25834(17-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25834  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 87                                                                               Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C., diecisiete de agosto de dos  mil seis.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de  John  Fredy  Palacios  Abadía y Alberto Perea Ramírez contra  la  sentencia dictada el 17 de enero de 2006 por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Quibdó,  mediante la cual condenó a los  procesados  a  la  pena  principal  privativa  de  la  libertad  de 162 meses de  prisión  (13  años  y  6  meses)  como  autores  responsable de los delitos de  homicidio  agravado  en  la  modalidad  de  tentativa y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.    

Antecedentes.   

1. El 8 de diciembre de 2004, en las primeras  horas   de   la   noche,   encontrándose  Alvaro  Francisco  Pandales Bermúdez en una fuente de soda del  Municipio  de  Bahía  Solano, fue sorpresivamente atacado con arma de fuego por  Juan  Bautista  Jiménez  Rentería  (a.  Caballón).  Al   tratar   de   huir   del   lugar,   John  Fredy  Palacios Abadía (a. Johnatan) y Alberto Perea Ramírez  (a.   Juanchope),  quienes  acompañaban  al  agresor,  impidieron  su  salida y lo inmovilizaron para que su compañero lo rematara. La  víctima  recibió  varios impactos con arma de fuego, dos de ellos de carácter  mortal,   pero   la   oportuna   intervención  médica  permitió  salvarle  la  vida1.   

2.  El  13  de  abril  de  2005  la Fiscalía  calificó   el   mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación  contra  Juan  Bautista Jiménez Rentería, John Fredy Palacios  Abadía  y  Alberto  Perea  Ramírez, como coautores de  los  delitos  de  homicidio en la modalidad de tentativa y porte ilegal de armas  de  fuego  de  defensa  personal,  decisión  que causó pacífica ejecutoria en  primera     instancia     el     21     siguiente2.   

3. Rituado el juicio, el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de Bahía Solano, mediante sentencia de 23 de agosto de 2005, condenó  a  los  acusados  a  la  pena principal privativa de la libertad de 17 años y 5  meses  de  prisión,  y  las accesorias de interdicción de derechos y funciones  públicas  y  prohibición  de portar armas de fuego por un período igual al de  la  pena principal, como coautores de los delitos imputados en la resolución de  acusación3.    

4. Apelado este fallo por la defensora de los  procesados  John Fredy Palacios Abadía y Alberto Perea  Ramírez,  el Tribunal Superior de Quibdó, mediante el  suyo  de  17  de  enero  de  2006,  que  ahora  la  misma  impugnante recurre en  casación,  lo confirmó con modificaciones en relación con las penas principal  y  accesorias,  las  que  fijó  en  162  meses (13 años y 6 meses)4.   

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo, contenida en la artículo 207 del estatuto procesal  penal  de  2000,  el  actor  acusa  la  sentencia  impugnada  de violar en forma  indirecta la ley sustancial, por errores de hecho consistentes en:   

1.  Dar  por  probado  sin  estarlo  que  los  procesados  participaron  en  la  comisión  de  la conducta punible agarrando a  Alvaro  Francisco  Pandales  Bermúdez.  Asegura que el  Tribunal  incurrió  en  este error de hecho al dejar de valorar la totalidad de  las  pruebas  allegadas  al  proceso, pues ninguno de los testimonios recaudados  permite  establecer  que  la  versión de la víctima se adecua a la manera como  realmente  se  desarrollaron  los  sucesos,  y  los  que  podían desvirtuar sus  afirmaciones   fueron   tachados   de   sospechosos   y   no   se   les  otorgó  credibilidad.   

El  Tribunal  realizó  una  interpretación  errónea   de   las  pruebas,  pues  solo  se  interesó  en  analizar  las  que  comprometían  la  responsabilidad  de  los  procesados,  para poder llegar a la  conclusión  de  que  John Fredy Palacios y   Alberto  Perea  Ramírez  agarraron  a  la  víctima,  para  que Juan  Bautista  Jiménez  le  propinara los disparos. Afirma  que  el  testimonio  de  Olga  Patricia Parra Pandales  ofrece  una  versión  clara  de  lo  ocurrido, que se  acomoda  a  lo  manifestado por los técnicos del C. T. I, pero el Tribunal hizo  caso  omiso  de esta narración, y las conclusiones a las que llega, referidas a  que  la  víctima estaba en el suelo porque los procesados la estaban sujetando,  no  son  necesariamente  ciertas,  ya  que  pudo haber caído a causa del primer  disparo propinado.   

Los señores Magistrados tampoco se enteraron  de  otra  teoría  que surge de las pruebas recaudadas, y desvirtúa su punto de  vista,  cual es que en la escena del crimen había otra persona, que pudo ser el  que  intervino  en  la comisión de la conducta, de lo cual tuvo conocimiento la  Fiscalía  porque en su indagatoria John Fredy Palacios  manifestó  que en el lugar se encontraba Vandan,   entre   otros,  y  Olga  Patricia  sostiene que un muchacho de  pantalones  recortados,  que  no  reconoce,  pero  que  la  gente  dice  que era  Juanchope, se le acercó a la  víctima. Esto, para concluir  que  dicha  persona  pudo  no  ser el procesado Alberto  Perea   Ramírez,   ya  que  este  vestía  pantalones  largos,   y   el   testigo  Felipe Córdoba Mosquera dijo  que   quien  agarró  a  Alvaro  Francisco  fue  un  tipo  a  quien  le dicen Vandan,  y   que   no   vio   a  los  procesados  John   Fredy   Palacios   y   Alberto  Perea  Ramírez  hacerlo.   

En síntesis, quien inmovilizó a la víctima  pudo   ser  Vandan,  no  sus  defendidos.  Pero  lo  manifestado  por  estos  declarantes  “es  desvirtuado,  desvalorado  o  ignorado” por el Tribunal, con el erróneo argumento de que la  testigo    Olga    Patricia    Parra    pretendía  beneficiar  a  su  compañero  permanente.  Pero  en  su  declaración  “no se nota” intención alguna de tergiversar los hechos, sino  la  voluntad  de  responder  las  preguntas que se le hacen. Su testimonio no es  contrario  a  la  verdad,  ni  declara  con  la  intención  de  beneficiar a su  compañero  detenido,  siendo  su  único  interés el que se aclaren los hechos  para que pueda obtener la libertad.   

Wiston    Jesús    Mena    manifiesta  en  su declaración que el arma que cargaba Alvaro  la  cogió  el señor Caballero.  Esto  demuestra  que  personas  distintas  de  los  procesados  pudieron  intervenir en la escena del crimen, lo  cual    pudo   ocasionar   que   el   lesionado   confundiera   a   Vandan        con       Juanchope     y    responsabilizara    a  John   Fredy,   a   quien  consideraba  su  enemigo.  Pero esta teoría no fue admitida por el Tribunal, ya  que  de  manera  errónea confió ciegamente en la versión del lesionado y todo  testimonio  que  pudiera  derrumbarlo  fue tachado de sospechoso o fundado en el  temor.   

Con esta conducta el Tribunal violó preceptos  legales,  puesto  que  profirió  sentencia  de  condena sin tener certeza de la  comisión  de  la  conducta punible, y no valoró las pruebas de manera objetiva  como  lo  disponen  los   preceptos  de  la sana crítica, condenando a los  procesados por el solo hecho de ser reinsertados.   

2.  Dar  por  probado,  sin estarlo, que Juan  Bautista  le  propinó  los  disparos  a Alvaro Francisco Pandales, porque éste  denunció  penalmente  a  John Fredy Palacios. Sostiene  que  la  víctima  afirmó haber declarado en disfavor del referido procesado en  una  investigación penal que se seguía en su contra, no en contra de los otros  procesados  Juan  Bautista  Jiménez  y  Alberto Perea  Ramírez.  Luego mal puede concluirse que su testimonio  denuncia  hubiese  sido  el  motivo  por  el  cual Juan  Bautista  tomara  la decisión de matarlo en presencia  de  todo  mundo.  Y  no  se  estableció que entre Juan  Bautista   y   John  Fredy  existiera  una amistad estrecha, como sí existía con  Alberto  Perea, quien era su  compañero paramilitar reinsertado.    

La  víctima  no  esperaba  que  Juan  Bautista  Jiménez atentara contra su  vida,  como  lo  muestra  el  hecho  de  que  no  estaba  prevenida. Y si estaba  tranquila  era  porque consideraba que no existía un vínculo poderoso para que  “Caballón”  la  atacara  por  haber  declarado en contra de John Fredy Palacios.  De   haber  advertido  un  eventual  ataque,  habría  abandonado  seguramente  el  lugar.  De  donde  se  concluye,  por tanto, que la  investigación  no  probó  la  razón por la cual Juan  Bautista   atacó  a  Alvaro  Francisco  Pandales,  y si bien es cierto se constató  que    existía    una    denuncia    contra    John  Fredy,  y  que  la  víctima  había testificado en su  contra, ello no prueba el móvil del atentado.   

3.  Dar por probado, sin estarlo, que hubo un  acuerdo  previo  entre  Juan  Bautista  Jiménez,  John Fredy Palacios y Alberto  Perea  Ramírez  para  atentar  contra  la  vida  de  Alvaro Francisco Pandales.  Afirma  que  este error de hecho se presenta porque el  Tribunal  dio  por  establecido,  sin existir la más mínima evidencia y por el  simple  hecho  de hallarse los procesados en la escena del crimen, que medió un  acuerdo   previo   entre   ellos   para  acabar  con  la  vida  de  Alvaro  Francisco  Pandales.  ¿Dónde  está  la  certeza  de  la  comisión  de  la conducta punible si los procesados  recurrentes  nunca  intervinieron  en su comisión? ¿Cuál es el testimonio que  permite  establecer  que había un acuerdo previo de voluntades? ¿Dónde se les  vio  concertándolo?  No  pudo  ser  en la taberna porque había muchas personas  reunidas en la misma mesa.   

Insiste en que de la denuncia se desprende que  Juan   Bautista  tomó  por  sorpresa  a  Alvaro  Francisco  Pandales, y  que a pesar de que este último tenía problemas con John  Fredy,  no esperaba que Juan  Bautista  lo atacara a causa de dicho  problema.  Reitera,  por tanto, que el motivo del atentado no se demostró en el  proceso,  y  en su curso tampoco se acreditó que los hechos sucedieran como los  relató   la   víctima,   puesto  que  sus  afirmaciones  relacionadas  con  la  intervención  de  John Fredy Palacios y Alberto Perea  Ramírez  para  inmovilizarlo,  no  concuerdan  con lo  manifestado  por  los  testigos  Olga Patricia y Felipe  Córdoba Mosquera.   

No  cabe  duda, entonces, que el Tribunal, al  dar  por  demostrado que medió un acuerdo previo para atentar contra la vida de  Alvaro     Francisco     Pandales,     quebrantó  el  artículo  232  del  estatuto procesal penal, “por  cuanto  está  deduciendo  unas  conclusiones  sin  los  más mínimos elementos  probatorios  que  le  otorguen  certeza  de  que  realmente dicho acuerdo previo  existió”.   

4.  Dar  por  probado,  sin estarlo, que John  Fredy    Palacios    Abadía    era    paramilitar   reinsertado.   Sostiene   que   Alberto  Perea  Ramírez  en  su  indagatoria  reconoce  que  él y Juan  Bautista  son  reinsertados  de  las  autodefensas,   y   que   a  John  Fredy  lo   conoce   porque   es  vecino  de  su  casa.   Wiston  Jesús  Mena  León también afirma  que   Juan  Bautista  y  Alberto  Perea  son  reinsertados,  pero  que  de  los  demás  nada  sabe,  lo  que  demuestra  que  era un hecho público que los dos eran reinsertados, pero no que  John     Fredy     lo  fuera.    

En  el  proceso  existe  un  documento que el  Teniente   Coronel   Coordinador   del  Programa  de  Atención  Humanitaria  al  desmovilizado  le remite a la Fiscalía, donde le manifiesta que varias personas  han  sido  judicializadas  y  entre ellas se encuentra el nombre de John   Fredy  Palacios  Abadía,  y  donde  agrega  que algunas de esas personas pueden estar haciendo parte del programa de  desmovilización.  Este  documento  pudo haber servido al Tribunal para concluir  que    John   Fredy   era  paramilitar,  pero  en  dicho documento no se está afirmando que lo sea, ni que  lo  haya  sido,  o  que  tenga  el  grado  de  peligrosidad  que  le atribuye la  víctima.   

Como  puede  verse, el Tribunal violentó los  principios  de  la  sana  crítica  y de la certeza que debe existir para dictar  sentencia  condenatoria.  Los  procesados  fueron  condenados  sin pruebas de su  responsabilidad.  El Tribunal “dio por sentado que eran paramilitares y por lo  tanto  que  era  lógico que fueran responsables de la conducta endilgada, y con  base en este prejuicio, los condenó sin prueba para ello”.   

Sustentada en estos planteamientos solicita a  la  Corte casar la sentencia impugnada en relación con la condena de que fueron  objeto  los  procesados  Johyn Fredy Palacios Abadía y  Alberto  Perea  Ramírez,  y en su lugar dictar una de  carácter absolutorio.   

SE        CONSIDERA:   

Cuando  se  plantea  en  casación violación  indirecta  de  la  ley sustancial por errores de hecho en la apreciación de las  pruebas,  como  lo  hace  la  recurrente en el caso analizado, se impone para el  censor  precisar  la clase de error cometido, señalar la prueba o pruebas sobre  las  cuales  recayó  el error, indicar en qué consistió el yerro, y acreditar  su  trascendencia  en  las  conclusiones del fallo. Sin el cumplimiento de estos  requisitos  no  es  posible  declarar  la  demanda  en  forma para su estudio de  fondo.   

Los errores de hecho, ha sido insistentemente  dicho  por  la  doctrina  de  la  Corte,  son  de  tres clases, (i) de  existencia, que se presenta cuando el  juzgador  ignora  una prueba que materialmente hace parte del proceso (error por  omisión),  o cuando supone una inexistente (error por suposición; de   identidad,   cuando  tergiversa  el  contenido  material  de  una prueba por adición, cercenamiento o transposición  de  sus  contenidos  fácticos,  haciéndole  decir  lo que la prueba no dice; y  de  raciocinio,  cuando  el  juzgador  al determinar la credibilidad o fuerza persuasiva del medio, desconoce  los postulados de la sana crítica.   

Cada   uno  de  estos  errores  supone  una  metodología  específica  de  demostración,  atendida su naturaleza. De manera  general  puede  decirse  que  cuando  se plantean errores de existencia el actor  debe  identificar  claramente las pruebas ignoradas o inventadas, según el  error  aducido. En el de identidad debe confrontar lo que la prueba literalmente  dice,  con  lo  que  los juzgadores aseguran que en ella se afirma o niega, para  mostrar  que  no  coinciden. Y en el de raciocinio debe señalar cuál principio  de  la  lógica,  cuál regla de experiencia o cuál postulado de la ciencia fue  objeto de quebrantamiento.   

En   las  tres  hipótesis  es  obligación  adicional  del  censor  demostrar  la trascendencia del yerro, labor que implica  realizar  una  nueva  apreciación  de  los  elementos  de  prueba  aportados al  proceso,  con  inclusión  de  las   pruebas  omitidas, o exclusión de las  pruebas  supuestas,  o  con sujeción a su contenido fáctico o a los postulados  de  la  sana  crítica,  según  el caso,   con el fin de mostrar a la  Corte,  que  de  no  haberse  presentado  el  error denunciado, el sentido o las  conclusiones del fallo habrían sido sustancialmente distintas.   

Esta labor de concreción y fundamentación de  los  errores denunciados no la realiza la casacionista. En sus alegaciones ataca  la  sentencia por violación indirecta de la ley sustancial, por haber incurrido  el  Tribunal  en  errores  de  hecho  en la apreciación de las pruebas, pero no  indica  la  clase de error cometido (si de existencia,  identidad  o  raciocinio),  no  identifica la prueba o  pruebas  sobre  las  cuales  recayó el yerro, no precisa en qué consistió, ni  analiza  su  trascendencia.  Simplemente  ataca de manera general la valoración  que  el  Tribunal  hizo  de  la  prueba,  por considerar, en su opinión, que es  equivocada.   

A  juzgar  por las alegaciones que la censura  contiene,  y  la insistente referencia a las reglas de la sana crítica, podría  pensarse  que  la  demandante  pretendió  proponer  un error de hecho por falso  raciocinio,  pero  ello  presuponía  tener  que  identificar  con  claridad las  pruebas  inadecuadamente  valoradas,   señalar en cada caso los postulados  de  la  lógica,  las  reglas de experiencia, o los principios de la ciencia que  fueron  desconocidos  por el Tribunal, y demostrar la trascendencia del vicio en  el  juicio  de  responsabilidad de los procesados, labor que en manera alguna se  empeña en llevar a delante.   

Visto, entonces, que la demanda no cumple las  requisitos  mínimos  exigidos  por  la  ley  y  la técnica casacional para ser  declarada  en  forma,  se  la  inadmitirá  con  arreglo  a  lo  dispuesto en el  artículo  213  del  estatuto  procesal penal, y se ordenará la devolución del  proceso  al  Tribunal  de origen, no advirtiéndose la existencia de violaciones  de  garantías  fundamentales  que  hagan  necesario  el  adelantamiento  de  un  trámite casacional oficioso para su enmienda.     

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de  los  procesados  John  Fredy  Palacios  Abadía y Alberto Perea Ramírez.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ               ALFREDO GOMEZ  QUINTERO               

Permiso  

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                   MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON               

JORGE        L.        QUINTERO  MILANES             YESID   RAMIREZ  BASTIDAS               

Comisión de servicio  

JULIO         E.         SOCHA  SALAMANCA             JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

1  Folios 2-4, 8-10 y 53 del cuaderno original 1.   

2  Folios 120-127, 136 ídem.   

3  Folios 183-193 ídem.   

4  Folios 4-19 del cuaderno original 2.     

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