26324(21-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26324  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                       Magistrado Ponente:   

                                                                               ALFREDO  GOMEZ QUINTERO                                         Aprobado      acta  N° 42   

Bogotá  D.  C.,  veintiuno   (21)   de   marzo   de   dos  mil  siete  (2.007)   

VISTOS  

Decide la Sala el recurso extraordinario de  casación    interpuesto   por   el   defensor   contractual   de   JUAN  CARLOS  BETANCOURTH GOMEZ contra la  sentencia  del  9  de  junio  de  2006,  por   medio de la cual el Tribunal  Superior  de  Pereira  revocó  el fallo absolutorio del 24 de noviembre de 2005  proferido  por  el Juez Penal del Circuito de Santa Rosa de Cabal, y en su lugar  lo  condenó  a  las  penas  de  trece  (13) años y seis (6) meses de prisión,  interdicción   de   derechos   y   funciones   públicas  por  igual  término,  indemnización  en  cuantía  de  $169 940 000, privación del derecho de portar  armas  de  fuego,  y además le negó el subrogado de la suspensión condicional  de  la ejecución de la pena y la sustitución de prisión efectiva por prisión  domiciliaria,  por  hallarlo  penalmente  responsable  del  delito  de homicidio  simple.   

HECHOS  

El  soldado  JUAN  CARLOS  BETANCOURTH  GOMEZ  prestaba  el  servicio de  centinela  la  noche del 22 de agosto de 2004 en las instalaciones del Batallón  de  infantería  número  23  de  la ciudad de Cartago Valle del Cauca, y en las  horas   de   la   madrugada   optó   por  abandonar  el  servicio  y  huir  del  establecimiento  militar llevando consigo el fusil y unos cartuchos;  ya en  la  calle  tomó un taxi de servicio público urbano con el propósito de llegar  a  la  ciudad de Medellín, pero en cercanías de la población de Santa Rosa de  Cabal   –Risaralda-  el  taxista  Jaime  Humberto  Gómez Gómez rehusó continuar la marcha y el soldado  disparó  su  fusil  causándole  la  muerte  de  manera  instantánea.  La  captura  del  centinela  y  la recuperación del arma de propiedad del Batallón  tuvieron    lugar    el   24   de   agosto   en   Medellín   a   donde   llegó  finalmente.   

ANTECEDENTES  

Con fundamento en los antecedentes remitidos  por  la  jurisdicción  penal militar que investigaba las conductas del soldado,  la  Fiscalía Séptima Local de Descongestión profirió resolución de apertura  de  investigación  el  6  de  octubre  de  2004  (fol.  26  y 27 / 1), recibió  indagatoria    el    25    de   octubre   de   2004   (fls.   148   –   159  /  1),  definió  situación  jurídica  el  20 de diciembre de 2004 con medida de aseguramiento de detención  preventiva  (fls.  166  –  172  / 1);  el 4 de febrero de 2005 cerró la investigación (fl. 205 / 1),  el   10   de   marzo  de  2005  lo  acusó  por  homicidio  simple  (fls.  216  –  228 / 1).   

El Juzgado Penal del Circuito de Santa Rosa  de  Cabal  tramitó el juicio, celebró la audiencia preparatoria el 28 de junio  de  2005  (fls.  269,  270 / 2), el 2 de noviembre de 2005 celebró la audiencia  pública  de  juzgamiento  (fls.  329  –  339  / 2) y profirió sentencia absolutoria el 24 de noviembre de  2005  (fls.  354  – 370 /  2),  que  fue revocada por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pereira  el  9  de  junio  de  2006  (fls.  6  – 21 / 3).   

LA    SENTENCIA  IMPUGNADA   

Como  no  hay inescindibilidad en la medida  que  la  sentencia  de  primera  instancia  fue  integralmente revocada, la Sala  refiere  de manera exclusiva las consideraciones del fallo del Tribunal, con dos  presupuestos que deben tenerse en cuenta:   

El primero, que la sentencia absolutoria se  fundamentó  en  el  miedo  como causa que excluye la  responsabilidad  penal y la segunda, que el argumento  nuclear  del fallo del Tribunal consiste en explicar la razón por la cual no se  presentó    la    causal    excluyente    de    responsabilidad    (el           miedo),  tampoco  se  trató  de una conducta  imprudente      del      soldado     (tesis        del        defensor  contractual),   y   sí  –por  el  contrario-  la  conducta  fue  dolosa, y la ejecutó un hombre en uso pleno de sus facultades de  conocimiento y autodeterminación.   

El   Tribunal  estimó  que  JUAN    CARLOS    BETANCOURTH    GOMEZ  es  persona  mentalmente  capaz  de entender, de percibir, de retener y de evocar, es decir, con uso pleno  de  facultades  volitivas,  pero  por  sobre  todo  inclinado  a la mendacidad          –ciertamente    como   derecho   del  imputado-  en  procura de lograr un fallo que favorezca sus intereses litigados,  y   por   ello   encontró   razonable   que   sus   diferentes   versiones  las  “…acomodó,   de   modo   diferente”,  y  concluyó que realmente el procesado se inclinó por decir  mentiras como mecanismo de defensa.   

1)   Excluyó  la  posibilidad  de  un  homicidio  culposo  porque encontró que la trayectoria del disparo en el cuerpo  de    la    víctima   fue   horizontal,   en   sentido   postero   –  anterior, en trayectoria de la base  del   cuello  de  la  víctima,  en  el  espacio  interior  del  taxi  donde  se  transportaban;   de  suerte  que  no  puede  ser  creíble  la  excusa  que  presentó  la  defensa  en  sentido  de  que  el fusil se disparó por accidente al golpear la culata contra  el  piso  del carro, ni contra la puerta, ni contra la  carretera,  porque  de ser ello cierto la trayectoria  del  disparo  en el cuerpo del taxista sería diferente (de abajo hacia arriba),  y   por   ello   calificó   como  “amañada”  la  versión  del  procesado.   

2)   Excluyó  la  tesis  del  trato  violento  al interior del Batallón como causa del abandono del servicio, porque  no  la  encontró  acreditada a plenitud en la medida que ni la Fiscalía ni los  facultativos  de  Medicina  Legal  reportaron  la existencia de signos de trauma  físico,  y  por  ello concluyó que el abandono del Batallón fue perfectamente  proyectado,  sencillamente  por   dificultades   de   adaptación   y   nada  mas:   “…Tanto  mintió JUAN CARLOS que,  al ser revisado sobre traumas o cicatrices originados en las  golpizas   por  él  recibidas,  los  investigadores  nada  hallaron”.  (Página 9 del fallo).   

3)   El motivo de la fuga fue, según  el  Tribunal,  “la poca capacidad de adaptación y  el  desmedido  deseo de que ese servicio acabara, y se valió de cualquier medio  para  lograrlo”  (pagina  9),  y para facilitar el  abandono  del  servicio  lo  hizo  con  uniforme militar, en un taxi de servicio  público  urbano,  y  con  el  arma  de  dotación a la vista;  el Tribunal  encontró  que  sólo  de  esa manera –vestido  de  traje militar- era posible  lograr  su  objetivo  de  desplazarse hasta la ciudad de Medellín, pues de otra  manera    no    podría   acceder   al   servicio   del   taxista   porque  si  lo  hace de civil y con un  fusil a la mano, quizá no hubiera logrado el transporte.   

“Esa aparente condición de soldado de la  patria  era  lo  único  que le permitía presentarse ante los demás sin causar  sospecha  o  peligro.  Un hombre vestido con ropa diferente a la militar y,  portando  un  fusil,  es  algo  que impresiona mucho.  También es difícil  para  el  entendimiento  la  idea  de  un  particular  cargando  una caja con un  fusil.   Siendo ello así, como en realidad lo es, la única forma de poder  llegar  a  Medellín  con  ese  tipo  de  arma  era conservando su apariencia de  soldado…”       (Página      7     del  fallo).   

4)  Descartó el miedo como causa que  de   alguna   manera   explique   la  conducta  homicida,  sencillamente  porque  JUAN    CARLOS    BETANCOURTH    GOMEZ  no  lo  propuso  como  una  vivencia  creíble ante el perito de  medicina  legal,  y mas bien detectó una coartada defensiva ante el funcionario  judicial,  pues  lo  único  demostrado  es  que  el soldado quería y tenía la  intención de evadir el servicio militar.   

De suerte que el Tribunal desechó la tesis  del      miedo      insuperable     (Artículo     32     –     9     del     C.P.)  como  causa  de  exclusión  de la responsabilidad, descartó  la imprudencia como condición de un homicidio culposo,  y   al   apreciar   las  diferentes  versiones  del  procesado  y articular los medios de convicción con  que   cuenta   el   proceso  encontró  probada  una  verdadera    coartada    defensiva   fundamentada   en   mentiras   –mentiras  al siquiatra, mentiras al  funcionario   judicial-   de   donde  concluyó  lo  siguiente:   

“La  poca  o  ninguna  credibilidad  que  ofrece  el  contenido  de  la  indagatoria dejan sin  sustento  la  existencia  de la causa que originó la absolución”.   

5)         El   argumento   nuclear  del  fallo      de     segunda        instancia       fue      -entonces-         la   determinación   del  motivo  que  explica  la  conducta  del  sentenciado:   “…dejar el servicio militar a  como   diera   lugar”.    (Página   11  del  fallo)   

6)    Otra  mentira  del  procesado  BETANCOURTH  GOMEZ fue el  dato   de   que   pretendía  ir  a  otro  batallón  cercano  para  entregarse,  sencillamente  porque  no  lo  hizo;  de manera que accedió al servicio de  taxi  en  inmediaciones  del  Batallón,  luego intimidó al taxista para que se  desplazara  hacia  Medellín  y  cuando  éste  rehusó  continuar el viaje y se  devolvió,  le  advirtió  que  no  se  arriesgara,  “desaseguró el arma y la  disparó”.   

Por  ello  el  Tribunal  concluyó  que la  conducta  del  soldado  fue  dolosa,  y se basó en la versión que inicialmente  rindió    ante    un    funcionario   de   la   justicia   penal   militar   en  Medellín:   

“…yo  le dije que no fuera a hacer eso  que  yo  no  sabía qué era lo que estaba haciendo y que lo podía lastimar, lo  único   que   hice   fue   disparar   el   fusil   sin   mirar   a   donde   le  pegué”.  (Página 11 del fallo).   

Con ese razonamiento el Tribunal concluyó  que  la conducta homicida  no  fue  consecuencia  del  miedo  insuperable  porque nunca lo hubo,  ni  fue  efecto  de  una  actividad  culposa       porque       no       encontró       demostrada      la  imprudencia;   al  contrario,  “…el soldado actuó de manera intencional, pues,  pretendía  que  el  taxista  continuara el viaje a Medellín, ciudad de destino  según   se   deduce   del   contenido   de   las   actas   de  las  diligencias  practicadas”.  (Página 11 ib.).   

        LA IMPUGNACION   

Cargo único.  Nulidad por violación  del  derecho  de  defensa  al  no  atender  las  razones  que expuso el defensor  técnico en la audiencia pública   

El  libelista  recordó  que  orientó  su  intervención  defensiva  en  la  audiencia  pública  por  la  existencia de un  homicidio       imprudente       (cfr.       Folios       336       – 338 / 2);  que se practicaron  dos  dictámenes  de  medicina  legal sobre inimputabilidad el primero del 12 de  noviembre  de  2004 (fls.  274  –  278  / 2) y el  segundo  número 076-2005 del 4 de octubre de 2005 que realmente es una copia de  la   primera   pericia   (fl.   310   –     314     /     2), pruebas  técnico  científicas  que  muestran  el  estado  de  imputabilidad referido al  momento  de  la  fuga  del batallón mas no al momento del homicidio, por suerte  que    para    éste    momento    (el    del   homicidio)   no   hay   dictamen  científico.   

Recordó      que     JUAN  CARLOS  BETANCOURTH  GOMEZ es un  joven  procedente  de buena familia, inmaduro, que no logra soportar los rigores  de la disciplina militar.   

Cuestionó el informe de laboratorio del 4  de  agosto  de  2005  (fl.  294,  295  /  2), cuya referencia es el protocolo de  necropsia     núm.  2004P-00025    del    22   de   agosto   de   2004   (folios   56   – 60 / 1), referido a la trayectoria  del  proyectil  en  el  cuerpo  del  occiso,  insistiendo en que “no   fue   un   disparo   en   trayectoria  horizontal”,   sino  un  disparo  accidental,  que  ocasionó  tatuaje  de  pólvora  en  el  codo  de  la  mano derecha de la víctima, con entrada a nivel  supraclavicular  y  salida  a un nivel mas alto, que se disparó al interior del  taxi  y  que desgarró el bolsillo de la parte trasera del sillín delantero del  carro,     porque     “posiblemente”  se  enredó  el  implicado al salir del vehículo y en aquél  momento  la culata del fusil impactó con el piso del carro o con el suelo de la  carretera,  y  por  ello  ni  se  trató  de  un disparo a quema ropa, ni de una  trayectoria  horizontal  como  lo  sostuvo  el  Tribunal  atropellando  la  sana  crítica y las leyes de la ciencia.   

Afirma  que  la indagatoria que rindió el  procesado  ante  la Justicia Penal Militar no lo fue por la conducta homicida, y  que  desde  esa  perspectiva  es  una  prueba  nula  de pleno derecho porque fue  obtenida  con  violación de las garantías fundamentales y debe ser excluida de  la actuación procesal.   

Por  suerte que el Tribunal desconoció de  forma  absoluta  los  planteamientos  del  defensor  técnico  en  la  audiencia  pública,  y  por  ello  profirió  una  sentencia  adversa,  fundamentada en la  negación  del  estado  de  temor insuperable (tesis del fallo de primer grado),  sin  entrar  a  resolver  las  alegaciones del defensor técnico en la audiencia  pública relativas al homicidio culposo.   

En esos términos el impugnante solicitó a  la  Corte  casar el fallo recurrido para que “se dicte el fallo de reemplazo o  se  disponga el envío de las sumarias al Tribunal de origen para que se reponga  la actuación”.   

EL     CONCEPTO    DEL    MINISTERIO  PÚBLICO   

El  señor Procurador Cuarto Delegado para  la  casación  penal  discurrió  ampliamente  sobre  la  carga  del funcionario  judicial  de  motivar  adecuadamente las sentencias como mecanismo que permite a  las  partes  ejercitar  el derecho de impugnación para garantizar una legítima  controversia   y   a   su   vez  evitar  la  arbitrariedad.   Sostiene   que  el  fallo  del  Tribunal  no  incurre en falta de  motivación  porque  precisó  con claridad las razones jurídicas y probatorias  de la decisión.   

Si lo que el censor aduce es que el juez no  respondió  las alegaciones del defensor técnico según las cuales se trató de  un  homicidio  imprudente,  ninguna  razón  le  asiste  en  la  medida  que  el  Tribunal  ofreció  con  precisión  las razones por las que consideró que estaba ante la ejecución del  delito  doloso,  en  oposición abierta tanto a las consideraciones del defensor  técnico,  como  a  las  del  juez de primera instancia que se refirió al miedo  insuperable como causal que excluye la responsabilidad.   

Igualmente   contempló   la  prueba  de  balística  que refleja una trayectoria horizontal del proyectil en el cuerpo de  la  víctima,  y ello le sirvió como argumento para excluir la imprudencia como  causa de la muerte del taxista.   

Recordó  el  Procurador  que  existen dos  maneras  de  responder  las  alegaciones  de un sujeto procesal:  en primer  lugar,    de    forma    ortodoxa   –explícita-,  y  en  segundo  lugar  de  manera implícita, siendo  aquella  la forma como el Tribunal respondió las alegaciones del defensor en la  audiencia  pública,  en  la  medida  que  expresó  su convicción (el          dolo)  para arribar a la determinación de  condena  producto de la controversia con la tesis del  defensor.   

De  tal manera que los argumentos del Juez  Colegiado  devienen  incompatibles con la pretensión deducida por las partes, y  en  el  caso  sometido  al  estudio  de  la Corte, de  conformidad    con    las    consideraciones   del  Tribunal…  “…ninguna incertidumbre existe en torno a que el  planteamiento  defensivo  del  Letrado  obtuvo  un clara y contundente respuesta  explícita”.   

Por   manera  que la sentencia del Tribunal estuvo suficientemente  motivada   y   el   libelo   no   traduce  cosa  diversa  de  “…la  insatisfacción  de  las expectativas del defensor”;     por   ello   pidió   a   la   Corte   rechazar   el  cargo.   

LA   CORTE  CONSIDERA   

Es  competente la Corte Suprema de Justicia  para   resolver   el  recurso  extraordinario  de  casación  propuesto  por  el  recurrente   

contra  la  sentencia  proferida  por el  Tribunal  Superior de Pereira, de conformidad con el artículo 205 de la Ley 600  de  2000,  sin  perjuicio del poder oficioso que le confiere el artículo 216 en  concordancia  con  el  artículo  206  y  el  numeral  tercero del artículo 207  ib.   

Cargo único.  Nulidad por violación  del  derecho  de  defensa al no responder las alegaciones de la defensa técnica  en la audiencia pública.   

La  Sala  responde los planteamientos del  recurrente de la siguiente manera:   

1)     La    trayectoria    del  proyectil   

La  estrategia  del  defensor técnico se  fundamentó  en decir que se trató de un homicidio imprudente, porque el factor  culpa  está  demostrado  en la trayectoria del disparo en la humanidad de Jaime  Humberto Gómez.   

La prueba que cita el actor, y a partir de  la  cual  discurrió  ampliamente en la audiencia pública, refiere con claridad  que    el    proyectil   tuvo   una   trayectoria   horizontal…”Plano  coronal:   Ligeramente  postero-anterior; Plano       Horizontal:       Sin      variación;      Plano     Sagital:    Derecha    Izquierda”.    (cfr.  Protocolo  de  necropsia  número  2004P-00025  (folios  56 – 60 / 1, en  concordancia  con  el informe de laboratorio del 4 de agosto de 2005,   fl.   294,  295  /  2;  Destaca la Sala).   

Ello determinó que el Tribunal excluyera  la imprudencia como causa  determinante  de  la  muerte  del taxista, porque si ello hubiese sido así y la  tesis  defensiva  tuviese  algún  asidero (en tanto golpeó la culata del fusil  con  el  piso  del  carro  o  con  la carretera, etc.), quizá la trayectoria no  hubiese  sido  horizontal  sino inclinada de abajo hacia arriba, sin embargo, la  pericia   técnica  indica  un  trayecto  horizontal  –como    se    ha  resaltado-.   

De  suerte  que  el  dolo  como tesis que  fundamenta   la   condena  se  yergue,  entre  otras  razones,  a  partir  de  apreciar la trayectoria del  proyectil  en  la humanidad de la víctima y de responder de forma negativa pero  explícita la hipótesis  defensiva de la imprudencia.   

El  Tribunal  desestimó     la     imprudencia    precisamente  por  evidenciar  una  trayectoria  horizontal  y  no  inclinada.  (Recuérdese que el soldado viajaba  en  la  silla  trasera  del  vehículo  y  lo  amenazó  por  la  espalda con el  fusil).   

2)   La imputabilidad de JUAN CARLOS  BETANCOURTH GOMEZ   

El  libelista recordó que se practicaron  dos  dictámenes  de  medicina  legal sobre inimputabilidad el primero del 12 de  noviembre    de2004   (fls.   274   –  278  / 2) y el segundo número 076-2005 del 4 de octubre de 2005  que    –según   el  censor-  es una copia de  la  primera  pericia  (fl.  310 – 314 / 2).   

Argumenta   el   recurrente   que  esos  dictámenes           científicos muestran el estado de imputabilidad  referido  al  momento  de la fuga del batallón mas no al momento del homicidio,  por  suerte  que  no  hay  dictamen científico que revele la sanidad mental del  sentenciado  durante  el  homicidio,  y que el sentenciado es un hombre joven…  inmaduro,    que    no   logra   soportar   los   rigores   de   la   disciplina  militar.   

Sin embargo, una revisión puntual de las  pericias   científicas   referidas  por  el  actor  muestran  que  el  objetivo  del    dictamen    de  psiquiatría   y   psicología   forense   fue   determinar   “…si  para  el  momento de los hechos del día 22 de agosto de 2004,  presentaba  inmadurez  sicológica  o  trastorno  mental  que  incidiera  en  su  capacidad  de  comprender  la  ilicitud  o  de  determinarse  de  acuerdo  a esa  comprensión”.   

La   experticia  no  se  refiere  a  la  responsabilidad   por   el  homicidio  del  taxista,  ni  a  algún  tipo  penal  específico  como  referente de las conductas cometidas por el incriminado, pues  esa es labor del juez y no del perito.   

El  forense  fundamentó la discusión de  valoración  psiquiátrica  del  examinado  para  determinar  si  es persona con  suficiente  autodeterminación  y  capacidad  de conocimiento, en los siguientes  términos:   

“Se trata de  un  adulto  joven,  proveniente  de  un  hogar  nuclear, integrado, en donde sus  padres  son  asumidos  como  personas  responsables  y  respetuosas.  En el  actual  examen  mental no se encuentran signos ni síntomas de enfermedad mental  protuberante.   

A lo largo de su vida se evidencia que ha  presentado  comportamientos  disociales  en  la  infancia, evidenciado por fugas  escolares,  y  permanecer fuera de la casa de noche a pesar de las prohibiciones  de  los  padres, fugas de la casa, ha manifestado crueldad física con animales,  que  según  lo conocido le trajo pocos problemas y no ocasionó daños graves a  otros.   

Inició  a prestar el servicio militar de  manera  voluntaria,  en  donde  según  lo conocido empezó a tener problemas de  adaptación,  evidenciado  esto  por sensación de tristeza, aburrimiento,   llanto.   Que  según el examinado lo hizo tomar la decisión de evadirse..  Esta  aparición de síntomas emocionales y comportamentales, están asociados a  su  nuevo  estilo  de  vida, que para él fueron estresantes.  Por lo tanto  configuran  un  cuadro adaptativo en reacción a una situación nueva y que para  el  examinado  fue  estresante,  su  presencia se debe a que la persona no tiene  recursos  internos  para  afrontar  la  situación  estresante y al desbordar su  capacidad  adaptativa,  reacciona  de  una  manera  poco usual como la  expresada  por  JUAN CARLOS en los  hechos   que   son   materia   de   investigación.   Pero  que  no  constituyen un trastorno mental que le perturbe su capacidad  de comprensión y autodeterminación.   

Para el momento de los hechos encontramos  que   hubo  motivación  (estar        aburrido        en        el        servicio),        planeación  (escapar  a  la  calle  y  dirigirse   a   Pereira   en   un   taxi),  toma  de  precauciones  para no ser descubierto (salir del taxi  cuando  vio que el conductor quería devolverse, esconder el arma), se evidencia  además  en  el  sumario  que  el  sindicado  estaba  asustado  de lo que estaba  haciendo.   Todo  esto nos dice que el examinado  en  el  momento  de cometer los hechos que son materia de investigación, tenía  su  conciencia, orientación coherentes a la situación y dirigidos hacia un fin  específico,   por  lo  cual  se  puede  decir  que  tenía   suficiente  capacidad  de  conocimiento  y  autodeterminación”.        (fl.   278   /   2.   Destaca  la  Sala)   

La   segunda   experticia   científica  –del  4  de octubre de  2005-  es  de  la  misma  índole  que  la anterior, y a partir de constatar que  JUAN    CARLOS    BETANCOURTH    GOMEZ  es  una persona sin alteraciones de memoria, ni de fijación, ni  de  evocación,  con  capacidad  intelectual,  con  un coeficiente promedio, con  juicio  y  raciocinio  conservados, determinó que para el momento de los hechos  (el  22  de  agosto  de  2004),  no  presentaba  trastorno  mental  in inmadurez  psicológica  que  le  impidieran  comprender  la  ilicitud  de  su  conducta ni  autodeterminarse   de  acuerdo  a  dicha  comprensión  (fls.  311  – 315 / 2).   

Con  base  en  la  apreciación  de  esos  dictámenes   científicos,   el   Tribunal  llegó  a  la  conclusión  de  que  JUAN    CARLOS    BETANCOURTH    GOMEZ   es   (y  era)  persona  mentalmente  sana,  con  facultades  de  pensamiento  plenas, con facultades volitivas normales para la fecha del 22 y 23  de agosto de 2004.   

También   concluyó  que  BETANCOURTH  GOMEZ  se  inclinó en el  curso  del  proceso  por  la  mendacidad  como mecanismo defensivo en procura de  lograr  un  fallo que favorezca sus intereses litigados, que acomodó diferentes  versiones  para  lograr  algún  éxito  en  el  proceso penal, sin que ello sea  óbice para develar sus plenas facultades de raciocinio.   

Por  ello,  la  Sala  encuentra  que  el  Tribunal  si  respondió  de  manera expresa la alegación técnica defensiva,  aunque  evidentemente no compartió que se tratase de  un homicidio culposo.   

3.  La validez de la indagatoria del  procesado ante la Justicia Penal Militar   

Recordó   el   casacionista   que   la  indagatoria  que  rindió  el procesado ante la Justicia Penal Militar no lo fue  por  la  conducta  homicida,  y  que desde esa perspectiva es una prueba nula de  pleno   derecho   porque   fue   obtenida   con  violación  de  las  garantías  fundamentales  y  debe  ser  excluida  de  la  actuación procesal, por modo que  desconoció      ese      otro      planteamiento     del     defensor         técnico.   

Pero resulta inconcuso que a esta crítica  le  dio  respuesta precisa el Juez Penal del Circuito  de  Santa  Rosa  de Cabal cuando precisó que el Juez  penal   militar   que   practicó  aquella  indagatoria  imputó  dos  conductas  relacionadas   con   el   servicio   “Decersión   y  Hurto  agravado”  (del  fusil),  pues  para  ese  momento     no     se     tenía     noticia  del  homicidio  del  taxista,  por  manera que   no  podía  imputar  la  conducta  homicida ni      discutir      aspectos      de     competencia.   

La  conclusión del juez fue entonces que  la  prueba  tiene carácter de prueba trasladada del  proceso  penal militar al proceso penal ordinario que por homicidio adelantó la  Justicia   ordinaria.    (cfr.   Páginas  8  y  9  del  fallo  de  primera  instancia).   

Y nada más hay  que    decir   al   respecto,   pues   la  Sala  ha  verificado  que  el  derecho  de contradicción y la  libertad  del  indagado estuvieron debidamente garantizados en la diligencia del  25  de  agosto  de  2004, por manera que es  legítima  la  apreciación  del  medio  de convicción.   (cfr.  Folios  104 – 110  / 1).   

Por  ello,  auscultado  y  compartido  a  plenitud  el  concepto  del Ministerio Público, la Sala arriba a la conclusión  de  que  el libelo del recurrente no traduce cosa distinta a la presentación de  la   insatisfacción   de   expectativas   del   defensor   técnico,     que     no    logra   comprometer  la  legitimidad  del  fallo              impugnado.   

El cargo no prospera.  

En  mérito  de  lo  dicho  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Penal y  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

       RESUELVE   

1.-          NO             CASAR   la   sentencia   del  9  de  junio  de  2006  proferida por el Tribunal Superior de  Pereira.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y devuélvase al  Tribunal de origen.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

                                                                          

MARINA  PULIDO  DE  BARÓN                  JORGE  LUIS QUINTERO  MILANÉS   

Excusa justificada  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                         JAVIER   DE   JESUS  ZAPATA  ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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