26006(26-09-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26006  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 106  

Bogotá  D.C., septiembre veintiséis (26) de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   de   la   procesada  MARÍA   OLGA   LÓPEZ   PEÑA  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Bogotá de fecha julio 22 de  2005,  por  cuyo  medio  confirmó  la  dictada  el 30 septiembre de 2004 por el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  Especializado  de la misma ciudad, que la  condenó  por  el  delito  de  tráfico  de  sustancias para el procesamiento de  narcóticos.        

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  supuesto  fáctico  que  dio origen a la  presente  actuación  procesal,  fue  adecuadamente acopiado por el a-quo,  de la siguiente manera:   

“Informan  las  diligencias  que  el 11 de  abril  de  2002  arribaron  a  la  zona de carga del Aeropuerto Internacional El  Dorado  de  Bogotá,  procedentes  de  la  ciudad  de  México y a través de la  Aerolínea  AVIANCA,  quince  canecas  plásticas  de color negro contentivas de  2100  kilogramos  de  sulfato  de  potasio,  las cuales fueron enviadas por JUAN  VÁSQUEZ  GONZALEZ  – NORTE  No.  1400-  COL.  INDUSTRIAL  VALLEJO  –02300  MEXICO D.F. con destino a la empresa DOTACIONES HOSPITALARIAS  –  ZONA  ADUANERA  ALMAMAX  –BOGOTA COLOMBIA, datos que  se  extrajeron  de  la  Guía de Transporte de Importación No. 134-00286904 que  acompañaba la mercancía.   

Previo   a   iniciarse  los  trámites  de  nacionalización  de  dicha  sustancia, y ante las sospechas que generaron tales  canecas  por  no  venir marcadas ni con ningún logotipo;  se practicó por  parte  de la Policía Fiscal y Aduanera del Aeropuerto con apoyo de Personal del  Grupo  Control de Precursores Químicos de Antinarcóticos una inspección a las  mismas,  encontrando  superficialmente  en  todas  las  canecas una sustancia en  polvo  de  color  blanco  correspondiente a sulfato de potasio, pero hallando al  interior  de  cada  una, y camuflada dentro de una bolsa negra una sustancia que  no  estaba  declarada y que tenía un peso bruto de     1804  kilos,  a  la  cual  después  de  efectuarle las pruebas técnicas de rigor, se  determinó  como PERMANGANATO DE POTASIO, sustancia restringida y controlada por  el Consejo Nacional de Estupefacientes.   

Una  vez  incautado  tal  insumo químico se  realizaron  labores  de  investigación y de inspección en las bodegas de carga  internacional,    estableciendo    que    la    empresa   DOTACIONES    HOSPITALARIAS  no era la primera vez que importaba sulfato de potasio, y que una  vez  llegaba  la  mercancía  al aeropuerto se comunicaban con la misma para que  iniciara  el respectivo levante, compañía que conforme a los registros aparece  a  nombre  de  MARIA  OLGA LOPEZ PEÑA, detectando igualmente que la persona que  efectuaba  todos  los  trámites de nacionalización y levante por encomienda de  la  mencionada,  era  el  señor  JAVIER  HERNANDO  VEGA IGLESIAS”.   

Con  fundamento en los anteriores hechos, se  inició  la  correspondiente  investigación  penal,  dentro  de  la cual fueron  vinculados  mediante  diligencia  de  indagatoria MARIA  OLGA  LOPEZ  PEÑA  y Javier  Hernando   Vega   Iglesias,  a  quienes  se  resolvió  situación  jurídica  decretando  en  contra  del segundo en mención medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva sin beneficio de excarcelación por el  delito  de  tráfico  de  sustancias  para  el  procesamiento  de  narcóticos y  absteniéndose de decretarla a favor de la primera.   

            

Cerrado  el  ciclo instructivo, se profirió  resolución  de  acusación  en  contra  de los procesados por la misma conducta  punible   que   sustentó   la   medida  detentiva  en  contra  de  Vega  Iglesias.   Esta  decisión fue  confirmada  por  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá el 9 de enero  de 2003.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Quinto Penal del Circuito Especializado de Bogotá despacho que, una  vez  impartido  el trámite legal, profirió sentencia por cuyo medio condenó a  los   acusados   MARIA  OLGA  LOPEZ  PEÑA     y     Javier     Hernando     Vega  Iglesias  a  las  penas  principales de setenta y ocho  (78)  meses  de prisión y multa por valor de tres (3) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  así  como  a  la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  un  período  igual  al  de  la  pena privativa de la  libertad  al  encontrarlos  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de  tráfico  de  sustancias para el procesamiento de narcóticos.  En la misma  decisión,  el  Juzgado les negó la suspensión condicional de la ejecución de  la pena y se abstuvo de condenarlos al pago de perjuicios.   

   

Contra    la   anterior   determinación  interpusieron  recurso  de  apelación  los defensores de los procesados, motivo  por  el  cual  se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de  esta ciudad, mediante  providencia  de  fecha julio 22 de 2005, declarando desierto el promovido por el  defensor  de  Vega Iglesias y  confirmando  “en lo que fue materia de impugnación,  el  fallo  de fecha y origen indicados mediante el cual se condenó a MARIA OLGA  LÓPEZ PEÑA”.      

          El   fallo   del   ad  quem  es  ahora  objeto  del recurso extraordinario de casación por parte  del    defensor    de   la  procesada,   lo  que  dio  lugar  a  que se allegara a los autos la demanda  sobre   cuyos   presupuestos   lógicos   y   técnico   formales  se  ocupa  la  Sala.   

LA DEMANDA  

Un  solo  cargo  se  formula en contra de la  sentencia  impugnada  con  fundamento  en  la  causal  primera  prevista  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  por  violación indirecta de la ley  sustancial  a consecuencia de errores de hecho por falsos juicios de identidad y  de  existencia  en la apreciación de la prueba, cuyo fundamento se expone de la  siguiente forma:   

    

1. Errores de hecho por falsos juicios de identidad:     

1.1.   Aduce el libelista que el primer  yerro   de  esta  naturaleza  se  configura  respecto  de  la  apreciación  del  testimonio  del  señor  Alfonso  Álvarez,  de  cuyo dicho “se definía claramente  la  responsabilidad  de  mi  representada”,  pero  a  través  del  cual se pretende hacer ver que la única responsable de los hechos  es   su  defendida,  “siendo  evidente  que  de  tal  declaración     la     misma    sale    por    el    contrario    absolutamente  inocente”.   

En ese sentido, asegura no entender el motivo  por  el  cual  respecto  de esta probanza el Tribunal llegó a la conclusión de  que    “tampoco    se    erige    en   prueba   de  descargo”,  incurriendo  así  en  distorsión de su  contenido,  por  cuanto  “este  acepto  (sic)  haber  llevado un producto en cajas  de  cartón  de  60  X 60 cms y que además entregó a una persona distinta a la  enjuiciada,  cuando  en  realidad no sólo manifiesta haber realizado la entrega  de  mercancías  no sólo a esa única dirección, sino que refiere que también  se  realizaron  entregas  a  la  carrera 14 con 87 a un segundo piso, además de  indicar  que  las mismas eran más pesadas de 80 X 40 y que pesaban alrededor de  70  a  80 kilos, narración que claramente refleja la importancia del testimonio  del señor Álvarez”.   

Para  el  demandante, entonces, “no  es  posible” que el Tribunal haya  incurrido   en   tal   distorsión  del  contenido  de  la  prueba  “y  emita  un  falso juicio sobre la misma pues si le hubiere dado  la   importancia   que   dicho  testimonio  merece,  las  consecuencias  de  una  indagación  adecuada  de  tal  prueba  hubiesen  arrojado como resultado que en  ningún  momento  la  señora  María  Olga  recibió en las instalaciones de su  empresa sulfato de potasio”.   

Arguye adicionalmente que según este testigo  por  el  peso  de  las  cajas  que admitió transportar se deduce que contenían  suturas  químicas  y  no  el precursor para el procesamiento de narcóticos, de  modo  que  “es  imposible  que  el Tribunal le reste  mérito  a la totalidad de la declaración del señor Álvarez, tomando tan solo  los   apartes  que  perjudican  los  intereses  de  mi  prohijada”.   

Lo  dicho  se  demuestra con mayor énfasis,  añade,  si se tiene en cuenta el informe rendido por la Fiscalía al Comandante  de   la  Policía  Fiscal  y  Aduanera  del  Aeropuerto  El  Dorado  de  Bogotá  “en donde claramente informó que se hallaron bolsas  negras  cuyo  pesaje  era  de  1804  kilos…y  que  dentro de las mismas según  pruebas   de   laboratorio,   se   encontró   que  contenían  permanganato  de  potasio”.   

Por  consiguiente,  colige  que  el Tribunal  “tomó  de manera sesgada la declaración del señor  Álvarez,  y  no  en  un  todo,  vulnerando así el principio de identidad de la  prueba,  tomando  un  solo fragmento para sustentar la confirmación de condena,  al  resaltar que el único destino al que pudo ser enviada la sustancia ilícita  era   el  domicilio  de  Dotaciones  Hospitalarias”,  puesto   que  de  haberla  valorado  en  su  integridad  habría  llegado  a  la  conclusión  de  que  el  destino de la sustancia era la carrera 14 con calle 47  “donde en otras oportunidades se había realizado la  imputación de los sulfitos”.   

Igualmente,  puntualiza  que  a partir de la  misma  declaración  se  reconoció  a  Johanna Astrid  Olaya   La  Rota  como  la  persona  que  inicialmente  recibió  las  cajas  y  a  Cecilia Leovigilda Sánchez  Gamba,  como quien las recibió en el segundo piso del  establecimiento   “ABS   Bombillas”,  en  donde  el  procesado  Vega   Iglesias   aceptó  haber  laborado  previamente.   También de su contexto se extrae que el último en mención  “ya conocía del tema, pues él ya había gestionado  tales negocios de importación”.   

Luego,  relaciona las normas que a su juicio  se  vulneraron  con  el  error atribuido al fallo. En tal sentido, se refiere al  artículo  7°  del  estatuto  procesal  penal “que a  más  de  ser  una norma rectora del ordenamiento y que por ende ya ha de servir  de  inspiradora  para  la  interpretación  de  las demás, en su segundo inciso  consagra  el  principio  según  el  cual  toda duda debe resolverse a favor del  procesado”,        postulado        igualmente  previsto    -y por lo mismo también en su criterio quebrantado- en el  artículo  29  de  la Constitución Política.  De la misma manera, indica,  se  conculcaron  los  artículos  277,  16,  20,  232  y  238  de  la Ley 600 de  2000.   

1.2.  El  segundo cuestionamiento que por la  misma  modalidad  de  error  emprende  el  casacionista  tiene  que  ver  con la  apreciación   del   testimonio  de  Nohora  Esperanza  Villamil,  pues a su juicio se tomaron apartes de esta  declaración   “para   colocarlos   a   su  acomodo  desconfigurando        la        identidad       que       guarda”.   

Indica que en la ampliación de declaración  de  la  mencionada,  la  cual  se rindió ante el Juzgado 1° Penal Municipal de  Cartagena  el  28  de enero de 2004, “manifiesta algo  totalmente  diferente  a  lo  que  el  H.  Tribunal  pretende  hacer  ver  en la  sentencia”.   

Lo  anterior,  porque  a  diferencia  de  la  valoración   efectuada   por  el  ad-quem  respecto de esta probanza “jamás puede  entenderse  que  el  día  del  último  embarque  la  señora VILLAMIL intentó  comunicarse  con  la  señora LOPEZ PEÑA, ni tampoco es posible inferir que ese  mismo  día  entabló  conversación  con  ella, ni que entonces por menos si se  produjo      una     llamada,     además     de     dar     ha     (sic) entender que le expuso el caso de lo  que  estaba  sucediendo  el  mismo día del embarque, pues la mencionada llamada  telefónica  según  lo  declarado  se  efectuó mucho tiempo después y como es  obvio  pues  así  se  entiende si se lee de manera integral la narración de la  señora  VILLMIL,  la  llamada  se  produjo ante la preocupación que presentaba  Doña  María Olga por haber recibido una factura donde constaba la importación  de    tal    sustancia   cuando   jamás   autorizó   la   misma”.   

Acto seguido, transcribe un aparte del fallo  impugnado  en  donde  se  valora este testimonio, para advertir de inmediato que  “como  es  posible  señores  Magistrados  de  la H.  Corte,  que  el  H.  Magistrado  de  Segunda  Instancia,  infiera que la llamada  realizada  por  la  señora Nohora VILLAMIL, se efectuó el mismo día en que se  realizó  el  último embarque, si de la lectura adecuada de tal declaración se  entiende  que  la  comunicación  entre VILLAMIL y LOPEZ se efectuó después de  varios    días    de    haberse    realizado   la   importación”.   

Sumado  a  lo  anterior, añade, en el fallo  recurrido  se  “omite evaluar la causa por la cual la  señora  OLGA LOPEZ ante la infructuosa comunicación telefónica con la señora  Nohora  VILLAMIL,  decide  enviar  una comunicación al señor ERNESTO MATZALIK,  para  indagar  que era lo que había sucedido, y por que le enviaban una factura  por  una  importación que jamás realizó”, lo cual,  a  su  modo  de ver, representa “una muestra clara de  que  la  señora  María  Olga  López  Peña  estaba  totalmente sorprendida de  recibir  una  factura  de  importación  que  además  de  desconocer  se había  producido a nombre de su empresa”.   

En   los  anteriores  términos,  para  el  casacionista  resulta  indudable  la  distorsión de la prueba, lo que determina  “una  clara  evidencia de la inocencia de la señora  MARIA   OLGA  LÓPEZ  PEÑA”,  por  desvirtuarse  la  afirmación   del   Tribunal  consistente  en  que  la  mencionada  “NUNCA   se   presentó   ante   sus  instalaciones”.   

A  continuación, el demandante se refiere a  “las  normas  de  derecho  sustancias  (sic)  que  han  sido vulneradas y que han  motivado     la     consecuente     presentación    de    esta    demanda    de  casación”,   entre   ellas   el   artículo   7°  “de  nuestro  ordenamiento  jurídico”,  según  el  cual toda duda debe absolverse a favor del sindicado,  así  como  los  artículos  13  del  estatuto procesal, en cuanto exige que las  pruebas  sean  analizadas  en  forma integral, 29 de la Carta Política, el cual  señala  las  pautas  para  analizar  los  elementos  de prueba, 16 “del  Código  de Procedimiento Legal”,  que  establece la prevalencia  del derecho sustancial sobre el formal y 277  del  mismo  ordenamiento,  en  relación con las directrices que se deben acatar  para la valoración del testimonio.   

1.3.   El  tercer  reproche  que  con  fundamento  en  la  misma  modalidad  de yerro formula el censor se refiere a la  valoración  del  “estudio técnico, documentológico  y  grafológico  de  fecha  8/08/702 (sic) y  básicamente  el  resultado  que  el  mismo  arrojo  (sic)   de   la  autorización  concedida  supuestamente  por  mi prohijada a JAVIER VEGA el 22 de junio de 2001 y dirigida  a  Avianca,  departamento  de  liberación  de  guías,  y  la autorización que  supuestamente  la  Señora  OLGA  LOPEZ  firma  autorizando  a  el  (sic)  señor DAGOBERTO FEIJOO, dirigida a  Avianca  para  que libere guías, autorizaciones que mi prohijada asegura jamás  otorgó”.   

         

Indica,  con  el  objeto  de  demostrar  el  enunciado,  que  la  Fiscalía solicitó el análisis de 16 documentos, respecto  de  los cuales “sólo procederé a relacionar los que  importan   para  el  desarrollo  de  esta  censura”;  posteriormente,  pero destacando a continuación la parte conclusiva del aludido  estudio  grafológico,  de cuyo contenido, dice, se evidencia que la firma de su  defendida fue falsificada.   

Agrega que con base en la pregunta No. 2 del  cuestionario  elaborado  por  la  Fiscalía  para  ser  resuelto  por  el perito  grafólogo,  el  análisis  se concretó a cuatro documentos sin que se ordenara  que  los  mismos  fueran cotejados con las muestras manuscriturales tomadas a su  defendida,  lo  que  permite  inferir,  respecto  de  los otros tres documentos,  “que  en  efecto  si  guardan  uniprocedencia  entre  ellos,  es  decir  que  las  firmas  si  fueron   elaborados  por una misma  persona,  pero  jamás  que  esa  persona   sea  María Olga”.      Por     tal     motivo,    colige    que    “fueron  falsificados  por  la  misma  persona  el  señor  JAVIER  VEGA”.   

De  esta  forma,  encuentra  el actor que el  Tribunal   distorsionó   por   completo   la   prueba   indicada   “al  determinar que de los mismos no puede evidenciarse que existe  falsedad   en   las  firmas  que  dichas  autorizaciones  presentan,  pues  esta  valoración  probatoria  se  queda  corta en apreciaciones y de manera rutilante  sin  analizar  de manera integral el dictamen”.   Si  el juzgador no hubiera incurrido en ese yerro, añade, habría absuelto a su  defendida,  en  tanto ella “fue objeto de un terrible  engaño  por parte del señor JAVIER VEGA, dado que fue él quien falsificó las  firmas   para   lograr  importar  el  sulfato  de  potasio,  camuflando  en  tal  importación  el  permanganato  de potasio”, además,  porque  el  expediente  cuenta  con  otros  medios  de  prueba que reafirman esa  conclusión.   

Siguiendo con la metodología empleada en los  cuestionamientos  probatorios  precedentes,  el  actor  señala  las  normas  de  derecho  sustancial  vulneradas.   Expresa  así,  que se desconocieron los  artículos  257  del  estatuto  procesal penal, el cual se refiere a la forma de  valorar  la  prueba  técnica  y  el  232 del mismo ordenamiento, en punto de la  certeza exigida para condenar.   

2.  Errores de hecho por falsos juicios  de existencia:   

2.1.   El  primer reparo que desarrolla  conforme  a  esta  modalidad de yerro se orienta a cuestionar la valoración del  “dictamen  pericial  practicado  por el Departamento  Administrativo  de  Seguridad DAS, de fecha 16 de octubre del año 2003, el cual  consistió  en el estudio técnico grafológico del cheque No. 9360310 del Banco  Tequendama  Oficina Castillo de Bogotá, girado a favor de JAVIER VEGA  por  valor   de   $   750.000,oo   M/te,   el  09  de  enero  de  2002”.   

Señala   al   respecto  que  “como  se  puede  observar  es  imposible  que  el  Tribunal  haya  desconocido  esta contundente prueba pues con ella es fácil inferir cual era el  proceder  del  señor  JAVIER  VERA IGLESIAS en todo este devenir fáctico, dado  que  de este estudio grafológico se deduce con abundante claridad que el señor  VEGA  IGLESIAS,  procedía  a falsificar las firmas de doña MARIA OLGA no sólo  con  la  intención  de  emitir falsas autorizaciones para importar la sustancia  ilícita,  sino  como también falseaba la firma en los cheques de su cuenta del  Banco  Tequendama, a través del calco de su firma para retirar dinero que luego  procedía       a      retirar      en      beneficio      propio”.   

Sostiene, además, que es tan obvio el error  derivado  de  no  haberse  apreciado este medio de prueba que en la sentencia se  condenó   al   señor   Vega  Iglesias  únicamente  por  el  delito  de  tráfico  de  sustancias  para  el  procesamiento  de  narcóticos,  pero  se  omitió  lo  relativo  a “las  falsedades  en  la  que  ha incurrido, así como la maniobra  fraudulenta  que  utilizó  para estafar a la señora  MARIA OLGA al cobrar  el   cheque   del   9   de   enero   de   2002,   a  través  del  calco  de  su  firma”.   

Por último, indica como normas sustanciales  violadas  a consecuencia del yerro que atribuye al fallo los artículos 29 de la  Carta Política, 13, 20 y 232 del estatuto procesal penal.   

2.2.   El  segundo reparo que el censor  emprende   por   esta   vía  se  orienta  al  desconocimiento  de  “un  hecho  acaecido  y  del  cual  se  tiene  sustento probatorio  obrante   en   el   proceso”.   Se  refiere  al  “hecho  de  que ni la señora MARIA OLGA LOPEZ PEÑA  en  sus  cuentas  bancarias, ni la empresa Dotaciones Hospitalarias, tuvieron la  suficiente  capacidad económica como para poder importar al territorio nacional  químico  como  el  sulfato  o  el  permanganato  de  potasio, en las cantidades  establecida  (sic) en ellos,  expresados     en     los     certificados    de    importaciones”.        

Sobre  el  particular,  afirma  a  renglón  seguido   que  de  los  folios  126  a  156  “existe  suficiente  material probatorio que establece cual es la capacidad económica de  mi  poderdante,  y  si a este elemento de prueba lo sometemos a una comparación  con  los  dictámenes  aportados  por  el  DAS,  en  donde se establece que esas  sustancias  tienen  costos  muy  altos,  es  totalmente revelador que la señora  MARIA    OLGA    LOPEZ,    jamás    importó    tales   sulfitos”.   

Por  lo  anterior,  expresa sorpresa ante la  condena  proferida  por el Tribunal “dando como hecho  cierto   que   la   misma,   si   canceló   tales  importaciones”,  conclusión  que  a  su  juicio  carece  de  total sustento, como  tampoco  lo  tiene  colegir  que  actuó  en  forma mancomunada con Vega  Iglesias, cuando existen suficientes  elementos  de  prueba que demuestran que dichos retiros fueron efectuados por el  mencionado.  Ahora,  respecto de la certificación expedida por ella autorizando  el  retiro  de  la  mercancías  señala  “que ya fue  objeto     de    censura    y    que    es    totalmente    falsa”.   

Colige, a continuación, que como el Tribunal  ignoró  el  medio  de  prueba referido incurrió en el error denunciado, con lo  cual   “surgen   entre  otras  normas  sustanciales  vulneradas  con  tal  providencia las disposiciones que contiene la descripción  de  las  conductas endilgadas, pero específicamente aquella que  contempla  la                  ‘coautoría’,  artículo 29 del Código Penal”.   

Agrega que con este yerro también resultaron  vulnerados  los  artículos  7°,  16,  20, 232 238 del estatuto procesal penal,  así  como  el artículo 4° de la Constitución Política, en cuanto indica que  sus  disposiciones “son normas de normas y que por lo  tanto   deben   prevalecer  sobre  otras  normas  jurídicas”.   

Finalmente,  solicita  casar  la  sentencia  objeto   del   recurso,   con   sustento   en   “los  planteamientos      que     nos     hemos     permitido     presentarles     con  antelación”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

Impera  precisar, en primer término, que el  trámite    del    presente   recurso   se   rige   de   conformidad   con   las  previsiones     contenidas  en  la Ley 600 de 2000, habida cuenta  que  los  hechos  por  los  que se procede tuvieron ocurrencia el 11 de abril de  2002.   

          Clarificado  lo  anterior,  el análisis relativo al cumplimiento de  los  presupuestos  lógicos  y  técnico  formales  del libelo presentado por el  defensor  de  la  procesada  MARÍA  OLGA LÓPEZ PEÑA  se abordará a partir de las precisiones contenidas en  el artículo 212 de dicha normatividad, según el cual:   

          “La demanda de casación deberá contener:   

1.   La  identificación  de  los  sujetos  procesales y de la sentencia demandada.     

1. Una  síntesis   de   los   hechos   materia   de  juzgamiento  y  de  la  actuación  procesal.     

3.  La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las normas que el demandante estime infringidas.   

4.   Si   fueren  varios  los  cargos,  se  sustentarán en capítulos separados.   

Es  permitido formular cargos excluyentes de  manera    subsidiaria”.   

          Pues  bien,  sometido  a  revisión  el único cargo propuesto en la  demanda  por la vía de la violación indirecta de la ley sustancial a partir de  errores  de  hecho por falsos juicios de identidad y de existencia, pronto y sin  dificultad  se  arriba a la conclusión que el mismo no satisface los requisitos  señalados  en  la  norma cuyo texto viene de transcribirse.  Con el fin de  evidenciar  el  alejamiento  de  la  demanda  de  tales  exigencias,  bien está  comenzar  por  señalar el criterio de la Sala en punto de la  naturaleza y  forma  de  proposición de estos yerros para tenerlos por adecuada y formalmente  presentados.   

Así  se  tiene  que  de  conformidad con la  pacífica  y  reiterada  jurisprudencia  de  la  Sala,  se incurre en violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  ante la comprobación  fehaciente  de  que  el sentenciador incurrió en los llamados falsos juicios de  existencia,  raciocinio, o de identidad, pero como el actor contrae su propuesta  al  primero  y último de los aludidos, sobre ellos se precisará lo pertinente,  teniendo  en  cuenta,  además,  el  orden  en  que son propuestos en el libelo,  comenzando  por la referencia al falso juicio de identidad y pasando luego al de  existencia.   

En  cuanto al primero de tales errores se ha  dicho  por  la  Sala  que  éste  se  verifica  cuando  el juzgador tergiversa o  distorsiona  el  contenido  objetivo de la prueba para hacerla decir lo que ella  no  expresa  materialmente. También se ha dicho, como bien lo señala el actor,  que  en tal modalidad de desacierto en la apreciación de las pruebas igualmente  se  incurre  cuando  el  juzgador  toma  una parte de la prueba como si fuera el  todo,  en tanto que ello constituye una forma de distorsión, pues en el proceso  de  valoración  de la prueba se le suprimen contenidos trascendentes, omitiendo  de esa manera su apreciación integral.   

En este evento, resulta necesario para quien  lo  alega  individualizar  o concretar la prueba sobre la cual recae el supuesto  yerro.   Luego  de estar plenamente determinado el medio de persuasión que  acusa  el  defecto  que  se  atribuye,  el  demandante  debe  mostrar  cómo fue  apreciado  por  el  fallador  y  de  qué  forma  esa  valoración  tergiversa o  distorsiona  su contenido material. En otras palabras, resulta indispensable que  se  enseñe  mediante  un cotejo objetivo entre lo que valoró el sentenciador y  lo  que  en verdad contiene la prueba que efectivamente se dió una supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró su sentido.   

Pero, lo anterior no es suficiente para dar  por  demostrado  el  error,  pues  siempre  será  preciso  que se establezca la  trascendencia  del  yerro  frente  a  lo  declarado en el fallo o, dicho de otro  modo,  que  por virtud de la deformación de la prueba la sentencia debe mutarse  en  favor  del  interés que se representa y, además, que el fallo impugnado no  se  puede  mantener  vigente  con  fundamento  en  las  restantes pruebas que lo  sustentan.   Dicha  demostración apareja igualmente la obligación para el  censor  de  evidenciar  que  el  defecto  de  apreciación probatoria, incidente  frente  a  los contenidos declarados en el fallo, vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

Por  su  parte, el error de hecho por falso  juicio  de existencia, segunda modalidad que invoca el casacionista en el único  cargo  que propone, tiene ocurrencia cuando un medio de prueba es excluido de la  valoración  que efectúa el juzgador no obstante haber sido allegado al proceso  en  forma legal, regular y oportuna (ignorancia u omisión) o porque el juzgador  lo  inventa  o  crea  a  pesar  de  no  existir  materialmente  en  el  proceso,  otorgándole   un   efecto   trascendente   en   la   sentencia  (suposición  o  ideación).   

En este caso el recurrente está obligado a  identificar  el medio de prueba que en su criterio se omitió o se supuso;   luego  de  ello,  debe  establecer su incidencia en cuanto a la decisión que se  controvierte  y  en  favor del interés que se representa, señalando las normas  sustanciales  que  a  su  juicio  fueron  aplicadas  indebidamente  o dejadas de  aplicar,  lo  que además le impone demostrar que la declaración de justicia no  se     mantiene     con     fundamento    en    los    restantes    medios    de  persuasión.        

Pues  bien, las transcripciones del extenso  escrito  de  la  demanda efectuadas en el acápite anterior, de entrada ponen de  manifiesto  que  si  bien  el casacionista conoce la naturaleza de los yerros de  apreciación  probatoria en que dice se incursionó en el fallo, a los cuales se  hizo  alusión  en  precedencia, es lo cierto que en su desarrollo omite incluir  una  disertación  que,  de  manera  clara  y  precisa  apunte  a  demostrar  la  ocurrencia de los mismos y su incidencia en el fallo demandando.   

Al  respecto,  bien  está  comenzar  por  señalar  que,  en  cuanto  al  error de hecho por falso juicio de identidad que  postuló   frente   a  la  valoración  de  las  declaraciones  de  Alfonso  Álvarez  (1.1)  de  Nohora  Esperanza  Villamil  (1.2)  y  del  “estudio     técnico,     documentológico     y  grafológico”  de  fecha  agosto 8 de 2002 (1.3), la  discusión  que  plantea  se  circunscribe a exponer in  extenso  su particular punto de vista sobre su mérito  suasorio,  sin  que  en momento alguno, como lo exige dicha modalidad de yerro y  como  incluso  así  lo  anunció  al  indicar  que  el  Tribunal  las  apreció  erróneamente  al tomar una parte de tales pruebas como si fueran el todo, logre  demostrar  que se incurrió en un yerro de contemplación objetiva que surge del  contenido de la prueba.   

Así  las cosas, sin dificultad se advierte  que  la  propuesta que el censor presenta con sustento en este yerro se reduce a  señalar  que  en  el fallo impugnado no se apreciaron las pruebas aludidas como  hubiera  querido,  esto es, de manera favorable a su defendida, lo cual no puede  implicar  que  las  mismas  hubieran  sido  tergiversadas  y  menos  aún que el  juzgador   hubiera   desatendido  el  imperativo  legal  de  apreciarlas  en  su  integridad con fundamento en los principios de la sana crítica.   

Una  tal  actitud,  además,  como en forma  pacífica  y  reiterada  lo  ha  sostenido  la Sala, se aparta de la esencia del  recurso   extraordinario,   para  corresponderse  más  y  de  manera  exclusiva  a     un  alegato  de  instancia,  lo cual se puede afirmar si se  observa  que  el demandante se limita a confrontar el valor probatorio que se le  otorgó  a  la  prueba con el que tiene de ella, ejercicio distante de demostrar  que  el  juzgador  realmente  incurrió  en  un  error en la apreciación de los  medios de persuasión que soportaron su decisión.   

Igualmente, desconoce el actor que el fallo  llega  a esta sede amparado por las presunciones de acierto y legalidad, de modo  que  los  argumentos  que lo fundan prevalecen sobre el criterio personal que se  expone  sin  fundamento  distinto  al  de  su  personal criterio.  Así las  cosas,  el  único  medio  viable  para  lograr  el decaimiento del fallo por la  causal  primera,  cuerpo segundo, es demostrar que efectivamente se incurrió en  un  error en la valoración probatoria y ciertamente ello nada tiene que ver con  la  exposición  de  un  criterio  personal acerca de la forma como se considera  debieron  ser  estimados  determinados  elementos  de  juicio.      

A  lo  anterior  se  suma  que  los ataques  formulados  contra  la  apreciación  probatoria del fallo con fundamento en los  dos  errores  de  apreciación  probatoria  invocados,  es  decir,  tanto por la  supuesta  incursión  en  falsos  juicios  de  identidad  como de falsos juicios  existencia,  no  se corresponden con la naturaleza de la prueba que sustentó el  fallo, que en su totalidad fue de carácter indiciario.   

En  efecto,  una  revisión  somera  de los  fallos  permite  advertir  que  el  sustento  de la responsabilidad declarada en  contra   de   la   procesada   MARÍA   OLGA   LÓPEZ  PEÑA,  tuvo  su  fuente  en  prueba  indiciaria, como  incluso  así  se desprende de lo expuesto por el Tribunal al inicio de la parte  considerativa  de  la  sentencia  de  segunda  instancia, al señalar que:    

“El  punto  de  partida   encaminado   a   corroborar  con  certeza  la  responsabilidad  de  la  prenombrada   LÓPEZ  PEÑA,  es  la  estimación  probatoria  conjunta  de  los  elementos  de  juicio  sobre  los  cuales se construyen los indicios,  ejercicio  racional  que  evidencia  la  eficacia  y  validez  de  aquellos,  atendida  desde  luego  en  dicha  labor  la  consideración  de  los  principios  establecidos  en  la legislación, verbi gracia, que la sentencia se  fundará  en  prueba  legal  y  regularmente  allegadas  a  la actuación.   Además  serán  apreciadas  conforme  a  los  postulados de la sana crítica”  (subrayas fuera de texto).   

Por ello, era necesario tener en cuenta por  el  actor  los  parámetros  señalados  por  la jurisprudencia para demandar en  casación  temas  relacionados  con prueba indiciaria, dado que en un tal evento  es  necesario identificar si la equivocación se cometió respecto de los medios  demostrativos  de los hechos indicadores, la inferencia lógica, o en el proceso  de   valoración   conjunta   al   apreciar  su  articulación,  convergencia  y  concordancia  de  los  varios indicios entre sí, y entre éstos y las restantes  pruebas, que llevó a una conclusión fáctica desacertada.   

Si  el  error radica en la apreciación del  hecho  indicador, dado que éste necesariamente ha de acreditarse con otro medio  de  prueba  atendida  su  estructura  lógica  y  como  así  se desprende de la  previsión  contenida en el artículo 286 del estatuto procesal penal, necesario  resulta  postular  si  en su apreciación se incurrió en un error de hecho o de  derecho  y,  desde  luego,  la  expresión  correspondiente  a uno cualquiera de  ellos, de acuerdo con lo señalado en precedencia.   

     

Por  otro  lado, si el error se ubica en el  proceso  de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del  medio  con  el que se acredita el hecho indicador y demostrar, al tiempo, que el  juzgador  en  la labor de asignación de su mérito persuasivo se apartó de las  reglas  de la sana crítica, esto es, de las leyes de la ciencia, los principios  de  la  lógica,  o  las  máximas  de  experiencia,  haciendo  evidente en qué  consiste  y cuál es la incidencia correcta en la inferencia cuestionada y cómo  en concreto un tal medio de razonar fue desconocido.   

Ahora,  si lo pretendido es denunciar error  de  hecho  por  falso juicio de existencia de un indicio o un conjunto de ellos,  lo  primero que debe acreditar el censor es la existencia material en el proceso  del  medio  que  constituye el hecho indicador, la validez de su aducción, qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde y, luego de realizar el  proceso  de  inferencia  lógica a partir de tener por acreditado el hecho base,  exponer  el  indicio  que  se  estructura  a partir del mismo, el valor suasorio  correspondiente  así  como  su  articulación  y  convergencia  con  los  otros  indicios    o    medios    de    prueba   directos1.   

Además, dada la naturaleza de este medio de  prueba,  si  el  yerro se presenta en la labor de análisis de la convergencia y  congruencia  entre  los  distintos indicios y de éstos con los demás medios, o  al  asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta, es aspecto que no  puede  dejar de precisarse en la demanda, concretando el tipo de error cometido,  demostrando   que  la  inferencia  realizada  por  el  juzgador  transgrede  los  postulados  de  la  sana  crítica, y acreditando que la apreciación probatoria  que  se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa de aquella  a  la  que  arribara el sentenciador, pues no resulta de recibo en este trámite  anteponer  el  particular  punto de vista del actor al del fallador.     

Forma de atacar la apreciación de la prueba  indiciaria  que  garantiza  no  sólo  el respeto por su estructura lógica sino  también  facilitar  la comprensión del cuestionamiento, pues cuando la censura  aborda  en forma indiscriminada los estadios a los que se ha hecho referencia se  incurre   en  contradicción,  toda  vez  que,  como  se  ha  dejado  dicho,  es  presupuesto   del   segundo   y   tercer   eslabón   estar   conforme   con  el  anterior.   

En  el  asunto que ocupa la atención de la  Sala,  como  en  los  cuestionamientos  probatorios  elaborados por el censor se  desatendieron  las  anteriores pautas, única forma de controvertir en esta sede  de  forma  lógica  la  prueba  indiciaria sobre la cual se edificó el fallo de  responsabilidad  contra  su  defendida, resulta evidente que el reparo carece de  la  claridad y precisión que para su adecuada formulación exige el numeral 3°  del artículo 212 de la Ley 600 de 2000.   

Por último, también conviene precisar que  los  reparos  a la apreciación probatoria se quedaron el simple enunciado, toda  vez  que  se  omitió señalar la trascendencia que tales errores pudieron haber  tenido  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo demandado y no se  observa  que  el  actor  hubiera  cumplido con el deber de demostrar que sin los  elementos   de   juicio   que   cuestiona   el   fallo  tampoco  hubiera  podido  sostenerse.   

En   efecto,   el   casacionista  ninguna  referencia  realizó  en  relación  con  los  indicios  de mala justificación,  oportunidad,  capacidad  para  delinquir  y  de  contumacia que, sumados a otros  elementos  de  la  misma  naturaleza,  permitieron a los juzgadores de primera y  segunda   instancia   atribuir   la   responsabilidad   penal   a   MARÍA  OLGA  LÓPEZ  PEÑA  a  título de  coautora  del  delito  de  tráfico  de  sustancias  para  el  procesamiento  de  narcóticos,  ejercicio  indispensable  con  el objetivo de lograr el fin que se  trazó  a  través  de  este  extraordinario  medio de  impugnación.    

Así   las   cosas,   la   decisión  que  razonablemente  se  impone adoptar en relación con la demanda presentada por el  defensor   de   la   procesada   MARÍA  OLGA  LÓPEZ  PEÑA  es  la de su inadmisión, dado que el principio  de  limitación  que regenta este medio extraordinario de impugnación y que por  vía  legal  encuentra  consagración en el artículo 216 de la Ley 600 de 2000,  impide  a  esta  Sala subsanar las incorrecciones anotadas en las que incurre el  casacionista  en punto de una fundamentación clara y precisa del cargo, como lo  exige      el     numeral     3°     del     artículo     212     ibídem.   

          En  consecuencia,  a  ello se procederá, sin que, de otra parte, se  observe  durante  el  trámite  del proceso o con ocasión del proferimiento del  fallo  se  hubiera  incurrido  en  vulneración  de garantías fundamentales que  ameritara  intervención  oficiosa de la Sala, según la previsión contenida en  el artículo 216 del estatuto procesal penal.   

   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el  defensor  de  MARÍA OLGA LÓPEZ  PEÑA,  por  las  razones  consignadas  en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            MARINA  PULIDO  DE  BARÓN            

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER           ZAPATA  ORTÍZ   

Impedido  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Sentencia del 2 de agosto de 2001, entre otras.     

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