26323(21-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26323  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 025  

Bogotá,  D.  C.,  veintiuno (21) de febrero de dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Corte en sede de casación  respecto  de  la  eventual  trasgresión  de una garantía fundamental contra el  procesado  JOSÉ EDWIN CASTAÑO RENTERÍA,  relacionada con el principio de congruencia entre la resolución  de  acusación  y la sentencia que fue dictada por el Tribunal Superior de Cali,  fechada esta última el 28 de junio de 2006.   

H   E   C   H   O  S   

Así  los  reseñó  la  Sala en pretérita  oportunidad:   

“Cuentan  los  autos  que  hacia  las 4 y 45 de la tarde del 11 de agosto de 2003 en la carrera  26  H  Bis  con  calle 125 de esta ciudad (Cali), barrio El Remanso, PEDRO JOSÉ  MILLÁN   ARBELAEZ  fue  abaleado  por  JOSÉ  EDWUIN  CASTAÑO  RENTERÍA,  por cuya razón falleció a los  pocos  minutos  cuando infructuosamente la compañera  de éste, un sobrino  y un amigo que lo acompañaban  trataron de auxiliarlo.   

“En los hechos resultaron también heridos  con  disparo  de  arma  de  fuego  MAURICIO  FERNÁNDEZ  QUINTERO  en el glúteo  izquierdo  y  JEISON   ALEXIS PILLIMUE ARBELAEZ  levemente a la altura  del pecho…”   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

Abierta la correspondiente investigación y  escuchado  en  indagatoria  José  Edwin Castaño Rentería, la Unidad de Vida y  Dignidad  Humana,  Fiscalía Seccional 18, le resolvió la situación jurídica,  el   15  de  agosto  de  2003,  con  medida  de aseguramiento de detención  preventiva,  por  la conducta punible de homicidio y porte ilegal armas de fuego  de defensa personal.   

Cerrada  la  investigación, el mérito del  sumario  se calificó, el 5 de diciembre de 2003, con resolución de acusación,  por  las  conductas  punibles  de  lesiones personales, fabricación, tráfico y  porte  de  armas  de  fuego  de defensa personal, esta en concurso homogéneo, y  homicidio  agravado, según así lo prevén los artículos 11, 103 y 104-7 y 365  del Código Penal.   

En   la  parte  considerativa,  en  el  acápite   de   la  responsabilidad  del  acusado,  el  instructor  textualmente  anotó:   

“Más,  sin  embargo  aprecia el suscrito  Fiscal,  la  concurrencia  de  la  circunstancia  atenuante  de la ira e intenso  dolor,  ya  que  existe  la  concurrencia  de  una  provocación, o sea el medio  estimulante  que  incitaron (sic) la reacción del agraviado de entonces, ya que  la  ofensa  de  que  había  sido  objeto  era  suficientemente grave que siendo  contraria  a  la razón y al derecho, sin motivo ni fundamento que la justifique  que  originaron  que el hoy procesado obrara bajo influencia de la ira e intenso  dolor,  situación  que  se  encuentra  enmarcada  dentro  del  artículo 57 del  estatuto represor vigente”.   

La  etapa  del  juicio la tramitó el   Juzgado  Dieciocho  Penal  del  Circuito de Cali que dictó sentencia de primera  instancia,  el 2 de julio de 2004, condenando a José Edwin Castaño Rentería a  la  pena  principal  de 30 años y 4 meses de prisión  y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso  de  20 años, como autor de las conductas punibles de homicidio agravado,  lesiones   personales   y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.   

Así  mismo,  lo absolvió por un delito de  lesiones personales.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  mediante  sentencia  del  28 de junio de 2006, lo  confirmó en su integridad.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR  CUARTO   

DELEGADO PARA LA CASACIÓN PENAL  

Luego    de    referirse   al    principio    de    congruencia   entre   la   sentencia   y   la  acusación,  conceptúa  que en el presente asunto  al   acusado  se  le  reconoció   la   circunstancia    atenuante   de   la pena de la ira e intenso dolor. Sin embargo,   en   el   debate   de  la  audiencia  pública  el  fiscal  reiteró  la  citada  circunstancia  que fue desconocida por los juzgadores al momento de dosificar la  pena.   

Por tal motivo, sugiere a la Corte casar la  sentencia   impugnada  y,  en  su  lugar,  modificar  las  penas  atendiendo  la  degradante  de  responsabilidad.  Así  mismo,  estima que se debe modificar los  perjuicios por esa misma razón.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1. Como lo destaca el Procurador Delegado y  lo  ha  reiterado  la  jurisprudencia  de la Corte, el principio de congruencia,  como  garantía  y  postulado estructural del proceso, implica que el fallo debe  guardar  armonía  con la resolución de acusación o el acta de formulación de  cargos,  en  los  aspectos  fáctico  y  jurídico.  En  el  primero, debe haber  identidad  entre  los  hechos  y circunstancias plasmadas en la acusación y los  fundamentos  del fallo; y, en el segundo, correspondencia entre la calificación  jurídica   dada   a  los  hechos  en  la  acusación  y  la  consignada  en  la  sentencia.   

Ahora  bien, recuérdese que la resolución  acusatoria  es  pieza  procesal  fundamental,  que   una  vez  ejecutoriada  señala  el marco general y limítrofe para el desarrollo de la fase del juicio,  con  cabal cumplimiento del principio de congruencia; por tanto, para determinar  cuál  es  el  Juez  competente  para  dirigir  la  causa  a  que  da  lugar esa  específica  pieza  procesal,  no es factible hacer deducciones ni inferencias a  partir  de  elementos  de  convicción  que  no  forman  parte  del  sumario,  o  raciocinios  que  no  hayan  sido  tenidos  en  cuenta  en  el  propio pliego de  cargos.   

En    otras    palabras,   con    la    resolución    de   acusación,   el   Estado   precisa  y  delimita  los  cargos  que  le  atribuye a una persona  investigada  penalmente,  con  miras  a  que  a  través  de  dicha  concreción  jurídica  se  permita   al   imputado conocer el ámbito y el alcance  exacto  de  la acusación; y  en  tal  medida  planear   el   ejercicio   del   derecho  de defensa,  es  decir,  que   en  esta  importante  decisión  deben  quedar  sentadas  las  premisas  a  desarrollar.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Corte  resulta claro que al procesado se le reconoció en el pliego de cargos la  circunstancia   degradante  de  la  pena  de  la  ira e intenso dolor, y se  desestimó   la   legítima   defensa  como  causal  de  justificación   o  excluyente de la antijuridicidad.   

Textualmente se anotó:  

“Es  indudable  que  la  actitud  por  el  encartado  no  estuvo  revestida  por la necesidad de  defenderse  de  una  agresión  actual e inminente, pues la prueba aglutinada al  paginario  demuestra  que ese día no fue objeto de dicha agresión, y antes por  el  contrario  decidió  castigar  al  hombre que le había agredido y ultrajado  cuatro meses atrás.   

“…él    (el   sentenciado)   guió  voluntariamente  su  conducta a un fin predeterminado, que no era otro que el de  castigar  a  quien  lo  había  machetado  (sic)  cuatro  meses atrás de manera  injusta.   

“…La  voluntad consciente del sindicado  se     dirigió    a    castigar    a    quien    lo    había    agredido   inmisericorde.   

“…la acción realizada se debió cobrar  por  su propia cuenta las agresiones de las cuales había sido objeto el día 11  de   abril   de   la  presente  anualidad  (2003)  por  parte  del  hoy  obitado  (sic)…   

“Como  se  puede apreciar, brillan por su  ausencia,  las  circunstancias  que  pudiese  rodear  la  causal  excluyente  de  responsabilidad denominada de legítima defensa…   

“Mas,  sin embargo, aprecia el suscrito  Fiscal,  la  concurrencia  de  la  circunstancia  atenuante  de la ira e intenso  dolor,  ya  que  existe  la  concurrencia  de  una  provocación, o sea el medio  estimulante  que incitaron (sic) la reacción del agraviado de entonces  ya  que  la  ofensa  de  que había sido objeto era suficientemente grave que siendo  contraria  a  la razón y al derecho, sin motivo ni fundamento que la justifique  que  originaron  que  el hoy procesado obrara bajo la influencia  de la ira  e   intenso  dolor,  situación  que  se  encuentra  enmarcada  dentro  del  artículo       57       de      estatuto      represor      vigente”.   

De acuerdo con lo anteriormente expuesto, la  Sala  encuentra  de manera clara y evidente que al procesado en la acusación se  le  reconoció  dicha  circunstancia,  pliego  de  cargos  que  no fue objeto de  variación  de  la  calificación  jurídica provisional de la conducta punible,  razón   por  la  cual  los  juzgadores  de  instancia  debieron  reconocer  tal  circunstancia en la determinación de la pena.   

Por manera que la Sala casará de oficio la  sentencia  impugnada  y,  por  lo  mismo,  se  procederá  a determinar la pena,  teniendo  en  cuenta  tal circunstancia con el fin de establecer los extremos de  la punibilidad.   

En  primer  término,  vale destacar que al  procesado  en  el  pliego  de  cargos  se  le imputaron las siguientes conductas  punibles:  homicidio  agravado de acuerdo con lo previsto por los artículos 103  y  104.5  del Código Penal,  lesiones personales, según lo reglado por el  artículo  112   de  la  Ley  599  de 2000 y  fabricación, tráfico y  porte  de  armas  de  fuego  o  municiones,  conforme  a la descripción típica  estatuida por el artículo 365 del mismo estatuto.   

Por  tal motivo, siguiendo los lineamientos  del  artículo  31  del Código Penal, se hace imperioso establecer cuál de los  anteriores  comportamientos  contempla la pena más grave, teniendo en cuenta la  circunstancia modificadora de la punibilidad de la ira. Veamos:   

A la pena consagrada por el artículo 104 de  la  Ley 599 de 2000, esto es, de 25 a 40 años, se le debe hacer la disminución  punitiva    consagrada  por  el  artículo  57,  esto  es,  “una  pena  no  menor  de  la sexta parte del mínimo ni mayor de la  mitad  del  máximo  de  la  señalada en la respectiva disposición”.  De esa manera, la conducta punible de homicidio agravado, los  extremos de la pena, quedan, así: 50 meses y 240 meses.   

Con apego en lo reglado por el artículo 61  de  la  Ley  599  de  2000,   el  ámbito de movilidad es de 190 meses, que  divididos  en  cuartos, quedan así: el cuarto mínimo va de 50 meses  a 97  meses  y 15 días; el primer cuarto medio de 97 meses y 16 días a 145 meses, el  segundo  cuarto  medio  de   145 meses y 1 día  a 192 meses  y  15  días   y  el  cuarto  máximo  de  192  meses  y  16  días  a  240  meses.   

Como  quiera  que  al  procesado  no  se le  atribuyeron  circunstancias  de  mayor  punibilidad, necesario es colegir que se  debe  partir  del   mínimo  del  primer  cuarto,  imponiéndose  como pena  privativa  de  la  libertad  por  razón  de  la  conducta  punible de homicidio  agravado   atenuado   por   el   estado   emotivo   de   la  ira,  50  meses  de  prisión.   

Respecto   de   la  conducta  punible  de  fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego o municiones (de 1 a 4 años  de  prisión),  aplicando  la diminuente punitiva del artículo 57 de la Ley 599  de  2002,  los extremos de la pena quedan entre 2 meses y 24 meses. Por ello, el  ámbito  de  movilidad  es  de  22  meses,  que  divididos  en cuartos arroja lo  siguiente:  el  primer  cuarto  mínimo  va  de 2 meses a 7 meses y 15 días, el  primer  cuarto  medio  de  7 meses y 16 días a 13 meses, el segundo cuarto  medio  de  13  meses  y  1  día  a 18 meses y 15 días y, finalmente, el cuarto  máximo de 18 meses y 16 días a 24 meses.   

En consecuencia, para la conducta punible de  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o municiones, teniendo en  cuenta  los  anteriores  derroteros, la pena privativa de la libertad queda en 2  meses.   

Y,  finalmente, en lo atinente al delito de  lesiones  personales,  de acuerdo con lo previsto por el artículo 112 de la Ley  599  de 2000 (de 1 a 2 años de prisión), también respetando la rebaja de pena  para  los  extremos  de la punición, conforme lo estipula el artículo 57 de la  Ley  599  de  2000,   se  sabe que comporta una pena de prisión que oscila  entre  2   y 12 meses. De ahí que el ámbito de movilidad sea de 2 meses y  15 días.   

En  esas  circunstancias,  dividido  dicho  ámbito  de movilidad en cuartos, se sabe que el primer cuarto  va de 2 a 4  meses  y 15 días, el primer cuarto medio va de 4 meses y 16 días a 7 meses y 2  días,  el segundo cuarto medio va de 7 meses y 3 días a 9 meses y 18 días; y,  finalmente  el  cuarto  máximo  va  de  9  meses  y  19  días  a 12 meses. Por  consiguiente,  respetando  los  parámetros anteriores la pena se determina en 2  meses.   

Ahora  bien,  establecida la pena más  grave  según  su naturaleza, se  hace imperioso hacer el aumento que regla  el  artículo  31  de  la Ley 599 de 2000, “hasta en  otro   tanto,  sin  que  fuere  superior  a  la  suma  aritmética  de  las  que  correspondan  a  las  respectivas conductas punible debidamente dosificadas cada  una  de  ellas”.  Además, para tal efecto se deben  tener  las  mismas proporciones fijadas en las instancias para no desobedecer lo  contemplado  por el artículo 31 de la Constitución Política, en lo atinente a  la no reforma en perjuicio.   

Así, como la intención del sentenciador de  primera  instancia,  decisión  que  fue  confirmada  por el Tribunal, fue la de  imponer  los  mínimos  de  pena  para  las  demás  conductas punibles, la Sala  aumentará  a  los  50  meses  de  prisión impuestos por el delito de homicidio  agravado  la  suma  de  cuatro  meses,  que  corresponde  dos  por  las lesiones  personales  y  los  otros dos restantes por la fabricación, tráfico y porte de  armas  de  fuego  o municiones de defensa personal, todos atenuados por la ira e  intenso dolor.   

La pena accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, tal como lo impone el artículo 52  de  la  Ley 600 de 2000, también será por el mismo lapso de la pena principal,  es decir, por 54  meses de prisión.   

Por  consiguiente,  al  acusado José Edwin  Castaño  Rentería  se  le  condenará  a  la  pena  principal  de  54 meses de  prisión   y  a  la  accesoria  de  inhabilitación de derechos y funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor de las conductas punible de homicidio  agravado,  lesiones  personales  y  fabricación,  tráfico  y porte de armas de  fuego  o  municiones,  atenuadas por la circunstancia de disminución de la pena  prevista por el artículo 57 de la Ley 599 de 2000.   

Finalmente,  el  monto  de  la  condena  de  perjuicios  también  se  reducirá,  por  cuanto  que  el  Código Civil, en su  artículo  2357,  estipula  que  en la “apreciación  del  daño  está  sujeta  a reducción, si el que lo ha sufrido se expuso a él  imprudentemente”.   En   este   evento   con   el  reconocimiento  del  estado  de  la  ira,  se  impone  dar  cumplimiento  a  tal  imperativo legal.   

De   esa   manera,   la   reducción   de  indemnización  sólo  operará  frente  a  los  perjuicios  morales  que fueron  tasados  en  6  salarios  mínimos  legales  mensuales,  toda  vez  que  por  lo  materiales no se produjo condena.   

Por consiguiente, los perjuicios morales se  determinan  en suma equivalente a cuatro (4) salarios mínimos legales mensuales  vigentes, ponderando las anteriores razones.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.           CASAR   oficiosa   y   parcialmente  la  sentencia    impugnada    y,    en   consecuencia,   condenar   a   JOSÉ  EDWIN  CASTAÑO RENTERIA a la pena  principal  de  cincuenta  y  cuatro  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  autor  de  las  conductas  punibles  de homicidio agravado,  lesiones  personales  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas de fuego o  municiones  de  defensa personal, atenuados por el estado de ira, de acuerdo con  lo expuesto en esta providencia.   

2.           Condenar       a       JOSÉ  EDWIN  CASTAÑO  RENTERÍA al pago  de  perjuicios  morales  en  suma  equivalente  a  cuatro  (4) salarios mínimos  legales mensuales vigentes.   

3.  PRECISAR que las restantes decisiones adoptadas en el  fallo impugnado se mantienen incólumes.   

4. Contra esta decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                             JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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