26323(30-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26323  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 139  

Bogotá,  D. C., treinta (30) de noviembre de  dos mil seis (2006).   

V    I    S   T   O  S   

Procede la Corte a calificar los presupuestos  lógicos  y  de  debida argumentación de la demanda de casación presentada por  la   defensora  del  procesado  JOSÉ  EDWIN  CASTAÑO  RENTERÍA.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por el  juzgador de segundo grado, así:   

“Cuentan los autos  que  hacia  las  4  y 45 de la tarde del 11 de agosto de 2003, en la carrera 26H  Bis  con  calle  125 de esta ciudad (Cali),  barrio  El  Remanso,  PEDRO JOSÉ MILLÁN ARBELÁEZ fue abaleado  por   JOSÉ   EDWIN  CASTAÑO  RENTERÍA,   por   cuya   razón   falleció  a  los  pocos  minutos  cuando  infructuosamente  la  compañera  de  éste,  un  sobrino  y  un  amigo  que  lo  acompañaban trataron de auxiliarlo.   

“En  los  hechos  resultaron  también  heridos  con  disparo de arma de fuego MAURICIO FERNÁNDEZ  QUINTERO  en glúteo izquierdo y JEISON ALEXIS PILLIMUE ARBELÁEZ levemente a la  altura del pecho”.   

2.  Clausurado el ciclo investigativo, la  Fiscalía  Ochenta  y  Cinco  Seccional  de  Cali,  el  5  de diciembre de 2003,  calificó  el  mérito  del  sumario,  disponiendo  en  la  parte  resolutiva lo  siguiente:   

“Dictar  resolución   de   acusación   en  contra  del  ciudadano  José Edwin Castaño Rentaría,  de  condiciones  civiles y personales conocidas en la foliatura,  como   presunto   autor   material  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado,  fabricación,  tráfico  y  porte de armas de  fuego   para   la   defensa   personal  y   lesiones  personales  de  que  fueron  víctimas   Pedro   José   Millán   Arbeláez   (occiso);   Jeison  Alexis Arbeláez y Mauricio Fernández  Quintero”.   

Cabe indicar que en la parte considerativa de  la  providencia  calificatoria,  la  fiscalía agregó el siguiente párrafo, el  cual  tiene directa relación con el homicidio agravado por el cual se acusó al  procesado:   

“Más, sin embargo  aprecia  el suscrito Fiscal, la concurrencia de la circunstancia atenuante de la  ira  e  intenso  dolor, ya que existe la concurrencia de una provocación, o sea  el  medio  estimulante que incitaron (sic)  la  reacción  del agraviado de entonces, ya que la ofensa de que  había  sido objeto era suficientemente grave que siendo contraria a la razón y  al  derecho,  sin  motivo  ni fundamento que la justifique que originaron que el  hoy  procesado  obrara  bajo la influencia de la ira e intenso dolor, situación  que  se  encuentra  enmarcada  dentro  del  artículo  57  del estatuto represor  vigente”.   

La   resolución   de   acusación   quedó  ejecutoriada el 23 de diciembre de 2003.   

3.   El  Juzgado  Dieciocho  Penal  del  Circuito  de  Cali,  mediante  sentencia  del  2  de  julio de 2004, condenó al  acusado  José  Edwin  Castaño  Rentaría  a  la  pena  principal  de  30  años  y 4 meses de prisión, a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  término de 20 años y al pago de los perjuicios, como autor  de  los  delitos  de  homicidio  agravado, lesiones personales y porte ilegal de  armas  de  fuego  de defensa personal imputados en la resolución de acusación.  Así  mismo,  lo  absolvió  de  las  lesiones  personales cometidas en Mauricio  Fernández.   

4.   Apelado el fallo por el procesado y  su  defensora,  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  el  28  de  junio de 2006, lo  confirmó  integralmente,  decisión  contra  la  cual la citada profesional del  derecho interpuso recurso de casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

La   defensora   del  procesado  Castaño Rentaría, con base en la causal  primera   de   casación,   acusa   al   sentenciador   de  haber  incurrido  en  “violación      directa      de     la     ley  sustancial”   por   falta  de  aplicación  de  los  artículos   29   y  93  de  la  Constitución  Política,  1°,  2°,  6°,  13  (“principio      de      legalidad”),   32,   numeral  6°  (“legítima  defensa”)       y      57      (“relacionado  con  el  reconocimiento  de  la  atenuante de la ira e  intenso  dolor  solicitado  por  la  Fiscalía   que  en  dicha oportunidad  intervino”)  del Código Penal, 1°, 2°, 6°, 7° y  24  del  Código  de Procedimiento Penal, 14 del Pacto Internacional de Derechos  Civiles  y Políticos, 8° de la Convención Americana de Derechos Humanos, 63 y  67   de   la  Corte  Penal  Internacional  y  la  regla  26  de  Mallorca.    

Luego  de  reiterar que el Tribunal inaplicó  las  citadas  normas,  de  recordar  que las mismas son de carácter sustancial,  según  así  lo  ha  ilustrado  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación y de  insistir  que  se  “incurrió en el fallo de segunda  instancia  en  una  violación  directa,  evidente, clara y manifiesta de la ley  sustancial”,   afirma   que   se   “debe  casar  esta  sentencia” en aras de  la    efectividad    del    derecho    sustancial    y    de    las   garantías  fundamentales.   

Por  ello, solicita a la Corte casar el fallo  impugnado  “para dictar la sentencia que en derecho  corresponda,  como  es decretando la nulidad de lo actuado desde el mismo cierre  de  investigación,  o  en  otro evento, dictando de nuevo el fallo aceptando la  legítima   defensa    y   por   ende   declarar  no  responsable  a  dicho  señor”.   

ALEGACIÓN    DEL    NO   RECURRENTE   

La  Procuradora  Sesenta  y Seis Judicial II,  Asuntos  Penales,  de  Cali,  manifiesta  que la demanda presentada a nombre del  procesado  Castaño Rentaría  no  cumple  las  reglas  mínimas  exigidas  como para que la misma se admitida,  motivo por el cual solicita a la Corte su rechazo.   

No   obstante,   advierte   “la  posibilidad  de  casar  oficiosamente  la  sentencia,  ante  la  violación  evidente  de  las formas propias del juicio, esto es, la congruencia  que  debe existir entre el pliego acusatorio y la sentencia de primera y segunda  instancia”,  toda  vez que en la parte considerativa  de   la  resolución  de  acusación  y  respecto  del  homicidio  imputado,  se  reconoció  a  favor  del procesado la atenuante de la ira, figura jurídica que  el  juzgador excluyó del fallo de condena, yerro que se hace necesario enmendar  en   procura   de   la   protección   de   las   garantías  fundamentales  del  sentenciado.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.    Se  hace  imperioso  recordar  que la casación es un  recurso  de naturaleza extraordinaria y rogada, motivo por el cual el legislador  estatuyó  las  causales por las que resulta procedente atacar la presunción de  acierto  y  legalidad  con que viene amparada la sentencia a esta sede. De igual  modo,  dada  las  citadas  características  de  la  impugnación,  también  la  legislación  procesal  contempla los mínimos presupuestos lógicos y de debida  argumentación que debe cumplir el libelo.   

Por  ello,  como  lo  ha dicho la Corte, la  demanda  de  casación  no  es  de  libre formulación, razón por la cual no es  procedente  hacer cualquier clase de cuestionamiento a una sentencia que por ser  la  culminación  de  un  proceso  está  amparada,  como  se dijo, por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  sino  que debe ser un escrito lógico y  sistemático  en el que sólo es permitido denunciar los errores cometidos en el  fallo,  al  tenor  de  los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley,  demostrarlos   dialécticamente  y  evidenciar  su  trascendencia  en  la  parte  dispositiva del mismo.   

En  esas  condiciones,  surge  evidente que  tales  parámetros  no los  reúne   el   escrito  que  presentó  la  defensora  del  acusado  José  Edwin Castaño Rentaría, toda vez  que  si  bien es cierto que cumplió con lo estatuido  en  los  numerales  1°  y  2°  del  artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal,  esto  es,  que  identificó los sujetos procesales, el fallo demandado e  hizo  una  síntesis  de  los hechos y de la actuación procesal, también lo es  que  desatendió  los presupuestos de claridad, coherencia y precisión respecto  a  la  formulación,  fundamentación y demostración de la causal escogida para  soportar la petición de infirmación de la sentencia del Tribunal.   

En  efecto,  cierto  es  que  la  libelista,  en  el único cargo formulado, acusa al Tribunal de  haber  incurrido  en  violación  directa de la ley sustancial, yerro que, en su  criterio,  se  originó  por  la  falta  de  aplicación  de una serie de normas  sustanciales.    Sin   embargo,   el   reproche   lo  dejó  en  la  simple  enunciación,  ya  que no hizo  esfuerzo   alguno  por  argumentar,  demostrar  y  evidenciar  aquella  supuesta  irregularidad,    limitándose    exclusivamente    a    afirmar    que   el   juzgador   no  consideró  ni  aplicó  las  preceptivas  sustantivas   que   ella   entiende   como  regentes  de  este  caso.   

En  otros términos, el cargo formulado por  la  demandante  carece  totalmente del debido discurso argumentativo   y   de  la  necesaria  demostración  dialéctica  que,  de  manera  lógica,  permita  a  la  Cote  entender  en qué  consisten   los         supuestos            errores  en  que  incurrió  el  juzgador y, de esa forma, poder concluir  que  el  fallo impugnado es ilegal, conllevando así a  su   necesaria   e   ineludible   intervención   en   aras   de  la  respectiva  corrección.     

Así   mismo,   como  lo  tiene  dicho  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  debe  recordarse  que  cuando  se “opta  por  atacar  el fallo de segundo grado a través de la causal  primera  de  casación,  apartado  primero,  como  acá  sucede,   es   necesario   que   los   fundamentos   del   cargo   se   dirijan   a demostrar el yerro del sentenciador en la aplicación  de   la   ley   sustancial,   bien   porque  a  partir   de   la   ponderación    de    los    hechos   objeto   de   juzgamiento  no resolvió al asunto a través de la disposición que regulaba la  situación   en   concreto  -falta  de  aplicación  o  exclusión   evidente-,   ora  porque  realizó  una  equivocada  adecuación  de los hechos probados a los supuestos que contempla el  precepto     -aplicación     indebida-,  o ya porque  pese      a      seleccionar      adecuadamente     el   precepto   legal   le   atribuyó  un sentido que no tiene o  le   asignó   efectos   diversos   o   contrarios  a  su  contenido  -interpretación  errónea-.   

“Por  ello,  la  premisa  insoslayable  para  fundamentar  adecuadamente este tipo  de   reproche  es  la  de respetar y acoger la reconstrucción de los hechos juzgados  contenida  en  la  sentencia,  así  como la estimación probatoria que allí se  efectuó,  a partir de esa realidad declarada poner en evidencia el error en las  consecuencias  jurídicas  otorgadas  a  dicha situación de hecho, determinante  del   distanciamiento   entre   lo   fallado  y  la  ley  sustancial”.1   

En  el  asunto  que ocupa la atención de la  Sala,  si  bien  es cierto que la censura se dirige a denunciar, entre otras, la  falta  de  aplicación  de  la norma relativa a la legítima defensa como causal  excluyente  de  responsabilidad,  también  lo  es  que  el  reproche  carece de  desarrollo,  pues  la  libelista  no argumentó y, mucho menos, evidenció en el  plano  jurídico  por  qué  se  constituye  en  error la exclusión evidente de  aquella  preceptiva,  obviamente  partiendo de la realidad fáctica declarada en  el  fallo  atacado,  situación  omisiva  que  se  repite  frente  a  institutos  jurídicos  como  el  de  la  “legalidad”,   la   “favorabilidad”     y     la     “ira”,  principios  y  atenuante  que  no  obstante dolerse por no ser  aplicados  en  este  caso,  no expresó en el plano estrictamente de derecho los  motivos por los cuales la llevaron a afirmar su desconocimiento.   

Contrario sensu, si  consideraba   que   tales  quebrantamientos  se  originaron  por  la  vía  indirecta,  al  haberse  incurrido en errores en la apreciación de las pruebas,  ha  debido  indicar la naturaleza de los desatinos cometidos por el Tribunal, es  decir,  si lo fueron por errores de hecho o de derecho, y los falsos juicios que  lo  determinaron, esto es, de existencia, de identidad o de raciocinio, respecto  al  primero,  o de convicción  o de legalidad, en cuanto al segundo, a sí  como su trascendencia, camino que tampoco emprendió.   

En  fin,  como  la demanda acusa las graves  falencias  en  precedencia  indicadas,  las  cuales no pueden en modo alguno ser  subsanadas  por  la  Corte dado el principio de limitación que rige el trámite  casacional,  se  impone  de  plano  su inadmisión, de  conformidad  con lo establecido en el artículo 213 de  la      Ley      600      de     2000.   

2.    No  obstante,   teniendo  en  cuenta        las       circunstancias       que       fueron       consignadas  en los antecedentes de esta  providencia    y    conforme    a    lo    indicado    por    la    Procuradora  Sesenta  y  Seis Judicial II  Penal   de   Cali  en  su  condición   de   no   recurrente,  observa  la  Sala  la  probable violación del principio de congruencia,  pues  al  parecer  en  el  pliego  acusatorio  hubo  a  favor  del  procesado el  reconocimiento  de  la  ira  prevista  por  el  artículo  57 del Código Penal,  atenuante  específica  que  respecto  del  homicidio  imputado   no   fue   considerada  en  la  sentencia  condenatoria,  lo que, de ser así, conllevaría al quebrantamiento de las bases  fundamentales del proceso.   

Por lo tanto, con  fundamento  en  lo  previsto en el artículo 216 de la  Ley        600        de       2000,   se   dispondrá   el   correspondiente  trámite  oficioso, para  lo  cual se correrá traslado al Procurador Delegado en lo Penal por el término  de  veinte  (20)  días  para  que  se  pronuncie  al  respecto   y,   posteriormente,  la  Sala  procederá  a  dictar  la  decisión  de  fondo  que  en  derecho  corresponda,  como  en efecto se ha procedido en otras oportunidades.2   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S   U  E  L  V  E   

1.  INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por la  defensora      de     JOSÉ     EDWIN     CASTAÑO  RENTERÍA.  En  consecuencia,  se  declara desierto el  recurso extraordinario de casación interpuesto.   

2.          Correr traslado al Ministerio Público por  el  término  de  20  días para que conceptúe sobre la posible vulneración de  garantías fundamentales del procesado.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese   y  cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                         ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                             MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

               Permiso   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                                YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER   ZAPATA     ORTÍZ    

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

                                                             Secretaria     

1 Ver,  entre   otras,   auto   de   casación,   rad.   25222,   del  26  de  abril  de  2006.   

2 Ver,  entre  otras,  Autos  del  19  de  agosto  de  2004, rad. 21302;  del 18 de  noviembre  de  2004, rad. 22082;  del 6 de abril de 2005, rad. 22.592;  del  9  de  febrero  de 2006, rad. 24241; del 16 de junio de 2006, rad. 25385, y  del  5 de octubre de 2006, rad. 26126.     

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