26486(01-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26486   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 009.  

          Bogotá,   D.C.,   febrero   primero   (1º)   de   dos   mil  siete  (2007)   

VISTOS  

La Sala se pronuncia de fondo sobre el libelo  casacional   presentado   por   el   defensor   de   la  procesada  ANA  BERTILDA  GALEANO  GALEANO, contra el  fallo  de segundo grado, que en virtud de lo ordenado por el Consejo Superior de  la  Judicatura,  profirió  el  Tribunal  Superior de San Andrés, Providencia y  Santa  Catalina  el 17 de mayo de 2006, confirmatorio del dictado por el Juzgado  Octavo  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga  el 25 de agosto de 2004, por cuyo  medio  la condenó como autora penalmente responsable del concurso de delitos de  falsedad en documento privado y estafa agravada por la cuantía.   

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  a través de su concepto casar parcialmente el fallo  atacado,  para dosificar la pena impuesta por el delito de estafa de acuerdo con  lo  establecido  en  el  Decreto  100  de  1980 y no en la Ley 599 de 2000, pues  considera  que  aquella  normatividad  resulta  más favorable a la incriminada.  Igualmente  depreca  decretar la cesación de procedimiento por prescripción de  la  acción  penal  derivada  del  delito  de  falsedad  en  documento  privado.   

HECHOS  

Los    hechos    que   motivaron   este  diligenciamiento   fueron   adecuadamente   sintetizados   por  el  ad     quem     de    la    siguiente  manera:   

“CRISTIAN  MADIEDO  RINCÓN  confiado  en una propuesta que le hiciera ANA BERTILDA GALEANO  GALEANO,  en  el  sentido de prestar dinero a pequeños comerciantes, quedando a  su  cargo  la  responsabilidad  de entregarlo, firmar los títulos de respaldo y  recaudar  luego  el  dinero  con  sus  frutos,  le  hizo varios desembolsos para  supuestos   clientes   entre   el   27  de    enero    y    el    15    de    marzo   de   1999”.   

“Al principio el  negocio  marchaba  bien,  pero tiempo después comenzaron los incumplimientos de  los  supuestos  clientes,  hecho  que condujo a MADIEDO RINCÓN a apersonarse de  sus  negocios,  contactándose con cada uno de los suscriptores de las letras de  cambio,  descubriendo para su sorpresa que varios de ellos no tenían idea de la  existencia     del     crédito     y     otros     no     existían”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con fundamento en la denuncia presentada por  el   perjudicado,   la   Fiscalía   Seccional   de   Bucaramanga   dispuso   la  correspondiente   investigación   previa   y   luego   de  practicadas  algunas  diligencias  declaró abierta la instrucción, en cuyo  desarrollo   vinculó   mediante  indagatoria  a  ANA  BERTILDA  GALEANO GALEANO, definiéndole su situación  jurídica      con      medida      de     aseguramiento     de     caución  como posible autora   del   concurso   de   delitos   de  falsedad  en  documento privado y estafa agravada por  la cuantía.   

Cerrada  la  fase  instructiva, la Fiscalía  calificó  el  mérito del sumario el 8 de marzo de 2001 mediante resolución de  acusación  en  contra  de  la  procesada  como  presunta  autora de los delitos  investigados.   

La  etapa  del  juicio fue adelantada por el  Juzgado  Octavo  Penal del Circuito de Bucaramanga, despacho que una vez surtido  el  rito  dispuesto por el legislador profirió fallo el 25 de agosto de 2004, a  través   del   cual   condenó  a  BERTILDA  GALEANO  GALEANO  a la pena principal de cuarenta (40) meses de  prisión   y  multa  de  veinte  mil  pesos  ($20.000.oo),  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de  la  libertad  y  al  pago  de  la  correspondiente   indemnización   de   perjuicios,   como   autora   penalmente  responsable  del concurso de delitos objeto de acusación. A través de la misma  providencia  le negó el subrogado penal de la condena de ejecución condicional  y la prisión domiciliaria.   

El  defensor de la acusada interpuso recurso  de  apelación  contra el fallo de primer grado. De conformidad con lo dispuesto  en  el  Acuerdo  del  24  de  octubre de 2005 emanado del Consejo Superior de la  Judicatura,  el  asunto  fue  remitido  al  Tribunal  Superior  de  San Andrés,  Providencia  y  Santa  Catalina,  colegiatura que confirmó la decisión atacada  mediante  sentencia  del  17  de  mayo  de  2006,  misma que ahora es objeto del  recurso  extraordinario  de casación interpuesto por el defensor, quien allegó  en  tiempo  el  libelo  correspondiente.  En el curso del trámite casacional se  recibió concepto del Ministerio Público.   

LA DEMANDA  

El  recurrente  formula dos cargos contra la  sentencia  del  Tribunal,  los  cuales  postula  y  desarrolla en los siguientes  términos:   

          1.        Primer  cargo:  Violación directa de la ley sustancial por falta de  aplicación de los artículos 6º y 356 del Decreto 100 de 1980   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo primero, el  impugnante  manifiesta  que  si los hechos investigados tuvieron lugar a finales  de  1998  y  principio  de 1999, época durante la cual regía el Decreto 100 de  1980,  este  ordenamiento resulta más favorable a su asistida que la Ley 599 de  2000.   

          Como  fundamento  de  su  planteamiento  aduce  que,  en  virtud del  principio  de  favorabilidad,  de  raigambre  legal y constitucional, en materia  penal  la  ley  favorable o permisiva rige de preferencia sobre la restrictiva o  desfavorable  (artículo 6º del Decreto 100 de 1980 y de la Ley 599 de 2000, en  concordancia con el artículo 29 de la Carta Política.   

          Puntualiza  que  el  ad  quem  erró  al  aplicar  la  Ley  599  de  2000  invocando para ello el  principio  de  favorabilidad  y  apoyándose  en la sentencia del 10 de julio de  2003  proferida  por  esta  Sala  dentro  del  radicado  20641,  pues si bien la  mencionada  legislación  dispuso  en  su artículo 246 para el delito de estafa  una  sanción  de dos (2) a ocho (8) años de prisión, en el mencionado Decreto  tenía  asignada  en  su artículo 356 una pena de uno (1) a diez (10) años, la  cual  debía ser incrementada en razón de la cuantía de una tercera parte a la  mitad,  lo  cual  permitía,  entonces,  que  se  hubiera partido de una pena de  dieciséis  (16)  meses  de  prisión,  no de veinticuatro (24) como erradamente  procedió el Tribunal.   

          En   consecuencia,  el  recurrente  afirma  que  en  la  providencia  impugnada  se dejaron de aplicar los artículos 356 y 372 inciso 1º del Decreto  100  de  1980, motivo por el cual solicita a la Sala casar parcialmente el fallo  atacado,  para  dosificar  la  pena  impuesta  en  razón  del  delito contra el  patrimonio  económico de acuerdo con lo dispuesto en los artículos 41, 61, 66,  67  y  356  del Decreto 100 de 1980, en concordancia con los artículos 6º y 26  del mismo ordenamiento.   

          2.        Segundo   cargo   (subsidiario):   Violación   directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  del  artículo  28  del  Decreto 100 de  1980   

          Invocando  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero,  el  defensor   asevera   que   el   ad  quem  violó directamente la ley sustancial por falta de aplicación del  artículo  28  del Decreto 100 de 1980, referido al límite de la pena aplicable  en  el concurso de delitos, pues al dosificar la sanción tuvo en cuenta la pena  mínima  de veinticuatro (24) meses dispuesta para el delito de estafa en la Ley  599  de 2000, quantum al cual  adicionó  doce  (12)  meses  en  razón  del  delito  de  falsedad en documento  privado,  con  lo  cual incurrió en suma aritmética de penas, figura que está  expresamente prohibida por el citado precepto.   

          Con  fundamento en lo expuesto solicita a la Sala casar parcialmente  el  fallo  impugnado,  para  proceder  a  la  tasación  de  la  pena conforme a  derecho.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

1.            Primer  cargo:  Violación directa de la  ley  sustancial por falta de aplicación de los artículos 6º y 356 del Decreto  100 de 1980   

          Sobre  esta censura manifiesta el Procurador Cuarto Delegado para la  Casación  Penal  que  efectiva  y paradójicamente el Tribunal al pretextar dar  aplicación  a  la Ley 599 de 2000 en virtud del principio de favorabilidad, dio  una  lectura  equivocada  a  la  sentencia del 30 de julio de 2003 proferida por  esta  Sala  y  que trae a colación, pues en tal pronunciamiento la comparación  de  los  extremos punitivos correspondientes al delito de estafa agravada por la  cuantía  se  efectúa  a  propósito del máximo de la pena que es el referente  necesario  cuando  se  trata  del fenómeno de prescripción de la acción, a lo  cual se procede sin tener en cuenta el límite punitivo mínimo.   

          Puntualiza  que,  el  principio  de  favorabilidad  invocado  por el  Tribunal  sólo sería de recibo si se fuera a imponer el máximo de la sanción  dispuesta  para  el  delito  de  estafa agravada, circunstancia que no ocurre en  este  asunto,  pues tanto dicha corporación como el a  quo  consideraron  que  la  pena debía ubicarse en el  cuarto mínimo de movilidad punitiva.   

          Critica     el     Delegado    al    ad  quem  porque  al dosificar la sanción correspondiente  al  delito  contra el patrimonio económico, el Tribunal partió de veinticuatro  (24)  meses  de  prisión,  sin  tener en cuenta la circunstancia de agravación  punitiva derivada de la cuantía del comportamiento.   

Con base en las anteriores razones, concluye  que  la  pena  mínima  de  dieciséis  (16) meses de prisión establecida en el  Decreto  100  de  1980  para  el  delito  de  estafa agravada, en este caso debe  incrementarse   en   la   misma   proporción   señalada  por  el  ad  quem,  esto  es,  en  dos (2) meses y  veinte  (20) días, lo cual arroja un resultado de dieciocho (18) meses y veinte  (20)    días   de   prisión,   quantum  en  el  cual  debe  modificarse  parcialmente  el  fallo objeto de  impugnación.   

          2.        Segundo   cargo   (subsidiario):   Violación   directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  del  artículo  28  del  Decreto 100 de  1980   

          Acerca  de  este reproche manifiesta inicialmente el Delegado que el  debate  resulta  innecesario,  habida  cuenta  que ha operado el fenómeno de la  prescripción  de  la  acción  derivada  del  delito  de  falsedad en documento  privado,  pues  si la resolución de acusación cobró ejecutoria el 19 de abril  de  2001,  a la fecha han transcurrido más de cinco (5) años, que corresponden  al  término prescriptivo de la referida acción penal, tanto en la legislación  derogada  como  en la vigente, al punto que para cuando se profirió el fallo de  segunda  instancia  (17  de  mayo  de  2006),  ya  se  encontraba  prescrita  la  mencionada acción.   

          Añade  que  tal  situación impone declarar la casación parcial de  la  sentencia  proferida  por el Tribunal, únicamente en cuanto se refiere a la  pena impuesta por el delito contra la fe pública.   

          También  afirma  que  en  caso  de  no  acogerse  el  planteamiento  anterior,  el  cargo  no está llamado a prosperar, pues si no se le impuso a la  acusada  el  mínimo  de  pena  establecido  para  el  delito de estafa, sino un  guarismo  superior, en la misma proporción debía incrementarse la pena mínima  de  un  (1)  año  establecida  para el delito de falsedad en documento privado,  motivo  por  el cual concluye que los doce (12) meses de incremento en razón de  este  delito que se establecieron en el fallo atacado, son inferiores al mínimo  punitivo  que  correspondía.  Por  ello,  concluye  que  no se presenta la suma  aritmética de penas que denuncia el demandante.   

          Con  base  en  lo  anterior,  el  Procurador Delegado solicita casar  parcialmente  el  fallo impugnado, para dosificar la pena impuesta por el delito  de  estafa de acuerdo con lo establecido en el Decreto 100 de 1980 y decretar la  cesación  de  procedimiento  por prescripción de la acción penal producto del  delito de falsedad en documento privado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Cuestión previa   

          En  atención  a  que  el Ministerio Público en su concepto asevera  que  se  encuentra prescrita la acción penal derivada del delito de falsedad en  documento  privado  por  el  cual se acusó a BERTILDA  GALEANO  GALEANO  en calidad de autora, imprescindible  resulta  ab  initio  que la  Sala  se  pronuncie  sobre el particular, pues carecería de sentido analizar la  crítica  que  a  la  tasación  de  la  pena  impuesta por tal delito ofrece el  defensor,  dado que si a la postre tal fenómeno jurídico se ha consolidado, la  única  decisión  posible  es  proceder a su declaratoria con la indicación de  las consecuencias procesales que le son propias.   

En efecto, de conformidad con la preceptiva  contenida  en  el  artículo  83  de  la  Ley  599  de  2000 (que corresponde al  artículo  80  del  anterior  estatuto  penal),  durante la etapa instructiva la  acción  penal  prescribe en un término igual al máximo de la pena establecida  en  la  ley,  pero  en  ningún  caso en un término inferior a cinco (5) años.  Durante  la  fase  de  juzgamiento  tal  término comienza a contarse de nuevo a  partir  de  la  ejecutoria de la resolución de acusación por un tiempo igual a  la  mitad  del  establecido para la etapa de instrucción, sin que pueda tampoco  ser inferior a cinco (5) años.   

Advertido  lo anterior se tiene que tanto en  el  Decreto  100  de  1980  como en la Ley 599 de 2000, el delito de falsedad en  documento  privado  tiene  una  pena  máxima  de  seis  (6)  años de prisión.  Entonces,  sin  dificultad encuentra la Sala que el término de prescripción de  la  acción  penal  del  mencionado delito en la fase del juicio es de cinco (5)  años,  por  ser  este el lapso mínimo dispuesto por el legislador en tal etapa  procesal para que cese la facultad punitiva del Estado.   

          Ahora,  como  la  resolución  de  acusación  proferida  contra  la  incriminada  cobró  ejecutoria  el 19 de abril de 2001, a partir de dicha fecha  empezó  a correr el lapso de prescripción de la acción penal durante la etapa  de  juzgamiento,  el  cual, como ya se dijo, es de cinco (5) años, es decir, se  cumplió  el  19  de abril de 2006, cerca de un mes antes de proferirse el fallo  de segundo grado (17 de mayo de 2006).   

Y si ello es así, es evidente que a la Sala  no  le queda camino jurídico diverso a seguir que declarar prescrita la acción  penal  derivada  del  delito  de falsedad en documento  privado  por  el  cual  se  acusó  y  condenó  en  las instancias a BERTILDA     GALEANO.    En  consecuencia,  se ordena la  cesación  del  procedimiento  adelantado  en  su  contra, como  acertadamente  lo depreca el Ministerio Público en su  concepto,  amén  de  marginar  de  la  dosificación punitiva establecida en el  fallo    la    pena   impuesta   por   el   referido   delito   contra   la   fe  pública.   

Cuestión de fondo  

Como  atrás se precisó, en atención a que  debe  marginarse  la  pena  establecida  en  razón  del  delito  de falsedad en  documento  privado, por sustracción de materia no debe emprenderse el análisis  del  segundo  reproche presentado por el recurrente, es decir, sólo corresponde  ahora  a  la  Sala  ocuparse  del primer cargo propuesto, a lo cual se procede a  continuación.   

          En  atención  a  que el demandante plantea la violación directa de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación de los artículos 6º y 356 del  Decreto  100 de 1980, en cuanto considera que la pena establecida para el delito  de  estafa  agravada  en tal legislación, vigente para cuando se cometieron los  hechos  investigados, resulta más favorable que la sanción dispuesta en la Ley  599  de  2000,  la cual fue a la postre aplicada por los falladores, advierte la  Sala  que,  tal como lo señala el Procurador Delegado en su concepto, le asiste  razón, de conformidad con los siguientes argumentos.   

En  virtud  del  artículo  29  de  la  Carta  Política  que  se ocupa de reconocer el   derecho   fundamental   al  debido  proceso,  “en  materia  penal,  la  ley permisiva o  favorable,   aun  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva o desfavorable”.   

         Si  bien por regla general la ley rige para las conductas cometidas  durante  su  vigencia,  en  virtud  del  principio  de  favorabilidad es posible  excepcionar  tal  postulado  mediante  su retroactividad o ultraactividad. En el  primer  caso,  la  norma  es  aplicada a hechos acaecidos antes de que entrara a  regir,  mientras  que  en el segundo, su aplicación tiene lugar cuando ya no se  encuentra  vigente,  respecto de sucesos ocurridos cuando regía, siempre que un  tal  proceder reporte tratamiento benéfico a la situación del sujeto pasivo de  la acción penal.   

         La  aplicación  de  la  ley  penal  permisiva  o  favorable supone  sucesión  de  leyes  en el tiempo, esto es, que una disposición sea sustituida  por  otra,  o  bien,  que  coexistan  preceptos  de diferentes ordenamientos con  identidad  en  el  objeto de regulación, en cuanto no corresponde a un criterio  de  interpretación  del  mismo  cuerpo  normativo, como cuando entre dos normas  vigentes   se   aplica   una   de  ellas  eliminando  un  concurso  aparente  de  delitos.   

          En  el  asunto  objeto  de  estudio  la  Sala  encuentra  que  en el  artículo  356  del  Decreto  100  de  1980,  vigente para cuando se cometió el  delito   de   estafa  agravada  por  la  cuantía  por  el  cual  fue  condenada  BERTILDA  GALEANO  (enero a  marzo  de  1999),  se  establecía  una sanción de uno (1) a diez (10) años de  prisión  y  multa  de  un  mil  a  quinientos  mil  pesos,  en tanto que, en el  artículo  246  de la Ley 599 de 2000 en vigor para cuando se profirió el fallo  objeto  de  reproche casacional (17 de mayo de 2006) se dispone para el referido  delito  una  pena de dos (2) a ocho (8) años de prisión y multa de cincuenta a  mil salarios mínimos legales mensuales.   

          Ahora,  al  comparar  la  sanción  establecida en el Decreto 100 de  1980  y en la Ley 599 de 2000 para el delito de estafa agravada, observa la Sala  que  si  bien  esta última legislación disminuyó el extremo punitivo máximo,  lo  cierto  es  que aumentó el mínimo, circunstancia que conlleva verificar en  el  caso  concreto  si  la  pena  imponible se ubica o por lo menos se acerca al  límite  mínimo  o  al  máximo,  pues  a  partir de una tal ponderación puede  definirse el ordenamiento más favorable.   

          En   efecto,   en   la   dosificación  punitiva  realizada  en  las  instancias,  sin  dificultad se observa que tanto el a  quo    como    el    ad  quem  tasaron  la  pena  cercana  al  extremo punitivo  mínimo,  motivo  por  el  cual se advierte que la normatividad más favorable a  los  intereses de la procesada es el Decreto 100 de 1980 y no la Ley 599 de 2000  aplicada indebidamente por el Tribunal.   

          Así  las  cosas, considera la Sala que la pena mínima de doce (12)  meses  de prisión debe ser incrementada en la tercera parte por la concurrencia  de  la  circunstancia  de  agravación  punitiva determinada por la cuantía que  fuera  imputada en la acusación, lo cual arroja un resultado de dieciséis (16)  meses  de  prisión,  guarismo que, manteniendo la proporción de incremento del  16.66%   respecto   de   la   sanción   base   que   efectuó  el  ad  quem,  debe  adicionarse  en  dos (2)  meses  y  diecinueve  (19)  días,  para  obtener  un  resultado  definitivo  de  dieciocho (18) meses y diecinueve (19) días de prisión.   

En  consecuencia,  corresponde  a  la  Sala  restablecer  oficiosamente  el  daño  causado.  Por  ello,  se dispondrá casar  parcialmente  el fallo en cuanto atañe a la pena principal de prisión, para en  su  lugar  establecer  su  duración  en  dieciocho (18) meses y diecinueve (19)  días  de  prisión,  dado  que,  se reitera, fue marginada la pena impuesta con  ocasión  del  delito  de falsedad en documento privado. En el mismo término se  dosifica  la  pena  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones públicas dispuesta en el fallo atacado.   

Lo anterior, necesariamente obliga a evaluar  si  resulta  procedente  otorgar a la procesada el subrogado penal de la condena  de  ejecución  condicional, sobre lo cual se encuentra que si bien el requisito  objetivo  para acceder a tal instituto se está satisfecho, en cuanto la pena no  supera  los  tres  (3)  años  de  prisión, no ocurre lo mismo con la exigencia  subjetiva,   temática   sobre   la   cual   se  dijo  en  el  fallo  de  primer  grado:   

“Nada bien le va  a  ANA  BERTILDA al contemplarla a través del cristal de su censurable acción,  que  deja  al  descubierto  una  persona  desprovista  de inhibiciones morales y  legales,  escasa de valores, que ha hecho del delito un modo de vida y que en su  carrera  criminal  no  para  en  mientes siendo capaz de atentar contra los más  caros  bienes  sociales, como lo demostró al afectar a sus mismos educandos con  patrañas  que  desdicen  de  su  rol  docente (…) Esas manifestaciones de una  personalidad   carente   de  los  más  elementales  valores  de  convivencia  e  irrespetuosa  de  los derechos ajenos aconsejan someter a tratamiento intramural  a  ANA  BERTILDA  GALEANO  GALEANO  con  el  propósito  de  obtener su efectiva  resocialización,  desestimular  cualquier  intento de reiteración, prevenir su  incursión  en   el  delito  y disuadir con un mensaje correctivo a quienes  dentro   de   la   sociedad   se   muestran   proclives   al  delito”.   

          Por  tanto,  es  evidente  que  si  el  a  quo  realizó  las  anteriores  consideraciones,  las  cuales  no  fueron modificadas de manera alguna por el Tribunal, no hay duda que  en  el  actual  momento procesal no podría la Sala efectuar una nueva y diversa  ponderación  de  los mismos elementos de juicio que acerca de la naturaleza del  delito,  sus  circunstancias  y  la  personalidad  de  la incriminada se plasmó  dentro  de  las  instancias,  todo  lo  cual  permite  arribar  a  la  razonable  conclusión  de  que  ANA BERTILDA GALEANO  no se hace acreedora al mencionado subrogado penal, como en efecto  fue  definido en la decisión impugnada en virtud del principio de unidad de los  fallos de primera y segunda instancia.   

          Por  lo  expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE  

1.                DECLARAR       prescrita  la  acción  penal  derivada  del delito de falsedad            en            documento           privado  por el  cual   se   acusó  y  condenó  a  BERTILDA  GALEANO  GALEANO           como          autora,  de  conformidad con las razones  consignadas  en la anterior motivación. Ordenar    en   consecuencia,   la   cesación   del  procedimiento  adelantado    en    razón    de    tal    conducta  punible.   

          2.        CASAR  parcialmente  el  fallo  recurrido,  exclusivamente  en cuanto se refiere a la dosificación de la pena impuesta a la  incriminada, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

         3.                      SEÑALAR,  por tanto, que ANA   BERTILDA  GALEANO  GALEANO  en  su  condición   de   autora  penalmente  responsable  del delito de estafa agravada  por    la   cuantía   queda   condenada  a purgar la pena principal de dieciocho  (18)  meses y diecinueve (19) días de prisión, lapso  en  el  cual  también  se dosifica la pena accesoria de inhabilitación para el  ejercicio      de      derechos      y      funciones      públicas,    de  conformidad con la argumentación precedente.   

          4.        En lo demás el fallo impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                          ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Excusa justificada  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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