26481(30-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26481   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 83  

Bogotá,  D.C.,  treinta  de mayo de dos mil  siete.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  que presenta el defensor de la procesada  NELLY  PINEDA BORDA,  contra el fallo de segunda instancia proferido por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, fechado el 31 de mayo de 2006, mediante el cual  confirmó  la  sentencia  proferida  por  el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito  Especializado  de esta ciudad, condenando a la acusada, en calidad de autora del  delito  de  Lavado  de  Activos,  a  la pena principal de 72 meses de prisión y  multa  en  cuantía  de  2.000  salarios  mínimos  legales mensuales, a más de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, por lapso  igual  al  de  la  pena  privativa  de  la  libertad, y negándole, de paso, los  beneficios  de  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  libertad provisional y prisión domiciliaria.   

LOS HECHOS  

A partir de informe ejecutivo presentado por  el  C.T.I,  el  día  14  de  abril  de  2000,  se conoció de lo sucedido, así  referenciado en la sentencia impugnada:   

“La señora Nelly Pineda Borda, en concurso  con  otras  personas,  aprovecharon  el cargo que tenían en el Banco de Bogotá  para  conseguir  clientes  con  capacidad  económica  solvente,  como lo fueron  Francisco  José Vergara Carulla y Manuel Gustavo Moreno Torres, los envolvieron  para  que les dieran su dinero vendiéndoles la idea de una compra de dólares a  menor  precio  y  puestos  en bancos internacionales, para de esa forma lavar el  dinero y entregarlo a los narcotraficantes en Colombia.   

“La  modalidad  utilizada  para  lavar los  activos  consistía  en  una  operación en la cual narcotraficantes Colombianos  envían  droga a los Estados Unidos, el producto de  la venta en ese país,  es  consignado  en  cuentas  legales  de  personas  residentes  en  Colombia con  bastante  capacidad  económica,  quienes  desean  adquirir divisas colocadas en  bancos  norteamericanos  (para  el  caso,  entre  otros, Francisco José Vergara  Carulla).  Ahora,  el dinero bien habido que ellos tienen, representado en pesos  Colombianos  nunca sale del país, sino que es entregado a personas del Banco de  Bogotá,  quienes  bajo su condición se contactaron con los narcotraficantes en  el  país  del  norte  para  que  consignaran  esos  dineros  en  los bancos que  previamente  la  gente  honesta y trabajadora les había informado, y una vez se  consignaba  en los bancos internacionales, las personas en Colombia confirman el  depósito  y  entregan  el  valor  de  los dólares en pesos Colombianos en esta  nación.”   

LA DEMANDA  

Después   de   una   relación   fáctica  desarrollada  dentro de la particular óptica del casacionista, a lo cual agrega  un  recuento  probatorio  que  obedece  a  similares perspectivas, se acusa a la  sentencia,  principalmente, de haberse dictado en un proceso viciado de nulidad,  y    de    manera    subsidiaria,   por   violación   indirecta   de   la   ley  sustancial.   

1. Cargo Primero (principal)  

Con  fundamento  en  la  causal  tercera, el  impugnante    advierte   materializados   vicios   In  Procedendo,  regulados  en  el artículo 306 del C. de  P.P.,  en  concreto,  “la  comprobada  existencia de  irregularidades   sustanciales  que  afectan  el  debido  proceso”,  y  “La  violación  de  derecho  a la  defensa”.   

En sustento de su tesis, el impugnante parte  por  significar  cómo en nuestro país, dentro del concepto de integración que  vincula  al  bloque  de  constitucionalidad,  tienen  plena  vigencia las normas  internacionales  que  regulan  la  práctica  testimonial  y,  en  especial,  la  posibilidad  de  interrogar  y  contrainterrogar a los testigos de cargo, mismos  que  deben  ser  identificados  y  conocidos por la defensa, de acuerdo a lo que  contemplan los artículos 276 y 277 del C. de P.P..   

Contrario   a   lo   anotado,  señala  el  casacionista,  si bien se menciona en el trámite seguido en los Estados Unidos,  que    varios    “agentes   de   ley”,  hicieron  los  seguimientos  del  dinero  recaudado en ese país,  presuntamente  proveniente del tráfico de drogas, jamás se llamó a declarar a  esas  personas,  de  quienes  incluso se ignora su identidad, sin que tampoco se  referencien   dentro   de  los  procesos  llevados  allí  (acciones  In  Rem  y  Aceptación  de  culpa),  con  lo cual, se entiende que equivalen a los testigos  reservados  o con protección de identidad ya expurgados de nuestra legislación  por la perversión que generaban.   

Estima el recurrente, fundamental citar a los  agentes  en cuestión, para verificar cómo advirtieron ellos el origen ilícito  de  los dineros, dentro del concepto que rige el derecho de contradicción, para  lo   cual   cita   jurisprudencia   emitida    por   la   Corte   sobre  el  tema.   

A  renglón seguido, el impugnante resume lo  consignado   en   las   demandas   In  Rem,  adelantadas  en  los  Estados  Unidos, para concluir que en ellas  jamás  se determinó el nombre o identificación de los agentes que hicieron la  investigación  y  seguimiento  de los dineros, ni mucho menos se detallaron sus  dichos,  no  obstante  lo  cual,  en  ello  se basó la sentencia impugnada para  fundamentar  el  origen ilícito del monetario. Y la aceptación de culpabilidad  de  José  Vega Ávila, en ese país, nunca contó con las dichas declaraciones,  precisamente  porque  aceptó su responsabilidad, aunque, este tampoco conoce el  trámite  seguido  por el dinero “…pues él no pudo  haber  seguido  el  curso  de  los  mismos,  y además no supo del decomiso sino  después de las demandas in rema (sic)”.   

Como  quiera,  entonces,  que  “…la  ilicitud  de  origen  de  los  recursos  de  la  cuenta de  Starlite  Finance,  que  es  lo imputado a Nelly Pineda Borda, solo se comprueba  mediante  la  declaración  de  los  agentes de autoridad o funcionarios de ley,  como  se  los  ha  denominado  en  el expediente”, la  imposibilidad  de  conocer  a  estas  personas  y  someterlas a interrogatorio y  contrainterrogatorio,   ha   afectado   el   debido   proceso   y   derecho   de  defensa.   

Cita  el  recurrente,  a  su vez, doctrina y  jurisprudencia  internacionales  acerca de los testimonios reservados, recabando  en  que  la  ilicitud  del  dinero  sólo  puede demostrarse a través de lo que  informaron los agentes que hicieron seguimiento al mismo.   

A continuación, se refiere el casacionista a  lo  consignado  en  otras pruebas testimoniales recogidas en el expediente, para  controvertir  que  efectivamente  a  través de las mismas se pueda dilucidar el  punto.   

Argumenta  el  impugnante,  que  si la norma  violada,  art.  247-A,  del  C.P.,  demanda  definir  el  origen ilícito de los  dineros  que  fueron transferidos finalmente a nombre de la persona solvente, la  irregularidad  destacada,  esto es, la violación al derecho de defensa y debido  proceso,   originadas  en  la  inexistencia  de  pruebas  legalmente  recaudadas  encaminadas  a  probar el tópico, asoma trascendente y suficiente para demandar  la declaratoria de nulidad.   

Por       ello,       “…dados   los  efectos  comentados  que  no  permiten  una  sana  crítica  probatoria”,  reclama  el casacionista, se  decrete   la   nulidad   y   consecuentemente,  se  profiera  fallo  absolutorio  “ya que el defecto indicado no puede subsanarse dada  (sic)  lo  anónimo de los testigos supuestos”.    

2. Cargo Subsidiario  

Acusa la sentencia, el recurrente, dentro de  la   causal   primera,  cuerpo  segundo,  de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  artículo  9°  del  C.P.,   por  error de hecho, “debido   a   la   errada   interpretación   de   los  hechos  de  participación  de  Nelly  Pineda  en  las  negociaciones   en divisas  extranjeras,  según  las pruebas que cita para el efecto, y que constituyen una  incorrecta aplicación de la sana crítica probatoria.”   

Ello  condujo,  anota,  a  que  se  aplicara  indebidamente  el  artículo  247  A  del  C.P.,  imputando  a la procesada, sin  fundamento, el resultado previsto en el tipo.   

Destaca, sobre el particular, que el Tribunal  dio  a los giros propios de la actividad bancaria desarrollada por la encartada,  que  se relacionan indirectamente con el delito, una connotación delictuosa, no  empece  a  que  ese  comportamiento ninguna vinculación tiene con las conductas  ilícitas de lavado de activos.   

A renglón seguido, resume el recurrente los  que  dice  fueron  hechos  concretos  en  los  que  fundamentó  el  Tribunal la  definición   de  responsabilidad  de  la  acusada,  para,  de   inmediato,  aventurar él lo que debe entenderse verifican estos hechos.   

Asevera  el  demandante,  que  en  lugar  de  abordar  cada  prueba  individual,  para  ver  de  significar el yerro en el que  incurrió  el  tribunal,  es  necesario  analizar el conjunto, pues “la  distorsión de la interpretación de los hechos probados, que  debe  verse  en  el conjunto del estudio fáctico probado y no insularmente pues  pierde    su    sentido    y    la    perspectiva    de    incidencia    en   la  sentencia”.   

Más    adelante   agrega   “Formulo   la   censura   como  violación  de  la  sana  crítica  probatoria,  respecto  de  los  hechos en conjunto, pues si bien se distorsionan  varios   hechos  individuales  y  se  suponen  las  pruebas  en  otros  aspectos  –como el de la connivencia  criminal  no  probada,  y  que  se  quieren encontrar, en un solo cargo dado que  separándolos  se  pierde  su  sentido  y  significado  probatorios  (sic) en el  conjunto  de  los hechos”, añadiendo, luego de citar  jurisprudencia  de  la  Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia,  que  también  la  Sala Penal, aunque no presenta ningún referente, también ha  permitido   esta   forma   de   ataque  conjunto  de  las  pruebas  “…especialmente  en tratándose de la prueba de indicios, que se  deben valorar en su conjunto, como en este caso”.   

Conforme  lo  anotado,  solicita se case la  sentencia  y  consecuentemente,  se  emita fallo absolutorio, como quiera que la  encartada  no  ejecutó  actos  que  crearan  riesgo  sobre  el  bien  jurídico  tutelado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Ya             suficientemente  se  conoce  la  posición  de  la Sala, en punto del  rigor  demandado  consignar  en  la  demanda  de casación, pues, no se trata de  recrear  una  especie  de tercera instancia que sirva de escenario adecuado a la  controversia  ya superada de las instancias, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

         Se   busca,  entonces,  que  la  dicha  presunción  sea  derribada  a  través  de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes y fundados, insertos en  el  compromiso  de  demostrar  la  violación  en la cual incurrió el fallador,  suficiente  para  echar abajo su contenido de verdad, en el entendido de que, de  no   haberse   materializado  el  yerro,  otra  hubiese  sido  la  decisión,  y  precisamente  así faculta  trascendente recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         Sirvan  de  derrotero  estas  precisiones,  a efectos de abordar la  demanda  presentada  por  el  defensor de la acusada.   

1. Cargo Principal  

         El  demandante, ubicado en la causal tercera, acusa la sentencia de  haber    sido    dictada    en    un    proceso    que    rotula    irregular,  en  concreto, por violación  al  debido proceso y derecho  de defensa.   

         Sin  embargo,  basta  apreciar  la forma  como  el  recurrente  desarrolla  su  argumentación,  para  advertir  clara  su  pretensión  de  valerse del mecanismo nulificante, para anteponer su particular  interpretación  de  los  hechos y los elementos probatorios recabados, a la que  sirviera  de  soporte  al fallo condenatorio, desde luego, eludiendo significar,  no  ya  dentro  del  error  In procedendo  postulado,  sino  del  propio  de  hecho  al  cual finalmente  enfila su discurso, cual fue en  particular  el  yerro  del  Tribunal  –falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de identidad o falso  raciocinio-,  que  condujo  a  la  decisión  contraria  a  los  intereses de su  representada.   

         Sobre  este  paraticular,  ya  la  Corte  ha  significado de manera  reiterada  y  pacífica  cómo,  si  lo  atacado es el  elemento  probatorio,  sea por la interpretación que se hace de uno o varios de  los  medios que sirvieron de soporte al fallo, o en razón a que se controvierta  la  legalidad  de  los mismos, el cargo ha de enfilarse por la vía del error de  hecho  o  de derecho, dentro del cuerpo segundo de la causal primera, y no, como  equivocadamente  lo  pretende  aquí el casacionista, dentro de la férula de la  causal  tercera  por  supuestos  errores in procedendo, entre otras razones, por  que  la  aducción o análisis probatorios, no constituyen en sí mismos, dentro  del   presupuesto   antecedente   consecuente   o  preclusivo  que  gobierna  la  tramitación  penal,  una actuación trascendente que  faculte retrotraer el asunto a determinado estado procesal.   

         Y  si,  como  de  soslayo  postuló  el recurrente, aunque después  desvía  su  cometido  al  asunto  meramente  interpretativo de lo que la prueba  demuestra,  se  advierte  de  algún  tipo  de  ilicitud  del  elemento suasorio  –dado  el  parangón que  hace      con     los     llamados     “testigos  secretos”-,  ello  facultaría, como también tiene  establecido  la  Sala,  que se dejara de considerar el  elemento  en  cuestión para ver de verificar si con los demás se sostiene o no  la  sentencia  de  condena, postulación, reiteramos, que ha de enfilarse por la  senda  del  error de derecho y obliga del recurrente analizar la totalidad de la  prueba    y    los    fundamentos    concretos   del   fallos   para   sustentar  si   este  puede o no  mantener el soporte condenatorio.   

         Esto   ha   dicho   la   Corte   sobre   lo   discutido1:   

“…Como  lo  ha  precisado  la  Corte en  variada  jurisprudencia, los vicios predicables de la aducción probatoria   no  implican,  de  suyo,  la  invalidación de todo lo actuado en un determinado  proceso,  por  más  que  se invoque como infringido el artículo 29 de la Carta  Política,  pues cuando en esta disposición superior  se  prescribe que es nula de  pleno  derecho  la  prueba practicada con violación al debido proceso, es claro  que   se  está  refiriendo  al  fenómeno  de  la  inexistencia  de  los  actos  procesales,  cuyos  efectos invalidantes se surten sobre la prueba en sí misma,  sin  que  fatalmente  deban  trascender  al  resto  de  la  actuación,  pues la  solución   político-jurídica   a  este  tipo  de  irregularidades  es  su  no  apreciación  como  medio  de  convicción,  es  decir,  que sin que se requiera  pronunciamiento  judicial  no puede producir efecto jurídico alguno, careciendo  de  poder  vinculante  en la actuación, siendo, por tanto, la causal primera la  correcta  para  sustentar esta clase de ataques, debiéndose demostrar que en la  producción  de  la  prueba  se  desconocieron  los  requisitos  legales para su  validez  y  además,  que  de  descartarse  para  su valoración el fallo sería  distinto”    

         Para  significar la posibilidad de que el acopio de prueba ilícita  genere   la  nulidad  del  trámite procesal, estableció la Corte límites  puntuales,       del       siguiente      tenor2:   

“Pero  además,  como  lo  sostiene la Corte Constitucional en la Sentencia C-591 de 2005, pueden  existir  ciertas pruebas ilícitas que generan como consecuencia la declaratoria  de  nulidad  de  la  actuación procesal y el desplazamiento de los funcionarios  judiciales  que  hubieren  conocido tales pruebas. A este género pertenecen las  obtenidas    mediante    tortura,    desaparición    forzada    o    ejecución  extrajudicial:   

“La   Corte  considera,  que cuando el juez de conocimiento se encuentra en el juicio con una  prueba  ilícita,  debe  en consecuencia proceder a su exclusión. Pero, deberá  siempre  declarar  la  nulidad  del  proceso  y excluir la prueba ilícita y sus  derivadas,  cuando  quiera  que  dicha prueba ha sido obtenida mediante tortura,  desaparición  forzada  o  ejecución  extrajudicial. En efecto, en estos casos,  por  tratarse  de  la  obtención  de  una prueba con violación de los derechos  humanos,  esta circunstancia por si sola hace que se rompa cualquier vinculo con  el   proceso.   En  otras  palabras,  independientemente  de  si  la  prueba  es  trascendental  o  necesaria,  el  solo hecho de que fue practicada bajo tortura,  desaparición   forzada  o  ejecución  extrajudicial,  es  decir,  mediante  la  perpetración  de un crimen de lesa humanidad imputable a agentes del Estado, se  transmite  a  todo  el  proceso  un vicio insubsanable que genera la nulidad del  proceso,  por  cuanto  se han desconocido los fines del Estado en el curso de un  proceso  penal,  cual  es  la  realización  de  los  derechos  y garantías del  individuo.  Además, como queda ya comprometida la imparcialidad del juez que ha  conocido   del   proceso,   debe   proceder   además  a  remitirlo  a  un  juez  distinto.”   

“5.2  La prueba ilegal se genera cuando en  su  producción,  práctica  o  aducción  se  incumplen  los requisitos legales  esenciales,  caso  en  el cual debe ser excluida, como lo indica el artículo 29  Superior.   

“En esta eventualidad, corresponde al juez  determinar  si  el  requisito  legal  pretermitido  es  esencial  y discernir su  proyección  y  trascendencia  sobre el debido proceso, toda vez que la omisión  de  alguna  formalidad  insustancial, por sí sola no autoriza la exclusión del  medio de prueba.”   

         Evidente  que  el caso examinado no se trata de uno de los factores  que  habilitan  la declaratoria de nulidad, el cargo propuesto por el recurrente  debe  entenderse  mal formulado, pues, además, la impropiedad del mismo refulge  patente  cuando  en  el  acápite  de  lo  solicitado a la Sala, advierte que la  nulidad  debe ser declarada, pero a la vez, se hace menester emitir en esta sede  fallo  absolutorio “…ya que el defecto indicado no  puede subsanarse dado lo anónimo de los testigos supuestos”   

         Y  no  es  posible siquiera adecuar la demanda para que se entienda  cubierta  la  controversia  dentro  del  espectro adecuado de la causal primera,  cuerpo  segundo,  pues,  el contenido mismo del cargo torna imprecisas e incluso  contradictorias  las  argumentaciones  que  lo  soportan,  emergiendo  imposible  verificar  en  qué  específico  aspecto  centra  el  impugnante  el  yerro del  Tribunal.   

        Al    efecto,    pareciera  que  se  atacase  la  decisión, por  fundamentarse  exclusivamente  ella  en  unos  supuestos  testigos secretos o de  identidad   desconocida,   dígase   lo   presuntamente  referenciado  ante  las  autoridades  Norteamericanas, por los agentes investigadores, quienes señalaron  el  origen  ilícito  de los dinerso decomisados en ese país a un sujeto, quien  aceptó su culpabilidad.   

       Sin  embargo,  durante  el  desarrollo del punto, el censor dedica  sus  esfuerzos  no a discutir las razones del Tribunal para emitir la sentencia,  sino  a debatir la naturaleza y sustento de los procesos In Rem que para efectos  de  decomisar  los  dineros  ilícitos, se siguieron en los Estados Unidos, así  como  la  aceptación  de  culpabilidad  que  allí  mismo  efectuó  el  sujeto  capturado  en  un establecimiento público con dólares provenientes del negocio  ilícito de narcotráfico.   

       Para  nada  soportó,  entonces,  con  las  citas  pertinentes del  fallo,  que  efectivamente  en  el  proceso seguido en nuestro país, los dichos  testimonios,  o  mejor,  lo  que  se  obtuvo  de los investigadores –que   entre  otras  cosas,  admite  jamás   se   reprodujeron   en   los   procesos  In  Rem de los Estados Unidos-, hubiesen sido tomados en  cuenta para fundamentar la sentencia.   

       Y  ello  resultaría  imposible,  cabe  agregar,  porque  el mismo  recurrente  advierte  que no se sabe qué fue lo investigado o noticiado por los  funcionarios   en   mención,    aunque   en   los   procesos  In Rem, se les mencione.   

       Mal  puede,  por  ello, soportar el impugnante la controversia que  remite  a  la  supuesta  prueba  ilícita  y,  particularmente, la existencia de  supuestos  testigos  “secretos” o con reserva de identidad, si de entrada se  significa  que  lo  ocurrido,  finalmente, es que esos supuestos testigos jamás  pudieron  ser  citados  para  el proceso que aquí se siguió y lo informado por  ellos     tuvo    algún    valor    –aunque    en    su   disertación  controvierte  el  impugnante  que  efectivamente  pudieran  demostrar  el origen  ilícito  del  dinero  consignado  en  la  cuenta  Colombiana- para los procesos  In  Rem y el trámite de  aceptación de culpa, todos tramitados en el país del Norte.   

       Ahora,  si lo pretendido es advertir que los procesos In Rem, o el  trámite  de  aceptación  de  culpabilidad,  seguidos en los Estados Unidos, en  cuanto    prueba    documental   trasladada,   no   podían   ser   tenidos   en  cuenta  en  Colombia,  o  resultaban  insuficientes,  en  su poder suasorio, para soportar la decisión de  condena,  debió  señalarlo  así,  sea por la vía del error de derecho, en lo  que  toca  con  la primera postulación, o el de hecho, si se trata de  la segunda, desde luego, para ambos  casos,   estableciendo   el  valor  que  en  el  fallo  atacado  se  les  dio  y  particularmente, la trascendencia del yerro en punto de condena.   

       Consciente  de la dificultad lógica que su argumento encierra, el  recurrente,  a pesar de prohijar la tesis de una supuesta prueba ilícita que se  tomó  en  consideración  pero  no  existe, mejor dirige la discusión hacia su  concreta  interpretación  de  los  hechos  y  de  lo que se arrimó al proceso,  significando  que  la  única  manera  de  demostrar  el  origen ilícito de los  dineros  incautados, lo era a través de las declaraciones de los investigadores  Norteamericanos,  en  cuyo  caso, dado que se omitió ello, es menester entender  que  no se demostró un extremo fundamental d e la acusación.   

       Así  planteada  la  sustentación,  es  claro  que  finalmente lo  pretendido  es  advertir  un  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia  –se    tomó    en  consideración  una  prueba  inexistente-,  o  por  falso  juicio  de  identidad  –se otorgó a la prueba  documental   un   alcance   que  no  tiene-,  jamás  desarrollado en su naturaleza y alcances.   

       Incluso,  para  determinar  aún más equívoca la argumentación,  en  lo  que  toca  con  la  trascendencia del ataque, el impugnante comienza por  manifestar  que  ello  incidió  directamente  en  el  fallo,  como  quiera  que  “no  existe  otra  prueba  que  pueda  suplir  la  declaración  de  los  agentes  de  ley”,  pero  a  renglón  seguido,  admitiendo  que  la  decisión  del Tribunal tuvo otro norte  probatorio,  razona  de  manera  particular  acerca  de  esos otros medios, para  concluir  de  su  particular  inferencia,  que  ellos  no pueden conducir a determinar probado el tópico,  con  lo  cual,  la crítica se desvía hacia el campo del falso raciocinio, como  finalmente, a título de cargo subsidiario, pretendió demostrarlo.   

       Apenas  para ilustrar este punto, luego de significar “NO  EXISTE  OTRA PRUEBA QUE PUEDA SUPLIR LA DECLARACIÓN DE LOS  AGENTES    DE    LEY”,   advierte   “la  declaración del mismo Vergara no puede acreditarlo en sana  crítica  probatoria,  por  lo  que  ya  se  dijo,  el no lo supo sino cuando ya  pasaron  los  hechos”;  y  a  su  vez “la  declaración  del  investigador  del CTYI (sic),  señor  Fredy  Rubio  Zafra  (ver  pg.  22) tampoco dado que el  simplemente  oyó  decir  a  Vergara,  y  sobre  este  supuesto rinde su informe  documentado  pero  que  no  puede  ser  fuente  idónea de prueba”;  para  rematar  “tampoco los hechos  ocurridos  en  Colombia  pueden servir de medio de prueba idóneo respecto de la  ilicitud  de  los  dineros,  pues  ello  ocurrió en  estados  Unidos,  y los únicos que percibieron ese aspecto del hecho fueron los  agentes  de  ley  o los funcionarios de ley, que lo establecieron pero que nunca  pudieron identificarse en el proceso.”   

       No  es,  conforme  a  lo  visto, que el Tribunal hubiese tomado en  cuenta  una  supuesta  prueba ilícita o ilegal, ni mucho menos, que diera valor  de  testimonio  a lo que no lo es, sino, que el impugnante, a pesar de hallarnos  regidos  por  un  sistema  de  libertada  probatoria, anteponiendo su particular  criterio  al  del Ad quem,  en  un  típico alegato de instancia, estima que uno de los hechos trascendentes  del  proceso  únicamente puede ser probado con el elemento testifical echado de  menos,  y  no  con  aquellos  que  presuntamente  sirvieron  de soporte al fallo  cuestionado.   

       Se  cuida  el  recurrente,  cabe  destacar, de establecer cómo la  inferencia  es  errada  o  la prueba tomada en cuenta no conduce a establecer lo  que  el  Tribunal  dice  que  dijo,  y  por ello resulta imposible para la sala,  definir  cuál  es  el  error en que incurrió la segunda instancia y cómo ello  derivó  en  la  sentencia  condenatoria,  o mejor, de qué manera, eliminado el  yerro  desconocido,  la  decisión  redundaría  a  favor  de  la acusada, pues,  debemos  reiterarlo, no basta con que de manera genérica y global el impugnante  advierta,  sin  penetrar  a  fondo  en el medio, que  éste,  porque  es su parecer, no conduce a concluir  lo  que  supuestamente  concluyó el fallo, sin elaborar tampoco un examen   conjunto de los medios probatorios.   

       Desde  luego,  lo  anotado  en  precedencia permite asumir que los  errores  In Procedendo destacados por el impugnante, no tuvieron lugar, ni mucho  menos  se  violaron  los  derechos  de  defensa  y al debido proceso,  no  sólo  porque  el  tópico  probatorio  debe  ser atacado a  través  de  la  causal primera, cuerpo segundo, sino, con mayor efecto sobre la  pretensión  del  censor,  porque  este  nunca estructuró de manera lógica una  posible  incursión  en  el  terreno de la prueba ilícita o siquiera la ilegal,  deviniendo  su  argumentación,  como  ya  se  dijo,  en  un  simple  alegato de  instancia  que  pretendió  evadir  la  carga de sustentación lógico jurídica  propia  de  los  errores  de  hecho  o  de  derecho, a través del expediente de  verificar materializado un supuesto vicio de trámite   

       En  consecuencia,  ha  de  inadmitirse  el  cargo  que  como principal informa la demanda de  casación.   

2.   Segundo   Cargo,  subsidiario  del  Principal.   

       Dentro  de ese comportamiento que ha destacado la Sala, encaminado  a  evadir  las  especificaciones que reglamentan el recurso extraordinario, bajo  el  entendido  que  la  doble  condición  de legalidad y acierto del fallo debe  controvertirse  con  una  demostración  coherente  y  lógica de la existencia de un vicio mayúsculo, el  recurrente   elabora   una   crítica  particular  de  la  sentencia,  en  punto  probatorio,  sin detallar cuál en concreto es el error que demanda de solución  en  esta  sede o, en especial, de qué manera este fluyó trascendente y se hace  menester   invalidar  la  sentencia condenatoria, como lo pretende.   

       Y  por  ello,  a  pesar  de  manifestar  desde  el comienzo que lo  destacado  irregular  en  la  sentencia,  es  la  violación indirecta de la ley  sustancial,   por   error   de   hecho   por  falso  raciocinio,  lejos  de  cubrir  las pautas mínimas que la controversia      lógico–jurídica  exige,  anotando conocer que se torna necesario, dentro  de  los  rigores  de  la  sana  crítica,  especificar  cuál  es la regla de la  experiencia,  el  principio  lógico  o  la  ley científica pasada por alto, el  recurrente  elude presentar una propuesta seria y dedica su esfuerzo a discutir,  desde    su    particular    óptica,   los   razonamientos   del   Ad  quem,  no  porque  estos pasen por  alto  los  tópicos  referenciados atrás, sino en atención a que el demandante  tiene   una   concepción   diferente   de   lo  que  las  pruebas  arrojan,  en  comportamiento  procesal  que  nunca  puede  quebrar  esa  doble connotación de  acierto y legalidad antes destacada.   

       Por  ello,  en  lugar de abordar adecuadamente cada una  de  las  pruebas  y  extractar  de  allí   la  violación  a  las  reglas  de  la  ciencia  la  lógica  o la  experiencia   –que  se  trata   de  asuntos  obviamente  diferentes-,  e  incluso,  tratándose  de  los  elementos  indiciarios,  delimitar  si  el  error radica en la auscultación del  hecho  indicador y su fundamento probatorio, o en la inferencia lógica, o en la  articulación  de los varios indicios dentro del conjunto probatorio para ver de  demostrar   su  incidencia   en  el  fallo,  el  recurrente  se  limitó  a  relacionar  cada  una  de  las  pruebas  o  indicios, significar el valor que le  otorgó  el  Tribunal  y  verificar  su  concepción de lo que debió entenderse  mejor.   

       Por  lo  demás,  la cita jurisprudencial traída a colación para  justificar  omitir  cumplir  con  los  presupuestos  lógico-  jurídicos  de la  argumentación,  a  más  de  impertinente  es  bastante imprecisa, dado  que  lo  dicho  por  la Sala de Casación Civil de la Corte,  para  nada  se  refiere  a la supuesta legitimación para presentar un argumento  típico  de  instancia.  Lejos de ello, lo puntualmente referenciado, cabalmente  sigue  las  pautas  de  la  Sala  Penal,  en  el  contexto propio de lo obligado  realizar  por  el  demandante,  vale decir, que “La  cuestión  concerniente  al  mérito  de las pruebas debe ser examinado desde un  doble  punto de vista, pues ha de serlo no solo en cuanto la (sic) medio en sí,  sino  también  con base en el cotejo con las restantes y siempre en función de  la   visión  sistemática  que  arroje  el  material  probatorio”.        

       Eso  fue  lo  dicho  por  la Sala de Casación civil, dentro de un  apartado  global  de  lo  que significa el análisis probatorio, pero de ninguna  manera   de   ese  específico  apartado  se  habilita  la  visión  que  de  la  controversia   casacional,   dentro   del   error   de   raciocinio,  expone  el  recurrente.   

       Y   mucho   menos   ello   sucede   a  partir  de  lo  manifestado  recurrentemente  por  esta  Sala  sobre  el  asunto  analizado, pues, si bien es  cierto,  la  prueba  de indicios debe valorarse en su conjunto, ello corresponde  precisamente  a  la última de las etapas de la verificación lógica y racional  del  medio  en cuestión, que demanda previamente, ya lo anotamos, definir cuál  es  el  yerro  en  el que  incurrió  el  fallador, y  respecto    de    qué    específicamente   ello   se   sucedió   –hecho    indicador,    inferencia  racional o vinculación con los demás indicios-.   

       Para  mayor  precisión,  por  vía  ejemplificativa,  dentro  del  amplio  apartado  jurisprudencial  que pacífica y recurrentemente ha delimitado  el       punto,      sostuvo      la      Sala3:   

“Si  se  denuncia  falso raciocinio por  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de manera objetiva el medio, qué infirió de él el  juzgador, cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, señalar cuál postulado de la Lógica, ley  de    la    ciencia    o    máxima    de    la    experiencia    fue  desconocida,  debiéndose  indicar  cuál  es  el  aporte  científico  correcto,  la  regla  de la lógica  apropiada,  la  máxima de la experiencia que debió tomarse en consideración y  cómo,  y  finalmente, demostrar la trascendencia del error indicando cuál debe  ser  la  apreciación correcta de  la prueba o pruebas que cuestiona, y que  habría  dado  lugar  a  proferir un fallo sustancialmente distinto y opuesto al  ameritado.   

(….)  

“Y   cuando  de  ataque  a   la  apreciación  de  la  prueba indiciaria se  trata,  el  censor debe informar si la equivocación se cometió respecto de los  medios  demostrativos  de los hechos indicadores, la inferencia lógica, o en el  proceso   de   valoración   conjunta,   al   preciar   su   articulación,  convergencia  y  concordancia  de los varios indicios entre sí, y entre estos y  las    restantes    pruebas,    para   llegar   a   una   conclusión   fáctica  desacertada.   

“De manera que si el error radica en la  apreciación   del   hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro  medio  de prueba, necesario resulta postular si el yerro  fue  de  hecho  o  de  derecho,  a  qué expresión corresponde, y cómo alcanza  demostración para el caso.   

“Y si el error se ubica en el proceso de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del medio con el  que  se acredita el hecho indicador, y demostrar al tiempo que el juzgador en la  labor  de  asignación  del  mérito  suasorio  se  apartó  de  las leyes de la  ciencia,  los  principios  de  la  lógica o las reglas de experiencia, haciendo  evidente  en  qué  consiste  y  cuál  es  la operancia correcta de cada uno de  ellos, y cómo en concreto esto es desconocido.”   

(….)  

“Además,  dada  la  naturaleza de este  medio  de  prueba,  si  el  yerro  se  presenta  en  la labor de análisis de la  convergencia  y  congruencia  entre  los  distintos  indicios  y de éstos con los demás medios, o al asignar la fuerza demostrativa  en  su  valoración  conjunta, es aspecto que no puede dejarse de precisar en la  demanda,  concretando  el  tipo de error cometido, demostrando que la inferencia  realizada  por  el  juzgador  transgrede  los postulados de la sana crítica , y  acreditando  que  la  apreciación  probatoria  que  se propone en su reemplazo,  permite  llegar  a  conclusión  distinta  de  aquella  a  la  que  arribara  el  sentenciador,  pues  no  se  trata  la  casación  de  dar  lugar a anteponer el  particular  punto  de  vista  del  actor  al  del  fallador,  ya  que  en  dicha  eventualidad  primaría  siempre éste, en cuanto la sentencia se halla amparada  por  la  doble  presunción  de acierto y legalidad, siendo carga del demandante  desvirtuarla  con  la  demostración  concreta  de  haberse incurrido en errores  determinantes de violación en la declaración del derecho.”   

       Es  claro  que  la demanda presentada por el recurrente, en cuanto  al  cargo  subsidiario  respecta,  adolece  de  falta de concreción en punto de  definir  cuál  es  el  error  en  el que incurrió el Tribunal y cómo este fue  trascendente  para  la  decisión, ocurriendo que la  argumentación,  más  que  realizar  un  análisis global de la prueba y lo que  ella      demuestra,     como     postuló     el  impugnante,     buscó     evitar    el  señalamiento  preciso del yerro en  cada  unos  de  los elementos probatorios analizados,  y  pasando  por  alto  los  pasos previos claramente  delimitados   en   la   jurisprudencia  transcrita,  automáticamente  llegó  a  conclusión  contraria  a  la del juzgador, anteponiendo su criterio al de este,  con  lo cual, lejos de demostrar la falsedad o error de raciocinio que facultan,  por   su   enorme   entidad,  desvirtuar  la doble condición de acierto y legalidad de la sentencia, ante  la  imposibilidad de verificarlo directamente, presentó un alegato de instancia  completamente     improcedente    en    sede    de  casación.   

       Una  tal  impropiedad, que impide a la  Corte  establecer  cuál  entonces  fue  el  desacierto  en  el que incurrió el  Tribunal   y,   en   especial,   de   qué   manera  afectó   la   decisión   controvertida,   apenas  deriva   en la necesidad de inadmitir el segundo  de  los  cargos  postulados  por el demandante, igual  que ocurrió con el cargo principal.   

Como   no  se  observan  violaciones  a  garantías  fundamentales,  que  obliguen  conocer  de  oficio  lo  actuado,  se  inadmitirá,    conforme    lo   anotado   en   precedencia,   la   demanda   de  casación.   

En  mérito  de lo expuesto, la    CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Sala   de   Casación  Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el     defensor     de              la         procesada   NELLY  PINEDA BORDA.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia del 20 de abril de 1999, radicado 14143   

2   Sentencia del 7 de julio de 2006, Radicado 21.529.   

3  Sentencia del 26 de junio de 2002, radicado 11.451     

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