo,  lo  que  ocurre  es  que  la  exposición  contenida  en  la  única  censura  de  la demanda no satisface los  presupuestos  jurídicos,  lógicos  y  argumentativos que para la admisión del  recurso exige el artículo 212 de la Ley 600 de 2000.   

En  efecto, aun cuando la Corte ha sostenido  de  manera  reiterada  que  la  propuesta de nulidad con fundamento en la causal  tercera  de  casación  del artículo 205 ibídem   goza de cierta laxitud en su formulación, no por ello  se  puede  prescindir  de  algunos  requisitos  para que se entienda debidamente  satisfecha.   

          De   esa   manera,   es  preciso  que  el  casacionista  identifique  claramente  el  motivo  sobre  el  cual  gira  la irregularidad que advierte, la  causal  de  nulidad que procede como consecuencia de ese defecto, las normas que  apoyan  su  pretensión,  la  trascendencia  que  genera  bien en el marco de la  estructura  del  proceso  o  en  el  de las garantías fundamentales de quien la  invoca   y  el  momento  procesal  a  partir  del  cual  se  debe  invalidar  la  actuación.           

          Por  lo  mismo,  se  ha  establecido  que  dicha  pretensión  está  necesariamente  vinculada  con  los  principios  que orientan su declaratoria, a  saber,  taxatividad, instrumentalidad de las formas, trascendencia, protección,  convalidación  y  residualidad,   previstos  en el artículo 310 de la Ley  600 de 2000.   

En ese sentido, sólo en cuanto se verifique  que  la  censura reúne los anteriores condicionamientos, se podrá concluir que  se   ajusta  a  los  requisitos  previstos  en  el  artículo  212  ibídem,    para   así   admitirla   de  conformidad   con  lo   dispuesto  en  el  siguiente  artículo  del  mismo  estatuto.    

Pues  bien,  sin  dificultad alguna se puede  observar  que  ello  no  es  lo  que  ocurre en este particular evento, porque a  través  de  la única censura que se propone en la demanda no se identifica con  la  necesaria  claridad  y  precisión  cuál  es  el  motivo  que supuestamente  determina   la  vulneración  de  los  derechos  fundamentales  de  SANDRA         PATRICIA        RUBIANO        PARRA.   

De  ese modo, se aprecia que al interior del  reparo   el   casacionista   alude   indistintamente  y  de  manera  confusa  al  conculcamiento  de  los  principios  de  legalidad,  debido  proceso, derecho de  defensa,  reconocimiento  de la dignidad humana, integración, reconocimiento de  la  libertad,  presunción  de  inocencia,  actuación  procesal,  juez natural,  autonomía  e  independencia judicial, contradicción, publicidad, finalidad del  procedimiento,  lealtad,  doble  instancia  e investigación integral, en suma a  otros  aspectos  que  ni  siquiera  tienen  esa  connotación, pero a los que el  casacionista     confiere     ese    carácter,    tales    como    “aporte   de   documentos,  obligación  de  entregar  documentos,  documento  tachado de falso, requisitos de confesión, procedimiento en casos de  confesión,  criterios para la apreciación de la confesión, reducción de pena  por  confesión,  procedimiento  en caso de falsedad de documentos, inexistencia  de  diligencias,  causales  de  nulidad,  declaratoria de oficio, reserva de las  diligencias,   quien   recibe  diligencia  de  indagatoria,  citación  para  la  diligencia    de    indagatoria,   y   reglas   para   la   recepción   de   la  indagatoria”.   

Tópicos que, en algunos casos, prescinde de  explicar  y  que  le  resultaba  imperativo  exponer  por  separado  atendida su  disímil  naturaleza,  según  lo establece el numeral 4° del artículo 213 del  estatuto  procesal  penal, como única forma de preservar la lógica, claridad y  precisión                                 de                                 su  disertación.               

Las  incorrecciones  señaladas irrumpen con  mayor  fuerza  cuando se advierte que no sólo involucra aspectos que aun cuando  incompatibles  son  alegables  por  la  misma  causal  que  selecciona, sino que  comprometen  errores  cuya  formulación corresponde a otra causal de casación,  lo  que  ocurre al indicar que la conducta de su defendida es atípica porque su  patrono pagó las pretensiones de las víctimas.   

Esta última discusión es claro que no tiene  marco  en  la  causal  tercera  de  casación,  la  cual  está prevista para el  planteamiento  de  errores  de  la  actuación  procesal,  o yerros in    procedendo,   pero   no   para   la  formulación    de    errores   de   juicio,   o   in  iudicando  en  los  que  incurre  el  sentenciador  al  apreciar  el mérito o la credibilidad que revisten las pruebas, en cuyo caso la  censura  sólo  podrá  adelantarse  en  terrenos  de  la causal primera, cuerpo  segundo,  del  artículo  205 de la Ley 600 de 2000, por violación indirecta de  la  ley  sustancial  y ello condicionado a que el demandante demuestre que en la  sentencia  se  incurrió  en errores de hecho (por falsos juicios de existencia,  de  identidad  o  de raciocinio) o de derecho (por falsos juicios de legalidad o  de  convicción),  respecto  de  pruebas que resultan trascendentes frente a los  contenidos  del  fallo,  a  lo  que  se  suma  el  hecho  de que en este caso en  particular   dicha   controversia   comportaría  desbordamiento  del  legítimo  interés  para  impugnar  por desconocimiento del principio de no retractación,  habida  cuenta  que la procesada se acogió a la figura de sentencia anticipada.   

Una propuesta casacional así presentada, es  claro  que  desconoce  los  denominados principios de autonomía, prioridad y no  contradicción  que  regentan  esta  actividad,  cuyo  propósito no es otro que  exigir  para  este  recurso de naturaleza rogada la presentación de una demanda  enmarcada   dentro   de   unos  mínimos  presupuestos  de  lógica  y  adecuada  argumentación,  como  lo  ha  señalado la Sala cuando ha hecho referencia a la  naturaleza de estos principios.   

A  partir  de  tal  criterio se tiene que el  principio  de  autonomía tiene por objeto exigir que las propuestas que apunten  hacia   el   resquebrajamiento   del   fallo   deben  ser  planteadas  en  forma  independiente,  con  miras  a  evitar que se incurra en mezclas argumentativas y  conceptuales,  más  aún  cuando  se  trata de asuntos que tienen fundamento en  diversas  causales  de casación y, en el caso de que sean excluyentes, no basta  con    ello,    sino    que    además,   debe   indicarse   cuáles   son   las  subsidiarias.   

Por  su  parte,  el  principio de prioridad,  consecuente  con  el  anterior, consiste en que en el evento de que se propongan  varios  reparos  contra  el  fallo  recurrido,  tales  deben  ser presentados de  acuerdo  con  su  incidencia  procesal,  por  lo  que los cargos con apego en la  causal  tercera  prevista  en  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000 (nulidad),  resultan  prevalentes  respecto  de  los  demás  y, si todos tienen sustento en  aquélla,  también  deben  ser  esgrimidos  de  acuerdo con su incidencia en la  actuación.   

Lo expuesto, porque bien puede ocurrir que la  Corte   no   requiera   pronunciarse   sobre  reproches  que  tienen  una  menor  repercusión  en  el  proceso  cuando  prospera uno de mayor incidencia, lo cual  haría      inoficioso      el      estudio     de     los     secundarios     o  subsidiarios.                  

Por último, el llamado principio lógico de  no  contradicción tiene que ver con el hecho de que las propuestas excluyentes,  tanto  en  su  naturaleza  como  en sus efectos, no pueden ser formuladas en una  misma  censura,  por  lo  mismo  señalado anteriormente en el sentido de que el  escrito  pierde coherencia y comprensión, al afirmarse que algo es y no es a la  vez.   

La   sumatoria   de   las   incorrecciones  señaladas,  conduce a  concluir que la demanda de casación presentada por  el   defensor   de   SANDRA    PATRICIA  RUBIANO  PARRA  no  cumple  con  las mínimas bases jurídicas,  lógicas  y  argumentativas que exige el numeral 3° del artículo 212 de la Ley  600   de   2000   para   su   admisión,   razón  por  la  cual  se  impone  su  inadmisión  y la devolución  del  expediente  al  despacho  de  origen,  tal como lo señala el artículo 213  ibídem.   Además, porque no se advierte que  dentro  del  presente trámite y en la sentencia se haya incurrido en violación  de  garantías  fundamentales  que  reclame  la  intervención  oficiosa  de  la  Sala.      

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por el defensor de SANDRA PATRICIA RUBIANO  PARRA,  por  las  razones  consignadas  en la anterior  motivación.   

         

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase,   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                               JORGE       LUIS      QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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