26447(28-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26447  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 28  

Bogotá D.C., veintiocho de febrero de dos mil  seis.   

Decide la Corte lo pertinente con relación a  la  admisión  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor de  William  Berted  Paternina,  contra  la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo  el  20 de junio de 2006, mediante la cual modificó la del Juzgado promiscuo del  circuito  de  Santa  Rosa  de Viterbo del 28 de febrero de 2005, que lo condenó  como autor de los delitos de homicidio y porte ilegal de armas.   

HECHOS  

          Así     fueron     narrados     durante    el    curso    de    las  instancias:   

          “Siendo  aproximadamente  las  diez  de  la  mañana del cuatro de  enero  de  dos  mil, algunos internos recluidos en el patio dos de la Cárcel El  Olivo  de esta localidad (Santa Rosa de Viterbo), se sublevaron sin tener motivo  y  habiendo  cubierto  previamente  sus rostros con algunas prendas, salieron en  dirección  a  los  patios uno y tres portando armas blancas, de fuego y chuzos,  elementos   con   los  cuales  amedrentaron  a  los  guardianes.  Dirigidos  por  Bertet  (sic)  Paternina,   siguieron  por  el  corredor  central  en  busca  (sic)  del  recluso Humberto Rubiel Vargas, representante de  derechos  humanos  del  patio  tres,  lo alcanzaron cuando venía de cumplir una  función  humanitaria  a  favor  de  otro  compañero  e  inmisericordemente  le  propinaron múltiples puñaladas hasta segar su vida.”   

ACTUACION   PROCESAL  RELEVANTE   

          El  10  de agosto de 2000, luego de lograr la identificación de los  probables  autores  de la conducta de homicidio, la fiscalía séptima seccional  con  sede  en  Santa  Rosa  de Viterbo abrió investigación penal, entre otros,  contra    William   Berted   Paternina   (fs., 113 cuaderno 1).   

          El  23  de noviembre de 2001, la Fiscalía séptima de Santa Rosa de  Viterbo  decidió  la  situación  jurídica de William  Berted    Paternina,    imponiéndole    medida   de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como probable autor de los delitos de  homicidio  agravado  y porte ilegal de armas (fs., 433  cuaderno 2).   

          Mediante  providencia  del  6 de agosto de 2002, la fiscalía cerró  la  investigación  parcialmente,  en  lo  que  se  refiere  al  aquí sindicado  (fs.,      531      cuaderno      2).   

          El  26  de diciembre de 2002, la fiscalía séptima de Santa Rosa de  Viterbo,    acusó   a   William   Berted   Paternina  por  la  posible comisión de los delitos de homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de  armas  de fuego de defensa personal (fs., 544 cuaderno 2).   

          Después   de  realizar  las  audiencias  preparatoria  y  pública,  mediante  sentencia del 28 de febrero de 2005, el Juzgado Promiscuo del circuito  de  Santa  Rosa  de  Viterbo, condenó a William Berted  Paternina,  a  la  pena  principal  de  313  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de funciones  públicas  por  el mismo tiempo, como autor de los delitos de homicidio agravado  y   porte   ilegal   de   armas  (fs.,  959  cuaderno  3).   

          El  20  de  junio  de  2006,  al  desatar  el  recurso de apelación  interpuesto  por  el  Ministerio Público y por la defensa, el Tribunal Superior  de  Santa  Rosa de Viterbo modificó la pena principal para dejarla en 327 meses  de  prisión  y estableció la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas en 10 años (fs., 14  cuaderno Tribunal).   

         

DEMANDA     DE  CASACION   

          El  recurrente  formula cuatro cargos contra la sentencia de segunda  instancia, todos con apoyo en la causal tercera.   

          Primer       cargo.      Nulidad por violación del debido proceso.   

          A  juicio  del  demandante, en el fallo de segunda instancia se dijo  que  la  prueba  recaudada  era suficiente para demostrar la responsabilidad del  procesado.  Sin  embargo,  piensa que las contradicciones inherentes a la prueba  le  restan  legitimidad  a  la  decisión.  Con ese propósito, el recurrente se  dedica  a  analizar  la prueba que obra en el expediente y destaca, por ejemplo,  que  desde  el mismo informe suscrito por el Guardián José Alejandro Pérez no  se  habla  de  una  imputación  concreta, sino del total desconocimiento de los  autores del hecho.   

          Fue  luego  –  dice  – , con ocasión de  haberse  recepcionado  los  testimonios  de algunos guardianes del Inpec, que se  empezó  a gestar la idea de que William Berted Paternina algo tenía que ver en  el  homicidio  de  Humberto  Rubiel  Vargas, como también otros reclusos, entre  ellos  los  alias  el “Costeño”, el “Zarco” y “Veneco”. Pero eso es  lo  que  llama  la  atención  de  la  defensa,  pues  aun  cuando todos los que  intervinieron  fueron  trasladados  a otras cárceles del país, curiosamente al  declarar   ante   fiscales   comisionados,   concuerdan  en  manifestar  que  no  participaron en los hechos.   

          Se   advierte,  entonces,  un  marcado  interés  por  destacar  que  estuvieron  en  otros  lugares del penal a la hora en que ocurrió el homicidio,  pero  a ello se oponen las declaraciones de los guardianes, que los ubican en un  solo  sitio. Esas contradicciones, que son a juicio muy importantes, se hubiesen  podido  aclarar  mediante  inspecciones  judiciales,  las  cuales no se pudieron  realizar  al  haberse ordenado el traslado de los supuestos intervinientes en el  homicidio.   

          De  manera  que se sindicó no solo a otros, sino también a William  Berted  Paternina,  de  quien  los guardianes dijeron que lideró la agresión y  portaba  una  arma  de fuego, como habría sido posible determinarlo a partir de  su  aspecto  físico, aun cuando otros dijeron no reconocer a quienes ejecutaron  el   comportamiento,   debido   a   que   cubrían  su  rostro  para  evitar  su  identificación.   

          A  esas  contradicciones,  que  muestran  la  poca  fiabilidad de la  prueba  testimonial,  debe  agregarse que entre Rubiel Vargas y el “Zarco” y  “Veneco”  existían  graves  enemistades, al punto que ya eran públicas las  amenazas de muerte.   

          En fin, concluye el demandante,   

          “al  efectuarse la valoración de las pruebas se ha desconocido el  derecho  que  le  asiste  a mi defendido de controvertir aquellas pruebas que se  han  aportado al plenario, controversia que fácilmente se deduce de lo expuesto  cuando  en  las  mismas  en  su cuerpo existen contradicciones y la presencia de  puntos  no  aclarados y que por el contrario al momento de su análisis debieron  ser fallados a favor de mi defendido…”   

          Por  lo  tanto,  sostiene, el Tribunal infringió el artículo 29 de  la   Constitución,  como  consecuencia  de  la  incompleta  valoración  de  la  prueba.   

          Segundo       cargo.      Nulidad por violación al principio de legalidad.   

          De  acuerdo  con  el  artículo 6 del código penal, nadie puede ser  juzgado  sino  confirme a las leyes preexistentes al acto que se le imputa, ante  juez  o  tribunal  competente  y  observando  la  plenitud de las formas de cada  juicio.  Todas  esas  garantías,  dice el demandante, le fueron desconocidas al  procesado.   

          Tercer  cargo.  Nulidad  por violación al  derecho de defensa.   

          Se  concreta  en  el hecho de que los testimonios solicitados por la  defensa,  como los de Arístides Zamora Melo, Nelson Neuta, Jorge Medina y Edwar  Quintero,  se  practicaron  a través de un funcionario comisionado, sin que por  esa  razón  pudiera  la  defensa  intervenir en su interrogatorio. Seguramente,  observa  el  demandante,  de  haberse  garantizado  el derecho de contradicción  otros  habrían  sido  los resultados, como también si se hubiese practicado la  diligencia de reconocimiento que solicitó oportunamente.   

          Cuarto  cargo.  Nulidad  por violación al  principio de investigación integral.   

          En  el  proceso  penal  se dejaron de apreciar y valorar las pruebas  como  corresponde a su sistemática y por esa razón no se consideraron aspectos  que  favorecen al procesado, dejando en el limbo su responsabilidad, debido a la  precaria e irregular manera como se adelantó el procedimiento.   

          Por  todo  ello,  el  demandante  solicita a la Corte que se case la  sentencia y se dicte la que en derecho corresponde.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La demanda se inadmitirá por las siguientes razones:   

El  recurso  extraordinario de casación como  medio  de  impugnación que procede, como en este caso, contra las sentencias de  segunda  instancia proferidas por Tribunales Superiores de Distrito Judicial por  delitos  cuya  pena  máxima excede de ocho años de prisión, no es una tercera  instancia,  sino una sede en donde se juzga la inconstitucionalidad e ilegalidad  del  fallo  (artículo  205  y  ss., de la ley 600 de  2000).   

          Al  pretender con el recurso que se juzgue la validez constitucional  y  legal de la sentencia, el demandante está en el deber de indicar la causal y  desarrollar  los cargos clara, precisa y coherentemente, según el sentido de la  que  se  hubiese  seleccionado,  de  manera  que la propuesta sea autosuficiente  (artículo 212 idem), con lo  cual  a  su  vez  se propicia que la Corte pueda estudiar la demanda en el marco  del   principio   de   limitación   (artículo  216  idem).   

          Por  supuesto  que  la  demanda no cumple ese mínimo de exigencias,  pues  en el escrito se plasma un discurso que no asume los cargos desde el punto  de  vista de la causal seleccionada, o cuando lo hace, su desarrollo es precario  e  insuficiente. Así, véase como en el primer cargo, en el cual se anuncia una  propuesta   vinculada   con  la  nulidad  del  proceso,  el  demandante  termina  exponiendo  una  crítica  a  la  apreciación  probatoria,  de  la cual podría  decirse  que  se  asemeja  a  una  infracción  indirecta de la ley por error de  raciocinio.                      

          Pero  sin  duda  que el discurso no permite asumir que se esté ante  una  modalidad  de infracción indirecta de ley por error de raciocinio, pues lo  que  allí se expone es una crítica muy subjetiva acerca de lo que se considera  debe  ser  la  estimación probatoria y no se ofrece ninguna explicación acerca  de  cuál  fue  la regla de la lógica o la ley de la ciencia o la máxima de la  experiencia  que el Tribunal ignoró. A lo sumo advierte algunas contradicciones  entre  los testimonios, pero no logra explicar en qué consistiría el yerro del  Tribunal  al  haberle  dado  crédito  a  un  grupo  de testigos, conformado por  guardianes  de  la  cárcel,  que lograron identificar al procesado, en lugar de  haber   aceptado  el  dicho  de  los  procesados,  que  habría  sembrado  dudas  insalvables acerca de la autoría del comportamiento.   

          En   fin,  olvida  el  demandante  que  tratándose  de  errores  de  raciocinio,   

          “su  demostración no se logra contraponiendo a la valoración que  los  juzgadores  hicieron  de  la prueba, la que en criterio personal del censor  debió  ser  acogida,  sino  mostrando  que la realizada por ellos contraría de  manera  manifiesta  los  principios  de  la sana crítica. Esto significa que el  desarrollo  del  cargo  debe  tener  siempre  como  referente el contenido de la  sentencia,  y  que es a partir de lo que allí se dijo, y no de las convicciones  personales  del  actor,  que  debe construirse el ataque, con indicación de los  principios  de  la  lógica,  las  reglas de experiencia, o los postulados de la  ciencia   que   en  cada  caso  fueron  quebrantados  por  los  juzgadores.  “  1   

          El  ataque,  pues,  es  insuficiente  para abrir espacio a un juicio  contra  la sentencia sobre la base de la infracción indirecta de la ley, que es  a  lo  que  más  se  parece  materialmente el cargo formulado, y menos desde la  perspectiva  de  la  nulidad,  de  cuyo  sentido  la  exposición  se  distancia  abiertamente.   

          El  demandante  no  solo  desconoce  el  sentido  de la causal, sino  también   los   principios   que   gobiernan   el  recurso  y  la  técnica  de  argumentación  de  los  cargos  y  por  eso  su  propuesta  se  torna  ambigua,  incoherente e imprecisa.   

          Así,  sin  explicar,  como el principio de prioridad lo impone, los  efectos  que  se  obtendrían de prosperar los cargos en la validez del proceso,  el  recurrente  alude  en  el  segundo  cargo  al  principio de legalidad de los  delitos  y  de  las  penas,  muy  a  tono con la definición del artículo 6 del  código  penal, pero no explica en qué consiste la infracción al principio o a  la categoría dogmática.   

          En ese sentido, reitérese que,   

         

“aun  cuando la causal tercera de casación  ostenta  cierta  flexibilidad  argumentativa,  no  por  ello el demandante está  exonerado  de  indicar  la actuación irregular, el momento a partir del cual se  debe  subsanar  la  actuación  y  la  trascendencia  de los vicios de rito o de  garantía.” 2   

Habría  que  suponer,  frente al incompleto  planteamiento,  no  que  se desconoció la definición legal y previa del delito  por  el  cual  fue  juzgado  el  sindicado,  sino los contenidos garantistas del  proceso,  cayendo  eso  sí  en el riesgo de sustituir al demandante al realizar  especulaciones  frente  a  supuestos  vicios  de  rito  o  de  garantía  que el  demandante  no  logra  identificar y que la Corte no puede complementar, dado el  carácter rogado del recurso.   

En  el  tercer  cargo, parece preocuparle al  demandante  la  infracción al derecho de defensa, ya porque no se le garantizó  el  principio de contradicción o bien por no haberse decretado la diligencia de  reconocimiento que habría solicitado.   

En éste punto, repárese en que,   

“Cuando  la  nulidad  se  relaciona  con  el  desconocimiento  del  principio  de investigación integral no es suficiente con  enumerar  las  pruebas  supuestamente  omitidas,  pues es imperativo aludir a su  fuente,  a  los  principios  que  gobiernan  su  decreto  y práctica, como a su  incidencia  favorable  a los intereses del acusado frente a las conclusiones del  fallo,  ya  que  como  lo tiene señalado la Sala, la no práctica de una prueba  que  se  aparta  de esas exigencias no configura la vulneración de la garantía  fundamental         cuestionada…”         3   

Ningún  elemento  de  juicio  que  permita  apreciar  la  infracción  al  principio  de  investigación  integral ofrece el  demandante,  como quiera que se limita a formular una afirmación indefinida que  resulta  insuficiente  para  tener  por  acreditada  la coherencia, precisión y  claridad  que  requiere  el cargo (artículo 212 de la  ley 600 de 2000).   

La demanda, en consecuencia, debe inadmitirse  por  esas  razones,  pero  también  porque  la  Corte  no advierte violación a  garantías fundamentales que deba remediar de oficio.   

Por  lo  expuesto,  La  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

Resuelve  

          Inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  de  William       Berted       Paternina.   

         

Notifíquese,  Cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                    ALVARO O PEREZ PINZON    

MARINA        PULIDO        DE  BARON                        JORGE  QUINTERO  MILANES                   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                       JULIO SOCHA  SALAMANCA                                       

                    

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

             

    

1Corte  Suprema   de   Justicia,  auto  del  23  de  agosto  de  2006,  radicado  25604.   

2 Corte  Suprema   de   Justicia,  auto  del  23  de  agosto  de  2006,  radicado  25861.   

3 Idem.     

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