26190(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26190  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         Magistrado  Ponente:   

       Dr.   SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

      Aprobado  Acta  No.  224   

          Bogotá, D. C., catorce de noviembre de dos mil siete.   

VISTOS  

Juzga la Corte en sede de casación el fallo  de  segundo  grado  del 2 de mayo de 2006, proferido por el Tribunal Superior de  Medellín,  por  medio del cual confirmó la sentencia anticipada dictada por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma ciudad, que  condenó  al  procesado  ÓSCAR  MAURICIO  MESA CORREA a la pena principal de 13  años  de  prisión,  multa por la suma de 1.972 salarios mínimos mensuales y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por el mismo término de la pena privativa de la libertad, como autor  de  los  delitos  de  tráfico  de  estupefacientes  y  concierto para delinquir  agravado.   

HECHOS     Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

Los hechos que se declararon probados fueron  narrados de la siguiente forma por el Tribunal:   

“Previo  disponer  la  interceptación  de  varios abonados en el área Metropolitana del  Valle  de Aburrá, hacer seguimiento y grabaciones de múltiples conversaciones,  todo  ello,  a  partir  del  26  de  junio  de  2003,  se  logró establecer que  diferentes  personas,  entre  ellas  ÓSCAR  Mauricio  Mesa  Correa, debidamente  concertadas,  se  dedicaban  a  reclutar personas con el fin de utilizarlas como  “correos   humanos”   y   enviarlas  “cargadas”  con  heroína  a  otras  latitudes,  especialmente  a  Estados  Unidos  de  Norteamérica,  habiendo sido  capturados  en  esta  actividad  y en claro estado de flagrancia, llevando en su  cuerpo  dicho estupefaciente Patricia Eugenia Cardona Castrillón, ÓSCAR Javier  Tamayo  Cardona  y  Andrés  Felipe  Cardona  Vélez,  los  dos primeros con mil  noventa gramos y el tercero seiscientos setenta y siete gramos.”   

La  investigación  por  tales  hechos  fue  asumida   por   la   Fiscalía   14  Delegada  adscrita  a  la  Unidad  Nacional  Antinarcóticos  y  de  Interdicción  Marítima,  que abrió la correspondiente  investigación  previa  el  27  de  junio  de  2003  y  luego,  el 5 de marzo de  2004,   la  apertura  de instrucción formal a que fueron vinculadas varias  personas,  entre  ellas,  el aquí procesado ÓSCAR MAURICIO MESA CORREA, contra  quien  el  fiscal  instructor  ordenó  la captura, que se llevó a cabo el 9 de  marzo  del  mismo  año y  tres días después se le escuchó en diligencia  de indagatoria.   

El  25  de  marzo  de  2004, se resolvió su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva sin  excarcelación,  como  presunto  autor del delito de tráfico de estupefacientes  en concurso con el delito de concierto para delinquir.    

El  2  de diciembre de 2004, se clausuró la  instrucción   decisión contra la cual la defensa de MESA CORREA interpuso  recurso  de  reposición,  al que accedió el despacho instructor en resolución  de  19  de enero de 2005, reponiendo la decisión y en su lugar fijó fecha para  llevar  a  cabo  diligencia  de  formulación  de  cargos con fines de sentencia  anticipada, de acuerdo con lo peticionado por el procesado.   

La diligencia respectiva se llevó a cabo en  el  curso  de  dos sesiones realizadas el 10 de febrero y 2 de marzo de 2005, en  el   curso   de   la   cual   el   procesado  aceptó  cargos  por  “tráfico  de  estupefacientes,  tipificado en el artículo 376 de  la  ley  599 de 2000, en forma no legal, con evidente puesta en peligro del bien  jurídico  de  la  salud  pública, comportándose de una manera conciente y sin  ningún  tipo  de  coacción,  es decir con dolo, incluyendo en su conducta a su  vez  la  agravación  específica  del  numeral  3  del  artículo 384 del mismo  estatuto  y  en  concurso  con  concierto  para  delinquir  artículo 340 inciso  segundo del estatuto mencionado”(fol. 180, cuaderno No. 8).   

El  asunto pasó entonces al Juzgado Segundo  Penal  del Circuito Especializado de Medellín, despacho que el 11 de octubre de  2005  dictó  sentencia en los términos reseñados al inicio de esta decisión.  Se  destaca  que  en  esta  decisión  el  juzgador  de  primera  instancia,  al  pronunciarse  sobre  la  rebaja  de  pena por razón de la sentencia anticipada,  sostuvo  que  no  era  aplicable  por favorabilidad, la rebaja de hasta la mitad  contenida  en el artículo 351 de la ley 906 de 2004, por cuanto dicho instituto  en  relación  con  la  figura  de  la  sentencia  anticipada  consagrada  en el  artículo  40 de la ley 600 de 2000 no coincidía en sus estructuras y obedecía  a   una   mecánica   jurídica   distinta.   Por  lo  tanto,  tuvo  en  cuenta,  exclusivamente  la  tercera  parte  determinada en el artículo 40 de la ley 600  quedando  la  pena  definitiva  en  ciento  cincuenta y seis (156) meses – trece  años  de  prisión-  y  el  equivalente  a mil novecientos setenta y dos (1972)  salarios mínimos como multa.   

Impugnada  la  anterior  determinación,  el  Tribunal  en  decisión  de  2  de  mayo  de  2006, confirmó la declaración de  responsabilidad  y  la  pena  impuesta,  pero se apartó de la última tesis del  A-quo,   señalando   que  la  sentencia  anticipada  y  el  allanamiento  a  la  imputación  “son  situaciones  susceptibles de identificarse, en virtud de su  ocurrencia  antes  de  la  acusación  y  principalmente  por  tratarse  de  una  aceptación unilateral de cargos”.   

No  obstante, señaló que la máxima rebaja  de  la  ley  –mitad de la  pena  impuesta-  está  prevista  para  una inmediata aceptación, en la primera  oportunidad  procesal  del caso, regla que no era aplicable a este evento porque  el  procesado  inicialmente asumió una posición de inocencia, dejando pasar el  tiempo,  lo  que  le  significó  a la Fiscalía la realización de una compleja  actividad  investigativa, por lo que aún bajo el supuesto del artículo 351, el  procesado  no  puede  esperar que se le conceda una mayor rebaja de pena a la ya  dispuesta de una tercera parte.   

Contra la anterior determinación el defensor  de  ÓSCAR MAURICIO MESA CORREA interpuso recurso de casación, cuya demanda fue  admitida  en  auto del 6 de octubre de 2006, en el que se dispuso el traslado de  rigor  al  Procurador Delegado, cuyo concepto se recibió en este despacho el 17  de octubre de 2007.   

         

LA  DEMANDA   

Un  único  cargo  al  amparo  de  la causal  primera  -violación  directa  de  la  ley  sustancial-  anuncia  el defensor de  MAURICIO  MESA  CORREA, alegando que el juzgador violó los artículos 3, 4, 6 y  13  del Código Penal y el 29 de la Carta Política, por la aplicación indebida  del artículo 351 de la Ley 906 de 2004.   

Sostiene que el yerro del Tribunal consistió  en  que  al  hacer  la  comparación  entre  las  dos  instituciones:  sentencia  anticipada  y  aceptación  de  cargos  del  nuevo  sistema penal acusatorio las  encontró  razonablemente identificables, pero finalmente no aplica el artículo  351  porque  realiza  una  comparación  de  las  figuras,  “sometiéndolas  a  instancia  de  tiempo  y  de  demora  en  su  trámite”,  cuando  debieron ser  analizadas  en  su  semejanza jurídica, pero no bajo la perspectiva del momento  de su acogimiento.   

Afirma que al comparar los institutos, no es  posible  asimilar  los  disímiles procedimientos que consagran las Leyes 600 de  2000  y  906  de  2004,  por  lo  que  el  Tribunal  sólo  debió considerar su  “semejanza   jurídica”,  aceptando  que  el  procesado,  previamente  a  la  acusación,  le  evitó  al  Estado  el  desgaste  judicial  de  las  etapas  de  investigación y juzgamiento.   

Acusa  al  juzgador de segunda instancia, de  haber  hecho  una  interpretación soslayada y desfavorable del artículo 351 de  la  ley  906 de 2004 que consagra una rebaja de la mitad, pues no tuvo en cuenta  que  su  defendido, previamente a la acusación, le evitó al Estado el desgaste  judicial  de  la  etapa tanto de la investigación como del juzgamiento. Esto en  razón  a  que  evitó  los traslados previos a la acusación, la resolución de  acusación  y  toda  la etapa de juzgamiento en proceso que pudo haber llegado a  tener una duración no menor a los dos años.   

Para  el  casacionista,  el  error  en  que  incurrió  la  segunda  instancia  constituye una violación directa del derecho  sustancial,  por aplicación incorrecta de las normas legales y constitucionales  relativas  a  la  proporcionalidad, razonabilidad de las penas, legalidad de las  mismas y favorabilidad de la ley penal.   

De  igual  forma,  al no habarse aplicado el  principio  de  favorabilidad  como  garantía  del  proceso,  se  desconoció el  precedente   jurisprudencial   contemplado   en   la   sentencia   de  la  Corte  Constitucional  T-091  del 10 de febrero de 2006, que señala que los institutos  de  sentencia  anticipada de la ley 600 y la aceptación de cargos consagrada en  la  ley 906 son beneficios similares que solo presentan diferencias graduales de  rebaja  de  pena  dependiendo del momento procesal en que se acepten los cargos,  al  otorgar  una  rebaja  de  pena  de  la tercera parte, a quien los acepte con  posterioridad  a  la  formulación  de  la  acusación,  según  lo establece el  artículo 352 de la ley 906.   

En  este caso, insiste, al procesado MESA se  le  formularon  cargos  con  fines  de sentencia anticipada antes del cierre, es  decir  antes de la resolución de acusación. Por lo tanto, al existir semejanza  jurídica  entre  la  sentencia  anticipada  y  la  aceptación de cargos debía  otorgársele  la rebaja de la mitad y no la tercera parte porque esta última se  aplica en aquellos casos en los que ya ha existido acusación.   

El  ad-quem  realizó  una  interpretación  normativa  desfavorable  por  cuanto  la  norma  existente  en  el  tránsito de  legislación  procesal penal que otorga la rebaja de la tercera parte se refiere  expresamente  a  la  aceptación  de  responsabilidad  con  posterioridad  a  la  formulación   de  la  acusación,  situación  que  no  se  presentó  en  este  caso.   

Aclara  que  lo  que  se  discute  no  es la  aplicabilidad  del principio de favorabilidad del artículo 351 de la ley 906 de  2004,  sino  la  interpretación  procesal que el tribunal de instancia le dio a  dicha  preceptiva,  desfavorable para el procesado MESA CORREA, al desconocer su  verdadero  sentido  y alcance, ya que conceder la rebaja de pena estipulada para  la  aceptación  de  cargos  con  posterioridad  a la acusación, a quien los ha  aceptado  antes de dicha diligencia, constituye un acto de desequilibrio legal y  judicial.   

Solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  emitida  por  el  Tribunal  Superior  de Medellín el 2 de mayo de 2006, y en su  lugar  conceder la rebaja de hasta la mitad consagrada en el artículo 351 de la  ley  906  de  2004,  es  decir  rebajar  la  condena a 117 meses y multa de 1479  SMLMV.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal  (e),  advierte  que  el  casacionista  incurre en una serie de  contradicciones,  pues  denuncia  en  primer  lugar  la aplicación indebida del  artículo  351  de  la  ley  906  de  2004, pero después afirma que el juzgador  interpretó  inadecuadamente  dicha  norma,  además  de  que  también  resulta  contradictorio  que  el  censor  asevere  que  no  se  aplicó  el  principio de  favorabilidad  (falta de aplicación) y luego diga que no discute la aplicación  de  dicho  principio, es decir que esta de acuerdo con la selección de la norma  pero  que el tribunal le dio una interpretación poco favorable (interpretación  errónea),  falencias  que, sin embargo, dejan entrever claramente el objeto del  disenso.    

En orden a dar respuesta a la alegación del  demandante,  el Procurador Delegado parte de admitir como válidos los criterios  jurisprudenciales  contenidos en las sentencias T-1211 de 2005, T-091 y T-966 de  2006  de  la  Corte Constitucional, en el sentido de que la sentencia anticipada  por  aceptación  de  cargos  del  artículo 40 de la ley 600 de 2000, regula un  supuesto  de  hecho  análogo  en  cuanto  a  la  naturaleza, características y  finalidades  al  allanamiento  de  cargos en la diligencia de formulación de la  imputación,  consagrada  en  los  artículos  28,  356-5 y 367 de la ley 906 de  2004.   

En  criterio  de  la  delegada,  si  bien es  cierto,  la  naturaleza  de  cada  uno  de  los institutos aludidos se encuentra  inmersa  y  hacen  parte  de estructuras procesales cuya filosofía y alcance es  distinto  en tanto pertenecen genéricamente a esquemas procesales que difieren,  y   que  en  el  caso  de  un  sistema  acusatorio  ostenta  mayores  rasgos  de  distinción,   la   unilateralidad   en   la   manifestación  de  voluntad  sin  condicionamientos  encaminada  a  no agotar el trámite ordinario del juicio con  miras  a obtener una contraprestación punitiva es una característica inherente  tanto  en  el  allanamiento simple a los cargos de la ley 906 de 2004 como en la  sentencia  anticipada  prevista  en  la  ley  600  de  2000,  justificándose el  beneficio  en  ambas  modalidades  por  el  ahorro  de  jurisdicción y trámite  investigativo que significa la aceptación.   

Agrega que ambas figuras suponen entonces una  rebaja  punitiva  cuando  el  procesado  admite  los  cargos que se le formulan,  cuestión  que  refleja  una  política criminal premial encaminada a aliviar la  situación  de  quien  de  alguna  manera  renuncia  a  una parte del derecho de  defensa  en  beneficio  de la eficacia de la administración de justicia. Por lo  tanto,  el  que  un estatuto otorgue al sujeto pasivo de la acción penal mayor,  menor  o  ninguna  posibilidad  de negociar los términos de su “rendición”  que  el  otro,  ninguna  diferencia trascendental constituye para afirmar que la  finalidad  y  la  filosofía de las instituciones es la misma, pues, no es sólo  en  cuanto  a  los  efectos  (rebaja  punitiva) sino realmente en la concepción  político criminal de las figuras involucradas.   

Trae a colación las rebajas que cada uno de  los  estatutos  procedimentales  consagra  para los institutos de que se trata y  advierte  que  en  la  Ley 600 estas son fijas mientras que en la ley 906 dos de  ellas  son variables por cuanto indican que se puede rebajar la pena “hasta”  la  mitad  y  “hasta”  la  tercera parte. No obstante, ello no es suficiente  para  efectuar  un juicio de favorabilidad y afirmar que estás últimas son las  que   inexorablemente   deben  aplicarse,  porque  cada  caso  debe  ser  mirado  independientemente,  pues  en  últimas  es  el  juez el llamado a fijar la pena  dentro  de los parámetros establecidos legalmente y luego efectuar la rebaja de  pena  que  corresponda  por  la  aceptación  de  cargos,  para cuyo efecto debe  analizar  aspectos  como el mayor o menor esfuerzo y actividad desplegada por la  administración  de justicia en la consecución de los fines y objetivos, motivo  por  el  cual es equivocada la apreciación del actor en cuanto considera que la  rebaja  que  debió  hacerse  a  su  defendido corresponde a la mitad de la pena  impuesta.   

Tampoco  comparte el criterio del demandante  cuando  señala que la rebaja de la tercera parte de la pena está instaurada en  la  ley  para  aceptaciones  de responsabilidad posteriores a la acusación, sin  tener  en  cuenta  que el artículo 352 de la Ley 906 de 2004 no es aplicable al  caso  por  cuanto  esta  disposición  lo  que  regula es una rebaja fija de una  tercera  parte  para  los  preacuerdos  posteriores  a  la  presentación  de la  acusación,  norma que difiere del artículo 356 numeral 5 de la misma ley en la  que  se  permite  una rebaja hasta en la tercera parte cuando el allanamiento de  los cargos se produce en la audiencia preparatoria.   

Señala que mientras la ley 600 de 2000 no da  márgenes  de  discrecionalidad  en  la aplicación de las diminuentes por parte  del  juez,  en cuanto que estas son invariables (una tercera y una octava parte,  respectivamente),  la  ley  906 de 2004, si le permite al juez moverse dentro de  unos  límites  mínimo  y  máximo  (hasta  la mitad y hasta una tercera parte,  respectivamente),  cuando  el  imputado o acusado se allana o acepta los cargos,  antes  de  que  el  fiscal  presente  escrito  de  acusación, o en la audiencia  preparatoria,  respectivamente.  Esto  permite  afirmar  que en tales eventos el  juez  deberá  tener en cuenta en cada caso concreto, no solo las circunstancias  temporales  o  momento  procesal en que el imputado se allana a los cargos, sino  que  también  deberá  evaluar  los esfuerzos y las labores desarrolladas y los  resultados  obtenidos por la fiscalía en torno a la materialidad de la conducta  punible  y  determinación de la responsabilidad de los autores y partícipes y,  sobre  tales  parámetros  establecer proporcional y razonablemente el quantum o  fracción aplicable al caso.   

Para  el  Delegado  no  es  lo  mismo que el  imputado  se allane a los cargos en la audiencia de formulación de imputación,  que  faltando  uno  o  dos  días para que venza el término que tiene el fiscal  para  presentar  escrito  de  acusación,  ya  que  en  este evento se parte del  supuesto   de  que  el  ente  acusador  ha  obtenido  los  elementos  materiales  probatorios  suficientes para acusar y consecuentemente afrontar el juicio oral.   

De  esa  manera, estima el señor Procurador  que  el  Tribunal  Superior  de Medellín aplicó adecuadamente el contenido del  artículo  351  de la Ley 906 de 2004 al caso concreto, pues aunque no modificó  el  quantum  de  la tercera parte de rebaja de la pena otorgada por el A-quo con  fundamento  en  el  artículo  40 de la ley 600 de 2000, ello obedeció a que de  acuerdo  con la nueva normatividad, el juez tiene la facultad de movilidad entre  un  mínimo y un máximo, lo cual, permite concluir que frente al caso concreto,  ante  la  circunstancia  de  que  el procesado se acogió a sentencia anticipada  tardíamente  y,  luego  de que la fiscalía hubiese logrado prueba para acusar,  puesto  que  ya  se  había  dispuesto  el  cierre,  no  resulta proporcional ni  razonable  otorgarle  el máximo de rebaja consagrado en la citada disposición.   

Sobre  esa  base,  considera que el cargo no  debe  prosperar, razón por la cual solicita a la Corte que no case la sentencia  demandada.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Antes  de  entrar al punto que es materia de  discusión  en  este  caso,  parte  la  Sala  de  reafirmar, como lo ha hecho en  múltiples  casos,  que  la  gradualidad  en  la aplicación del llamado sistema  acusatorio,  introducido  a través de la reforma constitucional contenida en el  Acto  Legislativo  No.  3  de  2002  y desarrollado en la Ley 906 de 2004, no es  óbice  para  que, por favorabilidad e igualdad, se apliquen específicas normas  de  tal sistema a procesos que en principio no se encuentran bajo su imperio por  razones   espaciales  o  temporales,  pero  ello,  desde  un  principio,  quedó  condicionado  a  que  se  trate  de  idénticos  supuestos  normativos  y que el  precepto  del  nuevo  Estatuto Procesal cuya aplicación favorable se invoca, no  se  entienda  solamente en el marco de la nueva sistemática de investigación y  juzgamiento.   

          El  concepto  amplio  que  tiene la Sala frente a la aplicación del  principio  de favorabilidad, no puede conllevar a que, con su pretexto, se pueda  invocar,  por  ejemplo,  la aplicación íntegra del nuevo sistema procesal a un  caso   no  cobijado  por  su  vigencia,  pues,  de  un  lado,  el  principio  de  favorabilidad  es  predicable  de  cara  a  institutos  contenidos en uno u otro  método     de     juzgamiento     –los  contenidos  en  las  Leyes  600 de 2000 y 906 de 2004- en tanto  discurran  coetáneamente,  y, de otro, la igualdad sólo es predicable frente a  individuos  que  se encuentran en condiciones similares, o mejor expresado, como  el  fin  último  de  cualquier  sistema  procesal es el de servir de ámbito de  garantía  a los derechos del individuo, es claro que cada sistema por sí mismo  contiene   una  estructura  interna  propia  que  materializa  y  desarrolla  el  catálogo    de    garantías    fundamentales    consagradas    en   la   Carta  Política.     

          Por  lo  tanto, no puede perderse de vista que tanto la Ley 600 como  la  906  responden a sistemas procesales expedidos por el legislador con arreglo  y   en   desarrollo  de  normas  constitucionales  diferentes,  por  lo  que  la  comparación  para  establecer  cuál  de  las  normas sustanciales coexistentes  inserta  en alguno de los dos sistemas de juzgamiento que hoy operan en el país  resulta   más   favorable,   abarca  la  necesaria  comparación  del  régimen  constitucional dentro del cual fue emitida.   

De   allí   que   la  aplicación  de  la  favorabilidad  respecto  de determinadas normas contenidas en la Ley 906 a casos  regulados  por  la  Ley  600,  depende  de  la  equivalencia  de los respectivos  institutos,  la  cual  no  se  consolida  en  los  casos de la aceptación de la  imputación  en la audiencia de su formulación prevista en los artículos 293 y  351  de  la  primera  normatividad,  y  la  sentencia  anticipada regulada en el  artículo  40  de la segunda, pues además de que fueron moldeados con arreglo a  esquemas   constitucionales   diferentes,   configuran   institutos   procesales  sostenidos   en  bases  filosóficas  distintas:  aquél  en  el  paradigma  del  consenso, ésta en el del sometimiento.     

          Frente  al tema objeto de debate en este caso, se recuerda que en un  primer  momento  del  análisis  de  la  figura  del allanamiento a cargos en la  audiencia  de  formulación de la imputación, la Sala estimó que se trataba de  una   modalidad   de  los  llamados  “preacuerdos  o  acuerdos”,   porque   dicho   allanamiento  siempre  conllevaba  a un acuerdo sobre el monto de la rebaja de pena, como discurrió la  Corte,   por  ejemplo,  en  el  fallo  de  casación  del  14  de  diciembre  de  20051:   

          “7.2.1.   Uno   de   los   propósitos  planteados  desde  la  iniciativa de reforma constitucional que se convirtió en  el  Acto  Legislativo  03 de 2002, fue la creación de un sistema procesal penal  de  partes  y  no  hay  duda  que  se  logró  si  se  tiene en cuenta que es la  estructura  a  la  que de manera preponderante responde el finalmente modelado a  través  de la ley 906 de 2004, en el cual tienen operatividad los principios de  consenso   –propio  del  sistema    acusatorio    anglosajón— y de oportunidad.   

“7.2.2.   El  primero  se  encuentra  desarrollado  a  partir  del artículo 348 de esa ley, disposición en la que se  establece  que la Fiscalía y el imputado o acusado podrán llegar a preacuerdos  –o acuerdos pues no existe  ninguna  diferencia   entre  las expresiones como lo acredita el hecho  de  que  el  legislador  se  refiera  a  una  y otra indistintamente—  que  impliquen  la  terminación del  proceso.   

“Se precisa en el precepto, además, que al  celebrar  los  acuerdos el Fiscal debe observar las directivas de la Fiscalía y  las  pautas  trazadas  como  política  criminal  “a  fin  de  aprestigiar  la  administración  de justicia y evitar su cuestionamiento”, lo cual traduce que  el  funcionario  no está obligado en todos los casos a llevarlos a cabo y menos  a  cualquier  precio,  sino que debe encontrarse preparado para ganar el proceso  en el juicio.   

“7.2.3.   Las   finalidades   de   las  negociaciones  y acuerdos entre Fiscalía e imputado o procesado, declaradas por  el legislador en la norma citada, son:     

* Humanizar   la  actuación procesal y la pena.   

* Obtener  pronta  y  cumplida justicia.   

* Activar la solución  de los conflictos sociales que genera el delito.   

* Propiciar   la  reparación   integral   de   los   perjuicios   ocasionados   con  el  injusto.  Y,   

* Lograr   la  participación del imputado en la definición de su caso.     

“En particular ésta última, originada en  el  principio  democrático  de  facilitar  la  participación  de  todos en las  decisiones  que  los  afectan  contenido en el artículo 2º de la Constitución  Política,  se  vincula  con  la idea de una justicia en la que sin desconocerse  los  derechos  de  la  víctima  y el interés de la Fiscalía por lograr cierta  respuesta  sancionatoria en un caso concreto, el procesado siempre cuenta con la  opción  de  anticipar  la  sentencia a cambio de una rebaja en la pena, así la  Fiscalía  se  niegue a conversar con él para negociar sobre hechos a imputar y  consecuencias.   

“Lo  puede hacer a través de la figura de  la  aceptación  de  cargos,  presente  a  lo  largo  del  trámite procesal con  diferente  impacto  en  la  pena  a imponer según el instante del allanamiento,  debiéndose  eso  sí acordar con la Fiscalía la porción de la rebaja punitiva  en   todos   aquellos   casos   en   los   que   la  misma  sea  flexible  y  no  automática.   

“7.2.4. El establecimiento de disminuciones  movibles  en  sistemas  de  justicia  criminal consensuada o paccionada, como la  denominan  algunos,  hacen  de  la  admisión  de cargos un derecho relativo del  procesado  pues  aunque  es  absoluto  el  de  declararse  culpable  de  ellos y  renunciar  al  juicio,  puede  pasar que su aspiración de rebaja  punitiva  (al  máximo posible, por ejemplo), no  se vea satisfecha porque el Fiscal,  en  virtud  de  consideraciones  vinculadas a fijarla, que no corresponden a los  criterios  para  dosificar  la pena, esté en desacuerdo con pactarla y ofrezca,  en cambio, un descuento menor.   

“Es  una eventualidad que puede ocurrir y,  en  tales  casos,  con  fundamento en que el allanamiento a cargos es un derecho  del  implicado,  no  se le puede imponer al Fiscal acceder a una pretensión que  en  el  caso  concreto desborda las directrices de la institución en materia de  negociaciones  y  acuerdos,  las  pautas de política criminal, o simplemente el  equilibrio  entre  el  ahorro de esfuerzo jurisdiccional en el caso concreto y/o  la      contribución     del     imputado     a     resolverlo     –incluyendo    en   la   noción   de  “resolución  del  caso”,  la reparación efectiva a la víctima—  y  la  cantidad  de rebaja punitiva.   

“Si,  por  ejemplo,  se  esperó  hasta el  último  momento  para  aceptar  los  cargos  y  siempre  se mostró reticente a  colaborar,  su  decisión  de  sometimiento  podría  leerse simplemente como la  última  oportunidad  para  obtener  una  rebaja significativa de pena sin haber  suministrado  nada  a cambio distinto a disponer de su derecho de allanarse o no  a  unas  imputaciones  frente a las cuales sabe que no tiene gran posibilidad de  éxito  si  va a juicio. En tal escenario es muy posible que el ofrecimiento del  Fiscal  sobre  la rebaja sea el menor previsto en la ley o cercano a él y si al  imputado  no le interesa y el funcionario no está dispuesto a pactar uno mayor,  pues  simplemente  no  hay  acuerdo  y  las dos partes correrán con el albur de  seguir adelante con el trámite procesal.   

“7.2.5.  La  aceptación  de  cargos en el  modelo  procesal de la ley 906 de 2004 implica, entonces, una negociación entre  las  partes  para  convenir  la  rebaja de pena y eso la convierte en uno de los  tipos  de  acuerdos que se pueden lograr entre Fiscalía y procesado o imputado,  en los dos momentos siguientes:   

“a) Desde la formulación de imputación y  hasta  antes de presentarse la acusación, con disminución punitiva de “hasta  la  mitad de la pena imponible”, sin que pueda ser inferior a la tercera parte  si  se  tiene en cuenta que la siguiente rebaja punitiva en el trámite procesal  por  aceptar  cargos  está  prevista  en “hasta la tercera parte de la pena a  imponer” (art. 356-5).   

“Según el artículo 288-3 de la ley es en  esa  primera diligencia donde el Fiscal ilustra al imputado sobre la posibilidad  de  allanarse  a  la  imputación y debido a que la aceptación y el convenio de  rebaja  punitiva  se  convierten en el contenido del escrito de acusación, como  se  deduce  del  artículo  351 ibídem, es manifiesto que aceptar “los cargos  determinados en la audiencia  de  formulación  de la imputación” –como    dice   la   norma—,  desde  ésta  diligencia  y  hasta antes de que la acusación sea  presentada,  comporta una rebaja de pena de entre la tercera parte y la mitad de  la   pena   imponible,   extremos  dentro  de  los  cuales  debe  efectuarse  la  negociación  entre  las  partes  y,  de  acordarse la disminución punitiva, la  misma  integrará  junto  con  la  aceptación  de  los  cargos  el  escrito  de  acusación.   

“b)  En  la  audiencia  preparatoria,  con  rebaja  de  “hasta  la tercera parte de la pena a imponer” (art. 356-5), sin  que  pueda  ser  inferior  a la sexta parte si se tiene en cuenta que declararse  culpable  al  comienzo del juicio oral otorga una rebaja de la sexta parte de la  pena  imponible  respecto  de  los  cargos  aceptados  (art.  367,  inciso 2º),  disminución  ésta  que  por  su  carácter de fija opera automáticamente y no  requiere de ningún convenio interpartes.   

“En  este caso, si previamente Fiscalía y  procesado  no  han  acordado  la  reducción  punitiva, el Juez del conocimiento  ordenará  un  receso  para que lo hagan y, si lo convienen y es voluntario y no  excede  los  límites  mínimo y máximo señalado, se convocará para dictar la  sentencia.   

“7.2.6.   Es  evidente,  pues,  que  las  aceptaciones  de cargos que tienen lugar en el procedimiento penal de 2004 y que  se  comparan  a la sentencia anticipada del procedimiento penal de 2000, guardan  diferencias               fundamentales2  que impiden la posibilidad de  aplicar  por favorabilidad las rebajas más generosas del primero a casos que se  tramitan  o  tramitaron  por  el segundo, simple y llanamente porque se trata de  mecanismos distintos de terminación anticipada del proceso.   

“En  el  modelo  de  la ley 600 de 2000 el  procesado  se  allana a los cargos en el sumario o en el juicio y sobreviene una  rebaja  punitiva  automática,  sin  importar que lo haya hecho el primer día a  partir  del cual contó con la oportunidad o el último, como tampoco su actitud  indemnizatoria,  la  existencia  de  otros  procesos  en  su contra, el estado o  condiciones  de  la persona ofendida con el delito o alguna otra parecida; en el  nuevo  modelo  de  justicia  penal  consensual  de  la  ley  906 de 2004, por el  contrario,  Fiscal  y  procesado  acuerdan la rebaja, que por eso se estableció  flexible,  resultando  la misma dependiente de consideraciones como el ahorro de  proceso,   la   contribución  del  procesado  en  la  solución  del  caso,  su  disposición  a  reparar  efectivamente  a  la víctima y otras similares que en  momento  alguno  se  pueden  confundir  con  los criterios legales para fijar la  pena,  sin  pasar  por alto obviamente las directivas adoptadas por la Fiscalía  en  materia  de  acuerdos  o  preacuerdos  y  las  pautas  de política criminal  eventualmente  existentes,  circunstancias  todas  respecto  de las cuales quien  cuenta  con  información para el discernimiento respectivo es el Fiscal y no el  Juez.   

“ (…)  

“7.2.8.  Ratifica  la  Corte, entonces, la  conclusión  de  que  la  sentencia  anticipada  de  la  ley  600  de  2000 y la  aceptación  de cargos de la ley 906 de 2004 no son lo mismo y, en consecuencia,  no  es  viable  aplicar  por favorabilidad ninguna rebaja de ésta última en el  evento examinado.”   

          Por  manera  que,  en  un  principio,  para  la Sala mayoritaria, la  aceptación  unilateral  de  los  cargos  en  la audiencia de formulación de la  imputación,  conllevaba  a una obligada concertación sobre el porcentaje de la  disminución punitiva.    

               

No obstante, en la sentencia de casación del  14        de        marzo        de       20063,    la    Sala   mayoritaria  descartó,  implícitamente, la obligatoriedad de ese espacio de discusión para  pactar  el  porcentaje  de  reducción  punitiva  después de que el imputado se  allanaba  a  los  cargos en la audiencia de formulación de la imputación, pero  de  todas  maneras  siguió concibiendo el allanamiento unilateral a cargos como  una  modalidad  de los acuerdos o preacuerdos, pues ningún argumento explícito  se dijo en contrario.      

  El anterior giro determinó que en el  fallo     del     4     de     mayo    de    20064,  ya  de manera explícita, la  Sala  aclarara  que  el allanamiento a cargos en la audiencia de formulación de  la    imputación,    sigue    siendo    una    modalidad   de   “acuerdo  o preacuerdo”,  porque así  lo  señala  el  inciso 1º del artículo 351 de la Ley 906, en la medida en que  tal  acto, aunque surge unilateralmente, es auspiciado o promovido por el fiscal  al  formular  la  imputación,  como  lo  prevé el artículo 288-3 ibídem, y en razón a que al aceptarla el  imputado   conviene   implícitamente  a  que  por  esa  actitud  recibirá  una  disminución  de  la  pena  en  los  términos  de la norma mencionada en primer  lugar.   

Lo  cual,  agregó  la  Sala, no excluye que  luego  de  la  formulación  de la imputación y del consiguiente allanamiento a  ésta,  se  realicen  conversaciones  entre Fiscal e imputado para pactar, entre  otros,   el   monto   de   la   rebaja   de   pena5, con el fin de que lo acordado  se    incorpore    al   escrito   de   acusación   junto   con   el   acta   de  aceptación.   

         

Atendiendo  esas  directrices,  dentro de la  sistemática  de  la  Ley 906 de 2004, la Sala mayoritaria ha considerado que el  allanamiento  a  los cargos en la audiencia de imputación, deja libre al Fiscal  y  al imputado no sólo para llegar a acuerdos sobre el porcentaje de la rebaja,  que  puede  ir  “hasta” la  mitad  de  la  pena,  sino  también  sobre  el  reconocimiento  de  la prisión  domiciliaria  o  de  la suspensión de la ejecución de la pena, acuerdos que si  no   quebrantan   las  garantías  fundamentales,  deben  ser  acatados  por  el  juez   de  conocimiento,  evento  que no ocurre con la sentencia anticipada  del  artículo  40  de  la  Ley  600  de  2000,  pues allí, a la manifestación  unilateral  de  aceptar  los  cargos  imputados,  no  le  sigue  ningún tipo de  negociación   y   al   juez   siempre   le   corresponde  determinar  la  pena,  diferenciación  esencial porque pone en evidencia las bases filosóficas en que  fue  concebido  cada uno de los institutos dentro de su propio esquema procesal,  el  primero,  se reitera, en el paradigma del consenso, y, el segundo, en el del  sometimiento.     

      

Ello  explica que en el modelo de la Ley 600  de  2000,  el procesado se allana a los cargos y automáticamente sobreviene una  rebaja  punitiva  en  un monto fijo preestablecido por la Ley (una tercera parte  de    la    pena),    pues   la   misma   es   consecuencia   del   sometimiento,  que  no  del  consenso  que explícita o implícitamente  conlleva  el  allanamiento a la imputación en el sistema de la Ley 906 de 2004,  cuya  rebaja  se  estableció  flexible,  dependiente de consideraciones como el  ahorro  de  esfuerzos  procesales, la contribución en la solución del caso, su  disposición  a  reparar efectivamente a la víctima y otras similares que no se  pueden  confundir  con  los criterios establecidos para fijar la pena imponible,  sin  pasar  por  alto  las  directrices adoptadas por la Fiscalía en materia de  acuerdos  o  preacuerdos  y  las  pautas  de  política  criminal  eventualmente  existentes.   

A  la  anterior  argumentación debe aunarse  aquella  contenida   en  la  sentencia  de  tutela  del  7  de  febrero  de  20066,  en  la que la Sala hizo notar la relación indisoluble que existe  entre  el  aumento general de penas establecido en el artículo 14 de la Ley 890  de 2004 y el artículo 351 de la Ley 906 del mismo año:   

“(…) se ve obligada la Sala a aceptar que  al  igual  que la Ley 906 de 2004, la norma de aumento general de penas, vigente  desde  el  1º  de  enero  de  2005,  debe  aplicarse  gradualmente  en aquellos  Distritos  Judiciales  donde  se  vaya  implantando  el sistema acusatorio y con  exclusividad a los casos que se rigen por el mismo.   

“Lo  contrario, que es la interpretación  que  se  prohija en el fallo demandado, resulta inconstitucional, porque lleva a  aplicar    consecuencias   distintas   a   situaciones   fácticas   idénticas.   

“Las  penas  menores se compadecen con un  sistema  que  consagra  rebajas  menores;  y  las  penas mayores, con un sistema  amplio  en  concesiones  y  negociaciones,  pues  sólo dentro de esa lógica se  asegura  la imposición de sanciones proporcionales y racionales a la naturaleza  de los delitos que se castigan.   

“Además,  para  el  caso  debatido, esta  interpretación  resulta compatible con la ya definida imposibilidad de asimilar  el  instituto  de  la  sentencia  anticipada  de  la  Ley 600 de 2000 con el del  allanamiento  a  la imputación de la Ley 906 de 2004, contenida en la decisión  de  la Sala mayoritaria del pasado 14 de diciembre de 2005, radicado No. 21.347,  entre  otras  determinaciones,  lo  cual  desecha  la  posibilidad de invocar la  favorabilidad  del último precepto a casos que no están sometidos a su imperio  porque, se reitera, no se trata de institutos asimilables.   

“Por  lo tanto, en los casos de sentencia  anticipada  de  la  Ley 600 de 2000, no es posible invocar la aplicación de las  rebajas  más  generosas  de  la  Ley 906 de 2004, establecidas para delitos con  penas  incrementadas  en  virtud  de  la  Ley  890  de 2004, incrementos que, se  reitera,  no operan para los casos que se rigen por el primer sistema, solución  que   dinamiza   el   principio   de  igualdad  en  la  aplicación  de  la  ley  penal”.   

Dentro  de esa lógica, ha surgido evidente  para  la  Sala  Mayoritaria, que la sentencia anticipada de la Ley 600 de 2000 y  la  aceptación  de  la  imputación  de  la  Ley 906 de 2004, no son institutos  idénticos,   porque   responden  a  sistemas  procesales  de  investigación  y  juzgamiento  diametralmente  contrapuestos, y por tanto, en su aspecto material,  responden a distintos fundamentos.   

No obstante, en el presente caso es evidente  que  en  la  sentencia  impugnada,  el Tribunal soslayó esta hermenéutica para  acoger  aquella  propugnada  por  otro  sector  de  la  Sala  y  la  misma Corte  Constitucional,  según  la  cual la sentencia anticipada del artículo 40 de la  Ley  600  de 2000 se ofrece esencialmente igual al allanamiento a los cargos que  establece  el  artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004, como se deduce de las  siguientes reflexiones contenidas en el fallo:   

“La   Sala  optará  como  criterio  de  interpretación  para  seguir  la  línea  fijada  por  la  mayoría de la Corte  Constitucional  y  en  razón  de la mayor extensión del derecho constitucional  que  se  le ha otorgado al principio de favorabilidad y ante la presencia de dos  figuras    jurídicas    que    para    este    efecto,    son    razonablemente  identificables.   

“Para  el caso, el artículo 40 de la ley  600  previó  una  rebaja  de  una  tercera  parte cuando el sindicado, desde la  indagatoria  y hasta antes de que quede ejecutoriada la resolución de cierre de  la  investigación,  aceptare  los  cargos  formulados  por  el  delegado  de la  Fiscalía.  De  igual  forma y hasta antes de la acusación, el artículo 351 de  la  ley 906 dispuso que ‘La  aceptación  de  los  cargos  determinados  en  la  audiencia de formulación de  imputación  comporta una rebaja de hasta la mitad de la pena imponible, acuerdo  que  se  consignará  en  el  escrito  de  acusación.  En  términos de toda la  amplitud  que  comporta  la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad, son  situaciones  susceptibles  de identificarse, en virtud de su ocurrencia antes de  la  acusación  y  principalmente  por tratarse de una aceptación unilateral de  cargos”   

Como   este  aspecto  del  fallo  no  fue  cuestionado  por el único recurrente en casación, no puede la Sala modificarlo  sin  violentar  la  prohibición  de la reforma en perjuicio, pues reconocida la  aplicación  del  artículo  351 de la ley 906 de 2004 a un caso no cobijado por  su  vigencia, es claro que, por lo menos, asiste al procesado una expectativa de  que  se  reconozca una rebaja de pena mayor a la señalada en el artículo 40 de  la  ley  600  de  2000 para los casos de acogimiento al trámite de la sentencia  anticipada,   siendo  indiscutible  entonces  que  superado  el  escollo  de  la  similitud  de  los institutos de que se trata, la aplicación del nuevo le puede  reportar al procesado un efecto favorable a sus intereses.    

Lo que en esencia discute el recurrente, es  que  a  pesar  de  que  su  defendido  aceptó  los  cargos  formulados antes de  proferirse  resolución de acusación y el tribunal aplicó por favorabilidad el  artículo  351 de la ley 906 de 2004, finalmente sólo le concedió la rebaja de  una  tercera parte de la pena como si la aceptación hubiese sido después de la  acusación  (artículo 352 inciso segundo de la misma ley), siendo que ello tuvo  lugar  antes  de  tal  acto  procesal  y por lo tanto la rebaja debió ser de la  mitad de la pena como lo determina la norma aplicada.   

Las  razones  por las cuales el Tribunal no  quiso  reconocer  la  máxima  rebaja  de pena señalada en el precepto aplicado  (hasta  la  mitad), quedaron ampliamente explicadas en el siguiente párrafo del  fallo demandado:   

“Ahora bien, como se trata de un rango de  movilidad,   que   al   tener   en  cuenta  la  subsiguiente  rebaja7 debe partir de  una  tercera  parte, se demanda el examen de los efectos provechosos que tuvo la  aceptación  en  torno  a  la  eficiencia  y  eficacia  de la administración de  justicia.   

“La  siguiente  secuencia  nos  permite  evaluar  el  monto  de  la  rebaja:  Julio  27  de  2003, investigación previa;  apertura  de  instrucción,  el 5 de marzo de 2004, donde se ordenó la captura;  indagatoria,  el 12 de marzo siguiente en la que expresó, como síntesis. “no  estoy  de acuerdo con todo lo que me están imputado”, y la aceptación de los  cargos, el 10 y 2 de marzo de 2005”.   

“Por lo visto, si la máxima rebaja de la  ley   906   está  prevista  para  una  inmediata  aceptación,  en  la  primera  oportunidad  procesal del caso, tal regla no es aplicable a nuestro asunto, dada  la  posición  de  inocencia  que asumió, el excesivo tiempo que tuvo que pasar  para   hacer   realidad   la   contribución  eficaz  y  la  compleja  actividad  investigativa  y  judicial  que  se  tuvo  que efectuar por lo que, aún ante el  supuesto  del artículo 351, el sindicado no puede esperar una rebaja mayor a la  concedida,  que se repite, también parte de una tercera fracción.” (fol. 108  cuaderno del Tribunal).   

Se  deduce de allí que el Tribunal aplicó  el  artículo  351  de la Ley 906 de 2004, el que integró con el artículo 356,  inciso  5,  de  la  misma  normatividad  para establecer el ámbito de movilidad  –de  una  tercera  parte  “hasta”  la mitad-, tras  lo  cual  expuso  que  en  ese  rango de movilidad debían tenerse en cuenta los  beneficios  que  a la justicia le hubiese reportado el allanamiento, concluyendo  que  en  este  evento  el procesado no se hacía acreedor a la máxima rebaja de  pena,  dada  la  posición  de  inocencia  que  asumió desde un principio y que  mantuvo  hasta  muy  avanzada la investigación, lo cual le había generado a la  fiscalía  la realización de una “compleja actividad  investigativa y judicial”.    

El  demandante no demostró, que de acuerdo  con  la  situación  procesal  particular asumida por el procesado, éste tenía  derecho  a una rebaja de pena en una proporción mayor a la tercera parte que le  fue  reconocida  en  el  fallo  demandado,  demostración  necesaria,  porque el  análisis  de  la  aplicación  del artículo 351 de la Ley 906 de 2004 para los  casos  de allanamiento a la imputación, está sometido, como lo ha reiterado la  Sala,  a  unos parámetros de ponderación que no se contemplan en el sistema de  la  Ley  600 de 2000 para la figura de la sentencia anticipada, pues, como ya se  dijo,   aquella  responde  a  un  modelo  consensual  de  justicia,  que  no  de  sometimiento  a  ésta, en el que se valoran criterios como la oportunidad de la  aceptación,  la  presentación  voluntaria,  la  mayor  o  menor  fortaleza  en  relación  con  los  medios cognoscitivos de que disponga el  fiscal, etc.,  elementos  estos,  que  se  reitera,  no  cuentan  para  la  rebaja  de pena por  sentencia         anticipada        en        la        Ley        600        de  2000.          

En  este  punto asiste razón al Procurador  Delegado  cuando  advierte  que  no  es lo mismo que el imputado se allane a los  cargos  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación, caso en el cual el  procesado  estaría  más cerca de obtener la máxima rebaja de pena (la mitad),  en  la  medida  en que la investigación no haya significado mayor esfuerzo, que  faltando  unos  pocos  días para que venza el término que tiene el fiscal para  presentar  escrito  de  acusación,  evento  en el cual la rebaja no podría ser  igual  a  la  mitad,  porque  se  parte  del supuesto de que el ente acusador ha  debido  agotar  los  esfuerzos  necesarios  encaminados  a obtener los elementos  materiales  probatorios  suficientes  para acusar y consecuentemente afrontar el  juicio oral.   

Por  lo  tanto,  aunque  el  Tribunal  no  modificó  finalmente  el  quantum  de la rebaja de una tercera parte de la pena  que  le  fue  concedida por el juzgado de primera instancia con fundamento en el  artículo  40  de la ley 600 de 2000, a pesar de haber reconocido la aplicación  favorable  de  la  rebaja  contenida  en el artículo 351 de la Ley 906 de 2004,  ello  obedeció  a  que  de  acuerdo  con  esa  normatividad,  en  los  casos de  allanamiento  a la imputación desde el acto de su formulación y hasta antes de  presentarse  la  acusación,  el  juez  tiene una facultad de movilidad entre un  mínimo   y  un  máximo,  que  la  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  precisado  así:   

“a)  Desde la formulación de imputación y  hasta  antes  de  presentarse la acusación, con disminución punitiva de “hasta  la  mitad  de  la  pena  imponible”, sin que pueda ser  inferior  a  la tercera parte si se tiene en cuenta que  la  siguiente  rebaja  punitiva en el trámite procesal por aceptar cargos está  prevista   en   “hasta   la   tercera   parte   de  la  pena  a  imponer”  (art.  356-5).   

“Según el artículo 288-3 de la ley es en  esa  primera diligencia donde el Fiscal ilustra al imputado sobre la posibilidad  de  allanarse  a  la  imputación y debido a que la aceptación y el convenio de  rebaja  punitiva  se  convierten en el contenido del escrito de acusación, como  se  deduce  del  artículo  351  ibídem,  es manifiesto que aceptar “los cargos  determinados  en  la  audiencia de formulación de la imputación” -como dice la  norma-  ,  desde  ésta  diligencia  y  hasta  antes  de  que  la acusación sea  presentada,  comporta  una rebaja de pena de entre la  tercera    parte    y    la    mitad   de   la   pena   imponible…”8 (Se ha resaltado).   

En  el presente evento, se reitera, ante la  circunstancia   de   que   el   procesado  se  acogió  a  sentencia  anticipada  tardíamente,  luego de que la fiscalía había agotado todos sus esfuerzos para  lograr  el recaudo de la prueba para acusar, al punto que ya había dispuesto el  cierre  de  la investigación, no resulta proporcional ni razonable otorgarle el  máximo  de  rebaja  consagrado  en la disposición aplicada, como lo reclama el  demandante.   

En   esas  condiciones,  no  prospera  la  censura.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO     CASAR     la     sentencia impugnada.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

           Aclaración   de  voto   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

          Aclaración  de   voto                                                      Aclaración de voto   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Aclaración de voto  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN  DE VOTO  

“La         aceptación     de    los   cargos  determinados   en   la   audiencia   de  formulación   de  la  imputación  (que      según     el     art.     293,  puede  ocurrir  “por  iniciativa  propia  o  por  acuerdo con la fiscalía”), comporta  una  rebaja  hasta  de  la  mitad   de  la  pena  imponible,  acuerdo   que  se  consignará  en  el   escrito   de   acusación”,   art.   351   inciso   primero,  cpp-20049 (cfr. art. 27 ccc).   

Respetuosamente quiero decir que no comparto  la  decisión  de  la  mayoría  porque  entiendo  que  bajo ningún supuesto es  posible  aplicar  a  hechos que se rigen por la Ley 600 de 2000 el artículo 351  de  la  Ley  906  de  2004,  de  donde  resulta  imperativo  para los servidores  judiciales  de  segunda  instancia  corregir  los  yerros  que en tal sentido se  lleguen  a producir, sin que con ello se vulnere principio constitucional alguno  pues  la  ilegalidad no puede  ser   fuente   de   derechos,   y  la  providencia  que  la  avale  no   se  puede  reputar  de  razonable ni de legítima.   

Las  razones  que  me llevan a sostener tal  punto de vista las resumo en lo que sigue:   

1. Sobre el proceso  de  implantación  del  sistema  acusatorio  previsto  en la Ley 906 de 2004, su  gradualidad,  el  aumento  de  penas  consagrado  en  la  Ley  890  de 2004 y el  principio    de    favorabilidad    he   sostenido10:   

5.  Es propio de  una   sociedad   en  cambio  característica  de  regímenes  democráticos,  la  existencia  de  ordenamientos  jurídicos  de  carácter  dinámico que implican  evolución    materializada    en    sucesión   de  leyes,  las  que  tienen  existencia  y  aplicación  durante  el  período  de su vigencia que abarca desde la promulgación hasta la  derogación,     y     en     donde     el     principio     de     irretroactividad  es  manifestación del  de  legalidad penal, máxima expresión de la seguridad jurídica, sólo a ceder  por  la  aplicación  retroactiva o ultraactiva de norma de similar estirpe más  favorable.   

6.   Dígase  también  que  en  el  propósito  de  esclarecer  el  sentido  de una norma, es  indispensable   la   hermenéutica   de   su   exégesis   pero,   además,   su  interpretación  finalista  y  sistemática  en  la  que  resulta  importante el  espíritu  del  constituyente  y del legislador, la fuerza de la razón y, en el  campo      ya      de      la      praxis     judicial,     los     moduladores de su actividad (art. 27 CPP  de       2004),       especialmente       el       de       la      ponderación11   “para  evitar  excesos  contrarios a la función pública, especialmente a la justicia”.   

7. Colombia quiso  adoptar  un  sistema de gestión de procesos penales de corte acusatorio a nivel  de  Constitución Política  fijándole   marcos  precisos  en  tiempo   (a   partir   del   1º   de   enero  de  2005)  y  espacios (en los Distritos Judiciales de  Armenia,  Bogotá,  Manizales  y Pereira), traducidos a lenguaje de gradualidad  en su vigencia dando lugar a  un  trato  diferente pero no  discriminante   (mucho   menos   discriminante   peyorativo)   y   conocido  por  todos los residentes en el  país12,  y  que  el  Tribunal  Constitucional  declaró  exequible con la  modulación        de       su       aplicación  irretroactiva13     entendida     en     lo    atinente    a    lo    vertebral  de la nueva sistemática que,  además,         por         su         rango        resulta        invulnerable  a  cualquier  pretensión  legal       de  decaimiento.   

8.  El principio  general  señala  que  el  mandato  constitucional  debe ser desarrollado por la  preceptiva        legal        correspondiente14  y  por eso la articulación  dinámica  de ese sistema  dice  que  lo  integran  las  normas del Acto Legislativo 03 de 2002 y las leyes  dictadas  para  su  funcionamiento, además de la infraestructura necesaria para  su   implementación,  conforme  lo  señaló  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia    C-873    de    2003.    Y    el    método   de   su   implantación  o  dinámica  del proceso  mediante  el  cual  se  deberá  dar  eficacia  jurídica  y social a la reforma  constitucional,  fue el de la gradualidad (art.  5º  transitorio  del Acto Legislativo), medida de política  criminal    –como   la  calificó    el   Tribunal   Constitucional   en   el   pronunciamiento   atrás  citado—  que  lleva  a  tres      etapas  distintas:   

“(i)  Entre  el momento de la aprobación  del   Acto   Legislativo  y  el  1º  de  enero  de  2005,  regirá  el  sistema  preexistente;  (ii) entre el  1º  de  enero de 2005 y el 31 de diciembre de 2008, se presentará una etapa de  transición  durante  la cual coexistirán  los dos sistemas en distintas regiones del territorio nacional; y  (iii)  a  partir del 31 de  diciembre  de  2008,  deberá estar en ‘plena       vigencia’  el  nuevo  modelo  acusatorio  de  procedimiento penal en todo el  país”15.     

Así,  pues,  la  Enmienda  Constitucional  existe    y    cobró  vigencia   –rige—  a  partir  de  su  aprobación  en  diciembre    de    2002,    aunque    su    eficacia  jurídica16    o   aplicación   la   moduló   el  Constituyente  en  el  sentido  de  que  si  bien  comenzaría  a surtir efectos  jurídicos  inmediatos  en  relación  con  la  conformación  de  una comisión  encargada  de  preparar  los proyectos de ley necesarios para desarrollarla y el  establecimiento  de  las  fechas  de  inicio  y  culminación de su implementación,  otros  efectos  fueron  diferidos  en  el tiempo, como la desaparición del anterior sistema procesal, o  excluidos,  como  es  el  caso  de  la  prohibición expresa de aplicar el nuevo  sistema a hechos anteriores al 1º de enero de 2005.   

Es claro, entonces, que el Acto Legislativo  03   de   2002  y  el  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004  sólo       son       aplicables  en  los Distritos Judiciales  donde  se  introdujo el sistema acusatorio el 1º de enero de 2005 y respecto de  delitos  cometidos  a  partir de esa fecha, mientras que en los demás, rigen la  ley 600 de 2000 y el Código Penal del mismo año.   

9.  La anterior  conclusión  no  significa  descartar   la  posibilidad  de  que  ciertas  normas  procesales  de  efectos sustanciales consagradas en la  ley  906  de 2004, y en particular las que versan sobre el derecho a la libertad  (v.   gr.:   medidas   de   aseguramiento,  revocatoria,  libertad  provisional,  subrogados),   sean  aplicadas  en  razón  del   principio  de favorabilidad en las actuaciones penales  que  se rigen por la ley 600 de 2000, en virtud de la resolución judicial de la  antinomia de los principios  constitucionales   de   la   gradualidad,  tan  en  la  base  de  la  eficacia  del  nuevo sistema, y de la  favorabilidad,  a  través  del     núcleo     esencial     más     fuerte17 del último.   

(…)  

9.1.     Según    el    artículo   29   de   la  Constitución Política   

En  materia  penal,  la  ley  permisiva  o  favorable,  aun cuando sea  posterior,  se  aplicará de  preferencia         a         la        restrictiva        o        desfavorable.   

Tradicionalmente  se  ha  entendido que la  aplicación  de  la favorabilidad penal en su especie clásica, supone sucesión  de  leyes, que es como en condiciones normales éstas son reemplazadas por otras  que las derogan, adicionan o modifican.   

Pero  la  puesta  en  marcha  del  sistema  acusatorio           se          decidió          hacerla          paulatinamente,  en  concordancia con el  programa  de  implantación  previsto  en  el  artículo  530  de  la  ley  906  de 2004. Y eso condujo a una  situación  muy  particular,  exótica  si  se  quiere,  en la cual coexisten  dos  procedimientos  distintos y excluyentes  que  se  aplican  en  el  país  según  la  fecha  y el lugar de  comisión   del   delito:   el   anterior,  a casos por  conductas  realizadas antes del 1º de enero de 2005 o a partir de esta fecha en  Distritos  Judiciales  donde  no opere el sistema acusatorio; y, el nuevo,  para  delitos cometidos a partir  del   1º   de   enero   de   2005  en  los  Distritos  Judiciales  semillas  seleccionados para que funcione  ese sistema.   

Frente  a  los primeros rige la ley 600 de  2000,   sin   que  pueda  desconocerse  por  ese  hecho  la  existencia  de  una  ley  procesal posterior que  no  se  aplica  debido  a la novedosa fórmula que se adoptó para introducir el  sistema  acusatorio,  pero que podría contener normas sustanciales o procesales  de  efectos  sustanciales  favorables al procesado de obligatorio reconocimiento  según   el  artículo  29  Superior  que  autoriza en materia penal la aplicación de normas que beneficien  la  situación  del  procesado  aunque  no  hubiesen  regido  en el trámite del  proceso.   

9.2.   Esa  interpretación  es  la  que  permite comprender la aplicación del principio  de  favorabilidad por parte de  los  Jueces  de  Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad, facultad consagrada  en  el  artículo  79-7 del  Código    de    Procedimiento    Penal   de   2000   y   en   el   38-7  del Código de Procedimiento Penal  de 2004, en los siguientes términos:   

“Conocen de la aplicación del principio  de   favorabilidad   cuando   debido   a   una   ley  posterior  hubiere lugar a reducción, modificación,  sustitución, suspensión o extinción de la acción penal”.   

Esa competencia, frente al problema que se  estudia,  no  la podrían ejercer dichos funcionarios si la solución se plantea  desde  un  instituto  distinto a la favorabilidad, y convierte la posibilidad de  aplicar  en  virtud  de ese principio normas de la ley 906 de 2004 a actuaciones  que  se  rijan por la ley 600 de 2000, en la única que permitiría la labor del  Juez  de  Penas  frente  a eventuales hipótesis de favorabilidad sustancial que  quepan  en  cualquiera  de  las  posibilidades  a que se refiere la norma atrás  transcrita.   

10.    En  conclusión:    las    normas    que    se   dictaron   para   la   dinámica   del   sistema   acusatorio  colombiano,     son     susceptibles     de     aplicarse    por    favorabilidad  a casos que se encuentren  gobernados   por  el  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  a   condición   de   que  no    se   refieran   a   instituciones  propias  del nuevo modelo  procesal  y de que los referentes de hecho     en     los     dos     procedimientos     sean    idénticos.   

No  se  puede  eludir  la  aplicación  del principio, por ejemplo, a situaciones en las cuales  la  ley  906  de  2004  no  contempla  privación  de la libertad en cierto caso  mientras  que la ley 600 sí, o en eventualidades en las que la primera consagra  bajo  determinadas  condiciones  la  libertad  provisional y en presencia de las  mismas la segunda la niega.   

11.  En el caso  que  resuelve  la  Corte, al establecerse que la conducta punible de prevaricato  por  acción  imputada  tiene  prevista pena de prisión de 3 a 8 años y que el  artículo  313-2 de la ley  906  de  2004  fijó  como  requisito   de   procedencia   de   la  detención  preventiva  en  los  delitos  investigables  de  oficio  que  el  mínimo de la pena prevista en la respectiva  disposición  sea  o  exceda  de  4  años,  es  claro  que  ésta norma resulta  aplicable   al   caso   examinado   en  virtud  del  principio  de  favorabilidad penal y que, por lo tanto,  debe   accederse   a  la  petición  inicial  de  la  defensa”.   

2.  El  Tribunal  Constitucional  en  la  sentencia  C-592/05,  luego  de hacer varios reenvíos y  acoger   el   contenido   de  algunas  providencias  de  la  Sala  de  Casación  Penal18,   señaló   que   la   favorabilidad   era  aplicable   a   supuestos   de   hecho   de  esa  estirpe   

en  uno  -el de la Ley 600 de 2000- y otro  -el  sistema  de  la Ley 906 de 2004- pero que reciben  en  cada  uno  soluciones  de  derecho diferentes. Mal  podría  en efecto pretenderse por ejemplo que se dé aplicación, en virtud del  principio  de  favorabilidad, a las normas que sobre principio de oportunidad se  establecen  en  la  Ley  906  de  2004  a hechos acaecidos con anterioridad a la  entrada  en  vigencia  de  dicha ley, pues ese es un elemento esencial del nuevo  sistema  que  no encuentra su equivalente en el sistema anterior regulado por la  Ley  600  de  2000  y  por  tanto  no  se  dan en relación con este último los  presupuestos  lógicos  para  la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  (Negrillas agregadas).   

Agregó que  

la  interpretación  que  se hace por esas  instituciones  (la  Fiscalía  General de la Nación y Ministerio del Interior y  de  Justicia)  tanto  del artículo 5° del Acto Legislativo 03 de 2003 como del  artículo  6°  de  la  Ley  906  de  2004 excluye en cualquier circunstancia la  aplicación  de  las  normas  de  la  Ley  906  de 2004 a hechos anteriores a su  entrada  en  vigencia  de  acuerdo  con  la  gradualidad   que  en ellas se  establece.   Aún si como lo hace el Vicefiscal General de la Nación no se  descarte   que  el  principio  de  favorabilidad  como  principio  rector  pueda  aplicarse  en  casos  concretos  que  puedan  llegar  a  presentarse  durante la  vigencia de la Ley 906 de 2004.   

Y concluyó:  

Así  las  cosas,  dado que no queda   duda  sobre  la aplicabilidad del principio de favorabilidad penal, la  Corte  -además de acoger, por ser claramente respetuosa de las  garantías  constitucionales,  la  interpretación adoptada por la Sala Penal de  la  Corte Suprema de Justicia como máximo tribunal de  la  Jurisdicción  ordinaria  en  este  tema-,  declarará  la exequibilidad del  tercer  inciso  del  artículo 6° de la Ley 906 de 2004 por el cargo formulado,  pues  se  reitera  la única interpretación posible del mismo en el marco de la  Constitución  es  la  que   se  desprende   de la conjugación de los  principios  de legalidad, irretroactividad de la ley y favorabilidad penal a que  se  ha  hecho  extensa  referencia, lo que pone presente que en manera alguna se  pueda    desconocer   la   aplicación   del  principio  de  favorabilidad,  contrariamente  a  lo  que  afirma  el  actor  (Negrillas agregadas).   

3. Posteriormente,  mediante   sentencia   suscrita  por  una  Sala  de  Revisión  de  Tutelas            –efectos     interpartes-  de  la  Corte  Constitucional, se estableció el marco conceptual  que   permite   entender   como  similares    (no   idénticas)   las   instituciones   de   la   sentencia   anticipada  (Ley  600)  y  el  allanamiento  a  los  cargos  (Ley  906);  a  partir del mismo se dijo que por favorabilidad debe aplicarse la  rebaja    de   pena   más   benigna   (la   prevista   para   el   allanamiento  a los cargos) a los supuestos  de  sentencia  anticipada. En  resumen              se             dijo19:   

(i)  Se  reitera la línea jurisprudencial  trazada  por esta Corporación sobre la procedencia excepcional de la acción de  tutela  contra decisiones judiciales, conforme a las causales establecidas en la  propia jurisprudencia.   

(ii)  Se reitera la línea jurisprudencial  trazada  por  esta  Corporación (sentencias C-592/05 y C-801/05), en el sentido  que  la  ley  906  de  2004  puede  ser  aplicada,  en  virtud  del principio de  favorabilidad,  tanto a hechos acaecidos antes de la vigencia de la ley, como en  Distritos  Judiciales en los que aún no se encuentre operando el nuevo sistema.  Estos  pronunciamientos  acogen  la  tesis mayoritaria desarrollada por la Corte  Suprema            de            Justicia20  sobre la aplicabilidad del  principio   de   favorabilidad   frente  a  la  “coexistencia”  de  sistemas  procesales,  siempre  y  cuando  no se esté frente a  instituciones  estructurales  del  nuevo  sistema, que  excluyan el supuesto material  del principio de favorabilidad.   

(iii) Las formas de terminación anticipada  del  proceso,  por  allanamiento  a los cargos, es un mecanismo que presenta una  amplia tradición en el ordenamiento jurídico colombiano   

(iv)  El  nuevo  estatuto  procesal  penal  consagra  dos  formas  de  terminación anticipada del proceso, que conservan su  propia  individualidad  estructural y dogmática: el allanamiento a los cargos o  aceptación    unilateral    de    los    mismos,    y    los    preacuerdos   y  negociaciones.   

(v)  El supuesto fáctico del instituto de  la  sentencia anticipada prevista en la Ley 600 de 2000, corresponde al supuesto  fáctico  del instituto del allanamiento a los cargos previstos en la Ley 906 de  2004.   Su   naturaleza,   características  y  objetivos  político  criminales  son análogos (no  idénticos, agrego yo), y sin embargo  generan tratamientos punitivos distintos.   

(vi) Una visión sistemática de la manera  como  están  concebidos  los  rangos  de  descuento  punitivo  por  concepto de  allanamiento  a  los  cargos en el nuevo sistema, dependiendo del momento en que  se  produzca, permite establecer que existe una concepción más favorable en el  nuevo  estatuto  particularmente en lo concerniente al allanamiento a los cargos  en el momento de su formulación.   

No   obstante,   por   tratarse   de  un  descuento    ponderado  (no   fijo   como   en   la  Ley  600/00),  la  favorabilidad deberá establecerse en cada caso, atendiendo  los   criterios   que   rigieron   el   proceso   de  individualización  de  la  pena.   

(vii) No es posible predicar una relación  de  política  criminal  global  (sistémica)  entre el incremento del descuento  punitivo  por concepto de aceptación de los cargos en el nuevo sistema procesal  penal  (Artículos  288.3,  351  y  356),  y el incremento generalizado de penas  introducido  por  la  Ley  890 de 2004. Se identifican criterios específicos de  política   criminal   que   justifican   la   revaloración   de  esta  actitud  procesal.   

4.   Empero:   

4.1. El artículo  4°  del  Acto  Legislativo  03  de  2002  ordenó  crear una Comisión para que  “presente  a  consideración del Congreso de la República… los proyectos de  la  ley  pertinentes  para  adoptar  el nuevo sistema…”, entre los cuales se  incluyó   una  reforma  al  Código  Penal  para  aumento  de  penas  con  esta  motivación:   

“Atendiendo   los   fundamentos   del  sistema  acusatorio,  que  prevé  los  mecanismos  de  negociación      y      preacuerdos,  en  claro  beneficio  para  la administración de justicia y los  acusados,  se  modificaron  las  penas…”.   

En  la  Ponencia para primer debate se dijo  que   

“La razón que sustenta tales incrementos  está  ligada con la adopción de un sistema de rebaja  de   penas   (materia  regulada  en  el  Código  de  Procedimiento   Penal)  que  surge  como  resultado  de  la  implementación  de  mecanismos          de         ‘colaboración’  con  la  justicia  que  permitan  el  desarrollo  eficaz  de  las  investigaciones  en  contra  de  grupos  de  delincuencia organizada y, al mismo  tiempo,   aseguren   la   imposición   de  sanciones  proporcionales  a la naturaleza de los delitos que se  castigan”.   

El Senador Rojas dijo:  

“Yo  tenía  la  misma preocupación del  Senador  Martínez  en  relación con las penas… pero aquí lo que habría que  decir  es  que  en el Código de Procedimiento Penal seguramente tiene que ir un  sistema  de  graduación  de  las  penas  por  lo que sustancialmente cambió la  función  de  la  Fiscalía  que  ahora no practica pruebas, que ahora no cumple  funciones  judiciales  y  que  en  consecuencia  va a significar que haya muchas  posibilidades      de     negociación,  de  acuerdos  entre    los   sujetos   procesales   con   miras   a   obtener   un   resultado  aceptable”.   

El     Senador     Rivera     Salazar  expresó:   

“El  sistema  acusatorio  es  un sistema  básicamente   de  rebaja  de  penas  y  de  otorgamiento  de  beneficios  y  de  negociación    y   de  acuerdos entre la Fiscalía  y  la  defensa…  el  sistema  está  concebido de esa manera, es un sistema de  rebaja        de       penas,       un       sistema       de       preacuerdos,     de     negociación    entre    Fiscalía   y  defensa”.   

4.2. Mirando    procedimentalmente  la  figura  se encuentra fácilmente que al detallarse el trámite  de  la  audiencia  de la formulación de la imputación, se le señala al fiscal  entre  sus  deberes  el de expresar oralmente (art. 288.3) la “posibilidad del  investigado   de  allanarse   a  la  imputación  y  a  obtener  rebaja  de  pena   de  conformidad  con  el  artículo  351”,  que  puede suceder por  iniciativa   propia  o  por  acuerdo  con  la fiscalía (art. 293) pero que  siempre  requerirá de acuerdo  respecto  del  “hasta”  de  la  aminoración  positiva  pues no siempre  será  del 50% como sin fundamentación se viene aplicando en algunas instancias  tal  vez para aligerar presupuestos carcelarios y  de congestión judicial.  Es  que  la aceptación de la imputación  a que se refieren los artículos  288.3  y  293 –se reitera-,   

comporta   una   rebaja   hasta  de la mitad de la pena imposible,  acuerdo que se consignará  en el escrito de acusación.   

     

Y   desde  el ámbito del procesalismo,     se    pregunta:    a)  ¿Será   que  cuando  el  imputado  acepta  los  cargos   pero no por  acuerdo    sino    por    allanamiento,   sí   puede  retractarse  –art.  293  inc.  2  cpp-?. b) ¿Será que si  la aceptación de  cargos    sucede    por    allanamiento   y   no   por   acuerdo,   serán   existentes   las   realizadas   sin   la   existencia   del  defensor   -art. 354 cpp-?. c) ¿Será que sí es  posible    utilizar    en    contra    del    imputado   las   conversaciones  tendientes  a  lograr  un  allanamiento  como  no  es posible hacerlo con los que buscan “un acuerdo para  la  declaración  de  responsabilidad  en  cualquiera de sus formas”, art. 8-d  cpp?.   d)  ¿Será  que  puede  el  juez autorizar los acuerdos  pero  no   los   allanamientos  –arts.  10  inc.  4 y 293  inc.   2   cpp?.   Las  respuestas  dicen  que  la  “aceptación   de  la  imputación”,   bien por iniciativa propia del imputado o por acuerdo con  la   fiscalía,   es  figura  global  –política   criminal-   de   la   justicia  consensuada      que,      como      primera  modalidad,  registra  el art. 351  inciso  inicial en texto claro  que   reclama  “acuerdo”  para  fijar  el  “hasta”  de  la  disminución  punitiva.   

5.    Así,  pues,   y  siguiendo  las  pautas  del Tribunal Constitucional: a) el nuevo  código  de  procedimiento  penal  adoptó como vertebral de su sistemática, la  filosofía  del  acuerdo y la negociación    consagrando    en   el   art.   351   sus   “modalidades”,   en  cambio  de  la  del  sometimiento del anterior con  su  figura  estelar de la  sentencia anticipada (art. 40 ley 600/00).   Y,  b)  si  bien  es  cierto  que  la primera “modalidad”, en comienzo tiene  perfiles  parecidos  a  ésta  -sometimiento o aceptación unilateral de la  imputación-,   al requerirse de acuerdo o negociación para  fijar el  “hasta”  de  la  pena  imponible, presenta una mixtura de las antiguas   sentencia  anticipada  y  audiencia  especial, que hace exótico el predicado de  identidad    entre   esas  figuras.   

Y  recuérdese  que el cpp-91 acuñó por  primera  vez en Colombia la terminación anticipada del  proceso creando las figuras de la sentencia anticipada  (art.   37)   y   la   audiencia  especial  (art.  37B),  la   primera    de   las   cuales   implicaba  sometimiento  con  descuento  fijo    y    la    segunda  negociación.     El  Código   de  2000 (Ley 600/00),  sólo consagró la primera especie y  no  la  segunda, mientras que el estatuto de 2004, acuñó todas las modalidades  bajo  el rubro general de “Preacuerdos y Negociaciones” en el título II del  Libro    III,    “justicia   negociada”   que   reflejaba,   además,  la   influencia  de  figuras  globalizadas,    universales    y    trasnacionales    como    la   conformidad  española,  el  pattegiamiento  italiano,  el asprach   alemán   y   el   plea            bargaining   anglosagón21   

6.  La  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia ha expresado que la aplicación  del  principio  de favorabilidad  frente a los dos sistemas que rigen en la  actualidad  al  proceso penal en Colombia, requiere un examen a fin de verificar  si  los  institutos  contenidos en uno u otro son o no iguales, pues dependiendo  de  ello  se podrá concluir si la aludida favorabilidad opera o no en el evento  concreto.   

En  diferentes  oportunidades22   se   ha  expresado   que  la  sentencia  anticipada     y    el    allanamiento    a    los  cargos son figuras parecidas,  similares            o           análogas23        pero        no  idénticas24,  motivo  que  impide  aplicar  la  rebaja  de  pena prevista en la  segunda  a  los  asuntos resueltos con base en la primera, línea interpretativa  que se mantiene hasta la actualidad. Veamos:   

6.1.   En   la  radicación  21954  se  dijo  que  el allanamiento o aceptación de cargos no es  igual  a  la  sentencia  anticipada,  pues  en  aquél instituto, se insiste, se  presenta  una  activa  participación  del fiscal y del imputado que incluye las  consecuencias  punitivas derivadas de lo aceptado, al punto que la ley obliga al  juez  a  respetar  los  acuerdos,  aspectos  que  no  eran  contemplados  en  la  legislación  anterior,  toda  vez  que  en  ella  no se previó ningún tipo de  negociación25. Se agregó que   

la  comparación  institucional de las dos  figuras  en  estudio,  es  decir,  la  sentencia anticipada del sistema procesal  anterior  y  la aceptación de cargos o de imputación actualmente reglada en la  Ley  906  de  2004 no son iguales, toda vez que pertenecen a sistemas procesales  de   enjuiciamiento   contrapuestos,   conclusión   lógica   y  jurídica  que  necesariamente  conlleva  a  excluir  la pretendida aplicación del principio de  favorabilidad  que reclama la Procuraduría Delegada, pues si bien es cierto que  la   Sala   ha   admitido   la   operancia  de  la  favorabilidad  frente  a  la  “coexistencia”  de legislaciones, también  lo  es  que   ella   se  verifica  siempre  y  cuando  los   institutos  partan  de los mismos supuestos de hecho, evento que en este caso no  ocurre.   

Y se puntualizó que  

aducir  que los dos institutos son iguales  por  cuanto  inciden en el campo de la punibilidad, es una afirmación sesgada y  genérica  que  no consulta tanto la estructura de cada sistema como los motivos  por  los cuales fueron incorporados a cada legislación, resaltándose que en la  Ley  906  de  2004  impera  como  principio la justicia consensual propia de los  sistemas de corte acusatorio.   

6.2.   En  otra  providencia se recalcó que   

“la  aplicación  de  la  favorabilidad  respecto  de  determinadas normas contenidas en la Ley 906 a casos regulados por  la  Ley  600, depende de la equivalencia de los respectivos institutos, la cual,  desde  ya  se  advierte,  no  se  consolida en los casos de la aceptación de la  imputación  en la audiencia de su formulación prevista en los artículos 293 y  351  de  la  primera  normatividad,  y  la  sentencia  anticipada regulada en el  artículo  40  de la segunda, pues además de que fueron moldeados con arreglo a  esquemas   constitucionales   diferentes,   configuran   institutos   procesales  sostenidos   en  bases  filosóficas  distintas:  aquél  en  el  paradigma  del  consenso,   ésta   en   el   del   sometimiento”26.   

6.3.  También se  precisó  por  la  Sala que no es desigual el trato que se da a dos personas que  cometen  el  mismo  hecho delictivo en dos distritos judiciales diferentes, pues  si  bien  es cierto que una recibirá rebaja de hasta la mitad, en los términos  de  la Ley 906 de 2004, a la otra se le disminuirá la pena en una tercera parte  por orden de la Ley 600 de 2000, pues   

si  en  cuenta se tiene que en el Distrito  Judicial  donde  se  reconoce  la  rebaja de hasta del cincuenta por ciento, por  regir  allí  el  sistema  acusatorio  penal,  procede  además el incremento de  penas,  de  la  tercera  parte sobre el mínimo y la mitad respecto del máximo,  previsto en el artículo 14 de la Ley 890 de 2004.   

Y,  si además, la rebaja de pena proviene  de  un  acuerdo  celebrado  entre el procesado y el ente instructor, el monto no  tiene  que  ser  necesariamente  el  de  la  mitad,  ya  que  pueden  las partes  determinar  válidamente  entre  la  tercera  parte  y  un  día,  como lo viene  sosteniendo    la    Corte,    y   ese   guarismo,   atendiendo   a   múltiples  eventualidades27.   

6.4. Y he insistido  con  eco  en  la  Sala  en  que actualmente rige en Colombia un sistema procesal  penal  de  corte  acusatorio  que  implicó  una  revolución  copernicana en el  procedimiento,   de   suerte   que   el   juicio   de  identidad  de  figuras antiguas con las consagradas en  la  nueva  sistemática,  no  se  puede hacer a través de la simplicidad de sus  nombres  o  de su vigencia en otros contextos jurídicos bien distintos, además  que  la Corte Constitucional ha acogido por repetida vez la jurisprudencia de la  Corte  Suprema  de  Justicia  (teoría  del  “derecho viviente”) que en esta  sucesión  y/o coexistencia de sistemas procesales penales que vive el país, de  modo  que  la  favorabilidad  sólo  es  viable  cuando  (i)  la figura no fuere  vertebral  de  la  nueva sistemática, y (ii) que las instituciones en un juicio  de   comparación   resultaren  idénticas,  regla  ésta  que  el  Tribunal Constitucional altera adelante al  demandar  simples afinidades conceptuales en el análisis comparativo de los dos  institutos   regulados   en   las  normas  legales  en  conflicto  (sentencia     anticipada    –Ley    600    de    2000–         y         aceptación    de   cargos   –Ley    906    de    2004–)28.   

6.5. En síntesis:  para    la   Sala   no   son   idénticas29    la  sentencia anticipada prevista  en  la  Ley  600  de  2000  y  el  allanamiento  a los  cargos  de  la  Ley 906 de 2004, razón por la cual la  rebaja  de  pena  prevista en la segunda no  puede operar para los supuestos en que el procesado se someta a la  primera.   

7.  Teniendo  en  cuenta  lo  anterior, se impone concluir que toda decisión judicial que conceda  rebaja   de   pena  en  los  términos  del artículo 351 de la Ley 906 de 2004 a personas que hayan cometido  hechos   que   se   gobiernan   por   la   Ley  600  de  2000,  es  ilegal,   y,   con  ello,  no  puede  ser  vinculante  para las instancias superiores que, muy al contrario, deben corregir  la  agresión  a  la Carta Política y a su principio prevalerte de la legalidad  de  la  pena30,  cuando  no  se  está  agravando  la sanción sino corrigiendo el  error  de imponer una pena equivocada, yerro sobre el que no se pueden construir  derechos  como  el  de la no reformatio, y la providencia que lo confirme, nunca  puede ser razonable.    

8.  En  el Estado  Social       de  Derecho31 debido a que   

Después  de  la segunda guerra mundial se  vio  la  necesidad  de someter la ineludible acción intervencionista del Estado  social      no      sólo      a     los     límites     jurídicos–formales  del Estado de Derecho, sino  también  a  límites  materiales  derivados  de  la  exigencia de respeto de la  dignidad   humana   de   todo   ciudadano,   centro   de   la  idea  del  Estado  democrático32,  y   que  crea la imagen  sintética de Estado Social y  Democrático de Derecho (art. 1 Const. Pol.).   

9. La categoría de  fundamental  de  un derecho se otorga por su consagración constitucional, norma  que  a  la  vez  se  erige  en fuente jurídica de sus limitaciones. Ella es una  unidad,  un  sistema armónico y coherente, en el que todas sus  normas son  útiles   para   determinar   los  límites  de  los  derechos  y  sus  posibles  restricciones  porque  no  pueden anular otros derechos de similar estirpe ni la  salvaguardia  de  éstos  debe  contradecir  o  agotar  el contenido de aquellas  prerrogativas  pues  la  interpretación  correcta  es la que lleve a la máxima  efectividad     de    toda    la    Constitución33,  porque  como  con  razón  apunta Habermas   

Las normas concernientes a principios, que  ahora  embeben  todo el orden jurídico, exigen una interpretación constructiva  del  caso  particular, referida al sistema de reglas en conjunto, y muy sensible  al  contexto34.   

10.  Un  llano  test   de   ponderación  señala      que     se     deben     ponderar  las garantías a la no  reforma  peyorativa  establecida en el  inciso  2  del  artículo  31  constitucional:  “El  superior  no podrá   agravar  la  pena  impuesta  (la  situación  jurídica) cuando el condenado sea  apelante  único”,  y  la  de  legalidad previamente  fijada  en  los  artículos  6  y  29  inciso  2  de la  Constitución Política:   

Nadie  podrá  ser juzgado sino conforme a  las  leyes preexistentes al  acto  que  se  imputa,  ante  el  juez  o  tribunal  competente   y  con la  observancia de la plenitud de las formas propias de cada juicio”.   

11. Para establecer  cuál  garantía  esencial  debe primar por ostentar el núcleo más fuerte, hay  que  decir que cuando los derechos humanos apenas hacían parte del catálogo de  aspiraciones  que  los Iluministas reclamaban a favor de los asociados, a partir  de  posturas  ius naturalistas  se  les  confirió  un  valor  absoluto  e inherente a la persona, pero, una vez  fueron  positivados, se empezó a ver la necesidad de relativizarlos, limitarlos  o delimitarlos, pues   

el  hecho  de  vivir  en  sociedad permite  atisbar  la existencia de conflictos entre diferentes titulares de derechos, por  lo  que  resulta  necesario conjugarlos armónicamente y por lo tanto limitarlos  externamente35.  “La solidaridad de las personas, a la  que  hace  referencia  el  artículo  1°  de  la  Constitución como uno de los  fundamentos  del  Estado  colombiano  y  la   solidaridad social que, en el  artículo  95  aparece como un principio rector de la conducta de los asociados,  es  un  valor  que  se construye sobre un hecho. La razón es clara: tal como lo  han    establecido   científicos   sociales  (v.  gr.  Durkheim),  en  principio,  la   solidaridad  consiste  en el hecho simple y verificable de  que   cuando  se  convive  lo  que  afecta  a  uno  solo de los miembros de  la   comunidad,  afecta  a  los otros (más a los iguales en el caso de las  sociedad  incipientes, y a los semejantes en el caso de las más desarrolladas y  complejas).  Pues  bien:  sobre  ese factum, evidente e innegable, ha erigido el  Constituyente   colombiano   un  principio  rector  de  la  conducta  que  puede  enunciarse  así:  si  del  comportamiento  que  tú   observes  se  siguen  consecuencias  para los demás, tu comportamiento debe ser de tal suerte que los  efectos  altruistas  (positivos)  se  incrementen y los egoístas (negativos) se  eviten.  Y  es  de  evidencia  meridiana que si la solidaridad tiene vigencia en  cualquier  comunidad,  en  la  más  nuclear  (donde los miembros conviven en la  mayor  proximidad  física  pensable),  el  fenómeno  se  da  en ella con mayor  intensidad  y  el  principio  deóntico que de él se infiere, debe ser para sus  miembros         más         vinculantes”36.   

11.1.    La  jurisprudencia  del Tribunal Constitucional indica que como quiera que no existe  una  jerarquía  normativa  entre  los  diferentes  derechos  fundamentales  que  consagra   la   Carta   Política   y   los   mismos   deben   ser  garantizados    en   la   mayor   medida  posible37,   surge   un  problema  hermenéutico  cuando  estos  concurren  o  coexisten  o entran en conflicto o se enfrentan a postulados que constituyen los  pilares  que fundamentan nuestro Estado social democrático de Derecho, de donde  surge    la    necesidad   de   su   armonización38.   

11.2. Y la doctrina  dice que   

“Como  lo muestra la problemática   de  la  colisión  de  los  derechos  fundamentales,  el  contenido  del derecho  fundamental  está  condicionado porque los derechos fundamentales pueden entrar  en  la  práctica   en  colisión   con otros derechos fundamentales y  porque  necesariamente   deben ponerse en concordancia con otras normas del  sistema  jurídico  (entendido  como  sistema  coherente).  Por  eso,  todos los  derechos  fundamentales,  respecto  de su estructura, son derechos fundamentales  condicionados.  La  razón  de ello es que pueden ser limitados según  las  circunstancias.  La  ponderación   entre  argumentos  para  normas de  derechos   fundamentales   en   colisión   es  indispensable  en  el  caso  concreto”39.   

12 El principio       de       legalidad40  se traduce en materia penal  en   la   necesidad  imperiosa  e  insoslayable  de  que  el  legislador  defina  previamente  el  delito  y  la  pena, el juez competente y las formas propias de  cada  juicio41,   con   lo   que   se   delimita  el  ejercicio  del  ius  puniendi y se ata al legislador a los  contenidos supremos, pues éste debe responder   

a la realización de los fines sociales del  Estado,  entre  ellos,  los  de  garantizar  la  efectividad  de los principios,  derechos  y deberes consagrados en la Constitución y de asegurar la vigencia de  un              orden              justo42.   

Y,   más   adelante,   el   debido       proceso      público  aparece  consagrado  en el texto  constitucional  de manera conglobante pues inmersos en él pueden observarse los  principios  de  legalidad  y  favorabilidad,  la  presunción  de  inocencia, el  derecho  a  la  defensa  material  y  técnica,  el  debido  proceso  en sentido  estricto,  el non bis in ídem  y    la    no    reformatio   in   pejus.   

La   supremacía  de  la  estricta   legalidad  dice  desde  luego  relación  a  los principios formales del Derecho  penal  –que  limitan  la  competencia  de  los  órganos  estatales  en materia de persecuciones penales-.  Desde  el punto de vista material es indudable que la prioridad corresponde a la  dignidad  humana  y,  por  tanto,  no  hay  ley que valga contra ésta, tal como  acertadamente  lo  destaca  el  artículo 1° del nuevo Código Penal Colombiano  (Ley  599  de  2000),  en armonía con el artículo 1° de la Constitución  Política  de  1991  que  reconoce a este principio el  carácter de primer  fundamento    de    todas    las    instituciones43.   

13.  Cuando  un  proceso  penal  llega  al conocimiento de una autoridad superior en virtud de un  recurso  propuesto  exclusivamente  por  el  procesado, se impone la aplicación  respetuosa  del  precepto  superior  consagrado en el artículo 31 de la Carta y  desarrollado  por los artículos 204 de la Ley 600 de 2000 y 20 de la Ley 906 de  2004.  Tal  principio  tiene  cobertura  absoluta  en  la  medida en que la pena  impuesta  por  las  instancias  haya  sido  respetuosa  de la legalidad y de los  límites  punitivos  impuestos  por  el  legislador44.   

Lo  antes dicho significa que en todos los  casos  en  que las decisiones judiciales se mantengan dentro de los límites que  establecen  los  preceptos  y la consecuencia jurídica que contienen las normas  penales,  al  apelante  único  no se le puede hacer más gravosa su situación,  vr.  gr.,  si  una  persona  fue  condenada  a  la  pena  de 13 años como autor  responsable  de  un  delito de homicidio agravado (art. 106 del CP), a quien por  razones  funcionales  le  corresponda  resolver la impugnación que interpuso el  acusado,  por  expreso  mandato de la prohibición consagrada en el artículo 31  de  la  Carta,  le está negado agravar su situación porque está dentro de los  límites legales.   

14.  Pero  ya  se  vio  que  en el Estado Social de Derecho, la garantía esencial que prohíbe  la  reforma  peyorativa  tanto  para  victimario  como  para víctima cuando son  recurrentes   (tanto   en   reposición   como   en  apelación)  únicos,   no  es absoluta y, en caso de  concurrencia  o  conflicto  con  otros  derechos,  se  debe  proceder  a dar una  solución   al  asunto  por  vía  de  las  reglas  de  ponderación,  armonizando  los límites del principio  de   legalidad   de   la   pena  con  los  de  la  prohibición  de  la  reforma  peyorativa:   

La  Ley  Fundamental,  como el conjunto de  principios  básicos  que adoptan y describen el modelo de sociedad dentro de un  marco  conceptual  general,  no  es  una  codificación  cerrada  ni  un  modelo  descriptivo  completo  y  exhaustivo,  sino  que  sus  previsiones establecen el  contenido  esencial  o  los  esquemas  que engloban los valores esenciales de la  comunidad,  la  forma  de  Estado,  los  límites  de los poderes públicos, sus  funciones  y  responsabilidades, la forma de organización política, económica  y  social;  pero al lado de esa concepción estructural del modelo de Estado, se  levanta  como  razón  y  esencia  misma del  Pacto  Constitucional  el reconocimiento del valor superior de  la   persona  humana,  la  supremacía de los derechos  humanos  como  metas  y  fines esenciales del Estado45.   

Las  penas  establecidas en la legislación  penal  han  superado los exámenes de constitucionalidad y por lo tanto resultan  ajustadas  al principio de proporcionalidad  para sancionar al amparo de sus extremos punitivos los ataques que  puedan  recibir  los  bienes  jurídicos  protegidos,  de  donde se tiene que la  imposición  de  una  sanción  que desborde el tope máximo, se tace por debajo  del  límite  mínimo  o  por  vía  de  alguna de las instituciones del derecho  premial  conlleve  una  rebaja  de  pena más allá de la autorizada legalmente,  debe   ser  corregida,  sin  importar  que  el  condenado sea apelante único, pues desde la Constitución se  reclama  imperativamente  que  los  poderes  públicos  en  general,  y  la rama  judicial  en  particular,  desplieguen  su  actividad  de  manera  encaminada  a  conseguir  “la efectividad de los valores superiores de la justicia material y  de       la       seguridad       jurídica”46.   

En  la  vida  en  comunidad y de cara a la  organización  estatal,  a  la  par  de  los derechos esenciales de vida-libertad-igualdad,  cobra  especial  relieve  para  hacer  real  y  efectivo  el  valor  de dignidad, el derecho   a   la   seguridad,  y  dentro  de este el de seguridad     jurídica…    Así   es   como   el   derecho  a  la  seguridad viene a cobrar  especial  relevancia  en  el  orden a la protección de la dignidad, la vida, la  libertad  y  la  igualdad.  Sin  seguridad material y  jurídica  de nada sirve la formulación abstracta de  derechos,  el  establecimiento  de  un  Estado  de  Derecho se tornaría inane e  insignificante,  pues  la  incertidumbre, la inseguridad, la variabilidad de las  situaciones  y por tanto la injusticia, cundirían, anegándose la vida social y  la  justicia  en un subjetivismo peligroso que propiciaría la inconformidad, la  violencia y la guerra civil.   

15.  La  pena que  legalmente  se  consagra  como  consecuencia  de un comportamiento punible está  ajustada  dentro de unos límites que le permiten caracterizarla como necesaria,  proporcional  y  razonable  (CP,  art.  3°)  y  en tal medida con ella se busca  obtener  como  fines  la  prevención  general,  retribución justa, prevención  especial,   reinserción   social   y   protección   al   condenado  (CP,  art.  4°).   

16. Algunos de los  valores  constitucionales  que  pueden colisionar con el principio que proscribe  la  reforma en peor, además de la legalidad (desarrollo y aplicación del valor  y  principio dignidad humana),  son  los  derechos de las víctimas  (también titulares de la dignidad   humana   y   del  derecho   de  defensa  de  sus  garantías  fundamentales)    y  el  deber  correlativo  del  Estado  de  investigar  y  sancionar  los  delitos  con  el  fin  de realizar la justicia y lograr un orden  justo,  amén  de la igualdad, de donde se tiene que tales derechos autorizan, e  inclusive  exigen, una limitación de esa garantía constitucional establecida a  favor            del            condenado47.   

El    principio    de    legalidad      del     delito     y     de     la     pena, es en el  campo  penal,  un desarrollo  y  aplicación del principio  esencial   de   dignidad  humana,   pues  en  este  ámbito  sólo mediante él se garantiza al individuo ser tratado como persona e  innato  titular  de derechos y garantías. Es así, visto como corolario lógico  del   principio   de   dignidad   humana,   que  el  principio  de  legalidad    penal    cobra   especial  jerarquía     y     prevalencia     en    el    ámbito    de    los    valores  constitucionales.   

Es   que   una   manifestación   de   la  administración  de  justicia  resolviendo  un  asunto con desconocimiento de la  legalidad  vigente  no  puede generar derechos; permitir tal dislate, ni más ni  menos,  constituye  un  asentimiento  para  que  el  infractor de la ley obtenga  beneficios  por  cuenta  del  delito o del error judicial, incurriéndose en una  insostenible  política  de  tolerancia  que arremete contra los derechos de las  víctimas  y  deja  a  la sociedad burlada: a las primeras porque no se les hace  justicia y a la segunda por la impunidad que se deriva del hecho.   

La  equivocada  jurisprudencia  que concede  prevalencia  absoluta  al principio de no reformatio in  pejus sobre el derecho a la legalidad de la pena, deja  el  camino  abierto  para  que  los  más  graves  atentados contra los derechos  humanos  y  el  derecho  internacional humanitario puedan quedar en la impunidad  total,  pues bastará que por medio del delito o el error, o que bajo el influjo  de  los  diferentes  poderes  fácticos que inciden en la sociedad, y que pueden  llegar  a  sofocar  la  libertad  e  independencia  de  los  administradores  de  justicia,  se  profiera  una  decisión  en  la  que  se deje de imponer la pena  privativa  de la libertad que aparejan tales ataques a los más preciados bienes  jurídicos,  para  que  las  víctimas  queden  inermes,  sin justicia, verdad y  reparación,  la  sociedad  deplore  la impunidad (a la  que   también   se   llega   con   la   concesión  de  aminorantes  o  rebajas  improcedentes)   y la comunidad internacional nos  considere como paraíso del delito necesitado de intervención.   

17. Adicionalmente,  tal  criterio  contraría  el derecho fundamental a la igualdad, que también es  valor  superior  y  principio fundamental, pues por medio del delito, el error o  la  fuerza  se  obtiene  un  trato desigual beneficioso para un sujeto que no lo  merece    y    respecto   de   quien   la   Constitución   no   reclama   trato  preferente.   

18. Del mismo modo,  si  la  pena  en  los términos del Código Penal cumple unos fines, no se puede  aceptar  como  lícito  que los mismos se verifican cuando la pena efectivamente  impuesta  no  alcanza  el  extremo punitivo mínimo previstos en la ley, pues el  respeto  del  mismo  (así como del tope máximo) está vinculado a la capacidad  que  tiene  la pena de responder ante la gravedad de los delitos como estrategia  de  prevención  general, retribución justa, prevención especial, reinserción  social y protección al condenado.   

19. En este caso no  cabe  duda  que  el  asunto  ha sido resuelto de manera insatisfactoria porque a  pesar  de  que  la intervención penal tiene un fin legítimo, siendo además el  medio  idóneo  y necesario para alcanzarlo, bienes jurídicos lesionados con el  proceder  antijurídico  del procesado no obtienen respuesta estatal en busca de  su   protección   mediante   la  consecuencia  punible  adecuada,  necesaria  y  proporcional.   

20.  Un  alcance  equivocado  del derecho fundamental que prohíbe la reforma peyorativa conduce a  generar  nuevos  derechos  fundamentales  contrarios  a los valores y principios  inspiradores  de  nuestro  Contrato  Social,  pues  ante  la legitimación de la  ilegalidad  no faltará ni quien reclame un trato igual ni el juez que considere  la   necesidad   de   proteger   en  esas  condiciones  un  derecho  fundamental  inexistente,  con  lo  que  finalmente  se  obtiene  la  perversión  del  orden  normativo,  se  desconoce  la  seguridad  jurídica  y se atacan las condiciones  básicas de convivencia social.   

Las  anteriores hipótesis permiten falsear  la  teoría  que  da  fuerza  prevalente al principio que prohíbe la reforma en  peor  frente  al  de  legalidad,  pues  resulta  inadmisible que en una sociedad  democrática  encaminada a la consecución de un orden justo la ilegalidad pueda  cobrar  legitimidad  aún por encima de los derechos de las víctimas y la lucha  global contra la impunidad. Ha de recordarse que   

La  intervención  de  las víctimas en el  proceso  penal  y su interés porque la justicia resuelva un asunto, pasó de la  mera  expectativa  por  la obtención de una reparación económica –como  simple  derecho  subjetivo  que  permitía  que  el  delito como fuente de obligaciones tuviera una vía judicial  para     el     ejercicio     de    la    pretensión    patrimonial–    a    convertirse   en   derecho  constitucional   fundamental   que   además   de  garantizar  (i)  la  efectiva  reparación por el agravio  sufrido,  asegura  (ii)  la  obligación  estatal  de  buscar  que se conozca la  verdad sobre lo ocurrido, y  (iii)  un  acceso  expedito  a la justicia,  pues  así  se  prevé por la propia Constitución Política, la  ley  penal  vigente y los tratados internacionales que hacen parte del bloque de  constitucionalidad48.   

De  donde se hace imperativo considerar, en  defensa  de  la independencia y autonomía de la administración de justicia, el  respeto  de  los  compromisos  internacionales del Estado en materia de derechos  humanos  y  la efectividad de los derechos fundamentales, en defensa de los más  caros  bienes  jurídicos  y  de  la  humanidad en general, que en el proceso de  ponderación  que  se  debe  hacer  entre  el  principio que prohíbe la reforma  peyorativa  y  el  de legalidad, el primero tiene que ceder ante el segundo para  permitir   que   el   orden   justo   –Estado    de    justicia– permanezca como un anhelo realizable.   

21. En un supuesto  como  el  que  aquí  nos  ocupa,  los  principios  de legalidad, igualdad y los  derechos   de   las   víctimas  preceden     al     otro     pues     tienen     un    mayor    peso  que  obliga  a  que el conflicto se  resuelva  a  su  favor,  porque  al  Estado le compete el irrenunciable deber de  investigar  con  seriedad  y  eficiencia  los  hechos  punibles  e  imponer  las  sanciones  autorizadas por el legislador, obligación que para la jurisprudencia  es  más  intensa  cuanto  más  daño  social  ha  ocasionado el comportamiento  delictivo49.   

En    estos    términos    se   cumple  satisfactoriamente  el  test  que      antecede      al      proceso     de     ponderación:     (i)         es         adecuado  sacrificar  el  principio  que  prohíbe  la  reforma  peyorativa  porque  su  oblación  permite  preservar  la  legalidad  y  con  ello  el derecho de las víctimas y la sociedad a que se haga  justicia;     (ii)    es  necesario  tal  sacrificio  porque  no existe otro medio menos lesivo disponible para preservar la legalidad  penal   y   la  igualdad  reclamada  desde  la  Constitución;  y,  (iii)  se  afecta  el  derecho  de  la  no  reformatio  in  pejus  en el  menor  grado  posible  compatible  con la mayor satisfacción en el ejercicio de  los  derechos  fundamentales de legalidad e igualdad en la aplicación de la ley  (proporcionalidad   propiamente   dicha)50.   

Lo  dicho  permite  conseguir  no sólo dar  cumplimiento   a   la   exigencia  lógica,  referida  a  la  coherencia  del  ordenamiento jurídico, sino al  acuciante       imperativo      político      del  presente  de  dar  respuesta adecuada a la protección  estatal de los derechos fundamentales.   

Conclusiones:  

1.  El  Estatuto  Procesal  Penal  de  2004  consagró   como  vertebral   para  la eficacia del nuevo sistema, una  filosofía  de  negociaciones  para  buscar  prontas  definiciones  de  los  procesos, contraria a la del   sometimiento  del  régimen  procesal   anterior que logró su máxima expresión con la  sentencia  anticipada.  Para  un  adecuado  balance  elevó  la  posibilidad  (hasta)   del   descuento   pero  también  incrementó las penas.   

Esa   fue   su   finalidad   –como   lo  he  probado  varias  veces  revisando  las  Actas  de  la   Comisión  Constitucional  Redactora  y los  escritos   del   Comisionado   encargado  del   tema,  Dr.  Gustavo  Gómez  Velásquez–  pero que  va  a  través  de  interpretaciones   de  factura  muy  ancha, en camino a  convertirse  en  algo  bien  distinto como ocurrió con la condena de ejecución  condicional,  ideada  para  evitar  el  contagio  carcelario de los condenados a  penas cortas, pero que se trastocó   

“por la fuerza de las cosas, la comodidad  y  la   rutina,  en una fórmula  vacía de sentido que es quizás uno  de  los  factores  que contribuyen  al enervamiento de la función penal de  todos  conocida,  aunque celebrada por algunos criminalistas, y, por descontado,  por    la    totalidad    de   los   criminales”51. Y,   

         2.  A  nuestro  juicio es claro que siendo la Constitución “norma  de  normas”  y  sus preceptos de obligatorio cumplimiento por los jueces de la  República,  la  prohibición  prevista  en el inciso 2° del artículo 31 de la  Carta,  que  no  es  absoluta  pues  tiene  límites52   y   requiere   para   su  aplicación   práctica   de   juicios  o  test  de  ponderación,  presupone    una    decisión   judicial  condenatoria  respetuosa de la  Constitución  y  de  la  Ley, esto es, un fallo proferido en acatamiento de los  principios  de  legalidad, igualdad y proporcionalidad así como de los derechos  de  las  víctimas, pues de lo contrario, una aberrante  vulneración  a  la  propia  Carta  Política  y a los  principios  más  esenciales, se podría convalidar al amparo de una ilimitada e  irracional   no  reformatio  in peius.   

Cordialmente,  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

ACLARACION DE VOTO  

Ref.:   CASACIÓN  26190   

Con  respeto, debo apartarme de la mayoría  y,  entonces,  debo consignar los argumentos por los cuales mi criterio es   divergente,  porque  creo  firmemente que la aplicación favorable del artículo  351  de  la  Ley 906 de 2004 se impone para casos tramitados al amparo de la Ley  600 del 2000. Así:   

En  abstracto,  como  corresponde  al marco  Constitucional, el artículo 29 ordena:   

“ARTICULO  29.  El  debido  proceso  se  aplicará   a   toda   clase   de   actuaciones  judiciales  y  administrativas.   

Nadie  podrá  ser juzgado sino conforme a  leyes  preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal competente y  con   observancia  de  la  plenitud  de  las  formas  propias  de  cada  juicio.   

En  materia  penal,  la  ley  permisiva  o  favorable,   aun  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva o desfavorable.   

Toda  persona se presume inocente mientras  no  se  la  haya  declarado  judicialmente  culpable.  Quien sea sindicado tiene  derecho  a  la  defensa  y  a la asistencia de un abogado escogido por él, o de  oficio,  durante  la  investigación  y  el  juzgamiento;  a  un  debido proceso  público  sin  dilaciones  injustificadas;  a presentar pruebas y a controvertir  las  que  se alleguen en su contra; a impugnar la sentencia condenatoria, y a no  ser juzgado dos veces por el mismo hecho.   

Es  nula,  de  pleno  derecho,  la  prueba  obtenida   con   violación   del   debido   proceso.”   (Subraya   fuera   de  texto)   

El principio de favorabilidad, como tal, no  admite  excepciones.  Y,  aunque  se  podría insinuar que existe una excepción  cuando  se  trata  de  la  protección  a  la  víctima,  ello no constituye tal  situación,  porque  es,  sin  duda,  aplicación del mismo principio, ahora, en  procura del derrotero de la igualdad.   

Siempre  lo  hemos  dicho:  el  principio  encuentra  soporte  de  proverbial postura en valores fundantes en procura de la  libertad  y,  ahora,  en  aras de resolver el conflicto, en el campo del derecho  penal.  No  otra  es  la  conclusión  que se deduce del denominado ‘Bloque                de  Constitucionalidad’  –artículo 93 de la Carta  Política-:     

“ARTICULO  93.  Los tratados y convenios  internacionales  ratificados por el Congreso, que reconocen los derechos humanos  y  que  prohíben  su limitación en los estados de excepción, prevalecen en el  orden interno.   

Los derechos y deberes consagrados en esta  Carta,  se  interpretarán de conformidad con los tratados internacionales sobre  derechos humanos ratificados por Colombia.   

   

El  Estado  Colombiano  puede reconocer la  jurisdicción  de  la Corte Penal Internacional en los términos previstos en el  Estatuto  de  Roma  adoptado  el  17  de  julio  de  1998  por la Conferencia de  Plenipotenciarios  de  las  Naciones  Unidas y, consecuentemente, ratificar este  tratado    de   conformidad   con   el   procedimiento   establecido   en   esta  Constitución.   

   

La admisión de un tratamiento diferente en  materias  sustanciales  por  parte  del  Estatuto  de  Roma  con  respecto a las  garantías  contenidas en la Constitución tendrá efectos exclusivamente dentro  del  ámbito  de  la  materia  regulada  en  él.”53   

Y,  de siempre lo hemos sostenido, bajo los  siguientes planteamientos:   

(i)  se  ha de observar la ley vigente   al   tiempo   en   que  se  comete  el  hecho.     Así,     la     ‘ley  aplicable al delito desde el punto de vista temporal es la ley  vigente  en  el momento de la comisión del hecho punible. Se trata de una regla  que  se  deriva  del principio de legalidad (…). Al derivarse del principio de  legalidad  la  exigencia  de  la  ley  previa  que  incrimine  el  hecho  tiene,  obviamente,  jerarquía  constitucional”54;   

(ii) la retroactividad y la ultractividad se  encuentran  prohibidas  lo  que  así, “Implica  la  irretroactividad  de  la  ley penal, o en otras palabras, la prohibición de  retroactividad  de  la  ley  ex post facto   –ubicado  por  el  autor como parte del principio de legalidad, agregamos-. (…) Se trata  de  impedir  la  arbitrariedad  del  legislador.  El  ciudadano  no puede quedar  entregado     a     la     sola     voluntad     del     legislador.”55;   

(iii) no obstante, es posible su aplicación  retroactiva  o  ultractiva  cuando  es  favorable al agente del punible, como lo  ordena  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  en  referencia, de  siempre,   al   humanitarismo   del  Derecho  Penal56   

y,  a  los  supuestos  generales  que  se  encuentran    en    la    ley    153    de    188757   

;  

(iv) tal planteamiento permite la reflexión  sobre  la  ley  intermedia,  la temporal, la excepcional y, por supuesto, la ley  declarada  inexequible;  en  tal punto nos parece esclarecedora la postura de la  honorable       Corte       Suprema       cuando      afirmó:      ‘Es  necesario  parear,  pues,  a  los  fines  de  lo que se ha llamado el segmento de libertad, o sea el respeto que se  debe   a  toda  decisión  favorable  que  propicie  la  recuperación  de  este  inestimable  bien,  tanto la situación que se crea con la derogatoria o reforma  normal  de  la  ley,  como el caso de reposición de vigencia de la ley derogada  mediante       la       norma       declarada       inconstitucional’58.   

Ello   es   así,   pues,  al  declararse  inejecutable  un  texto  legal,  se  indica que tales normas son contrarias a la  Carta  Fundamental,  que  no  tuvo  vida  jurídica  alguna y que careció de la  fuerza  de  norma  suficiente  para  derogar  precepto alguno. Pero no cabe duda  sobre   que   la   cláusula  existió,  que  en  este  lapso  tuvo  vigencia  y  efectos59.  Y, allí mismo se dijo: ‘(…)  de allí su inmediata vigencia, la cual debe perdurar en los  casos  que  recibieron  o  debieron  recibir  su  benigno influjo, por encima de  reformas  posteriores  que  vuelvan  al  mismo  o  más riguroso tratamiento del  acordado   por  la  citada  ley  (…)’                    60;   en   consecuencia,   las  situaciones  latentes  o ley penal latente,  deben  ser comprendidas dentro del principio de favorabilidad; y,   

(v)  de  iguales  consecuencias  se  debe  resaltar   lo   referente   a   las   ‘normas’  de  procedimiento;  de  antaño  se  dijo: ‘Las  normas  de  procedimiento, al menos cuando no afectan aspectos  sustanciales  (v. gr. reforma en el régimen de prescripción de la acción o de  la  pena;  privación  de libertad), pueden considerarse indiferentes o neutras,  en  cuanto  no  afectan  de  suyo el principio de favorabilidad consagrado en el  art.   26  (artículo  29  de  la  Constitución  Política,  agregamos)  de  la  Constitución   Nacional.   De  ahí  que  tanto  en  la  doctrina  como  en  la  jurisprudencia,   con   la   salvedad  indicada,  constituya  regla  general  su  aplicación  inmediata,  máxime cuando las mismas implican un perfeccionamiento  de   la   administración  de  justicia”61.   

Por último, se ha superado el debate   sobre  la existencia de normas procesales con contenido sustancial, a las cuales  el  principio  de  favorabilidad extiende sus benéficos efectos y, sin duda, es  la   concreción   de   la   prevalencia  del  derecho  sustancial  –artículo      228      de      la  Carta-.   

Y   con   respecto   al   ‘Bloque               de  Constitucionalidad’  se  debe resaltar, por lo menos, que en:   

(i) la Convención Americana sobre Derechos  Humanos  (Pacto  De  San  José) de 1969, ordena en su artículo 9, ‘Principio   de   Legalidad   y   de  Retroactividad’   que,  ‘Nadie   puede   ser  condenado  por  acciones  u  omisiones  que en el momento de cometerse no fueran  delictivos  según  el  derecho  aplicable. Tampoco  se puede imponer pena más  grave  que  la  aplicable  en  el  momento  de  la comisión del delito. Si con  posterioridad  a  la  comisión  del delito la ley dispone la imposición de una  pena   más   leve,   el   delincuente   se  beneficiará  de  ello.’;   

(ii) la Declaración Universal de Derechos  Humanos,  adoptada  y proclamada por la Asamblea General en su resolución 217 A  (III),  de  10  de  diciembre  de  1948,  en  el  artículo  11,  se  ordena que  ‘1. Toda persona acusada  de  delito  tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su  culpabilidad,  conforme  a  la  ley  y  en juicio público en el que se le hayan  asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.   

2.  Nadie será  condenado  por  actos  u  omisiones  que  en  el  momento de cometerse no fueron  delictivos  según  el  Derecho  nacional  o internacional. Tampoco se impondrá  pena   más   grave  que  la  aplicable  en  el  momento  de  la  comisión  del  delito’. (resaltos fuera  de texto); y,   

(iii)  el   Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos  Adoptado y abierto a la firma, ratificación y  adhesión  por  la  Asamblea  General  en  su resolución 2200 A (XXI), de 16 de  diciembre  de  1966,  en  donde  en  el  artículo  15  se  determina  que   ‘1.    Nadie  será  condenado  por actos u omisiones que en el momento de  cometerse    no    fueran    delictivos    según    el   derecho   nacional   o  internacional.  Tampoco  se impondrá pena más grave  que  la  aplicable  en  el  momento  de  la  comisión  del delito. Si  con  posterioridad  a la comisión del delito la ley dispone la  imposición   de   una   pena  más  leve  el  delincuente  se  beneficiará  de  ello.   

2.  Nada de lo dispuesto en este artículo  se  opondrá  al juicio ni a la condena de una persona por actos u omisiones que  en  el  momento  de  cometerse fueran delictivos según los principios generales  del    derecho   reconocidos   por   la   comunidad   internacional.’      (Resalto      fuera      de  texto).   

En  el  caso concreto no me asalta ninguna  duda  sobre  la  vulneración que se presenta con la inaplicación artículo 351  de la Ley 906/04.   

No  viene  al  caso  reiterar lo que otros  salvamentos  parciales  de  voto  resaltan  con  respecto  a  institutos como la  sentencia  anticipada –ley  600  de  2000-  y  lo  introducido  en  el nuevo sistema de enjuiciamiento penal  colombiano  –ley  906 de  2004-.   

En  el  control  de Constitucionalidad, con  respecto  a  la  ley  que  contiene  el  nuevo  Sistema  de Enjuiciamiento Penal  Colombiano,  en especial línea de jurisprudencia, esa Corporación en Sentencia  C-592  de  nueve  (9) de junio del año dos mil cinco  (2005),    M.   P.   Dr.   ALVARO   TAFUR   GALVIS62   

sostuvo:  ‘Al    respecto   la  jurisprudencia   ha   expresado   que  en  líneas  generales,  las  finalidades  perseguidas  con  la  reforma  constitucional fueron: (i) fortalecer la función  investigativa  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  en  el  sentido  de  concentrar  los  esfuerzos  de  ésta  en  el  recaudo  de  la  prueba;  (ii) la  configuración  de un juicio público, oral, contradictorio y concentrado; (iii)  instituir   una   clara   distinción   entre  los  funcionarios  encargados  de  investigar,  acusar  y  juzgar;  (iv)  descongestionar  los despachos judiciales  mediante  la supresión de un sistema procesal basado en la escritura para pasar  a  la  oralidad,  y  de  esta  forma,  garantizar  el  derecho a ser juzgado sin  dilaciones  injustificadas;  (v)  modificar  el  principio  de permanencia de la  prueba  por  aquel  de  la  producción de la misma durante el juicio oral; (vi)  introducir  el  principio  de  oportunidad;  (vii)  crear  la figura del juez de  control  de  garantías;  e  (viii)  implementar  gradualmente  el nuevo sistema  acusatorio’   

Y  bajo  las siguientes pacíficas bases se  perfilaron:   (i)   las   nuevas   funciones  de  la  Fiscalía63;    (ii)    las   fuentes   del   derecho   aplicables64; (iii) los  principios   fundamentales  que  rigen  el  proceso65   

;  (iv)  los actores que intervienen en la  relación   jurídica   y   en   el  proceso  penal66;   (v)  la  creación  del  ‘Juez  de  control  de  Garantías’67   

;  (vi)  el  mantenimiento  del Ministerio  Público  dentro  del  proceso, con especial énfasis en la protección y tutela  de  los  derechos  fundamentales  y  la  protección  de la sociedad68;  (vii) en  los  rasgos  estructurantes  del  nuevo  sistema  se ve una preponderancia en la  etapa            del           juzgamiento69   

;  (viii) los poderes atribuidos a quienes  participan      en      el     proceso     penal70;  (ix) los parámetros para  la  interpretación de las normas del Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de  2004’71;  (x)  la  aplicación  del  ‘Bloque      de  Constitucionalidad’72.   

En  cuanto  a la terminación abreviada del  proceso,  se  intenta  resaltar, por la mayoría, que hacen parte de sistemas de  enjuiciamiento  penal  diversos.  Ello  sería posible si en Colombia se hubiese  adoptado  un  modelo tal de diferenciación, pero como  esa situación  no  corresponde  a  la  puridad  de  términos  de  diferencia,  pues  no existe  parámetro  exacto  que  los  distinga,  la  ausencia  de parámetros ciertos de  diferencia  no  puede  entonces  servir  de  referente  para  la  distinción de  institutos  y  modelos,  en  fin  de  ‘norma’.   

Elemento  de especial consideración sería  la  microcomparación,  en  donde la diferencia ponderada en el contenido de los  artículos  daría la diferencia; No obstante, el derecho comparado y el derecho  penal  comparado dan muestras de otra formulación, pues la macrocomparación no  se  realiza  con relación a los artículos que hacen los institutos, sino a los  modelos   mismos:   ‘El  estudio  del  derecho  comparado  en  general  se  distingue  en  dos  tipos  de  actividades  netamente diferenciadas entre ellas: un primer tipo de comparación  –llamada  <macrocomparación>-  tiende a identificar las líneas de tendencia que se  presentan  en  las  diferentes  experiencias  prácticamente  realizadas  en los  distintos  países  para individualizar algunos  modelos en cuyos grupos de  ordenamientos  parecen  inspirarse  aunque se diferencien de manera más o menos  acentuada   entre   ellos;   un   segundo   tipo  de  comparación  –llamada   <microcomparación>-  tiende  en cambio a confrontar instituciones jurídicas en particular, comunes a  ordenamientos  diferentes  o  al  menos confrontables entre ellos, para poner en  evidencia  las  semejanzas y las diferencias que presenta la disciplina aplicada  a    ellos   en   distintos   países’73.   

Y los modelos mismos son la norma que, como  tal,  imponen  al  aplicador  su  función  y  su finalidad. En consecuencia, la  favorabilidad se impone.   

Sobre  el  punto,  cabe  resaltar  que para  establecer  diferencias  se  deben realizar ingentes esfuerzos, en tanto que las  similitudes,  las  identidades,  surgen  sin  necesidad de esforzados análisis,  como  se  demuestra en la sentencia de tutela del 24 de agosto de 2007 (radicado  32.637).   

Con respeto,  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN.   

Bogotá D.C,  03 de octubre de 2007.  

ACLARACION DE VOTO  

El  suscrito  Magistrado,  con  el habitual  respeto  por  las decisiones mayoritarias, procedo a consignar las razones de mi  disentimiento  que  me llevaron a aclarar el voto en el fallo proferido por esta  Sala el 14 de noviembre de 2007.   

La Sala reafirma su posición acerca de que  la  sentencia  anticipada  prevista en la Ley 600 de 2000 y la aceptación de la  imputación  contemplada  en  la Ley 906 de 2004 no son institutos idénticos al  responder  a  diferentes  sistemas  procesales  de investigación y juzgamiento,  pues  el  primero responde a un modelo de justicia de sometimiento, en tanto que  el segundo a uno consensual.   

Pese a lo anterior, la Sala en virtud de la  prohibición  de  la  reforma peyorativa del único apelante, debió aceptar que  el  Tribunal  aplicó  por  favorabilidad el artículo 351 de la Ley 906 de 2004  integrado   con   lo  dispuesto  en  el  artículo  356  inciso  5°  del  mismo  ordenamiento   a   hechos   acaecidos   bajo  la  vigencia  de  la  ley  600  de  2000.   

Mi   desacuerdo   radica   en  que  a  la  Corporación  le correspondía, al reconocer que por razones de favorabilidad se  aplicó  una  norma  posterior  que  modifica  de manera favorable la condición  jurídica  del enjuiciado, que tal beneficio se viera reflejado en la condena, a  cambio  de  mantener  la  rebaja  de  tan sólo una tercera parte de la pena que  corresponde  en  últimas  a  la  que  preveía el artículo 40 de la Ley 600 de  2000.   

   

Efectivamente,  se  estuvo  conforme con el  Tribunal  que  establecido el ámbito de movilidad de una tercera parte hasta en  la  mitad,  en este caso el procesado no se hacía merecedor a la máxima rebaja  de  pena  dada  la  posición  de inocencia que asumió desde un principio y que  mantuvo  hasta  avanzada  la investigación lo que le generó a la Fiscalía una  compleja  actividad  investigativa  y  judicial,  sino  que  le correspondía la  disminución  de  una  tercera parte de la pena que viene a ser la concedida por  el  juez  de primer grado cuando aplicó la figura de la sentencia anticipada de  la  Ley 600 de 2000, con lo cual resultó sin algún sentido y en total vacuidad  la  fundamentación  de la aplicación favorable y retroactiva del artículo 351  de la Ley 906 de 2004.   

Así  las  cosas,  dado  que  los términos  cuantitativos  de  la  nueva  normatividad  le  resultaban  en  todo  caso  más  benéficos,   conllevaba  una  mayor  disminución  punitiva  con  base  en  los  criterios  de  ponderación  relacionados  con  la  eficaz colaboración por los  fines  de  la  justicia  para  el  proceso de dosificación respecto del momento  procesal   en   el   cual   se   dio   la   terminación   procesal   de  manera  abreviada.   

Con  base  en  lo expuesto debo reiterar mi  postura  acerca  de la equivalencia de las figuras de terminación abreviada del  proceso  que  pese a diferente denominación en las dos codificaciones adjetivas  penales,  ostentan igual carácter ontológico y teleológico, enmarcadas dentro  de la llamada justicia penal premial, como paso a explicar:   

1.            Si  bien  tanto  el Decreto 2700 de 1991  como  la  Ley  600 de 2000, frente a la Ley 906 de 2004  responden   a   esquemas   filosóficos   procesales  disímiles,  por  lo cual no es posible plantear equivalencias exactas entre las  formas  de terminación abreviada del proceso que cada una regula, vale recordar  que  la  sentencia  anticipada,  introducida  por  primera vez a la legislación  patria  en  el primer estatuto citado, (1991), fue concebida desde sus orígenes  como  un  instituto  propio  del  sistema  penal  premial  que  se aproxima a la  estructura  del  proceso  de partes, en armonía con el principio constitucional  de  que  los  ciudadanos  tienen  derecho a participar en las decisiones que los  afectan  (art. 2° de la Carta Política).   

2.             Las  dos  modalidades  de  terminación  abreviada  del  proceso  que  entonces  se consagraron, vale decir, la sentencia  anticipada  y  la  audiencia especial -figura última a  la  postre suprimida en la codificación de 2000-, a no  dudarlo   se  ofrecen  equivalentes,  en  su  orden,  a  la  aceptación  de  la  imputación  o  allanamiento  a cargos que hoy regulan los artículos 288, 293 y  351  de  la Ley 906 de 2004 y a los preacuerdos y negociaciones previstos en los  artículos  348  y  siguientes  ejusdem,  en   tanto   los   primeros   suponen   aceptación   unilateral  de  responsabilidad,  mientras que los segundos se verifican a través de un acuerdo  entre  imputado y fiscalía sobre la naturaleza y términos de la acusación que  se  formula,  en  torno a la cual se obtiene un consenso, el imputado renuncia a  tener  el  juicio  oral,  público,  contradictorio, concentrado, imparcial, con  inmediación  probatoria,  a  cambio  de  beneficios no siempre representados en  rebaja de pena.   

3.           La nueva codificación procesal distingue  entre  los preacuerdos y la aceptación unilateral de responsabilidad penal, sin  que  sea  viable  asimilarlas  porque  mientras  el  allanamiento supone un acto  unilateral,  los  acuerdos  deben irrumpir como fruto de una aproximación entre  partes,  en  este caso Fiscalía e imputado, a partir del cual se conviene ya en  los  términos  de  la  acusación, ora en la cantidad de pena a imponer, todo a  condición de que se acepte responsabilidad.   

3.1.             Se trata de dos modalidades  diversas  de  terminación  abreviada  del proceso, como se extrae del artículo  293  de la Ley 906 de 2004, al prescribir que: “[s]i el  imputado  por  iniciativa propia o por acuerdo con la  Fiscalía  acepta  la imputación, se entenderá que lo  actuado es suficiente como acusación”.   

3.2.        La  aceptación   de   “los  cargos  determinados  en  la  audiencia   de  formulación  de  imputación”  a  que  refiere  el  artículo  351  y  que  da  lugar  a  una  rebaja  de “hasta  la mitad de la pena, acuerdo que se  consignará  en  el  escrito de acusación”  sólo puede entenderse referida a los eventos en que, fruto de una  aproximación,  Fiscalía  e  imputado  preacuerden  que  el primero otorgue una  rebaja,  elimine  un  cargo o una agravante o presente la acusación con miras a  la  disminución  de  la  pena,  a  cambio  de que el segundo acepte los cargos,  consenso   que   puede  intentarse  entre  ellos  desde  cuando  se  formula  la  imputación  y  hasta  antes  de que se presente la acusación, términos éstos  que  son  los  que se consignan como escrito de acusación, sin que se vea cómo  tal  procedimiento  resulta  extensivo  al allanamiento a la imputación, que no  implica  ningún previo consenso en cuanto al monto de la rebaja que corresponde  dosificarla  al  juez  dentro de ese margen en que se mueve su discrecionalidad,  desde    luego    no    absoluta,    sino    sustentada    en    consideraciones  razonables.   

3.3.      Por otra  parte,  mientras  para el allanamiento a la imputación se prevé una rebaja que  pondera  el  Juez,  para los  preacuerdos  quedó  establecido un régimen en el que dicha rebaja, en caso que  se  opte  por  esta  forma  de  negociación,  es  determinada  por el  Fiscal,  dentro de los parámetros que  le fija la ley.   

Así se infiere de la lectura concordada de  los   artículos   288,   numeral  3°,  356  y  367,  los  cuales  regulan  las  consecuencias  de la aceptación unilateral de cargos en diferentes estadios del  proceso,  con  rebajas  variables  cuya concesión se delega al Juez. El primero  menciona   que   se   tendrá   derecho  a  una  rebaja  hasta de la mitad de la pena imponible, mientras que  el  segundo hasta de la tercera parte y la última fija una de la sexta parte de  la pena a imponer.   

En  cambio,  se  prevé  una  regulación  distinta   y  especial  para  las  manifestaciones  de  culpabilidad  preacordadas,  expresamente  prevista en  los  artículos  369 y 370, el primero de los cuales indica que en tales eventos  debe  el  Fiscal  indicar  al  Juez  los  términos  del  acuerdo y la  pretensión  punitiva que tuviere, para  señalar  seguidamente  que en caso de ser aceptado por el funcionario judicial,  en  cuanto  ha  constatado  que  con  él  no  se  quebranta  ninguna  garantía  fundamental,  debe  incorporarlo  a  la  sentencia  sin  que  le  sea  permitido  imponer  una  pena  superior a la que ha solicitado la  Fiscalía,  según lo prevé el artículo 370 ejusdem.   

3.4.               Igualmente,  es  preciso  mencionar  que  mientras  para  el  allanamiento  a  cargos que se produce en la  audiencia  preparatoria, el artículo 356 prescribe una  rebaja  de hasta la tercera parte de la pena a imponer,  en  los  preacuerdos a los que lleguen Fiscalía e imputado en fecha posterior a  la  presentación  de  la  acusación  y  hasta  antes  del  momento  en  que se  interrogue  al  acusado  al  inicio  del  juicio oral, estipula el artículo 352  una  rebaja fija de  la  tercera  parte, lo que una vez más  sugiere  no sólo la independencia de los dos institutos, sino la clara voluntad  del  legislador  de  dejar  un  margen  de discrecionalidad al Juez, que no a la  Fiscalía,  para  fijar  la  rebaja en caso de aceptación voluntaria y libre de  los cargos hasta antes del juicio oral.   

3.5.     Es  claro  que  las  divergencias  que  vienen  de señalarse encuentran razonable explicación en la  diferente  naturaleza  de cada instituto, pues mientras en uno la rebaja depende  exclusivamente   de  que  se  produzca  una  aceptación  libre,  espontánea  e  informada  de  la  imputación  y sólo a condición de ello produce efectos, en  otros    términos    da   derecho   a   obtener   la  rebaja,  no sucede lo mismo con aquellas que son fruto  de  una  negociación  y  que,  por  supuesto, sólo operan cuando se llega a un  preacuerdo,   que   puede  provocarse  desde  antes de que se formule imputación y hasta el momento en que  se  interrogue al procesado al inicio del juicio oral, acuerdo que por lo demás  no  se  reduce  exclusivamente  a  una  rebaja  punitiva,  como sí sucede en el  allanamiento  a  la  imputación,   en tanto puede versar también sobre la  eliminación  de  agravantes,  o de cargos, o la tipificación de la conducta de  una específica forma, con miras a reducir la pena.   

En consecuencia, me resulta difícil aceptar  que  sólo  por  virtud  de  la  remisión  prevista  en  la  Ley 906 de 2004 al  artículo  351, inserto en el capítulo de “Preacuerdos  y    Negociaciones   entre   la   Fiscalía   y   el   Imputado”,   para  efectos de determinar la rebaja de pena a que se hace acreedor  quien  acepta  voluntariamente los cargos en el mismo  momento   en   que   la   Fiscalía  se  los  formula,  pueda  concluirse que por esta vía esa manifestación  unilateral se convierta en un acto consensuado.   

Por   lo   anterior,   encuentro  que  el  allanamiento   a   la   imputación,   figura  procesal  regulada  en  la  nueva  codificación  adjetiva  y  la  sentencia  anticipada  de  la  Ley  600 de 2000,  responden  a  una  misma filosofía, dado que las rebajas de pena consagradas en  las  dos  legislaciones  consisten en recompensar la disposición del imputado a  admitir  su  responsabilidad  penal  frente  a  los  delitos  que se le imputan,  evitando  con  ello  el  mayor  desgaste  del  aparato  estatal  que comporta la  tramitación íntegra de la actuación procesal.   

Y  si  ello  es  así,  esto es, si las dos  instituciones   persiguen   una   misma   finalidad   filosófica  y  política,  coexistiendo  los  estatutos  procesales  que los consagran, no encuentro razón  alguna  para  negar  el  análisis del mayor descuento punitivo previsto en esta  última  normatividad a quienes bajo la vigencia de la primera se acogieron a la  sentencia  anticipada,  dando  aplicación retroactiva a la normatividad de 2004  frente   a   los   asuntos   tramitados   bajo   los   anteriores  ordenamientos  procesales.   

El  fallo  de  conformidad  producto  de la  entonces  sentencia  anticipada,  o ahora de la aceptación de cargos responde a  la  aminoración  del  trámite procesal acorde con el fin de hacer una pronta y  cumplida  justicia,  al  develar  una  administración  eficiente y eficaz de la  misma,   que   reporta   el   beneficio   de   la   rebaja   punitiva   para  el  procesado.   

Por  lo tanto, insisto que al reconocer que  el  Tribunal  optó por aplicar el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, dado que  cuantitativamente  le  resultaba más favorable para el procesado OSCAR MAURICIO  MESA CORREA ello debió reflejarse en la pena por imponer.   

Con toda atención,  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

         Magistrado   

Fecha    ut  supra.   

ACLARACIÓN   DE  VOTO   

Con el respeto que profeso a las decisiones  de  la  Sala  mayoritaria  comedidamente  aclaro  mi voto, porque no comparto el  alcance    restringido    que    la    colegiatura    otorga   al   principio  de favorabilidad, puesto que,  aunque  OSCAR  MAURICIO MESA CORREA se sometió a la justicia y obtuvo sentencia  anticipada  en  el marco de la Ley 600 de 2000, la hermenéutica más razonable,  a  mi  modo  de entender el proceso penal después de su constitucionalización,  indicaba  que  era  necesario  concederle  la  rebaja  de la pena de hasta en la  mitad,  en  los términos de las nuevas instituciones contenidas en el artículo  351 la Ley 906 de 2004.   

Adhiero   a  las  aclaraciones  de  voto  suscritos  por  los  Honorables  magistrados AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN y JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA, respectivamente, toda vez que ofrecen las razones del  disenso    de    una    manera    categórica    y   con   inmejorable   textura  jurídica.   

Cordialmente,  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Fecha ut supra  

    

1  Radicado No. 21.347   

2  .  CORTE  CONSTITUCIONAL, Sent.  C- 592 de 2005, M.P., Dr. ÁLVARO TAFUR GÁLVIS.   

3  Radicación 24.052   

4  Radicación 24.531   

5 En la  sentencia  del  14 de marzo de 2005, radicado No. 24.052, la Sala reconoció que  en  virtud  de  los  acuerdos  que  lleguen  a producirse, aún con ocasión del  allanamiento  a  cargos  en  la  audiencia  de  formulación  de imputación, es  posible  que  se  pacte  tanto  la  disminución de pena por esa causa, como las  consecuencias  de  los  hechos  imputados, esto es, el posible reconocimiento de  prisión   domiciliaria   o   de   la   suspensión   de  la  ejecución  de  la  pena   

6  Radicación 24.020   

7  Artículo 356 numeral 5 de la ley 906.   

8  Casación del 23 de agosto de 2005, radicado No. 21.954   

9“Abrumados  por el lastre de la impunidad, a los colombianos, por  generaciones  enteras,  se  nos  ha frustrado  el derecho y la esperanza de  vivir  en  una  sociedad   igualitaria, donde las leyes sean para todos, la  justicia  se  aplique  sin   contemplación y se ejerza con el debido rigor  para  sancionar  a  quienes  los  quebrantan,  sin  importar  su  posición  social,  su  filiación  política o su condición económica”. Germán Puyana  García,  ¿Cómo  somos  los colombianos?,  Bogotá,  Edit.  Panamericana,  2005, p. 274.      

10  Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   Adición  de voto al auto de colisión de  competencia,  7  de  abril  de  2005,  radicación  23312,  M. P. Yesid Ramírez  Bastidas.   

11  Ponderación   no   es  simplemente  el  acto  de ponderar sino que demanda del funcionario judicial una  hermenéutica   que   comprenda   el   tipo   de   Estado   y  todo  el  capital  axiológico   de  la  Constitución  Política  incluido el bloque  de  constitucionalidad,  como también la parte dogmática del estatuto procesal. Se  precisa  que  en  la  evolución   del  Estado de  Derecho,  su  primera  especie  es  el  liberal  y  la  segunda  el Social.   El   principal   valor   de   la   primera  es  la   libertad,  mientras que en  la  segunda  es la igualdad.  El  nuestro (art. 1 Const. Pol.) es Social,  categoría  que  no significa  un mero artilugio o toque de  distinción  sino  que  alberga  un  acervo  axiológico distinto al del tipo de  Estado  que  le  precedió.  A  su  amparo  se  consagró  el  valor-derecho que  registran  los  arts.  13  Const.  Pol.  y  4 cpp. Sobre los conceptos de Estado  Liberal  clásico  y  Estado Social de Derecho; “la función del derecho penal  en  el  Estado Social y Democrático de Derecho”;  y, la evolución   progresiva  del  derecho  penal  liberal,  derecho  penal social y derecho penal  democrático,   léase   con   provecho   a   Santiago  Mir  Puig,  Derecho  Penal, Parte General, Barcelona,  PPU,  1985,  p.  53, e Introducción  a las bases  del  derecho  penal, Buenos Aires, B de F Ltda., 2002,  ps.  103,  104  y 107.  “El concepto de juego limpio, que recuerda reglas  de  competencia  deportiva,  significa  no  sólo respeto a todas las reglas del  juego…  Hay  además que garantizar a las partes la  igualdad de armas…  Según   las   más   recientes   perspectivas,   los   derechos   fundamentales  influyen   no sólo en el desarrollo del derecho material, sino que brindan  criterio  para  una  configuración   de  los procedimientos que haga   realidad  la  protección  de  los  derechos  fundamentales”.  Ernesto  Benda,  El    Estado    Social    de    Derecho,     en     Manual     de    Derecho  Constitucional,  Madrid, Edit. Marcial Pons, 1996, p.  506.   

12  “Compartimos  con  el Gobierno el plazo prudencial de cuatro años a partir de  la  promulgación  del Proyecto de Acto Legislativo…, para permitir el proceso  de  transición hacia la implementación de un sistema de corte acusatorio… En  este  término  se  deberán  llevar  a  cabo foros gubernamentales, discusiones  académicas   y  publicidad  a  través  de  los  medios,  para  enterar  a  los  funcionarios     del     aparato     judicial     y     a     la    ciudadanía   sobre  la  reforma…”.  Cámara  de  Representantes,  Ponencia  para  primer  debate,  Comisión Primera  Constitucional,   Gaceta   del  Congreso N° 148 del 7 de mayo de 2002.   

13  Corte     Constitucional,     sentencia  C-873/03.  “Según  se advierte del análisis sobre el trámite  de  la  reforma,  con  las expresiones sobre las cuales el demandante puntualiza  los  cargos  contra  este artículo (5º transitorio del A. L. 03/2002), se hizo  expreso  el  principio  de  irretroactividad de la ley  penal    al    consignar    que   el   nuevo  sistema se aplicaría únicamente  a los delitos cometidos con  posterioridad  a  la  vigencia  que  en la propia ley  establezca  y  se amplió en un año el plazo para que entrara en plena vigencia  el      nuevo      sistema”.      Corte      Constitucional,      Sentencia  C-1092/03.   

14  Norberto     Bobbio,     Teoría    general    del  derecho,  Bogotá,  Edit.  Temis,  1994,  p.  188. Y,  Humberto   Sierra   Porto,   Valor  normativo  de  la  Constitución,    Bogotá,    Uniext,   p.   27   y  ss.   

15  Corte    Constitucional,    sentencia   C-873/03.   

16 La  existencia  de  una  norma  hace  relación  a  su  introducción  al  ordenamiento jurídico una vez se han  cumplido  los  requisitos  constitucionales  respectivos  para  su adopción; la  eficacia  jurídica  hace  relación  a la producción de efectos de la norma en cuanto a su aceptación; y  la  vigencia al tiempo en el  que genera efectos jurídicos obligatorios, a su entrada en vigor.   

17  Gustavo  Zagrebelsky,  El derecho dúctil    (Cap.    6,    El    derecho   por  principios), Madrid. Edit. Trotta, 1995, p. 109 y ss.  “Condición  del  ejercicio  de  los  derechos  de  libertad  es  que ellos no  colisionen  con   otros  derechos  constitucionales”.  Robert  Alexis, en  Prólogo    a   Rodolfo  Arango,    El  concepto  de  derechos  sociales  fundamentales, Bogotá, Universidad Nacional y Legis,  2005, p. XIV.   

18 La  Corte  Constitucional hizo expresa referencia a los autos del 4 de mayo de 2005,  radicaciones  19094  (reiterado  en  el  auto de 7 de abril de 2005, radicación  23312) y 23567.   

19  Corte     Constitucional,    sentencia T-091/06.   

20  Auto  de  julio  19  de 2005, radicación 23910, criterio ratificado en autos de  mayo 4 de 2005, radicaciones 19094 y 23567.   

21  “No      debe      perderse      de     vista     que     los     preacuerdos     y    negociaciones,  bien  entendidos y   acertadamente   ejecutados,   procuran   imprimirle   rapidez   al  trámite  de  juzgamiento,  sobre  la  base  de   un  consenso  justo,  pudiéndose decir que si bien el procesado es  el  creador  del  conflicto  también  debe intervenir como parte decisiva de la  solución”       Gustavo       Gómez      Velásquez,       Aproximación        al    tema    de    los   preacuerdos      y      negociaciones        en      el      cpp     –arts.  348  a  354-,  en Sistema   penal   acusatorio,  Bogotá,  F.G.N.,  2005,  págs.  69  ss.  Por estas razones, sí existe en estos aspectos  “una  relación  de  política  criminal  global  (sistemática)”  entre  el  descuento  punitivo  y el incremento generalizado de penas (leyes 906 y 890/04):  “Un       ordenamiento        jurídico      es      un      sistema  en  cuyo  seno  las normas  carecen  de  existencia  singular pues sólo adquieren  sentido en función  del   todo”.  Camino  Vidal  Fueyo,  El           principio          de  proporcionalidad             como             parámetro,      en     Anuario   de   derecho  constitucional  latinoamericano,  11°  año,  T.  II.,  Montevideo,  Fundación  Honrad  Adenauer  Stiftung, 2005, p, 430.   

22  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, radicaciones 21347, 24020,  24282, 24588, 25021, 26071 y 26306, entre otras.   

23  “La  definición, como la  palabra lo sugiere, es primariamente una   cuestión   de  trazar límites o discriminar entre un tipo de cosa y otro,  que  el  lenguaje  distingue mediante una palabra  separada”. H.L.A.  Hart,    El    concepto    de   Derecho,  Buenos  Aires, Edit. Abeledo-Perrot, 1977, p. 13. «Parecido»  significa  tener  determinada  apariencia  o  aspecto  que  le  asemeja  a algo;  «similar» es lo que tiene semejanza o analogía  con      algo.      Son      expresiones      sinónimas     de     «semejante»  que significa que las partes guardan  todas  respectivamente  la  misma  proporción  en  relación  con  otra. Véase  Diccionario  de  la  Lengua  Española, 22 edición. Es parecido a lo que ocurre  con los vocablos  “equiparable” y “analogía”.   

24  «Idéntico»   significa  lo  mismo  que  otra  cosa  (institución)  con  que  se compara. Véase Diccionario de la Lengua Española,  22 edición.   

25  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación, 23  de agosto de 2005.   

26  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación, 23  de  mayo  de  2006,  radicación  25300,  con  reiteración  en  la sentencia de  casación de 3 de mayo de 2007, radicación 23486.   

27  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación, 25  de  julio  de  2007,  radicación  27842.  Dos  precisiones: 1) muchas veces las  matemáticas    dirán    que    el    aumento    ponderado   del   hasta  50%  a que se refiere el art. 351  cpp-2004,  no  es  mayor  que  el  fijo de 1/3 del art. 40 ley 600/00. Y, 2) Hay  quienes  abrazan  sin  más   que  la  rebaja  citada  del cpp-2004 se debe  aplicar  por  favorabilidad  frente  a la del art. 40 cpp-00, pero de otro lado,  pregonan  que  la  ley  890/04 “rige en todo el territorio colombiano” desde  que  entró  en  vigencia y no gradualmente con el sistema acusatorio colombiano  (norma  que,  concebida fundamentalmente para aumentar  penas,   no   tiene   nada   de  “garantista”  o  “favorable”  para  quienes  eran  procesados  por  la  ley  penal  de 2000).  Repárese     con     provecho:    salvamento    de  voto   a  Cas.       24.890,       25.133      y      27.549:      exageración en un extremo y restricción         acentuada  en  el  otro,  en  busca  del  equilibrio    perdido,  indudablemente.   

28  Véase    mi    Aclaración   de   voto,  en  auto de casación, 6 de abril de 2006, radicación 24667, M.  P.   Alfredo   Gómez   Quintero,   y  Salvamento  de  voto,  en  auto  de  casación,  6  de abril de 2006,  ra0dicación 24667, M. P. Sigifredo Espinosa  Pérez.   

29  Véase    mi    Aclaración   de   voto,  en  auto  de  casación,  6 de abril de 2006, radicación 24667,  cuando  recordé,  citando  a  Rónald  Dworkin, cómo con frases y giros   de   lenguaje   se   fuerza  la  interpretación  jurídica  hasta  límites  insospechados; y a Beccaría, quien  escribió  que “la arbitrariedad se instala cuando el castigo no depende de la  voz  constante  y  fija de la ley sino de la errabunda  inestabilidad   de   las   interpretaciones”,  que  Ferrajoli  señala como característica de los modelos autoritarios y de derecho  penal  máximo que pretenden liberar al juez del principio de estricta legalidad  (Cfr.     Derecho    y    razón.    Teoría    del  Garantismo,  Madrid,  Editorial  Trotta,  1998,  ps.  33-40).   

30  Principio  que  aparece  en  los  arts.  15 del Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos, y 9 de la Convención Americana  sobre   Derechos  Humanos,  como  no  ocurre  con  la  prohibición  de  reforma  peyorativa.  Cfr. Yesid Ramírez Bastidas, Aclaración  de voto a Cas. 22.027.   

31  El   Estado   de  Derecho  presenta  una  evolución  dialéctica  que  ofrece  categorías  políticas  que  distinguen sus especies:  Liberal,  Social,  Democrático y Constitucional. Hoy día inclusive ya se habla  del  avance  del  Estado  de  Derecho al Estado de Justicia. Esas categorías no  constituyen  ni  significan   toques  de  distinción   ni meros giros  gramaticales   vistosos   e   insubestancionales,   sino  que  consagran  plexos  axiológicos  distintos. El tratadista Alvaro Vargas se refiere al proceso penal  social.  Y  el garantismo (Beccaría, Carrara, Ferrajoli) hay que impregnarlo de  los  valores  superiores  (justicia,  orden  justo, participación democrática,  igualdad, paz) del Estado Social de Derecho (art. 1 Const. Pol.).   

32  Santiago  Mir  Puig, El sistema de derecho penal en la  Europa       actual,       en       Fundamentos    de    un    sistema    europeo     de   derecho  penal,  Madrid,  Edit.  Bosch,  p. 27. Véase en este  mismo  autor,  la evolución y diferencias, derivadas de la necesaria coherencia  entre  Estado  y  Derecho  Penal,  o la constitucionalización  del derecho  penal,   del  derecho  penal  liberal,   derecho   penal   social           y           derecho          penal          democrático.        Santiago    Mir    Puig,   Derecho  Penal, Parte General, Barcelona,  PPU,  1985,  p.  53, e Introducción  a las bases  del  derecho  penal, Buenos Aires, B de F Ltda., 2002,  ps. 103, 104 y 107.   

33  «La  justeza  lógica  de esta proposición está determinada por el ya aludido  carácter  no  absoluto  ni  aislado  de  los  derechos  fundamentales  y por su  pertenencia   a   un   sistema   de   valores,  principios,  derechos  y  bienes  constitucionales  de  igual  importancia en términos materiales y axiológicos;  lo  anterior,  no  es  óbice  para examinar los distintos modos como las normas  constitucionales  participan  en  la  configuración  de  los  derechos  y en la  determinación  de  sus  limitaciones».  Magdalena  Correa  Henao, La    limitación   de   los   derechos   fundamentales,  Bogotá,  Uni-Ext., 2003, p. 40. “En relación con los deberes  –se repite-, es necesario  precisar  que   únicamente  pueden  ser  exigibles en su integridad cuando  el   obligado  a  ellos  está  en  capacidad efectiva de cumplirlos, pues,  al   igual  que  los  derechos,  también  tienen  sus  límites”.  Corte  Constitucional,  Sentencia  SU-200 de 1997.   

34  Jürgen  Habermas,  Facticidad  y validez, Madrid, Editorial Trotta, 2001, p. 319.   

35  Jesús  González Amuchástegui, «Los límites de los derechos fundamentales»,  en  Constitución y derechos fundamentales,  Madrid,  Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2004,  p. 442.   

36  Corte        Constitucional,       Sentencia C-404/98.   

37  Corte  Constitucional,  sentencia  C-475/97,  aunque «no podemos suponer que la  Constitución  sea  siempre  lo  que el Tribunal (Constitucional) dice que es».  Rónald  Dworkin,  Los  derechos en serio, Barcelona. Editorial Ariel, 1984, p. 311.   

38 La  Corte  Constitucional  frecuentemente  utiliza el criterio de la armonización o  ponderación  de  derechos,  principios  y valores para resolver problemas entre  derechos  fundamentales.  Véase  las  sentencias  T-575/95, T-332/96, C-475/97,  C-507/04,   T-701/04,   T-962/04,   C-818/05,   T-013/06,   T-023/06,  T-171/06,  T-1027/06, entre otras.   

39  Rodolfo     Arango,     El    concepto…, ob. cit., p. 135.   

40  «El  principio de legalidad  de  la  pena  es  una  garantía  para  el  procesado,  y también para la   sociedad,  en  el  sentido  de  que  el  Estado  impondrá  las  que  hayan sido  estatuidas  previamente  a la realización de la conducta punible, dentro de los  límites  cuantitativos y cualitativos consagrados en el ordenamiento jurídico,  sin  que se puedan imponer penas por arbitrio o imaginación  del juez, que  no  respeten  los  parámetros  legales,  con  quebranto  de la igualdad y de la  seguridad  jurídica». Cfr. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  casación  de  7  de  marzo  de  2007, radicación 25.385, M. P., Dr. Álvaro O.  Pérez  Pinzón.  Agréguese que el olvido,  el  error o  el   delito  judicial  no  pueden      crear      derechos,      como      tampoco      la     negligencia de  la  Fiscalía  o  de  la  Procuraduría para recurrir, que a menudo se trae como  criterio  de  convalidación  de  esos  fraudes  a  la  Constitución y a la Ley  válida.   

41  Corte     Constitucional,     sentencia SU-1722/00.   

42  Corte     Constitucional,     sentencia C-070/96.   

43  Juan    Fernández    Carrasquilla,    Derecho  Penal  liberal  de hoy, Bogotá,  Edit.     Ibáñez,    2002,    p.123.    “Solo   la   ley   –con  el  carácter  de  ley estricta-  puede  crear  o agravar penas o medidas de seguridad (nulla poena, nulla mensura  sine  lege),  y por cierto no ha de contentarse con un señalamiento genérico y  abstracto  del  tipo  de  reacción punitiva, sino que ha de  determinar la  naturaleza   de   la   pena   correspondiente   y   el   marco   para   su   individualización  judicial  en  cada  caso,  proveyendo a la vez los criterios  fundamentales  para  que  el  juez  se  mueva  dentro de los límites mínimos y  máximos   de   este   marco”.   Juan  Fernández  Carrasquilla,  Principios   y   normas   rectoras  del  derecho  penal,    Bogotá,    Edit.    Léyer,    1998,    p.   147.                    

44 La  fijación  de  los límites mínimo y máximo de la escala de penas se conoce en  la    doctrina    como   proporcionalidad   cardinal  o   absoluta.  Cfr.  Adrew  von  Hirsch,  Censurar y  castigar,  Madrid,  Editorial Trotta, 1998, p.45 s.s.  “Estatuir   que  nadie  puede  ser  juzgado  sino  conforme  a  las leyes  preexistentes  al  acto  que se le imputa, implica que  para condenar a una  persona  se  requiere que su conducta esté previamente definida como delito; de  la   misma  manera  que  sólo   puede  imponérsele  la  pena  previamente  establecida  en  la  ley.  Se  trata  del  apotegma universalmente conocido como  “nullum  crimen,  nulla poena sine lege”. El principio de legalidad opera en  un  doble  sentido, (i) como límite al ejercicio del poder punitivo del Estado,  en   la   medida  en  que  le  impone  definir  previamente  qué  acciones  son  constitutivas   de   delitos   y  cuál  la  sanción  a  aplicar  por  su   realización;  y  (ii)  como  garantía  para el procesado y la  comunidad,  atendida  la  certidumbre que genera el saber de antemano que sólo será objeto  de  sanción penal la conducta erigida en delito por la ley y que únicamente se  impondrá  la pena dentro de  los  límites  cuantitativos  y cualitativos establecidos por la misma”. Corte  Suprema  De  Justicia,  Cas.  Rad.28.059  ,  M.  P.,  Dra.  María  del  Rosario  González  de  Lemos.  “En  efecto,   los ciudadanos deben conocer los comportamientos  prohibidos  y  por lo mismo elevados por el legislador a la categoría  de delitos así  como  la correspondiente sanción previamente establecida a fin de contar con la  certeza  de que sólo podrán ser  sancionados en razón de la comisión de  una  conducta punible dentro  de  los  límites cuantitativos y cualitativos consagrados con  antelación  en  la  ley, sin que tales marcos puedan desbordarse a discreción o capricho de  los   funcionarios   judiciales”.  Corte  Suprema  de  Justicia,  Cas.  Rad.  24.030,  M.  P.,  Dr.  Jorge  Enrique Socha Salamanca.   

45  “El  reconociendo constitucional del valor superior  de  la  persona  humana,  nos  ubica  en el entorno de un modelo de Estado  antropocéntrico, esto es, de una  forma  de  organización  política y jurídica que tiene como su valor central,  como  el  objeto  de  toda  su  actividad,  como  responsabilidad  de  todas las  autoridades,  el  compromiso  indeclinable de garantizar las condiciones para la  dignificación del hombre y  para   procurarle   el   desenvolvimiento  de  sus  potencialidades,  así  como  establecer  condiciones  individuales  y sociales de vida que posibiliten que su  existencia   discurra   de   la  manera  más  feliz  posible.  El  hombre  se  destaca  no  solo  sobre  la  naturaleza  como un ser superior dotado de facultades para transformar el mundo,  sino   que   también   es   reconocido  por  la  organización  política  como  “el  ser  en  sí  en  esencia  valioso”,  para  el  cual  y  alrededor del cual se crean la estructuras  estatales,  las  construcciones  jurídicas, políticas, económicas y sociales,  hasta  llegar a la ideal del Estado de servicio, y a la indeclinable conclusión  de   que  todo  debe  servir  al  fin  central  de  dignificar  al  hombre.  Estado,  leyes,  órganos  del  poder,  vida  económica, vida política, justicia, actividad estatal, todo debe  funcionar  y  girar  alrededor  del hombre,  como  instrumentos y medios para el fin superior de facilitar el  desenvolvimiento  de  los destinos humanos. A diferencia de las cosas que tienen  su   fin   fuera   de   sí,   el  hombre   se   concibe   como  el  fin  en  sí  mismo,  posee  innatamente  el  derecho  y la misión  inherente  de  concebirse y realizarse tal como él se piensa y se sueña, y por  eso   se  le  garantiza  el  libre  ejercicio  de  su  voluntad;  no es una simple existencia biológica, un  dato  más  en la realidad de las interacciones sociales, sino que la existencia  siendo  enteramente  suya45,  es  además  libre para darse los rumbos que su razón le dicte, para imprimir a  su  días  y  a sus años de tránsito en la tierra las formas de vida que mejor  lo  realicen  y  le  permitan  un superior desarrollo de sus potencialidades”.  Yesid    Ramírez    Bastidas,    Aclaración    de  voto a Cas. 22.027. Así mismo, Jesús Orlando Gómez  López,     Teoría     del     Delito,     Bogotá,    Ediciones   Doctrina   y   Ley,   2003,   p.  17.   

46  Corte     Constitucional,    sentencias    C-004/03    y    C-871/03,    refiriéndose   al   non  bis  in  ídem y declarando que tal  principio  no  es  absoluto.  “En  el ámbito internacional se ha llegado a un  consenso  general  en la necesidad de considerar a las víctimas del delito como  parte   principal,    junto   al   victimario    y   en   igualdad   de   condiciones,   de   la  política   criminal  de los Estados. Se trata “de una exigencia social y  humana:  hoy,  el  llegar a ser víctima no se considera un incidente individual  sino  un problema de política social, un problema de derechos fundamentales”.  Alfonso  Daza  González,  Víctimas  en  el  Sistema  Procesal   Penal   Acusatorio,  Bogotá,  Universidad  Libre, 2006, p. 56.   

47 Se  sigue  lo  dicho  por  la  Corte Constitucional (sentencias C-004/03 y C-871/03)  cuando  resolvió  la  tensión  entre  el  non bis in  ídem  y  los  derechos  de  las  víctimas. La Corte  Suprema    de   Justicia   al   ponderar   en el Estado Social  y Democrático de Derecho vigente  en  Colombia  (art.  1  Const. Pol.) los derechos a la favorabilidad y al debido  proceso  público  –en su  vertiente    de   procedimentalismo-,   estimó    como   de   núcleo  más  fuerte  el derecho de las  víctimas  a  la  verdad,  la justicia y la  reparación. Cfr. Provs.  de  Segunda  Instancia  de 11 de  julio  de  2007  y  23  de  agosto  de  2007,  Mags. Ptes., Dres. Yesid Ramírez  Bastidas  y  María  del  Rosario  González  de  Lemos,  respectivamente.    

48  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, auto de segunda instancia  de  11  de  julio  de  2007,  radicación  26945.  El  derecho a la justicia   proscribe   la  impunidad   así   sea   parcial.   El  Tratado  de Roma, que fuera  ratificado   por  la  Ley  742  de 2002 y declarado exequible por sentencia  C-578  del  mismo año, tuvo como bloque de constitucionalidad amplio reflejo en  la   legislación   interna   en   el   nuevo   contexto   del   “derecho  penal  de las víctimas” (art.  75).  En  el  Acto  Legislativo 3 de 2002 y la Ley 906 de 2004,que impusieron el  sistema     acusatorio     colombiano,  se  hacen  3  y  89  referencias estelares a los derechos de las  víctimas. Y recordemos que  las  sentencias  de la CPI  serán  ius  cogens, fuente  de  la  jurisprudencia   nacional  (art.  230  Const.  Pol.)  y hasta norma  supralegal (arts. 93 Const. Pol. y  3 cpp).   

49  Véase  Corte  Constitucional,  sentencia C-871/03.   

50  Robert    Alexis,    Teoría    de   los   derechos  fundamentales,    Madrid,    Centro   de   Estudios  Constitucionales, 1993.   

51  “La   condena   condicional   degeneró   en   una   especie   de  ius  primae  crimine o derecho a delinquir por primera vez, con lo  cual  se  incrementó  la criminalidad y se llegó a un verdadero criminal,  a  modo  de  indulto o de perdón predeterminado, siendo una latente invitación  legal   a   la   delincuencia”.   Luis   Enrique   Romero  Soto,  Derecho      Penal,     Parte  General, Editorial Temis, 1969, p.  553.  En  algunos  despachos se concede para todos los casos, automáticamente y  sin  más,  y  a pretexto del “garantismo”, el máximo del descuento (50%) a  espaldas  de  la  ponderación que demanda el “hasta” normativo, claro, para  agilizar  presupuestos  carcelarios  y  para la tranquilidad que ofrecen a todos  los  funcionarios  que  tienen  que   ver  en  el asunto, un expediente sin  preso.  “…a  la  cabeza  de  sus  grandes problemas y mayores desgracias, la  impunidad   en   Colombia,   junto   con  la  violencia,  la  corrupción  y  el  narcotráfico,  se  erigen  como  una de las peores culturas de lastre que tanto  contribuyen  a  mantenerla  sumida  en  su  profunda  crisis”  Germán  Puyana  García,  ¿Cómo…,  ob.  cit., p. 275.   

52  Corte        Constitucional,       sentencia SU-200/97.   

53  Incisos  3  y  4  adicionados  por  el artículo 1 del Acto Legislativo No. 2 de  2001   

54  Enrique  BACIGALUPO.  Manual  de  Derecho Penal. Ed. Temis. Bogotá. 1989. Pág.  56   

55  Juan  BUSTOS  RAMIREZ.  Manual  de  Derecho  Penal  Español.  P.  G. Ed. Arial.  Barcelona. 1984. Pág. 71   

56  “(…)  por una razón de conveniencia y filantropía, la segunda parte del art.  26  manda  que  la  ley permisiva o favorable, aun cuando sea posterior al hecho  ejecutado,  prevalezca  sobre la restrictiva o desfavorable. Nada más puesto en  razón   y   más   cristiano”   José   María   Samper.    Derecho     público     interno.  Bogotá,  Ed  Temis.  1982. p.  330.   

57  Art.  43 La ley preexistente prefiere a la ley ex post  facto  en  materia  penal. Nadie podrá ser juzgado o  penado sino   

por  la ley que haya sido promulgada antes  del hecho que da lugar al juicio.   

Esta  regla  se  refiere  a  las leyes que  definen  y  castigan  los  delitos  pero  no a  aquellas que establecen los  tribunales y   

determinan el procedimiento, las cuales se  aplicarán con arreglo al art. 40.   

Art. 44 En materia penal la ley favorable o  permisiva   prefiere   en   los   juicios   a   la  odiosa  o  restrictiva,  aun  cuando   

aquella  sea posterior al tiempo en que se  cometió el delito.   

Esta  regla favorece a los reos condenados  que estén sufriendo su condena.   

Art. 45. La presente disposición tiene las  siguientes aplicaciones:   

La  nueva ley  que quita explícita o  implícitamente  el  carácter  de  delito  a un hecho que antes  lo tenía  envuelve indulto   

y rehabilitación.  

Si la ley nueva minora de un modo fijo, la  pena  que  antes  era  también  fija,  se  declarará la correspondiente rebaja  de   

pena.  

Si  la  ley nueva reduce el máximun de la  pena  y  aumenta el mínimun, se  aplicará de las dos leyes la que invoque  el interesado.   

Si la ley nueva disminuye la pena corporal  y aumenta la pecuniaria, prevalecerá sobre la ley antigua.   

Los  casos  dudosos  se  resolverán  por  interpretación benigna.   

Art.  46  La  providencia que hace cesar o  rebaja,   con  arreglo  a  una  nueva  ley,  la  penalidad  de  los  que  sufren  condena,   

será     administrativa     y    no  judicial.   

Art.   47.  La  facultad  que  los  reos  condenados  hayan  adquirido  a  obtener  por  derecho, y no como gracia, rebaja  de   

pena,  conforme  a  la  ley  vigente en la  época  en  que se dio la sentencia condenatoria, subsistirá bajo una nueva ley  en   

cuanto  a  las  condiciones  morales  que  determinan  el  derecho  y  a  la  parte  de  la  condena  a  que  el derecho se  refiere;   

pero se regirán por la ley nueva en cuanto  a  las  autoridades  que  deban  conceder  la  rebaja  y  las  formalidades  que  han   

de observarse para pedirla.  

58 C.  S.  de J. sala casación penal. M.P. Dr. Gustavo Gómez Velásquez. Auto de once  de noviembre de 1986.   

59  Cfr.     Comentarios     de     jurisprudencia.    En    Revista    derecho    penal    y    criminología.  Universidad  Externado  de  Colombia.  Vol  IX.  No. 31. Bogotá. 1987. p. 140 y  ss.   

60 C.  S.  de J. sala casación penal. M.P. Dr. Gustavo Gómez Velásquez. Auto de once  de noviembre de 1986.   

61  C.S.   de   J.  sala  plena.  M.P.  Dra.  Fanny  González  Franco.  Proceso  de  exequibilidad  del  art.  10 de la ley 2a. de 1984. Providencia de  mayo 10  de 1984.   

62  Señala  la  misma  Corte  Constitucional  que:  “La  Corte  en  las  sentencias C-873 de 2003 M. P. Manuel José Cepeda Espinosa.  y  C-591  de  2005  M.  P. Clara Inés Vargas Hernández. hizo un extenso análisis  tanto  de  los  elementos  esenciales  y  las principales características  del  nuevo  sistema  de  investigación,  acusación  y  juzgamiento en materia penal  introducido   mediante  el  Acto  Legislativo  03  de  2002,  que  reformó  los  artículos  116,  250  y  251  de  la  Constitución, como de los parámetros de  interpretación  aplicables  a  las  normas  dictadas  en  desarrollo  de  dicha  reforma,   al  cual  resulta necesario remitirse para introducir el análisis   de  los cargos planteados en el presente proceso contra algunos artículos de la  Ley  906  de 2004 “por la cual se expide el Código de Procedimiento Penal”.   

63  “i)  (…)  La  función  de  la  Fiscalía   a  partir de la reforma es la de  adelantar   el  ejercicio  de  la  acción  penal  e  investigar  los  hechos  que tengan las características de una violación de la  ley   penal,  siempre  y  cuando  existan  motivos  y  circunstancias  fácticas  suficientes  que indiquen la posible comisión de una tal violación;  precisa  el  texto  constitucional que éste cometido general es  una  obligación  de  la Fiscalía, la cual no podrá en consecuencia suspender,  interrumpir  ni  renunciar  a  la  persecución  penal,  excepto  en  los  casos  previstos   para  la  aplicación  del  principio  de  oportunidad –el  cual  deberá  haberse  regulado  en  el  marco de la política  criminal  del  Estado  colombiano, y tendrá control de legalidad por el juez de  control  de  garantías  –  (…).   ii)  Ya  no  corresponde  a la Fiscalía, por regla general, asegurar la  comparecencia   al   proceso   de   los   presuntos   infractores   de   la  ley  penal,   adoptando   las  medidas  de  aseguramiento  necesarias;  ahora  únicamente  puede  solicitar  la  adopción  de  dichas  medidas  al  juez  que ejerza las funciones de control de  garantías,  con  la  misma  finalidad de asegurar la  comparecencia  de  los  imputados, así como para garantizar la conservación de  la  prueba  y  la  protección  de  la  comunidad,  en  particular  de  las  víctimas.  (…).  iii)    la  Fiscalía   General  de  la  Nación  podrá   imponer,  en  el  curso  de  las  investigaciones   que   realice,   las   medidas   de   registro,  allanamiento,  incautación  e  interceptación  de  comunicaciones.  No  se  requiere,  en  el nuevo texto constitucional,  autorización  judicial  previa para ello; pero sí se  someten  a  un  control  judicial  posterior automático, por parte del juez que  cumpla  la  función de control de garantías, dentro de las treinta y seis (36)  horas  siguientes. (…) iv)  El  numeral  3  del  nuevo  artículo  250  constitucional  asigna  una función  específica  a  la  Fiscalía que no estaba prevista expresamente en el texto de  1991,  a  saber,  la  de  “asegurar  los  elementos  materiales   probatorios”,  para  lo  cual  deberá  garantizar  la  cadena de custodia mientras se ejerce la contradicción de tales  pruebas.  (…) v) (…) una  vez  se  presente  el  escrito de acusación por parte de la Fiscalía, se puede  dar  inicio  a  un  “juicio  público,  oral,  con  inmediación  de  las  pruebas,  contradictorio,  concentrado  y  con  todas las  garantías”               – acusación que no es vinculante para  el  juez.  (…)  vi) (…)  despoja  a  la  Fiscalía General de la Nación de la  función  de  declarar precluídas las investigaciones  penales  en  los  casos  en  que no exista mérito para formular una acusación,  (…).    Vii)   (…)  corresponde  al  juez de conocimiento de cada proceso  adoptar  las  medidas  judiciales  necesarias  para  asistir a las víctimas del  delito,  disponer  el  restablecimiento  del derecho y la reparación integral a  los  afectados, a solicitud de la Fiscalía. En tanto  que  en  el  numeral  7  del artículo 250 reformado se mantiene en cabeza de la  Fiscalía  General  de la Nación la función de velar  por  la  protección  de las víctimas, los testigos y  las  demás  personas  que intervienen en el proceso penal (…)” Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio  del  año  dos  mil  cinco  (2005),  M.  P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS.  Ver  Sentencia  C-873/03  M.P.  Manuel  José Cepeda Espinosa.”   

64  “Las    fuentes   de  derecho  aplicables siguen  siendo,  en  lo  esencial,  las  mismas,  con  la  diferencia de que existe, con  posterioridad   al   Acto   Legislativo,  una  regulación  constitucional  más  detallada  de los principales aspectos del procedimiento penal que configuran un  nuevo  sistema que se inscribe dentro de la Constitución adoptada en 1991. Ello  implica  que, en virtud del principio de unidad de la Constitución Política”  Sentencia  C-592  de  nueve  (9)  de  junio  del  año  dos  mil  cinco (2005), M. P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS  “(…)  en  virtud  del principio de unidad de la Constitución Política Ver,  entre  otras,  la  sentencia  SU-062 de 2001, M. P. Eduardo Montealegre Lynett.,  las  modificaciones  introducidas  por el Acto Legislativo deben interpretarse y  aplicarse  en  forma tal que guarden armonía con los principios generales y los  derechos  fundamentales  consagrados  en  el  texto constitucional Ver Sentencia  C-873/03  M.P.  Manuel José Cepeda Espinosa.” Y allí se ordena: “(…)  la  Corte  considera  necesario  efectuar dos precisiones  adicionales   para  resolver  el  problema  jurídico  sobre  el  parámetro  de  constitucionalidad que se debe aplicar en el presente proceso:   

   

(a)  Ya  se  señaló que fue voluntad del  Constituyente  instaurar  un  nuevo  sistema  penal;  y según ha expresado esta  Corporación,  ‘un sistema  se  define  por  el  hecho de no ser un simple agregado desordenado de elementos  sino   por   constituir   una   totalidad,  caracterizada  por  una  determinada  articulación  dinámica  entre  sus  partes  y  una  cierta  relación  con  su  entorno’       [47   Sentencia  C-251  de  2002,  MM.PP.  Eduardo  Montealegre  Lynett  y Clara Inés Vargas Hernández].  Por  lo  mismo, si bien las normas jurídicas que constan en el Acto Legislativo  No.  3  de  2002  son  parte integrante de dicho sistema, éste también incluye  tanto  (i) las leyes que lo habrán de desarrollar, como (ii) la infraestructura  necesaria  para  su implementación, según dispone el artículo 4º Transitorio  de dicho Acto Legislativo      [48   Artículo   4.   Transitorio.   (…).’],   los   cuales   constituyen   parte  integrante   del   nuevo   esquema  diseñado  por  el  constituyente  derivado;  y   

(b)  Por  virtud  del  mecanismo  gradual  y  sucesivo de  implementación  establecido  en  el  artículo  5º  del  Acto  Legislativo, se  presentarán  tres  (3)  etapas  distintas en el proceso de materialización del  nuevo  sistema  acusatorio:  (i)  entre  el  momento  de la aprobación del Acto  Legislativo  y  el  1º  de enero de 2005, regirá el sistema preexistente; (ii)  entre  el  1º de abril de 2005 y el 31 de diciembre de 2008, se presentará una  etapa  de transición durante la cual coexistirán los dos sistemas en distintas  regiones  del territorio nacional; y (iii) a partir del 31 de diciembre de 2008,  deberá  estar  en  ?plena vigencia? el nuevo modelo acusatorio de procedimiento  penal en todo el país.”   

65   “(i)   siguen   gozando  de  rango  constitucional,  (ii) se interpretan a la luz de las disposiciones relevantes de  los  instrumentos  internacionales  de  derechos humanos que vinculan a Colombia  (art.   93,   C.P.),  y  (iii)  deben  ser  desarrollados,  por  mandato  de  la  Constitución  y  del  acto  mismo  Acto Legislativo, a través de disposiciones  legales  orientadas  a  precisar  su  alcance  y  contenido  específicos  en el  contexto  del procedimiento penal ibidem.” Sentencia  C-592  de  nueve  (9) de junio del año dos mil cinco  (2005), M. P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS.   

66  Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio del año dos  mil    cinco    (2005),    M.    P.    Dr.   ALVARO   TAFUR   GALVIS.   

67  Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio del año dos  mil  cinco  (2005),  M.  P.  Dr.  ALVARO  TAFUR GALVIS  “Particular  mención ha hecho la jurisprudencia al  caso  de  la  figura  del  juez de control de garantías Ver Sentencia C-1092/03  M.P. Álvaro Tafur Galvis.   

68  Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio del año dos  mil  cinco (2005), M. P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS Ver sentencia C-966de 2003 M.P.  Marco Gerardo Monroy Cabra.   

69  Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio del año dos  mil  cinco  (2005),  M.  P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS. Ver Sentencia C-873/03 M.P.  Manuel José Cepeda Espinosa   

70  Sentencia  C-592  de  nueve (9) de junio del año dos  mil  cinco  (2005), M. P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS. En tal sentido, Ver Sentencia  C-873/03 M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.   

71  “i)  La   labor hermenéutica de las nuevas normas  de   procedimiento penal, deberá tener en cuenta no solo las normas contenidas  en   el   Código  respectivo,  sino  también   las  disposiciones  del  Acto legislativo 03 de 2002, y las  demás     disposiciones    pertinentes    de    la  Constitución,  incluidas aquellas que se integran al  bloque      de     constitucionalidad.   

ii)  La  Corte  no debe dejar de lado las  diversas          líneas         jurisprudenciales71  que  ha  venido  sentado a lo largo de más de una década por el  hecho  de  que  se  ha implantado un  “nuevo modelo  acusatorio”.   

Sin  lugar  a  dudas,  se  está  frente a  cambios  importantes  que  imponen  unos nuevos parámetros hermenéuticos de la  Carta     Política.     No    obstante,  en  virtud del principio de unidad de la Constitución Sentencia  SU  062  de  2001,  M.P.  Eduardo Montealegre Lynett., aquéllos “deben  interpretarse  y aplicarse en forma tal que guarden armonía  con  los  principios  generales  y  los derechos fundamentales consagrados en el  texto  constitucional  Sentencia C- 873 de 2003, M.P.  Manuel José Cepeda Espinosa..   

iii)  El  Acto  Legislativo  03  de  2002  introdujo  únicamente cambios en ciertos artículos de la parte orgánica de la  Constitución,  mas  no  en  la dogmática. De allí la necesidad de interpretar  tales  modificaciones  a  la luz de determinadas disposiciones constitucionales,  en  especial,  los  artículos  6, 15, 28, 29, 30, 31 y 32, e igualmente, por la  vía  del  artículo  93  de la Carta Política, de conformidad con los tratados  internacionales  sobre  derechos humanos que prohíben su limitación en estados  de  excepción. Aunado a lo anterior, en temas vinculados con la administración  de  justicia  penal,  tales  como  los  mecanismos  alternativos de solución de  controversias,  la  jurisdicción  indígena  o  los juicios adelantados ante la  Corte  Suprema  de  Justicia, el Acto Legislativo 03 de 2002 no introdujo cambio  alguno.”  Sentencia C-592 de nueve (9) de junio del año dos mil cinco (2005),  M.  P.  Dr.  ALVARO  TAFUR  GALVIS.  En tal sentido, Ver Sentencia C-873/03 M.P.  Manuel  José  Cepeda  Espinosa.  Ver Sentencia C-591/05 M.P. Clara Inés Vargas  Hernández.   

72  “(..)  Entre otros los tratados internacionales que reconocen derechos humanos  y  que  prohíben  su limitación es los estados de excepción. (C-358 de 1997),  los  tratados  limítrofes (C 191 de 1998) y los convenios 87 y 88 de la O.I.T (  T-   568   de  1999).–   -bloque      de     constitucionalidad     stricto  sensu,  y en relación con  otras   normas   que   aunque   no  tienen  rango  constitucional,  configuran   parámetros   necesarios para el análisis de las disposiciones  sometidas a   su   control  -bloque de constitucionalidad   lato  sensu-.Ver Sentencias C-191 de 1998, M.P. Dr. Eduardo  Cifuentes  Muñoz  y C-774-2001 M.P. Rodrigo Escobar.” Y se resalta, también:  Sentencias  C-600A  de  1995,  C-287 de 1997, C-337 de 1993; Sentencias C-179 de  1994,  C-578  de  1995;  Sentencia  C-358 de 1997 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz;  sentencias  C-195 de 1993 y C-179 de 1994. M.P. Carlos Gaviria Díaz.; Sentencia  C-  774-2001  M.P.  Rodrigo  Escobar  Gil; Sentencia C-200/02 M.P. Álvaro Tafur  Galvis  .  S.P.V.  Jaime Araujo Rentaría. Sentencia C-592 de nueve (9) de junio  del año dos mil cinco (2005), M. P. Dr. ALVARO TAFUR GALVIS   

73  Alessadro  PIZZORUSSO.  Curso  de  Derecho  Comparado. Ariel Derecho. Barcelona.  1987. pág. 88.     

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