24891(18-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24891  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  124   

Bogotá,  D. C., julio dieciocho (18) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS:  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por  el defensor de la procesada Mélida Rosa Vanegas Epiayu contra  la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior de Riohacha, por medio de la  cual  confirmó la dictada por el Juzgado Penal del Circuito de la misma ciudad,  que  la  condenó  a  penas  de  prisión e inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas,  al  hallarla  responsable  de un concurso de  delitos     de    homicidio    agravado      y     hurto     calificado     y  agravado.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN   PROCESAL:   

1.  Los primeros se  pueden resumir en los siguientes términos:   

1.1.  El  día  13  de diciembre de 1999, la  procesada  y  otras  dos personas solicitaron un servicio de transporte a Yosman  Sanin  Redondo  Mendoza,  conductor  del  vehículo  de  servicio público marca  Toyota Corola, modelo 1995, de placas venezolanas GAA-31G.   

1.2. En proximidades de la Universidad de la  Guajira,  vía  a Valledupar, la víctima fue encañonada con un arma de fuego y  obligada  a desplazarse hasta el kilómetro ocho (8) de la mencionada carretera,  lugar   en   el   que  fuera  amarrada  e  impactada  con  un  proyectil  en  la  cabeza.   

1.3. La víctima fue encontrada en la mañana  del  día  siguiente  y  trasladada a un centro de atención médica para que le  fuera  cuidada  la lesión cerebral que padecía, falleciendo en Barranquilla el  26 de diciembre de 1999.   

2.   Luego   de  presentada  una  denuncia  y  cumplidas  las  averiguaciones propias de policía  judicial  los  hechos  fueron puestos en conocimiento de la Fiscalía General de  la  Nación,  ante  lo  cual  el  20  de  diciembre de 1999 se dispuso adelantar  investigación  previa;  practicadas  algunas  diligencias  el  24  siguiente se  profirió  resolución  de  apertura  de  la  instrucción,  por  lo que, con el  propósito  de  escucharla  en  diligencia  de  indagatoria,  se libró orden de  captura en contra de Mélida Rosa Vanegas Epiayu.   

3.    Según  providencia  del  30  de diciembre de 1999, la Fiscalía Primera de la Unidad de  Delitos  contra  la  Vida  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del Circuito de  Riohacha   impuso   medida   de  aseguramiento  a  la  procesada  como  presunta  responsable  de  los  delitos de homicidio      y     hurto     calificado     y  agravado.   

4.   Luego   de  clausurada  la  instrucción  y  corregido  un defecto procesal advertido por el  juez  de  conocimiento,  el  24  de  julio  de  2000  se  profirió  resolución  acusatoria  en contra de la sindicada por un concurso de delitos de homicidio   agravado,  artículos  323  y  324-7   del  Código  Penal,  y  hurto  calificado  y  agravado,  artículos  349,  350  y 351-6 ibídem.   

5. El 21 de julio de  2005,  luego  de  verificadas  las  audiencias preparatoria y de juzgamiento, el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Riohacha  condenó a la procesada Mélida  Rosa  Vanegas  Epiayu  como  autora  responsable  de los delitos de homicidio    agravado   y   hurto  calificado  y  agravado a las penas  de  360  meses  de  prisión  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones públicas por un lapso de 20 años.   

5.  El  defensor  presentó  escrito  de  apelación  contra  la anterior decisión solicitando la  absolución  de  su  prohijada.  El Tribunal Superior de Riohacha, a través del  fallo  recurrido  en  casación,  expedido  el  22  de  septiembre  de  2005, la  confirmó en su integridad.   

         

LA DEMANDA:  

         

          Un  único cargo,  al  amparo  de  la  causal  tercera  de casación, formuló la defensa contra la  sentencia  de  segundo  grado  “por considerar que con la sentencia objeto del  recurso  se  violaron los artículos 304 y 308 del C.P.P., porque se desconoció  el  procedimiento  establecido  para  recaudar  pruebas  válidas  y lo anterior  sirvió de fundamento para imponer la sentencia”.   

Señala  que la diligencia de reconocimiento  fotográfico  practicada  por  miembros del CTI fue irregular al desconocerse la  normativa  procesal  que  la  regula,  lo  que  deriva  en  un juicio viciado de  nulidad.   

          Solicita casar el fallo y dejar sin valor el mismo.   

CONCEPTO    DE    LA   PROCURADORA   2ª  DELEGADA:   

Hizo un resumen de los hechos y la actuación  procesal.  Luego  analizó  el cargo formulado por el demandante y ante el mismo  expresó:   

1.  Que  la  vía  de ataque escogida por el  censor  es  equivocada  por  cuanto  si  lo  que  denuncia es que una prueba fue  irregularmente  allegada  al  proceso,  se  debe demandar en los términos de la  causal  primera  por  violación  indirecta de la ley sustancial por un error de  hecho derivado de falso juicio de legalidad.   

Señala  que  el  error  de  hecho por falso  juicio  de  legalidad  surge  cuando el juzgador al apreciar una prueba la acoge  pese  a que no cumple con los requisitos y formalidades previstos en la ley para  su  formación  y  validez,  o cuando erradamente la excluye porque asume que no  cumple  con  todas  las  formalidades  que  establece  la  ley  en su práctica,  formación  o  aducción cuando la realidad enseña que sí. Sus consideraciones  las soporta en providencia de ésta Sala de 20 de abril de 2005.   

2.  Pese  a  las  falencias  de  la  demanda  advierte  que  realmente  en  el  proceso  no  se  practicó  la  diligencia  de  reconocimiento  fotográfico  sino  que  la  víctima  expresó  reconocer a sus  asaltantes  y  que  cuando  le  fue  puesta  de  presente  la fotografía de una  persona,  la  señaló  como  autora  del  disparo  que  recibió  en la cabeza,  información  que  fue  aportada a la investigación mediante los testimonios de  Luis  Alfonso  Redondo  Campo,  Wilfredo  Osuna  López  y Emiro Segundo Herrera  Mendoza.   

Luego   de   citar  lo  reseñado  por  el  ad   quem,   defiende  la  valoración  que  hizo  de  los  testimonios indirectos mencionados pues con los  mismos  se  determinó  la  participación  de  la  procesada en los hechos y se  logró  su  esclarecimiento,  de  donde  el desacuerdo con la apreciación de la  prueba  testimonial  debió motivar un ataque por la vía del error de hecho por  falso raciocinio.   

3.  Considera  la  Delegada  que  no  deben  prosperar  los argumentos de la demanda y por ello solicita la improsperidad del  cargo.  Sin  embargo,  al advertir que la pena accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas fue tasada en 20 años, siendo  que  la  normatividad vigente para la época de los hechos establecía para este  tipo  de pena un lapso máximo de 10 años (Código Penal de 1980, artículos 44  y  52),  en  virtud  del  principio  de  legalidad  demanda  de  la  Corte casar  oficiosamente el fallo recurrido   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  La  técnica  de  la  causal  tercera  de casación en la Ley 600 de  2000.   

De  esa  causal se ha dicho de tiempo atrás  que  aun  cuando  admite cierta flexibilidad en su proposición y desarrollo, no  es  de  libre  alegación  pues  la naturaleza y la especialidad de la casación  hacen  ineludible  la  observancia  de  las exigencias técnicas que gobiernan a  este medio de impugnación extraordinario.   

Al  censor  se  le impone en su postulación  identificar  la  clase  de  vicio, esto es, si se trata de una irregularidad que  afecta  la  estructura  del proceso o desconoce las garantías fundamentales del  procesado,  proponerlo  de  acuerdo  con  su  alcance y autonomía invalidatoria  debiendo   hacerlo   en   cargos  separados  cuando  son  varios,  señalar  sus  fundamentos  y  las normas que se estiman lesionadas, y demostrar de qué manera  la  irregularidad  repercute  en  el  trámite y cómo trasciende a la sentencia  impugnada conduciendo a su anulación.   

También  será  imprescindible  indicar  la  etapa  procesal  a partir de la cual se debe invalidar la actuación y demostrar  que  no existe otro medio para subsanar la irregularidad sustancial distinto que  proceder  a  su  reconocimiento,  conforme  a  los  principios  que  orientan la  declaratoria de las nulidades y su convalidación.   

Del  mismo  modo,  la  principialística que  gobierna  las  nulidades  en el proceso penal impone a quien invoca una nulidad,  además  de la referencia a la causal específica (principio de taxatividad), el  deber  de  argüir  de manera clara y precisa en dónde se origina el defecto de  actividad  y  si  éste  no  satisfizo  la finalidad para la que estaba previsto  (principio  de  instrumentalidad  de las formas) y demostrar si el vicio afectó  las  garantías  o  las  bases fundamentales de la instrucción y el juzgamiento  (principio  de  trascendencia). Frente a este último postulado la Sala ha dicho  que   

significa que no hay nulidad sin perjuicio y  sin  la  probabilidad  del correlativo beneficio para el nulidicente. Más allá  del  otrora  carácter puramente formalista del derecho, para que exista nulidad  se  requiere  la  producción  de daño a una parte o sujeto procesal. Se exige,  así,  de  un  lado, la causación de agravio con la actuación; y, del otro, la  posibilidad  de éxito a que pueda conducir la declaración de nulidad. Dicho de  otra  forma,  se  debe  demostrar que el vicio procesal ha creado un perjuicio y  que  la  sanción  de  nulidad generará una ventaja1.   

2.  Una   prueba   ilegal  no  genera  nulidad  del  proceso.   

Tiene  dicho la Sala que cuando se alega que  una  prueba  fue  ilegalmente  practicada o incorporada a la actuación y pese a  ello  apreciada  por los jueces de instancia, no es atinado solicitar la nulidad  de  la  actuación  porque  la  sanción  correspondiente  a las irregularidades  sustanciales  en  el  proceso  de  formación  de las pruebas es la inexistencia  jurídica  de  las  mismas  y  no  la nulidad de las diligencias. Esto porque la  invalidación  del  trámite es excepcional y podría tener lugar exclusivamente  cuando  la  irregularidad  recae  sobre un presupuesto de la estructura procesal  (por  ejemplo, vinculación del imputado, definición de situación jurídica si  procediere,  cierre de investigación, calificación, audiencia, etc.), o cuando  se   evidencia   la   afectación   en   materia   grave   del   derecho   a  la  defensa2.   

3.  El  ataque  a la legalidad de la prueba debe hacerse por la vía del  falso juicio de legalidad.   

La Sala ha precisado reiteradamente en punto  de  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial determinada por errores de  hecho,  que  estos  se  presentan  cuando el juzgador se equivoca al apreciar la  prueba,  bien  sea porque obrando en el proceso omite valorarla (falso juicio de  existencia  por  omisión);  ya  porque  sin figurar en la actuación supone que  allí  aparece  y la tiene en cuenta en su decisión (falso juicio de existencia  por   suposición);   ora   porque  al  considerarla  distorsiona  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso juicio de identidad);  también,  cuando  sin  incurrir  en  alguno  de los yerros referidos deriva del  medio  probatorio  deducciones  que  contravienen  los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las  reglas de la experiencia (falso raciocinio).   

Cuando  se  discute  la  ilegalidad  de  una  diligencia  de  reconocimiento fotográfico se tiene dicho que le corresponde al  demandante  formular  el cargo por violación indirecta  de  la  ley  sustancial  determinada  por errores   de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  con el deber de acreditar que los falladores valoraron y tuvieron  en  cuenta  en  su  decisión  un  medio de prueba aportado al proceso de manera  irregular  por  desconocimiento  de los presupuestos establecidos en la ley para  su  aducción  o respecto de su eficacia, debiendo entonces identificar el medio  de  prueba  tachado  de ilegal, exponer en qué consistió la contrariedad de la  ley,  cuál  fue su injerencia en el sentido del fallo impugnado y demostrar que  al  ser  marginada  la  referida prueba, las demás, esto es, aquellas sobre las  que  no  hay  reproche,  conducen  a  que  las conclusiones de la sentencia sean  sustancialmente     diversas,    proceder    que    no    emprendió3.   

4.   El   caso  concreto.   

La  revisión de la demanda permite deducir  que  en ella el casacionista se aparta de las pautas fijadas por la Sala para la  postulación  y  desarrollo de los cargos, entre las cuales está el deber de su  formulación  con indicación clara y precisa de sus fundamentos que le permitan  a la Corte ordenar su trámite.   

En  la  demanda  no  se señala cuál es la  trascendencia  del  vicio  y  tampoco  se precisa el momento desde el cual está  afectada  la  actuación  para  de tal manera disponer la nulidad a partir de un  punto  procesal  específico.  El censor se limitó a abordar el análisis de la  prueba    en    que    estima    se    sustenta    la   sentencia   –el            reconocimiento  fotográfico–    para  realizar  su  propia estimación, comportamiento que deja convertido su discurso  en  un  alegato  de  instancia,  pues  con  prescindencia  de  la  asertividad y  objetividad  de la existencia y demostración del error demandable en casación,  termina   por   oponer  a  las  conclusiones  del  ad  quem,   sus   particulares   análisis,   estrategia  inadmisible      en      sede     extraordinaria4.   

Ha  de advertirse que uno de los principios  que  gobiernan  las  nulidades  es  el  de  la  trascendencia  del  defecto. Tal  principio  implica  que  quien  solicita  la  declaratoria  de  nulidad tiene el  indeclinable  deber  de  demostrar  no  sólo  la ocurrencia de la incorrección  denunciada,  sino  que esta afecta de manera real y cierta las garantías de los  sujetos  procesales  o socava las bases fundamentales del proceso. El recurrente  no  dice  nada  sobre  el  particular  porque  ciertamente con el hecho de haber  proferido  la  Fiscalía  las  resoluciones  de cierre de la investigación y la  calificatoria  del  mérito  sumarial,  está  supliendo la omisión precedente.   

La  nulidad  alegada  por  el demandante se  deriva  de  hechos  ocurridos en la etapa instructiva. Sobre el particular se ha  expresado que   

en  punto  del  traslado  dispuesto  en  el  artículo  400 de la Ley 600 de 2000 para que los sujetos procesales preparen la  audiencia,  invoquen  nulidades originadas en la etapa de instrucción que no se  hayan  resuelto,  y  soliciten  la  práctica de pruebas, es claro que ese es el  instante  oportuno  para  deprecar  una  nulidad  puntualmente  hablando, lo que  convierte    en    extemporáneo    el    reclamo    cuando    se    hace    con  posterioridad5.   

Así  mismo  ha de tenerse en cuenta que el  proceso  tiene una progresión dialéctica y en ese propósito se articula sobre  la   base  del  principio  de  preclusión,  de modo que, en ese marco y en el de las finalidades axiológicas  del  proceso penal, los jueces deben lograr la solución del problema planteado,  buscando  realizar  la  justicia  en  el  marco de la interpretación de la ley,  entendida  como  la  expresión de un proceso democrático en el cual además de  su  coherencia  interna  se  respeten  los  fundamentos  y  valores  del  estado  democrático           de           derecho6.   

Como    lo    resaltó   la Agente del Ministerio Público, cuando  se  busca  excluir  una  prueba  que se reputa como ilegal es menester acudir al  error  de derecho por falso juicio de legalidad, pues en tales eventos el ataque  se  dirige  a  demostrar  que  en  el fallo se está acogiendo una prueba que no  puede   ser   tenida  como  tal, bien porque no cumple  los  requisitos  y  formalidades  previstas  en  la  ley  para  su  formación o  validez  ora  porque  en su formación y aducción se  desconoció   el   debido   proceso   o   el   derecho  de  defensa.  El demandante desconoció este antiguo  desarrollo  jurisprudencial y el ataque de la prueba lo edificó a partir de una  inexistente causal de nulidad del proceso.   

Adicionalmente,  ha  de  aclararse  que  al  proceso  no se allegó una diligencia de reconocimiento fotográfico, razón por  la  que  no tenían que cumplirse las formalidades del artículo 304 del Código  de  Procedimiento  Penal.  Mediante  declaraciones  testimoniales,  vertidas  al  proceso  sin  observación  alguna por parte del libelista, se estableció que a  la  víctima  le fue presentada una fotografía en la que aparecía una persona,  momento  en  el que ésta procedió a señalarla como responsable de los ataques  que había sufrido.   

En  conclusión,  deben  ser  despachadas  desfavorablemente     todas     las    alegaciones  del    demandante   dirigidas   a   la   anulación  de     la   proceso,   pues   las   mismas   no  constituyen  vicios  que  atenten contra las garantías fundamentales ni afectan  la   estructura  del  proceso;  adicionalmente,  en  su  caso  se  presentó  la  convalidación    y    la    demanda   no  fue  suficientemente  motivada  ni  la  Corte  encuentra en los  yerros   alegados  motivos  para  declarar la nulidad del proceso. Por ello y de acuerdo con el concepto del  Ministerio Público, el cargo no prospera.   

Casación  oficiosa:   

Desde  la  codificación procesal de 1991,  artículo  219,  uno  de  los fines de la casación lo  constituye  la efectividad de las garantías debidas a  las  personas  que intervienen en la actuación penal,  razón  por  la cual la Sala Penal de la Corte Suprema  de  Justicia  está  en  el  deber de pronunciarse cuando lo considere necesario  para  la  garantía  de  los  derechos fundamentales7.  Y  una  de  las  garantías más preciadas en el derecho  penal  consiste  en  que  las  condenas  que  recaigan  contra cualquier persona  respeten  la legalidad del  delito, de la pena y de su ejecución.   

En   el  presente  asunto  el   a   quo  resolvió  imponer  a  la  procesada  una  “pena accesoria (de) inhabilidad de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  término  de  veinte  (20) años”,  decisión   confirmada  por  el  ad  quem.   

Para  el momento de los hechos,   regía   en   Colombia  el  Código  Penal   de       1980,         contenido    en   el Decreto Ley 100  de  1980,  estatuto  en  el que  se   establecía  que  la  duración     máxima     de     la     pena     accesoria    de    interdicción  de  derechos  y  funciones públicas era de diez (10)  años (artículo 44).   

Si bien dicha normatividad fue derogada por  medio  de  la  Ley  599  de  2000  y  se  dijo  que  la  nueva pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas tendría  una  duración de cinco (5) a veinte (20) años (artículo 51), se debe preferir  la  norma más favorable y, en consecuencia, darle aplicación ultra-activa a la  codificación de 1980.   

De  lo  anterior  se  sigue  que  la  pena  accesoria  o  privativa de otros derechos  a  imponer  a  la procesada, siguiendo el derrotero señalado por  las  instancias,  tiene  que  ser  la  máxima  legal  posible  por  lo  que  en  consecuencia   la   misma   debe   fijarse  en  diez  (10)  años,  imponiéndose    en    tal   punto   y  oficiosamente   casar  la  sentencia.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  y  de común  acuerdo  con  el  criterio de la Procuraduría, la Sala de Casación Penal de la  Corte   Suprema   de   Justicia, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:   

1.  NO  CASAR  la  sentencia impugnada con base en la demanda.   

2.      CASAR,      oficiosa      y  parcialmente, el fallo de segundo grado, para señalar  que  a  la  procesada  Mélida  Rosa  Vanegas  Epiayu  se  le  impone la pena de  interdicción  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un lapso  de diez (10) años.   

3.  Contra  esta  providencia no procede ningún recurso.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

  ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ             MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMUS   

JORGE        L.       QUINTERO  MILANÉS             YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

  JULIO   E.   SOCHA  SALAMANCA               MAURO SOLARTE PORTILLA         

  JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Sentencia   de   casación  del  26  de  noviembre de 2003, radicación 11135.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Auto  de  casación  del  20  de abril de 2005, radicación  21899.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Auto  de  casación  del  30  de marzo de 2005, radicación  23281.   

4 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Sentencia de casación del 6 de abril de  2005, radicación 20007.   

5 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Auto  de  segunda  instancia  del  26  de  enero  de  2006,  radicación 24843.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Auto  Colisión  de  Competencia  de  30  de marzo de 2005,  proceso 23407.   

7 En la  Ley  600  de  200,  artículo  216,  se  estipula  que  la Corte “podrá  casar  la  sentencia  cuando  sea  ostensible  que la misma  atenta  contra  las garantías fundamentales”. Y la Ley 906 de 2004, artículo  184,  dispone  que  atendiendo  a  los  fines  de  la  casación  (entre  los  que  sobresale  el  respeto  de  las  garantías  de los  intervinientes),  la  Corte  deberá  superar  los  defectos  de la demanda para  decidir de fondo.     

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