26591(06-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26591  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 162  

Bogotá,  D.  C., septiembre seis (6) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  de  fondo  sobre el  recurso   extraordinario   de   casación   interpuesto   por  la  defensora  de  VLADIMIR ARENAS CHONA, contra  la  sentencia  proferida  el  11  de  mayo  de  2006 por el Tribunal Superior de  Cúcuta,  mediante  la  cual  confirmó el fallo proferido el 28 de mayo de 2004  por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito Especializado de la misma sede, que  condenó  al procesado a las penas principales de 24 años y 6 meses de prisión  y  2.400  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa, y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  20  años,  como  coautor  de  los delitos de secuestro extorsivo,  tortura y porte ilegal de armas de defensa personal.   

          Descorrido  el  traslado  de  rigor, la Procuradora Tercera Delegada  para  la Casación Penal solicitó desestimar la demanda y no casar la sentencia  impugnada.   

HECHOS  

La Sala los resumió, en reciente decisión,  de la siguiente manera:   

“Tres sujetos, entre quienes se encontraba  VLADIMIR  ARENAS CHONA, condujeron el día 19 de octubre de 2002 en el vehículo  Chévrolet  Monza  de placas XLF-559 a Juan Carlos Rivas Agudelo hasta la vereda  Agua  Linda,  sector  del  metódromo, jurisdicción del municipio de Los Patios  (Norte  de  Santander).  Cuando arribaron a un paraje solitario, a orillas de la  carretera,  detuvieron  el automotor y allí lo hicieron bajar del mismo bajo la  intimidación  de  arma  de  fuego,  al  tiempo  que le ataron las manos. De esa  manera  lo  internaron  en  el  bosque,  donde  luego  de hacerlo acostar boca a  arriba,  le introdujeron por la nariz una sustancia líquida (al parecer cloro o  límpido)  y  otra en polvo (jabón), exigiéndole suministrar el paradero de la  suma de cinco mil dólares.   

Ante  la  presencia  de  las  autoridades de  policía,  quienes  por  parecerles  sospechosa  la ubicación en ese sitio y en  horas  de  la  noche  (eran  aproximadamente  las 9:00 p.m.) de un vehículo sin  conductor,  se  acercaron  a  realizar  la  inspección  del caso, Rivas Agudelo  aprovechó  para  desatarse  y  evadirse  de sus victimarios. En el lugar de los  hechos  se  dio  captura  a ARENAS CHONA, quien se encontraba junto al automotor  cuando  se  produjo  el  arribo  de  los  uniformados.  Los otros dos individuos  lograron huir”.   

ACTUACION PROCESAL  

Correspondió  adelantar la investigación a  la  Fiscalía  Especializada  de Cúcuta, órgano judicial que, tras escuchar en  indagatoria  al  aprehendido,  le  resolvió  situación jurídica con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  como coautor del delito de secuestro  extorsivo,  en  concurso con el de tortura, según providencia del 28 de octubre  de 2002.   

Mediante resolución del 27 de diciembre del  precitado  año,  el  instructor decretó la clausura de la investigación y, el  31   de   enero   siguiente,  calificó  el  mérito  del  sumario,  profiriendo  resolución  de acusación en contra de VLADIMIR ARENAS  CHONA,  como  coautor  de  los  delitos  de  secuestro  extorsivo, tortura y porte ilegal de armas de defensa personal.   

El pliego acusatorio obtuvo confirmación por  parte  de la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Cúcuta al desatar,  el 14 de abril de 2003, la apelación interpuesta por la defensa.   

Correspondió adelantar la fase del juicio al  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cúcuta, cuyo titular  llevó  a  cabo  las  audiencias preparatoria y pública de juzgamiento, y luego  puso  fin  a  la  instancia  con  la  sentencia  que, en virtud de la apelación  formulada  por  la  defensa, fue confirmada por el Tribunal Superior de Cúcuta,  decisión  que,  a  su  vez,  mereció  la  interposición  por ese mismo sujeto  procesal del recurso extraordinario de casación.   

Presentada  la respectiva demanda y remitido  el  proceso  a la Corte, en providencia del pasado 21 de marzo del cursante año  se  examinó  el  libelo  desde  el  punto  de  vista  de  los  presupuestos  de  fundamentación  lógica  y adecuada sustentación. Ese examen le permitió a la  Sala  admitir  dos de los tres cargos que la actora formuló contra la sentencia  de segundo grado, en tanto el restante lo inadmitió.   

Frente a los cargos admitidos (denominados en  la  demanda  primero  y  segundo),  se  ordenó  correr  traslado  al Ministerio  Público,  cuyo  representante,  como  ya  se  reseñó,  emitió  el respectivo  concepto.   

LA  DEMANDA   

El primer cargo admitido por la Sala lo apoya  la  demandante  en  la  causal  tercera de casación de la Ley 600 de 2000, bajo  cuya  égida  aduce que la sentencia impugnada se dictó en un juicio viciado de  nulidad,  al  incurrirse en violación al debido proceso por desconocimiento del  principio  non  bis in ídem.   

Sustentó el reparo, señalando que tanto la  fiscalía  como los falladores fraccionaron indebidamente los hechos y derivaron  tres  conductas delictivas, cuando éstos solamente arrojaban la estructuración  de  los  ilícitos  de  tortura  y porte ilegal de armas de defensa personal, no  así  el  de  secuestro  extorsivo.  En  su  concepto, ese último punible no se  configura  y  la  prueba es que el afectado abordó voluntariamente el automotor  en   el   cual   se   lo   trasladó   hasta  el  sitio  donde  fue  sometido  a  tortura.   

          Además,  añadió,  la finalidad perseguida tanto con su traslado a  dicho  lugar  como  con  los  dolores  que le infligieron era la misma, esto es,  saber  el  paradero  del  dinero que se había extraviado en un asado o reunión  donde  estuvieron  días  antes. Y para obtener esa información a través de la  tortura,  se  hacía  necesario  ocultarlo y desplazarlo a un lugar despoblado y  apartado  de  la  ciudad,  pues en el centro de la misma no es factible propinar  los  sufrimientos,  situación  que  entonces no implica secuestro, concluyó el  libelista.   

         

Por lo anterior, solicitó casar la sentencia  y  decretar  la  nulidad  a partir, inclusive, de la resolución que decretó el  cierre   de   la  investigación,  a  fin  de  que  se  excluya  “de  los hechos la calificación del punible de secuestro”.   

          El  segundo  cargo que se admitió, formulado de manera subsidiaria,  lo  asienta  en  la  causal  primera de casación de la misma Ley 600 de 2000, a  cuyo  amparo denuncia la violación directa de la ley sustancial por aplicación  indebida  del artículo 169 del estatuto punitivo, norma que contempla el delito  de secuestro extorsivo.   

          El  fundamento  de  esta  censura  es  similar  al  expresado  en la  primera,  vale  decir, que el sentenciador incurrió en una doble incriminación  al  reprochar al procesado simultáneamente los delitos de secuestro extorsivo y  tortura,  cuando realmente la conducta imputada sólo permite la estructuración  del  segundo  de  esos  ilícitos,  dado  el  fenómeno  de  la  “subsunción”.  En ese sentido, insistió  en  que  la  finalidad perseguida era únicamente obtener la información acerca  del  paradero del dinero, para lo cual no bastaba con ocultar a la víctima sino  que resultaba necesario irrogarle dolor y sufrimiento.   

          Con  ese  sustento  solicitó  casar la sentencia para, en su lugar,  “inaplicar”  el artículo  169 del código de las penas.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

          Primer cargo:   

          Señaló  la  Procuradora Tercera Delegada que para establecer si en  este  caso  se vulneró, como lo afirma la demandante, el principio non  bis  in  ídem, es necesario analizar  por  separado  cada una de las conductas atribuidas al procesado. Así, recordó  que,  de  acuerdo con el artículo 169 del Código Penal, el secuestro extorsivo  se  presenta  cuando  se arrebata, sustrae, retiene u o oculta a una persona con  el  propósito  de  exigir  por  su libertad un provecho o cualquier utilidad, o  para  que  se  haga  u  omita  algo,  o  con  fines publicitarios o de carácter  político.   

          Concluyó,  de esa manera, que el mencionado tipo penal se configura  cuando  se  impide  a una persona su libre movilidad, de manera que a través de  ese  modelo  comportamental  se protege la libertad individual que es desarrollo  de  garantías  fundamentales  como la autonomía de la voluntad y el desarrollo  de la personalidad.   

          Advertido  tal marco normativo, consideró que en el presente evento  se  demostró  que  los  autores  del hecho, si bien invitaron inicialmente a la  víctima  a  acompañarlos,  luego esgrimieron armas de fuego para trasladarlo a  un  sitio  despoblado,  donde  lo  obligaron  a  permanecer.  Ese comportamiento  tipifica  el  delito  de  secuestro  extorsivo, pues los autores querían que el  afectado  devolviera  un  dinero  extraviado,  sin que para su configuración se  exija  la  agresión  física  de la víctima o la irrogación de sufrimientos o  maltratos.  Si  ello  ocurre, añadió, se presenta el fenómeno del concurso de  delitos.   

          Se   refirió   luego   al  delito  de  tortura,  para  reseñar  su  descripción  típica  y concluir que en el expediente se demostró que, una vez  en  el  lugar  de  los  hechos, los autores infligieron sufrimiento físico a la  víctima  para  obligarlo  a  confesar dónde estaba el dinero. En ese orden, es  del  criterio  que  este tipo penal no implica la retención de la persona ni su  desplazamiento   hacia  un  sitio  despoblado,  así  afecte  indirectamente  la  libertad  de  la  misma,  a  través  del  manejo  de  su voluntad y autonomía.   

          Tras  comentar  que  la doctrina ha estudiado la libertad desde tres  puntos  de  vista, esto es, el psicológico, el político-social y el jurídico,  recordó  que  para entender vulnerado el principio non  bis   in   ídem   se  requiere  que  concurran  tres  presupuestos,  a  saber  (i)  identidad  de  persona  o elemento subjetivo, (ii)  identidad  de  objeto o aspecto fáctico y (iii) identidad de causa o fundamento  de la pretensión jurídica.   

          Consideró  que  el primer elemento concurre en este caso, porque el  procesado    VLADIMIR    ARENAS    CHONA  estuvo  presente  tanto  en  el momento del plagio de la víctima,  como  en  los  actos posteriores, en los cuales le introdujeron por la nariz una  sustancia  líquida  y otra en polvo, exigiéndole suministrar el paradero de la  suma de cinco mil dólares.   

          En  cambio,  estima  que el segundo presupuesto no se presenta, dado  que  al  acusado  se  le  atribuye  incurrir,  a  título  de  coautor,  en  dos  comportamientos  perfectamente diferenciados, a saber, de un lado, la retención  irregular  del afectado y su desplazamiento hacia lugar despoblado, así como su  mantenimiento  en  ese sitio contra su voluntad; y, de otra parte, la aflicción  física  mediante  la  introducción  de  sustancias  irritantes a través de la  nariz.   Esas   conductas   constituyen  dos  tipos  penales  separados,  según  expresó.   

          La  Delegada  dijo  tener  reparos  en lo relacionado con el último  elemento,   “porque  a  efectos  de  establecer  la  identidad,  debe partirse de  la  ubicación  normativa, de la razón de ser de cada conducta para estimar que  el  comportamiento  se subsume en uno solo de los tipos penales, que contiene la  mayor  riqueza  normativa  y  acoge  los  elementos  constitutivos  de  la  otra  conducta”.   

          De  todas  maneras,  en  su concepto, para determinar si se trata de  conductas  independientes es necesario partir de la definición de la tortura. Y  a  ese  efecto,  trajo a colación lo que al respecto expresa (i) la Convención  contra  la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, (ii)  la  Convención  Interamericana  para prevenir y sancionar la tortura y (iii) el  Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.   

          En  esas  condiciones,  es  del  criterio  que  no debe prosperar la  censura,  porque  aun  cuando  los  delitos de secuestro extorsivo y tortura son  conexos,  se  consumaron  de  manera  independiente y autónoma, amén de que si  bien  la  finalidad perseguida en ambos casos por los autores era la misma, esto  es,  la  obtención  del paradero del dinero, esa circunstancia no determina que  se  imputara  un solo punible. A este respecto, precisó que bien pudo retenerse  a   la   víctima  “para  que  confesara  dónde  se  encontraban  los  dólares, sin la necesidad de ocasionarle un dolor físico con  los medios que se utilizaron”.   

          Segundo cargo:   

          Consideró  que en este reproche la casacionista no presenta ningún  argumento  adicional  para  demostrar  el  yerro  del sentenciador, en cuanto se  limita  a  afirmar  que  no se podía encuadrar la conducta en dos tipos penales  distintos,  sin aportar razonamientos detallados que soporten su manifestación.             

          De  todas  maneras, advirtiendo que los planteamientos de la censura  guardan  relación con los expresados con ocasión del primer cargo, la Delegada  se  remitió  a  la  respuesta  que  ofreció  al  mismo, por cuya razón pidió  desatender también ese segundo reproche.   

          En     síntesis,     solicitó     no     casar     la    sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Cuestión previa:   

          La  Sala  examinará  de  manera  conjunta  los  dos  cargos  que se  admitieron,  pues  aunque  se apoyan en distinta causal, tienen similar sustrato  fáctico  y  jurídico,  amén  de que apuntan a idéntica pretensión, esto es,  demostrar  la  vulneración  del  principio  non bis in  ídem.    

          El  análisis  de  la  Corte  comprenderá los siguientes temas: (i)  alcance   y  significado  del  principio  non  bis  in  ídem  y su eventual vulneración en el caso concreto,  (ii)  el propósito perseguido por los autores de los hechos y (iii) importancia  de  los  bienes  jurídicos  tutelados  a  través  de  los delitos de tortura y  secuestro extorsivo.   

          (i)  Alcance y contenido del principio non  bis  in  ídem.  Su  eventual  vulneración en el caso  concreto.   

          El  principio  non bis in ídem  forma  parte  de  la garantía del debido proceso consagrada en el  artículo  29 de la Constitución Política. A ese principio se refiere la parte  final  del  inciso  cuarto  de  dicho precepto cuando establece como derecho del  sindicado  “no  ser  juzgado  dos veces por el mismo  hecho”.   

          El   mencionado   postulado  está  desarrollado  legalmente  en  el  artículo  8º  del  Código Penal de 2000 al establecer, como norma rectora, la  prohibición  de  doble incriminación, y tiene, además, una estrecha relación  con  el  principio de la cosa juzgada, consagrado en el artículo 19 del Código  de  Procedimiento  Penal de 2000, en la medida en que la prohibición de imputar  más  de una vez la misma conducta punible implica la imposibilidad de someter a  nuevo  juicio  a  quien  le  ha  sido resuelta su situación jurídica de manera  definitiva.  Sobre  este  tema,  se  ha  pronunciado  la  Sala en los siguientes  términos:   

          “El  principio  fundamental de la cosa juzgada, según el cual las  sentencias  judiciales  ejecutoriadas  en cuanto ostentan carácter definitivo o  inmutable  son  material  y  jurídicamente intocables y resultan de obligatorio  acatamiento  para  el  juez, las partes, los particulares, y, en general para el  conglomerado,  se  halla  íntimamente  vinculado con el principio de non bis in  ídem  que  prohibe  a las autoridades juzgar dos veces o aplicar doble sanción  por  unos  mismos  hechos  cuando exista identidad de sujeto, objeto y causa que  han  sido  materia  de  pronunciamiento definitivo e irrevocable en otro proceso  (res iudicata).   

“En  materia  penal,  los principios de la  cosa  juzgada  y  non  bis in ídem se encuentran consagrados normativamente por  los  artículos  8  de la ley 599 de 2.000 y 19 de la ley 600 de ese mismo año.  La  primera de las citadas disposiciones, formulada al amparo de la prohibición  de  doble  incriminación, establece “A nadie se le podrá imputar más de una  vez  la misma conducta punible, cualquiera sea la denominación jurídica que se  le   dé   o   haya   dado,   salvo   lo   establecido   en   los   instrumentos  internacionales”.  La  segunda,  por  su  parte, prevé que “la persona cuya  situación   jurídica   haya   sido   definida  por  sentencia  ejecutoriada  o  providencia  que  tenga  la  misma  fuerza vinculante, no será sometida a nueva  actuación  por  la  misma  conducta, aunque a ésta se le dé una denominación  jurídica  distintas”  1.   

          La  trascendencia de los principios non bis  in  ídem  y  cosa  juzgada  es  tal, que han recibido  tratamiento  especial  a través de instrumentos internacionales, de aplicación  obligatoria   en   nuestro   país   en   virtud   del   denominado   bloque  de  constitucionalidad,  según  lo establece el artículo 93 de la Carta Política.   

          Es   así   como  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  políticos2   establece   en   su   artículo  14-7:  “Nadie  podrá  ser  juzgado  ni  sancionado por un  delito  por el cual haya sido ya condenado o absuelto por una sentencia firme de  acuerdo  con  la  ley  y  el  procedimiento  penal  de  cada  país”.     Por    su    parte,  la Convención Americana de Derechos Humanos o Pacto de San José  de  Costa  Rica3    señala    en    su   artículo  8-4:  “El  inculpado  absuelto  por  sentencia  firme  no  podrá  ser  sometido  a  nuevo  juicio  por  los  mismos  hechos”.   

          Doctrinal  y  jurisprudencialmente  se  tiene dicho que el principio  non  bis  in  ídem envuelve  tres  presupuestos,  a  saber:  identidad  de  sujeto,  identidad  de  objeto  e  identidad  de causa o, como se les conoce por su expresión latina, eadem  persona,  eadem  res  y eadem                causa4.  La  significación  de estos  elementos ha sido comentada por la Sala, así:   

“La identidad en la persona significa que el  sujeto  incriminado  debe  ser  la  misma  persona física en dos procesos de la  misma índole.   

“La identidad del objeto está construida por  la  del  hecho  respecto  del   cual  se  solicita  la   aplicación    del    correctivo   penal.   Se   exige   entonces   la  correspondencia  en  la especie fáctica de la conducta en dos procesos de igual  naturaleza.   

“La identidad en la causa se refiere a que el  motivo  de  la  iniciación del proceso sea el mismo en ambos casos”15.   

          En  el  caso  que  ocupa  la  atención  de la Sala, la casacionista  sustenta  la  vulneración  del  comentado  principio  en  la  circunstancia  de  atribuirse   al   procesado   VLADIMIR  ARENAS  CHONA  los  delitos  de tortura y secuestro extorsivo cuando,  en  su  criterio,  los  hechos  ocurridos  no dan lugar a la estructuración del  segundo de esos punibles.   

          En  las  anteriores condiciones, no hay duda que, como lo destaca la  Procuradora  Delegada,  el  primero  de los elementos en mención se presenta en  este  evento,  pues ambas imputaciones recaen sobre la misma persona. En cambio,  para  establecer si el segundo concurre o no, es necesario dilucidar cuál es el  sustento fáctico de cada uno.   

          Así,  se  tiene  que,  de  acuerdo con lo probado en el expediente,  realidad  procesal  que  no  ha  sido  cuestionada por la libelista, el atentado  contra   la  libertad  individual  ocurrió  cuando,  luego  de  que  el  señor  Juan  Carlos  Rivas  Agudelo  abordó  voluntariamente  el  vehículo  Chévrolet Monza de placas XLF-559, sus  ocupantes,   entre   quienes   se   encontraba  ARENAS  CHONA,  lo  condujeron sin su consentimiento hacia las  afueras  de  la  ciudad  de Cúcuta, deteniendo la marcha en un paraje solitario  donde,  bajo  la  intimidación  de  arma  de  fuego,  lo  obligaron a bajar del  automotor,  lo  ataron  y  lo internaron en el bosque, sitio donde se encontraba  cuando arribaron las autoridades.    

          La  finalidad  de  la  privación  de  la libertad quedó concretada  cuando  los  autores del punible exigieron a la víctima informar el paradero de  la suma de cinco mil dólares, dinero que se encontraba extraviado.   

          La  tortura,  por  su  parte,  se  consumó  en el momento en que el  afectado,  encontrándose  a  merced  de  los  victimarios,  fue  objeto  de  la  introducción  en  sus  fosas nasales de una sustancia líquida y otra en polvo,  al  tiempo  que  le  insistían  suministrar  la información relacionada con el  lugar donde ocultaba el dinero.   

          Al  margen  del  propósito que los animó en ambos casos, es decir,  obtener   la   devolución   de   la   suma   dineraria   extraviada6, el desarrollo  de  los  hechos deja al descubierto dos conductas claramente diferenciadas en el  tiempo;  la  primera,  el  traslado  contra la voluntad de la víctima al paraje  solitario  para  ser  allí  objeto  de  retención, incluso bajo ataduras. Y el  segundo,  la  introducción en sus fosas nasales de las sustancias líquida y en  polvo para infligirle dolor físico.   

          El  primero  de  esos comportamientos sustenta la imputación por el  secuestro  y  el  segundo es fundamento de la tortura. En consecuencia, se trata  de  hechos  distintos,  apreciables  con  facilidad  en  el  desarrollo  de  los  acontecimientos,  luego  no  hay  lugar  a afirmar la existencia de identidad de  objeto.   

          Ahora  bien,  sobre  la  identidad  de  causa,  débese  señalar lo  siguiente:  Para  la  Corte,  en  el  ámbito  punitivo  ese  elemento, también  denominado  identidad  de  fundamento,  está  necesariamente  vinculado  con el  concepto  de bien jurídico tutelado, de manera que no resultará jurídicamente  viable  la  doble  incriminación  por  un  mismo  hecho,  cuando  las conductas  punibles   reprochadas   lesionan   o   ponen   en  peligro  idéntico  interés  jurídico7.  A  este respecto, la doctrina española, siguiendo los postulados  del Tribunal Constitucional, comenta:   

          “En  tercer  lugar,  el  TC  exige la apreciación de un idéntico  fundamento  para considerar efectiva la prohibición de  bis  in  ídem.  La  relevancia  o  irrelevancia de la  lesión  o  puesta  en  peligro  e identidad de los bienes jurídicos protegidos  resulta  el  elemento  esencial  que, a la postre, determina substancialmente la  posibilidad  de  una doble respuesta estatal o la unidad de ésta. En este caso,  y  frente  a  la  relativa indeterminación que nace de la doctrina del Tribunal  sobre  la  identidad  fáctica,  el  criterio  del  fundamento  queda finalmente  delimitado  en  la figura del bien jurídico, concepto que, en aras de facilitar  la  operatividad  del principio, no debe encerrarse en problemas de formulación  sino  atender  a los auténticos intereses afectos por las conductas y recogidos  en las normas.   

          De  ahí,  que  cuando  se  dé la citada identidad, la necesidad de  evitar   la  reiteración  en  el  ejercicio  del  ius  puniendi       del       Estado      –STC  94/1986,  de  8  de  julio-,  se  concrete   en   la  previsión  de  que  toda  posible  duplicidad  sancionadora  fundamentada   en   un  mismo  hecho  tenga  como  requisito  imprescindible  la  afectación  de  bienes  jurídicos diferentes y, consecuencialmente, lleve a la  apreciación  de  varias  infracciones  con  sus  correspondientes consecuencias  jurídicas…”8.   

          Desde  luego,  la regla según la cual la identidad de fundamento se  estructura  a  partir  del  concepto  de  identidad  de bien jurídico tutelado,  admite  la  excepción  relacionada  con  el concurso ideal homogéneo cuando se  produce    “la    afectación    de   bienes   jurídicos  altamente  personales  que  implican  la  realización  reiterada  del  mismo  supuesto   de   hecho,   la   cual   recae   sobre  una  pluralidad  de  sujetos  pasivos”9.   

          Descendiendo  al  caso de la especie, imperioso resulta descartar la  existencia  de  identidad  de causa, porque los delitos por virtud de los cuales  se  formuló  el  juicio de reproche lesionan bienes jurídicos distintos, así:  el    secuestro    extorsivo    afecta    la   libertad   individual10 y la tortura  vulnera la autonomía personal.   

          Se  concluye  de  lo  anterior  que no hubo violación del principio  non  bis  in  ídem cuando se  dedujo  responsabilidad  al  procesado  VLADIMIR ARENAS  CHONA  por  los  delitos  de  secuestro  extorsivo  y  tortura,  por cuanto en esa doble imputación no concurre identidad de objeto ni  identidad de causa.   

          (ii)    Propósito    perseguido    por    los    autores   de   los  hechos:   

          La  impugnante  sostiene que la finalidad perseguida por los autores  era  una sola, esto es, obtener la devolución del dinero extraviado, razón por  la  cual  no  se  puede  hablar  en este caso de la existencia de concurso entre  secuestro  extorsivo y tortura. Por ende, es necesario que la Corte se refiera a  este aspecto.   

El  argumento  de  la  demandante  implica  confundir  el  delito  con  la acción y, en ese orden, la idea de acción final  con  la  idea  de  los  propósitos  perseguidos  por el delincuente. Sobre este  particular  ya  ha  tenido la oportunidad de referirse la Sala. Es así como, en  un  asunto  donde  se  aducía  la  no  presencia  de  concurso  entre secuestro  extorsivo y hurto calificado, se sostuvo:   

“El  intento de  algunos,  entre  ellos  el  censor  en el primer cargo, por convencer de que, en  todos  los  casos, la retención de la víctima contra su voluntad se subsume en  la  violencia que califica el delito de hurto, y que intentan sostener invocando  la  “teoría  finalista del delito”, es, por decir lo menos, desfasada, pues  lo  que  la  doctrina  logró concebir fue en realidad “la teoría final de la  acción”,  no  siendo  factible confundir o tomar por lo mismo, sin caer en el  sofisma,  el  delito con la acción, ni la idea de acción final, con la idea de  los propósitos perseguidos por el delincuente.   

La  teoría  de  la  acción  final  no  fue  concebida  precisamente  para  solucionar  concursos  aparentes  de tipos, sino,  esencialmente,  como  un  cuerpo  ideológico  moderno  que  trata  de  explicar  racionalmente,  desde  la  dogmática,  el papel que desempeña en la estructura  del   delito  cada  uno  de  sus  componentes  primordiales  según  el  esquema  tripartita,  esto es, tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad, proponiendo una  redefinición  de la teoría del delito tomando como punto de partida la acción  humana,   que   es  acción  final,  o  acción  dirigida  hacia  una  finalidad  específica.   

“Para  esta  teoría,  la  ‘esencia’ de la acción, que determina toda la  estructura  sistemática,  estriba en que, mediante su anticipación mental y la  correspondiente  selección  de  medios,  el  hombre  controla  el  curso causal  dirigiéndolo   hacia   un  determinado  objetivo,  es  decir,  lo  ‘supradetermina      de      modo  final’”11.   

Es  así que, si para conseguir la finalidad  propuesta  se  seleccionan  medios  que  lesionan diversos bienes jurídicamente  tutelados,  nada  obsta  para  que  el  concurso  de  delitos  pueda predicarse,  dependiendo,  claro  está,  de  las particularidades de los casos concretos. Se  dice  pues,  con  razón,  que  la  intención  del  sujeto activo del delito no  desdibuja  los  recorridos  típicos  que  demande su iter criminis. Es sencillo  comprender  que,  si  para  asaltar  un  banco se asesina al celador, quien así  actúe  responderá  por  homicidio  y  hurto,  aunque  su  cometido  final  sea  únicamente  apoderarse  del  dinero,  pues si los medios seleccionados son a la  vez delictivos, el concurso es inminente.   

Ahora bien, como el legislador no exige como  ingrediente  de  los  tipos  penales  de  secuestro  (simple o extorsivo) que la  privación   de   la  libertad  tenga  una  duración  mínima  determinada,  es  suficiente  que  se demuestre que la víctima permaneció efectivamente detenida  en  contra  de  su  voluntad  durante  un  lapso razonable para entender que los  implicados  le  impidieron desplazarse libremente”12.   

          En  el  caso  objeto  de  estudio,  resulta  indesconocible  que  el  propósito  de  los autores del hecho era obtener información sobre el paradero  del  dinero  extraviado.  Sin  embargo, para el logro de ese cometido decidieron  escoger  diversos  medios: primero trasladaron al afectado a un paraje solitario  donde  lo  ataron;  luego lo sometieron a sufrimientos físicos, al introducirle  en  la  nariz  una  sustancial  líquida  y  otra en polvo. En ese recorrido del  iter   criminis  lesionaron  bienes  jurídicos  distintos,  uno  la libertad individual y otro la autonomía  personal.  Es  decir,  cometieron  dos  delitos distintos: secuestro extorsivo y  tortura.   

          No  surge  admisible  argumentar que los victimarios, entre ellos el  aquí  procesado,  no  se  representaron  mentalmente  el  desencadenamiento del  resultado  típico  propio  de la primera de las conductas punibles en mención,  pues  para nadie es desconocido que trasladar a una persona contra su voluntad a  un  lugar  solitario  y  mantenerla  allí  retenida  bajo atadura, configura el  delito  de  secuestro,  que se convierte en extorsivo si con la privación de la  libertad        se        persigue       obtener       alguna       utilidad.    Bajo    la   misma   línea  jurisprudencial  expuesta en la sentencia última citada, la Sala expuso en otra  ocasión lo siguiente:   

          “Oportunas en este contexto resultan las  glosas  del  señor  agente  del Ministerio Público cuando señala que para las  diferentes  concepciones  dogmáticas  del  delito la finalidad  perseguida  por  el  agente  no  agota  el ámbito de responsabilidad, y porque en todo caso  difícil  resulta  suponer que los coautores no se representaron mentalmente que  el  comportamiento  de  conducir  a  un  individuo  hasta  un  lugar despoblado,  amarrándole  por  un  determinado  tiempo, no constituye una vulneración de su  derecho  a  la  libertad  de locomoción, que se sanciona de acuerdo con la pena  prevista    para   el   delito   de   secuestro”13.   

    

          Desde  luego,  en  la  medida  en que la tortura puede ser física o  psíquica,  no  puede  pasarse  por  alto  que, cuando menos, la primera de esas  modalidades  requiere  para  su  realización  que  la  víctima  esté a merced  personal       de       los       torturadores14.  Sin  embargo,  si  en  la  acción  de  los delincuentes se pueden escindir con facilidad, como acontece en  este  caso, los elementos típicos de cada uno de esos comportamientos punibles,  hay   lugar   a  afirmar,  sin  discusión,  la  existencia  de  concurso  real.   

          (iii)  Importancia  de  los bienes jurídicos tutelados a través de  la represión de los delitos de tortura y secuestro extorsivo.   

          En  un Estado Social de Derecho, de cuya filosofía se nutre nuestro  país15,  la libertad y la autonomía de los ciudadanos son esenciales para  el  disfrute  de  los  derechos  fundamentales que son inherentes al ser humano.   

          De  ahí  que  la Constitución Política colombiana consagre normas  que  buscan  garantizar  su  intangibilidad.  Es así como en el artículo 12 se  establece    que    “(N)adie   será   sometido   a  desaparición  forzada,  a  torturas  ni  tratos  o  penas  crueles, inhumanos o  degradantes”.  A  su  vez,  su artículo 13 señala:  “(T)odas        las       personas       nacen  libres…”.   

         

          En   el   concierto   internacional,  los  derechos  a  la  libertad  individual   y  a  la  autonomía  personal  también  han   recibido   un  tratamiento  especial. Diversos pactos y   

convenciones   no   sólo   prohíben   su  vulneración,  sino  que contienen normas para instar a las naciones del mundo a  combatir   de   manera   severa  los  actos  que  atenten  contra  esos  valores  fundamentales,  sobre  todo  cuando,  como ocurre en ciertos casos, adquieren el  carácter de delitos de lesa humanidad.   

          Así,  se tiene que el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y  Políticos señala lo siguiente en sus artículos 2, 7 y 9:   

“Artículo  2   

1.  Cada  uno  de  los Estados Partes en el presente Pacto se  compromete  a  respetar  y a garantizar a todos los individuos que se encuentren  en  su  territorio  y estén sujetos a su jurisdicción los derechos reconocidos  en  el  presente  Pacto,  sin  distinción  alguna de raza, color, sexo, idioma,  religión,  opinión  política  o  de  otra  índole, origen nacional o social,  posición   económica,   nacimiento   o   cualquier   otra  condición  social.   

2.   Cada Estado Parte se compromete a adoptar, con arreglo a sus  procedimientos  constitucionales  y  a las disposiciones del presente Pacto, las  medidas   oportunas  para  dictar  las  disposiciones  legislativas  o  de  otro  carácter  que  fueren  necesarias para hacer efectivos los derechos reconocidos  en  el  presente  Pacto  y  que  no estuviesen ya garantizados por disposiciones  legislativas o de otro carácter.   

3…”.  

“Artículo  7   

Nadie  será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles,  inhumanos  o  degradantes.  En  particular,  nadie  será  sometido sin su libre  consentimiento a experimentos médicos o científicos”.   

“Artículo 9  

1.  Todo  individuo  tiene  derecho  a  la  libertad  y  a la  seguridad personales…”.   

         A  su turno, la  Convención Americana sobre Derechos Humanos establece  en sus artículos 1, 5 y 7:   

“Artículo  1.   Obligación de Respetar  los Derechos   

1. Los Estados Partes en esta Convención se  comprometen  a  respetar  los  derechos  y  libertades  reconocidos  en ella y a  garantizar  su  libre  y  pleno  ejercicio  a toda persona que esté sujeta a su  jurisdicción,  sin  discriminación  alguna  por  motivos de raza, color, sexo,  idioma,  religión,  opiniones  políticas  o  de cualquier otra índole, origen  nacional  o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición  social.   

             2. Para los efectos de esta Convención,  persona es todo ser humano”.   

   

“Artículo  5.   Derecho a la Integridad  Personal   

1.  Toda  persona  tiene  derecho  a  que se  respete su integridad física, psíquica y moral.   

2.  Nadie  debe ser sometido a torturas ni a  penas  o  tratos  crueles,  inhumanos  o  degradantes.  Toda persona privada de  libertad  será  tratada  con  el  respeto debido a la dignidad inherente al ser  humano.   

3. …”.  

“Artículo  7.   Derecho  a  la Libertad  Personal   

 1. Toda persona tiene derecho a la libertad  y a la seguridad personales.   

 2. …”.  

         Por     su     lado,     la  Convención  contra  la tortura y otros tratos o penas crueles,  inhumanos  o degradantes, adoptada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de  198416  estipula  en  sus  artículos  1,  2 y  4:   

         “Artículo  1   

1. A los efectos de la presente Convención,  se  entenderá  por  el  término  “tortura”  todo  acto  por el cual se inflija  intencionadamente  a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos  o  mentales,  con  el  fin de obtener de ella o de un tercero información o una  confesión,  de  castigarla  por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha  cometido,  o  de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier  razón  basada  en  cualquier  tipo  de discriminación, cuando dichos dolores o  sufrimientos  sean  infligidos  por un funcionario público u otra persona en el  ejercicio  de  funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento  o  aquiescencia.  No  se  considerarán  torturas los dolores o sufrimientos que  sean  consecuencia  únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o  incidentales a éstas.   

2.  El  presente artículo se entenderá sin  perjuicio  de  cualquier  instrumento  internacional o legislación nacional que  contenga o pueda contener disposiciones de mayor alcance”.   

         “Artículo  2   

1.   Todo  Estado  Parte  tomará  medidas  legislativas,  administrativas,  judiciales  o  de  otra  índole  eficaces para  impedir   los   actos   de   tortura  en  todo  territorio  que  esté  bajo  su  jurisdicción.   

2…”.  

         “Artículo  4   

1.  Todo  Estado Parte velará por que todos  los  actos  de  tortura constituyan delitos conforme a su legislación penal. Lo  mismo  se  aplicará  a  toda  tentativa  de  cometer  tortura  y a todo acto de  cualquier  persona  que  constituya  complicidad o participación en la tortura.   

2. Todo Estado Parte castigará esos delitos  con penas adecuadas en las que se tenga en cuenta su gravedad”.   

         A  su  vez, la Convención Interamericana         para  prevenir  y     sancionar          la              tortura,  suscrita   en  Cartagena  de  Indias  el  9  de  diciembre  de  198517, dispone en  sus artículos 2º y 6º:   

“ARTICULO  2o.  Para los efectos de la presente Convención  se  entenderá  por tortura todo acto realizado intencionalmente, por el cual se  inflijan  a  una  persona penas o sufrimientos físicos o mentales, con fines de  investigación  criminal,  como medio intimidatorio, como castigo personal, como  medida  preventiva,  como  pena o con cualquier otro fin. Se entenderá también  como  tortura  la  aplicación sobre una persona de métodos tendientes a anular  la  personalidad  de  la  víctima  o a disminuir su capacidad física o mental,  aunque no causen dolor físico o angustia psíquica.   

“ARTICULO  6o.  De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  1o,  los Estados Partes tomarán medidas efectivas  para  prevenir  y  sancionar  la  tortura  en  el  ámbito  de su jurisdicción.   

Los  Estados  partes  se  asegurarán de que  todos  los  actos  de  tortura y los intentos de cometer tales actos constituyan  delitos  conforme  a  su derecho penal, estableciendo para castigarlos sanciones  severas que tengan en cuenta su gravedad.   

Igualmente,  los  Estados  Partes  tomarán  medidas  efectivas  para  prevenir  y  sancionar,  además, otros tratos o penas  crueles,   inhumanos  o  degradantes  en  el  ámbito  de  su  jurisdicción”.   

         Por  su  parte,  el  Estatuto  de  la  Corte  Penal  Internacional,  hecho  en  Roma  el 17 de  julio          17          de          199818,  considera como crímenes  de lesa humanidad, entre otros:   

“Crímenes  de lesa humanidad   

1.  A  los efectos del presente Estatuto, se  entenderá  por  “crimen  de  lesa humanidad” cualquiera de los actos siguientes  cuando  se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una  población   civil   y   con  conocimiento  de  dicho  ataque:   

…  

e)      Encarcelación u otra privación  grave  de  la  libertad física en violación de normas fundamentales de derecho  internacional;    

f) Tortura;   

g)…”.  

            Precisamente,  en armonía con los requerimientos internacionales,  Colombia  ha  adoptado  una legislación bastante fuerte para tutelar los bienes  jurídicos  de  la  libertad  individual  y la autonomía personal, contemplando  sanciones  altas para quienes incurran, entre otros, en los delitos de secuestro  extorsivo y tortura.   

          Así,  se  tiene  que el artículo 169 del Código Penal, modificado  por  el artículo 2º de la Ley 733 de 2002, reprime el primero de esos punibles  con  prisión  de veinte (20) a veintiocho (28) años y multa de dos mil (2.000)  a  cuatro  mil (4.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes. A su turno,  la  tortura  está  sancionada  en  el  artículo  178 del estatuto punitivo con  prisión  de  ocho (8) a quince (15) años, multa de ochocientos (800) a dos mil  (2.000)  salarios  mínimos legales vigentes e inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo término de la pena privativa de  la libertad.   

          Desde  el  punto de vista de su trascendencia, por tanto, no resulta  razonable  predicar  que  cuando,  como  acontece en este evento, surjan clara e  independientemente  lesionados los bienes jurídicos de la libertad individual y  de  la autonomía personal, se presenta un concurso aparente de hechos punibles.   

          Al  respecto,  es  de precisar que ni siquiera por vía del criterio  de             la             consunción19,   como   lo   sugiere   la  casacionista   cuando   habla  inapropiadamente  de  “subsunción”,  resulta  posible  que  el  secuestro  extorsivo quede absorbido por la tortura, a modo de  hecho            previo           copenado20,  dado  que  las  conductas  cometidas   afectaron   de  manera  autónoma  dos  bienes  jurídicos  de  gran  significación,  según  quedó  visto  atrás,  sin  que pueda afirmarse que el  desvalor  de  uno  está  comprendido en el desvalor del otro. Ya la Sala, en la  sentencia    del    26    de    enero    de   200521,   se   refirió   a   esta  temática  en  punto  de  los  delitos de secuestro extorsivo y hurto, según se  observa en el siguiente aparte:   

“Además  de  lo  expuesto,  se  impone  precisar  que  respecto  del  criterio de consunción como solución al concurso  aparente  de  delitos,  y  más especialmente en cuanto se refiere al denominado  hecho  típico  acompañante, de lo que se trata es que el juicio de desvalor de  uno  de  los comportamientos en aparente concurso, consume el juicio de desvalor  del  otro  delito,  dado  que  la entidad de este último no trasciende ni cobra  autonomía  en  punto de la lesión al bien jurídico tutelado, en la medida que  su  punición  ya  ha  sido  establecida  por el legislador al tipificar el otro  comportamiento.  En  evento contrario, como ocurre en el caso de la especie, que  ambos  comportamientos  violan  de manera ostensible y autónoma diversos bienes  jurídicos    (patrimonio    económico    y    libertad   personal), no hay duda de que la valoración de la  finalidad  perseguida  por  el  acusado  resulta  inane,  pues sin dificultad se  advierte la configuración de un concurso material de delitos”.   

          No  prosperan  los  cargos.  En consecuencia, la Corte no casará la  sentencia impugnada.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL, administrando justicia en nombre de  la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO  CASAR el fallo  impugnado.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO        J.   IBAÑEZ              GUZMÁN                   JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                   JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                                JAVIER   ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1 Auto  del 5 de diciembre de 2002, radicación 12621.   

2  Aprobado mediante la Ley 74 de 1968.   

3  Aprobado mediante la Ley 16 de 1972.   

4  MAIER,  Julio  B.  J.  Derecho Procesal Penal. Tomo I. Fundamentos. Editores del  Puerto   s.r.l.   Buenos  aires,  2ª  edición,  2ª  reimpresión  2002,  pag.  603.   

1 Corte  Suprema de Justicia. Sentencia del 22 de noviembre de 1990.   

6 Sobre  este aspecto se volverá más adelante.   

7 Es la  misma  problemática  que  acontece  con  el concurso aparente de tipos penales,  pues  uno  de  sus presupuestos es, justamente, la afectación de un único bien  jurídico  tutelado.  Cfr.  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala Penal. Sentencia del  15 de junio de 2005, rad. 21629.   

8  DE  LEÓN   VILLALBA,   Francisco   Javier.  Acumulación  de  sanciones  penales  y  administrativas.    Sentido    y    alcance    del   principio   “ne   bis   in   idem”.   Bosch,  Casa  Editorial,   S.A.,   primera   edición  1998,  Barcelona,  págs.  488  a  490.   

9  VELÁSQUEZ  VELÁSQUEZ,  Fernando.  Manual  de  derecho  penal,  parte  general,  tercera  edición.  Librería  Jurídica  COMLIBROS.  2007,  pág. 505. Se suele  citar  como  ejemplo el caso del terrorista que hace explotar una bomba para dar  muerte a varias personas.   

10   Aunque   se   recuerda   que   este   punible  es  de  carácter  pluriofensivo,   pues  lesiona  simultáneamente  varios  intereses  jurídicos.   

11  ROXIN  Claus.  Derecho  Penal.  Parte  General.  Fundamentos La Estructura de la  Teoría del Delito. Editorial Civitas S.A. Madrid. 1997. Pág. 199.   

12  Sentencia del 25 de mayo de 2006, radicación 20326.   

13  Sentencia del 26 de enero de 2005, radicación 21474.   

14  Según  CAMILO  SANPEDRO  ARRUBLA,  “los  punibles  que  afectan la autonomía  personal,  …  aunque  afectan  igualmente  la  libertad,  lo  hacen  de manera  indirecta,  en  tanto  no  lesionan  la  libertad  de  locomoción  pero  sí la  condicionan”.  En “Lecciones de Derecho Penal, parte especial”, pág. 740.  Para   LUIS  CARLOS  PÉREZ,  esa  clase  de  delitos  “apenas  restringen  el  ejercicio”  del  atributo  de  la libertad  física. En “Derecho Penal,  partes  general  y  especial”, tomo IV, primera reimpresión, pág. 401.    

15  Artículo  1º de la Constitución Política: “Colombia es un Estado social de  derecho  organizado  en  forma  de  República  unitaria,  descentralizada,  con  autonomía   de  sus  entidades  territoriales,  democrática,  participativa  y  pluralista,  fundada  en  el  respeto  de la dignidad humana, en el trabajo y la  solidaridad  de  las  personas  que la integran y en la prevalencia del interés  general”.   

16  Aprobada mediante la Ley 70 de 1986.   

17  Aprobada  mediante  la  Ley  409 del 28 de octubre de 1997.   

18  Aprobado mediante la Ley 742 del 5 de junio de 2002.   

19 Se  trata  de  uno  de  los  fenómenos  mediante los cuales, según la doctrina, se  resuelve el concurso aparente de hechos punibles.   

20  “Los  hechos  previos  copenados  se  reducen,  por  lo común, a aquellos que  sirven  de  medio  o  de etapas a otros y que suelen ser ejecutados antes de que  estos  lo sean”: ROMERO SOTO, Luis Enrique. Concurso aparente de leyes. Hechos  copenados. Editorial Temis S.A. Bogotá, 1993, pág. 113.   

21  Radicación 21474.     

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