26248(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26248   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado  acta  número  109   

Bogotá D.C., 27 de junio de 2007.  

          Resuelve  la Sala el recurso ordinario de reposición que interpone  el  apoderado  judicial  de  JORGE  ELIAS  MANZUR  JATTIN, contra la providencia  emitida  el  30  de  noviembre  de  2006,  por causa de la cual se inadmitió la  demanda  de  revisión  propuesta contra la sentencia del 10 de octubre de 1996,  mediante  la  cual  la Sala de Casación Penal lo condenó como autor del delito  de concusión.   

Argumentos    del  impugnante:   

          Mediante  escrito  recibido  por la Secretaría de la Sala el 14 de  diciembre  de 2006, el apoderado del señor JORGE ELIAS MANZUR JATTIN solicita a  la  Corte  declarar  subsanada la demanda por los vicios de forma que advirtiera  en   la  decisión  protestada  y  reconsiderar  su  postura  en  cuanto  a  las  observaciones  efectuadas  a  la fundamentación de las causales invocadas, para  dar  curso  así  al  trámite  de  la  acción extraordinaria de revisión. Las  razones que aduce son del siguiente orden:   

          En  procura  de  suplir  las  deficiencias  acusadas  por  no haber  adjuntado  la  copia  de  la  providencia  cuya  revisión  se  solicita  con la  constancia  de  su ejecutoria, así como de las decisiones con las cuales debía  ilustrar  sobre  el  cambio  de  jurisprudencia,  el demandante, atendiendo esos  requerimientos,   procede   a   satisfacerlos   allegando   dichos   documentos.   

          Para  vencer  los  reparos  formulados por la Corte para desestimar  como  “hecho  nuevo” la sentencia proferida contra Jorge Ramón Elías Nader  por  enriquecimiento  ilícito,  que es a su juicio elemento apto para demostrar  el  denominado  complot  urdido contra su representado MANZUR JATTIN y abatir la  sentencia,  el  libelista plantea que no es solamente esa decisión, a su juicio  novedosa  por haberse producido con posterioridad al fallo materia de revisión,  sino  además  la  comunicación  que  envió  a la Corte Suprema de Justicia el  representante  de “Apuestas Córdoba Ltda.”, el día 7 de junio de 2002, que  también  aportó,  renunciando a los dineros a que eran acreedores en virtud de  la  sentencia  condenatoria  del  22  de  octubre de 1996 que condenó al señor  MANZUR                   JATTIN”1 por concusión, para destacar  que  esos  dos acontecimientos constituyen, jurídicamente, medios eficaces para  reafirmar  la  tesis  de  la  defensa,  consistente  en  que  todo  aquello  que  probatoriamente  se  usó  en  el  pronunciamiento que determinó la condena que  busca  removerse, fue producto de una trampa que le tendieron al sentenciado sus  enemigos políticos.   

          Partiendo  entonces  que  todo fue un montaje, el accionante pasa a  señalar  que  para  colegir  la  responsabilidad de su protegido como autor del  delito  de  concusión,  la  Corte  se  afincó en dos elementos probatorios: la  grabación  que  hizo la víctima y las interceptaciones telefónicas realizadas  con  orden  judicial;  a  ambos  tilda de ilícitos, al explicar, respecto de la  primera,  que  a  su  representado  le  pusieron  una  cita  y  le  hicieron  un  ofrecimiento  de  dinero  para  hacer aparecer como si fuera él quien hacía el  requerimiento  monetario,  lo  cual  indica  que  la  grabación  no  la hizo la  víctima,  como  lo  presupuso  la  Corte,  sino  el  victimario,  y que en esas  circunstancias  ese  procedimiento  deviene ilícito por resultar violatorio del  derecho  a la intimidad, como quiera que la única excepción que se admite para  grabar  una  conversación  sin autorización de los interlocutores es cuando lo  hace   la   víctima   como   medio  defensivo;  y  de  las  segundas,  por  las  irregularidades  y  defectos  que  aquejan  las  órdenes de interceptación por  cuenta   de  ausencia  de  debida  justificación,  falta  de  competencia  para  emitirlas y defectos técnicos.   

          Insiste  además  en lo inocua que resultaba la solicitud de dinero  para  la  adjudicación  contractual porque ya se había tomado una decisión al  respecto.   

          Ese  planteamiento,  que  denomina  como  teoría  del  caso  de la  defensa,  asegura  que  fue  desdeñado  por  la Corte en el fallo condenatorio,  impidiendo  con  ello  que se pudiera demostrar por vía indirecta la existencia  del  mencionado  complot,  motivo éste que lo lleva a disentir de la idea de la  Sala  cuando  asume  en el auto impugnado que el tema fue abordado a fondo en la  providencia   objeto   de   revisión,   porque  lo  que  hizo  fue  simplemente  desecharlo.   

          Se  duele, por tanto, que por causa de la inadmisión de la demanda  se  le prive de la oportunidad de demostrar, con base en las nuevas pruebas, que  todo  fue una confabulación fraguada contra MANZUR JATTIN por quienes padecían  los  rigores  de  sus políticas de saneamiento y orden en la administración, y  por  ello  clama  por  tener la oportunidad de tratar el tema a fondo durante el  trámite de la acción de revisión.   

          Para  tratar  de  evidenciar  la trascendencia de la causal 3ª del  artículo  220  de la Ley 600 de 2000 sobre cuya base edifica esta primera parte  de  su  pretensión,  termina  asegurando  que  si  estos  hechos  hubiesen sido  conocidos  con  anterioridad a la sentencia cuya revisión se pretende, la Corte  no  se  hubiera  referido  a  los  argumentos  sobre  el mencionado complot como  “burdos,  inútiles y desviados” y habría reparado en que no fue caprichoso  el  acto  de  declarar  desierta  la primera licitación y tampoco minimizada la  importancia  de  las  denuncias  que  su protegido formuló ante las autoridades  sobre  los  chantajes  y  presiones a que estaba sometido por los “caciques”  del  Chance  y de los licores por causa de las políticas reformistas que había  emprendido en su administración.   

          En  lo  que  atañe  con  la  causal  6ª,  atinente  al  cambio de  jurisprudencia  como base de la revisión de la sentencia, el recurrente precisa  que  fue  mal  interpretado  por la Corte cuando le objetó su equivocación por  acudir  a  la  revisión  como  vía  para  obtener  la  aplicación  de  normas  posteriores  más  favorables,  como  sucede  con  la  cláusula  de  exclusión  prevista  en  el  artículo  23  de  la  ley  906  de 2004, pues sostiene que se  refirió  a  ese dispositivo solamente para magnificar lo ya previsto como norma  constitucional  en  el  artículo  29,  pero  de ninguna manera para impetrar su  aplicación como base legal de su solicitud.   

          De   esa   guisa,   el   impugnante   puntualiza   que   el  avance  jurisprudencial   ha   determinado  que  cuando  se  requiera  de  autorización  judicial,   la  grabación,  interceptación  de  la  voz  o  la  filmación  de  imágenes,  serán  jurídicamente válidas como medio de prueba cuando exista o  se  exprese  el consentimiento de todos aquellos que intervienen o participan en  la  conversación,  o  en el acto que se registra en la filmación o grabación,  salvo  el  caso  de la preconstitución de prueba con fines judiciales por parte  de quien es víctima de un delito.   

          De  ahí que para el actor, a la luz de la novedad jurisprudencial,  resulten   jurídicamente   inadmisibles   tanto  la  grabación  de  voces  sin  autorización  cuando  no  se  es  víctima,  que es lo que dice ocurrió con su  defendido,  como  la  interceptación  telefónica  sin  los requisitos que debe  poseer  la  respectiva  orden  judicial,  fenómenos  éstos  que  en su parecer  perdieron  virtualidad  jurídica  por  motivo del avance de la jurisprudencia y  que  por  ende  despojan  a  la sentencia condenatoria de fundamento y habilitan  ahora su revisión.   

          Esas,  en  síntesis,  son  las razones en que afianza el recurso y  por las cuales apremia el trámite de la acción.   

Se considera:  

         

          La  Corte no encuentra reparos para estimar remediados los defectos  formales  derivados  de  la  omisión  en  que incurrió el accionante, al dejar  inicialmente  de  agregar  con  el  libelo  la  copia  del  fallo  que  persigue  revisarse,  su  ejecutoria  y  las  providencias  que  sustentan  el  cambio  de  jurisprudencia,  al  purgar  esa  incorrección con el suministro de los mismos.   

          Sin  embargo,  para  la  Sala  no  ocurre  lo mismo respecto de las  inexactitudes  que  afectan  la  postulación  de  las causales en las cuales el  libelista  funda  su solicitud y que ciertamente no consiguen enmendarse a pesar  del esfuerzo argumentativo con que se nutre la impugnación.   

          Véase porqué.   

          Cuando  el  demandante  insiste en lo determinante que resulta como  hecho  ex  novo  la  sentencia  proferida  contra Jorge Ramón Elías Nader y la  comunicación  que  envía  a  la  Corte Suprema de Justicia el representante de  “Apuestas  Córdoba  Ltda.,” renunciando a los dineros a que eran acreedores  por  cuenta  de la sentencia condenatoria emitida contra el señor MANZUR JATTIN  por  concusión,  en  parte  alguna explica con claridad y precisión porqué es  factible  inferir  de  esos  eventos  que todo fue un montaje fraguado contra su  cliente  y  porqué  razón  esa  inferencia  pesa  más  que  las  pruebas  que  sustentaron  la  sentencia,  como  fueron la grabación que hizo el señor Pedro  Ghisays   Chadid   cuando  el  ex  gobernador  le  requirió  el  dinero  y  las  interceptaciones  telefónicas  que  también comprometen su responsabilidad. Se  pregunta  la  Corte,  cuáles son las razones para que esos sucesos logren echar  por  tierra  el  valor suasorio del conjunto de los medios de convicción en que  se  asentó  la  sentencia  condenatoria  y  la  respuesta es contundente: no se  conocen   porque   no   se   elucidan   por   el   demandante   más    que  retóricamente.   

          Ha  dicho  la  Corte  a  través  de  reiterada jurisprudencia, que  cuando  se  apela  a  la  causal  3ª  del  artículo 220 de la ley 600 de 2000,  resulta  necesario  aportar  con  la  demanda  elementos  de juicio mínimos que  denoten  las  novedades  fácticas o el aparecimiento de pruebas no conocidas al  momento  de  los debates, pero también debe acreditarse la trascendencia de los  mismos  en el sentido de explicar qué se infiere de ellos y de qué manera esas  nuevas  conclusiones  inciden  en  el  fallo que busca revisarse, para demostrar  así que la decisión debía ser distinta a la que se adoptó.   

          Así se ha expresado la Sala:   

“1. La revisión no es una impugnación más  ni  una instancia   adicional a las ordinarias que permita reabrir los  debates  jurídico  probatorios agotados y concluidos en la oportunidad procesal  debida,  sino  una excepcional acción o medio que procede solo por las causales  que  expresamente  han sido establecidas por la ley con ese fin, en guarda de la  seguridad  jurídica  como  principio  y  necesidad para asegurar la convivencia  pacífica  y  la  vigencia  de  un  orden  justo  propios de un Estado Social de  Derecho.   

“2. La remoción de la res iudicata por la  aparición  de  hechos nuevos o el surgimiento de pruebas no conocidas al tiempo  de  los  debates que establezcan la inocencia del condenado o su inimputabilidad  –numeral  3 del artículo  220  de  la  ley 600 de 2000- impone que en la demanda se demuestre –además-  de  su carácter ex novo, la  aptitud  o  lo  que  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  dado  en denominar su  trascendencia  probatoria  en  orden  a  la  comprobación  de alguno de los dos  aspectos perseguidos con ellas.   

“En  consecuencia  no son los hechos o las  pruebas   que   dejaron  de  incorporarse  al  proceso  o  practicarse  por  ser  desconocidos  durante  su  trámite  las que dan lugar a su revisión; lo serán  aquellas   que   por   reunir   las   mencionadas   condiciones   dan  lugar  al  resquebrajamiento  de  la providencia atacada y al nacimiento correlativo de una  decisión  contraria a lo reconocido inicialmente, pero ajena por completo a los  debates   que   habían   dado   lugar  a  ella.”2   

En  este  caso  el  accionante  no consigue  acreditar  que  esos dos hechos sean de naturaleza determinante para alterar una  sentencia  amparada  por  la  cosa juzgada, como quiera que asumir como un hecho  probado  que  hubo una confabulación para comprometer penalmente a su protegido  en  un delito de concusión, de las nuevas circunstancias de haberse emitido una  sentencia  por  enriquecimiento  ilícito contra uno de sus rivales políticos y  de  haber  renunciado  al pago de perjuicios otro de ellos, es una destemplanza,  primero  porque  el  accionante  les  otorga  un  valor  a  esos sucesos del que  claramente   carecen,   al   colocarlos   como   premisas   inequívocas  de  la  demostración  de  un  complot  contra  su defendido sin acertar a explicarlo, y  segundo,  porque aprovechando el abultado poder suasorio que el actor les asigna  los  quiere  sobreponer en valor a los medios de convicción en que se fincó la  sentencia  y  que  son  mucho  más  consistentes,  como  la  grabación  de  la  conversación  en  la  que  el  ex  gobernador  demanda el pago del dinero y las  interceptaciones   telefónicas   que   complementaron   su   compromiso  en  el  hecho.   

          Sobre  este  punto,  ya  la  Corte  había  tenido  oportunidad  de  expresar  lo  siguiente  en  el auto protestado, líneas que por demás resultan  totalmente pertinentes frente a la insistencia del recurrente:   

“De modo que si la causal tercera requiere  de  una  situación  nueva que tenga la evidencia fáctico probatoria suficiente  para   establecer   la  inocencia  del  condenado  3,  la que refiere el demandante  no  se  ofrece  viable,  pues con ella no logra indicar la razón por la cual la  amistad   del   denunciante,   con   políticos  condenados  por  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito, daría al traste con el acto de concusión que quedó  guardado  en  la  memoria  de  una  grabación  en  la  cual  el mismo sindicado  reconoció      haber      participado.”      4   

          Como  se  ve  el  accionante  emplea  para  el  montaje  de todo su  argumento,   incluso  para  el  de  la  causal  relacionada  con  el  cambio  de  jurisprudencia,  una  premisa  indemostrada y de suyo sofística, consistente en  dar  por sentado que los dos eventos ya mencionados (la condena y la renuncia al  pago  de  perjuicios)  son  indicativos  de  la  existencia  del plurimencionado  complot contra su cliente.   

          Con  ese  giro,  que  constituye  más  una suposición suya que un  hecho  procesal debidamente confirmado, pasa a descalificar los elementos que le  dieron  base  a  la  sentencia.  Claro, porque al partir de la tesis del montaje  entonces  resulta  que  la grabación del acto concusionario realizada por Pedro  Ghisays  Chadid  ya  no se tendría como medio defensivo suyo como víctima y en  consecuencia   asido   de  legalidad  sino  como  un  procedimiento  ilegítimo,  deliberadamente   planeado   para  darle  apariencia  de  delito  y  comprometer  injustamente con él al ex mandatario MANZUR JATTIN.   

          Por  ese  motivo,  la postulación inicial del demandante así como  los  razonamientos  plasmados  en  el recurso naufragan en sus intentos al tener  como   punto   de   inicio   una  afirmación  indemostrada  y  cuyo  juicio  de  trascendencia  queda  en  deuda,  lo cual afecta no solamente el cumplimiento de  los  requisitos  de la causal 3ª del artículo 220 sino también los de la 6ª,  toda  vez que la novedad jurisprudencial que asegura tener incidencia definitiva  en  este  caso  y  que  apunta  a la ilegalidad de las grabaciones cuando no hay  autorización  expresa  por  sus  interlocutores,  nace  de  la  hipótesis  del  montaje,  de  presumir  verídica  la  teoría del entrampamiento, pero como ese  asunto  no  consigue  consolidarse  el  desarrollo  ulterior  del  mismo deviene  irrelevante  al no compaginar su contenido con la situación examinada, merced a  que  ella,  hasta  donde  de demostró en la sentencia, revela que la grabación  que  hizo  el señor Pedro Ghisays Chadid la hizo como víctima y por tanto goza  de plena legalidad.   

          Basta  leer  la  decisión  de la Corte cuya revisión impetra para  percatarse  que  el  tema  de  la grabación de la conversación fue ampliamente  analizado,  la  Corporación  no  solamente se detuvo en sus contenidos sino que  refrendó  los  mismos  corroborando  lo  del  cheque  que  se  menciona  en  la  grabación,  en  fin,  todo para resaltar que la firmeza probatoria del fallo no  flaquea  o  se modifica por las inferencias o suposiciones que con posterioridad  a  él  se  elaboren  a  partir  de  eventualidades  de naturaleza evidentemente  equívoca,  aquello  en  modo  alguno puede colocar en ciernes el blindaje de la  doble  presunción  que  lo  resguarda  en  respeto  del  principio  de  la cosa  juzgada.   

          Para  terminar,  en  cuanto  al  tema  de las interceptaciones, tan  necesario  es  el  juicio  de  trascendencia  en  la  demanda,  en  cuanto  a la  posibilidad   de   una   declaratoria   de   ilegalidad  de  las  mismas  y  sus  consecuencias,  que los efectos que sobrevendrían a esa presunta determinación  tendrían  que superar los razonamientos consignados en el fallo, conforme a los  cuales  pese  a  aceptar en gracia de discusión que las interceptaciones fueran  ilegales  ninguna  incidencia  tendría aquello en la suerte del asunto, como lo  explicó  la  Corte:  “Pero  aún suponiendo en este  caso   que   las  interceptaciones  telefónicas  fueron  realizadas  de  manera  irregular,   otros  medios  de  prueba  suplen  su  contenido.  Véase  como  el  Gobernador  Manssur  y  el  Secretario  Carlos  Díaz  Carrascal reconocen haber  tenido  estos  diálogos, así como suyas las voces impresas en las grabaciones;  y,  en  últimas,  la  misma defensa, sin negar su veracidad se refiere a ellas,  pero   con   el   propósito  de  sacarlas  de  contexto,  lo  que  refuerza  el  planteamiento  de  que  lo  allí impreso es completamente cierto”5   

          En  tal  virtud,  la  Sala  encuentra  infundadas  las  razones del  recurso y sostendrá por tanto la decisión protestada.   

         

          Así  las  cosas,  La  Sala  de Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

Resuelve  

No   reponer  la  providencia impugnada.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ              ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN    

MARINA         PULIDO        DE  BARÓN                JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANÉS                   

             

YESID            RAMÍREZ  BASTIDAS                  JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA                                       

                    

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Fls.  203, cuaderno original.   

2 CSJ,  Sala   de   Casación   Penal,   radicado   23023,   auto  de  16  de  marzo  de  2005.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, providencia del 19 de junio de  2003, radicado 17896.   

4 Cfr.,  fs., 54 de la providencia cuya revisión se solicita.   

5 Copia  sentencia única instancia de 22 de octubre de 1996, fls. 276.     

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