20524(17-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20524  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 87                                                                               Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C., diecisiete de agosto de dos  mil seis.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  las  demandas  de  casación  presentadas por los defensores de Luis   Antonio   Martín   Castro   y  José  Rubén  Sierra  Celis,  contra la sentencia dictada el 10 de julio de 2002 por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  mediante  la cual  condenó  a  los  procesados a la pena principal privativa de la libertad de 120  meses    de    prisión    como    coautores    responsables   del   delito   de  extorsión.     

Antecedentes.   

1.  Los  hechos  que dieron origen al proceso  fueron  relatados  en  la  sentencia  de  primera  instancia  así: “Obra  en  autos  denuncia instaurada por la señora MARÍA SOFÍA  ESCOBAR  VIUDA  DE MORENO, calendada el 19 de julio de 1997, que da cuenta de la  retención  que  sufrió  su  hijo  EDGAR EUGENIO MORENO ESCOBAR, quien para esa  época  se  encontraba  detenido  en  el  pabellón  de  máxima seguridad de la  Cárcel  Nacional  Modelo  de  esta  ciudad, durante los días 13 hasta el 18 de  julio  del mismo año, por parte de varios internos del mismo centro carcelario,  siendo  obligado a firmar unos documentos, para el traspaso del inmueble Terreno  Moral   III,   ubicado   en   la   calle   138  No.42-98  interior  2,  avaluado  aproximadamente  por  diez  mil  millones  de pesos, de propiedad de la sociedad  INVERSIONES  EL PRADO RESERVADO LIMITADA, la cual él gerenciaba. Este suceso se  lo  comentó al señor ROBERT JULIO URREA MURILL0 en visita que le hiciera en el  referido establecimiento.   

“El día 29 de julio de 1997, llegan al lote  de  terreno  ubicado  en  el norte de la ciudad cinco personas JOSE RUBEN SIERRA  CELIS,  LUIS  ANTONIO MARTIN CASTRO, SEGUNDO CAYETANO RUIZ MEDINA, JULIO ROBERTO  RUIZ  MEDINA y HERNANDO MEDINA BARRETO, quienes tenían en su poder el documento  de  lo  cual  denunciaba  había  sido  obligado  a  firmar EDGAR EUGENIO MORENO  ESCOBAR  al  interior  de la cárcel, quien actuaba en representación del antes  citado  pidió  apoyo  a  miembros  del Ejército, procedió a la captura de los  cinco   sujetos   quienes   fueron   dejados  a  disposición  de  la  autoridad  competente”.     

2.  El  30  de  julio  de  1998, la Fiscalía  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución de acusación  contra  José Rubén Sierra Celis, Luis Antonio Martín  Castro,  Segundo  Cayetano Ruiz Medina y Julio Roberto Ruiz Medina, como  coautores  del  delito  de  secuestro  extorsivo,  y precluyó  instrucción  en  favor  de  Fabio David Moreno Acosta,  Hernando    Medina    Barreto   y   John   Jairo   Valencia   Posada1.   

Revisadas  estas  decisiones por apelación y  consulta,  respectivamente, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal, en decisión  de  8  de enero de 1999, mantuvo incólumes los llamamientos a juicio, y revocó  la  preclusión  dictada  a favor de Fabio David Moreno  Acosta,  para  acusarlo  por  el  delito  de secuestro  extorsivo2.   

3. Rituado el juicio, el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bogotá,  mediante sentencia de 23 de enero de  2001,  condenó a José Rubén Sierra Celis  a  27  años  de prisión, a Luis Antonio  Martín  Castro  a  27  años  y  6 meses de prisión,  y Fabio David Moreno Acosta a  25  años  y  6  meses  de  prisión,  como coautores responsables del delito de  secuestro  extorsivo,  tipificado  en el artículo 268 del Código Penal de 1980  (modificado  por  el  1°  de  la  ley  40  de 1993), y absolvió a Segundo   Cayetano   Ruiz   Medina   y  Julio  Roberto  Ruiz  Medina  de   los   cargos   a   ellos   imputados3.       

Apeladas  las  decisiones  de  condena por la  defensa  de los procesados, el Tribunal Superior de Bogotá, mediante el suyo de  10  de  julio  de  2002,   las  modificó  en  relación  con  José   Rubén   Sierra   Celis   y  Luis  Antonio  Martín  Castro,  a  quienes  condenó  por  el  delito  de  extorsión  previsto   en   el   artículo  355  del  Código  Penal  de  1980  (modificado   por   el   32   de  la  ley  40  de  1993),  agravado  por  la  cuantía,  a 120 meses de prisión cada uno; y  absolvió  a  Fabio  David  Moreno  Acosta4.   

4.  Contra  este  fallo interpuso y sustentó  oportunamente  recurso  de  casación  el  defensor  del  procesado Luis  Antonio  Martín  Castro.  Dentro del  término   de  traslado  a  los  no  recurrentes  el  defensor  de  José   Rubén   Sierra  Celis,  quien  no  impugnó  la  sentencia,  presentó también demanda de casación, donde formula  un  cargo  en su contra con fundamento en la causal segunda de casación, por no  estar   la   sentencia   en   consonancia   con   los  cargos  imputados  en  la  acusación5.   

    

Demanda  a  nombre del procesado Luis Antonio  Martín Castro.   

Con  fundamento  en  la causal prevista en el  numeral  tercero del artículo 207 de la ley 600 de 2000, el demandante acusa la  sentencia  impugnada  de haber sido dictada en un juicio viciado de nulidad, por  error  en  la  calificación jurídica, pues no obstante haber sido el procesado  indagado,  investigado  y  acusado  por  el  delito  de  secuestro  (sic), en la  sentencia  de segunda instancia fue condenado por el delito de extorsión, dando  lugar a una irregularidad sustancial que afecta el debido proceso.   

Sostiene   que   la   tesis  del  Tribunal,  consistente   en   que   en   la   sentencia   el  juzgador  puede  degradar  la  responsabilidad  del  procesado sin desconocer el principio de congruencia, crea  desconcierto  y  duda,  por cuanto si se investigó y acusó por un delito, y se  condenó  por otro, necesariamente se concluye que se violó en forma directa el  debido  proceso  y el derecho de defensa, porque si el procesado no incurrió en  el  delito  de  secuestro,  como se afirma en la sentencia “es viable que así  mismo no haya incurrido en delito alguno”.   

Si  la  sindicación  hubiese  sido realizada  desde  un  comienzo por el delito de extorsión, que como se sabe es menos grave  que   el  secuestro  extorsivo,  el  procesado  hubiera  podido  tomar  diversas  decisiones  ventajosas para sus intereses, como acogerse a sentencia anticipada,  o  al  instituto de la colaboración eficaz, e incluso obtener su libertad, pero  en  vista  del  peso  de  la agobiante acusación, no le quedó otro remedio que  dirigir su defensa a controvertir el gravoso cargo.   

El  Tribunal  sostiene  que la consonancia no  implica   perfecta   armonía,   para   justificar   la   variación,  pero  las  modificaciones  que  introdujo  no  resultan afortunadas, como se pretende hacer  creer,  porque  un  atento  estudio  de  la actuación permite establecer que el  delito  de  extorsión  no  se  agotó  en  todos sus elementos, toda vez que el  procesado  fue capturado cuando en compañía de otras personas se hizo presente  en  el  bien  inmueble  que supuestamente era el objeto de la extorsión, por lo  que  se  estaría  frente  a  una tentativa, que los funcionarios judiciales que  conocieron del caso no advirtieron ni reconocieron.    

Explica  que el delito de extorsión requiere  para  su  agotamiento  que  se  presente un provecho ilícito para sí o para un  tercero,  situación  que  no es predicable en el presente caso, porque debido a  la  denuncia  y  la intervención de las autoridades, no se logró el propósito  perseguido,  como  lo demuestra el hecho de que los juzgadores se abstuvieron de  condenar  por  perjuicios  materiales,  por  no  haber  el  sujeto  pasivo de la  infracción sufrido detrimento patrimonial.   

A raíz, entonces, de las equivocaciones en la  apreciación  de  la  prueba, se dio al caso una calificación diversa de la que  correspondía,  por  un  delito  consumado siendo tentado, y lo más importante,  bien  pudo  haberse declarado que el procesado no era merecedor a sanción penal  alguna,  porque  su  participación  en  los hechos investigados fue en realidad  mínima,  involuntaria, con propósitos distintos de los que se plantearon en la  acusación.   

Sustentado en estas consideraciones solicita a  la  Corte  casar  el fallo impugnado, declarar la nulidad de la actuación desde  la  resolución  de  acusación  y  dictar  “la  sentencia  de  reemplazo  que  considere ajustada en derecho”.      

SE        CONSIDERA:   

1.  Demanda  a nombre de Luis Antonio Martín  Castro.   

La Corte ha sido insistente en sostener que la  demanda  de  casación  no es un escrito de elaboración libre, en el que puedan  hacerse  todo tipo de propuestas sin importar su naturaleza y contenido, sino un  escrito  lógico jurídico, rigurosamente técnico, vinculado al cumplimiento de  ciertas  reglas  en  su  elaboración, y al respeto de ciertos principios, tales  como  el  de  claridad  y  concreción  en  la formulación de los cargos,   autonomía  de  las  causales,  no  contradicción,  sustentación  suficiente y  limitación, entre otros.   

En  el  caso que se analiza lo primero que se  advierte  es  que el demandante no es coherente en la presentación y desarrollo  de  la  censura,   puesto  que  al tiempo que discute la calificación  jurídica  de  la  conducta  por  estimar  que  debió  serlo  por  el delito de  extorsión  en  la  modalidad  de  tentativa  (no  por  secuestro  extorsivo),  ataca  la  sentencia como acto  procesal  por  considerar  que  viola  el  principio  de congruencia, y también  cuestiona  la  declaración  de  responsabilidad  por  creer que el procesado no  realizó la conducta típica.     

Esta  forma  de presentar el cargo resulta no  solo  contradictoria,  sino  violatoria  del  principio  de  autonomía  de  las  causales,  pues mientras la censura relacionada con la indebida calificación de  la   conducta   resultaría   propia   de   la   causal   tercera   (el   juicio   fue   tramitado  en  vigencia  del  decreto  2700  de  1991), la vinculada con la violación del principio de  congruencia  encuentra  eco  en la causal segunda, y la asociada con la ausencia  de  responsabilidad penal por inexistencia de conducta típica se enmarcaría en  la causal primera.   

Esta  divergencia  de  propuestas obligaba al  censor  a  plantear  cada  cargo  en forma separada, con indicación clara de la  causal  alegada y de sus fundamentos, y a proponerlos de manera subsidiaria, por  involucrar   propuestas  excluyentes,  pues  mientras  el  ataque  por  indebida  calificación  de  la  conducta implica aceptación de la responsabilidad por un  delito  distinto del que fue objeto de la acusación, la inconsonancia presupone  aceptación  de la responsabilidad por el delito allí imputado, y la atipicidad  de la conducta ausencia absoluta de compromiso penal.    

Al  margen  de  estas  falencias de carácter  general,  el  censor  omite  demostrar  las censuras que propone, dejándolas, o  bien  en el plano de la simple invocación de criterios personales, o en el mero  enunciado.  En  el  ataque  por indebida calificación jurídica de la conducta,  por  ejemplo,  omite  considerar  que  el error que plantea fue corregido por el  Tribunal  Superior  en la sentencia de segundo grado, al condenar exclusivamente  por  el  delito  de  extorsión,  y  que  el cargo, en las anotadas condiciones,  resultaría inocuo.   

Consciente  de  ello,  apuntala el reparo con  alusiones  a  una  supuesta  vulneración  del  derecho  de defensa, que tampoco  acredita,  pues  los  argumentos  que  aduce  para hacerlo, relacionados con las  eventuales  ventajas  procesales que en su opinión hubieran podido obtenerse si  desde  un  comienzo  la  conducta hubiese sido calificada como extorsión, tales  como  la  posibilidad  de acogerse a sentencia anticipada, de obtener beneficios  por  colaboración  eficaz,  de  lograr la libertad, o de orientar los esfuerzos  defensivos  hacia  otros  frentes, carecen de tal virtualidad, por pertenecer al  mundo de lo conjetural y especulativo.    

El  reparo  por   inconsonancia  lo deja  también  huérfano  de  desarrollo. Al pretender acreditarlo, da a entender que  la  decisión  de  condenar  por  un  delito  distinto  del  que  fue  objeto de  acusación  es  también equivocada, pero no explica por qué los argumentos que  sirvieron  de sustento al Tribunal para hacerlo, consistentes en que el juzgador  podía   condenar  por  un  delito  de  menor  entidad,  sin  violar  la  unidad  conceptual,  ni  el  derecho  de  defensa, desconocen la normatividad jurídica,  cuando,  como  en  el  presente  caso,  el núcleo de la imputación fáctica en  cuanto a la ilegal exigencia se mantiene inalterable.   

Igual  acontece  con los cuestionamientos que  hace  a  la  sentencia  por haber condenado sin existir prueba para condenar y/o  por  haber  condenado  por  un  delito  consumado,  siendo tentado. Aparte de lo  contradictorio  del planteamiento, una alegación de esta naturaleza imponía al  censor   la   carga   de   indicar  la  clase  de  error  cometido  (si  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  de  identidad o  raciocinio,    o    de    derecho    por    falso    juicio   de   legalidad   o  convicción),  la  prueba  o  pruebas sobre las cuales  recayó  el error, y las implicaciones del mismo en el juicio de responsabilidad  o  de  determinación del grado de participación del procesado, nada de lo cual  hace al casacionista.      

Visto, entonces, que la demanda no cumple los  requisitos  mínimos  de  forma y contenido requeridos para su estudio de fondo,  se  la inadmitirá, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 213 del estatuto  procesal penal.      

2.  Demanda  a  nombre de José Rubén Sierra  Celis.   

Este  sujeto procesal no interpuso recurso de  casación  contra  la  sentencia  impugnada. No obstante ello, en el término de  traslado  a los no recurrentes, su nuevo apoderado presentó demanda, al parecer  en  el  entendimiento  equivocado  de  que  el recurso había sido oportunamente  interpuesto,  o  de  que  en  la  referida  fase  procesal  podía  válidamente  hacerlo.      

Como para tener acceso al recurso de casación  es  condición  necesaria  que el sujeto procesal haya oportunamente manifestado  su  voluntad de hacerlo a través del acto procesal de la interposición, y este  presupuesto  no  se  cumplió en el presente caso, la Corte inadmitirá también  esta  demanda  y  ordenará la devolución del expediente al Tribunal de origen,  teniendo   en   cuenta  que  no  se  advierten  violaciones  de  las  garantías  fundamentales  que  tornen  necesario  el  adelantamiento  oficioso del trámite  casacional   con  el  fin  de   procurar  su  restablecimiento.     

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir   las  demandas   de   casación  presentadas  por  los  defensores  de  los  procesado  Luis Antonio Martín Castro y  José    Rubén    Sierra    Celis,    por las razones expuestas en la parte considerativa.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ               ALFREDO GOMEZ  QUINTERO               

Permiso  

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                   MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON               

JORGE        L.        QUINTERO  MILANES             YESID   RAMIREZ  BASTIDAS               

Comisión de servicio  

JULIO         E.         SOCHA  SALAMANCA             JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                  Impedido   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

1  Folios 146-187 del cuaderno original 6.   

2  Folios 43-70 del  cuaderno de la Fiscalía.   

3  Folios 125-194 del cuaderno original 10.   

4  Folios 81-117 del cuaderno del Tribunal.   

5  Folios 131,135,150-158 y 179-183.     

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