23291(25-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23291  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 58  

Bogotá,     D.    C.,    veinticinco (25) de abril de dos mil siete (2007).   

V    I   S   T   O  S   

Se decide el recurso de casación interpuesto  por  el defensor de JUAN MANUEL MARÍN OSSA contra el fallo del 13 de septiembre  de  2004,  proferido  por  el  Tribunal Superior de Medellín, que confirmara el  emitido  el 23 de junio del mismo año por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  Especializado  de  la  citada  capital,  a  través  del  cual  fue condenado el  nombrado  procesado como autor penalmente responsable de un delito de extorsión  agravada en grado de conato.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

    

1. El Tribunal los resumió en la siguiente forma:     

“El  día 7 de junio de 2002 fue reportado  el  desaparecimiento  del  Sr.  JUAN  MANUEL  MARÍN OSSA, Gerente de la empresa  “PROMIX  COLOMBIA  S.A.” y residente en esta ciudad (Medellín), en la calle  8  N° 47-52, apto N° 305, del edificio “La Cumbre”, en donde estuvo con su  novia  hasta la medianoche del 6. El día 16 de junio su familia recibió varias  llamadas  del  propio  JUAN  MANUEL  y  de una tercera persona, en la que se les  informaba  sobre su secuestro a manos del Frente 23 de las FARC, el cual exigía  quinientos   millones   ($500.000.000)   de  pesos  por  su  liberación,  o  la  ‘escrituración’  de  la  finca  ubicada  en el Valle de Sibundoy, propiedad del Sr.  CARLOS  DARÍO MARÍN CHAVARRIAGA, padre del supuesto plagiado. Las indagaciones  del  Gaula  permitieron  establecer que JUAN MANUEL MARÍN OSSA se hallaba en la  ciudad  de  Cartagena,  en  donde  fue  capturado  el 17 de junio/2002, luego de  verificar  que  estaba  allí  por  su propia voluntad (fl. 43 ss), para lo cual  había sustraído la suma de $3.100.000 pesos de la empresa.”   

2.            Después  de abierta la investigación y  vinculado  a  ella  a través de indagatoria JUAN MANUEL MARÍN OSSA1, la Fiscalía  Delegada  Especializada N° 5 de Cartagena, al definirle la situación jurídica  en   decisión   del   27   de   junio   de   20042,   le   impuso   medida   de  aseguramiento    de    detención    preventiva    sin   beneficio   liberatorio  alguno.   

3.            La  Fiscalía Delegada ante los Juzgados  Penales   del   Circuito   Especializados   de  Medellín  el  13  de  enero  de  20033,   acusó  a  JUAN  MANUEL  MARÍN  OSSA  como  presunto  autor  de  extorsión  agravada  de imperfecta ejecución, que enmarcó en el artículo 244  del  Código  Penal  de  2000,  modificado  por los artículos 5 y 6─1°   de  la  Ley  733  de  2002,  en  concordancia  con  la  preceptiva  27  de la citada codificación, cargo que fue  confirmado  en  su integridad por la Fiscalía Primera Delegada ante el Tribunal  Superior  de la mencionada ciudad, a través de la resolución del 5 de marzo de  20034.   

4.            El  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito  Especializado  de  Medellín  profirió sentencia de primer grado el 23 de junio  20045  y  resolvió  imponerle  al acusado las penas principales de siete  (7)  años  de  prisión  y  multa  equivalente  a  un mil setecientos cincuenta  (1.750)  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes en 2002, la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  la pena privativa de libertad, como autor responsable de la  conducta  punible  previamente  endilgada,  sanciones cuya ejecución ordenó en  establecimiento  carcelario.  No  le  fueron impuestas obligaciones de carácter  civil.   

5.            La providencia anterior fue impugnada por  el  defensor  del  procesado  y  el Tribunal Superior de Medellín, a través de  sentencia   del   13   de   septiembre   de   20046, le impartió confirmación en  su integridad.   

6.              La   sentencia   del   Ad-quem fue objeto del recurso de casación  que  ahora  se decide, interpuesto por el representante judicial del sentenciado  ante la Corporación de segunda instancia.   

LA  DEMANDA :  

Al amparo de la causal de casación prevista  en   el   numeral   1°,  cuerpo  primero  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2000, el defensor formula dos cargos contra la sentencia  impugnada  por  los  siguientes  motivos:  (i)  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  la  inaplicación  del  artículo 269 Código Penal de 2000 que  prevé  una  atenuación  punitiva  por  reparación  integral  para los delitos  contra  el patrimonio económico; y (ii) violación directa de la ley sustancial  en  razón  de indebida aplicación del artículo 244 del Código Penal de 2000,  que define y sanciona el delito de extorsión.   

En  orden  de  correspondencia inversa a las  censuras,  solicita,  de  manera  principal,  se  case la sentencia impugnada y,  subsidiariamente,   se   case   parcialmente   para   reconocer  la  rebaja  por  indemnización integral.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   SALA   

         Interés jurídico para recurrir:   

El actor admite que cuando  impugnó  el  fallo  de  primer  grado  concentró su actividad argumentativa en  lograr   la  absolución  de  su  asistido  por  eso  como  introducción  a  la  fundamentación    del    primer   cargo,   critica   al   Ad─quem  por  no  haber  corregido la omisión en la cual erróneamente  incurrió           el           A─quo   al  negar el mecanismo reductor  consagrado   en   el   artículo   269   del   Código   de   Penal   de   2000,  no       obstante  estar limitada la competencia  de  aquel  al  objeto  del recurso de apelación pues considera que debe revisar  los aspectos que puedan desfavorecer al procesado.   

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación     Penal    por    considerar   que  el  señalado  aspecto  no  guarda  identidad  temática  con  los  que  fueron  objeto de la apelación, estima que  carece  de  legitimación  en  la  causa el  defensor para atacar en casación la  dosificación  punitiva  realizada  por el   A─quo,  en   cuanto  guardó  silencio  frente  a     ella     cuando    impugnó   el  fallo  de  primer  grado,  pues   considera   que   con   dicha   actitud  demostró  su conformidad, y porque el Tribunal al desatar  la   apelación   de   dicha  sentencia  no    introdujo    modificación    oficiosa   sobre   el citado punto.   

La Corte ha dicho que carece de interés   jurídico  para  recurrir  en  casación  el  sujeto procesal que no impugnó la decisión de instancia atacada  en  esta  sede,  en  cuanto  con  su silencio la aceptó, salvo que cuestione su  validez  por  haber  sido  producida  en  un  juicio  viciado  o porque modifica  desfavorablemente     el    estatus    jurídico    del    procesado7.   

Podría  pensarse  entonces  que  como en el  presente  caso la defensa no controvirtió la decisión del juez de primer grado  de  negar  la  rebaja  punitiva  por  indemnización  integral  por prohibición  expresa  del  artículo  11  de  la  Ley  733  de  2002  que  excluye  de  dicha  prerrogativa   a  quienes  son  procesados,  entre  otros  delitos,  por  el  de  extorsión  ─decisión a la  cual     el     Tribunal     no     introdujo     reforma     alguna─,  que  carece  de  interés jurídico  para  impugnar  en  casación  dicha  determinación, tal y como lo considera el  Procurador Delegado.   

Más  no  es  esa la posición de la Sala en  cuanto  observa que cuando la defensa ejerció el derecho de impugnación frente  al  fallo  condenatorio de primer grado, lo hizo en busca de su revocatoria y en  aras  de  lograr  la absolución de su representado, luego si ahora cuestiona la  individualización  punitiva  contenida  en  dicha  providencia  en razón de la  falta  de  aplicación  del artículo 269 del Código Penal, lo cual conllevó a  la  imposición  de  una  pena mayor a la que legalmente corresponde, como dicha  pretensión   implica  en  esencia  un  mejoramiento  de  la  situación  de  su  representado,  de  allí  surge el interés jurídico para atacar tal decisión.   

Al  tema  de  la  petición  de  reducción  punitiva  formulada  por   la  defensa en casación ante la frustración en  segunda  instancia  de  su pretensión de absolución, la Sala se ha referido en  los siguientes términos:   

“Aunque  podría afirmarse que el defensor  carece  de  interés  jurídico  para la formulación de esta censura, porque su  objeto,  que  es  la tasación punitiva, no fue materia de reclamo a través del  recurso  de  apelación  y  en  esa  medida la segunda instancia no hizo ningún  pronunciamiento  sobre el particular al limitarse al tema de la impugnación, lo  cierto  es  que  no  se  puede considerar que haya renunciado con la alzada a la  discusión de la pena.   

Y  la razón es sencilla. Si la controversia  que  le  planteó  a  la  segunda  instancia  fue  eminentemente probatoria y la  encaminó  a  lograr  la  absolución  de  su  representado,  es evidente que al  rechazar  la  declaración de responsabilidad penal se opuso a la imposición de  la  pena,  con lo cual dejó a salvo su interés para impugnar éste aspecto del  fallo  a  través  del  recurso de casación, aún en el evento de que decidiera  renunciar  –como en efecto  lo  hizo—a discutir en el  mismo  escenario  el  sentido  de  la  sentencia.”8   

Por  tanto:  el  demandante  tiene  interés  jurídico  para  recurrir  en  casación  luego  procede el estudio de fondo del  libelo,  aunque los reproches no serán analizados siguiendo el orden propuesto,  pues  estima la Sala que debe invertirlo como quiera que de prosperar el segundo  ataque  encaminado  a que se case el fallo para impartir absolución, la primera  censura  orientada  al  logro  de  una  ventaja  punitiva  perdería  razón  de  ser.   

Uno de los cargos:  

La  violación  directa de la ley sustancial  que  el  recurrente  predica  de  la sentencia de segunda instancia por indebida  aplicación  del  artículo 244 del Código Penal de 2000, que define y sanciona  el  delito de extorsión, la sustenta en la equivocada subsunción de los hechos  investigados  en  dicha  norma por cuanto poco después de haber sido los padres  del   procesado   ─Carlos  Darío   Marín   Chavarriaga  y  María  Cristina  Ossa  de  Marín─, receptores de la llamada telefónica  extorsiva,   éste  se  comunicó  con  su  hermano  por  el  mismo  medio  para  recomendarle  que no accedieran a las exigencias económicas que les acababan de  hacer,  comportamiento  que  evidencia  no  sólo  que  el  acusado no tenía la  intención  de  obtener una ganancia para sí o para un tercero, sino, también,  la falta de gravedad intimidatoria del inicial aviso.   

Dentro  de dicho contexto fáctico considera  que  la  aprehensión  de  su  representado  por miembros del Gaula no puede ser  considerada  como  motivo  de  frustración  del actuar delictual si se tiene en  cuenta  que  quien lo protagonizó, disuadió a Iván Marín Ossa de atender los  requerimientos  ilícitos,  con lo cual les negó capacidad de constreñir, así  como  idoneidad  para la obtención de algún aprovechamiento económico a favor  de JUAN MANUEL MARÍN OSSA o de un tercero.   

Por esta razón pide que se case la sentencia  impugnada.   

En   opinión   del   Ministerio  Público  la  tacha  carece de vocación de éxito y después de  referirse  al  contenido  de  la  denuncia formulada por la novia del procesado,  Martha  Niria  Arango  Arroyave,  dando  cuenta  del desaparecimiento de éste a  partir  de  la  media noche del 6 de junio de 2002 y del desorden reinante en el  apartamento  cuando  fue  a  buscarlo;  a  la primera indagatoria de JUAN MANUEL  MARÍN  OSSA  en  cuyo  desarrollo  informó del apoderamiento arbitrario, en la  madrugada     del     7     de    junio    subsiguiente,    de    $3’100.000.00  de  la  empresa  “Promix  Colombia  S.A.”  con  la  cual  estaba  vinculado  laboralmente  y  su  marcha  inmediata  hacia  Cartagena;  a  la  misión  cumplida  por el Grupo Gaula de la  Policía  Nacional  al  rastrear  el  teléfono  móvil del cual provinieron las  llamadas  intimidantes  que  permitió  descubrir  que  su  propietario  era  el  justiciable  y  que  se  habían  originado  en Cartagena lo cual conllevó a su  captura  el 17 de junio de 2002, cuando deambulaba por el barrio “Crespo” de  dicha  capital;  y a las declaraciones angustiosas del progenitor, Carlos Darío  Marín  Chavarriaga,  y  de  sus  hijos,  establecida  la inusitada y prolongada  ausencia del implicado, concluye que todos estos episodios,   

“…constituyen  un  marco  dramático  de  constreñimiento  psicológico  para  la  familia  de  la  supuesta víctima del  secuestro.   En   tales   circunstancias,  la  llamada  de  contenido  extorsivo  constituye  acto  idóneo  para doblegar la voluntad de las víctimas y alcanzar  así  su  propósito  económico,  el  cual no se cristalizó ante la oportuna y  efectiva   intervención   de   los  organismos  de  seguridad  del  Estado  que  desenmascararon al indolente sujeto.”   

Establecido  por  la  Corte  que  al  sujeto  procesal  recurrente  le corresponde en la formulación de los cargos evidenciar  los  desaciertos  fácticos  y  jurídicos de la decisión de segundo grado cuya  declaratoria  pretende  y  desarrollarlos  conforme a los presupuestos técnicos  que  gobiernan  la  casación, la censura postulada por el demandante dentro del  contexto  del  cuerpo  primero  de  la  causal  primera, esto es, por violación  directa  de  la  ley  sustancial,  lo  obligaba  no  sólo a indicar el precepto  sustancial  transgredido y a puntualizar el sentido de tal vulneración, como en  efecto  lo hizo al denunciar la aplicación indebida del artículo 244 del CP de  2000,  sino  que  al desarrollar el reproche debía aceptar la verdad probatoria  declarada  por  el Ad─quem,  y,  en caso de no acogerla, le correspondía elegir la vía indirecta y precisar  si  se  presentaron errores de hecho o de derecho y la modalidad en que cada uno  fue cometido.   

En  la sustentación del ataque el libelista  involucra  argumentos  que le son ajenos en cuanto expresó su desacuerdo con la  descalificación   realizada   en   la   sentencia  impugnada  respecto  de  las  manifestaciones      de     JUAN     MANUEL     MARÍN     OSSA     ─exteriorizadas  en  el  curso  de  la  segunda   indagatoria─  a  través   de   las   cuales  pretendió  desvincularse  de  la  inicial  llamada  intimidante  realizada  a  sus  padres  con  ilícitos  propósitos  lucrativos,  argumentando  que cuando se comunicó telefónicamente con su hermano se limitó  a  recomendarle  que no sucumbiera a las presiones poco antes ejercidas sobre su  familia,  y,  siguiendo por el sendero equivocado, criticó a los juzgadores por  haber  considerado  que  la  aprehensión  del  incriminado por los miembros del  Gaula fue la que determinó la interrupción del curso delictual.   

Al pretender el recurrente la inaplicación  de  la  norma  sustantiva  que  regula  el delito de extorsión, en razón de la  falta de comprobación de dos elementos estructurales  del  tipo  que lo conforman,  a   saber,   la   conducta   y  el  especial  elemento  subjetivo,  ha    debido    evitar,   dentro  del  juicio  lógico que va implícito en el ataque directo,  la  discusión  de  los presupuestos fácticos tenidos en cuenta por el Tribunal  al  seleccionarla  y,  por  el contrario, le correspondía ocuparse de demostrar  que  éstos  no  coinciden  con  los  hechos  condicionantes  de  la  preceptiva  invocada.   

Con  todo:  emprende la Sala la revisión de  las  sentencias  de  primer  y  segundo  grado que en este caso conforman unidad  jurídica   inescindible   dada  su  complementariedad  temática,  en  orden  a  establecer cuál fue la verdad probatoria fijada en ellas.   

La   declarada   por   el   A─quo  es  del  siguiente tenor:   

    

* El procesado reconoció haber extorsionado a  su familia a nombre de un grupo subversivo.     

    

* Iván  Darío  Marín  Ossa  confirmó  la  exigencia  a  nombre  del  Frente  23  de  las FARC del pago de $500’000.000  o  la  escrituración  de  la  finca  del  Valle  de Sibundoy de propiedad de su padre, a través del teléfono  celular de su hermano JUAN MANUEL MARÍN OSSA.     

    

* En  el  mensaje  enviado a la residencia de  María  Isabel  Marín  Ossa  en Cali se insistió en el secuestro del procesado  por   las   Milicias  Bolivarianas  de  Medellín,  constituyéndose  en  motivo  suficiente  para  incrementar  el  temor  inherente  a  las  amenazas infligidas  inicialmente.     

    

* Las actuaciones antes descritas corresponden  al   plan  urdido  y  ejecutado  por  el  acusado  para  justificar  la  inicial  apropiación  indebida  de  una  gruesa  suma  de  dinero  y  a  la subsiguiente  esquilmación  del  patrimonio  de  su  progenitor  al  percatarse  del próximo  agotamiento de aquella.     

    

* Las circunstancias en las cuales se cumplió  la  captura  y  la  confesión del procesado al funcionario que la materializó,  ─conforme  al  testimonio  ofrecido        por        Eduardo        Rodríguez        Montalvo─   en  el  sentido  que  el  referido  constreñimiento  fue  la  única  solución  que  encontró  para  resolver los  problemas  económicos  que  se  le  habían  presentado en su lugar de trabajo,  constituyen  hecho  indicador de las manifestaciones incriminatorias posteriores  al delito, suficiente para inferir su responsabilidad penal.     

    

* La  libertad  con la cual se movilizó JUAN  MANUEL  MARÍN  OSSA  por  la  ciudad de Cartagena, informada por Carlos Andrés  Caballero  Pulgarín,  a  quien en el curso de su primera indagatoria excluye de  participación  en  el  descrito plan delictual, acompañante suyo al momento de  la   aprehensión,   derrumba  la  manifestación  de  haber  sido  víctima  de  secuestro.     

    

* El   desplazamiento   del  acusado  desde  Medellín  a  Cartagena solo y la realización de todas sus actividades en igual  situación  en  la  última ciudad nombrada, según expresara en la indagatoria,  así  como  el  hecho  de  haberse identificado en el Hotel Internacional con un  nombre  y  una cédula de ciudadanía que no le corresponden, de haber entregado  en  depósito $3’000.000.00  de  los  cuales se había apropiado “inconsultamente” en la empresa en donde  trabajaba   en   Medellín,  confirmada  por  Alfredo  Víctor  Bechara  Cepeda,  administrador  de  dicho  establecimiento, unidos a la permanente disponibilidad  de  su teléfono móvil, a los recorridos efectuados a altas horas de la noche y  al  consumo público de licor hasta la madrugada, destruyen su coartada de haber  estado privado de la libertad por el citado grupo rebelde.     

    

* A   la   misma   deducción   arribó  el  A─quo  con  base  en  la  comprobación,  mediante  los  testimonios  de  Miguel  Antonio Gil Monterrosa y  Óscar   Foreman  Gil  Navarro,  trabajadores  de  las  “Habitaciones  de  las  Bóvedas”  ubicadas  también  en Cartagena, de la cancelación anticipada del  alquiler  de una de ellas por dos meses efectuada por MARÍN OSSA con el anuncio  de  su  posible radicación definitiva en dicha ciudad, de su presentación como  comerciante  de  tarjetas  prepago  del  servicio  telefónico y de su ingreso a  dicho lugar con “hippies” y mujeres.     

    

* Asigna  a las manifestaciones injuradas del  acusado  el  carácter  de  confesión  calificada,  dada la forma peculiar como  asegura  haberse  propuesto  tranquilizar  a  sus parientes diciéndoles que era  rehén   de  uno  de  los  grupos  guerrilleros  más  “temidos,  perversos  y  sanguinarios”,   razón  por  la  cual  le  niega  crédito,  además,  porque  previamente  admitió  el  pago  que  hizo a un tercero para que intimidara a su  madre y hermano.     

    

* El  motivo  de  todo  este  proceder  está  constituido   por   la  necesidad  de  encubrir  el  apoderamiento  ilícito  de  $14’000.000.00  pertenecientes  a  la empresa agenciada por el implicado y de los $3’000.000.00  que se sustrajo poco antes  de su desaparecimiento.     

Con  fundamento  en  la demostración de los  episodios  antes  descritos  el  juzgador  de primera instancia atribuyó a JUAN  MANUEL  MARÍN  OSSA  la  ideación,  preparación  y ejecución de todo el plan  extorsivo,   frustrado   por  la  eficaz  intervención  de  los  investigadores  oficiales.   

El          Ad─quem   al  coincidir  con  la  determinación  de  los  anteriores hechos y la conclusión,  avanzó en la formulación de las siguientes precisiones:   

    

* Convalidó  el  carácter  calificado de la  confesión asignado a las exposiciones injuradas en cuanto,     

“..admite de manera espontánea los hechos,  constitutivos  de una singular pero inequívoca extorsión y, en forma reiterada  y  categórica, niega haber tenido la intención de obtener un provecho ilícito  de  su  familia,  con lo cual claramente está desvirtuando el aspecto subjetivo  de la extorsión…”   

    

* Descartó que el justiciable hubiera actuado  por  miedo,  dadas  las  ostensibles  inconsistencias  en  que  incurrió  en la  ampliación  de  indagatoria  al  describir la especial benevolencia con la cual  actuaron  sus  captores  de las FARC y la forma mendaz como destruyó su primera  estrategia  defensiva,  además, sin lógica alguna conforme se dejó anotado en  el  texto  antes  trascrito,  pues  a  la  vez  que admitió que hizo la llamada  extorsiva,  adujo  como  única razón el deseo de tranquilizar a su familia por  su   desaparecimiento,  lo  cual  revela  el  contraste  existente  entre  dicha  afirmación  y  el impacto emocional causado con la comunicación constrictiva y  su  llanto,  percibido  por  sus hermanos Iván Darío y María Isabel Marín, y  trasmitido a su novia María Niria Arango.     

Finalmente  el  juez  plural  elaboró  la  siguiente deducción:   

“En  suma, la prueba indica con suficiente  solvencia,  que  JUAN MANUEL jamás estuvo secuestrado en Cartagena, ni sometido  a  vigilancia  ni  constreñimiento  alguno  y por ello se mantiene incólume la  primera   versión  que  rindió  ante  las  autoridades,  en  la  que  confesó  espontáneamente   su   irregular  conducta  aduciendo  que  no  tenía  ningún  propósito  de  sacar  provecho  económico de ella, lo que se cae por su propio  peso,  ante la idoneidad de las amenazas que, a través de un tercero, profirió  a  su  familia para persuadirlos de pagar un rescate, adobada con la simulación  de  una  gran  afectación  emocional,  pues  luego  de  llorar  para su madre y  preguntar  insistentemente si su padre estaba enterado de la situación, le dijo  que  esa era la última llamada que le iba a hacer hasta dentro de mucho tiempo,  antes  de  cortar  la  comunicación  (fls. 9-10), escena ésta necesaria y apta  para darle credibilidad y realismo a su secuestro.”   

Queda   visto,  entonces,  que  la  verdad  probatoria  determinada  en las sentencias de primera y segunda instancia recoge  correctamente  el  supuesto  fáctico  descrito  en el artículo 244 del Código  Penal  de  2000, que define la conducta punible de extorsión, luego a juicio de  la  Sala  el  error  de  subsunción  atribuido  al  Tribunal  se  desvanece por  completo.   

Resta  afirmar que el libelista se equivocó  al  reclamar  credibilidad  para  la  segunda indagatoria de su representado, en  razón  del  tinte disculpante del cual la impregnó, y al negarle crédito a la  primera  injurada,  en  contravía  de la ponderación que de ellas hicieron los  funcionarios  de instancia, con la pretensión de modificar el supuesto de hecho  a  partir del cual se violó la norma, línea de argumentación incompatible con  la causal de casación por él elegida.   

En suma, la  censura no está llamada a  prosperar tal y como lo recomienda el Procurador Delegado.   

La censura restante:  

La  violación  directa de la ley sustancial  que  el  casacionista  atribuye  al  Ad─quem  por la falta de aplicación del artículo 269 Código Penal de  2000  que  prevé  una  atenuación  punitiva  por reparación integral para los  delitos  contra  el  patrimonio  económico,  la  funda  en  el contenido de los  oficios  suscritos  por  Carlos  Darío  Marín  Chavarriaga  y su esposa María  Cristina  Ossa  de  Marín,  obrantes  a  los  folios  486  y  501 del plenario,  informando  sobre  la indemnización integral por los perjuicios derivados de la  presunta  extorsión  a  la  cual fueron sometidos mediante la llamada realizada  por  JUAN MANUEL MARÍN OSSA, a pesar de considerar que éste en ningún momento  ha atentado contra su acerbo patrimonial.   

El   Procurador   Delegado   no  estima  equivocada  la  reseñada  inaplicación  normativa  por  encontrarla  debidamente  sustentada en  el  artículo  11  de  la  Ley  733  de  2002,  que prohíbe el  reconocimiento  de  la  diminuente  por indemnización integral cuando se trata,  entre   otros   delitos,  del  de  extorsión,  regla  que    fue   declarada  exequible.9   

La  Corte  encuentra  que el procesado JUAN  MANUEL  MARÍN  OSSA  realizó  el  comportamiento  postdelictual indemnizatorio  destacado        por        la        defensa10  con  base  en  el  cual  el  demandante  se  limitó a reclamar por la falta de aplicación del artículo 269  del  Código  Penal  y  aunque  no  completó  la  proposición  jurídica,  del  lacónico  sustento del ataque se puede colegir que se dirigió a argumentar que  incurrió  el  Tribunal, además, en la indebida aplicación del artículo 11 de  la  Ley 733 de 2002, que excluye a los procesados por delitos como la extorsión  de una amplia gama de beneficios.   

Para  el  caso  resulta  de  gran utilidad,  entonces,  evocar  la  jurisprudencia  de  la  Sala  alusiva a la vigencia de la  última regla citada:   

La  Corte  en  sentencia de tutela del 7 de  diciembre             del            200511, con ocasión del estudio de  la   libertad   condicional   en   relación   con   el   artículo   mencionado  expresó:   

“En efecto, una norma de carácter general  como  el  artículo  64 de la ley 599 de 2000, por virtud del artículo 11 de la  ley  733  de  2002  vio limitados sus alcances, en el sentido que a partir de la  vigencia  de  esta  última  disposición  hacia adelante, los condenados por la  comisión  de  los  delitos de extorsión, no tendrían  derecho  a la libertad condicional, así cumplieran las  tres  quintas  partes  de  la  pena  y  muy  a  pesar  de  que su conducta en el  establecimiento  carcelario  fuese  ejemplar  como  consecuencia de las bondades  relativas de la prevención especial y la resocialización.   

“De  esta  manera,  es  evidente  que los  artículos  64  de  la  ley 599 de 2000 y 11 de la ley 733 de 2004, conforman en  materia  de  libertad condicional la proposición jurídica completa. En efecto,  las  dos  disposiciones  regulaban de manera integral la materia y por tanto, al  disponer  el  artículo  5  de  la  ley 890 de 2004, que la libertad condicional  procede   para   todos  los  delitos,  derogó  en  conjunto  las  disposiciones  anteriores.   

“Ello  significa  que  a  partir  de  la  expedición  de la ley 890 de 2004, vigente a partir del 1 de enero de 2005, los  requisitos,   para  aquellos  condenados  que  antes  estaban  excluidos  de  la  posibilidad  de  acceder  a la libertad condicional por la naturaleza del delito  que  ejecutaron,  ahora  la  tienen,  siempre  que  se  cumplan y se superen las  exigencias  normativamente  previstas,  esto  es,  la  valoración  acerca de la  gravedad  de la conducta, el cumplimiento de la dos terceras partes de la pena y  que  su  conducta en el establecimiento carcelario permita deducir que no existe  necesidad de continuar con la ejecución de la pena.”   

En   providencia   del  14  de  marzo  de  200612,    la    Sala   al   sobrevenir   algunos   cambios   legislativos  acotó:   

“La posterior expedición de las Leyes 890  y  906  del  2004,  reformatoria  del Código Penal la primera y abrogatoria del  Código  de  Procedimiento  Penal la segunda para juzgar las conductas cometidas  después  del  1º de enero del 2005, introdujo algunos cambios en las normas de  exclusión  o  suprimió  algunas instituciones y adoptó otras, lo que obliga a  estudiar  la  vigencia  de  cada  una  de  las  prohibiciones  contenidas  en la  reseñada  Ley  733 frente a los nuevos estatutos y, particularmente, al sistema  procesal  adoptado  a  partir del Acto Legislativo 03 del 2002, desarrollado por  las ya citadas leyes del 2004.”   

         Y haciendo énfasis en el sistema, precisó:   

“Un  derecho  premial,  que admite pactar  sobre  todas  las consecuencias de la aceptación de la imputación, no sólo de  las  penales  sino  también  de  las  civiles y, entre aquéllas, además de la  cantidad  de sanción también respecto de las condiciones para su ejecución; y  que  apoya  su efectividad precisamente en el sistema de negociaciones porque de  lo           contrario          colapsaría13   

,  no tolera exclusiones generalizadas como  las  consignadas  en  la  Ley 733 del 2002, a menos que por razones de política  criminal,  pensadas  y adoptadas dentro de esa nueva realidad, se haga expresa e  inequívoca  –se insiste-  la  voluntad  legislativa  de  establecer  algunas  prohibiciones al régimen de  negociaciones.   

“Por lo tanto, si la prisión domiciliaria  y  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena pueden ser materia de  convenio  entre fiscalía e imputado y ese preacuerdo obliga al juez a menos que  desconozca  garantías  fundamentales,  que  la nueva ley no hubiera establecido  ninguna  cortapisa  implica  que  la  prohibición  para concederlas respecto de  determinados delitos ha desaparecido.   

“Lo  dicho  cobra  más  fuerza frente al  subrogado,  si  se  advierte  que la institución fue regulada en los artículos  474  y  475  de la Ley 906 del 2004 y no se reprodujo la cláusula de exclusión  de la Ley 733 del 2002.   

“Con  relación  a  la rebaja de pena por  sentencia  anticipada  y por confesión, dado que la primera no guarda identidad  con   los   acuerdos  previstos  en  el  nuevo  estatuto  procesal  –como  lo  concluyó  la  Corte  en las  sentencias  del  23  de  agosto  y  14 de diciembre del 2005, radicados 21.954 y  21.347,  y  la  segunda  no  fue  reproducida  en  el  nuevo  estatuto  ni  a la  “aceptación  por  el  imputado”  a que alude el artículo 283 se le apareja  ninguna   consecuencia   favorable   para   éste,   debe   concluirse  que  las  prohibiciones comentadas han quedado insubsistentes.   

“En     síntesis,     las  prohibiciones  contenidas  en el artículo 11 de la Ley 733 del  2002  no  son  aplicables  a  los  delitos  de  secuestro, extorsión, secuestro  extorsivo,  terrorismo y conexos cometidos a partir del 1º de enero del 2005 en  los  distritos  en  los  que  rige  a  plenitud  la Ley 906 del 2004, por las siguientes razones:   

“1.  La  reducción de pena por sentencia  anticipada  y  por  confesión, por insubsistencia de la norma en cuanto ninguna  de  las  figuras  aparece  reproducida  en  el  nuevo  Código  de Procedimiento  Penal.   

“2. La libertad condicional, la redención  de  pena  por trabajo o estudio y la suspensión condicional de la ejecución de  la  pena,  por  la  derogatoria tácita originada en virtud de la expedición de  las  Leyes 890 y 906 del 2004, en las que se regulan o se hace referencia a esos  institutos,  sin  establecer prohibiciones en razón de la naturaleza del delito  cometido.   

“3. Respecto de la suspensión condicional  de  la  ejecución  de  la pena y de la prisión domiciliaria, la posibilidad de  ser  acordadas a través de las negociaciones que realicen fiscalía e imputado,  convenios  que  obligan  al  juez  excepto  si  son  lesivos  de  las garantías  fundamentales,  no  admite  exclusiones por la naturaleza del delito a menos que  se  exprese  en  contrario  una  inequívoca  voluntad legislativa manifestada a  través  de  una  ley  que  se  expida  en  la nueva y transformada realidad del  sistema    procesal    penal.    Entre    tanto,    la    prohibición   deviene  insubsistente.””   

Posteriormente en providencia del 6 de julio  de    200614,  la  Corte  al referirse a la aplicación de la rebaja de pena por  sentencia anticipada enfatizó:   

“Mas, la Sala también ha estimado que es  posible  aplicar por favorabilidad consecuencias relacionadas con institutos que  no  contraríen  la  esencia  del  sistema.  Si  así  es,  sin  contradecir  la  argumentación    expuesta   en   la   decisión   precedente,   y   más   bien  complementándola,  si  la  sentencia  anticipada no es igual al allanamiento de  cargos   –  en  lo  cual  ciertamente   no   está   de   acuerdo   el  Ministerio  Público  –, como la Sala ha insistido en hacerlo  ver15,  entonces  tampoco existe razón para no aplicar por favorabilidad  la  derogatoria  que  desde  diversos  ángulos,  como  acaba  de verse, hizo el  legislador del artículo 11 de la ley 733 de 2002.   

En  otros términos, si las leyes 890 y 906  de  2004,  derogaron todas las prohibiciones contenidas en el artículo 11 de la  ley  733  de 2004, la coexistencia de diferentes sistemas permite tomar de ellos  las  disposiciones  más  favorables,  como  son  aquellas que sistemáticamente  mandan  que  la  prohibición  de beneficios para los autores de conductas tales  como la de extorsión, son cosa del pasado.   

Si así no fuera, no resultaría entendible  que  se  acepten  los  efectos  favorables  relacionados  con el instituto de la  libertad  condicional,  pero que se nieguen para la sentencia anticipada, pese a  que  ambas  instituciones  dejaron  de  regir,  en  un  caso  con ocasión de la  derogatoria  prevista  en  el artículo 5 de la ley 890 de 2004 y en el otro por  la dispuesta en el artículo 533 de la ley 906 de 2004.”   

En   conclusión:   si   los   anteriores  precedentes  jurisprudenciales  indican  que  el  artículo  11 de la Ley 733 de  2002,  que  prohibía  reducciones punitivas para los autores de delitos como la  extorsión,  salvo  los  casos  de  colaboración eficaz, y que los excluía del  reconocimiento  de  mecanismos  sustitutivos de la pena privativa de la libertad  perdió  vigencia a raíz de la promulgación de las Leyes 890 y 906 de 2004, no  hay  razón  para  pensar  que  resulta  aplicable a este caso y en consecuencia  negar  la disminución punitiva consagrada en el artículo 269 del Código Penal  en tratándose del delito de extorsión.   

Dígase  en  necesario complemento que como  los  hechos  juzgados  ocurrieron en el mes de junio de 2002, no tienen por qué  recibir  el  influjo del artículo 11 de la Ley 733 de 2002 a partir del momento  en    que   dejó   de   subsistir   ─a    finales    de   2004─,    así    en    el   artículo   2616 de la Ley 1121 que empezó a  regir  el  29  de  diciembre  de  2006 se hubiera reproducido su contenido, pues  durante  dicho  tránsito  legislativo se impone la aplicación preferente de la  norma  más benéfica al procesado, esto es, el artículo 269 del Código Penal,  sin  la  modificación  introducida por la reciente norma  de derecho penal  complementario,  puesto  que  rigió  en  el  intermedio  una  norma que resulta  benéfica para el procesado.   

Evidenciada  la  indebida  aplicación  del  artículo  11  de  la  Ley 733 de 2002 y la correlativa falta de aplicación del  artículo  269 del Código Penal, el cargo prospera y procede casar parcialmente  el  fallo impugnado para aplicarlo, lo cual implica volver sobre el ejercicio de  punibilidad  vertido  en  la  sentencia  de  primer  grado  y convalidado por el  Ad─quem.   

Redosificación de las penas:  

Resulta conveniente rehacer todo el proceso  de   individualización   punitiva   como  quiera  que  la  Sala  halla  algunas  equivocaciones  que  se  establecen  al  comparar la información inserta en los  siguientes cuadros:   

Dosificación      efectuada      por     los     juzgadores     de  instancia:             

             

Dosificación elaborada por la Corte:  

Normas             

             

             

Normas  

Art.   244  C.P.             

De 12 a 16 años de  prisión   y   multa   de  600  a  1.200  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes.             

             

Art.   244  C.P.             

De 12 a 16 años de  prisión   y   multa   de  600  a  1.200  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes.  

Art.    245  C.P.   

Aumento hasta en 1/3 parte            

De 144 meses y 1 día  de  prisión  a  192  meses;  y multa de 3.000 a 6.000 salarios mínimos legales  mensuales vigentes.             

             

Art.    245  C.P.   

Aumento hasta en 1/3 parte            

De 144 meses y 1 día  de  prisión  a  256  meses;  y  multa  de 601 a 2.000 salarios mínimos legales  mensuales vigentes.  

Art.    27  C.P.   

No menor de ½ del mínimo ni mayor de las  ¾ partes del máximo.             

De  72  meses a 144  meses             

             

Art.    27  C.P.   

No menor de ½ del mínimo ni mayor de las  ¾ partes del máximo.             

De 72 meses y 1 día  a  192  meses  de  prisión;  y multa de 300,5 a 1.500 salarios mínimos legales  mensuales vigentes  

Penas  individualizadas   dentro  del  primer  ¼  de  movilidad  (72  a  90  meses  de  prisión).             

7 años de prisión y  multa de 1.750 salarios mínimos legales mensuales vigentes.             

             

Art.    61  C.P.   

Límites  del  primer  ¼  de  movilidad  punitiva.             

De 6 años y 1 día a  8  años,  6 meses y 1 día de prisión; y la multa de  300,5 a 600,3 salarios mínimos legales mensuales vigentes  

Queda visto que se equivocó el juzgador de  primera  instancia ─sin que  el   Tribunal   lo  hubiera  detectado─  al  establecer el límite máximo de la pena privativa de libertad  conforme  al  artículo  245  del Código Penal y los topes de la multa, lo cual  conllevó a la afectación de las operaciones subsiguientes.   

La  pena  de  prisión fue determinada en 7  años  luego  quedó  ubicada  dentro del primer cuarto de movilidad conformado,  según  los  cálculos  efectuados  en  el  fallo de primer grado, entre 72 a 90  meses  de  prisión,  decisión  sustentada  en  la  exclusiva  concurrencia  de  circunstancias  de menor punibilidad, que si bien es cierto no fueron indicadas,  es  fácil  colegir  que se trata de la prevista en el artículo 55, numeral 1°  del  Código  Penal,  dada  la  ausencia  de  información  sobre el registro de  antecedentes penales a nombre del justiciable.   

La  Sala  integra  dicho segmento de manera  diferente:  de 6 años y 1 día de prisión a 8 años y 6 meses, y en respeto de  la  garantía  de la prohibición de reforma en peor selecciona el tope inferior  como  quiera  que  el A─quo  no  suministró  las  razones  por  las  cuales optó por fijar dicha pena en un  guarismo  más  próximo  al  extremo superior del primer cuarto equivocadamente  determinado.   

Situación   diferente   se  presenta  en  relación  con  la  multa  omitida  por  el  juez  de primer grado al aplicar el  artículo  27  del  Código  Penal  pero  que  al haber fijado en 1.750 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  rebasó  el  primer  cuarto de movilidad  determinado  por la Sala entre 300,5 y 600,3 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  yerro  cuya  rectificación  es  menester  hacer  en cuanto antes que  generar  desmojaramiento  para el procesado le implica un beneficio, con lo cual  se  salvaguarda  la  prerrogativa  procesal  antes  invocada,  luego la sanción  pecuniaria también será determinada en la cifra más reducida.   

Por  disposición  del  artículo  269  del  Código  Penal  dichas sanciones se disminuirán en la mitad como quiera que por  tratarse  de  un  delito  en  grado  de tentativa los perjuicios causados con la  extorsión  no  fueron  mayores  y  del  restablecimiento  de  las relaciones de  familiaridad  existentes  entre los perjudicados y el actor delictual, informado  en  el memorial en el cual aquellos manifiestan haber sido resarcidos y expresan  que  el  mayor  daño  se  derivó  de  la  privación  de  la  libertad  de  su  hijo.   

En  conclusión: se casará parcialmente el  fallo  para imponer a JUAN MANUEL MARÍN OSSA treinta y seis (36) meses y un (1)  día  de  prisión  y  multa equivalente, en moneda nacional, a ciento cincuenta  punto  veinticinco  (150.25)  salarios mínimos legales mensuales vigentes, y la  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas por el mismo  término de la pena principal.   

Corresponde  examinar  el reconocimiento de  mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la libertad:   

Ni   la  suspensión  condicional  de  la  ejecución   de   la   sentencia   ni   la   prisión  domiciliaria  operan  ante  el  incumplimiento  de los  respectivos  parámetro  punitivos  fijados en los artículo 63 y 38 del Código  Penal,   respectivamente,   por  cuanto  la  conducta  punible  de  extorsión  agravada  y  tentada,  objeto de sanción, tiene  fijada  pena mínima de prisión de  seis (6) años y un (1) día.   

A mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E :  

1.           CASAR        PARCIALMENTE  la sentencia impugnada para condenar a JUAN MANUEL MARÍN OSSA por  el  delito de extorsión agravada en grado de tentativa, a las penas principales  de  treinta  y seis (36) meses y un (1) día de prisión y multa equivalente, en  moneda   nacional,  a  ciento  cincuenta  punto  veinticinco  (150.25)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y  a la accesoria de inhabilitación de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la privativa de la  libertad.   

2.            NO  CASAR  el  fallo en lo demás. Y,   

3.          ADVERTIR que  contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  devuélvase  al Tribunal de  origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                            ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                         JULIO           ENRIQUE          SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                           JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

    

1  C.  orig. N° 1, fols. 66-69.   

2  C.  orig. N° 1, fols. 82-87.   

3  C.  orig. N° 1, fols. 309-333.   

4  C.  orig. N° 1, fols. 372-383..   

5  C.  orig. del juicio, fols. 526-565.   

6  C.  orig. del juicio, fols. 621-634.   

7 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Autos  del  16  de  julio de 2001, rad. N° 15.488; del 26 de  enero  de  2006,  rad.  N°  24.715;  y  del  23  de  agosto  de  2006, rad. N°  25.861.   

8 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sent.  del  10  de abril de 2003, rad. N° 11.761. Recientemente reiteró este criterio  en   Sent.   del  28  de  septiembre de 2006, rad. N° 23.638.   

9  CORTE        CONSTITUCIONAL,       Sent.            C─762  de  2002, Mag. Pte. Dr. RODRIGO  ESCOBAR GIL.   

10 C.  orig. N° 1, fol. 486.   

11  Rad. N°  23.322.   

12  Rad. N° 24.052.   

13  “En  la  aclaración  de  voto del magistrado Mauro  Solarte  Portilla  a la sentencia del 23 de agosto del 2005, radicado 21.954, se  recuerda  que  ‘El Chief  Justice  Burger  en  el  caso  Santonello  Vs New York señaló que ‘una  reducción  del 90 al 80 % en el  porcentaje  de  declaraciones  negociadas exigiría que se duplicaran los medios  humanos  y  técnicos  (Jueces, Secretarios Judiciales, Jurados, etc.), mientras  que    la    reducción    al    70    %    exigiría   triplicarlos’ ”.   

14  Rad. N° 24.230.   

15  Cfr,  providencia  del  4  de  mayo de 2006, radicado  24.531,  en  la  cual   se  expresó,  “la figura antigua de la sentencia  anticipada  no  encuentra  similar  en  el  estatuto  procesal  penal que varió  radicalmente    la    sistemática    procesal   en   Colombia   a   partir   de  2004.”   

16  “Artículo   26.   Exclusión   de   beneficios  y  subrogados. Cuando se trate de delitos de terrorismo,  financiación  de  terrorismo,  secuestro  extorsivo,  extorsión  y conexos, no  procederán  las  rebajas  de  pena por sentencia anticipada y confesión, ni se  concederán  subrogados  penales  o mecanismos sustitutivos de la pena privativa  de  la  libertad  de condena de ejecución condicional o suspensión condicional  de  ejecución  de  la  pena,  o  libertad  condicional.  Tampoco  a la prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  prisión,  ni habrá lugar ningún otro  beneficio  o  subrogado  legal,  judicial o administrativo, salvo los beneficios  por  colaboración consagrados en el Código de Procedimiento Penal, siempre que  esta sea eficaz.”     

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