9842(30-11-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 9842  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado   acta   N°  139   

Bogotá     D.    C.,    treinta (30) de noviembre de dos mil seis (2006).   

         V I S T O S   

Realizada la audiencia pública dentro de la  causa  que  se  adelanta  contra  el  doctor  ENRIQUE  JUVENAL    DE    LOS    RIOS    HERRERA,  quien se desempeñó como Representante a la Cámara, procede la  Corte   Suprema   de   Justicia,  en  Sala  de  Casación  Penal,  a  dictar  la  correspondiente sentencia.   

El doctor ENRIQUE  JUVENAL DE LOS RIOS HERRERA  se   identifica   con  cédula  de  ciudadanía  No.  17.085.406  de Bogotá; natural de la ciudad de Pasto (Nariño); casado; abogado  de  profesión; hijo de Juvenal de los Ríos Álvarez y Florinda Herrera Moreno,  se  desempeñó  como  Representante  a  la  Cámara  desde  1986  hasta el año  1998.   

H   E   C   H   O  S   

Los  acontecimientos  que  dieron origen al  presente  proceso  penal  fueron  sintetizados por la  Sala en auto precedente, de la siguiente forma:   

         “El  señor Eduardo Montufar Erazo formuló denuncia contra Enrique  Juvenal  de  los  Ríos  Herrera  ante  la Fiscalía General de la Nación de la  ciudad  de  Pasto  el  día 21 de diciembre de 1992, al estimar que éste había  cometido  varios  delitos,  entre  ellos,  el de peculado al haber construido la  sede   política   con   dineros   provenientes   de   los   llamados   auxilios  parlamentarios.   

         “Cuenta  el  denunciante que a finales del año de 1989 celebró un  contrato  verbal  con  el imputado que consistió en adquirir un lote de terreno  en  el  sector  céntrico del municipio de Pasto con el fin de construir la sede  política  para  la  campaña  que  se avecinaba, predio que se lo compró a los  hermanos  Erazo Navarrete, el cual se encuentra ubicado en la calle 20 No. 27-53  y 27-63 de la precitada capital.   

         “Sin  embargo,  por  un  acuerdo previo entre las partes se estimó  que    en    la    escritura   pública,  por  medio del cual se protocolizó la adquisición del inmueble,  debían  aparecer  como  legítimos  propietarios la asociación “Miguel Antonio  Caro”  y  el  denunciante,  pues  el  congresista  Enrique  Juvenal de los Ríos  Herrera  había  gestionado  varios  auxilios  ante  la  Comisión  Cuarta de la  Cámara  de Representantes en calidad de miembro de esa Corporación legislativa  para   la   compra   de   la   sede  de  la  precitada  entidad  sin  ánimo  de  lucro.   

         “Posteriormente,   con  el  fin  de  obtener  recursos  económicos  suficientes  para  la  construcción  de  la  sede adquirieron un préstamo a la  sociedad  Castañeda  e  Hijos,  cuyo  representante  legal  es  el  señor  Álvaro  Castañeda  Domínguez,  por  la  suma  de  quince  millones  de  pesos  ($15.000.000.oo)  para  lo  cual  se  constituyó  hipoteca  sobre  el  bien que  figuraba   a   nombre   de   la   asociación   Miguel   Antonio   Caro   y   el  denunciante.   

         “Ante  los  resultados adversos obtenidos por el denunciante en los  comicios   electorales,  intentó  cancelar  su  cuota  parte  de  la  acreencia  contraída  con  la sociedad Castañeda Domínguez, iniciando para tal efecto un  proceso   de  pago  por  consignación  el  cual  terminó  adversamente  a  sus  pretensiones,  habida  cuenta que la obligación era de carácter solidaria y no  individual    como    trató    de    demostrarlo    a    lo    largo   de   ese  diligenciamiento.   

         “Empero,  posteriormente,  el  señor  Enrique Juvenal de los Ríos  Herrera   adquirió  la  obligación  hipotecaria  que  adeudaba  e  inició  el  respectivo  proceso ejecutivo hipotecario contra él y la asociación con el fin  de  apropiarse  de  los  dineros  oficiales invertidos en la construcción de la  sede  como  los  del  peculio del denunciante, con el agravante de que toda esta  patraña  se  hace  con  el  beneplácito  de quienes representan la asociación  demandada,  proceso  que cursa en el Juzgado Segundo Civil del Circuito de Pasto  radicado bajo el número 9667.”   

LA   ACUSACIÓN   

1.-   Esta  Corporación,  el  24  de  noviembre  de  2004,  profirió  resolución  de  acusación  contra  el  doctor  ENRIQUE  JUVENAL  DE  LOS  RIOS  HERRERA,  acusándolo  como  presunto infractor del delito de peculado por  apropiación   señalado  en  el  Libro  Segundo  del  Título  XV  del  Código  Penal  colombiano  (Ley  599 de 2000), artículo 397,  aunque  por  favorabilidad  la norma punitiva a la que se debe remitir es la que  señalaba  el  inciso  2°  del  artículo  133  del   Decreto  100 de 1980  sancionado  con  prisión de cuatro (4) a quince (15) años, multa de veinte mil  a  dos  millones  de  pesos e interdicción de derechos y funciones públicas de  dos (2) a diez (10) años.    

Igualmente    se   le   imputaron   las  circunstancias  genéricas de agravación punitiva consagradas en su momento por  el  artículo 66 del Decreto 100 de 1980, como el haber obrado en complicidad de  otro  (ordinal  7°) y la posición distinguida que el implicado ocupaba ante la  sociedad  al  momento  de  la  realización  del hecho (ordinal 11), actualmente  contempladas  en  los  numerales  9°  y  10° del artículo 58 de la Ley 599 de  2000.   

Contra  esta determinación no se interpuso  recurso  alguno  y luego de su notificación cobró la ejecutoria de rigor el 14  de diciembre de 2004.   

2.-  Como hecho relevante destacado en  la  acusación, es la referencia que se hace en torno a que a esta actuación se  allegaron  copias  del  proceso  penal  que se adelantó contra Segundo Salvador  Lasso  y  Eduardo Otoniel Montufar Erazo, de donde hay que destacar que mediante  sentencia  del  30  de  mayo  de 2000 el Juzgado 2° Penal del Circuito de Pasto  decidió  condenarlos  como  responsables del delito de peculado por extensión,  el  primero  a  la  pena  de 15 meses de prisión como coautor y el segundo a la  pena de 7 meses de prisión como cómplice.    

  LAS  ALEGACIONES  EN  AUDIENCIA PÚBLICA   

En  el  debate  público adelantado en esta  causa, intervinieron los sujetos procesales en el siguiente orden:   

1.-    El  Procurador    Delegado.   

Luego de efectuar un resumen de los hechos,  asegura  que  se  dedica  a  un estudio de los hechos probados en el expediente,  resaltando  primero  la  condición de servidor público del acusado, lo cual se  demuestra  con  las  certificaciones  correspondientes. De otra parte, refiere a  las  gestiones  del entonces parlamentario en la consecución de los dineros que  se  destinarían a la Asociación de Vecinos de Pasto (Miguel Antonio Caro) y el  desembolso  de  los mismos a través de los Ministerios de Educación Nacional y  de Desarrollo Económico.   

Tampoco,  refiere  el  Ministerio Público,  existe  duda  alguna en torno a la existencia del proceso ejecutivo de carácter  hipotecario promovido por el acusado.   

En estas condiciones avisora como “problema  jurídico”  el  hecho  de establecer si el procesado se apropió de los recursos  que  había  gestionado  y  logrado  a  favor  de  la Asociación MAC, así como  también  si  tenía  control  y  manejo  de  la  mencionada Asociación, y, por  último,   si   el   proceso   hipotecario   fue  la  vía  para  obtener  dicha  apropiación.   

La tesis de la Procuraduría la concreta de  la siguiente manera:   

Primero,  advierte  que  el  acusado sí se  apropió  de  los  dineros  y que él controlaba la Asociación, ente que estaba  prácticamente   dispuesto   para  respaldar  las  aspiraciones  políticas  del  parlamentario, incluso, las del  mismo denunciante.   

Los  fundamentos  fácticos y jurídicos en  que   se   apoya   los   resume   en   la  verdadera  razón  de  ser  de  la  Asociación  MAC, la cual fue  formalmente       creada       para           actividades       de            connotación      social,  lo  cual  se  puede  vislumbrar  en sus estatutos, siendo  plausible  y  no  se  presta  a  reproche  alguno, sin embargo, dista de la real  intención  del  acusado,  pues los dineros gestionados se destinaron a acciones  proselitistas,  lo  cual  se deduce no sólo de lo dicho por el denunciante sino  de las declaraciones aportadas a este proceso.   

Con  dicha finalidad fue que se compró el  lote  y  se  construyó  la sede, en cuya inauguración participaron reconocidos  políticos   regionales   y  se  obtuvo  la  concurrencia  de  un  ex  candidato  conservador  a  la  Presidencia  de  la  República  de  ese entonces, incluso a  escasos  días  de  los  debates  de  marzo  de  1989, cosa que revelaron varios  testigos,    quienes    aseveraron    que    se   trataba   de   la   “casa  conservadora”.   

Que  dicha  construcción  se  hizo  para  atender  a  los  seguidores  políticos  del  doctor  Montufar  Erazo  y  de  los  Ríos Herrera, tal como  expresamente  lo  señala  el  señor Jorge Enrique Lombana Bolaños,  sirviendo de punto de apoyo a dichas  aspiraciones políticas.   

Dice   el    representante   de   la           Procuraduría     que   Eduardo  Edmundo  Albornoz   indicó   claramente   que   esa   era   en   principio   la  razón                real          de  la  sede,     que   Álvaro               Castañeda       también        lo           aseguró    junto   con   Consuelo   Nates   Gavilanes        y      que,     por   su   parte,   Manuel   Antonio   Caicedo      lo     corroboró              en        su        versión        inicial,         aunque         luego,    sospechosamente,  dijo  que  no  se  acordaba   de   tal   situación,   debiéndose   dar   crédito   a   lo  dicho  inicialmente.   

Considera  que  lo anotado se refuerza con  las  copias  de  las facturas de la construcción de la sede que se aportaron al  expediente,  algunas  de  ellas,  nueve,  fueron  dirigidas  a  la “Casa     Conservadora”,    dos    al  “movimiento  de renovación conservadora”.  Esta situación se suma al hecho de  que  la  dirección  del  procesado registrada en la  guía  telefónica  de  la  ciudad  de  Pasto,  es  la  misma  de la Asociación  MAC.   

Es  por  ello que se puede concluir que la  Asociación  estaba  destinada  al respaldo de las aspiraciones políticas, cosa  que  se  ahonda en su demostración con la constancia dejada en la diligencia de  inspección  judicial  realizada  por el Juzgado 2° Civil del Circuito de Pasto  al  interior  del  proceso ejecutivo promovido por el procesado, en cuanto a que  en    la    dirección   de   la   Asociación   quien   atendió   aquél  acto  fue el señor Marco Tulio  Belalcázar,   precisamente  presentándose  como  asistente  del  Parlamentario  Juvenal de Los Ríos Herrera.   

Es  por  ello que para la Procuraduría no  queda   duda   que   el   manejo   de   la   Asociación   estaba  a  cargo  del  parlamentario.   

Recaba  en  la  diligencia de declaración  rendida  por  el  señor  Álvaro Castañeda, quien sostuvo que el préstamo fue  efectuado  a  la  Asociación,  de  la  cual  se  refiere a que su “tutor  principal” fue el doctor Juvenal  de los Ríos.   

Aclara que el sólo hecho de haber iniciado  un  proceso  ejecutivo  de  por sí   no  puede  constituir  reproche  penal,  pero  analizado todo el  “iter”  empleado  para  llegar  al destino final se concluye que éste era el  de   quedarse   con  el  producto  de  los  dineros  estatales.   

Además, los 15 millones fueron utilizados  por   el   denunciante   y  por  el  procesado  para  actividades  proselitistas  propias.   

Así,  la apropiación de los caudales del  erario  público  sucedió  en provecho suyo y como sujeto pasivo el Estado, por  lo que debe entrarse a proteger el bien jurídico.   

Sobre  el comentario que el doctor Juvenal  de  los  Ríos  hizo  en  torno  a  que  su  pretendido  era  que  luego  del proceso ejecutivo el bien lo  devolvería  a  la  Asociación, señala que no resulta lógico, pues si ese era  su  verdadero  pretendido,  no  ha debido iniciar un proceso civil de ejecución  sino  haber arreglado con el denunciante para que así quedara el bien solamente  en manos del MAC.   

Exculpación  que, en consecuencia, carece  evidentemente de sustento lógico y coherente.   

Con  base  en  estas  razones  solicita se  profiera       sentencia      de      carácter  condenatorio.   

2.-   El  representante  de  la parte  civil.   

Advierte  primeramente  que  su misión es  solicitar  la condena del acusado, por lo cual, luego de escuchar los argumentos  de  la  Procuraduría  para  solicitar condena, manifiesta que los “corea”.   

En      consecuencia,  pide  que se condene al pago de los  perjuicios   ocasionados,  los  cuales  se   representan   en   el   hecho  de  que  el auxilio de $12.000.000 solicitado y obtenido  para   la   construcción   del   inmueble,  sean  devueltos  al  Ministerio  de  Educación.   

En últimas, el  objetivo  es que valor de  la   indemnización   del   dinero   que  finalmente  se  le  entregó  para  la  Asociación  (18 millones  de       pesos),  regrese actualizado a las  arcas   de   la   nación,  el  cual  deberá  salir  de   los  dineros  que  se  encuentran  embargados.   

3.- Intervención del procesado a través de su vocero.   

De  manera  general,  del  contenido de su  exposición,  se  extracta  que  asegura que se encuentra ante una “causa    justa”   y   de   ahí   su  participación,  por  ello  espera que no suceda una condena, pues el acusado no  cometió  delito  alguno y mucho menos el delito de peculado por apropiación en  tanto   es   atípica   la  conducta  y,  en  caso  de  que  no  se  acojan  sus  planteamientos, solicita,  de  manera  subsidiaria,  que  sea  absuelto  por  aplicación del principio del  in       dubio       pro       reo.   

Dice que esta sería quizá la última vez  que       un       político       colombiano  sea  condenado  por haber tramitado legalmente auxilios  parlamentarios,     además     de    que  fueron  a  parar  a su    destino   real,   sin   que   se  hubiese     perdido  un solo peso.   

Luego  de  efectuar  un  recuento  de  la  finalidad  de los auxilios parlamentarios en la Constitución de 1886 y concluir  que   se  permitían  para  “politiquear”  como  sinónimo de mecanismo de buen ejercicio de la democracia  participativa,       señala      que      quiere      saber      cuáles   son  los  perjuicios  que  se  ocasionaron  con  el  supuesto  proceder  del  procesado,  pues  no  es  posible  establecer  perdida  alguna  de  dineros  del Estado. Dice que no fue la Nación  la perjudicada,   mucho   menos   la  Asociación,  concluyéndose  que los dineros fueron aplicados cabalmente a los fines y objeto  lícitos previamente establecidos.   

Entiende  que  conforme  las  constancias  procesales  la  sede y el lote costaron algo más de cuarenta millones de pesos,  luego  si  los  dineros  provenientes  de  los auxilios parlamentarios solamente  ascendían  a  la  suma  de dieciocho millones de pesos, se pregunta, de dónde  salió el resto de los recursos?   

Seguidamente responde que no podían salir  sino  del  “hada madrina”  de  la  institución,  que  no  es  otra  distinta a  Juvenal  de los  Ríos  Herrera, pues era benefactor, gestionador y, en fin, un  comprometido con la Asociación.   

Por  ello, con dineros propios compró el  crédito  hipotecario,  luego  adquirió  el  legítimo derecho de cobrar lo que  había  invertido  y  se  debía  liquidar el crédito con los métodos legales.  Insiste  que  quien  se quería apropiar del cincuenta por ciento de lo aportado  en  la Asociación era Montufar Erazo, pues fue quien  realmente  ideó el plan de apropiación. Tanto así  que    la   esposa   del   denunciante   finalmente  se    quedó    con   la   sede   de   la   citada  Asociación.   

Critica  la  acusación en cuanto se dice  que  durante  varios  años  se  perfiló  el  ánimo  de  apropiación, el cual  encuentra  “muy  dudoso”,  lo    que    debe    generar    su    aplicación    correlativa   conforme   al  procedimiento.   

De  otra  parte, señala que aceptando en  gracia  de discusión que existió el supuesto pacto entre el parlamentario y el  denunciante  para  apoderarse  de la Asociación, pues insiste que no hay prueba  alguna  para  llegar  a  tal  conclusión,  asegura  que  finalmente no existió  apropiación  de  algo  relevante  para una imputación penal, ya que la censura  penal  se  limita a un plan pero sin realización. Solamente la ley determina el  contenido  del  tipo  penal  objetivo,  por  ello  si no hay apropiación no hay  delito.   

Tampoco encuentra acertado que se concluya  que    con    la    iniciación    del   proceso   ejecutivo   se   gestaba   la   apropiación   de  los  dineros,  pues  sencillamente  se estaba cobrando lo suyo, menos aún cuando los  dineros  siguen  en  manos  del Estado y a cargo de la Corte Suprema de Justicia  ya  que  se  ordenó  su  embargo.   

Si  no  hubo acción de apropiación, por  falta   de  “consistencia  espacio  temporal  de  la  acción”,   se   debe  concluir  que  no  se  sabe  cuándo  se cometió el  supuesto  delito,  lo  que  se  debe  entremezclar  con  que de los quince años  siguientes  al giro de los dineros a la Asociación,  cuatro  de  ellos  el  doctor  Juvenal no estuvo como  congresista,  de  ahí  que  concluya que bien podría suceder una injusticia al  condenar a un particular por el delito de peculado.   

Lo importante de lo anterior es pensar en  que  existe la duda en cuanto al momento en que se realizó el hecho, pues no se  sabe  cuando  se  cometió  la  acción que exige una condición cualificada del  sujeto  activo,  duda  que  no  tiene  manera  de  ser resuelta sino a favor del  procesado.   

Otra         “inquietud”  del  vocero la concreta en  que   el   acusado   nunca   “participaba   en   la  administración  de  los  dineros” de la Asociación,  es  decir,  jurídicamente  no  hacía  parte  de  la  misma,  otra  cosa es que  eventualmente  diera  consejos,  lo  que  lo aleja de cualquier tipo de reproche  penal,  pues  acepta  que  bien  pudo  haber usado la sede de la asociación con  fines  políticos  sin que de ello se puede colegir la comisión de un delito en  tanto  que  la  asociación  bien  podía  facilitarla como persona jurídica de  derecho  privado  al  contar  con  la  disponibilidad  de  los  bienes  libre  y  voluntariamente.   

Con relación a que la línea telefónica  de  la Asociación aparecía a nombre de Juvenal de los Ríos Herrera, estima el  vocero  que  ello  es perfectamente viable, como quiera que se sabe que la misma  le facilitó la sede en la ciudad de Pasto.   

Considera    que    establecer    la  antijuridicidad  con  base  en  el  uso de la sede de la Asociación es un error  mayor,  pues  de ello no puede extraerse ni siquiera un indicio en su contra, de  ahí que solicite la absolución del procesado.   

4.-  La  intervención  del  defensor   de   ENRIQUE  JUVENAL DE LOS RIOS HERRERA.   

Partiendo de la propuesta del vocero como  es  la atipicidad de la conducta, como quiera que, igualmente en su criterio, no  se  reúnen  los requisitos señalados en la disposición para que sea tenida en  cuenta  como peculado por apropiación, su propósito argumentativo lo encamina,  según  su  propia  voz,  a precisar varios aspectos probatorios que son los que  demuestran que no existió el delito.   

Sostiene  que  esta  precisión  se  hace  indispensable  por  lo  voluminoso  del expediente, encaminándose a que se vean  las  pruebas  con  una  óptica  diferente a la que se empleó para acusar, pues  considera  necesario  destacar las pruebas en cuanto al tiempo en que sucedieron  los hechos.   

Comienza por advertir que la Asociación  fue  fundada en el año 1986, es decir, hace 20 años,  según  el  acta  de  fundación y su personería reconocida ese mismo año, sin  que de la misma fuese directivo o socio el procesado.   

Relieva  el  hecho  que en 1987 y 1988 la  persona  jurídica  fue  beneficiada con los auxilios parlamentarios, legítimos  para  dicha  época,  primero  con tres millones y luego con tres millones más.  Sobre  dicho  dinero  se  hizo  la legalización de cuentas correspondiente y se  invirtió  dichos  dineros  en  la  compra  del  lote,  incluso  se  produjo  el  fenecimiento de cuentas por parte de la Contraloría.   

De  otro lado, para la vigencia fiscal de  1989  se  destinaron  12 millones de pesos para la construcción de la sede, los  cuales  igualmente  recibieron  la  aprobación  por  parte de la Contraloría a  raíz de ausencia alguna de irregularidad en la inversión.   

De lo anterior se pregunta si hay delito y  concluye  que  no.  Igualmente  colige  que  nunca se comprobó que los dineros  hubieran entrado al haber patrimonial del procesado,  por    el   contrario   se   estableció   que   pasaron   a   cuentas   de   la  asociación.   

En este aspecto, considera que las fechas  “desmienten”    al  denunciante,  pues  para cuando fue hecho el préstamo de dinero a través de la  escritura  pública  316 de la Notaría 2a del Circulo de Pasto (2 de febrero de  1990), que al decir suyo  lo   fue   para   la   construcción  de  la  sede,  ya  la  misma  había  sido  terminada.   

De   otra   parte,         desacredita      al    denunciante    pues    lo    cataloga   como   “amañado    y   tendencioso”   al   haber   sostenido   que   el  lote  de  terreno  lo  compró  como cuerpo  cierto,   cuando   según   consta   en  las  diferentes  escrituras             públicas,  dicha                negociación      se   hizo   común   y   proindiviso,   además,    califica    de   “simulado”              el    cobro   de   una  deuda  que  propició              el         embargo        del   bien,                pues          dice          que          era          una          deuda  del  denunciante  que  tenía  con  la  señora Alba Lucía  Viteri  por  dos  millones  y  medio  de pesos, cuando se sabía de la solvencia  económica   del   mismo   para  pagarla.   

Con  relación  a  la inauguración de la  sede  de  la Asociación,  la  cual  sucedió  el  6  de  febrero de 1990, de conocida notoriedad pública,  conocida  igualmente  como  la inauguración de la sede del partido conservador,  señala    que    resultaba    “natural”   así  entenderlo,  pues  si  su  patrocinador  era  de  origen  conservador,  ello era un comentario popular  y,  por lo mismo, razonable que existiera.   

Dice  que no se debe desconocer que quien  ideó  el  plan  criminal  para  apoderarse  de la sede de la Asociación fue el  propio  denunciante,  para  lo  cual  debe retomarse los testimonios de Graciela  Zúñiga  Ortega,  Héctor  Bolívar Huertas, Juan Hernán Ortiz, Rodrigo de los  Ríos  Rodríguez,  Luis  Alberto  Benavides  Fuertes,  Marco Tulio Belalcázar,  Hernando  Suárez Burgos, Manuel Antonio Caicedo, Álvaro Castañeda Domínguez,  Hernando  Rosero  Dulce,  Nelson  Jairo  Dávila  y Martha Cecilia Cruz Solarte,  sobre  los  cuales solicita que se realice una nueva evaluación a fin de que se  llegue  a la conclusión que no fue sede política, que no se hicieron reuniones  políticas,  resaltando el hecho que varios de los deponentes fueron testigos de  oídas   tal   y   como   ellos   mismos   lo  refieren.       

Por estas razones solicita la absolución  de su defendido.   

  LA     CORTE  CONSIDERA   

1.-   La  Corte  es  competente para  conocer  de la presente causa, pues es incuestionable que el doctor ENRIQUE    JUVENAL   DE   LOS   RIOS  HERRERA  para  el  momento  de  la  comisión de los  hechos  por  los  que  aquí  se  juzga, ostentaba la  condición  de Representante a la Cámara y que no obstante que en la actualidad  no  se  desempeña  como  tal,  los  mismos  guardan  una  directa  y vinculante  relación  con  la  función que desempeñaba, hecho que le otorga al acusado el  citado  fuero  especial  y, por ende, la facultad a la Sala para conocer de este  asunto,  de  conformidad con lo preceptuado en los artículos 186 y 235, numeral  3°  y  su  parágrafo,  de  la  Constitución  Política y 75, numeral 7°, del  Código de Procedimiento Penal.   

2.-  El artículo 232 del Código de  Procedimiento  Penal  estatuye  que, además del principio de la necesidad de la  prueba,  no  se podrá dictar sentencia condenatoria sin que obren en el proceso  elementos  de  juicio  que  conduzcan a la certeza de la conducta punible y a la  responsabilidad del procesado.   

Procederá  en  consecuencia  la  Sala  a  analizar   si   en   el   presente   caso   se  cumplen  o  no  los  mencionados  presupuestos.   

3.-         Lo      primero      que    debe   advertirse   en   esta  determinación  y  en  repuesta  a  algunas  de  las  alegaciones  vistas  en la  audiencia  pública,  es  que  la  imputación que se ha efectuado por la Corte,  deja  a un lado por completo el reproche por razón de  la  consecución de los recursos que finalmente se destinaron a la construcción  de  la  sede  política  de  la Asociación Miguel Antonio Caro, como quiera que  para  el  momento en que se gestionaron resultaba válida tal actividad en tanto  que  la  Constitución  de  1886  legitimaba  a  los  congresista  para  que  lograran  la  asignación  de  partidas del Presupuesto        Nacional,    las    cuales   debían  destinarse   para  obras  de  carácter  social.  Al  respecto  no  hay  duda  e  incluso  desde  la misma  acusación se viene insistiendo en ello.   

Situación  que, además, ninguna censura  podría  efectuarse,  en  la  medida  que sobre tales  gastos  y  actividad  presupuestaria  la  Contraloría  General de la República  emitió  el  correspondiente finiquito de cuentas o paz y salvo, que no era otra  cosa    que    advertir   que   los   recursos   llegaron   a   la   Asociación  destinataria.   

La  existencia  de  tales  dineros  y  la  destinación  de  los  mismos  fue  claramente  determinada  en  este trámite a  través  de la constancia emitida por el Secretario General de la Cámara, en la  cual  se certificó que en las vigencias fiscales de 1987 y 1988 se le otorgaron  a  la  Asociación  Miguel  Antonio  Caro auxilios por tres millones de pesos en  cada  año  fiscal  y  que  posteriormente, para el año de 1989, se gestionó y  logró  la  aprobación  de  un  auxilio parlamentario de diecinueve millones de  pesos.   

De  este  último dinero, que tenía como  destinación:  “… obras de infraestructura, obras  públicas,  de  salud,  educación,  desarrollo  regional,  fomento  eléctrico,  deportivo,  educativo,  divulgación cultural y la adquisición de toda clase de  bienes  muebles  e  inmuebles,  funcionamiento,  gastos y programas a través de  Instituciones  Públicas  y Asociaciones Públicas y privadas en el País según  distribución  posterior  …”,  se  extrajeron 16  millones  de  pesos  que mediante resolución N° 001 de 21 de noviembre de 1989  se  ordenaron  pagar a la  Asociación   Miguel  Antonio  Caro, “… los cuales corresponden al plan  de  inversión  que  contempla  una  partida de $12.000.000.oo (Doce millones de  pesos)   para   construir   la  sede  de  la  mencionada  entidad  …”,  cosa  que  igualmente  quedó  consignada en la constancia  emitida  por  la  Gerente  del Banco Ganadero el día 11 de marzo de 1994 (folio  432 anexo B).   

Entonces, la situación que jurídicamente  resultó  atendible  para  acusar al parlamentario y que ahora, luego de la fase  de  juzgamiento, lleva a la Corte a emitir juicio de responsabilidad, si bien es  cierto  se  edifica  fácticamente desde cuando el denunciado, doctor Juvenal de  los  Ríos  Herrera  se desempeñaba como Representante a la Cámara  por  el Departamento de Nariño en el  período        Constitucional        de        1986-1990,       período   en   el   cual   logró   la  consecución  de  varios  auxilios  nacionales que finalmente se destinaron a la  compra  de  un lote de terreno urbano destinado a la construcción de la sede de  la  Asociación  Miguel Antonio Caro, también lo es que parten de su propósito  y   bien   elaborada   maquinación   para  que  dichos  dineros  pasaran  a  su  patrimonio.   

Maquinación  que se encuentra delimitada  por  el  hecho  de que si  bien  es  cierto  la  apropiación no lo fue de manera directa, sí aconteció a  través  de  la  realización de actividades de manifiesta campaña política de  Juvenal    de    los   Ríos   Herrera  sufragadas  por  la  Asociación  Miguel Antonio Caro, a la cual  había     logrado     inyectarle     dineros     del     Estado    colombiano  y  la que, innegablemente,  dirigía     a     su     antojo,    actividades  proselitistas  que  lo  beneficiaron  y,  por ende, lo  exoneraban de esos gastos.   

Sin que esto fuera poco, luego de radicar  los  dineros  en  la  Asociación,  logró  que  ésta  hipotecara  la sede como  garantía  de  dineros  que  él  mismo  gestionó  ante un particular (sociedad  Castañeda   e   Hijos  Ltda.),  crédito  que  Juvenal    de    los   Ríos   Herrera  compró  por  cesión  del  acreedor.  Obligación amañadamente  incumplida  por  la Asociación, razón por la cual el procesado dio inicio a un  proceso  de  ejecución  civil  para  así  quedarse  finalmente con el inmueble  adquirido y construido con dineros públicos.   

4.-  Es cierto, tal como lo replicó  el  vocero  y  el defensor en la audiencia pública, que varios de los hechos de  este  recuento  fáctico  no  tendrían  reproche  penal, como es la gestión de  auxilios  parlamentarios,  una  reunión  de  inauguración  de  la  sede  de la  Asociación   Miguel   Antonio   Caro,  la  cesión  y  compra  de  un  crédito  hipotecario,  la  demanda  ejecutiva ante el incumplimiento del deudor, etc. Sin  embargo,  concluye  la  Sala,  que  si  se  repara en una apreciación conjunta,  unidos   los   hechos   y   sumados   a  otros  que  revela  el expediente, se  llega a una conclusión diferente.   

En   otras   palabras,   los   hechos  jurídicamente  relevantes  que  importan  en  este  instante  parten  del digno  crédito  y  valor  que  merece la denuncia y posteriores versiones rendidas por  Otoniel    Montufar    Erazo,    que    analizadas    en    conjunto   con   las  deponencias de personajes  tales  como   Luis  Enrique  Lombana  Bolaños  y  Manuel Caicedo, llevan a  inferir  que  el  procesado  innegablemente tenía injerencia en la Asociación  Miguel Antonio Caro y que  la misma la usaba como su sede política.       

Así  pues,  dentro  del  expediente  se  empieza  por  desvirtuar  la  inocencia  del acusado en la participación de una  bien  estructurada  manera  de  apropiarse  de  dineros  públicos  a través de  maniobras  que si bien es cierto en apariencia resultarían lícitas, no sugiere  lo  mismo  su  verdadero  entendimiento y contenido.   

En         otros             términos,  la  supuesta  sede  de  la  Asociación  Miguel  Antonio  Caro,  creada  con  fines  altruistas, de interés  social  y  comunitario,  se  había convertido en lo inicialmente acordado entre  Eduardo  Montufar  Erazo  y  el  procesado Enrique Juvenal de los Ríos Herrera,  como  era ser sede política para las aspiraciones de éste, incluso de ambos, a  la    cual    se    inyectaban    dineros    públicos   provenientes   de   los  auxilios    parlamentarios   pero   que   servían  mediatamente  para  las  aspiraciones  políticas de  ambos.   

En  este momento es del caso relievar que  este    proceso    penal    se    adelanta    solamente    contra   Enrique  Juvenal  de los Ríos Herrera,  y  no  contra  el denunciante, Eduardo Otoniel Montufar Erazo, quien fuera en su  momento  condenado  por  el Juzgado 2° Penal del Circuito de Pasto en sentencia  del  30  de  mayo de 2000 a la pena de 7 meses y 15 días de prisión en calidad  de  cómplice del delito de peculado por extensión, decisión confirmada por el  Tribunal  Superior  de  esa misma ciudad el 4 de septiembre de 2000, de ahí que  sea  irrelevante  para  la  demostración de responsabilidad de aquél que éste  haya   sido   parte   del   ideado   plan  para  apoderase  de  la  sede  de  la  Asociación.      

De  otra  parte,  en  diversos  espacios  procesales  en los cuales el denunciante tuvo oportunidad de referirse  a los hechos, deja en claro que en  verdad     el    acuerdo    sí    existió.    En  efecto,  en  la ampliación de denuncia ordenada por  la Sala, el señor Eduardo Montufar Erazo sostuvo:   

       “El   Senador   JUVENAL  DE  LOS  RIOS  HERRERA, había adquirido con Fondos del Estado, con  los  llamados Auxilios Parlamentario el 50% del Lote Urbano que era de propiedad  de  los  Hermanos  Erazo Navarrete, con destino a la Construcción de la Sede de  la   Asociación   MIGUEL  ANTONIO  CARO,   que   no   es   otra   cosa   que  la  sede  Política  de  su  Movimiento.   

       “Cuando  el  suscrito  hizo  una  alianza  política con el señor  JUVENAL    DE    LOS    RIOS   HERRERA,  con  miras a llegar al Senado de la República para el Período  Constitucional  90-94,  este  me  sugirió  que  yo adquiriera la otra mitad del  lote,  o  sea el otro 50% para construir la Sede de la Asociación en el lote de  esta   y  mi propia construcción en la parte del lote que yo adquiera, con  mi propio patrimonio”.   

       “Acepté  la  propuesta  y  en  efecto  adquirí  de  parte de los  señores      ERNESTO     Y     ALFREDO     ERAZO  NAVARRETE  la  otra mitad del lote que estos tenían  en la Calle 20 entre Carreras 27 y 28 de Pasto.   

       “Para  la Construcción  de la Sede se solicitó un Préstamo  Hipotecario    de    QUINCE   MILLONES   DE   PESOS  ($15´000.000.OO)  M.L.,  habiendo  acordado  que la  mitad  del  Préstamo  lo pagaría yo con mis propios fondos y la otra mitad con  los   Fondos   que  la  Asociación  MIGUEL  ANTONIO  CARO adquiriría con los Auxilios Parlamentarios que  el  señor  JUVENAL  DE LOS RIOS HERRERA,   pensaba   seguir  inyectando  a  dicha  Asociación  desde  el  Parlamento,  cosa  que  no  pudo  hacer  en  razón  de que la Constitución los  prohibió.   

       “Yo  cancelé  mi  obligación a través de un Proceso de pago por  consignación,  el  cual  resultó  infructuoso,  puesto que no fue aceptado por  tratarse  de  una  obligación  solidaria.  En  dicho  proceso  fui condenado en  costas.   

       “En          cuanto   al   segundo  aspecto  sobre  “la  circunstancia  que  me motivó a comprar parte del  predio  donde  funciona la Asociación MIGUEL ANTONIO  CARO,  debo anotar que para mí fue una transacción  privada  y  un negocio particular, pues mi lote a pesar de ser contiguo al de la  Asociación,  nada  tenía  que  ver  con  esta  y  se trataba de una inversión  económica  que  estaba  en  condición  de hacer y mi parte de la construcción  podía destinarla en el futuro a cualquier actividad.   

       “Dejo  en  claro  entonces que lo que adquirió la asociación con  Fondos  Públicos, nada tenía que ver con lo adquirido con mi propio patrimonio  y    que   el   Senador   JUVENAL   DE   LOS   RIOS  HERRERA,  obviamente tenía determinado cancelar con  Fondos  Oficiales  la  deuda  de  la  Asociación en la Construcción y proceder  apropiarse  de todo a través del Proceso Hipotecario que con la complacencia de  las Directivas de la Asociación ha formulado”.   

Esta  aseveración no quedó como insular  afirmación,  sino  que  rescata  su  soporte  probatorio en la declaración del  tesorero  de  la  asociación, doctor Eduardo Albornoz Jurado, pues de una forma  clara  y conteste, aceptó que parte de los dineros que se habían recibido como  producto  de  préstamo  hecho por la sociedad Castañeda e Hijos, se destinó a  pagar  los  costos  derivados  del  evento inaugural de la sede, a la que fueron  invitados     políticos     de     reconocida     trayectoria     nacional    y  departamental.   

Evento  que  así  visto  no  resiste una  simple  comparación  con  los fines de la Asociación, los que como se explicó  no  reportaban  en  absoluto  un  patrocinio a actividades políticas. Fines que  conforme  lo  refiere  el  artículo  4°  de  sus  estatutos  debían limitarse  al   “…desarrollo  social  de las gentes y comunidades del Departamento  de  Nariño,  procurando  el  impulso  y  fomento de las actividades educativas,  culturales,   cívicas,   de   acción  social  recreación,  aumento  de  nivel  espiritual   de   los   sectores   marginados    de   aquella  región  del  país”.   

Incluso, es el propio acusado quien en una  de sus versiones en este trámite sostuvo que:   

“En el mes de  Diciembre  de  1.989, se procedió a inaugurar esa sede o sería enero o febrero  de  1.990,  con  la  presencia  del Doctor Álvaro Gómez Hurtado, inauguración  ésta  que  los  enemigos  políticos  del  movimiento  que  oriento en Nariño,  protestaron  con  o  en  un  editorial  en  el  periódico  el Derecho, en donde  manifestaban  que  esa construcción fue hecha con auxilios parlamentarios y que  estábamos inaugurando ese mes”.   

Entonces,  queda  claro  que la sede de la  Asociación   sí   estaba   destinada  a  la  “Casa  Conservadora”,  por  lo menos en la práctica, lo que  se  infiere  de  la existencia del “pacto”  en  el  que  quedaba  claro  que  la mitad de los gastos para la  adquisición  del  lote  eran  asumidos  por  dicha  Asociación,  es decir, los  provenientes  del  erario  público, pues a la misma se le habían inyectado los  auxilios  nacionales  logrados  por las gestiones del congresista Juvenal de los  Ríos  Herrera,  mientras  que el denunciante Eduardo  Otoniel  Montufar  Erazo, aportaba el restante cincuenta por ciento, cosa que se  plasmó  en  escritura número 4061 del 4 de agosto de 1989 del circulo notarial  de Pasto.   

Igualmente se tiene copia de la escritura  pública  número  4097  del  30  de  julio  de  1990 de la Notaría Primera del  Círculo  de  Pasto  con sus respectivos anexos, por medio de la cual, el señor  Eduardo  Otoniel  Montufar  Erazo presentó en cinco folios las declaraciones de  Consuelo  de J. Nates Gavilanes, José Efraín Díaz Melo y Luis Enrique Lombana  Bolaños         quienes         certificaron  que  con  dinero  del  primero  de  los  citados  se  construyó  un  predio sobre un lote de terreno cuyos  propietarios  son  la Asociación Miguel Antonio Caro  y el compareciente.   

En  resumidas cuentas, el lote de terreno  en  el  que finalmente edificó la Asociación Miguel  Antonio  Caro  se  ubicó  en la calle 20 números 27-53 y 27-63 de la ciudad de  Pasto.   

De otra parte, como los dineros para pagar  los  gastos  de  la  construcción  no  alcanzaron,  iniciando  el año de 1990,  Eduardo  Montufar,  a  sugerencia  de  Juvenal de los  Ríos   Herrera,   acudió  ante  la  sociedad  Castañeda  e Hijos Ltda, que para ese momento la representaba el señor Álvaro  Antonio   Castañeda   Domínguez,  de  la    cual    obtuvo    un    préstamo    de   15   millones   de  pesos                que   fue   garantizado             con          hipoteca        de           la   sede   del                 Miguel   Antonio  Caro,  tal  como  consta  en  la  escritura de hipoteca  número  316  del  2  de febrero de 1990 de la Notaría Segunda de Pasto y en el  folio de matrícula inmobiliaria.   

Ahora,  establecida  la  finalidad  de la  tácita  sociedad  del  denunciante  y  el  procesado  para  la  adquisición  y  construcción  de  la  sede, se cuenta con elementos de prueba para concluir que  dicha Asociación era regida y controlada por el acusado.   

Éste,  desde  los  albores de esta actuación ha tratado de mostrar que no tenía nada que ver  con  la  Asociación, como tampoco que tenía interés en la misma, sin embargo,  tal supuesto apartamiento queda desvirtuado de la siguiente manera:   

Como   primera  medida  aceptó  en  su  indagatoria  y ampliación de la misma que él como Congresista gestionó varios  auxilios  para la compra del lote y construcción de la sede, los cuales sumaron  un  valor  de  18  millones  de  pesos, los que dice que fueron invertidos en su  totalidad  en la entidad, tal como lo demuestran los finiquitos expedidos por la  Contraloría  General  de  la República, lo que traduce su condición innegable  de     benefactor     de     la     Asociación,  pues  para  nada  es  extraño  que si propendió por  semejante  colaboración,  era   por   cuanto   lo  asistía  un  propósito  de  ayuda  particular    frente    a   dicha   persona  jurídica.   

Igual    propósito          puede          concluirse       del   hecho  de  que   si   consiguió    al  señor   Álvaro               Castañeda       como          la   persona               que          prestaría       el           dinero,   era  por  cuanto  tenía  por lo menos algún interés en que se  terminara la construcción.   

Es  el  mismo  Álvaro Antonio Castañeda  Domínguez   quien   aceptó   sus   vínculos  de  amistad  tanto  con  Eduardo  Montufar   como  con  Juvenal  de  los Ríos Herrera, dando por sentado que  éste     prohijaba    a    dicha    Asociación. Al respecto, sostuvo:   

       “En  vísperas  de  elecciones  de  hace  4 años aproximadamente,  fueron  a mi oficina los dos señores mencionados, y me pidieron el favor de que  les  facilite  un  dinero  en  calidad de préstamo, lo cual yo lo hice, la suma  creo  que  eran  quince  millones  de  pesos,  y  exigí  como garantía real la  hipoteca  de  un  lote  que  era  de  propiedad  del  Doctor  MONTUFAR  y de una  Asociación  cuyo  tutor  principal  era  el  Doctor JUVENAL DE LOS RIOS. En esa  operación,  creo  que  también  estuvo  presente  el  Doctor  EDUARDO ALBORNOZ  JURADO…”   

Es mas, este mismo deponente concluyó que  en  principio  no  sabe cual fue la destinación final del dinero prestado, pero  que cree que lo fue para asuntos electorales.   

Tanto  era  el interés del acusado en el  citado  préstamo,  que dentro del proceso aparece prueba documental consistente  en  el escrito que dirige el denunciante al doctor Juvenal de los Ríos Herrera,  con  fecha  del  19  de julio de 1990, en el que reitera el compromiso adquirido  con   la   sociedad   Castañeda   e   Hijos y la necesidad de que sea cancelado.   

Vinculación  con  la  Asociación que no  obstante  que el procesado advirtiera en la actuación, incluso en la alegación  de  audiencia  pública,  que  el presidente y tesorero no son cualquier tipo de  personas  “en  donde  yo les pueda ordenar  o  les  pueda manejar, ya que ambos han sido Gobernadores por elección popular …  eso  quiere  decir que no son unas personas que se van a dejar engañar por uno,  sino  que  ellos  hicieron  ese  acto, libre, espontáneamente para pagar lo que  debían  de  la asociación”, no logra derruir  los demás elementos aportados  al   proceso   y   que   se   analizan,  empezando  por  el  hecho  de  que  dichos personajes estaban  estrechamente  vinculados  a  su  actividad proselitista, pues hacían parte del  movimiento político.   

Prueba  de  ello  lo  es la explicación       que      Enrique  Juvenal  de  los  Ríos  Herrera      suministró     en     una     de     sus     versiones, al asegurar que:   

“…  quiero  manifestarle  que        el       Doctor       EDUARDO       ALBORNOZ       JURADO        no             sólo   fue  Tesorero  de  la referida  Asociación,  sino también Tesorero para la Campaña del doctor MONTUFAR porque  él  era  suplente  a  la Cámara de mi persona, como conocíamos de la rectitud  del  doctor ALBORNOZ se le designó tesorero. Por eso el préstamo sale a nombre  del   tesorero   de   la   Asociación   y   de   la  campaña,  …”.   

Mírese  también  cómo  varias  de  las  facturas1    que   se   aportaron   a   la   investigación,   las  cuales consignan costos, compras o  servicios  que se prestaron durante la construcción de la sede, se dirigieron a  su    nombre    ó,    incluso,    a    la    “casa  conservadora”  (folios 238 y siguientes del cuaderno  anexo  B),  lo  que  no  se  aprecia  como  producto  de una simple confusión o  conocimiento  popular sin connotación, pues mas bien corroboran el vínculo del  procesado  con  la  Asociación  y  su  interés  directo  en  sacar adelante la  construcción como uno de sus dirigentes.   

Ahora,  insiste  la Sala que en principio  tales  actividades  no tendrían trascendencia penal, sino que sumados todos los  aspectos  a  los que se hace referencia, llevan ineludiblemente a la conclusión  que  la  sede  de  la  Asociación  no sólo se utilizó como sede política del  procesado  sino  que se hizo todo lo posible porque fuera a parar jurídicamente  a sus manos.   

Una   de  tales  muestras  consiste    en   que   terminada   la  construcción, se llevó  a  cabo  su  inauguración en un evento que tuvo ocurrencia pocos días antes de  las  elecciones  para  Corporaciones  Públicas  del mes de marzo de 1990, en la  cual  participaron  numerosos  invitados, entre ellos el entonces candidato a la  Presidencia  de  la  República por el Movimiento de Salvación Nacional, doctor  Álvaro   Gómez   Hurtado   (QEPD),  reunión  de  manifiesta  trascendencia  y  de conocimiento regional.   

Hecho que se corrobora probatoriamente con  la  declaración  que  la  señora  Consuelo  Nates  Gavilanes rindió dentro un  proceso  civil  que se adelantó ante el Juzgado 2° Civil del Circuito de Pasto  y  que en copia se trasladó a esta actuación (folio 162 del cuaderno anexo B),  en  la  cual además de referirse a la compra del lote de terreno, fue enfática  en  advertir  que  dicha construcción “… iba a ser  la   sede  del  movimiento  de  Salvación  Nacional  y  Álvaro  Gómez  venía  exclusivamente    a   inaugurar   la   sede   …”.   

De     otra     parte,  se  cuenta  con la declaración del  señor  Manuel  Caicedo,  quien  manifestó  que  el  señor Eduardo Montufar le  comentó  sobre  la compra del lote que adquirió en la calle 20 de la ciudad de  Pasto,   el   cual  fue  utilizado  para  construir  la  Casa  Conservadora  del  departamento,  “Eso es lo que sé de que Juvenal me  contó  a  mi,  porque  era  un  amigo  de  confianza con mi persona”.  Sobre  los dineros necesarios para construir la sede política  manifestó  que  sabía  que  “… la mitad la iba  poner  Juvenal  para  la compra y la mitad el doctor Montufar. A mi no me consta  que  pusieran  la plata, fue Juvenal quien me contó, pues, como yo era amigo de  confianza   de   Juvenal  a  mi  me  contaba  cualquier  problema”.   

Para  rematar  la comprobación acerca de  que  la sede de la Asociación se usaba como fortín político, se cuenta con el  acta   de   la   diligencia   de   la  inspección    judicial    que    practicó    el   Juez  2°  Civil  del  Circuito de Pasto  (folio  175 cuaderno anexo B), en la cual  se  observa que dirigido el funcionario judicial a la sede de la  Asociación   Miguel  Antonio  Caro, ubicada en  la  calle  20  números  27-53  y 27-63, fue  atendido  por  el  señor  Marco  Tulio Belalcázar, quien se  presentó    como   el   asistente   personal   del   congresista   Juvenal        de        los       Ríos       Herrera.   

Es más, los libros de contabilidad de la  Asociación   no   se  encontraban  en  dicho  lugar,  razón  por  la cual no se pudo llevar a cabo la  diligencia   de   inspección   a   los   mismos   y   se   dejó  la  siguiente  constancia:      

       “Una   vez   en   dicho  sitio  se  informó  el  motivo  de  la  diligencia     al    señor    MARCO    TULIO    BELALCAZAR,   quien  informó  ser  asistente  del  Representante  a  la Cámara  doctor  Juvenal  de los Ríos Herrera, y en relación  con  los  libros  de contabilidad, ingresos y egresos, de la Asociación “Miguel  Antonio  Caro”,  manifestó  que  dichos  libros  se  encuentran  en poder de la  directiva  de  dicha Asociación y que su Presidente es el doctor SALVADOR LASSO  GOMEZ,  que  aquí  no  reposan  esos  documentos.  Previa  estas anotaciones el  Juzgado declara surtida la diligencia….”. (destaca la Sala)   

Tanto   era  la   evidente   destinación   de  la  sede  de  la  Asociación     como     sede    de    la    “Casa  Conservadora”  del grupo político del procesado que  no      obstante      el      Consejo      de      Estado     declarar    que    no    era    procedente  la  pérdida  de  la  investidura  del Parlamentario   Juvenal  de  los  Ríos  Herrera,  dejó  plasmado  en  decisión  del  25 de  octubre de 1995 (folio 77 del cuaderno principal 4), lo siguiente:   

“Es  un  hecho  probado  también  que el  señor        Juvenal       de       los       Ríos       utilizaba           la          sede        de              la      Asociación         Miguel        Antonio          Caro       como   su sede política pues los boletines  de       la       Registraduría       Nacional      del      Estado         Civil,   Delegación           de        Nariño,           le          eran        enviados           a           la      Calle     20          N°         27-53,           en      donde             está        ubicada           la      Asociación;          esa   es  también   la   dirección       con   que   aparece   en   los   directorios   telefónicos             de   1991  –          1992           –       1994    –   1995;   los   testigos               afirman    haber   estado   en           reuniones       como          la           de   la   inauguración   con    asistencia  de   distinguidos   políticos   y   el                  mismo   apoderado   del    demandado  admite                que,   acorde                con          sus   objetivos,   se   realizaron   en                  la           sede     reuniones       políticas   en   las  que    participó              el         doctor        Juvenal           de   los  Ríos,  por  cuanto  las  actividades políticas son también cívicas.”   

Así   pues,  perfectamente  es  posible  concluir  que los dineros provenientes  de                  los          auxilios        que       finalmente       fueron         entregados       a           la           Asociación      para      la      compra         del          lote          y           la           construcción        de       la   sede,                resultaron      finalmente      ajenos   a  los  propósitos         legal              y   estatutariamente  señalados,             si      bien   no  fueron  apropiados  de  manera  directa   por  el  acusado,  sí  lo  fueron  indirectamente  debido  a  que  la  Asociación  se los reintegraba a través del uso de la sede y el pago de costos  de  la  actividad  política,  por ejemplo, con lo sufragado para el traslado de  varios personajes a la reunión inaugural de la misma.   

En   otras   palabras,       la     apropiación          se       edificó         sobre          la        comprobación    que   la          actividad   política          de        Juvenal          de             los     Ríos          Herrera,  a  través  de la           Asociación,   que                 manejaba          los        dineros     provenientes          de    los   auxilios,        entró        a       sufragar  costos   a          su          nombre,       representados       en       el          uso         de          la          sede   y   sus  dependencias,  por  lo  menos sabido es que se  pagaron   los   gastos   de   desplazamiento   de  personalidades    políticas    al    acto    inaugural.       

Ahora,  en  la  acusación  se destacó el  interés  y  propósito  con  el  que  se  procedió  a cancelar el crédito que  presuntamente  adeudaba  la  Asociación  Miguel  Antonio  Caro  a  la  sociedad  Castañeda  e  hijos, pues al haber dado inicio al proceso ejecutivo hipotecario  ante  el  Juzgado  Segundo  Civil  del Circuito de Pasto, desvirtuó la supuesta  apariencia  de  benefactor  de  la  precitada  entidad,  mas  bien  revelando el  mecanismo  último  a través del cual lograría quedarse finalmente con la sede  de  la  Asociación,  sin  desconocer  de  que  ya  antes se había apropiado de  dineros  provenientes del erario público y luego de que la misma había dado en  garantía  hipotecaria  el  predio  como  respaldo de un crédito frente al cual  incumplió en su pago.   

6.-  Dicho lo anterior, respecto del  primer  requisito  que exige la ley procesal para dictar sentencia condenatoria,  es  decir,  la  certeza  de  la conducta punible, se impone hacer las siguientes  precisiones:   

Tal  como  se  comprueba con los citados  elementos  probatorios, resulta contundente para la Sala concluir, con la debida  certeza,  que efectivamente entre el denunciante y procesado existió un acuerdo  para  construir  una  sede política con dineros del Estado que reposaban en ese  instante  en  las  arcas  de  la  Asociación  Miguel  Antonio Caro; sede que se  construyó  a  finales del año de 1989 y la cual fue inaugurada a comienzos del  año  de  1990,  evento  inaugural  y cancelación de deudas de la construcción  para  el  cual  se  adquirió el préstamo ya referenciado de quince millones de  pesos  y  que  ante  su  incumplimiento  el  acusado, luego de haber comprado el  crédito,  promovió  proceso ejecutivo adelantado ante el Juzgado 2° Civil del  Circuito  de  Pasto,  despacho  que libró mandamiento de pago en auto del 18 de  febrero de 1992.   

Estos hechos, sumado a las comprobaciones  vistas  en precedencia lleva a inferir fundamente que el procesado antes que ser  un  desinteresado  benefactor  de la Asociación, empleando medios lícitos como  la  ejecución  civil,  propendió  por  el  apoderamiento  de  la  sede  de  la  Asociación   Miguel  Antonio   Caro,   en  la  cual  funcionaba  realmente  el  grupo  político  del  congresista           acusado.   

Por  todo  lo  anterior,  se  llega a la  conclusión  que  la   conducta   realizada   por   el   doctor  ENRIQUE JUVENAL  DE  LOS  RIOS HERRERA lesionó el interés jurídico  de   la  administración  pública,  pues,  para   su   interés   personal,  resquebrajó  la  debida  transparencia y honorabilidad encomendada a  tan  alto funcionario, quien antes que buscar la mezquina satisfacción personal  de  lucro,  debió  pensar  que  estaba  representando  a la comunidad, y que un  proceder  como  el  que  desplegó  traicionaba  la  confianza  que  la ley y la  comunidad habían depositado en él.   

De la misma forma, fácil es concluir que  el   acusado   estaba  en capacidad de  comprender  que  su  exigencia  era  una  conducta  contraria  al ordenamiento jurídico, sin que  exista duda alguna para  la  Corte  que  la  conducta  fue  ejecutada  de  manera  dolosa,  deliberada  y  consciente.   

En  síntesis,  del  expediente  fluye  la  certeza  reclamada  por  el  art. 232 del  C. de P. P. para condenar por el  delito  de  peculado  por  apropiación, pronunciamiento que, como quedó visto,  corresponde  hacer a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,  dando  por  sentando  que  a  través  de  la  exposición  antes  efectuada  se  desvirtúan  las  alegaciones  presentadas  por  el  vocero  del  procesado y su  defensor.   

DETERMINACIÓN DE LA PENA.  

Se  dijo  en  la  acusación  y  ahora  se  ratifica  que la conducta punible por la que se procede se encuentran tipificada  como  delito  en  el  Libro Segundo del Código Penal (Ley 599 de 2000), bajo la  denominación  de  “Peculado por apropiación”, Título XV Delitos contra la  Administración  Pública,  Capítulo I Del Peculado, artículo 397, no obstante  que  por  favorabilidad  la  norma  punitiva  a  la que habrá de remitirse para  cualquier  evento  es la que señalaba el inciso 2° del artículo 133 del   Decreto  100 de 1980, sancionado con prisión de cuatro (4) a quince (15) años,  multa  de  veinte  mil  a  dos  millones  de pesos e interdicción de derechos y  funciones públicas de dos (2) a diez (10) años.    

Esto significa que al delito de peculado  por  apropiación  le  concurre  la  circunstancia  específica  de  agravación  punitiva  prevista en el artículo 133 del Código Penal, por cuanto el valor de  lo  apropiado  supera  los quinientos mil pesos, pues basta ver que los auxilios  nacionales  que  gestionó  el  procesado  Juvenal  de los Ríos Herrera para la  compra  y construcción de la sede de la Asociación Miguel Antonio Caro fue por  un  valor  de  diez y ocho millones de pesos ($18´000.000.oo), suma que para el  año  1990,  en  el  cual quedó consolidado el giro  total  de  los  dineros  a la Asociación, ascendía  aproximadamente  a 438 salarios mínimos legales mensuales vigentes, como quiera  que el salario mínimo vigente era de $41.025.   

Igualmente,   conforme   la  acusación,  concurre  la  circunstancia  genérica  de agravación punitiva consagrada en el  numeral  7°  del  artículo  66 del Código Penal vigente para el momento de la  comisión  del  hecho  delictivo,  por  haber obrado en complicidad de otro, hoy  contemplada  en  el  numeral  10°  del  artículo  58  de  la  Ley 599 de 2000.   

Ahora     bien,     en  cuanto  a  la  circunstancia  consagrada en el numeral 11 del  Decreto  100  de  1980  (“la posición distinguida  que  ocupe  el  delincuente en la sociedad, por su riqueza, ilustración, poder,  cargo,  oficio o ministerio”), cabe agregar que no  obstante  haber sido imputada en la resolución de acusación, de todos modos no  puede    considerarse    en    este    fallo,    pues    resulta    violatoria  del  principio  no  bis  in idem, ya que conlleva a una  doble  valoración  sobre  un mismo factor, es decir, de una parte como elemento  constitutivo   del   tipo  penal  de  sujeto  activo  calificado  (peculado  por  apropiación)  y, de otra, como circunstancia de mayor punibilidad, pues como lo  ha   indicado   la   Corte  frente  a  la  esta  circunstancia,  “un  factor,  téngasele por elemento o circunstancia, no puede ser  sometido  a  más  de  una  valoración desfavorable, esto es, como elemento del  tipo  legal de  que se trate, y también como agravante. La prohibición de  doble  valoración por este aspecto, dice relación con el hecho propiamente tal  y   sus   circunstancias   relevantes;    dicho   de   otro   modo,   factores   que  sean  valorados  como elementos  configurantes   del   delito,   no   pueden   apreciarse  simultáneamente  como  circunstancias  agravantes del mismo, y a su vez de la  punibilidad. Fue el  propio   legislador  quien dispuso respecto de las agravantes -Art. 66  del  C. Penal anterior- o circunstancias de mayor punibilidad -Art. 58 de la Ley  599  de  2000-  que  ellas  proceden ‘siempre  que  no  hayan  sido previstas de otra manera’”.2   

En  consecuencia,  la  circunstancia del  numeral  11  y  que  fue  deducida en el pliego acusatorio, no será imputada en  este fallo.   

De    otra    parte,    es  necesario  advertir  que también  concurre  como  circunstancia de menor punibilidad,  la  prevista  en  el  numeral  1° del artículo 55 del nuevo Código Penal, por  ausencia de antecedentes penales.   

Planteadas así las cosas y conocidas las  normas  más  favorables  a  aplicar  en  este  asunto,  procederá  la  Sala  a  establecer  cuál de los dos Códigos Penales (Ley 600 de 2000 ó el Decreto 100  de  1980)  es más beneficioso para el procesado en punto de la dosificación de  la pena:   

Respecto    a    los   criterios       para       dosificar      la      pena   contemplados   en  la  Ley  599  de  2000,  se  tiene que para el delito de  peculado    por    apropiación    corresponde     un     primer        cuarto   entre      48      y     81     meses;     los   cuartos  medios  entre  81  meses  1  día   y   147   meses,  y el  cuarto  final entre 147  meses 1 día  y  180 meses.   

Como   en   este  caso es  posible  deducir  circunstancia  de  menor punibilidad  (la   carencia    de    antecedentes    penales,   artículo   55.1    del   actual    Código   Penal)   y   de   mayor     punibilidad    tal   como   se   detalló,    tal   aspecto   comporta   que   el   ámbito   de  movilidad  está   determinado   por  los  cuartos  medios,  esto  es,  entre  81   meses   y   1   día   y   147  meses.   

Ahora  bien,  el  doctor  Juvenal de los  Ríos    en   una   clara   actitud   delictiva  desvió  la  misión         esperada  por  la  sociedad  colombiana en la destinación de los  dineros   provenientes   de   los   auxilios  públicos,  buscando  un  interés  evidentemente  personal, convirtiendo los recursos nacionales destinados a fines  sociales  en  fuente de lucro personal, ajeno por completo a la satisfacción de  necesidades  de  la  comunidad  que  representaba, traicionando de esa manera la  confianza  que  sus  electores  depositaron  en  el elegido democráticamente en  claro abuso del poder que la función de congresista le otorgó.   

Es  por  ello  que teniendo en cuenta la  gravedad  de  la  conducta punible, el daño real ocasionado y la intensidad del  dolo  (art.  61  de la Ley 599 de 2000), lo que conllevó a la seria afectación  de  la  credibilidad  en  la  Administración Pública, la pena que se impondrá  dentro   del   señalado   marco   ascendería   a  noventa (90) meses de prisión.   

Ahora,    en   tratándose   de   la  dosificación   punitiva   de   que   trataba   el  Decreto  100  de  1980,  el  monto de pena, con los  anteriores   criterios   y   a   pesar   de   la   existencia   de  una     circunstancia    genérica    de    agravación  punitiva, partiría del  límite     mínimo,     es    decir,   cuatro   (4)   años,         a        los que  se   le  incrementaría  por  más  drasticidad  tres  (3)  años,  arrojando  una  pena  a  cumplir  de  siete  (7)  años  o  lo  que es igual ochenta y cuatro (84) meses, lo  cual  permite  colegir  una mayor  benignidad,  según  los  parámetros  de  dosificación de pena  contemplados en el citado Código Penal del 1980.   

Dejado  en  claro  que  la pena, dada la  mayor  favorabilidad  que  implica la dosificación punitiva derivada  del  Decreto  100  de  1980 es de  OCHENTA     Y     CUATRO     (84)    MESES    de  prisión, se entrará a estudiar lo relacionado con  la  situación  de  atenuación punitiva contemplada  en   el   inciso   primero   del   artículo   139  del     antiguo     Código    Penal,  vigente  para el momento de los hechos, con una rebaja de pena  de  “hasta en la mitad”,  la  cual se repite en el artículo 401 de la Ley 599 de 2000, aunque el monto de  disminución  punitiva  se  efectuará  partiendo  de la primera, pues la actual  señala  que  la  pena  se  rebaja  “en una tercera  parte”.  Esto  partiendo  de  que  en  este caso el  doctor  Juvenal  de  los  Ríos Herrera reintegró $18.000.000 el 23 de junio de  1995    (folio    306   del   cuaderno   1).         

Ahora,   dejando   sentada      la     existencia     del  reintegro, la pena tendrá que disminuirse conforme  al  momento  en el cual se efectuó el mismo, que lo  fue     después     de     ser     resuelta  la  situación  jurídica y con el manifiesto y expreso  propósito  de lograr la  libertad  provisional  (folio  307  del cuaderno 1). Por ello, considera la Sala  que  ni se concederá la tercera parte de la rebaja (28 meses de 84 meses) ni la  mitad  (42  meses sobre 84 meses), trazándose un justo meridiano de 35 meses de  rebaja de pena por efectos del reintegro.   

En   consecuencia,   el   doctor   ENRIQUE  JUVENAL  DE LOS RIOS HERRERA  será   condenado  a  la  pena   privativa    de    la    libertad    de    CUARENTA    Y    NUEVE   (49)   MESES   de   prisión.    

Finalmente,  en cuanto a la pena  de interdicción de derechos y  funciones  públicas  (hoy  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones públicas), debe decirse lo siguiente:   

En  las  dos  legislaciones  que  deben  considerarse,  es  decir,  el  Decreto  100  de  1980  y  la Ley 599 de 2000, se  encuentran  previstas  como  pena  principal (inciso 2° del artículo 133 de la  primera  e  inciso  segundo  del artículo 397 de la segunda). Así, teniendo en  cuenta  que al respecto es más favorable la antigua codificación que señalaba  que  dicha  pena  iba  de  2  a  10  años  y no como la actual que la    señala    “por  el mismo término” de la pena de  prisión,                se                impondrá                proporcionalmente  y  conforme a los  mismos  parámetros  señalados para la pena privativa de la libertad, arrojando  un  total  de  VEINTICUATRO (24) MESES Y QUINCE (15)  DÍAS.   

Igualmente,   se  cobijará     con  la  misma  proporcionalidad  la pena de multa, como  quiera  que  aplicando  el  inciso  segundo del artículo 133 del Decreto 100 de  1980,  como  norma  evidentemente  mas  favorable  pues  va  de  veinte    mil    a    dos    millones    de    pesos,   mientras  que  el artículo 397 de la Ley 599 de 2000 señala que  la  multa es equivalente al valor de lo apropiado, se concluye que la multa debe  equivaler a DOSCIENTOS MIL ($200.000) PESOS.   

SOBRE LOS SUSTITUTOS PENALES.  

1.-  La  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  sentencia.   

Para estos efectos es necesario estudiar  los  presupuestos  formales a fin de verificar si se cumplen o no para suspender  la  ejecución de la pena según el artículo 68 del Decreto 100 de 1980 o 63 de  la  Ley  599  de  2000,  anunciando  desde  ya que el aquí procesado no se hace  acreedor   a   dicho   mecanismo   sustitutivo   de  la  pena  privativa  de  la  libertad.   

En efecto, la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  pena  es  procedente cuando ésta sea de prisión que no  exceda  de  3  años,  lo  que  no  se cumple en este evento (aspecto objetivo),  situación  que  releva  a  la Sala del estudio del  aspecto subjetivo.   

2.-     Sobre    la    prisión  domiciliaria   

Teniendo  en  cuenta  que  la  prisión  domiciliaria  es una pena sustitutiva creada por el nuevo Código Penal para que  los  condenados  a  penas de prisión las purguen en su residencia o morada y no  en  un centro de reclusión, es obvia su aplicación inmediata, siempre y cuando  se     reúnan     los     requisitos    legales    que    hacen    viable    su  reconocimiento.   

Según el artículo 38 del Código Penal,  la  prisión  domiciliaria,  como  sustitutiva  de  la  de  prisión,  se podrá  reconocer en los siguientes eventos:   

Que la sentencia se imponga por conducta  punible  cuya  pena  mínima  prevista en la ley sea de cinco (5) años o menos.   

Que  el  desempeño  personal,  laboral,  familiar  o  social  del  sentenciado  permita  al juez deducir seria, fundada y  motivadamente  que  no  colocará en peligro a la comunidad y que no evadirá el  cumplimiento de la pena.   

Que  se  garantice  mediante caución el  cumplimiento    de    las    obligaciones    a   que   hace   referencia   ésta  preceptiva.   

En   este  caso,  se  observa  que el elemento objetivo para el otorgamiento  de  la  prisión  domiciliaria  se  cumple,  por  cuanto  la conducta punible de  concusión,   como                se          ha          dicho,      tiene      pena         mínima inferior a cinco (5) años.   

En lo relativo al elemento subjetivo, es  decir,  que  el  desempeño personal, laboral, familiar o social del sentenciado  permita  inferir seria, fundada y motivadamente que no colocará en peligro a la  comunidad  y  que  no  evadirá el cumplimiento de la pena, también se cumple a  cabalidad.   

En efecto,  la  finalidad   del   examen   de   las   características  familiares,  laborales  y  sociales, en orden a la sustitución de que se trata, se encuentra  enmarcada  en la necesidad de que el procesado no vuelva a colocar en peligro la  comunidad  mediante  la continuación de su actividad delictual. Igualmente, que  en un momento determinado no evadirá el cumplimiento de la pena.   

En  esas  condiciones, si bien es cierto  que  al momento de determinar la pena se puntualizó  sobre  la  gravedad de la conducta punible, también  lo  es  que de acuerdo a las características y a la personalidad del procesado,  la  Sala infiere que no va a poner en riesgo a la comunidad, es decir, que si la  ejecución  de  la  pena  privativa  de  la libertad se cumple en el lugar de su  residencia,  en  manera  alguna  se  puede  colegir  que  éste pueda nuevamente  atentar contra el orden jurídico y la paz social.   

En otras palabras, teniendo en cuenta los  datos  que obran en el proceso, se advierte que el procesado ha comparecido a lo  largo  del  trámite  procesal  y  ha cumplido con los compromisos que adquirió  cuando     se     le     concedió    la    libertad    provisional,       razones         por         las       cuales,          se       reitera,          no       se         puede   predicar  que  si  el  sentenciado  ejecuta  la  pena  en  su  residencia  o morada pueda poner en           peligro          la      comunidad       a           través          de          la      comisión          de        otras      conductas    punibles.   

Del  mismo modo, tampoco se advierte que  al   reconocérsele  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  pena  privativa  de  la  libertad  lleve a predicar que pueda evadir en un determinado  evento el cumplimiento de la pena de prisión.   

Así las cosas, se le otorgará al doctor  Enrique  Juvenal  de los  Ríos  Herrera  la  prisión  domiciliaria, para lo  cual  se  tendrá  como caución aquella que prestó al momento de concedérsele  la libertad provisional, como consta a folio  312 del   

cuaderno original N° 1.  

Adicionalmente,   deberá   suscribir  diligencia  de  compromiso  en los términos establecidos en el artículo 38 del  actual   Código   Penal,   es   decir,   observar  buena  conducta,  comparecer  personalmente  ante  la autoridad judicial que vigile el cumplimiento de la pena  cuando  fuere  requerido  para  ello y permitir la entrada a la residencia a los  servidores  públicos  encargados  de realizar la vigilancia del cumplimiento de  la  reclusión,   para  lo  cual, por Secretaría de la Sala, se citará al  doctor  de  los  Ríos  Herrera  para  efecto  de  la suscripción de dicha  diligencia.   

SOBRE LA CONDENA DE PERJUICIOS  

Finalmente,   con   relación   a  los  perjuicios,  es  claro que conforme lo expresado, la afectación patrimonial que  se  causó  se  representa  en  este trámite en los dieciocho millones de pesos  ($18.000.000)   que   se   gestionaron   y  destinaron  al  propósito  ilícito  preconcebido   por   el   sentenciado   a   través  de  los  extintos  auxilios  parlamentarios.   

Razón  por  la cual se condenará de la  siguiente manera:   

i)  a  favor  de  la Nación,    Ministerio    de   Educación  Nacional, se condena al  sentenciado  a  pagar la suma de doce millones de pesos ($12.000.000) que fueron  girados   por   esa   entidad   desde   el   10  de  julio  de  1989,  tal  como  se aprecia en la orden  definitiva de pago visible a folio 66 del cuaderno N° 2;   

ii)  a favor del extinto Ministerio de  Desarrollo  Económico, hoy Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, la suma  de  seis  millones  de pesos ($6.000.000), los cuales fueron desembolsados de la  siguiente manera:   

– Tres millones de pesos ($3.000.000) el  10  de  julio de 1987 tal como se aprecia de la orden de pago visible a folio 84  del cuaderno N° 2 y,   

– Tres millones de pesos ($3.000.000) el  10  de  agosto  de 1989, orden de pago visible a folio 86 del cuaderno principal  N° 2.   

Es  de  advertir  que  ambas            carteras         ministeriales         fueron        reconocidas  como  parte civil en esta actuación (folios 88 y 101 del cdno  2).   

Para un total de condena en perjuicios de  DIECIOCHO       MILLONES       DE       PESOS  ($18.000.000).   

Ahora, este valor deberá actualizarse al  momento  en  que fue consignado como reintegro por parte del procesado (es decir  al  23  de  junio de 1995), conforme los indicadores de precios al consumidor al  tenor  del  artículo  191 del Código de Procedimiento Civil, modificado por el  artículo 19 de la Ley 794 del 8 de enero de 2003.   

Lo anterior lleva a la conclusión que la  actualización  de  los  citados  dieciocho  millones a la fecha del reintegro y  desde  cuando  salieron  de  la  esfera  del Estado con destino a la Asociación  Miguel  Antonio  Caro,  hechas  las  operaciones  correspondientes,  asciende  a  $77.875.687,25.   

De este valor se descontarán $18.000.000  representados  en  el  título  valor que se otorgó para cuando se resolvió la  situación  jurídica  y  que  se  ha  reseñado en  precedencia,  el  cual  se endosará a favor de los  citados  ministerios  en  las sumas correspondientes, es decir, doce millones de  pesos  a favor del Ministerio de Educación Nacional y seis millones a favor del  Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.   

La anterior operación arroja como saldo  la  suma  de  $59.875.687,25 como parte no sufragada como actualización para el  momento en que se reintegró el dinero.   

Este  valor  se  descontará de la suma de  $137.593.773  que  el  Juzgado 4° Civil del Circuito de Pasto, en decisión del  30  de  septiembre  de 2004, puso a disposición de esta Corporación (folio 232  del  cuaderno  N°  3)  como parte que le correspondió a Enrique Juvenal de Los  Ríos  Herrera  en proceso ejecutivo en el que cobraba el crédito hipotecario y  que  se  encontraba  embargado por la Corte, debiendo devolvérsele el remanente  al condenado, es decir, la suma de $77.718.085,75.   

Frente  a  los  perjuicios  morales, no se  observa que se hubiera llegado a tal causación.   

En  mérito  de  lo expuesto, LA    CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de la república y por autoridad de la ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.-          Condenar     al    doctor       ENRIQUE       JUVENAL   DE   LOS  RIOS  HERRERA,  de  anotaciones  civiles y personales conocidas en autos, a las penas principales de  CUARENTA Y NUEVE (49) meses  de  prisión,  interdicción de derechos y funciones públicas por el lapso  de  VEINTICUATRO  (24)  MESES  Y  QUINCE  (15)  DÍAS  y     multa     por    valor    de    $200.000,  como  autor  responsable  del  delito   de   PECULADO  POR  APROPIACIÓN, por el cual fue llamado a responder en juicio.   

2.-    No   suspender   la  ejecución  de  la  pena,  de  acuerdo con lo expuesto en la parte motiva de esta providencia.   

3.-  Sustituir la pena privativa de  la  libertad  por  la  prisión  domiciliaria en los términos y las condiciones  señaladas  en  la  parte motiva de este fallo. En consecuencia, por Secretaría  de  la  Sala,  cítese  al  sentenciado  para  que  suscriba  la correspondiente  diligencia de compromiso.   

4.-    Condenar    a    ENRIQUE    JUVENAL    DE    LOS    RIOS    HERRERA   al   pago  total  de  $18.000.000  por  concepto  de  perjuicios  materiales  los  que se encuentran representados en el  título  valor  que  fue presentado a manera de reintegro por el sentenciado y a  la  suma  de  $59.875.687,25  por  concepto  de la actualización del mismo a la  fecha  del  reintegro,  los  que  se  descontarán  de  los  dineros  que fueron  embargados  por esta Corporación y puestos a disposición por parte del Juzgado  4°  Civil  del  Circuito  de Pasto en los términos y condiciones señalados en  precedencia.  Debiéndose  devolver  el  saldo, que equivale a $77.718.085,75 al  sentenciado.   

5.-   Ejecutoriada la sentencia, la  Secretaría  de  la  Sala  enviará las copias del fallo que prevé el artículo  472 del Código de Procedimiento Penal.   

Contra esta decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                     ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                       MARINA  PULIDO DE BARÓN   

Permiso  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS                             YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO    ENRIQUE   SOCHA   SALAMANCA                   JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 En  la  resolución de acusación se consignó: “Obran en  el  informativo  62  facturas de relación de pagos y de cobros que se emitieron  en  los  meses de septiembre, octubre y noviembre de 1989 en la construcción de  la   sede,   las   cuales   nueve   (9)   van  dirigidas  a  la  “Casa   Conservadora”,  dos  (2)  al  Movimiento  de Renovación Conservadora, una (1) a Enrique Albornoz y Juvenal de  los Ríos Herrera y ocho (8) a la asociación Miguel Antonio Caro.”   

2  Sentencia  de  única  instancia  19762 del 23 de febrero de 2005. Ver también:  sentencia  de  segunda  instancia  21447  del  13 de abril de 2005; sentencia de  segunda  instancia  20281 del 25 de mayo de 2005; sentencia de segunda instancia  23568  del  29  de septiembre de 2005, y sentencia de única instancia 21546 del  10 de agosto de 2005.     

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