26647(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26647   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 73.  

Bogotá D.C., mayo dieciséis (16) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

Se   pronuncia   la   Sala  en  punto  del  cumplimiento  de  las bases jurídicas, lógicas y argumentativas de los libelos  de  casación  presentados  por  los defensores de los incriminados JUAN  MANUEL  ABELLO  MORENO,  ROBERTO  ENRIQUE GUERRERO GUTIÉRREZ,  ROBERTO  GUERRERO MEDINA y por el apoderado de la parte  civil,  contra  el  fallo de segundo grado proferido por el Tribunal Superior de  Bogotá  el 6 de marzo de 2006, confirmatorio del dictado por el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito de la misma ciudad el 17 de febrero  de 2005, por cuyo  medio  condenó  a  los  mencionados  como coautores penalmente responsables del  delito de estafa agravada.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  supuesto  fáctico  que  dio origen a la  presente  actuación  fue  declarado por el Tribunal, en la sentencia impugnada,  de la siguiente forma:   

“El  10  de  de diciembre de 1997, Germán  Saturnino  Soriano Velásquez suscribió contrato de promesa de permuta con JUAN  MANUEL  ABELLO  MORENO  y  Carlos Agustín Carvajal Agudelo en el que el primero  entregaría  un inmueble de su propiedad ubicado en Barranquilla, sede del hotel  Galaxia,  estimado en $ 374.000.000 a cambio de lo cual recibiría como parte de  pago    la   finca   ‘La  Estrella’ de La Calera, que  ABELLO  MORENO  dijo  haber  adquirido en permuta convenida con Augusto Arboleda  González  y  que  tenía  gravamen derivado de una fiducia en garantía lo cual  cancelaría.   

Soriano,  a  instancias  de  ABELLO  MORENO  consintió  transferir  la  propiedad  de  su  hotel  a  nombre de José Alfredo  Rodríguez,  pero  nunca  recibió  el  inmueble prometido en venta pues para la  fecha  convenida  para otorgar la escritura ni ABELLO ni Carvajal acudieron a la  Notaría  lo  que  lo  obligó  a  regresar a Barranquilla y allí José Alfredo  Rodríguez  le  restituyó  su  hotel.   No  obstante, ABELLO lo llamó, le  propuso  una  negociación  alternativa del suministro de variados materiales de  construcción  y  lo invitó a las oficinas de ROBERTO GUERRERO MEDINA y ROBERTO  ENRIQUE  GUERRERO  GUTIÉRREZ  DE  PIÑERES  y  el  29 de abril de 1999, convino  celebrar  contrato de suministro por $ 350.000.000, pero estos no cumplieron con  el  pretexto  de  que  ABELLO  los  había  estafado;   aceptaron  no haber  adquirido  la  ladrillera  cuando  ya  había  firmado  la escritura de su hotel  Galaxia   a   nombre   de   Martha   Inés  Peña,  por  instrucciones  de  este  último”.   

Con  base  en  lo  anterior,  se  dispuso la  apertura  de  instrucción  penal,  en  cuyo  desarrollo se vinculó formalmente  mediante  indagatoria  a  JUAN  MANUEL  ABELLO MORENO,  ROBERTO   ENRIQUE  GUERRERO  GUTIÉRREZ  y  ROBERTO  GUERRERO  MEDINA,  a quienes se  resolvió  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento de caución  prendaria como presuntos autores del delito de estafa.   

Clausurada la etapa instructiva, se calificó  su  mérito  el  8  de marzo de 2002 por la Fiscalía Seccional 152 de la Unidad  Sexta  de  Delitos  contra  la Fe Pública y el Patrimonio Económico de Bogotá  con  resolución  de  acusación  en contra de los sindicados como coautores del  delito  de  estafa agravada por la cuantía.  Esta decisión fue confirmada  por la Fiscalía de segunda instancia el 12 de febrero de 2003.   

La   fase   del  juicio  le  correspondió  adelantarla  al  Juzgado Primero Penal del Circuito de esta ciudad, despacho que  luego  de surtir el rito legal correspondiente, profirió fallo el 17 de febrero  de  2005,  por  medio  del  cual condenó a JUAN MANUEL  ABELLO  MORENO,  ROBERTO  ENRIQUE  GUERRERO  GUTIÉRREZ  y  ROBERTO  GUERRERO MEDINA a  las  penas principales de dos (2) años y ocho (8) meses de prisión y multa por  valor  de  cincuenta  mil  pesos  ($  50.000),  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  de derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la pena  privativa  de la libertad y al pago de perjuicios en los montos allí indicados,  al  encontrarlos coautores penalmente responsables del delito por el cual se les  profirió  resolución  de  acusación.  En la misma oportunidad, les negó  el  subrogado  penal  de la condena de ejecución condicional y les concedió el  sustituto de la prisión domiciliaria.   

Impugnada la sentencia por los defensores de  los  procesados  y  por  el apoderado de la parte civil, el Tribunal Superior de  Bogotá  la  confirmó  “en  lo que es materia de la  alzada”,   mediante  fallo  de  fecha  marzo  6  de  2006.   

           Contra   el   fallo  del  ad-quem,  los  mismos  sujetos  procesales  interpusieron  recurso extraordinario de casación, el cual sustentaron mediante  sendas  demandas,  sobre  cuyas  bases  jurídicas,  lógicas  y  argumentativas  exigidas para su admisión se ocupa ahora la Sala.     

LAS  DEMANDAS   

         

Siguiendo  el  orden en que se corrieron los  traslados  para  la  presentación  de  las  demandas,  el  cual se respetará a  efectos  de su compendio y luego para su análisis, se tiene que los impugnantes  concretan sus propuestas a los siguientes términos:   

El  defensor  del  procesado  JUAN  MANUEL  ABELLO  MORENO,  formula tres  cargos  contra  el  fallo  impugnado;   los dos primeros con sustento en la  causal  tercera  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, por nulidad originada  en  desconocimiento  del  debido  proceso  y  por  falta  de  motivación  de la  sentencia,  respectivamente  y,  el  último, por violación indirecta de la ley  sustancial  derivada  de  un  error de hecho por falso juicio de identidad en la  apreciación de las pruebas.   

          A  su  vez,  el apoderado de la parte civil propone dos censuras con  fundamento  en  la  causal  primera  de la última norma en cita, por violación  indirecta  de  la  ley sustancial, debido a  errores de hecho y de derecho,  en su orden.   

          Por  su  parte,  el defensor conjunto de los sindicados ROBERTO   ENRIQUE   GUERRERO   GUTIÉRREZ  y  ROBERTO  GUERRERO  MEDINA,  mediante  dos  demandas  presentadas   por separado, pero cuyo contenido es  idéntico,  formula  tres  reproches:   el  primero,  bajo  la égida de la  causal  tercera  de  la última preceptiva señalada, por violación del derecho  de  defensa;  el  segundo,  por  violación indirecta de la ley sustancial y, un  último reparo, por violación directa de la ley sustancial.   

          Por elementales razones de método y con  el  objeto  de  no incurrir en repeticiones innecesarias la Sala en el siguiente  acápite   sintetizará  el  contenido  de  las  demandas  referidas  de  manera  independiente  y,  acto  seguido, expondrá sus consideraciones, salvo en lo que  respecta  a los dos últimos libelos aludidos, los cuales se abordarán en forma  simultánea por tener, como ya se dijo, idéntico fundamento.   

Por  lo  mismo,  los  cargos  tercero  de la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  JUAN MANUEL  ABELLO  MORENO  y  segundo  de  los libelos idénticos  presentados  a  nombre  de  de  los  sindicados ROBERTO  ENRIQUE  GUERRERO GUTIÉRREZ y  ROBERTO  GUERRERO  MEDINA, propuestos con fundamento en  la  causal  primera  del artículo 207 de la Ley 600 de 200, cuerpo segundo, por  evidenciar similares falencias, se analizarán en el mismo aparte.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  Demanda  presentada  por el defensor del  procesado   JUAN  MANUEL  ABELLO  MORENO:   

1.1.  Primer  cargo.  Causal  tercera  del  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, nulidad por desconocimiento del debido  proceso:   

Aduce el censor que la sentencia fue dictada  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  porque  se  adelantó  a  espaldas  de los  procesados,  en  razón  a  que el defensor de oficio designado con el objeto de  asistir  a  los  procesados  ROBERTO  ENRIQUE GUERRERO  GUTIÉRREZ y ROBERTO GUERRERO  MEDINA,  una  vez  se  notificó  de la resolución de  acusación  proferida  en  su contra “nunca volvió a  aparecer  en  el  proceso, sin que dicha ausencia, que raya en abandono, ningún  pronunciamiento   le   mereciera  al  señor  juez  de  la  causa”.   

A dicho profesional, destaca el casacionista,  durante  la  fase  del  juicio  se le enviaron distintas citaciones “sin  que  nunca  hubiera ni concurrido, ni renunciado, ni enviado  ninguna  excusa,  ni  nada por el estilo”. Es más, a  pesar  de  su  inasistencia, así como la de los procesados que representaba, se  dio  inicio  a  la  audiencia  pública,  con  lo cual se desatendió el mandato  contenido  en  el  artículo  408  de la Ley 600, sin que se les designara nuevo  defensor   de   oficio,  situación  que,  según  el  demandante,  “desembocó  también  en  violación  del  derecho de defensa, no  solo  de  los procesados GUERRERO, sino que además afectó el de ABELLO MORENO,  toda  vez  que  terminó  identificándose el actuar de los tres como un acuerdo  para inducir y mantener en error al denunciante”   

Agrega que sólo hasta la última sesión de  audiencia   pública   se   designó  un  nuevo  defensor  para  los  procesados  ROBERTO   ENRIQUE   GUERRERO   GUTIÉRREZ  y  ROBERTO  GUERRERO  MEDINA,   quien   intervino  a  su  nombre,  por  lo  que,  en  este  caso  “ha  debido  suspenderse la audiencia hasta tanto no  apareciera  defensor de oficio, y sólo ahí sí darle continuación.  Pero  de  esto,  nada  se  hizo,  y  se  dejó que la audiencia se desarrollara sin la  presencia,  ni  de  los  GUERRERO  ni  de  su  defensor, solo designándose uno,  para     una   defensa   meramente   formal,   al   final   de   la   vista  pública”.   

En  consecuencia,  estima  el actor, resulta  imperativo  el  decreto  de  nulidad  “por  falta de  defensa  de  dos  de  los  procesados, toda vez que la defensa solo fue formal y  final,  con lo que se permitió que el juez se formara su convicción de que sí  existía   una   estafa,  y  de  que  ABELLO  MORENO  se  había  valido  de  la  participación  de  los  señores  GUERRERO  para inducir y mantener en error al  denunciante”.   

De  esa  manera,  solicita  casar  el  fallo  “y  ordenar  la  devolución  del  proceso  al  juez  competente,  para  que  repita  el juicio con el cumplimiento de los derechos de  todos   los   sindicados”.   

Para la Sala es evidente que el defensor del  procesado   JUAN   MANUEL  ABELLO  MORENO  carece  de  interés para formular esta censura, cuando quiera que  las  situaciones  a  partir  de  las  cuales  pregona invalidez de la actuación  procesal  por  eventual violación del derecho de defensa, aún admitiéndose en  gracia   de   discusión,   incidirían  exclusivamente  en  relación  con  los  procesados      ROBERTO      ENRIQUE      GUERRERO  GUTIÉRREZ y ROBERTO GUERRERO  MEDINA.   

En  efecto,  la circunstancia consistente en  que  el  defensor  de  oficio  designado  a  los  procesados en mención no haya  desarrollado  gestión  alguna  en  su  favor  y  la de que no obstante  lo  anterior  sólo  se  le  nombró uno nuevo hasta la última sesión de audiencia  pública,  es claro que no tiene la entidad de afectar la actuación cumplida en  relación  con otros implicados, pues es evidente que se trata de una situación  individual.   

En ese orden de ideas, la Sala no comparte el  criterio  expuesto  por  el  censor al señalar que esa circunstancia verificada  supuestamente   en   relación   con   los  procesados    GUERRERO     GUTIÉRREZ    y  GUERRERO  MEDINA  afectó a su prohijado  ABELLO    MORENO    “toda    vez    que   terminó  identificándose  el  actuar de los tres como un acuerdo para inducir y mantener  en  error  al  denunciante”,  pues  con  esa postura  subyace  la  tesis  errónea  de  que frente a los casos de coautoría, forma de  responsabilidad  por  la  cual  se condenó a los tres procesados, la situación  procesal  y  jurídica  de  cada  uno de los copartícipes está inexorablemente  ligada  en  todos  los ámbitos, de suerte que las particularidades probatorias,  procesales  y  sustanciales de uno cualquiera de ellos se hacen extensivas a los  demás.   

Tal  forma  de  concebir  ese  fenómeno  es  errónea.   Lo  primero,  porque  si  bien  es  cierto  algunas situaciones  procesales  pueden ser comunes, ello no ocurre en todos los eventos, como cuando  lo  que  se  discute  es la violación del derecho de defensa técnica, dado que  ello  siempre amerita un estudio individual, aun cuando los procesados tengan un  mismo  defensor,  porque es normal que el profesional actúe de forma diversa en  cuanto  a cada uno de sus representados y, lo segundo, porque la responsabilidad  penal  es  de  carácter  individual, lo que implica que, a diferencia de lo que  sostiene  el libelita, no es necesario para inferir la responsabilidad de uno de  los  integrantes  de  la  empresa criminal que se demuestre el compromiso de los  demás.    

Así las cosas, fácil se aprecia que quien a  través  de  este  reparo invoca nulidad, no ostenta ninguna calidad respecto de  los  supuestos afectados y por ello carece de interés para su reclamo, en tanto  constituye  presupuesto  del  derecho  a la impugnación la búsqueda, a través  del  ejercicio de los recursos, de la reparación de un desmedro causado con una  decisión  judicial,  por  manera  que  lo que se persigue es remover, mejorar o  atemperar  una  situación que resulta gravosa, criterio desde luego extensivo y  aplicable  a  la casación, situación que no se concreta con este planteamiento  contenido    en    esta    censura    respecto    del   sindicado   ABELLO MORENO.   

Como el requisito del interés para recurrir  es  un  presupuesto  para  acceder  al  medio extraordinario de impugnación, de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000, la  decisión  que  razonablemente  corresponde  adoptar,  de  acuerdo  con la misma  preceptiva, es la de inadmitir el cargo.   

1.2. Segundo cargo.  Causal tercera del  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, nulidad por falta de motivación parcial  de la sentencia:   

Empieza  por señalar el casacionista que en  la  sentencia  de  primera  instancia  se  motivó  la negativa de conceder a su  defendido  la  condena  de  ejecución condicional en que el delito de estafa se  cometió  aprovechando  el  grado  de  confianza  del perjudicado, porque a este  último   se   lo  sustrajo  del  único  bien  de  su  propiedad  -“lo  cual,  ni  se  probó, y todo lo contrario se dice que tenía  otro  establecimiento  del  mismo estilo al del Hotel Galaxia, pero en la ciudad  de   Bogotá”,   en  tanto  se  atentó  contra  el  patrimonio  de  la  víctima lo cual, igual que la anterior razón, “nada  tiene  que  ver con la necesidad de tratamiento    penitenciario”  y,  finalmente,  porque la comisión  del  delito de estafa permite concluir que los procesados son peligrosos para la  sociedad,  “de  donde habría que concluir que quien  comete  estafa,  nunca  sería  favorecido  con  la ejecución condicional de la  pena”.   

Agrega  que,  desde  esa  perspectiva,  el  funcionario  de  primera  instancia no analizó por fuera de los elementos de la  estafa  la  razón  por  la  cual  su  defendido no podía ser favorecido con el  subrogado.   

Por  la  misma  vía,  añade,  el  Tribunal  “omite  cualquier   consideración  distinta  a  plantear  los  elementos  del  tipo  de  estafa  para  luego  decir que como los  condenados    son    estafadores,    deben    ser    sometidos   a   tratamiento  intramural”.    

En  consecuencia, para negar el beneficio se  basó  en  que  la  cuantía del ilícito es alta, no obstante encuentra que por  ese  motivo  la  pena se aumentó; así mismo, en la modalidad de su comisión y  el  grado  de  su  intencionalidad, sin reparar que el dolo se exige para que se  presente  el  delito  de  estafa  y,  en  consideración  a  la  reiteración de  mentiras,  haciendo  caso  omiso  de  que  el elemento de inducción en error es  propio  de  este  delito  y,  sin tener en cuenta que los contratos involucraban  bienes  que  no  estaban a disposición de su defendido.  De modo que, para  este  sentenciador  “como quiera que son estafadores,  y  que  la  estafa  fue  en  una cuantía considerable, no merecen la ejecución  condicional  de  la  pena.  O mejor dicho, como cometieron estafa agravada,  se   les   condena   y   por   esa   misma   razón   no   tienen   derecho   al  subrogado”.   

Estima   que   con  tal  razonamiento  los  juzgadores  “dejan de motivar la sentencia en cuanto  la   negativa   de   la   ejecución   condicional   de  la  pena”,  motivo  por  el cual solicita el decreto de nulidad parcial de la  sentencia   “y  que  sea  devuelta  al  juzgado  de  instancia  a  efectos de que se sustente efectivamente la decisión en relación  con  la  concesión  del  subrogado  mencionado,  de  manera que no se afecte el  derecho   a   la   impugnación  de  la  decisión”.   

En  relación con el planteamiento contenido  en  este  reparo, importa precisar que cuando la Sala ha abordado el tema de los  defectos   en  la  motivación  de  las  decisiones  judiciales,  yerro  que  el  casacionista  atribuye al fallo con fundamento en la causal tercera de casación  prevista  en  el  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, ha enfatizado que tal  situación  se  verifica  frente  a una cualquiera de las siguientes hipótesis:   

a)  Porque carece totalmente de motivación,  al  omitirse  las  razones  de  orden  fáctico  y  jurídico  que  sustenten la  decisión.   

b)  Porque la fundamentación es incompleta,  esto  es,  el  análisis  que  contiene  es deficiente, hasta el punto de que no  permite su determinación.   

c)  Porque la argumentación que contiene es  dilógica   o   ambivalente;   es   decir,   se   sustenta   en  argumentaciones  contradictorias  o  excluyentes, las cuales impiden conocer su verdadero sentido  y,   

d)  Porque  la  motivación  es  aparente  y  sofística,  de  modo   que  socava  la estructura fáctica y jurídica del  fallo1.   

No  obstante  lo  anterior, con facilidad se  advierte  que la propuesta contenida en el reparo que concita la atención de la  Sala  no  está encaminada a demostrar ninguno de los anteriores supuestos, sino  que  revela  el  propósito de que la motivación se ajuste al criterio personal  del  casacionista,  obviamente  favorable  al interés que representa dentro del  proceso,  a  través  del  cuestionamiento  de las razones en que se basaron los  juzgadores  para  negar  la suspensión condicional de la ejecución de la pena,  lo  que  en  modo  alguno  se  allana  a la causal de nulidad que alega, ni a la  naturaleza  del  medio extraordinario de impugnación, en donde el discurso debe  estar  necesariamente  orientado  a  demostrar  la  existencia  de  errores  que  determinen la ilegalidad del fallo.   

Los  términos  de  la  censura,  en  vez de  demostrar  que la sentencia evidencia defectos en su motivación, de acuerdo con  las  alternativas  indicadas,  cuestionan de forma individual los fundamentos en  que  se  basó  la decisión, con lo cual se aprecia que la discusión propuesta  no  se  centra  realmente  en  ese  aspecto sino en un simple distanciamiento de  criterio.   

Esta forma de presentar la censura desconoce  las  bases    lógicas y argumentativas que se exigen para admitir una  demanda  de casación, a tenor de lo previsto en el inciso tercero del artículo  212  de  la Ley 600 de 2000, en cuanto exige que la demanda de casación deberá  contener la indicación clara y precisa de sus fundamentos.   

Al  margen  de  lo  anterior,  para  la Sala  oportuno  se  ofrece puntualizar que en todo caso las razones que sustentaron la  decisión  en  punto  de  la  negativa  a  conceder  la  condena  de  ejecución  condicional,  a  diferencia de lo que plantea el libelista, no están soportadas  sobre  los  mismos elementos constitutivos de la conducta de estafa, con lo cual  se  cerraría  la  oportunidad de otorgarla siempre que se trate de este delito,  cuando  es  evidente  que motivos como el aprovechamiento del grado de confianza  que  el  denunciante  depositó en los procesados o la sustracción de su único  bien  patrimonial,  que  arguyó  el  a-quo,  o  su  considerable cuantía y el grado de intencionalidad, a que  refiere  el  Tribunal,  no  hacen  parte  del  tipo  penal,  ni  tampoco  de las  circunstancias  que  lo  agravan, sino que refieren a la modalidad y gravedad de  la   conducta,   incidentes   para   determinar   la  necesidad  de  tratamiento  penitenciario  a  la luz de lo establecido en el inciso segundo del artículo 63  de   la   Ley   599   de   2000,   que   establece   los   requisitos   para  su  concesión.   

          Por  todo  lo  anterior,  evidente  deviene  que  la  decisión  que  corresponde  adoptar  en  relación  con  esta  censura es la de su inadmisión.   

                

1.3.   Tercer   cargo  de  la  demanda  de  JUAN  MANUEL ABELLO MORENO y  segundo  de  los  libelos  de ROBERTO ENRIQUE GUERRERO  GUTIÉRREZ   y   ROBERTO  GUERRERO  MEDINA.  Causal primera del artículo 207 de  la Ley 600 de 200, violación indirecta de la ley sustancial:   

Señala   el   defensor   del   procesado  JUAN MANUEL ABELLO MORENO que  en  la  sentencia  impugnada  se incurrió en error de hecho por falso juicio de  existencia   por   exclusión  y  en  falso  juicio  de  identidad  “lo  que conllevó la aplicación indebida de los artículos 356 y  371  numeral  1° del Decreto Ley 100 de 1980 y a su vez la falta de aplicación  de  los  artículos   7°   y 232 de la Ley 600 de 2000”.   

En  cuanto  al  primer yerro de apreciación  probatoria,  sostiene  que  el  juzgador  dejó  de  considerar el testimonio de  Manuel    Ignacio    Archila    Dorantes,  quien  fue  la  persona  que  presentó  al  denunciante  con  su  defendido  a fin de que llevaran a cabo el negocio, siendo claro en advertir que  este  último  tenía  los terrenos y que la permuta era equitativa para las dos  partes  por  la  dificultad  de  venta  de  los  predios y que quien cambió las  condiciones  del  contrato  fue  el denunciante.  Además, pone de presente  que   ABELLO  MORENO  es  un  reconocido  y  honorable  comerciante  de  finca  raíz,  con  el  que ya había  realizado múltiples transacciones.   

Igualmente, añade, se dejó de apreciar el  testimonio     de    Álvaro    Gumersindo    Robayo  Ferro, según el cual el contrato se realizó en forma  legal,  ya  que  fue  quien  prestó  el  cheque  a  su defendido para pagar los  derechos  y  gastos, manifestando que no es cierto que haya inducido en error al  denunciante, ni que utilizó engaños.   

También se omitió valorar el testimonio de  Augusto      Arboleda    González  quien,  en  similares  términos a los anteriores, adujo que nunca  hubo   inducción   en   error  a  Soriano.   

A  continuación,  colige  el libelista que  “de  haberse  tenido en cuenta estos testimonios que  no  fueron  valorados  ni  analizados,  ni tenidos en cuenta por el fallador, la  conclusión  hubiese  sido  distinta,  esto  es,  que  estábamos  frente  a una  conducta   atípica,  propia  de  una  transacción  comercial,  cuyo  desenlace  correspondía   discutirse   ante   los   jueces  correspondientes  (sic)     del    área    de    derecho  privado”.   

Respecto  del  segundo  error  propuesto,  originado  en  un falso juicio de identidad, aduce que el funcionario partió de  presumir  que  los documentos indican que su defendido incurrió en el delito de  estafa  “cuando lo que informan los mismos documentos  es  que  estamos  frente  a un contrato civil, incumplido por diferentes razones  que     no     alcanzan     el     escenario    de    lo    penal”.   

Con  la  óptica  del juzgador, prosigue el  libelista,   en   el   sentido  de  considerar  que  todos  los  incumplimientos  contractuales  configuran  el  delito  de  estafa  se  desborda  el sentido y la  aplicación  del  Derecho  Penal,  así  como los fines y principios de la pena,  habida  cuenta  que  “ningún documento por sí solo  indica  que  JUAN  MANUEL  ABELLO MORENO haya estafado… a su contraparte en la  permuta, señor Soriano Velásquez”.   

Destaca  que  en  presencia  de los errores  anteriores  no era posible edificar responsabilidad penal por dicho delito, pues  la  conducta  se hubiera presentado con la tradición del Hotel Galaxia, pero no  antes  ni  después de dicho acto, en tanto su defendido ha intentado cumplir al  denunciante,  como  se  demuestra con los testimonios dejados de valorar, porque  “de  estar  frente a la estafa ABELLO MORENO hubiera  desaparecido  con el bien en Barranquilla y ya, sin que su intención anterior y  posterior  a  la  tradición  del  bien,  de  intentar cumplir al señor Soriano  Velásquez   sea   parte   de   la   conducta   de  un  estafador”.   

Con  fundamento  en  lo  expuesto, solicita  casar  el fallo impugnado y, en su lugar, dictar fallo absolutorio de reemplazo,  a través del cual se reconozca que la conducta es atípica.   

Por  su  parte, el defensor conjunto de los  procesados      ROBERTO      ENRIQUE      GUERRERO  GUTIÉRREZ y ROBERTO GUERRERO  MEDINA,  con sustento en la misma causal de casación,  afirma  que el fallo impugnado incurre en errores de hecho por falsos juicios de  existencia  y  de  identidad  que  condujeron  “a la  violación  mediata  de  los  artículos  356  del  Código  Penal del 80 (norma  vigente  para  la fecha de los hechos) y, 232, apartado segundo, del Código del  Procedimiento      Penal,      por      indebida      aplicación”.   

En ese sentido, sostiene el casacionista que  si  los  sentenciadores hubieran analizado la totalidad de la prueba    documental   que   en  forma  legal  y  oportuna  se  allegó  al  proceso   “habría   concluido,   como   lo  hizo  el  fiscal  instructor  al  resolver  situación  jurídica  a  mi  defendido”  que  ninguno de sus defendidos incurrió en la conducta que se les  atribuye.   

De  esa  manera,  agrega,  los  falladores  omitieron  tener  en  cuenta  el  contrato de promesa de permuta firmado el 3 de  marzo  de  1998  por  ABELLO y  GUERRERO  MEDINA en relación  con  el  mismo  lote  prometido  por  el  primero  al  denunciante  Soriano;  la  carta  del 13 de febrero del  mismo  año  dirigida  por GUERRERO MEDINA a   ABELLO   y  Soriano “mediante la cual acepta el negocio en canje  propuesto  por  ellos para el suministro de unos materiales de construcción que  debía  entregar por razón de la promesa” y la carta  del  1°  de  septiembre  de 1998, por medio de la cual  ROBERTO  ENRIQUE  GUERRERO  GUTIÉRREZ le manifiesta a  ABELLO   y   Soriano  que  prescinde del lote prometido  en  permuta  ante  la  imposibilidad de cumplir con el suministro de material de  construcción debido a problemas con el negocio de la ladrillera.   

Haber  omitido  la  apreciación  de  los  anteriores  medios  de  prueba,  agrega  el  demandante,  condujo al fallador de  segunda  instancia  a  refrendar  la  sentencia  condenatoria de primer grado, a  pesar  de  que aquél reconoció que sus defendidos no tuvieron injerencia en la  negociación  primaria,  esto es, en el contrato de promesa de permuta celebrado  entre  ABELLO  y Soriano.   

Ante el fracaso de la negociación entre los  últimos  aludidos,  continúa el libelista, sus defendidos no estaban obligados  a      suministrar      el      lote      de     ladrillo     a     Soriano,    puesto    que   “en   parte   alguna  se  estipuló  que  ellos  adquirían  o  se  subrogaban  en  la  obligación  de ABELLO de pagar el 50 % del precio convenido  por  el  Hotel Galaxia”, máxime cuando éste mantuvo  la  posesión del inmueble hasta el 21 de mayo de 1998 o, lo que es lo mismo, un  mes después de la firma del contrato.   

Desde  su  punto  de  vista,  entonces,  el  Tribunal  omitió  considerar  la importante prueba documental atrás reseñada,  mediante  la  cual  se  demuestra  que  no  hubo  de  parte  de  sus  defendidos  “ninguna   maniobra   engañosa  o  ningún  ardid,  encaminado  a  defraudar el patrimonio económico de SORIANO, como erróneamente  lo  sostuvo  el  Tribunal  en la sentencia”, en tanto  corrobora  que  los  GUERRERO “se limitaron a aceptar  la   negociación   en   canje  propuesta  por  ABELLO  y  Soriano…y  ante  la  imposibilidad  de  dar  cumplimiento a los contratos de suministro derivados del  contrato  de  promesa  de  permuta  suscrito  con  ABELLO  MORENO,  optaron  por  prescindir  de  disponer  a cualquier título del lote de terreno que les había  sido  prometido  en  permuta y solicitar rescindir mutuamente sus obligaciones y  declararse     a     paz    y    salvo    por    todo    concepto”.   

Además,  porque  el  sólo hecho de que el  contrato  de  suministro  no se hubiera cumplido no constituye prueba suficiente  sobre  la  existencia  de  maniobras  engañosas o de fraude contra Soriano,  ya  que  este  último  no sólo  sabía  de  la  negociación  entre ABELLO y   GUERRERO  a  instancias         de        Soriano,  sino  que ese  conocimiento  lo  llevó  a  firmar  de manera libre y consciente el contrato de  suministro  de ladrillo, de modo que no podía pretender el primero en mención,  ante  el  incumplimiento  de  la  primera  negociación,  que  los  GUERRERO le suministraran gratuitamente la  suma  de  trescientos millones de pesos ($ 300.000.000) en bloque o ladrillo sin  recibir a cambio contraprestación alguna.     

Según  el demandante, el juzgador también  incurrió  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  “por   tergiversación   de  la  denuncia  formulada  por  GERMÁN  SATURNINO  SORIANO  VELÁSQUEZ y sus ampliaciones, y con particular énfasis, la  rendida  en  sesión  de audiencia pública el 7 de julio de 2005”.   

Consistió  el yerro, prosigue el actor, en  que  se  le  confirió a las referidas probanzas un alcance que no tenían, dado  que   no  es  cierto  que  los  GUERRERO  se  hubiera  anunciado  como  propietarios  de  la  ladrillera “El  Faro”  sin  serlo,  o  que  en  el  contrato  de  suministro  hubieran faltado  maliciosamente  a  la verdad sobre ese mismo aspecto, cuando la verdadera razón  del  negocio  era  lograr  que denunciante hiciera la transferencia de dominio a  nombre     de     la     tercera     persona     indicada    por    ABELLO,  desaciertos  que condujeron a los  falladores  a  concluir  erróneamente  que  sus defendidos efectuaron maniobras  engañosas  con  el objeto de defraudar el patrimonio económico de Soriano   a  favor  de   ABELLO.   

Así, se desconoció que el denunciante fue  enfático  en  indicar  durante la versión que rindió en la audiencia pública  “que  fueron  las presiones y amenazas de muerte que  le  profirió  el  sujeto  RUBEN  DARÍO  JIMÉNEZ, los factores externos que lo  llevaron  a  firmar  la  escritura  del  Hotel  Galaxia,  pues  en  la sentencia  censurada,  le  dio  un sentido muy distinto a las afirmaciones del denunciante,  al  señalar  que  la  razón  de  ser  para que éste firmara el instrumento de  transferencia  de  dominio  de  del  inmueble, fueron las mentiras y engaños de  ABELLO  y  los  GUERRERO,  y sobre todo el contrato de suministro que suscribió  ROBERTO ENRIQUE con el denunciante”.   

De la denuncia y sus ampliaciones, acota el  libelista,  “no  emerge la demostración en grado de  certeza  del  primero  de  los  elementos  exigidos para la configuración de la  estafa,  pues  no fue un error precedido de maniobras engañosas” lo  que   determinó  el detrimento patrimonial de Soriano  “sino  la  presión  y  amenaza de muerte que recibió de  Rubén    Darío   Jiménez,   como   expresamente   lo   señaló   el   propio  intimidado”.   

Acto  seguido,  agrega  que  el  Tribunal  también  tergiversó  el  texto del contrato de suministro aludido “y  le  dio  un  alcance  probatorio  que no tenía”,  al  señalar  que sus defendidos se presentaron como propietarios  de   la   Ladrillera   “El   Faro”,   con   el   objeto   de   engañar   al  denunciante.   

Corolario de lo expuesto, solicita casar el  fallo  impugnado y, en su lugar, proferir el fallo absolutorio que corresponde a  favor de sus defendidos.   

A  juicio  de  la  Sala,  la  decisión que  razonablemente  corresponde  adoptar  en  relación  con  los  cargos  objeto de  consideración,  a  través  de  los  cuales  los  defensores  de los procesados  JUAN  MANUEL  ABELLO  MORENO,  ROBERTO   ENRIQUE   GUERRERO   GUTIÉRREZ  y  ROBERTO  GUERRERO  MEDINA  -estos  dos últimos, como ya se dijo, idénticos en su contenido-  proponen  violación indirecta de la ley sustancial a consecuencia de errores de  hecho   por   falso   juicio   de   existencia   e   identidad,   es  la  de  su  inadmisión.   

En  esa dirección, bien está comenzar por  señalar  el  criterio  de  la  Sala  en  punto  de  la  naturaleza  y  forma de  proposición   de   estos  yerros  para  tenerlos  por  adecuada  y  formalmente  presentados.   

De conformidad con la pacífica y reiterada  jurisprudencia  de  la  Sala,  se  incurre  en  violación  indirecta  de la ley  sustancial  por  error  de  hecho  ante  la  comprobación  fehaciente de que el  sentenciador   incurrió   en   los   llamados  falsos  juicios  de  existencia,  raciocinio,  o  de  identidad,  pero  como  los actores contraen su propuesta al  primero  y  al  último  de  los  yerros  aludidos, sobre ellos se precisará lo  pertinente.   

En cuanto al primero se ha dicho por la Sala  que  éste  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio  de  prueba  es  excluido de la  valoración  que efectúa el juzgador no obstante haber sido allegado al proceso  en  forma legal, regular y oportuna (ignorancia u omisión) o porque el juzgador  lo  inventa  o  crea  a  pesar  de  no  existir  materialmente  en  el  proceso,  otorgándole   un   efecto   trascendente   en   la   sentencia  (suposición  o  ideación).   

En este caso el recurrente está obligado a  identificar  el medio de prueba que en su criterio se omitió o se supuso;   luego  de  ello,  debe  establecer su incidencia en cuanto a la decisión que se  controvierte  y  en  favor del interés que se representa, señalando las normas  sustanciales  que  a  su  juicio  fueron  aplicadas  indebidamente  o dejadas de  aplicar,  lo  que además le impone demostrar que la declaración de justicia no  se     mantiene     con     fundamento    en    los    restantes    medios    de  persuasión.         

Por  su  parte, el error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  segunda  modalidad  que  invocan  los  casacionistas, se  verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de  la  prueba  para hacerla decir lo que ella no expresa materialmente. También se  ha  dicho,  como bien lo señala el actor, que en tal modalidad de desacierto en  la  apreciación  de  las  pruebas igualmente se incurre cuando el juzgador toma  una  parte  de la prueba como si fuera el todo, en tanto que ello constituye una  forma  de  distorsión,  pues  en  el  proceso de valoración de la prueba se le  suprimen  contenidos  trascendentes,  omitiendo  de  esa  manera su apreciación  integral.   

En este evento, resulta necesario para quien  lo  alega  individualizar  o concretar la prueba sobre la cual recae el supuesto  yerro.   Luego  de estar plenamente determinado el medio de persuasión que  acusa  el  defecto  que  se  atribuye,  el  demandante  debe  mostrar  cómo fue  apreciado  por  el  fallador  y  de  qué  forma  esa  valoración  tergiversa o  distorsiona   su   contenido   material.    En   otras   palabras,  resulta  indispensable  que  se  enseñe mediante un cotejo objetivo entre lo que valoró  el  sentenciador  y  lo  que  en  verdad contiene la prueba que efectivamente se  otorgó  una  supresión o agregación de su contexto real para de allí inferir  que en realidad se alteró su sentido.   

Sin  embargo,  lo anterior no es suficiente  para  dar  por demostrado el error, pues siempre será preciso que se establezca  la  trascendencia  del  yerro frente a lo declarado en el fallo o, dicho de otro  modo,  que  por virtud de la deformación de la prueba la sentencia debe mutarse  en  favor  del  interés que se representa y, además, que el fallo impugnado no  se  puede  mantener  vigente  con  fundamento  en  las  restantes pruebas que lo  sustentan.   Dicha  demostración apareja igualmente la obligación para el  censor  de  evidenciar  que  el  defecto  de  apreciación probatoria, incidente  frente  a  los contenidos declarados en el fallo, vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

A  partir  de  estas  puntuales premisas se  llega  a  la  conclusión  anunciada  en  el  sentido  de que las propuestas que  concitan  la  atención  de  la  Sala  no  cumplen  las  bases jurídicas,   lógicas  y  argumentativas  que  se  exigen  legalmente  para  su admisión, de  conformidad  con  lo  establecido  en el numeral tercero del artículo 212 de la  Ley 600 de 2000.   

De  esa forma, comiéncese por señalar que  en  realidad  ninguna  de las propuestas evidencia la producción de un yerro en  la  apreciación  probatoria  o  de  cualquier  otro viable en sede de casación  penal  de  acuerdo  con  las  taxativas  causales previstas para tal fin, cuando  quiera  que  el  propósito que subyace en las pretensiones no es otro al de que  las  pruebas  sean  valoradas  de acuerdo con el criterio íntimo y subjetivo de  los   libelistas,   de   allí   la   razón   para   que   se   hubiera  optado  metodológicamente por abordarlos de manera simultánea.   

Sobre  tal  forma  de cuestionar la prueba,  tiene  dicho  la      Sala  que  se aparta de la esencia del  recurso   extraordinario,   por    corresponder  más  con  un  alegato  de  instancia,  además  de  desconocer  que el fallo llega a esta sede amparado por  las  presunciones  de  acierto  y  legalidad,  de modo que los argumentos que lo  fundan  prevalecen  sobre  el  criterio  personal  que  se expone sin fundamento  distinto al de su personal criterio.    

Así las cosas, el único medio viable para  lograr  el  decaimiento  del  fallo  por  la  causal primera, cuerpo segundo, es  demostrar  que  efectivamente  se  incurrió  en  un  error  en  la  valoración  probatoria  y  ciertamente  ello  nada  tiene  que  ver con la exposición de un  criterio  personal  acerca  de la forma como se considera debieron ser estimados  determinados elementos de juicio.      

Desde  esa  perspectiva, encuentra la Sala  que  si  bien  respecto del falso juicio de existencia planteado por el defensor  de    JUAN   MANUEL   ABELLO   MORENO   se  verifica  que  los  juzgadores  de  instancia  no apreciaron los  testimonios   de   Manuel  Ignacio  Archila,  Álvaro  Gumersindo    Robayo    y    el    de   Augusto   Arboleda   González,   a  cuyo  cuestionamiento  se  circunscribe  ese  reparo,  también lo es que el censor no  abordó  el  mérito  que  se  otorgó  a  los restantes elementos de juicio que  edificaron  la  decisión,  actitud  con  la  cual  la  discusión  propuesta se  concreta  a  dirimir  el  valor enfrentado de dos criterios opuestos, totalmente  improcedente,  como  ya se señaló, en terrenos de este recurso extraordinario,  amén  de  las deficiencias que en punto de la trascendencia del reclamo apareja  tal situación.   

Algo  similar se infiere en cuanto al falso  juicio  de  existencia  formulado por el defensor de los procesados ROBERTO   ENRIQUE   GUERRERO   GUTIÉRREZ  y  ROBERTO  GUERRERO  MEDINA  sobre  la  base  de  que  se ignoró el contrato de promesa de permuta celebrado  entre  el  primero  y  ABELLO  MORENO el 3 de marzo de 1998;  la  cartas  del  13  de  febrero  del  mismo  año,  dirigida  por  GUERRERO     MEDINA    a    ABELLO         y        Soriano,  a  través de la cual manifiesta  aceptar  el  negocio  en  canje  propuesto  por ellos para el suministro de unos  materiales   de   construcción   que   debían   entregar   por  razón  de  la  promesa  y la misiva del 1°  de  septiembre  de  1998,  por medio de la cual ROBERTO  ENRIQUE  GUERRERO  GUTIÉRREZ  expresa  a ABELLO  y Soriano  que  prescinde  del  lote prometido en permuta ante la  imposibilidad  de  cumplir  con  el  suministro de material de construcción por  problemas con el negocio de la ladrillera.   

Lo  expuesto  en  precedencia,  porque  el  interés  de  los  recurrentes no sólo está orientado a controvertir la prueba  desde  su estricta óptica personal sino, lo que resulta más grave, en tanto se  advierte  que el contrato de promesa de permuta al que refiere este profesional,  fue  debidamente  valorado  en  los fallos de instancia (a partir de la pág. 11  sentencia  de  primer  grado  y  41  del  de segundo grado), por lo que evidente  deviene  su  desacierto  al  invocar  dicha  modalidad  de  yerro  frente  a  la  apreciación de este elemento de convicción.   

Otro  tanto  surge  en  relación  con  los  pretendidos  errores  de  hecho  por  falso juicio de identidad que formulan los  casacionistas, según pasa a verse.     

En  efecto,  en  cuanto  al  que postula el  defensor  de  JUAN  MANUEL  ABELLO  MORENO,   cuyo   fundamento   radica  en  que  el  sentenciador  presumió  erróneamente  que  los  documentos  demuestran que su defendido incurrió en el  delito  de  estafa  cuando  lo  que  informan  es el simple incumplimiento de un  contrato  civil,  debido  a  el actor ni siquiera se detiene a individualizar la  prueba  sobre  la  cual  recae  el  vicio, esto es, los documentos supuestamente  tergiversados,  limitándose  así  a  exponer una apreciación general sobre su  mérito,  que  no  compagina  con  la  naturaleza  de  la  modalidad de error de  apreciación probatoria que invoca.   

Lo mismo se colige respecto del mismo yerro  que  esboza  el  defensor  de  los  procesados  ROBERTO  ENRIQUE  GUERRERO GUTIÉRREZ y  ROBERTO   GUERRERO  MEDINA  derivado  de  la  supuesta  tergiversación    de    la    denuncia    formulada   por    Germán  Saturnino  Soriano Velásquez y sus  posteriores  ampliaciones,  sin que indique, como corresponde a la naturaleza de  este  yerro,  según lo atrás señalado, un error derivado de la contemplación  objetiva   de   la   probanza,   sino   de   su   estricta   opinión  sobre  su  credibilidad.   

Con fundamento en lo anterior, se colige que  la  pretensión  de los recurrentes, orientada a reivindicar el mérito suasorio  que  consideran  debió  otorgarse  a los medios de prueba, pasa por alto que en  sede  de casación el valor probatorio otorgado por el fallador a un determinado  medio  de convicción, sólo es posible desvirtuarlo demostrando que incursionó  en  un  error  por falso raciocinio, para lo cual se precisa señalar la máxima  de  la  experiencia,  ley de la ciencia o regla de la lógica desconocida por el  sentenciador,  con  el  claro señalamiento de aquella que en oposición habría  variado  la  conclusión  a la que se arribó y mediante la acreditación de que  sin  ese  yerro la apreciación en conjunto de todos los demás medios de prueba  habría  sido distinta y propiciadora de una sentencia favorable a los intereses  por los cuales propugna el casacionista.   

Sin  embargo,  a  través  de las censuras objeto de análisis no existe  propuesta  alguna en la referida dirección, falencia que de manera alguna puede  entrar  a  superar la Sala, en virtud del principio de limitación que rige este  medio de impugnación extraordinario.   

Las  razones  expuestas  en  precedencia,  conducen a la inadmisión de los reparos.   

2. Demanda presentada por el apoderado de la  parte  civil:   

Bajo  la  égida  de  la  causal  primera  contemplada  en el   artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el apoderado  de  la parte civil formula dos reparos idénticos por violación indirecta de la  ley  sustancial,  con fundamento el primero, propuesto como principal, en que la  sentencia  impugnada  incurrió  en  error  de  hecho,  mientras el segundo, que  esgrime en subsidio del anterior, que es de derecho.   

En ambas censuras, sostiene el actor que se  infringieron  los  artículos  2,  4,  6,  29, 58, 228 y 230 de la Constitución  Política;  42, 44, 50, 52, 55, 58, 61, 66, 103, 104 a 107 y 356 del Decreto Ley  100  de  1980; 21, 46, 56 y 66 de la Ley 600 de 2000; 1 al 5, 8, 9, 11, 12, 14 y  40  de la Ley 53 de 1887, en concordancia con el 37 del estatuto procesal penal,  modificado  por  el  1°  del  Decreto  2282  de  1989 y; 5 y 45 de la Ley 57 de  1887.   

Para fundamentar su pretensión, indica que  los   numerosos   desaciertos   en   los   que  incurrieron  los  sentenciadores  “los  llevaron  a  situar  el  litigio  en  un plano  totalmente  diferente  al  impuesto  por el legislador y, les impidieron ver los  muchos  medios  de convicción o los apreciaron de manera errónea contenidos en  el  proceso  (sic), los cuales  aparecen  demostrados  de  manera diáfana, nítida, de acuerdo con su contenido  objetivamente   válido,   las   verdaderas  bases  de  su  controversia  y  sus  pretensiones”.   

En  consecuencia,  agrega,  ello  también  condujo  “adecuar el fallo al capricho, desconociendo  el  artículo  29  de  la  C.N.,  permitiendo un enriquecimiento indebido de los  condenados,  al  no haberse ordenado la cancelación de la escritura mediante la  cual  Soriano  Velásquez  transfiere el predio a Barranquilla y, por  ende  también   la   cancelación   de   tal   acto   en   el   folio  de  matrícula  inmobiliaria.   Situación  esta  que  debe  ser  corregida  declarando  la  prosperidad  del  cargo,  profiriendo  la  sentencia sustitutiva, remediando tal  situación”.    

Adicionalmente,  aduce  que  teniendo  en  consideración   el   monto   de   la   estafa   “la  circunstancia   de   agravación,  debe  declararse  la  prosperidad  del  cargo  (sic),  para  aumentar  los  años  de  condena,  incluyendo  las penas accesorias que dejaron de aplicar los  funcionarios  en las respectivas constancias y, como consecuencia de ello que no  hay  lugar  a  la  detención  domiciliaria,  sino  al  pago  de  la  pena en un  establecimiento carcelario”     

De  la  misma  forma, pregona que en lo que  tiene  que  ver  con  la indemnización de perjuicios el pago debe efectuarse de  acuerdo  con las tasas previstas por la Superintendencia Bancaria, pues se está  en  presencia  de  un  negocio  comercial,  como  lo señala el artículo 20 del  Código  de  esta  especialidad,  por lo que no debe aplicarse el interés legal  sino  el  comercial,  incluyendo  el  pago  de agencias en derecho, conforme las  pautas  establecidas  por  el  Consejo  Superior  de  la Judicatura.   

Añade  que  “de  permitir  la  actuación  equivocada por los innumerables errores del juez de la  primera   instancia   y   del  Tribunal,  se  patrocina,  acaso  sin  querer  un  enriquecimiento   sin   causa,   institución   importantísima   de   creación  jurisprudencial  y  que  tiene  fundamento en la Ley 153 de 1887, conforme lo ha  establecido  la H. Corte Suprema de Justicia, y también en el artículo 181 del  Código        del       Comercio”.      

Con   base   en   lo   expuesto,  depreca  “casar   la   sentencia   demandada”.   

En  punto de los reproches contenidos en la  demanda  presentada  por  el apoderado de la parte civil, cuya única diferencia  estriba,  como  ya  se  indicó,  en que mientras en el primero se presentan los  mismos  planteamientos como error de hecho y en el segundo se atacan por la vía  del   error   de  derecho,  advierte  la  Sala  que  no  se  desarrolla  ninguna  argumentación  en  concreto,  pues  fácil  se  aprecia  que  en  medio  de una  disertación  confusa  e  ininteligible,  el  actor divaga en derredor de varios  aspectos,       sin       que       se       decida       por       uno       en  particular.                    

Es así como en forma coetánea, y en todos  los  casos  de  manera  superficial,  el  actor  comienza  por  señalar  que se  incurrió  en  evidente  error  en  la  apreciación  probatoria,  sin  siquiera  identificar  los  medios de prueba sobre los cuales recae esa afirmación.   Al  tiempo  sostiene  que  se dejaron de aplicar penas accesorias, sin concretar  cuáles;   así  mismo,  que   no  procede  la  “detención  domiciliaria”,  pero   no   expone  ningún  argumento  al  respecto,  igualmente,  que la condena en perjuicios debe proceder de acuerdo con las tasas  previstas  por  la  Superintendencia  Bancaria incluyendo el pago de agencias en  derecho.   

Como  sin  dificultad alguna se colige, los  anteriores  tópicos  son  conceptualmente  diversos  y,  por  consiguiente, han  debido  plantearse,  como  lo enseña el numeral 4° del artículo 212 de la Ley  00  de 2000, por separado, en procura de la claridad y precisión de la censura,  según   lo   enseña  el  principio  de  autonomía  que  gobierna  este  medio  extraordinario  de impugnación, como única forma de garantizar su comprensión  y de evitar entremezclas argumentativas.   

A   esta  imprecisión,  suficiente  para  inadmitir  los  reparos,  se  suma el hecho de que en todo caso, vistos en forma  individual  cada  uno  de  los  diversos  aspectos involucrados en las censuras,  tampoco  se  acompaña  argumentación  lógica  que  los  sustente,  menos aún  relacionada  con el motivo de casación seleccionado por violación indirecta de  la  ley  sustancial,  lo  que  permite  concluir  que  el  actor  se  sustrajo a  desarrollar   el   error   invocado   a   través  de  los  cargos  sometidos  a  estudio.   

Como el reproche se reduce a una amalgama de  afirmaciones  ininteligibles, de la cuales no se puede inferir con la claridad y  precisión  que  exige el numeral 3° del artículo 212 de la Ley 600 de 2000 el  motivo  que  se  alude en procura de la casación del fallo impugnado, se impone  su inadmisión   

   

3.  Demandas presentadas por el defensor de  los    procesados    ROBERTO    ENRIQUE    GUERRERO  GUTIÉRREZ   y   ROBERTO  GUERRERO MEDINA.   

Según  se  precisó con antelación, estas  dos  demandas  tienen  un  contenido  idéntico,  por  esa razón su compendio y  posterior  análisis  se efectuará en forma paralela.  Sea del caso anotar  que  en  este  acápite  no  se  hará referencia al segundo reparo contenido en  dichos  libelos,  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial originada en  errores  de  hecho  derivados de falsos juicios de existencia y de identidad, en  consideración a que ya fueron objeto de estudio previamente.   

Así  las cosas, la Sala se ocupará de los  restantes  reproches  contenidos  en  las  demandas aludidas, esto es, el primer  cargo  formulado  con  sustento en la causal tercera del artículo 207 de la Ley  600  de 2000 y al tercero, con base en el motivo primero de la misma preceptiva,  por violación directa de la ley sustancial.   

3.1. Primer cargo.  Causal tercera del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, nulidad por violación al derecho de  defensa:   

Indica el libelista que la sentencia objeto  de  censura  fue  dictada  dentro de un proceso viciado de nulidad a raíz de la  “total     inactividad     de     la     defensa  técnica”,  situación   predicable no sólo de  quienes  fungieron  como  defensores de confianza de sus prohijados, sino de los  profesionales  que de oficio asumieron la gestión con posterioridad, lo cual se  tradujo  en  que  los  procesados  quedaron  totalmente  huérfanos de defensa y  abandonados a su suerte durante todo el decurso procesal.   

Dicha  omisión  se  produjo, puntualiza el  censor,  debido  a que el primer togado designado por los sindicados no asistió  a  la  ampliación  de  denuncia  del  señor  Germán  Soriano     “para     contrainterrogar     y     aclarar    cuál    fue    la  participación”  de  aquellos  en  la  negociación,  cuáles  las  maniobras engañosas que desplegaron y el provecho patrimonial que  obtuvieron.   Igualmente,  precisa que luego de que este abogado solicitara  la  preclusión  de  investigación  a favor de ROBERTO  ENRIQUE  GUERRERO GUTIÉRREZ y  ROBERTO   GUERRERO   MEDINA   “no   volvió   a   aparecer  al  proceso  ni  a  actuar”.   

En  cuanto  a  la  gestión  del  siguiente  profesional  designado  por los procesados, indica que se limitó a solicitar la  sustitución  de   caución  prendaria  por  juratoria,  pero  que  tampoco  solicitó   la   práctica   de   pruebas,   no   obstante  la  amplia  gama  de  alternativas   que  existían  para  demostrar  su  inocencia y que reseña  ampliamente.   

De esa forma, añade, sobrevino el cierre de  investigación,  sin  que  el  abogado presentara alegaciones de conclusión y a  pesar  de  que la Fiscalía decretó la nulidad de esta decisión disponiendo la  práctica de pruebas testimoniales, a ninguna de ellas asistió.   

Posteriormente, prosigue, se decretó nuevo  cierre  de la investigación, del cual no se notificó, ni presentó alegatos de  conclusión.    Tampoco  se  notificó  de  la  resolución  de  acusación  proferida  en  contra  de  sus  prohijados,  lo  que  motivó el nombramiento de  defensor  de  oficio  quien, a juicio del actor, asumió la misma actitud de sus  antecesores.   

Así,  indica,  durante  el  término  de  traslado  previsto  en  el  artículo  400  del  estatuto  procesal penal, dicho  defensor  no solicitó pruebas ni nulidades e incluso no asistió a la audiencia  preparatoria  y,  además,  no  obstante  citársele en múltiples oportunidades  para que asistiera a la audiencia pública tampoco compareció.   

La  anterior circunstancia condujo a que se  designara   nuevo  defensor  de  oficio  a  los  incriminados,  profesional  que  “atendió  el  encargo que se le hizo, asistió a la  vista  pública  y presentó un modesto alegato defensivo, excusable por cierto,  si  se  tiene  en  cuenta  que  apenas contó con cuatro días, para preparar la  defensa”.   

En  ese  orden  de  ideas,  concluye que la  “censurable,   inactividad,   abulia   y   actitud  totalmente  pasiva  de  los  profesionales  que  tuvieron a cargo la defensa …  está  lejos  de  considerar  lo que la suprema Corte ha denominado –estrategia   defensiva-”,  constituyéndose  así una “ostensible  y  grosera” violación del derecho de defensa, por lo  que  es  necesario  reponer  la actuación “a partir,  inclusive,  de  la  resolución  de  cierre  de la investigación”.   

De  conformidad  con  lo expuesto, solicita  casar  el  fallo  impugnado  para  que  se  decrete  la nulidad de la actuación  procesal, en los términos indicados.   

Si  bien es cierto la Corte ha señalado de  manera  reiterada  que  la  propuesta  de  nulidad  con  fundamento en la causal  tercera  de casación contemplada en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000 goza  de  cierta  flexibilidad  en su formulación, no por ello se puede prescindir de  algunos requisitos para que se entienda debidamente satisfecha.   

          En  ese  orden  de ideas, es preciso que el casacionista identifique  claramente  el  motivo  sobre  el  cual  gira  la irregularidad que advierte, la  causal  de  nulidad que procede como consecuencia de ese defecto, las normas que  apoyan  su  pretensión,  la  trascendencia  que  genera  bien en el marco de la  estructura  del  proceso  o  en  el  de las garantías fundamentales de quien la  invoca   y  el  momento  procesal  a  partir  del  cual  se  debe  invalidar  la  actuación.           

          Por  lo  mismo,  se  ha  establecido  que  dicha  pretensión  está  necesariamente  vinculada  con  los  principios  que orientan su declaratoria, a  saber,  taxatividad, instrumentalidad de las formas, trascendencia, protección,  convalidación y residualidad,      

previstos  en  el  artículo 308 del Decreto  2700   de   1991   (en   iguales   términos   en  el  310  de  la  Ley  600  de  2000).   

De manera que sólo si la censura reúne los  anteriores  condicionamientos, se podrá concluir que se ajusta a los requisitos  previstos  en  el  artículo  225  ibídem (212  de la Ley 600), para así admitirla a voces de lo dispuesto en  el siguiente artículo del mismo estatuto.    

          No  obstante  lo  anterior,  es  la  constante  de  los  dos  cargos  idénticos  objeto de estudio que se otorgue entidad de circunstancia generadora  de  nulidad  a  un  aspecto  que palmariamente no reúne la incidencia necesaria  para  ello, ni justifica, por ende, la invalidación del proceso, entendiéndose  la   nulidad   como   remedio   extremo   (principios   de  trascendencia  y  de  residualidad).   

    

Ciertamente,   la   Sala   ha   señalado  reiteradamente  que  el  cuestionamiento  a  la  labor  de  un  profesional  que  precedió   en   la  labor  defensiva,  no  ostenta  por  sí  misma  la  idoneidad de erigir un menoscabo del  derecho  de defensa, a no ser que se trate del desamparo absoluto de la gestión  que  no  se  logra  verificar de conformidad con los argumentos expuestos por el  casacionista,  de  los  cuales  únicamente  se  infiere  su  desacuerdo  con la  estrategia  desplegada  por  sus  antecesores,  aún  cuando  sea  enfático  en  advertir que no incurre en tal falencia.   

De esa forma, es evidente que en cuanto a la  gestión  cumplida  en  la  fase  instructiva  por  los  defensores de confianza  designados  por  los  procesados  y por la de los nombrados de oficio durante la  fase  del  juicio, su inconformidad se reduce a cuestionar desde una perspectiva  ex  post, el hecho de que no  fue  más  activa,  circunstancia de la cual no es viable inferir vulneración a  la garantía impetrada.    

Al  respecto,  la  Sala ha recalcado que la  estrategia  de  defensa  varía dependiendo del estilo de cada profesional, dado  que   no   existen   fórmulas   uniformes  o  estereotipos  al  respecto.   Simplemente,  se  reitera,  cada  defensor diseña la estrategia que a su juicio  resulta  más  adecuada y que se ajusta mejor a su estilo, de modo que la simple  disparidad  sobre ese punto no tiene la entidad de socavar el derecho de defensa  técnica invocado.   

    

Como quiera que de los reparos sub   exámine  no  se  extrae  de  manera  trascendente  menoscabo  alguno  de  las garantías referidas por el recurrente,  razonable  se  impone  colegir que no satisfacen los presupuestos exigidos en la  artículo   212   del   estatuto   procesal   penal   y,   en   esa  medida,  se  inadmitirán.           

3.2.  Tercer  cargo  (subsidiario).   Causal  primera  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, Violación directa de  la ley sustancial:   

Estima  el  casacionista  a través de este  reparo  que  el  sentenciador  interpretó  erróneamente  el  artículo  63 del  Decreto  Ley  100  de  1980,  lo  cual  condujo a negar el subrogado penal de la  condena de ejecución condicional a sus defendidos.   

Una  tal situación se concretó, advierte,  porque  el  fallador  para  tomar  esa  determinación, basado en el ingrediente  subjetivo    allí    previsto,    tomó    en    consideración    “nuevamente  los  elementos  estructurales  de la estafa, como que  hubo  engaños,  reiteración de mentiras, contratos sobre bienes que no tenían  los  procesados  a  su  disposición (primer elemento) utilizado para inducir en  error  (segundo  elemento estructural) y logra que entregara sus valores (tercer  elemento  estructural),  con  el  correlativo provecho ilícito (cuarto elemento  estructural).   Nada  distinto  se  dijo  y  así concluyó el tribunal que  ‘requerían  tratamiento  penitenciario’…”.      

Con  tan particular razonamiento, añade el  actor,  inexorablemente  se niega el subrogado en cuestión a todas las personas  que  resulten  condenadas  por  el  delito  de  estafa  por concurrir los cuatro  elementos  referidos,  además  porque  ninguna  modalidad especial reviste esta  conducta  para  considerarla  distinta de cualquier otra, amén de que nada dijo  el  ad-quem  en  torno  a la  gravedad   de   la   conducta,  deducida  exclusivamente  del  factor  cuantía.   

En   consideración   a   la   errónea  interpretación  del precepto, colige, se negó la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  a  sus defendidos, no obstante carecer de antecedentes  penales  y exhibir buena conducta individual, familiar y social y a pesar de que  se los condenó a menos de 36 meses de prisión.   

Con  base  en  lo  anterior,  depreca casar  parcialmente   el   fallo   y,   en   su   lugar,   se  otorgue  a  ROBERTO   ENRIQUE   GUERRERO   GUTIÉRREZ  y  ROBERTO GUERRERO MEDINA la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

Para  la Sala es claro que la decisión que  corresponde  adoptar  en  relación  con  esta  censura  también  es  la  de su  inadmisión,  por  cuanto  es  evidente  que la prédica carece de trascendencia  para  minar  al aspecto de la decisión que se cuestiona, esto es, la concesión  del  subrogado  de  la suspensión condicional de la ejecución de la pena a los  mencionados.   

Ciertamente,  ya  se  había  precisado  al  resolver  el segundo cargo de la demanda de casación presentada por el defensor  del  procesado  JUAN  MANUEL ABELLO MORENO  que  los  factores  sobre  lo  cuales se sustentó la decisión de  negar  la  condena  de  ejecución condicional, a partir del elemento subjetivo,  desbordan  los  elementos constitutivos de la conducta de estafa, porque motivos  como  el  aprovechamiento del grado de confianza que el denunciante depositó en  los  procesados  o la sustracción de su único bien patrimonial, que arguyó el  a-quo,  o  la  considerable  cuantía  y el grado de intencionalidad del ilícito, a que refiere el Tribunal,  no  hacen  parte del tipo penal ni tampoco de las circunstancias que lo agravan,  sino  que  refieren  a  la  modalidad y gravedad de la conducta, incidentes para  determinar  la necesidad de tratamiento penitenciario a la luz de lo establecido  en  el  inciso  segundo del artículo 63 de la Ley 599 de 2000 que establece los  requisitos para su concesión.   

Por   manera   que   esta   circunstancia  consistente   en  que  el  censor  no  ataque  en  su  totalidad  los  elementos  considerados  por  los  juzgadores  en las sentencias para soportar la decisión  controvertida  y  que  para tal efecto constituyen unidad jurídica indisoluble,  determinan   que   el   ataque   carezca   de   entidad   para  obtener  el  fin  propuesto.     

Así  las  cosas,  la determinación que se  debe tomar frente a esta censura es la de su inadmisión.   

                

Lo  dicho  en  precedencia conduce a que no  exista  duda en el sentido de que las cargos formulados en las diversas demandas  que  concitan  la  atención  de  la  Sala  no  se  sujetaron a los cánones que  gobiernan  su  postulación  y demostración y, como de acuerdo con el principio  de  limitación  que  gobierna  el  trámite casacional la Corte no se encuentra  facultada  para  enmendar tales falencias, de conformidad con lo dispuesto en el  artículo  228  del  Decreto 2700 de 1991 (213 de la Ley 600 de 2000), se impone  su  inadmisión.   Además,  porque no se advierte que se haya incurrido en  violación  de  garantías  fundamentales que reclamen la intervención oficiosa  de la Sala.      

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR        las  demandas  de  casación   presentadas   por   los  defensores  de  los  procesados  JUAN  MANUEL  ABELLO  MORENO, ROBERTO ENRIQUE GUERRERO  GUTIÉRREZ  y ROBERTO GUERRERO  MEDINA  y  por  el  apoderado  de  la  parte civil, de  conformidad  con  los  argumentos  manifestados  en  la  parte  motiva  de  esta  providencia.   

        De  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 187 de la Ley 600  de 2000, contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                               JORGE       LUIS      QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1Radicación 20756, sentencia de fecha mayo 22 de 2003.     

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