27735(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27735   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 109.  

Bogotá  D.C., junio veintisiete (27) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

La Sala se pronuncia acerca del cumplimiento  de  los  requisitos de lógica y pertinente argumentación del libelo casacional  presentado  por  el  defensor  del  incriminado  JORGE  ENRIQUE   CAMACHO  SUÁREZ,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Bucaramanga el 12 de  febrero  de  2007,  por  cuyo  medio  confirmó  el fallo dictado por el Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito de la misma ciudad el 24 de agosto de 2004, a través  del  cual  lo  condenó como autor penalmente responsable del delito de abuso de  autoridad por acto arbitrario e injusto.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los hechos que dieron lugar al adelantamiento  de  este proceso fueron sintetizados adecuadamente en el fallo de segundo grado,  así:   

“El  día  13 de  enero  de  1999,  a  las  11  p.m.  aproximadamente, FERNANDO VILLAMIZAR PARADA,  tenía  su  motocicleta  de  placa PEJ –  42  parqueada  cerca  de  la Urbanización Conjunto Plaza Real. La  policía    de    esta    ciudad   (Bucaramanga,   se  aclara)  le  exigió  los documentos respectivos de la  moto,  los  que no portaba, motivo por el cual fue trasladado con el vehículo a  las  instalaciones  del  CAI  de  la Ciudadela Real de Minas y una vez allí, se  hizo  el  llamado  a  las  autoridades  de  tránsito  a quienes por competencia  corrieron       traslado      para      conocer      del      asunto”.   

“Al   llamado  acudió  al  alférez  de  tránsito  JORGE  ENRIQUE CAMACHO SUÁREZ, quien para  llevar  la  motocicleta  a  los  patios  de  circulación,  requirió  al señor  FERNANDO  VILLAMIZAR  PARADA,  el  que  se  opuso  radicalmente porque él mismo  quería  conducirla,  e  incluso  procedió  a  subirse en aquella e impedir que  fuera     llevada     en     la     camioneta     de    circulación”.   

“A continuación  se        inicia       una       ‘gresca’ entre  el  alférez  y  el  infractor y como consecuencia de ésta el señor VILLAMIZAR  sufre  una  lesión  en su cuerpo, que lo incapacitó por 10 días sin secuelas,  según  dictamen  del  Instituto de Medicina Legal y la historia levantada en la  Clínica la Merced de Bucaramanga”.   

La   Fiscalía  Seccional  de  Bucaramanga  declaró   abierta   la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo  vinculó  mediante  declaración   de  persona  ausente  a  JORGE  ENRIQUE  CAMACHO SUÁREZ.   

          Una  vez clausurado el ciclo instructivo, el mérito del sumario fue  calificado  el  5  de agosto de 2002 con resolución de acusación en contra del  procesado  como  presunto  autor  del  delito  de  abuso  de  autoridad por acto  arbitrario  e  injusto.  En la misma oportunidad se dispuso la preclusión de la  investigación  por  la  contravención especial de lesiones personales dado que  la  acción  penal  derivada  de  la misma se encontraba prescrita. A su vez, se  precluyó  la  investigación  por el delito de porte ilegal de arma de fuego de  defensa personal por ausencia de pruebas.   

          La  fase  del  juicio le correspondió adelantarla al Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga,  despacho  que  una  vez  surtido el rito  dispuesto  en  la ley, dictó sentencia el 24 de agosto de 2004, a través de la  cual  condenó  a  ENRIQUE CAMACHO SUÁREZ  a  la  pena  principal  de  diez  (10)  salarios  mínimos legales  mensuales  de  multa  e interdicción de derechos y funciones públicas por seis  (6)   meses,   como   autor   penalmente   responsable   del  delito  objeto  de  acusación.   

          Impugnada  la  sentencia  por  el  defensor, el Tribunal Superior de  Bucaramanga  la  confirmó mediante fallo del 12 de febrero de 2007, providencia  que  es  ahora  objeto de recurso extraordinario de casación interpuesto por el  abogado de confianza del incriminado.   

LA DEMANDA  

          Inicialmente  el  recurrente  aduce  que  como el delito de abuso de  autoridad  por  acto  arbitrario  e  injusto por el que se procede tiene pena de  multa,  esto  es,  no  cumple  con la exigencia dispuesta por el legislador para  acceder  a  este medio de impugnación por la vía ordinaria, solicita se admita  el  libelo  de manera discrecional con el propósito de conseguir la protección  de  los  derechos fundamentales al debido proceso y a la defensa de su asistido,  dado  que,  en  su criterio, se violó el principio non  bis  in  ídem, al condenarlo por un comportamiento que  se  subsume  dentro  de  la  conducta  de  lesiones personales que fue objeto de  preclusión  de  la  investigación  por  encontrarse prescrita la acción penal  derivada de ella.   

          Acto  seguido,  el  defensor propone un cargo al amparo de la causal  primera  de casación, cuerpo primero, esto es, por violación directa de la ley  sustancial,  por  aplicación  indebida  del  artículo  152  del Decreto 100 de  1980.   

          En   el   desarrollo   del   reproche  asevera  que  “el  acto  arbitrario  e  injusto  del  que  se  infiere  el abuso de  autoridad,  está  dado y demostrado para el proceso en las sentencias objeto de  disenso,  en las LESIONES PERSONALES que padeciera el señor VILLAMIZAR, a manos  y pies de JORGE CAMACHO SUÁREZ”.   

          Por  tanto,  afirma que el delito de abuso de autoridad no puede ser  concurrente    con   el   delito   de   lesiones   personales,   “por  cuanto  los  elementos  estructurales  de la acción del sujeto  activo  de  este delito, no fueron diferentes a los golpes de puños y pies, con  los  que  se  configuró  el delito de lesiones personales (…) el simple hecho  que  las haya inferido un funcionario público en ejercicio de sus funciones, no  da  autonomía  a  este  tipo  penal,  solo puede apreciarse o valorarse como un  agravante punitivo”.   

          También  dice  que  en la actuación “no  se  detectó,  no  se  analizó,  ni probó, conducta diferente a las agresiones  físicas  que  generaron  incapacidad  médico  legal  de la víctima, como para  sentenciar  autónomamente  alguna  de  ellas  como  demostrativa  de  abuso  de  autoridad  y  por  ende  aceptar  la  concurrencia  de este tipo penal con el de  lesiones personales dolosas”.   

          Concluye  de  lo  anterior  que  la  conducta  por  la que se debió  investigar  a  su  procurado  fue  por la de lesiones personales, no así por el  delito  de  abuso  de  autoridad  por  el cual fue finalmente condenado, dado el  carácter  subsidiario  de  este  tipo  penal, con mayor razón si se dispuso la  preclusión  de  investigación  por  el mencionado punible contra la integridad  personal.   

          Con  base en los anteriores planteamientos, el demandante solicita a  la  Sala  casar  la  sentencia  impugnada  para,  en  su  lugar, “acepte  la  preclusión  del  abuso  de autoridad, implícito en las  lesiones  personales que fueron objeto de esta decisión y la cual dio tránsito  a cosa juzgada”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Ha  precisado  la  Sala, que en el estudio sobre la admisión de las  demandas  casacionales,  le  corresponde  verificar que los recurrentes formulen  las   censuras   de  conformidad  con  las  exigencias  de  lógica  y  adecuada  argumentación   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por  la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  tercera   instancia.  Tales  requisitos  están  orientados a conseguir que los libelos se desarrollen dentro  de  unos  mínimos  lógicos  y de coherencia en la postulación y desarrollo de  los  cargos propuestos, de manera que resulten inteligibles en cuanto precisos y  claros,  dado que no corresponde a la Sala en su función constitucional y legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias  alegaciones de los impugnantes en casación.   

Advertido  lo  anterior,  procede  la Sala a  realizar  el  anunciado  estudio  sobre  el  libelo casacional presentado por el  defensor  de  JORGE ENRIQUE CAMACHO SUÁREZ.   

          Sobre  el  particular  se tiene que si bien el recurrente ofrece las  razones  por  las  cuales  debe proceder la Corte a admitir discrecionalmente la  demanda  que presenta en atención a que se trata de un delito que tiene pena de  multa,  lo  cierto  es que en el desarrollo del cargo que postula no se ajusta a  las  reglas  lógicas  y  de  pertinente argumentación definidas para acceder a  este mecanismo impugnaticio extraordinario.   

          En  efecto,  el casacionista postula la violación directa de la ley  sustancial  por  aplicación indebida del artículo 152 del decreto 100 de 1980,  pero  en  la demostración de su planteamiento se limita a exponer su particular  y  peculiar  interpretación  acerca  de  la  no  concurrencia de la conducta de  lesiones  personales  de  que  fue  víctima  Fernando  Villamizar  Parada, con el delito de abuso de autoridad  por  acto  arbitrario  e  injusto,  es  decir,  no orienta su esfuerzo de manera  alguna   a   demostrar  que  los  falladores  erraron  al  aplicar  el  referido  precepto.   

          Tampoco   el   actor   señala   por   qué  la  preclusión  de  la  investigación  proferida  a favor de su patrocinado al encontrarse prescrita la  acción  penal  producto  de  la contravención especial de lesiones personales,  tenía  la virtud de cobijar también el delito de abuso de autoridad, en cuanto  olvida   que,   tal   como   se  declara  en  el  fallo  impugnado,  además  de  “la  agresión  física  por  parte de JORGE CAMACHO  SUÁREZ”,   medió  “un  cruce  de palabras vulgares entre los protagonistas”,  conducta  que  “resulta  incompatible jurídicamente  con  el  ejercicio  de  la  función  pública  que  le correspondía cumplir al  procesado”.   

          También  observa la Sala que el defensor no acredita, de una parte,  por  qué las lesiones personales causadas por un servidor público en ejercicio  de  sus funciones a un ciudadano sólo  configura  un delito contra la  integridad    personal    agravado   –  sin   identificar  el  precepto normativo que así lo dispone  – y, de otra, no tiene en  cuenta que ya sobre tal temática ha expuesto la Sala lo siguiente:   

“La   simple  subsidiariedad  de  un  tipo penal, no descarta, un eventual concurso con otros,  así   estos   sean   principales,  sólo  que  dicha  condición  no  les viene dada por su cotejación con el primero, sino en cuanto  describen   una   conducta   diferente,   pues   es   claro   que   aquella  característica  sólo  opera  en  cuanto otra norma penal  recoja  de  modo  especial  el  mismo  comportamiento.  Significa  esto,  se  reitera,  para  el  presente  asunto, que el tipo penal de  peculado,  ni  el  de falsedad ideológica, recogen en manera alguna el de abuso  de  autoridad  derivado  de la constitución de la situación administrativa que  se  cuestiona y en ese sentido no absorben su desvalor  ni  impiden  su aplicación, pues se trata de conductas óntica y jurídicamente  diferentes”1    (subrayas    fuera    de  texto).   

          Suficiente  resulta  expresar que el casacionista no tiene en cuenta  que  no  todo  abuso  de autoridad de un servidor público comporta lesión a la  integridad  física  de  una persona, ni toda lesión personal conlleva abuso de  autoridad,  situación  diversa  a  la que ocurre, por ejemplo, con el delito de  prevaricato  por  acción,  el  cual siempre lleva insito el abuso de autoridad,  circunstancia  adicional  para  establecer  que  su  planteamiento  carece de la  suficiente fundamentación como para ser admitido.   

Así las cosas, considera la Sala que si el  defensor  no  ajusta  su  demanda  a  las  reglas  dispuestas  para  postular  y  demostrar  la  censura  que presenta contra el fallo  de  segundo grado y, en virtud del principio de limitación que rige el trámite  casacional  la  Corte  no  se encuentra facultada para enmendar las falencias de  aquella,  de  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000 se impone de plano la inadmisión del libelo.   

          Para  concluir  es  necesario  señalar  que la Sala no observa  dentro  del  trámite  o  en  el fallo objeto del recurso,  violación   de   derechos  o  garantías  del  procesado,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   JORGE  ENRIQUE  CAMACHO  SUÁREZ, por las  razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  de segunda instancia del 4 de septiembre de 2002. Rad 17519.     

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