26538(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26538  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No.  109   

Bogotá  D.C., veintisiete (27) de junio de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el defensor de ALEJANDRO GRAVENHORST SUÁREZ, contra  el  fallo  del  17 de mayo de 2006, mediante el cual el Tribunal Superior de San  Andrés,  Providencia y Santa Catalina –Islas-,   actuando   como  Tribunal  de  Descongestión,  confirmó  íntegramente  la  sentencia  de  primera  instancia, dictada el 27 de agosto de  2003  por  el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Barrancabermeja, condenando a  dicho  implicado  y  a JAIME YOVANY SEPÚLVEDA RÍOS, en calidad de coautores en  el  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  (artículo  376  Ley  599  de  2000), a la pena principal de diez  (10)  años  de  prisión, a interdicción de derechos y funciones públicas por  igual  lapso;  y  les  negó  el  subrogado  de la suspensión condicional de la  ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

HECHOS  

Fueron  relatados de la siguiente manera en  la sentencia de segundo grado:   

“La  encuesta  penal informa que a eso de  las  12:00  horas  del  pasado  23 de agosto de 2003, encontrándose en el sitio  Puerto  Águila,  Comprensión  de Barrancabermeja, sobre el río Magdalena, los  servidores  de  la policía SI.  HENRY HERRERA CASTAYO y el AG.  EDGAR  ALARCÓN  GUTIÉRREZ, cuando realizaban requisas a pasajeros y lanchas que a esa  hora  llegaban  al  muelle,  hallaron  en  la chalupa “San Pablo 7”, que era  piloteada   por  ALBERTO  RODRÍGUEZ  MENDOZA,  un  maletín  color  verde,  que  contenía  tres paquetes encintados con sustancia alucinógena, y como explicase  el  transportador  que  se  trataba  de  una  encomienda  que  alguien  allí la  reclamaría,  los  agentes  dispusieron  que  hiciera  la  entrega, ante lo cual  minutos   después   hizo   contacto   con  el  chalupero  el  investigador  del  D.A.S.         ALEJANDRO       GRAVENHORST  SUÁREZ,  quien luego de hablarle se retiró hasta un  kiosko,  a  donde  minutos después se acercó el chalupero y hablaron, saliendo  de  allí con su chalupa hacia el “paseo del río”, metros abajo los agentes  le  siguieron  la  pista  para  vigilar  a  quién  se  le hacía la entrega del  alucinógeno,  y es allí donde se presenta nuevamente el detective JAIME  GIOVANY SEPÚLVEDA RÍOS a recibir  el maletín con el estupefaciente, siendo retenido.   

Se  establece  la  existencia  de  3.310,96  gramos  de la sustancia, positivo para cocaína y sus derivados, a través de la  prueba   técnica   de   identificación   practicada   por   el  C.T.I.  de  la  Fiscalía”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1.  Con  base  en el informe rendido por el  Comandante  de Policía de Barrancabermeja (Santander), dejando a disposición a  ALBEIRO       RODRÍGUEZ      MENDOZA      (“El  chalupero”)  y  a  JAIME  YOVANY  SEPÚLVEDA  RÍOS  (detective   del   Departamento   Administrativo  de  Seguridad   DAS),   capturados   en  flagrancia,  la  Fiscalía  Primera  Seccional  de  la  misma ciudad abrió investigación, y los  vinculó mediante indagatoria.   

Más  adelante,  atendiendo a la evolución  del  acopio  probatorio,  extendió  la  vinculación  a  ALEJANDRO  GRAVENHORST  SUÁREZ,  también  detective  del  DAS, quien fue citado y compareció a rendir  indagatoria.   

2.  Al  definir  su  situación  jurídica,  mediante  resolución  del  29 de agosto de 2002, la Fiscalía Tercera Seccional  de  Barrancabermeja  afectó  a  los  dos  funcionarios  del  DAS  con medida de  aseguramiento,  consistente  en detención preventiva, sin excarcelación por el  delito  de  tráfico  de  estupefacientes;  y  se  abstuvo,  con  relación al “chalupero”. (Folio 63 cdno. 1).   

3. Clausurado el ciclo instructivo, la misma  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario, el 20 de diciembre de 2002, con  resolución  acusatoria  en  contra  de JAIME YOVANY SEPÚLVEDA RÍOS, ALEJANDRO  GRAVENHORST  SUÁREZ  y  ALBEIRO RODRÍGUEZ MENDOZA, en calidad de coautores del  delito  de  tráfico  de  estupefacientes. (Folio 173 cdno. 1)   

Los  defensores  de  los  tres  implicados  interpusieron  el  recurso  de  apelación,  que  fue  resuelto por la Unidad de  Fiscalías  Delegadas  ante el Tribunal Superior de Bucaramanga, con resolución  del  14 de febrero de 2003, en la cual confirmó la acusación contra SEPÚLVEDA  RÍOS  y  GRAVENHORST  SUÁREZ  (los  dos  detectives  del  DAS); y precluyó la  investigación  a  favor  de ALBEIRO RODRÍGUEZ MENDOZA, tras estimar que él no  sabía  lo  que  transportaba  en  la  chalupa,  al  punto  que  no escondió el  maletín,  sino  que  lo  llevaba a la vista. (Folio 2  cdno. Fiscalía de 2ª instancia.)   

4.  Adelantó  fase  de la causa el Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Barrancabermeja;  se  llevó  a cabo el debate  probatorio  y  mediante  sentencia  del  27  de agosto de 2003, condenó a JAIME  YOVANY  SEPÚLVEDA  RÍOS  y  a ALEJANDRO GRAVENHORST SUÁREZ, como coautores de  tráfico,     fabricación     o     porte     de  estupefacientes,  a  la  pena  principal de diez (10)  años  de  prisión;  y  adoptó las otras determinaciones indicadas en la parte  inicial de esta providencia.   

5.  Inconformes  con la decisión anterior,  los  defensores  interpusieron el recurso de apelación, pretendiendo se declare  la  inocencia  de los implicados; no obstante, con fallo del 14 de septiembre de  2006,  el  Tribunal  Superior  de  San  Andrés,  Providencia  y Santa Catalina,  actuando  como  Tribunal  de Descongestión confirmó íntegramente la sentencia  de primera instancia.   

El   Juez   colegiado  encontró  que  el  A-quo hizo una valoración  correcta  del acopio probatorio respecto de los dos implicados; y en particular,  para  avalar  la  condena  contra  el  procesado  ALEJANDRO GRAVENHORST SUÁREZ,  derivó   la  certeza  acerca  de  su  responsabilidad,  entre  otras,  con  las  siguientes reflexiones:   

“Considera  el  defensor,  que  el  A-quo  no  indicó  de  manera  precisa  las  pruebas contra  Alejandro  Gravenhorst,  ni  las  evalúo  de manera particularizada y conjunta,  siendo  genérico,  lo  cual  constituye  falta  de  motivación,  no existiendo  certeza sobre su responsabilidad.   

Lo  anterior  no  es  cierto,  ya  que  la  sentencia  se  fundó en los testimonios de Albeiro Rodríguez, el Subintendente  Henry  Herrera  Castaño, el agente Edgar Alarcón, Norberto Sotomayor (Jefe del  Das)  y  la  versión  de  los  indagados,  haciendo análisis individual de sus  intervenciones,   y   apreciándolas  en  conjunto,  estableciendo  que  guardan  coherencia  y  permiten  establecer la responsabilidad tanto en Jaime Sepúlveda  Ríos como en Alejandro Gravenhorst (fl.22).   

Debido  a lo expuesto se descarta  que  haya falta de motivación de la sentencia.   

Tampoco  hay  duda  probatoria,  pues  el  apelante  acepta  que  estuvo  acompañado  de  Jaime  Yovany Sepúlveda, que no  estaba  laborando  ese  día,  que  lo  trasladó  en su moto al paseo de río y  conversó  por  celular momentos antes  de la captura (indagatoria fl. 58),  a lo que se le agrega las siguientes pruebas indiciarias:   

1) Contradicción en su versión respecto a  la  llamada  por  celular,  pues  alegó  en  su indagatoria que lo llamó Jaime  Yovany  Sepúlveda,  sin  embargo mediante experticio técnico (Folio 139)   se  demostró   que fue él quién hizo la llamada al celular de Sepúlveda  Ríos,  lo  cual se confirma con la versión que éste dio en la indagatoria, en  la  cual  manifestó  que su compañero lo llamó, sólo que para informarle que  iba a una entidad bancaria (Folio 14).   

2)  Contradicción entre su explicación de  por  qué  acompañó  a Jaime Yovany Sepúlveda y su forma de actuar. Alega que  lo  acompañó  a  una  misión porque su jefe le había ordenado  no andar  solo,  sin  embargo  lo  abandonó  en la misión para realizar unas diligencias  bancarias.   

3)  Albeiro Rodríguez Mendoza declaró que  el  acompañante  (Gravenhorst) del que capturaron (Sepúlveda), fue el que  escogió  el sitio para la entrega de la droga (Paseo del Río) y que como ellos  le  preguntaban  era  como  si  supiera  qué  llevaba  para  ellos   y  no  corroboró  su  versión   de  haberle  preguntado  sobre  cómo  estaba la  situación de orden público por el río.   

4)  El  Agente  Edgar  Alarcón  Gutiérrez  relata  que  al  momento   de la captura de Jaime Sepúlveda,  el otro  agente   del  DAS  estaba   en  el  Paseo  del Río y cuando lo vio se  trató  de  ocultar   en  una  caseta, lo cual descarta que estuviera   realizando diligencias bancarias.   

5)  El  Subintendente  de  policía  Henry  Herrera  dijo  que  el  compañero  de  Sepúlveda  (Gravenhorst)  “al ver que  nosotros  detuvimos  a  JAIME,  él  prendió (sic) la huida en una moto azul”  (Folio 53).   

6) El huir del sitio cuando capturaron a su  compañero  indica que sabía que estaban  en una actividad ilícita, de lo  contrario  hubiese  acudido  en  su ayuda para conocer y aclarar el motivo de la  detención.   

En conclusión, el Tribunal considera que no  hay  ninguna  duda  probatoria,  y  contrario  a ello hay suficiente prueba para  tener   la   certeza  de  haber  participado  en  conjunto  en  el  tráfico  de  estupefacientes,  con  la  división  de  trabajo en la cual le correspondió la  vigilancia,   alertando   a   Sepúlveda   Ríos   de   la   presencia   de  los  policías.”   

6. En esta oportunidad, la Sala califica el  aspecto  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  GRAVENHORST SUÁREZ.   

LA  DEMANDA   

Un  cargo  propone el defensor de ALEJANDRO  GRAVENHORST  SUÁREZ  contra  la sentencia del Tribunal Superior de San Andrés,  Providencia  y  Santa Catalina, con fundamento en la causal tercera de casación  –nulidad- prevista en el  artículo  207 del Código de Procedimiento Penal (Ley  600 de 2000).   

Sostiene  el  libelista  que  el  fallo  de  segundo     grado     adolece     de     deficiente  motivación,  lo  cual  constituye  una irregularidad  sustancial  que  vulnera  el  debido  proceso,  según  el  artículo  29  de la  Constitución  Política  y  el  numeral  3°  del  artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000).   

Se  refiere  en  extenso  a la necesidad de  motivar  la  sentencia,  para concluir que la “falta  de  motivación”  se presenta cuando el juzgador no  fundamenta    la    decisión,    o    lo    hace   de   manera   deficiente   o  contradictoria.   

De igual manera, dice que si la sentencia no  contiene  alguno de sus elementos “o contiene graves  yerros  de  valoración  o subsunción, debe darse necesariamente la nulidad por  la  violación  de  la formas propias del juicio”; y  que  al  leer  la decisión de segundo grado se observa que el Tribunal Superior  “se centró única y exclusivamente en enumerar las  pruebas  que  tuvo  en  cuenta  el  A  quo  para  emitir  el  fallo, y por ello,  consideró   que   la   motivación  había  sido  adecuada…Nada  menciona  la  colegiatura   de   segundo   grado,   sobre   las  contradicciones,  mentiras  ,  incoherencia  en  que  incurre el testigo policial, señaladas por la defensa en  el  recurso  de  apelación  contra  la  sentencia  de  primer grado.”   

Además,  se  dejaron  de  valorar  varias  pruebas,  “entre  otras,  la  prueba testimonial de  cargo  directa”,  de  tal  manera  que  los sujetos  procesales  no  tuvieron la oportunidad de enterarse acerca de lo que los Jueces  de  instancia  pensaban  y se impidió así a los sujetos procesales conocer las  razones  jurídicas que sopesaron para condenar; “en  especial,  como  en el caso en estudio, donde la condena de segunda instancia se  basó  en  que  se  valoró  única  y  exclusivamente  la prueba testimonial de  descargo,  la  cual  valga  resaltar,  no fue de aceptación de los funcionarios  judiciales juzgadores.”   

Asegura  que  tal  defecto  no  puede  ser  subsanado  de  ninguna  manera,  por  lo  cual  solicita  a la Corte declarar la  nulidad  “a  partir  del  auto  que  fija  fecha para la audiencia pública de  juzgamiento”  y  emitir  fallo  absolutorio  de  reemplazo, en aplicación del  principio     in    dubio    pro    reo.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada  por el defensor de  ALEJANDRO  GRAVENHORST SUÁREZ no satisface los requisitos formales establecidos  en   el   artículo   212   de  la  Ley  600  de  2000.  Debido  a  ello,  será  inadmitida.   

Dado  que  el  recurso  extraordinario  de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de las  garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la  ley,  que  hubiese  ocurrido  en  la sentencia de segunda  instancia,  por  errores  de  juicio  o  de  actividad,  y  como tal comporta la  elaboración  de un juicio lógico jurídico sobre la sentencia misma, siguiendo  el derrotero trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin embargo, el casacionista debe discurrir de un modo  claro,  lógico,  y  profundo,  hasta  demostrar  que el fallo presenta defectos  protuberantes  en  su  estructura  jurídica,  de  tal suerte que no es factible  mantener su vigencia.   

2.  Sólo  en cuanto a la escogencia de la  causal  de  nulidad  como  vía  de  casación  y  a  la  solicitud  de fallo de  sustitución, en principio, la demanda es adecuada.   

En efecto, con la Sentencia del 22 de mayo  de     2003     (radicación    20756),  la  Sala  de Casación Penal afianzó la línea jurisprudencial,  según   el  cual,  de  llegar  a  prosperar  la  causal  tercera  de  casación  –nulidad-,  la decisión  que  oficiosamente  adopta  la Sala debe consultar los parámetros del artículo  217 de la Ley 600 de 2000, que en lo pertinente dispone:   

“1.  Si  la  causal  aceptada fuere la  primera,  la  segunda  o  la  de  nulidad  cuando ésta afecte exclusivamente la  sentencia    demandada,    casará   el   fallo   y   dictará   el   que   deba  reemplazarlo”.   

“2.  Si  la  causal  aceptada  fuere  la  tercera,  salvo  la  situación a que se refiere el numeral anterior, declarará  en  qué  estado  queda  el  proceso  y  dispondrá que se envíe al funcionario  competente   para   que  proceda  de  acuerdo  con  lo  resuelto  por  la  Corte  “.   

En   dicho   fallo,   esta  Corporación  acotó:   

“Por lo demás, la preceptiva del numeral  1º  consulta  el  principio de economía procesal, porque después de casado el  fallo  por  concurrir  una  causal  de nulidad, lo único que queda pendiente es  dictar  nuevamente  la  sentencia  de segundo grado, cuyos parámetros deben ser  aquellos trazados por la Corte en la sentencia de casación.”   

3. Sin embargo, cuando el reproche consiste  en    que    el    fallo    de    segunda    instancia   tiene   “deficiente   motivación”,   para  la  construcción  lógica  del  recurso  extraordinario,  no basta que el censor se  limite  a  denunciar  esa  supuesta falencia, como un acontecimiento histórico;  sino  que,  es imprescindible además de ello, que explique cuál es la correcta  y  completa  motivación  que  ha debido tener la sentencia, lo cual comporta la  carga   de  identificar  los  argumentos  de  la  sentencia  que  se  consideran  deficientes   y   demostrar  que  son  deleznables,  más  allá  de  la  simple  contraposición de un criterio diferente.   

En otras palabras, no alcanza la entidad de  una  censura  casacional,  la  afirmación  en el sentido que la motivación del  fallo  es  deficiente, sólo porque en criterio de la defensa, dicha motivación  no satisface sus expectativas.   

En  Sentencia  del 8 de septiembre de 2004  (radicación  20602), esta  colegiatura  hizo referencia a defectos de motivación de diversas especies, que  eventualmente   pueden   conspirar   contra   la  integridad  legal  del  fallo:   

“La  Sala  ha  distinguido   entre   la   ausencia  absoluta  de  motivación,  la  motivación  ambivalente,   la   motivación  incompleta  y  la  aparente  o  sofistica  como  situaciones  que  de presentarse en la sentencia conducen a su anulación.   De  la  primera ha dicho que es aquella en la cual no se precisan las razones de  orden  probatorio  ni  los  fundamentos jurídicos que soportan la decisión; la  segunda,  está  dada por las posiciones contradictorias que contiene las cuales  –de  ese  modo-  impiden  desentrañar  su   verdadero  sentido; la tercera porque los motivos que se  aducen   son  insuficientes  e  imposibilitan  conocer  los  fundamentos  de  la  sentencia,  y –finalmente-  la  aparente cuando por una valoración incompleta de la prueba se construye una  realidad  diferente  al factum y se llega a conclusiones abiertamente equívocas  (Cfr.    Sent.    mayo    22/03,    radicación   No.   20.756)”   

Ninguna  de  las  anteriores  hipótesis  demuestra  el  casacionista, quien apenas alude la parte considerativa del fallo  y,  sin  aportar  análisis  sobre el fondo de la cuestión, espera que la Corte  Suprema  de  Justicia  someta a un nuevo juzgamiento al implicado y que concluya  que  no  existe  certeza  para  condenar,  cual  si  se  tratara  de una tercera  instancia.   

4.  Y  aún  más,  si como en el presente  asunto,  el  libelista  insiste  en que la deficiente motivación se constata de  cara  al  acopio  probatorio,  antes  de  arribar a la solicitud de absolución,  tenía  el  deber  de demostrar que el conjunto de pruebas apreciadas, aunadas a  la  correcta  valoración  de  los medios que supuestamente se ignoraron, no era  suficiente   para   arribar   a   la   convicción   de  certeza  acerca  de  la  responsabilidad  penal del implicado, y que, por tanto, el fallo de sustitución  tendría   que   ser  absolutorio  en  aplicación  del  principio  in dubio pro reo.   

En  otras  palabras,  era  preciso  que el  libelista   demostrara   que  el  Ad-quem     incurrió     en    errores    de  hecho  en  la  estimación probatoria, máxime que es  reiterativo  al  afirmar  que  dicha  corporación  apreció  defectuosamente la  prueba  de  descargo  (sic)  y  dejó  de valorar varias pruebas, entre ellas la  prueba de cargo (sic), conceptos que no desarrolló.   

En efecto, si lo que pretendía el defensor  era  demostrar  violación de la ley sustancial por vía indirecta, es decir con  ocasión  de  yerros  cometidos en la valoración probatoria, el camino a seguir  era  el  del error de hecho,  que  puede  ser de una de estas especies: falso juicio  de    existencia    (omisión   o   suposición   de  pruebas),  falso juicio de  identidad  (tergiversación, recorte o adición de la  prueba), y falso raciocinio  (distanciamiento  de  los  parámetros  de  la  sana  crítica,  esto  es, principios lógicos, máximas de la experiencia y reglas de  las ciencias).   

Tampoco  abordó  el  casacionista  algún  género  o especie de aquellos posibles errores, así fuera en forma tangencial;  contrajo      su      discurso      a      decir     que     el     Ad-quem  ignoró  la  prueba  de cargo y  apreció  superficialmente  la prueba de descargo, pero ni siquiera determinó a  cuáles  medios de convicción se refería y no brindó explicaciones acerca del  contenido  y  alcance  suasorio  de  cada una de esas pruebas, de modo que no es  factible  para  la  Sala  comprender  cuáles  son  los elementos que la defensa  articula  hasta  concluir  que  se  debe  emitir  una  sentencia absolutoria por  aplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo.   

Agotado  el  debate  probatorio  en  las  instancias,  el  censor  no  puede  esperar  que  la  Corte  deduzca  o descubra  oficiosamente  la  falta  de  certeza  para condenar, a partir de su afirmación  exclusiva  en  el  sentido que unas pruebas fueron mal apreciadas y que otras no  se  tuvieron  en  cuenta.  De  ahí  que,  en  casos  como el presente, donde el  Tribunal  Superior  declaró  que  existía certeza acerca de la responsabilidad  penal  de  ALEJANDRO GRAVENHORST SUÁREZ, el reclamo por la falta de aplicación  del   principio   in   dubio   pro   reo  sólo  alcanza la entidad requerida para sustentar la pretensión  casacional,  cuando  deriva  de  la cabal demostración de errores de hecho o de  derecho en la estimación probatoria, según lo antes dicho.   

Esa  manera  de  postular el cargo le hace  perder  consistencia  jurídica,  lo  ubica en términos distantes de la lógica  que  requiere  el  recurso extraordinario y lo confina a la inadmisión; pues lo  exigible  es  precisar  y  demostrar  el  error del juzgador con reflexiones que  revistan  la  suficiente  entidad para desquiciar la solidez de un fallo, que ha  cobrado  la  doble presunción de acierto y legalidad; no siendo suficiente, por  el  contrario,  la  simple oposición al criterio del juzgador con discrepancias  genéricas.   

5.    Las  impropiedades  advertidas  con  antelación  conllevan  a  inadmitir la demanda,  máxime  que  tampoco  en la revisión del expediente se observa la vulneración  de  alguna  garantía  fundamental,  que  amerite el ejercicio de las facultades  oficiosas  de  la Sala de Casación Penal en los términos del artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de casación presentada a nombre de ALEJANDRO  GRAVENHORST SUÁREZ.   

Contra  la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO  ENRIQUE           SOCHA            SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIS NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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