26591(21-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26591  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 42  

Bogotá,  D. C., marzo veintiuno (21) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  instaurada  por  la  defensora  de  VLADIMIR  ARENAS CHONA, contra la sentencia  proferida  el  11  de mayo de 2006 por el Tribunal Superior de Cúcuta, por cuyo  medio   confirmó  la  adoptada  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  sede, a través de la cual condenó al procesado a  las  penas  principales  de  24  años  y  6  meses de prisión y 2.400 salarios  mínimos  legales  mensuales  de multa, y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el término de 20 años,  como  coautor  de  los delitos de secuestro extorsivo, tortura y porte ilegal de  armas de defensa personal.   

HECHOS  

Tres  sujetos,  entre  quienes se encontraba  VLADIMIR      ARENAS      CHONA,      condujeron  el día 19 de octubre de 2002 en el vehículo Chévrolet  Monza  de  placas  XLF-559  a Juan Carlos Rivas Agudelo  hasta  la  vereda  Agua  Linda, sector del metódromo,  jurisdicción   del  municipio  de  Los  Patios  (Norte  de  Santander).  Cuando  arribaron  a  un  paraje  solitario,  a  orillas  de la carretera, detuvieron el  automotor  y  allí lo hicieron bajar del mismo bajo la intimidación de arma de  fuego,  al  tiempo  que  le  ataron las manos. De esa manera lo internaron en el  bosque,  donde  luego  de  hacerlo acostar boca a arriba, le introdujeron por la  nariz  una  sustancia  líquida  (al  parecer  cloro o límpido) y otra en polvo  (jabón),  exigiéndole  suministrar  el  paradero  de  la  suma  de  cinco  mil  dólares.   

Ante  la  presencia  de  las  autoridades de  policía,  quienes  por  parecerles  sospechosa  la ubicación en ese sitio y en  horas  de  la  noche  (eran  aproximadamente  las 9:00 p.m.) de un vehículo sin  conductor,  se  acercaron  a  realizar  la  inspección  del  caso, Rivas  Agudelo  aprovechó para desatarse y  evadirse  de  sus  victimarios.  En  el  lugar  de  los  hechos se dio captura a  ARENAS   CHONA,  quien  se  encontraba   junto   al   automotor   cuando   se   produjo  el  arribo  de  los  uniformados.  Los  otros dos  individuos lograron huir.   

ACTUACION PROCESAL  

1.-  La  investigación estuvo a cargo de la  Fiscalía  Especializada  de  Cúcuta,  órgano  judicial  que  tras escuchar en  indagatoria  al  aprehendido  le  resolvió  situación  jurídica con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  como coautor del delito de secuestro  extorsivo,  en  concurso con el de tortura, según providencia del 28 de octubre  de 2002.   

2.- Mediante resolución del 27 de diciembre  del  precitado  año, el instructor decretó la clausura de la investigación, y  el  31  de  enero  siguiente  calificó  el  mérito  del  sumario  a través de  resolución   de   acusación   que   profirió   en   contra   de  VLADIMIR  ARENAS CHONA, como coautor de los  delitos  de  secuestro  extorsivo,  tortura  y  porte ilegal de armas de defensa  personal.   

3.-    El  pliego  acusatorio  obtuvo  confirmación  por  parte  de la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de  Cúcuta  al  desatar,  el  14 de abril de 2003, la apelación interpuesta por la  defensa.   

4.-  Correspondió  adelantar  la  fase  del  juicio  al  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito Especializado de Cúcuta, cuyo  titular  llevó  a  cabo  las  audiencias preparatoria y de juzgamiento, y luego  puso  fin  a  la  instancia  con  la  sentencia  que, en virtud de la apelación  formulada  por  la  defensa, fue confirmada por el Tribunal Superior de Cúcuta,  decisión  que,  a  su  vez,  mereció  la  interposición  por ese mismo sujeto  procesal  del recurso extraordinario de casación, razón de la intervención de  la Sala.   

LA  DEMANDA   

Tres  cargos formula la demandante contra el  fallo    del    ad   quem.  El  primero  lo  apoya en la  causal  tercera  de  casación  (art.  207.3  Ley 600 de 2000), bajo cuya égida  aduce  que  la sentencia impugnada se dictó en un juicio viciado de nulidad, al  incurrirse  en  violación  al  debido proceso por desconocimiento del principio  non    bis    in   ídem.   

Sustentó el reparo, señalando que tanto la  fiscalía  como los falladores fraccionaron indebidamente los hechos y derivaron  tres  conductas delictivas, cuando éstos solamente arrojaban la estructuración  de  los  ilícitos  de  tortura  y porte ilegal de armas de defensa personal, no  así  el  de  secuestro  extorsivo.  En  su  concepto, ese último punible no se  configura  y  la  prueba es que el afectado abordó voluntariamente el automotor  en   el   cual   se   lo   trasladó   hasta  el  sitio  donde  fue  sometido  a  tortura.   

          Además,  añadió,  la finalidad perseguida tanto con su traslado a  dicho  lugar  como  con  los  dolores  que le infligieron era la misma, esto es,  saber  el  paradero  del  dinero que se había extraviado en un asado o reunión  donde  estuvieron  días  antes. Y para obtener esa información a través de la  tortura,  prosiguió,  se  hacía  necesario  ocultarlo y desplazarlo a un lugar  despoblado  y  apartado  de  la  ciudad,  pues  en  el  centro de la misma no es  factible   propinar   los  sufrimientos,  situación  que  entonces  no  implica  secuestro.   

          Por  lo anterior, solicitó casar la sentencia y decretar la nulidad  a   partir,   inclusive,  de  la  resolución  que  decretó  el  cierre  de  la  investigación,  a  fin  de  que  se  excluya “de los  hechos  la  calificación  del punible de secuestro”.   

          El    segundo,  formulado  a  manera  de cargo  subsidiario, lo asienta en la  causal  primera  de  casación  (art.  207.1  Ley  600  de  2000), a cuyo amparo  denuncia  la  violación  directa  de la ley sustancial por aplicación indebida  del  artículo  169  del  estatuto  punitivo,  norma  que contempla el delito de  secuestro extorsivo.   

          El  fundamento  de  esta  censura  es  similar  al  expresado  en la  primera,  vale  decir, que el sentenciador incurrió en una doble incriminación  al  reprochar al procesado simultáneamente los delitos de secuestro extorsivo y  tortura,  cuando  realmente la conducta imputada solo permite la estructuración  del  segundo  de  esos  ilícitos,  ello dado el fenómeno de la “subsunción”.  En ese sentido, insistió  en  que  la  finalidad perseguida era únicamente obtener la información acerca  del  paradero del dinero, para lo cual no bastaba con ocultar a la víctima sino  que resultaba necesario irrogarle dolor y sufrimiento.   

          Con  sustento  en  los  anteriores  razonamientos solicitó casar la  sentencia   para,   en   su   lugar,   “inaplicar”  el artículo 169 del código de las penas.   

          Finalmente,  en el tercer cargo,    que   denominó   “segundo   cargo  subsidiario”,   postuló   también  la  violación  directa  de  la  ley sustancial, esta vez por falta de aplicación del artículo  30 del estatuto punitivo que regula la figura de la complicidad.   

          Al  respecto,  adujo  que  el  acusado  participó  en  el acontecer  delictual  mediante  la  prestación  de  colaboración o ayuda frente a un plan  criminal  ideado  por  los otros dos sujetos, identificados en el paginario como  Luis  A.  Morales  Moscoso  y  Mauricio   Hernández,  su  cuñado,  quienes siempre tuvieron el dominio del hecho, al punto que decidieron  apoyarse  en  un  tercero  (el aquí procesado), aprovechando que presentaba una  apremiante necesidad familiar.   

          Pero  la  actuación  de  ese  tercero,  recalcó,  constituyó  una  actividad  meramente  complementaria o auxiliadora, en  momento  alguno  determinante  para  alcanzar  los  objetivos perseguido por los  coautores”.   

          Bajo  tales  argumentos  pidió modificar la sentencia para condenar  al incriminado en calidad de cómplice.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

         El  recurso de casación requiere para su admisión, además de las  exigencias  de  legitimidad, procedencia y   oportunidad,   que  el  demandante  satisfaga  unos  requisitos  mínimos  de  coherencia  y  lógica  argumentativa,  pues  sólo  de esa manera  tendrá  idoneidad  para  demostrarle  a  la  Corte  que la sentencia de segunda  instancia   objeto   de   la  impugnación  extraordinaria  quebranta  en  forma  ostensible  la  Constitución  y/o  la  ley  o  afecta  de manera sustancial las  garantías   fundamentales,   sin  que  la  demanda,  por  tanto,  requiera  ser  complementada   o  precisada  en  sus  alcances,  pues  ello  desconocería  los  principios   de   autosuficiencia   y   limitación  que  son  inherentes  a  la  casación.     

Esas  exigencias  mínimas,  en el estatuto  procesal   penal   expedido   mediante   la  Ley  600  de    2000,  surgen  de  lo  previsto en el numeral  3º      de      su     artículo     212,       cuando      establece  la  obligación  de  enunciar  la  causal  y formular el  cargo,  indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que el  demandante estime infringidas.   

La necesidad de precisar la causal incluye,  desde   luego,   su  correcta  selección.  Y  la  obligación  de  fundamentar   los  cargos  implica  que  éstos  se  correspondan  con  la  causal invocada. La debida comprensión de la  demanda  dependerá,  sin  duda,  del  cumplimiento de esos presupuestos, y para  ello  es  indispensable  que  su  contenido  material  corresponda  a  una argumentación lógica, coherente,  clara y precisa.   

          En  el  caso que concita la atención de la Sala, se observa que los  dos  primeros  cargos que formula la actora contra la sentencia proferida por el  Tribunal  de  Cúcuta los sustenta con similares fundamentos, orientados ambos a  demostrar  la  violación  del  principio  non  bis in  ídem,  por  condenarse  al procesado por el delito de  secuestro   extorsivo,   cuando  la  conducta  desplegada  sólo  daba  lugar  a  reprocharle  los  punibles  de  tortura  y  porte  ilegal  de  armas  de defensa  personal.   

          Lo  que  diferencia,  en esencia, los dos reparos en mención es que  mientras  el  primero  se  postula  bajo  el  auspicio  de  la causal tercera de  casación,  al  estimarse  que  la  sentencia  se dictó en un juicio viciado de  nulidad,  el  segundo se formula al amparo de la causal primera, cuerpo primero,  es decir, por violación directa de la ley.   

          Al  respecto,  imperioso  resulta  recordar  que  ya  la  Sala tiene  precisado   que   la  violación  al  principio  de  prohibición  de  la  doble  incriminación  debe  denunciarse  a  través de la causal tercera de casación.  Así  lo  anotó, entre otros, en el auto de mayo 12 de 2004, donde se señaló:   

         “…encuentra  la  Sala que el soporte  de  la  sofística  discusión  propuesta  por  el  demandante,  se centra en la  supuesta  violación  del  principio de prohibición a la doble incriminación o  non  bis  in  ídem, por lo  cual  es  fácil  concluir que esa supuesta transgresión comporta una lesión a  la  actividad  judicial, no siendo posible que se demande a través de la causal  primera    sino    por   la   tercera”1.   

          No  obstante,  obligado  también  resulta  anotar  que en sentencia  proferida  con  posterioridad  a  dicha  decisión  la Corte aceptó estudiar de  fondo  una demanda en la cual, bajo la égida de la causal primera, se denunció  la    violación    del    principio   non   bis   in  ídem.  Así  aconteció, en concreto, en el fallo del  16        de        enero        de       20052,  en  cuyo caso se ventiló un  asunto   de   similares  características  al  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala.   

          Así  las  cosas,  sin  dificultad  se  concluye  que, acorde con la  jurisprudencia  de  la  Sala,  cualquiera  de  las dos vías, es decir, la de la  causal  tercera  o  la  de  la  primera,  resulta  adecuada  para  denunciar  la  violación   al   principio  de  prohibición  de  la  doble  incriminación,  a  condición,  desde  luego,  que  su  formulación satisfaga la integridad de los  presupuestos  de  lógica y adecuada fundamentación propios de cada uno de esos  motivos de casación.   

Siendo   así  la  situación y como se  observa  que,  en  efecto,  la demanda, en cuanto se refiere a los dos cargos en  mención,  satisface  tales presupuestos, se admitirá la misma respecto de esos  reparos,  razón por la cual se procederá a ordenar, con sujeción a lo normado  en  el artículo 213 del estatuto procesal penal de 2000, correr traslado por el  término    de    20    días    al   Procurador   Delegado   para   que   emita  concepto.       

          En   cambio,  en  lo  relativo  al  tercer  cargo (segundo subsidiario), el libelo se inadmitirá.  Como  se  recuerda,  a través de esa censura la casacionista acusa la sentencia  de  segundo  grado de violar la ley sustancial al omitir aplicar el artículo 30  del  estatuto  punitivo,  norma  que  regula  el  dispositivo amplificador de la  complicidad.   

          Aunque  no  lo  refirió expresamente, de la demanda surge claro que  el  sentido  que  denuncia la actora es el de la violación directa. Cuando esto  acontece,  según  lo  tiene  ampliamente  decantado  la  jurisprudencia de esta  Corte,  al  demandante  le  está  vedado  desconocer los hechos que el juzgador  declaró  probados  y  discutir  las  pruebas  con  apoyo  en  las  cuales éste  sustentó  su  decisión.  Debe  aceptar  la situación fáctica tal como quedó  reseñada  en  el fallo, sin controvertir sus fundamentos probatorios. El debate  que  se  suscita  en  tal  caso  es  de  carácter estrictamente jurídico, cuya  finalidad  será  determinar  si en realidad el sentenciador dejó de aplicar un  precepto  legal,  lo  aplicó  indebidamente  o  lo  interpretó  erróneamente.   

          Tal  exigencia de naturaleza argumental no la respeta la impugnante,  quien  contra  lo  que  declaró  probado el Tribunal, pretende demostrar que el  procesado  fue  utilizado  por  los  sujetos  Luis  A.  Morales  Moscoso  y  Mauricio  Hernández   como   apoyo  para  cometer  la  acción  delincuencial,  prestando  así una mera colaboración o ayuda. Pero, bien está  recordar  que  otra  realidad  procesal  fue  la  que  encontró  acreditada  el  juzgador,  como  se  extracta  del  siguiente  aparte de la sentencia de primera  instancia  que,  como es bien sabido, conforma una unidad jurídica inescindible  con la de segundo grado:   

          “La  forma  de participación atribuible  al  procesado Vladimir Arenas Chona en los punibles que se le endilgan, es la de  la  coautoría,  puesto que está probado que hubo división de trabajo, Morales  Moscoso  condujo  el  vehículo  e  intimidó  en  compañía del procesado a la  víctima,  éste  lo  ató de pies y manos y le echó límpido con jabón por la  nariz  a  Juan  Carlos,  situación  que  al  parecer cobija a Mauricio quien es  cuñado de Morales Moscoso”.   

          Un  ataque  como  el  ensayado  por  la demandante sólo resultaría  pertinente  por  vía  de casación si el fallador hubiese dado por cierto en la  motivación   de  su  decisión  que  el  procesado  prestó  una  colaboración  meramente  secundaria  en  la  realización  del  punible,  no  obstante lo cual  terminó  formulándole  juicio  de reproche a título de coautoría, situación  que no aconteció en el presente evento.   

Adicionalmente,      encuentra  la  Sala que la actora carece de interés jurídico para  recurrir  por  vía  de  casación  la  sentencia  de  segunda  instancia, en lo  atinente  al  tema  de la complicidad. Ello por cuanto  se  abstuvo  de  controvertir  ese aspecto al momento de sustentar la apelación  que  interpuso  contra  el  fallo  proferido  por  el  juzgado  especializado,  si  en cuenta se tiene que se limitó  allí   a   discutir  la  existencia  del  delito de  secuestro  extorsivo,  admitiendo  la  comisión  por  parte  del acusado de los  punibles  de tortura y porte ilegal de armas de defensa personal, en la forma de  participación     que    declaró    probada     el    a    quo.   

Para poder acceder al recurso extraordinario  de  casación  es  necesario  que el impugnante haya apelado el fallo de primera  instancia  y que además exista identidad temática entre las pretensiones de la  alzada  y  la casación. Así lo recordó la   Sala  en  reciente decisión, donde además sostuvo:   

“…De   no  cumplirse  estas  condiciones,  carecerá  de  interés  para  recurrir, pues se  entiende  que su silencio implica aceptación del contenido material del fallo y  renuncia  al  interés  que  eventualmente  pudo  haber  tenido para impugnarlo,  además  de  que  la  impugnación  carecería  de  objeto,  en  cuento estaría  dirigida  a  cuestionar  aspectos  que  el  Tribunal  no  tuvo la oportunidad de  analizar”3   

Por  los  motivos  expresados, que ponen de  presente    la    ausencia   de   los   presupuestos  atinentes a la adecuada  argumentación  de  la demanda  y    a    la        legitimación  del  actor, se inadmitirá el   libelo   en   lo  concerniente  al  tercer cargo.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.   INADMITIR  el  tercer cargo (segundo subsidiario) de la demanda presentada por la defensora  del   procesado   VLADIMIR  ARENAS  CHONA,     por     las     razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

2.  ADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el mismo sujeto procesal únicamente   en   lo   que   concierne  a  los  cargos  primero  y  segundo  (primero subsidiario), como se dejó precisado  en la parte considerativa de esta providencia.   

En  consecuencia,  se  ordena  remitir  la  actuación  a  la Procuraduría Delegada para que emita concepto, de conformidad  con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Excusa justificada  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA PULIDO DE  BARÓN                     JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                                                 JAVIER           ZAPATA          ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  1 Rad. 19543.   

2 Rad.  21474.   

3 Auto  del 7 de febrero de 2007. Rad. 26351.     

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