28213(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28213  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado   acta  No.  181      

Bogotá,     D.     C.,    veintiséis  de  septiembre del   año   dos  mil  siete.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de     la     demanda     de     casación     presentada    por    la              defensora  del   acusado      DIEGO      LEÓN      CERQUERA  MARTÍNEZ.   

Antecedentes.-  

1.-    Los  hechos  fueron  reseñados en el escrito de acusación  presentado   por   la   Fiscalía,   de   la  manera  siguiente:   

“El día  ocho  (08)  de  octubre del presente año (2006) a eso de las  cinco  y treinta (5:30) minutos de la tarde fue secuestrado el señor JUAN PABLO  VALLE MICOLTA, identificado  con  cédula  de  ciudadanía  número  1.113.308  de Palmira por el hoy acusado  DIEGO  LEÓN CERQUERA MARTÍNEZ, identificado con cédula de ciudadanía número  6.393.964  de  Palmira, en asocio de tres personas más de sexo masculino, en el  sitio       conocido       como      ‘ Parque de las Bicicletas’ de esa ciudad, esto es, de la ciudad  de  Palmira  Valle,  desde la hora en cita hasta el día siguiente a las cinco y  treinta  (5:30)  de la mañana cuando se pudo liberar,  ese  día  de los hechos el señor JUAN PABLO VALLE MICOLTA, fue invitado por su  primo  DIEGO  LEÓN CERQUERA MARTÍNEZ, a dicho sitio con el fin de conocer unas  amigas,      entre      ellas      ‘Vicki’,  motivo  por  el cual JUAN PABLO VALLE MICOLTA, accedió y es así, como recoge a  su  primo en el vehículo de placas CMC-967 y se dirigieron a ese lugar; una vez  allí   encuentran   tres   personas   de  sexo  masculino  con  las  que  DIEGO  LEÓN  CERQUERA MARTÍNEZ,  se  saluda de mano y estos a su vez lo saludan con nombre propio, pero de manera  inmediata  uno  de  ellos  se  acerca  al vehículo conducido por el señor JUAN  PABLO  VALLE  MICOLTA  y bajo intimidación con arma de fuego lo hace pasar a la  silla  de copiloto y asume el control del mismo mientras los otros dos sujetos y  DIEGO  LEÓN  CERQUERA MARTÍNEZ se sentaron en la silla trasera emprendiendo la  marcha    vía    tienda    nueva    –barrancas,  procediendo  a  vendarle los ojos y lo despojaron de su  billetera  y  su celular, siendo así, que luego de cierto recorrido, paran y lo  pasan  a la parte de atrás y su primo pasa al lugar que éste ocupaba, es decir  la  silla  del  copiloto,  hasta llegar a un riachuelo a donde lo hicieron bajar  del  vehículo  y se separan de DIEGO ya que éste sigue con el conductor y  él  emprendió  la  marcha a pie con los otros dos sujetos que para ese momento  iban  con  él  en la silla trasera del vehículo hasta llegar a una casa- finca  que  se  encontraba  abandonada a donde le hicieron saber que por su liberación  se  debía cancelar la suma de cuatrocientos millones ($400.000.000) de pesos en  un  termino  de 48 horas o de lo contrario le darían muerte atándolo de pies y  manos  e  introduciéndole  una media en la boca y lo  ingresan  en  una  de  las  habitaciones  del inmueble hasta el otro día cuando  logra  liberarse  hasta  llegar a una vivienda de la región adonde pide ayuda a  sus  moradores quienes de inmediato, no sólo lo auxilian sino que informan a la  Policía  de  La  Buitrera;  cabe  anotar también que en el desarrollo de estos  hechos  los  captores llamaron desde el celular de la víctima a su señor padre  a  quien  le  manifestaron  en qué condiciones se encontraba su hijo  y le  hicieron  la exigencia de trescientos millones ($300.000.000) por su liberación  o  de  lo  contrario le darían muerte”.     

2.- Con fundamento  en  lo  narrado  a  los investigadores del GAULA   por    parte    de   la  víctima,    por    petición    de   la  Fiscalía  Cuarenta y Cuatro de la URI  con   sede   en   Palmira,  el  nueve de octubre de dos  mil  seis  el  Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  de  Palmira  con funciones de  Control   de  Garantías  llevó  a  cabo  audiencia  preliminar   en   la   que  ordenó  la captura del indiciado DIEGO LEÓN CERQUERA  MARTÍNEZ,    la    cual   tuvo   lugar   en   esa   misma   fecha.       

El    día  diez  de esos mismos mes y  año,      la     Fiscalía     19            Especializada   Delegada   ante  el  GAULA  de  Palmira  presentó el  caso     ante     el     Juez     Noveno  Penal  Municipal  de  Palmira con funciones de Control   de   Garantías  en        donde       solicitó   llevar  a  cabo  audiencia  preliminar   de   legalización   de   captura,   formulación   de  imputación  e  imposición de medida  de   aseguramiento,  en  desarrollo   de  la  cual,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  por  el  artículo 154 del Código de Procedimiento Penal de 2004, le  imputó  la realización del concurso de delitos de  secuestro  extorsivo  agravado y porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal  a  tenor de lo dispuesto en los artículos  169,  170.6           y          365      del      C.P.  así  como  del  14  de la Ley 890 de  2004,   cuyos  cargos  no fueron aceptados por  el    imputado,    quien    se    encontraba    asistido    por   una  profesional del derecho.   

3.-  El  ocho de  noviembre     de     dos     mil     seis la Fiscalía presentó escrito de  acusación    en    el    cual    le   imputó   al   incriminado   DIEGO   LEÓN  CERQUERA  MARTÍNEZ  la  realización  del curso de  delitos de secuestro  extorsivo   y  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego de defensa  personal        de       que       tratan  los artículos  169 y 365 del C.P. así como del 14  de la Ley 890 de 2004.   

4.-   Ante   el   Juzgado   Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Buga,     los     días    22  y 29 de  noviembre,  y  5  de  diciembre  de 2006,   se   llevó   a  cabo  la  audiencia  de  formulación  de  la  acusación  -en  la cual la Fiscalía aclaró la que uno de los delitos por los  que    se    procede    es   el   de   secuestro  extorsivo  agravado  (arts.  169  y  170.6  del C.P.)-;  el  5 de enero de 2007 la  audiencia  preparatoria, y  finalmente,      los      días     31     de     enero    y    19   de   febrero   de           2007    el  juicio  oral;     en     esta     última      fecha     se  anunció  el  sentido condenatorio  del fallo.   

La  sentencia fue proferida el 5    de    marzo   de   2007, y en ella se condenó al acusado  DIEGO  LEÓN  CERQUERA  MARTÍNEZ a las penas principales  de cuatrocientos  cincuenta  y  dos   (452)  meses  y  veinticuatro (24) días de prisión, y  multa  en  cuantía  de seis mil seiscientos sesenta y seis punto sesenta y seis  (6.66.66)       salarios       mínimos       legales      mensuales,   así   como   la   accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  veinte  (20)  años,   al tiempo que le negó la suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria, entre otras  determinaciones,  a  consecuencia  de  hallarlo  penalmente  responsable  del  concurso   de  delitos  de  secuestro  extorsivo  agravado   (arts.  169  y  170.6      del      C.P.),  modificados  por la ley 733 de 2002,  y  porte  ilegal  de  armas  de fuego o municiones de defensa personal (art. 365  ejusdem),    modificados    la    ley    890    de  2004.   

5.-        Apelada    la  sentencia  por la defensa,  quien   consideró   ausentes   los   presupuestos   probatorios  para  proferir  declaración   de   condena,   y   entre  otros  aspectos,  solicitó revocar la sentencia de primera  instancia   y  absolver  al                acusado   de  los  cargos  que le fueron  formulados     (fls.  162),  el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial           de          Buga,   al  conocer  en segunda instancia de la impugnación interpuesta, mediante sentencia  proferida         el         veinte        de        abril  de  dos  mil  siete,  decidió  modificarla en el sentido  de  excluir  la  circunstancia  específica  de  agravación  para  el delito de  secuestro,  fijar, en consecuencia la pena privativa  de  la  libertad  en  veintisiete  (27)  años  de prisión, y confirmarla en lo  demás           (fls          122       y       ss).   

6.-  Contra  la  sentencia  de  segunda  instancia, en oportunidad la  defensa                 interpuso         recurso  extraordinario de casación mediante la presentación del  escrito   de   demanda    (fls.  142  y  ss.),  sobre  cuya  admisibilidad  se  pronuncia  la   Corte.   

La demanda.-  

Después      de      identificar  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia materia de  impugnación,  así  como  resumir  los hechos y la actuación llevada a cabo en  las  instancias, con fundamento en la causal tercera  de    casación,    el   demandante   formula  un  cargo  contra  la sentencia del Tribunal,  en  el  que  la acusa de ser violatoria, por vía indirecta, de  disposiciones  de  derecho  sustancial (arts. 7 y 381 del C.P.P. y 169 y 365 del  C.P.)  a  consecuencia  de incurrir en error de hecho por falso raciocinio “al  apartarse   de  la  convergencia,  concordancia  y  fuerza  de  convicción  del  principio  de  la  sana  crítica  apalancada  en  la  ciencia,  la lógica y la  experiencia,   lo   que   influyó  determinantemente  con  vicio  en  el  fallo  condenatorio censurado”.   

Con  la  pretensión  de  darle desarrollo,  manifiesta  que  al contrario de lo declarado por el  Tribunal,  en ningún momento se recaudó material fonoaudiológico, “es decir  no  existe  registro  de  voz del acusado DIEGO LEÓN MARTÍNEZ CERQUERA, lo que  sí    existe    son    llamadas   entrantes  mas  no  salientes,  es  decir  parte de la estrategia para  endilgar  responsabilidad es llamar una persona a su celular” pues,  según sostiene, nadie puede impedir  que   lo   llamen   a   su   teléfono   celular.   Distinto   fuera,  anota,  que  a  su  asistido  se le  hubiera  grabado  su  voz  para  poderlo  rotular  como autor o partícipe de la  conducta investigada, lo cual no es el caso.   

    

Invita  a  la  Corte  para  que analice los  testimonios  de  la  víctima  y  del  acusado,  para  establecer  sus  vínculos  de  consanguinidad, la frecuencia de la relación de  amistad  desde la infancia,  concluya que su asistido también fue víctima  del  plagio,  y  que no resulta creíble que se le pidan trescientos millones de  pesos a una familia que no cuenta con dicho capital.   

Anota  que en este caso no se pagó rescate  alguno,  el  vehículo en que se transportaba la víctima fue dejado abandonado,  los   presuntos  secuestradores  resolvieron  dejar  expósita  a  la  víctima,  a ésta no se le causaron  lesiones  a  su integridad  física    y   en   el   sitio   escogido  para  el  cautiverio,  no  se  encontró  ningún elemento  material que evidenciara la intención de permanecer allí.   

Sostiene  que la víctima falta a la verdad  cuando  sostiene  que  estuvo en un sitio desconocido para pernoctar durante las  supuestas  negociaciones  del plagio, pues dicho sector ha sito tradicionalmente  visitado    por    aquella,    por    cuanto  varios  familiares  suyos allí  poseen  viviendas de descanso.   

Anota  que  los  juzgadores no valoraron el  respeto  que  DIEGO LEÓN CERQUERA MARTÍNEZ profesa por la justicia, pues nunca  trató  de  evadirla  ni pretendió fugarse, al punto que estuvo presto y atento  para comparecer cuando nuevamente fue requerido.   

Cuestiona  la  decisión  del  Tribunal  de  considerar    que   su  asistido  es  coautor del  comportamiento   imputado,   ya   que  si  bien  DIEGO LEÓN CERQUERA MARTÍNEZ manifestó que conocía a  uno  de  los  secuestradores  con  el alias de “El Indio”, y que lo recuerda  como  residente  en  la zona rural del Municipio de Palmira,  Corregimiento  de  La  Buitrera,  donde  se  dice  que  es miembro de las AUC, de ello no puede  colegirse  que  aquél sea coautor del secuestro, pues “para secuestrar a JUAN  PABLO  VALLE MICOLTA no necesitaban del concurso, colaboración, cooperación de  DIEGO   LEGÓN   CERQUERA   MARTÍNEZ”,  toda  vez  que  quienes  se   dedican   a   la  industria  del  secuestro,  poseen  todo  tipo  de  técnicas   y  procedimientos  para  conseguir  sus  objetivos.                    

Agrega que al contrario de lo narrado por la  víctima   durante   las  entrevistas  recepcionadas  por  la  Fiscalía,  en  días  previos  al  ocho de  octubre  de  dos mil seis,  JUAN  PABLO  VALLE  MICOLTA sí había estado con las  citadas   damas, en  compañía    de    su   consanguíneo,  en un establecimiento comercial, al  punto  que  llevó  a  una  de  ellas  en  su  vehículo,  es  decir la conoció  personalmente,  como  así  lo  dijo  en  el  juicio  oral.   De  este  modo  modificó  su  versión,  pero  no  por ello los juzgadores ponen en tela de juicio la credibilidad de su testimonio.   

Considera   ilógico   que   sin   mediar  intervención  alguna,  la  víctima  aparezca liberada, sin tener que huir, sin  utilizar  estrategia  de  evasión,  sin  captura  de  secuestrador alguno y sin  aportar  los  supuestos  cables de electricidad con que fue atado, máxime si en  el  juicio  oral  dijo  que  había  sido atado con los cordones de los zapatos.   

Anota que carece de lógica que el vehículo  en     que    la    víctima    se    transportaba,       haya  sido  entregado  a  su propietario sin habérsele practicado  experticia  técnica  a  fin  de  obtener información dactiloscópica, o que el  padre  de  aquella hubiese  sido   informado   del   secuestro   a  escasos   cuarenta   minutos  después  de  ocurrido  del     plagio    y    sin  embargo  no hubiese presentado la  denuncia correspondiente.         

Tampoco  es  lógico, dice, que la víctima  modifique  en  el  juicio  oral  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y lugar  expresadas  en  las  entrevistas;  ni que se solicite el pago de $300.000.0000 a  una  familia  que  no  tiene  capacidad  económica,  o que mientras la policía  recibe  información  del  hecho, en ese mismo momento se practique por parte de  la   progenitora  de  la  víctima un allanamiento en el domicilio del acusado.   

Menos    tiene    lógica,    “para   ser  creíble  esa  historia      del      secuestro     –dice-,  que  en  el  sitio  escogido  para que permaneciera secuestrado JUAN PABLO VALLE  MICOLTA,  no se encontrara absolutamente nada, ni ropa, ni comida, ni medicinas,  ni  cobijas,  ni  camas,  ni  armas,  ni  secuestradores,  al final una completa  fábula”.   

Sostiene   que   no   se   reúnen   los  presupuestos    del  artículo  169 del Código Penal para tipificar la conducta como secuestro, pues  en  ningún  momento  arrebató,  sustrajo,  retuvo  u ocultó a persona alguna,  Antes  por  el  contrario, su asistido, considera que  su  defendido  fue  una  víctima  más  del plagio.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  casar  la  sentencia materia de impugnación, y absolver a su asistido de  los   cargos   que   le   fueron   formulados  (fls.  142     y     ss.  carpeta).    

   

SE CONSIDERA  

             

1.-  La Corte ha  sido   persistente   en  sostener  que  la   casación   no   ha   sido  concebida  como  un  instrumento  que  permita continuar el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en el fenecido proceso,  a  manera  de instancia adicional a las ordinarias del trámite,  sino   como   una  sede  única, la cual parte del  supuesto   que   el   proceso   culminó  con  el  proferimiento  de              la             sentencia  de segunda instancia, y que  ésta   no   sólo  es  acertada sino acorde con  el     ordenamiento     jurídico,     cuya     desvirtuación     compete    al  demandante.   

Tal cometido sólo resulta posible por parte  de  los  intervinientes en la actuación cuyo interés derive del agravio que la  ejecutoria  de  la   decisión  impugnada habría de causarles, mediante la  presentación  de  una  demanda  en  que  no  sólo  se  expresen con claridad y  precisión  los  fundamentos  de  la  pretensión,  sino  que  se  demuestre  la  configuración  de  al  menos  uno  de  los  motivos  de casación taxativamente  previstos  por  la ley de rito, así como la necesaria intervención de la Corte  para  cumplir,  en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines que le son  inherentes,  previstos  por  el artículo 180 del Código de Procedimiento Penal  de  2004, pues no de otra manera podrían     ser     entendidas    las  expresiones      según      las           cuales,    a    voces    de              los        artículos  181  y  183 ejusdem, la casación  resulta  procedente  contra  sentencias  de  segunda instancia “cuando afectan  derechos   o   garantías   fundamentales”  y  que  la  demanda debe señalar  “de   manera   precisa   y   concisa”   las   causales   invocadas   y   sus  fundamentos.   

Es  tan  cierto  que  el  modelo casacional  previsto  en el ordenamiento procesal de que trata la  Ley   906   de  2004  en  manera  alguna  libera  al  demandante  de  cumplir  con unos mínimos requisitos que le permitan superar el  necesario  juicio  de admisibilidad que por ley compete realizar a la Corte, que  el    artículo   184   del   mencionado   estatuto  la      faculta     para     no     admitir  al trámite aquellas demandas  en  las  cuales se establezca que el impugnante carece de interés, o  cuando  no  se señala el motivo de  casación  en que apoya la pretensión desquiciatoria contra el fallo de segunda  instancia,    o    se  dejan de desarrollar los  cargos  que  a  su  amparo  pretendió  formular,  “o cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no se precisa del fallo para cumplir algunas de las  finalidades del recurso”.   

2.- En punto de las causales de procedencia  de  la casación, previstas por el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, asimismo  la Corte tiene precisado lo siguiente:   

“a)  La  de  su  numeral  1º  –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

“b)   La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

“En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  claras  y  precisas pautas  demostrativas1.   

“Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia2.   

“c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio de convicción3,     mientras     que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

“La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado” (cfr. Auto Cas. mayo 4 de 2006. Rad. 25250).   

A  más  de  lo  dicho,  la  Sala ha dejado  indicado:   

“Supone lo anterior que  el  demandante  debe  encaminar  sus esfuerzos a demostrar cómo con el trámite  procesal  o a través del fallo se afectaron derechos o garantías fundamentales  para  lo  cual,  en  consonancia  con  el  yerro advertido, ha de servirse de la  causal  de  casación  pertinente  señalándola  expresamente  e  indicando las  razones  que  le asisten para estimar que se encuentra estructurada, sin olvidar  que  debe  indicar,  así sea sucintamente, cuál de los fines establecidos para  la  casación  hace  necesaria  la  intervención  de  la Corte en el particular  asunto,  según lo previsto en el artículo 180 de esa normatividad, esto es, si  ella  es  indispensable  para la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de  los intervinientes, la reparación de los agravios sufridos  por éstos o la unificación de la jurisprudencia.   

“Con  esos  propósitos,  resulta  de suma  utilidad   que   el   actor   atienda   las  directrices  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  sobre  la  forma  para abordar en esta sede el desarrollo de los  diferentes  motivos  de  casación  pautas que, bien está recordar, no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la formulación y desarrollo  de sus reparos.   

“Tales   directrices  tienden,  pues,  a  facilitar  la labor del demandante a fin de que resulten completos y entendibles  los  cargos  que  propone  contra el fallo de segundo grado, exigencia que sigue  vigente  pues  si  bien  en  la nueva lógica del recurso se habilita a la Corte  para  superar  los  defectos que el libelo ofrezca, esta última opción demanda  del  censor  un  esfuerzo  argumentativo  a  través  del  cual  demuestre ya el  probable  distanciamiento  entre  el fallo recurrido y la norma constitucional o  legal  que debió gobernarlo, ora la vulneración de garantías fundamentales de  los  intervinientes,  bien  el  tema  jurídico  que  por su relevancia deba ser  abordado  por  la  Sala  a  fin  de procurar el desarrollo de la jurisprudencia.   

“Es  decir, siempre será necesario que el  demandante  elabore  una  propuesta  coherente,  comprensible y convincente, por  cuyo  medio  pueda  concluirse  que  sí es indispensable la intervención de la  Corte  para  lograr  alguno  de los cometidos de la casación, de acuerdo con la  índole  de  la controversia planteada” (cfr. auto cas. junio 22 de 2006. Rad.  25412).   

3.-  Asimismo  la  Corte  ha  precisado que  cuando  la  demanda  se  orienta  a  denunciar  que  el  Tribunal  incurrió  en  “manifiesto  desconocimiento de las reglas de producción y apreciación de la  prueba  sobre  la  cual  se  ha  fundado  la  sentencia”,   dicho tipo de  desacierto  corresponde  a  la forma indirecta de violación a las disposiciones  de  derecho sustancial, y se configura cuando el sentenciador incurre en errores  en   la   apreciación  de  los  medios  de  prueba,  los  elementos  materiales  probatorios4  o  la  evidencia  física,  los  cuales pueden ser de hecho o de  derecho5.   

Los  primeros se presentan cuando el juzgador  se  equivoca  al  contemplar materialmente el medio de conocimiento; porque deja  de  apreciar  una  prueba,  elemento  material  o  evidencia,  pese a haber sido  válidamente  presentada  o   practicada  en  el  juicio  oral, o porque la  supone  practicada en éste sin haberlo realmente sido y sin embargo le confiere  mérito  (falso juicio de existencia); o cuando no obstante considerarla legal y  oportunamente,  presentada, practicada y controvertida, al fijar su contenido la  distorsiona,  cercena o adiciona en su expresión fáctica, haciéndole producir  efectos  que objetivamente no se establecen de ella (falso juicio de identidad);  o,  porque  sin  cometer  ninguno  de  los anteriores desaciertos, habiendo sido  válidamente  practicada  la  prueba  en  el  juicio  oral,  en  la sentencia es  apreciada  en  su  exacta  dimensión  fáctica,  pero  al  asignarle su mérito  persuasivo   transgrede   los   criterios  técnico-científicos  normativamente  establecidos  para  la  apreciación  de  ella,  o   los  postulados  de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia o las reglas de experiencia, es decir, los  principios  de  la  sana crítica, como método de valoración probatoria (falso  raciocinio).   

Cuando  el  reparo  se  orienta  por el falso  juicio  de  existencia  por  suposición  del  medio de conocimiento, compete al  casacionista  demostrar el yerro con la indicación correspondiente del fallo en  donde  se  aluda a dicho medio que materialmente no fue practicado, presentado o  controvertido  en  el  juicio;  y  si  lo  es  por  omisión de ponderar prueba,  elemento  material  o  evidencia física válidamente presentada o practicada en  la  audiencia  de  juicio  oral, es su deber concretar la parte pertinente de la  audiencia  pública en que se presentó la evidencia o el elemento material o se  practicó  la  prueba,  e indicar qué objetivamente se establece de ella, cuál  el  mérito  que  le  corresponde siguiendo los postulados de la sana crítica y  los  criterios de valoración normativamente previstos para cada una, y señalar  cómo  su  estimación conjunta con el arsenal probatorio aducido por las partes  en  el  juicio  y  debidamente  controvertido  en  éste,  da lugar a variar las  conclusiones  del  fallo,  y,  por  tanto  a modificar la parte resolutiva de la  sentencia   objeto   de   impugnación   extraordinaria.       

Si   lo   pretendido   es   denunciar   la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar  expresamente qué en  concreto  dice  el  medio  de  prueba,  el  elemento  material  probatorio  o la  evidencia  física,  según  el  caso;   qué  exactamente  dijo  de él el  juzgador,  cómo  se  le  tergiversó,  cercenó  o  adicionó  en su expresión  fáctica  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente no se establecen de  él,  y  lo  más  importante,  la  repercusión definitiva del desacierto en la  declaración    de    justicia    contenida   en   la   parte   resolutiva   del  fallo.   

Si   se   denuncia   falso  raciocinio  por  desconocimiento   de   los   criterios   técnico   científicos  normativamente  establecidos  para  cada  medio  en  particular  (art. 380 cpp), el casacionista  tiene  por deber precisar la norma de derecho procesal que fija los criterios de  valoración  de  la  prueba  cuya  ponderación  se  cuestiona,  indicar cuál o  cuáles  de  ellos  fueron  conculcados  en  el  caso  particular y demostrar la  incidencia   que   dicho   desacierto   tuvo   en   la   parte   resolutiva  del  fallo.   

Si  la  denuncia  se  dirige  a patentizar el  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué infirió de él el juzgador y cuál  mérito  persuasivo  le  fue otorgado; también debe señalar cuál postulado de  la  lógica, ley de la ciencia o máxima de experiencia fue desconocida, y cuál  el  aporte científico correcto, la regla de la lógica apropiada, la máxima de  la  experiencia  que  debió  tomarse  en  consideración  y  cómo; finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error, indicando cuál debe ser la apreciación  correcta  de  la  prueba  o  pruebas  que  cuestiona, y que habría dado lugar a  proferir  un  fallo  sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  ameritado.    

Los  errores  de  derecho,  entrañan, por su  parte,  la  apreciación  material  del  medio  de  conocimiento  por  parte del  juzgador,  quien  lo  acepta  no  obstante  haber  sido  aportado  al  juicio, o  practicado   o   presentado   en   éste,   con  violación  de  las  garantías  fundamentales  o de las formalidades legales para su aducción o práctica; o lo  rechaza  y  deja  de  ponderar  porque  a  pesar  de  haber  sido  objetivamente  cumplidas, considera que no las reúne (falso juicio de legalidad),   

También,  aunque  de restringida aplicación  por  haber desaparecido del sistema procesal la tarifa legal, se incurre en esta  especie  de  error  cuando  el juzgador desconoce el valor prefijado al medio de  conocimiento  en  la  ley,  o  la  eficacia que ésta le asigna (falso juicio de  convicción),  correspondiendo  al  actor,  en  todo  caso,  señalar las normas  procesales  que  reglan  los  medios  de  conocimiento  sobre los que predica el  yerro, y acreditar cómo se produjo su trasgresión.   

Cada una de estas especies de error, obedecen  a  momentos  lógicamente distintos en la apreciación probatoria y corresponden  a  una secuencia de carácter progresivo, así encuentren concreción en un acto  históricamente  unitario:  el  fallo judicial de segunda instancia. Por esto no  resulta  técnicamente  correcto  que  frente a un mismo medio de conocimiento y  dentro  del  mismo  cargo,   o  en  otro  postulado  en el mismo plano, sin  indicar  la  prelación  con que la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen  argumentos     referidos     a    desaciertos    probatorios    de    naturaleza  distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras  de  la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar  el sentido de trasgresión de la ley, y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios  de  conocimiento  sobre los que predica el yerro, e indicar de manera  objetiva  su  contenido, el mérito atribuido por el juzgador, la incidencia del  desacierto   cometido   en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación  concretar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  mediatamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber  ocurrido  el yerro, el sentido del fallo habría sido sustancialmente distinto y  opuesto  al  impugnado,  integrando  de  esta  manera  lo  que se conoce como la  proposición    jurídica    del   cargo   y   la   formulación   completa   de  éste.   

Además, de acogerse a la vía indirecta para  denunciar  la  violación  de normas sustanciales por errores en la apreciación  de  los  medios  de  conocimiento,  la misma naturaleza excepcional que  la  casación  ostenta  impone al demandante el deber de abordar la demostración de  cómo  habría de corregirse el yerro probatorio que denuncia, modificando tanto  el supuesto fáctico como la parte dispositiva de la sentencia.   

Esta  tarea comprende el deber de realizar un  nuevo  análisis de los medios de prueba, los elementos materiales probatorios y  la  evidencia  física presentados en el juicio; valorando los medios que fueron  omitidos,  cercenados  o  tergiversados,  o apreciando acorde con los principios  técnico  científicos establecidos parta cada uno en particular y las reglas de  la  sana crítica respecto de aquellos en cuya ponderación fueron transgredidos  los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia o los dictados de  experiencia;  y excluyendo del fallo los supuestos o los ilegalmente practicados  o aducidos.   

Dicha  labor  no debe ser realizada de manera  insular  sino  conjunta,  esto  es,  en confrontación con lo acreditado por las  pruebas  debatidas en juicio y acertadamente apreciadas, tal como lo ordenan las  normas  procesales  establecidas  para cada medio probatorio en particular y las  que refieren el modo integral de valoración.   

Todo ello en orden a hacer evidente la falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida de un concreto precepto de derecho  sustancial,   pues,   al  fin  y  al  cabo,   es  la  demostración  de  la  trasgresión  de la norma de derecho sustancial por el fallo, la finalidad de la  causal  tercera  de  casación.  De  otro modo no podría concebirse el trámite  extraordinario  por  errores  de apreciación probatoria, si su propósito no se  orienta  a  evidenciar  la  afectación  de  derechos o garantías fundamentales  debido  a la falta de aplicación de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal,  pese  a  ser  la  llamada  a  regular  el  caso, o la  aplicación   indebida   de   alguna   de   éstas  cuando  en  realidad  no  lo  rige.   

4- En el evento  que  ahora  ocupa la atención de la Sala, se observa  que   los  cargos que  la   recurrente  propone  contra   la   sentencia   impugnada   no           logran             superar,    siquiera    en   mínima  parte,  estas exigencias  básicas.   La  falta  de  claridad,  precisión,  y  de  debida  sustentación,  surgen  manifiestas. Las  inconsistencias  de  fundamentación  y técnicas son de tal magnitud y entidad,  que  impiden  establecer  el  verdadero  alcance  de  la impugnación y el cabal  entendimiento  de  la  pretensión  de  la  impugnante,  lo  que  determina  que el libelo no pueda ser admitido al trámite  con  miras  a  un pronunciamiento de fondo, en términos que seguidamente pasa a  precisarse.   

5- Como se recuerda  en   el   resumen   que   se  hizo  de  la  demanda,  la   casacionista   denuncia   que   el   Tribunal  incurrió     en  error   de   hecho   por  falso  raciocinio  en  la  apreciación     de     la     prueba,  y  de  manera  específica menciona que “lo manifestado por la  Sala  de  Decisión  Penal,  no  corresponde  a  la  realidad, ya que en ningún  momento  se recepcionaron   transcripciones   fonoaudiológicas,  es  decir  no  existe  registro  de  voz del acusado DIEGO LEÓN MARTÍNEZ CERQUERA, lo que sí  existe son llamadas entrantes mas no salientes”.   

Aquí  ya se empieza a avizorar la falta de  objetividad    de   la  propuesta       impugnagoria.      En  el  aparte  de  la sentencia de segunda instancia que la propia  libelista  reproduce,  de  ningún  modo  se afirma que se hubiere allegado a la  actuación  algún   material  probatorio  que  contenga  registros  de  la  voz  del  acusado,  sino  sólo  que el dicho de la  víctima   es   respaldado   por  “aquellos  otros  llevados  al  juicio  oral, fogueados en él, al que se sumaron los del grupo de  inteligencia  del  Gaula,  con la prueba técnica de los cruces de llamadas, que  pudieron  verificar  a  través  del material auditivo facilitado por la empresa  MOVISTAR.  Se  concluye  entonces  que  la  declaración  de  la  víctima no es  insular,  y  que la afirmación de que estamos ante un caso de testimonio único  hecha  por  la  Fiscalía  en  el  pliego  acusatorio  no  es exacto”.         

Allí  ya  se nota la carencia de apego por  parte  de la casacionista a la realidad que la actuación ofrece, y pone en tela  de  juicio la seriedad de su impugnación.   

Sucede  además,  que  por  parte  alguna  la  libelista  se da a la  tarea  de  indicar  qué objetivamente dice la prueba a que alude en la demanda,  qué  infirió  de  ella  el juzgador, ni en qué específicamente consistió el  error  de  raciocinio  que  pretende  noticiar.  Se  dedica  por  el contrario a  expresar  sus  propias  consideraciones  sobre  tal  medio de conocimiento, para  afirmar,  sin  ningún  sustento     en     la     actuación,  que  “parte  de la estrategia para endilgar responsabilidad es  llamar  una persona a su celular”, y  formular  conjeturas  de  su  propia  cosecha,  como  así  acontece     con     la     afirmación     según    la    cual    “qué  persona  puede impedir que lo  llamen  a  su  celular,  distinto  es  que  a  mi defendido DIEGO LEÓN CERQUERA  MARTÍNEZ,    se   le   tuviera   grabado   su   registro   de   voz”,  en  apreciaciones que no guardan  correspondencia        ni        con        la        prueba        practicada, ni con las consideraciones  que de ella hizo el tribunal.   

Con  esa  misma  tónica  de  no abordar el  proceso  demostrativo  de  sus  asertos,  y en total  desconexión  de  los  precisos  términos  en  que  el  Tribunal fundamentó su  sentencia,     la     demandante     “invita  muy  respetuosamente  a los Magistrados de la Honorable  Corte  Suprema de Justicia que del conjunto armónico que son los testimonios de  acusado  y víctima por sus vínculos de consanguinidad, por la frecuencia de su  relación  de amistad, por  su  comparecencia  a  todo  tipo  de  eventos  sociales,  por compartir desde la  infancia  diversas  facetas  de   ese proceso formativo, mi defendido DIEGO  LEÓN  CERQUERA  MARTÍNEZ,  no  es  acusado,  fue  una  víctima  también  del  plagio…”,  pretendiendo  con  ello  que  en sede  extraordinaria  la Corte realice un nuevo proceso de  valoración  de  la  prueba  practicada  en  el juicio, como si éste no hubiera  culminado  con  el  proferimiento del fallo de segunda instancia, y de este modo  le  atribuya  particular mérito y alcance demostrativo, por fuera del declarado  en  las  instancias,  pero  sin  la previa demostración de haberse incurrido en  algún  tipo  de  error  de hecho o de derecho en los  medios    de   conocimiento   practicados   en   el   juicio   oral.         

Para  nada  alude  la casacionista, que los  juzgadores,  y  de  manera  específica  el  de  segunda  instancia, fundaron su  decisión  en  la  credibilidad que le confirieron al dicho de la víctima, tras  considerar  que  aparece respaldado por otros medios de conocimiento,  tales  como  el  testimonio  de  la  señora  Ana  Belisa  Montenegro,  de  los  agentes  de la Policía Nacional que  conocieron  del  caso,  los del Gupo de Inteligencia  del  Gaula  que  analizaron  los  cruces  de  llamadas  a  través  del material  facilitado  por  la  empresa Movistar, la ausencia de interés de la víctima en  perjudicar  al  acusado, el conocimiento previo de éste con los sujetos que los  estaban  esperando  donde  supuestamente debían encontrarse con una amiga, y la  insistencia  del acusado para que el sábado anterior la víctima lo acompañara  a   otro   lugar,   donde   supuestamente   cobraría  un  dinero,  entre  otros  aspectos.        

Como  quiera  que dichas consideraciones no  son   objeto   de   controversia   por   parte   del   recurrente,  la  demanda  lejos  se  halla  de  poder  desvirtuar el fundamento  fáctico  y  jurídico  de  la sentencia de segunda instancia. Por el contrario,  lo   que  se  evidencia  en  la formulación del  reparo  no  es  entonces  la  denuncia de un concreto  error   de   apreciación   de   la   prueba,  sino  la   simple   y  llana  aposición     al  cumplimiento  de  la sentencia tan sólo porque no le  resultó  favorable  a  los  intereses que representa, pero sin denunciar, menos  demostrar,     la     existencia     de  un error de hecho o de derecho,  ni  cómo  un tal desacierto  resultó     trascendente     en     la     definición     del     asunto.       

La Sala advierte es que en lugar de ajustarse  a  los  derroteros  normativamente  establecidos para la casación y ampliamente  desarrollados  por  la jurisprudencia de esta Corte, la casacionista presenta su  particular  percepción  sobre la manera como los hechos tuvieron realización y  el  mérito que, a su criterio, debe conferirse a algunos medios de convicción,  distanciándose  de tal modo de los lineamientos párrafos arriba referenciados.  Pese  a los esfuerzos que realiza en orden a sustentar los fundamentos fácticos  y  jurídicos  de  la  censura,  no  logra demostrar que el sentenciador hubiere  incurrido  en  los  errores  de  apreciación  probatoria  que  denuncia,  ni la  trascendencia  que  ellos  tuvieron  en la definición del juicio, lo que impide  que los cargos resulte admitido al trámite casacional.   

Se observa  en últimas, es la divergencia  de        criterios       en       la     demandante     con   el   sentenciador   en  torno  a  la    negativa    de  reconocer  la  existencia  de  dudas probatorias que  posibilitaran a absolver  al  acusado, pero sin enunciar expresamente, tampoco  demostrar,   la  concreta  y  objetiva  configuración  de  un  desacierto  que  diera lugar a    la  casación  del  fallo,  y  ello,  como  resulta  apenas  obvio,  impide  que la  demanda  sea  admitida  al trámite para el estudio de mérito de las          censuras que propone.   

6.- Advierte    la    Corte,    además,  que  en  este  caso no resulta necesario superar los  defectos  de  la  demanda para cumplir con los fines de la casación mediante la  emisión de un fallo de fondo.   

7.- No    sobra    aclarar,   finalmente,  que contra esta decisión procede el mecanismo de la  insistencia.   Sobre   dicha  temática  la  Corte6    tiene    precisado   lo  siguiente:   

“c)            El  mecanismo  de ‘insistencia’.   

“Señala  el artículo 184 de la Ley 906  de  2004  que  contra  el  auto  -debidamente motivado- a través del cual no se  selecciona     la    demanda    de    casación    procede    el    ‘recurso’   de   insistencia   ‘presentado   por   alguno  de  los  Magistrados    de   la   Sala   o   por   el   Ministerio   Público’.   

“Como  quiera  que  el  nuevo Código de  Procedimiento  Penal  no  regula  el  trámite  a  seguir para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  obligado  se  impone  abordar  el  tema a fin de  definir las reglas que habrán de seguirse para su aplicación.   

“En esta dirección, bien está precisar  que  de  la  simple  lectura  de  los  artículos  176  a 198 del nuevo estatuto  procesal  penal  se  colige  que  la  insistencia  no  fue  contemplada  por  el  legislador  como recurso ordinario o extraordinario. A su vez, es también claro  que   este   mecanismo,  llamado  a  provocar  la  reconsideración  de  ciertas  decisiones  que  adoptan  las  altas  Cortes, fue introducido por primera vez al  ordenamiento   jurídico   en   el  artículo  33  del  Decreto  2591  de  1991,  reglamentario de la acción de tutela, que prescribe:   

‘REVISIÓN POR  LA   CORTE  CONSTITUCIONAL.  La  Corte  Constitucional  designará  dos  de  sus  Magistrados  para que seleccionen, sin motivación expresa y según su criterio,  las   sentencias   de   tutela   que  habrán  de  ser  revisadas.  Cualquier  Magistrado  de  la  Corte,  o  el  Defensor del Pueblo,  podrá  solicitar  que  se  revise  algún  fallo  de tutela excluido por éstos  cuando  considere  que  la  revisión  puede  aclarar el alcance de un derecho o  evitar  un  perjuicio  grave. Los casos de tutela que  no  sean  excluidos  de  revisión  dentro  de  los  30  días  siguientes  a su  recepción,  deberán  ser  decididos  en  el término de tres meses’.   

“A  su turno, examinados los debates que  precedieron  la  expedición  de  la Ley 906 de 2004, nítidamente surge que fue  voluntad  del legislador hacer extensivo ese mecanismo excepcional previsto para  la  acción  de  tutela al recurso extraordinario de casación en materia penal.  Fue  así  como  en  las  discusiones  para  segundo  debate,  el  Senado  de la  República  examinó  la propuesta introducida por el Representante a la Cámara  Luis  Fernando  Almario,  en  el  sentido  de  adicionar  la  procedencia  de un  ‘recurso’ de insistencia contra la decisión  de  esta  Sala  en  la  que no se selecciona una demanda de casación, propuesta  justificada en los siguientes términos:   

‘Yo  si creo  que  por lo menos pongámosle a proceder un recurso. Yo he redactado esto. En la  parte  donde  dice  que no procede ningún recurso lo he sustituido por esto, no  será   seleccionada  por  auto  debidamente  motivado  que  admite  recurso  de  insistencia  presentado  por  alguno  de  los  Magistrados  de  la Sala o por el  Defensor  del Pueblo, la demanda y el resto sigue igual, por lo menos que exista  ésa  posibilidad, que si uno cree que le han violado  sus  derechos fundamentales y la Corte no seleccionó esa casación por lo menos  que  uno  tenga  un  derecho de pataleo, aunque sea de llegada a un Magistrado o  enviarle  una  carta,  o  ir a la Defensoría del Pueblo y decir, mire por favor  insista  ante  la  Corte,  porque  es  que  en tanta  cantidad  de  cosas  es  muy  difícil que vayan a poner cuidado a mi situación  personal’.   

“Propuesta  que  recibió aprobación de  las  Cámaras,  introduciéndose sólo una variante frente a la intervención de  la  Defensoría  del  Pueblo, reemplazada por el Ministerio Público, tal y como  se  anotó  en  las  actas  correspondientes  al  informe  para  segundo debate,  así:   

‘A propuesta  del  Representante  Almario,  se  prevé  el  recurso  de insistencia ante la no  selección  de la demanda de casación a instancia de  alguno  de los Magistrados de la Sala correspondiente o del Defensor del Pueblo.  Sin  embargo,  los  ponentes  propondremos  que  a  cambio de este último pueda  hacerlo   el   Ministerio   Público’.    

“Visto  lo  anterior, se concluye que si  bien  tanto  en  la  propuesta sometida a consideración del Congreso como en el  texto  finalmente  aprobado,  se  hizo  expresa  mención a que se trataba de un  ‘recurso’,  no  cabe  duda  que  no  es esta  la   naturaleza predicable de la ‘insistencia’,  tanto por los fines a cuyo propósito sirve la figura, como por  haber  reservado  el  legislador  su impulso a quienes no ostentan la calidad de  intervinientes  dentro  del  proceso penal, titulares por excelencia del derecho  de impugnación.   

“Ciertamente,  no  se  concibe  que  la  facultad          de          ‘impugnar’  la  decisión  a  través  de la cual no se selecciona una demanda de casación,  quede  radicada  en  cabeza  de  un  Magistrado  de la propia Sala, que como tal  intervino  en  la  discusión  y  aprobación  de  la  decisión  sobre  la cual  procedería         el         ‘recurso’7.   

“A  su turno, tampoco puede considerarse  que  la  insistencia  sea  un  medio  de impugnación radicado exclusivamente en  cabeza  del  Ministerio Público que actuó al interior del proceso penal dentro  del  cual  fue  presentada  la demanda de casación a la postre no seleccionada,  como  quiera  que  el  ejercicio  de  las  facultades  que  la ley otorga a este  especial  interviniente  en el proceso penal a fin de que supervigile el respeto  del  debido  proceso  y  de los derechos y garantías fundamentales, tiene cabal  realización  a  su  interior  por  vía  de  los  instrumentos ordinarios   y   extraordinarios  de  defensa  previstos  para   los  restantes   intervinientes  – Fiscalía,  imputado, defensor  y  víctima  –  a  cuyo  acceso  lo  autoriza la ley en las mismas condiciones y  oportunidades  otorgadas  a  ellos,  sin que pueda admitirse que a diferencia de  los  demás  cuenta  con  un  mecanismo adicional de impugnación sólo previsto  para  él,  en  desmedro  del  equilibrio  que  el proceso ha de ofrecer a todos  ellos.   

“De  allí que la insistencia solo pueda  entenderse  como  un  instrumento  previsto para que la Sala, a instancia de los  Delegados  del  Ministerio  Público que intervienen en el trámite casacional o  de  alguno  de  los  Magistrados  integrantes de ella, reexamine las razones que  tuvo   a   bien   esgrimir  para  no  seleccionar  la  demanda,  naturaleza  que  precisamente  es  la que el legislador le atribuyó a este sui generis mecanismo  judicial en pretérita ocasión frente a la acción de tutela.   

“A  su vez, si el objeto de debate es el  acto  por  el  cual  no  se  selecciona  la  demanda,  es  también claro que la  proposición  de  la  insistencia compete exclusivamente al demandante, quien en  razón  del  interés que le asiste en que el proceso sea examinado por la Corte  y  que  hizo  manifiesto  al  presentar  la  demanda  de casación, puede elevar  petición  al  Ministerio Público, a través de sus Procuradores Delegados para  la  Casación Penal, para que ellos examinen si por la justeza de los argumentos  expuestos,  deben  solicitar o no a la Sala la reconsideración de su decisión,  o  puede  provocarse por conducto de alguno de los Magistrados integrantes de la  Sala  que  hubiere  salvado  el  voto  frente  a  la decisión mayoritaria de no  seleccionar la demanda de casación.   

“Igualmente,  encuentra  la  Sala que es  potestativo  del  Ministerio  Público o del Magistrado ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  llevar el asunto a consideración de la Sala o denegar  la  petición  mediante  comunicación dirigida al solicitante, conclusión a la  que  se  arriba  teniendo  en  cuenta  que  en  este especial trámite, aquellos  serían   los   encargados   de  llevar  la  vocería  del  peticionario  en  la  insistencia,  de  suerte  tal que tendrían que compartir plenamente las razones  que  hacen  necesario  que la Sala reconsidere su decisión, razón de más para  que  este  especial mecanismo se promueva bien ante el Magistrado que se apartó  de  la  decisión  mayoritaria  de  no  seleccionar  la  demanda,  ora  ante los  Procuradores  Delegados  para  Casación  Penal, y como tales, ajenos a lo allí  decidido.   

“Por último, es preciso puntualizar que  al  no ser la insistencia un medio de impugnación, su trámite no está llamado  a  producir  efecto  alguno  frente  al  término de prescripción de la acción  penal,  diverso  del  que  naturalmente  seguiría  en caso de que prosperara la  petición.   

“Dicho  en  otros  términos,  una  vez  notificado  el auto a través del cual no se selecciona la demanda de casación,  la  sentencia de segunda instancia contra el cual se dirige adquiere ejecutoria.   

“Sólo  en el evento en que formulada la  insistencia  por  parte  del Ministerio Público o de algún Magistrado, la Sala  llegue  al  convencimiento  de  que  debe  accederse a la petición y, por ende,  seleccionar  la  demanda,  dicho  término prescriptivo habrá de tenerse por no  interrumpido,  en  tanto  que  solamente  esa  determinación conlleva dejar sin  efecto  el  auto  en  el  que  se  optó por la no selección de la impugnación  extraordinaria.   

“De lo dicho en precedencia se desprende  que:   

         

“(i) La insistencia no es un recurso. Se  trata  de un mecanismo especial al que puede acudirse luego que la Sala decidió  no  seleccionar  la  demanda  de  casación,  con  el  fin de provocar que ésta  reconsidere su decisión.   

“(ii)  La  insistencia  sólo  puede ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         

“(iii) La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus delegados para la  casación  penal,  o  ante  alguno  de los Magistrados integrantes de la Sala de  Casación Penal, según lo decida el demandante.   

“(iv) La solicitud respectiva puede tener  dos  finalidades:  la  de rebatir los argumentos con fundamento en los cuales la  Sala  decidió  no  seleccionar  la demanda, o para demostrar por qué no empece  las  incorrecciones  del libelo, es preciso que la Corte haga uso de su facultad  para superar sus defectos y decidir de fondo.   

“(v)  Es  potestativo  del  Magistrado  disidente  o  del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario.  Así  mismo,  cualquiera  de  ellos  puede invocar la insistencia  directamente ante la Sala de manera oficiosa.   

“(vi)  El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra la cual se formuló el recurso, con la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la  prescripción  de la acción penal,  efectos  que  no se alteran con la petición de insistencia, ni con su trámite,  a no ser que ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

“A  su  turno, como quiera que la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

“Con  tal propósito, teniendo en cuenta  que  la  decisión  a  través  de  la  cual  no  se selecciona la demanda está  contenida   en  un  auto  a  cuyo  enteramiento  o  publicidad  debe  procederse  obligatoriamente,  con  arreglo  a  lo  dispuesto  en  sentencia C-641 del 13 de  agosto  de  2002,  por  vía  del  procedimiento  señalado en el artículo 169,  inciso    3,    de    la    Ley    906    de    2004,   esto   es   ‘mediante   comunicación   escrita  dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o  cualquier  otro  medio idóneo que haya sido indicado por las partes’,  se  establecerá  el término de  cinco  (5)  días contados a partir de la fecha en que se produzca alguna de las  anteriores  formas  de  notificación  al  demandante, como plazo para que éste  solicite  al Ministerio Público o a alguno de los Magistrados integrantes de la  Sala, si a bien lo tiene, insistencia en el asunto.   

“A  su  vez,  teniendo  en cuenta que el  examen  de  la  solicitud  de  insistencia  supone  un  estudio  ponderado de la  solicitud,  de  la  demanda,  del  auto  por  el  cual no se seleccionó y de la  actuación  respectiva,  se  otorgará  al  Ministerio  Público o al Magistrado  respectivo  un  término  de  quince  (15)  días para el examen de la temática  planteada,  vencido  el cual podrán someter el asunto a discusión de la Sala o  informar   al   peticionario   sobre  su  decisión  de  no  darle  curso  a  la  petición”.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  interpuesta  por  la  defensora  del acusado DIEGO LEÓN CERQUERA  MARTÍNEZ,   por   las   razones  expuestas  en  la  motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal del origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ         MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS     

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN            JORGE     LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS             JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA            JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Cfr.   auto   de   casación   del   24   de   noviembre  de  2005,  radicación  24.323.   

2  Cfr.   auto   de   casación   del   24   de   noviembre  de  2005,  radicación  24.530.   

3 ib.  radicación 24.530   

4 Los  Elementos  materiales  sólo  se  tienen  en  cuenta en tratándose de sentencia  anticipada.   

5  Cfr. Por todas. Cas. de 29 de agosto de 2007. Rad. 26276.   

6  Cfr. Cas. de diciembre 12 de 2005. Rad. 24322   

7  Recuérdese  que  la  decisión  de no seleccionar una demanda al ser “motivada”  como  lo  exige la ley, se adopta mediante auto de Sala, y por ello, demanda del  concurso  de  todos sus integrantes, escenario natural para que se debatan todas  las  tesis  en  favor  de  acceder  al  recurso  extraordinario  o para no darle  curso.     

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