25784(03-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 25784  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 80  

Bogotá,  D.C.,  tres  de  agosto  de dos mil  seis.   

          Decide  la  Corte  lo pertinente con relación a la admisión de la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   Ana  Carolina  Cifuentes  en contra de la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Santa  Marta  el  20  de  junio  de  2005,  mediante  la  cual confirmó la del Juzgado  diecisiete  penal  del  circuito  de  Bogotá,  que  la condenó como autora del  delito  de  hurto  calificado  y  agravado  y  porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal.   

HECHOS  

          Así    pueden    sintetizarse   los   hechos   juzgados   en   las  instancias:   

          En  las  horas del amanecer del 8 de febrero de 2003, tres hombres y  una  mujer abordaron en la calle 122 con carrera 128 de la ciudad de Bogotá, el  taxi  que  a esa hora conducía José Humberto Cárdenas. Momentos después, los  ocupantes  lo  intimidaron  con  una  arma  de  fuego  y  luego  de golpearlo lo  despojaron  del  dinero  que  llevaba  y  de otras pertenencias, para en seguida  bajarse  del  automotor y emprender la huida. Cerca de ese sitio, compañeros de  trabajo  de  José  Humberto  Cárdenas  aprehendieron a Ana Carolina Cifuentes,  quien   fue   reconocida   como  una  de  las  personas  que  participó  en  el  atraco.   

          A  la  estación  de policía, a donde fue llevada la mujer, se hizo  presente  Martín  Castillo,  quien  señaló  a  la mujer como integrante de la  banda  que  ese mismo día y a las mismas horas, ejecutó un acto similar contra  sus bienes.           

ACTUACION PROCESAL  

Con  base en el informe policial relacionado  con  la  captura  de Ana Carolina Cifuentes,  el  8  de febrero de 2003 la Unidad de reacción Inmediata de la  Fiscalía  General  de  la  Nación con sede en Usaquén abrió investigación e  inmediatamente    ordenó    vincularla    mediante   indagatoria   (fs., 8).   

Luego  de  escucharla  en  diligencia  de  descargos  (fs.,  11),  la  Fiscalía  272  seccional  delegada  ante  los  Juzgados penales del circuito de  Bogotá,  mediante  providencia del 11 de febrero siguiente, le impuso medida de  aseguramiento   como   autora   del  delito  de  hurto  calificado  (fs., 27).   

El  21 de abril de 2003 la fiscalía cerró  la     investigación     (fs.,    96),  y  el  16  de  junio  siguiente,  acusó  a  la sindicada por la  comisión  de los delitos de hurto calificado en concurso con el de porte ilegal  de   armas   de  fuego  de  defensa  personal.  (fs.,  126).   

El Juzgado diecisiete penal del circuito de  Bogotá   avocó   el   conocimiento,   realizó   las  audiencias  preparatoria  (fs.,  30  cuaderno  2)  y  pública    (fs.,    56   cuaderno   2),  y  finalmente,  mediante  sentencia  del  18  de  junio de 2004,  condenó   a   Ana   carolina   Cifuentes  a  la  pena  principal  de 8  años de prisión como autora de los delitos de hurto calificado  y  agravado  y  porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.  (fs.,  78 cuaderno juzgado).   

          El  Tribunal  Superior  de Santa Marta 1,  al  resolver  el recurso de  apelación  interpuesto por la defensa confirmó la decisión respecto al delito  de  hurto  y absolvió a la procesada con respecto al delito contra la seguridad  pública,  mediante  la  suya del 20 de junio de 2005, descontando de la pena el  incremento  que  le  hizo  el  juzgado  por  razón  del  porte  ilegal de armas  (fs.,     6     cuaderno     tribunal).   

DEMANDA     DE  CASACION   

          El  demandante  invoca la causal primera de casación para formular  un solo cargo contra la sentencia de segunda instancia.   

         

A  su  juicio,  el  tribunal  infringió el  inciso  segundo  del  artículo  232  del  código  de  procedimiento  penal, al  ratificar  una  condena  pese a que el expediente no ofrece certeza acerca de la  responsabilidad  de la procesada. Para salvar ese escollo, dice, el tribunal les  dio  crédito  a  José Cárdenas y William Castillo, quienes pese a soportar la  violencia, se contradicen a la hora de apreciar los hechos.   

          Lo  único  que  queda  claro,  según  el demandante, es que José  Cárdenas  y  William  Castillo, pretendieron obtener una indemnización elevada  por  concepto  de perjuicios y para ello decidieron retener a la primera persona  que  encontraron en el camino, sin importar si en realidad la mujer intervino en  los  hechos. Por eso, no sólo incurren en contradicciones insalvables, sino que  acrecentaron  el  valor  de lo hurtado, con el fin de obtener un enriquecimiento  ilícito.   

             

          Si  a  ello  se  agrega  que  elaboraron  una  escena  en donde los  atracadores  portaban una arma y los sometieron con ella para despojarlos de sus  pertenencias,  entonces  no  queda  duda  que  al  menos  el  tribunal ha debido  reconocer  que  esa  versión  amañada  de  los hechos constituye un indicio de  mentira que habla a favor de la procesada.   

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La demanda se inadmitirá por las siguientes razones:   

Primero: La Corte  ha  señalado de manera clara que el recurso extraordinario de casación procede  contra  sentencias  de  segunda  instancia, de acuerdo a las precisas causales y  por  los  específicos  motivos que a su amparo permiten denunciar la injusticia  del   fallo   (artículo   212  de  la  ley  600  de  2000).   

En ese orden, se ha indicado, en procura de  modular  el lenguaje de la argumentación, que los cargos que permiten denunciar  la  inconstitucionalidad  e ilegalidad del fallo, deben fundamentarse fáctica y  jurídicamente  de  acuerdo con el sentido de la causal escogida y destacando la  manera  cómo  la  ilegalidad  trasciende en la decisión. En ese propósito, el  demandante  debe diseñar los cargos en forma precisa, clara y coherente, según  el sentido y finalidad de la causal seleccionada.   

Ese mínimo de exigencias, la demanda no las  satisface, tal y como se indicará en los siguientes apartes.   

Segundo:  No  lo  expresa  puntualmente,  pero todo indica que el demandante pretende que la Corte  case  la  sentencia con fundamento en la infracción indirecta de las normas que  definen  el  principio  del  in  dubio  pro  reo.  Aún  cuando  ciertamente  la  infracción  del  precepto  legal que contiene ese principio, puede surgir de la  errónea  apreciación  probatoria  que  conduce a la indebida aplicación de la  ley,  el demandante no enuncia, ni menos desarrolla, la modalidad de error y por  supuesto la trascendencia del mismo en la decisión final.    

En  fin, pasa por alto que frente al cuerpo  segundo  de  la  causal  primera, el censor debe precisar si la ilegalidad tiene  origen  en  errores  de derecho, y en tal caso especificar si el yerro obedece a  falsos  juicios  de  legalidad  o  de  convicción.  O si de errores de hecho se  trata,  indicar  si  el  juzgador  incurrió  en  falsos  juicios de existencia,  identidad  o  raciocinio,  cuya  contenido le impone al demandante ser fiel a su  carácter  objetivo  contemplativo,  en  los  primeros  casos,  o a la necesaria  vinculación   argumentativa   en   el  último  de  los  eventos.  2   

En  su lugar, el demandante apenas esboza  una  tímida inconformidad con el hecho de que el tribunal les hubiese conferido  crédito  a  los  ofendidos  con la conducta, y a pesar de que su deber es el de  encausar  y  delimitar  de  manera  precisa  los  cargos como manifestación del  principio  de  autosuficiencia,  simplemente  opone sus particulares opiniones a  los  argumentos  de las instancias, sin mencionar si el tribunal incurrió en un  error  de  hecho por falso juicio de existencia, identidad o raciocinio respecto  a  la  apreciación  de esos testimonios. Con todo, al parecer es un problema de  argumentación  el  que  pretende  denunciar  en esta sede, pero desde luego sin  mencionar  cuáles  fueron  las  máximas  de  la  experiencia,  las leyes de la  ciencia o los postulados de la lógica que el tribunal ignoró.   

         

          Aparte  de  ello, el censor asume que el tribunal no consideró los  contraindicios  que  surgen  de  los testimonios de los ofendidos, pero no logra  explicar  en  detalle  como  se  estructuran  esos  indicios,  cuál es el hecho  indicador  y  la  inferencia  que a partir de ellos se imponía realizar, en tal  forma  que  su  propuesta  termina  siendo  un  enunciado  sin  el  mas  mínimo  desarrollo.   

          Tercero:  Una  lectura de las finalidades  del  recurso  extraordinario  de casación permite afirmar que su teleología no  impone  las  formas  sobre  los fines, pero desde ese punto de vista también se  explica  por  qué  las  causales  guían  la  presentación de los cargos y son  presupuesto  de  los  principios  de  autosuficiencia y de limitación, que a la  casación  le  son  inherentes. En otros términos, solo a partir de la correcta  presentación  de  los cargos y de la adecuada selección de la causal, la Corte  puede  advertir  la  finalidad que se persigue con el recurso y las opciones que  tiene para remediar la inconstitucionalidad y legalidad denunciada.   

          En  ese orden de ideas, lo expuesto permite concluir que la demanda  no  reúne  las  mínimas  exigencias  que  el  artículo  212  del  código  de  procedimiento  penal impone y por tales razones su inadmisión es impostergable,  como  también lo indica el hecho de que no se observen violaciones a garantías  fundamentales que la Corte esté en el deber de remediar.   

          En  consecuencia,  La  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación  penal,   

RESUELVE  

          Inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada     a     nombre    de    Ana    carolina  Cifuentes.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO                    

Excusa justificada  

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON                   

JORGE           QUINTERO  MILANES            YESID  RAMIREZ  BASTIDAS                

Permiso  

JULIO             SOCHA  SALAMANCA                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1  Le  correspondió  conocer  del  proceso  por  asignación que le hiciera el Consejo  Superior de la Judicatura.   

2 Cfr.,  auto del 27 de mayo de 2006, radicado 25710.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *