25771(24-01-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25771  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         Magistrado  Ponente:   

                                                 Dr.  ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO   

                                                             Aprobado en acta N° 06   

                                         

Bogotá  D.C.,  veinticuatro (24) de enero de  dos mil siete (2.007)   

V    I    S   T   O  S:   

Decide  la  Sala  el  recurso  de  apelación  interpuesto  y sustentado oportunamente por el defensor del procesado, contra la  sentencia  emitida  el  1º  de  junio  de  2006  por  el  Tribunal  Superior de  Medellín,  en  virtud  de  la  cual  condenó  al  doctor  JULIO  LEON  ESCOBAR  CASTAÑEDA  ex  Juez  Tercero  Penal del Circuito Especializado, a la pena de 42  meses  de  prisión,  multa  por 58 salarios mínimos legales mensuales vigentes  para  el  año  2002  e  inhabilidad  en  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por un lapso de cinco años y seis meses, y le concedió el sustituto  de  la  prisión  domiciliaria,  por hallarlo autor penalmente responsable de la  conducta de prevaricato activo.   

HECHOS  

La  Fiscalía  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  Especializado  de Medellín  adelantó  investigación  penal  contra  Darío  de  Jesús Sepúlveda Pérez y  otros,  por  los  delitos  de  tráfico, fabricación o  porte  de  estupefacientes  y  tráfico  de  sustancias  para  procesamiento  de  narcóticos.   

En  la  diligencia  de  indagatoria Darío de  Jesús  Sepúlveda  expresó  su voluntad de acogerse a sentencia anticipada por  el   delito  de  tráfico  de  estupefacientes.   Ante  esta  solicitud  el  instructor  dispuso  comisionar  mediante  resolución  del 14 de septiembre del  mismo  año  a  la  fiscalía seccional de Caucasia, para oír en ampliación de  indagatoria  al sindicado según petición de la defensa y celebrar audiencia de  formulación  de  cargos  por los punibles de tráfico,  fabricación   o   porte  de  estupefacientes  y  tráfico  de  sustancias  para  procesamiento de narcóticos.   

El  24  de  septiembre  de  2001  la  fiscal  comisionada  procedió a cumplir tales cometidos. En el primero, el sindicado al  término   de   la   diligencia   de  ampliación  de  indagatoria  indicó  que  era  “responsable  de  los  insumos  encontrados en  ubicada  en  la  carrera 70 número 81 –   158.”    En   el  segundo,  la  operadora   judicial   después   de   leer  la  resolución  que  contenía  la  formulación  de  cargos,  le  otorgó  la  palabra  a Darío de Jesús Restrepo  Pérez  quien  manifestó: “Vea yo acepto los cargos  de  los insumos y la de los ensayos, pero la cantidad de 70 gramos, eso no es de  mi  propiedad.”     

El  12  de septiembre de 2002 el Juez Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de Medellín, JULIO LEON ESCOBAR CASTAÑEDA  condenó  al  encartado  a  16  meses  de prisión por el delito de “posesión  de  elementos  para el procesamiento de narcóticos”  de  que  trataba  el  artículo  43  de  la  Ley 30 de  19861,  y  no  por  el de tráfico de sustancias  para  procesamiento  de  narcóticos  descrito  en  el  artículo    382   de   la   Ley   599   de   20002,  vigente  para  la  época de  comisión   de  la  conducta  delictiva,  sin  emitir  pronunciamiento  respecto  del   ilícito  de  tráfico, fabricación o porte  de estupefacientes.   

Esta  situación fue denunciada por el fiscal  Roberto  Manosalva Isabella ante el Juez 2º Penal del Circuito Especializado de  Medellín  el 25 de febrero de 2003, en la audiencia pública de juzgamiento que  se  seguía contra otro procesado dentro del mismo expediente, Rodrigo de Jesús  Chaverra, por el delito de tráfico de estupefacientes.    

ACTUACION  PROCESAL   

A raíz de las copias compulsadas por el Juez  2º  Penal  del Circuito Especializado de Medellín, mediante providencia del 13  de  marzo  de  2003  la  Fiscalía  Once  Delegada ante el Tribunal de Medellín  abrió   investigación   previa   contra   el   doctor   JULIO   LEON   ESCOBAR  CASTAÑEDA.   

Seis  meses  después,  el 19 de noviembre de  2003  la  Fiscalía inició proceso formal contra el Juez 3º Penal del Circuito  Especializado  de  Medellín  por  los  delitos  de  prevaricato  por  acción y  destrucción,  supresión  u ocultamiento de documento público, este último en  razón  a  que  el  denunciante sostenía haber sido notificado de una sentencia  diferente,  la  cual  contenía  una  condena  de 56 a 58 meses de prisión y no  16.   

Con resolución del 7 de septiembre de 2004 la  fiscalía   se   abstuvo  de  imponer  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva   a  JULIO  LEON  ESCOBAR CASTAÑEDA, al observar que si bien se  encontraban  reunidos  los  requisitos sustanciales no sucedía lo mismo con los  fines de esta.   

El  26  de mayo de 2005 la fiscalía declaró  clausurada  la  instrucción  y  mediante  resolución del 24 de agosto de 2005,  precluyó  la  investigación  a  favor  de  ESCOBAR CASTAÑEDA por el delito de  falsedad  por destrucción, supresión u ocultamiento de documento público y lo  acusó por el delito de prevaricato por acción.   

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Medellín  asumió  el  conocimiento  del  juicio  y  después  de  celebrar  la  audiencia  pública  de juzgamiento, profirió el 1º junio de 2006 la sentencia  condenatoria objeto de impugnación.   

LA DECISION  IMPUGNADA  

Para el tribunal son tres las irregularidades  que  se vislumbran en la sentencia emitida el 12 de septiembre de 2002 por parte  del  Juez  JULIO LEON ESCOBAR CASTAÑEDA: la primera de ellas, consiste en haber  ignorado  uno  de  los cargos que imputó la fiscalía  y aceptó Darío de  Jesús  Sepúlveda  respecto  del  delito  de  tráfico  de  estupefacientes; la  segunda,  está referida a la aplicación errónea del artículo 43 de la Ley 30  de  1986  por  favorabilidad, pues los acontecimientos por los cuales se juzgaba  al  procesado habían acaecido el 3 de agosto de 2002 cuando ya se encontraba en  vigencia  la Ley 599 de 2000, y la última, derivada de la manera errática como  el     juzgador     valoró     la     prueba     para     efectos     de     la  sentencia.        

a-  El  primer aspecto lo extrae del estudio  comparado  que  hace  del  acta de formulación de cargos y la sentencia, habida  cuenta  que en el primer documento expresamente se señaló que Darío de Jesús  Sepúlveda  debía  responder por las conductas de tráfico de estupefacientes y  tráfico  de  sustancias  para el procesamiento de narcóticos, previstos en los  artículos  376,  inciso  1º  y  382  inciso º1 del Código Penal,  “Esto  dado que confesó que la tabla  con  cocaína  con  un  peso  de  2.500  gramos encontrada en el parqueadero del  señor  JAIME  LEON ROLDAN  RESTREPO en la carrera 70 A No. 51 – 30, también le pertenece a él y la  dejó   allí  para  que  se  la  guardara,  más  setenta  gramos  de  cocaína  encontradas  en la carrera 70 C No. 81 –  158,  residencia  ocasional  suya,  según dice, donde además se  incautaron  los insumos químicos de uso restringido ….(f. 135 y 136 del anexo  7)”.    

Como  de cara a las precedentes imputaciones  Darío    de    Jesús   Sepúlveda   manifestó   que   aceptaba   “los  cargos  de  los insumos y la de los ensayos”,  para  el  Tribunal  era  evidente  que  el  Juez no podía ignorar  olímpicamente  el  delito  de  tráfico  de  estupefacientes  en la providencia  objeto de cuestionamiento.   

Para la Colegiatura esta anomalía le otorga  al  referido  fallo  el  carácter  de manifiestamente contrario a la Ley que es  propio  del  delito  de  prevaricato,  pues  de  acuerdo  con  el  contenido del  artículo  40 del Código de Procedimiento Penal, cualquier juez penal, frente a  unos  cargos  previamente  aceptados,  sólo  tiene  dos alternativas a saber: o  dicta  “sentencia  de  acuerdo  con  los  hechos  y  circunstancias  aceptadas”, o, declara la nulidad de  lo  actuado en caso de hallar alguna violación de las garantías fundamentales,  para que se subsane la irregularidad que advierta.   

Bajo tal premisa, destaca que lo inferido de  la  lectura  del  fallo  materia de polémica es que el juez optó decididamente  por  la  primera  alternativa,  pues en la hoja 6 de la providencia textualmente  escribió:  “el  fallo que se profiera, que deberá  ser  condenatorio,  se  funda  en  los  hechos y circunstancias aceptados por el  procesado  conforme  al  acta  debidamente suscrita por el mismo”.      

b-  Frente  al segundo punto, esto es, haber  aplicado  por  favorabilidad  el  artículo  43  de  la  Ley  30 de 1986 y no la  disposición  contenida  en  el  articulo  382  de la Ley 599 de 2000, aduce que  también  es  palmaria la trasgresión manifiesta de la Ley, pues es patente que  los  allanamientos  donde  se  encontraron  los insumos y droga se efectuaron el  3 de agosto de 2001, hallazgo  que  fue  el  que  determinó   la  captura  del señor Sepúlveda y demás  procesados.  Fecha  que por cierto, acota, está presente como elemento temporal  en  la  valoración  jurídica  del  comportamiento  en  todas y cada una de las  actuaciones  adelantadas  en  el  proceso  en  cuestión,  incluso  en  la misma  sentencia dictada por el doctor ESCOBAR CASTAÑEDA.   

c- Pasando al tema del análisis probatorio,  considera  que  su  ilegalidad se desprende de las dos premisas anteriores, toda  vez  que  no  empece existir en el proceso pruebas que demostraban la existencia  del   ilícito  de  tráfico  de  estupefacientes,  el  operador  judicial,  sin  fundamento  crítico  alguno  lo  desechó  para terminar condenando por un solo  injusto  típico, respecto del cual, además, aplicó fue la norma derogada y no  la   vigente   para   la   época  de  su  realización.       

En  tales términos, estima que el sindicado  ignoró  sin  ninguna  razón  expresa  los  múltiples  elementos de juicio que  obraban  en  la  actuación  y acreditaban las circunstancias de tiempo, lugar y  modo  del suceso, deduciendo una favorabilidad inexistente, y contrario a lo que  había  anunciado  al  inicio  de  la  sentencia, terminó dictando un proveído  completamente alejado de la realidad procesal.   

2-    Para  la  primera  instancia  es  imposible  atribuir  el  comportamiento  del procesado a una simple negligencia,  por  cuanto  la  sucesión de anomalías en las que incurrió permiten descubrir  una  manifiesta  dirección  de su voluntad hacia el favorecimiento ilícito del  señor Sepúlveda Pérez.    

Añade  que para descubrir el dolo no resulta  desdeñable   reparar  en  la  postura  adoptada  por  el  acusado  en  la  fase  investigativa,  durante  la cual, forzando la verdad y la lógica hasta extremos  inadmisibles,   pretendió  convencer  a  la  fiscalía  que  su  sentencia  era  correcta,  para  lo  cual no vaciló, por ejemplo, en sostener que en el informe  de  incautación  de elementos no se advertía que a Darío de Jesús Sepúlveda  le  hubieran  hallado droga sino químicos, “lo cual  complemento  luego,  según  se  ve  a  fls  160,  con  un curioso y artificioso  análisis  sobre la no existencia de cocaína dentro de las tablas acrílicas de  surfing  incautadas,  lo  que  en  su injurada remató con la conclusión de que  “una   condena   ni   una   acusación   siquiera   se  puede  elaborar  sobre  presunciones”,  aserto  que  resulta  absolutamente  contrario  a la evidencia  procesal  obrante  en  el  proceso del señor Sepúlveda…”     Explicaciones que en sentir del juzgador, lo que ponen  en  evidencia  es una tendencia de justificar, a ultranza, lo injustificable, en  busca de obtener su exoneración en esta etapa procesal.   

Reflexiona  igualmente  sobre  la  eventual  existencia  de  una confusión en el procesado, derivada de la intervención del  defensor  en la diligencia de sentencia anticipada, en el sentido de solicitarle  al  juzgador  aplicar  el  artículo  382  y  no  el 376 del Código Penal, para  concluir   que  la  decisión  consecuente  en  estricto  derecho  hubiera  sido  entonces,  la  de una nulidad parcial del acta por la eventual violación de las  garantías  fundamentales,  pero  nunca,  el  desconocimiento de la imputación,  circunstancia  que  imposibilita  otorgar  el  beneficio  de  la  duda, esto es,  admitir  que  se  trató  de  una  negligencia  y no de la manifestación de una  voluntad consciente dirigida a actuar en forma contraria a la ley.   

   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN:  

El defensor inicia su disertación esgrimiendo  dos  motivos de inconformidad con la decisión: uno, la equivocada articulación  probatoria  que  le permitió al Tribunal concluir la existencia de una conducta  dolosa  para  emitir  condena, y dos, el aumento de la pena en seis meses por la  gravedad de la conducta.   

Refiriéndose   al   primer  planteamiento,  señaló  que  la  fecha impresa por la fiscalía en la carátula del expediente  como  la  utilización de plantillas, sí pueden hacer incurrir en error al juez  por  la  premura en el proferimiento de la sentencia, pues no debe olvidarse que  en   el   estrado   judicial  existen  ejemplos  numerosos  de  esa  situación.   

Añade que la expresión consignada en el acta  de  aceptación  de  cargos  por  parte  de  Darío  de Jesús Sepúlveda, en el  sentido  que  la misma no incluía los 70 gramos hallados en su residencia, pudo  llevarlo a cometer esa equivocación.   

Para  el  recurrente,  el  juez  colegiado no  brindó   ninguna   razón  en  su  argumentación  en  cuanto  a  los  aspectos  estructurales  del  dolo,  como son “el conocimiento  previo  con  el  sindicado, razones profesionales o familiares para ese supuesto  favorecimiento  o lo que es aún más grave,  razonamiento o argumentación  claro,  lógico  y  convincente  de  la  existencia  de  algún móvil ya sea de  carácter,      social,      familiar      o     económico”,     circunstancia  que en su criterio hace imposible afirmar con certeza  que  su  defendido  actuó  con  la  firme  intención  de contrariar la ley por  favorecer a quien ni siquiera conocía.   

Es  así,  como  insiste  en  el hecho que la  conducta  de  JULIO LEON ESCOBAR CASTAÑEDA fue equivocada pero no dolosa, pues,  además,   se  demostró  positivamente  que  nunca  recibió  una  dádiva  del  sindicado,  y  lo  más importante, que jamás existió un aumento injustificado  de su patrimonio.   

Las anteriores razones lo llevan a solicitar a  la  Sala,  revocar  la  sentencia  condenatoria  por la dubitable existencia del  dolo, elemento que es propio de la figura delictiva.   

Finalmente,  objeta  la  pena  impuesta  a su  poderdante  de  42  meses,  con  el  planteamiento  que la gravedad del hecho va  implícita  en  el quantum mínimo del tipo, es decir en los 3 años, por lo que  en  su  criterio  no procedería aumentarla en 6 meses como lo hizo el tribunal,  pues ello constituye una doble agravación.   

Con  apoyo  en esa tesis, solicita revocar el  aumento  fijado por encima del mínimo de 36 meses y en consecuencia conceder el  subrogado de la condena de ejecución condicional.   

CONSIDERACIONES  

De  acuerdo  con   lo  dispuesto  en  el  artículo  204  de la Ley 600 de 2000, la Sala se ocupará exclusivamente de los  motivos  de disenso expuestos por el impugnante frente al fallo proferido por el  Tribunal Superior de Medellín. Veamos:   

1-    El    aspecto    objetivo   de   la  conducta   

Es un hecho comprobado que ante una solicitud  del  sindicado  Darío  de Jesús Sepúlveda de acogerse a sentencia anticipada,  el  24  de  septiembre de 2001 la Fiscalía Delegada ante los Jueces Penales del  Circuito  de  Medellín le formuló cargos por los delitos de  tráfico,   fabricación   o  porte  de  estupefacientes  -artículo 376 inciso 1º- y tráfico      de      sustancias      para      procesamiento     de  narcóticos  –artículo 382 inciso 1º-.   

Estos    ilícitos   estaban   soportados  –el   primero-   en  el  descubrimiento  de  cocaína  base  en  una tabla acrílica para la práctica de  surfing,  la  cual  fue  encontrada  en  el  parqueadero  del señor Jaime León  Roldán   Restrepo  ubicado  en  la  carrera  70  A   No.  51  – 30, más 78 gramos de igual sustancia  hallados  en  la  carrera  70  N  81  –  58, y -el segundo- en el hallazgo en la segunda residencia de once  (11)  canecas  plásticas que contenían cada una 20 litros de acido sulfúrico,  tres  (3)  canecas  con igual capacidad que contenían ácido clorhídrico y dos  (2) canecas de las mismas características con amoníaco.   

Frente  a  esta  realidad  procesal el doctor  JULIO  LEON ESCOBAR CASTAÑEDA, un año después de la audiencia de formulación  de  cargos,  el 24 de septiembre de 2002 profirió sentencia condenatoria por el  punible  de  conservación de sustancias precursoras o  químicos     para     el     procesamiento     de     cocaína     –   artículo  43  de  la  ley  30  de  1986-, ignorando el tráfico,  fabricación o porte  de estupefacientes.   

Confrontando el material probatorio que obraba  en   la  actuación  con  el acta de formulación de cargos y la sentencia,  fácilmente se extraen las siguientes conclusiones:   

a-  Que el juez desapareció por arte de  magia  el delito de trafico de estupefacientes que estaba debidamente sustentado  en  la  prueba  legalmente  aportada  al  proceso, pues, además de haber sido a  través   de   un  allanamiento  que  se  descubrió  la  sustancia  debidamente  identificada  como  cocaína, el sindicado desde su primer intervención atestó  que  se  “dedicaba a hacer unos ensayos de meter una  mercancía,   o   sea   base   de  coca,  en  una  resina  acrílica3”  y  que  efectivamente una de las tablas encontradas en  el  garaje  del señor Jaime Roldan había sido llevada por él y contenía base  de coca.   

Súmese  a  lo  dicho  que  Darío  de Jesús  Sepúlveda  manifestó  en  la  diligencia  de sentencia anticipada que aceptaba  “los   cargos   de   los   insumos  y  la  de  los  ensayos”   

El  funcionario  no  obstante  decir  en  el  proveído   que   el   fallo   condenatorio   que  profería   “se  fundaba  en  los  hechos  y  circunstancias aceptados por el  procesado  conforme a el acta debidamente suscrita por el mismo, al igual que en  las  pruebas  legales,  regulares  y oportunamente allegadas al informativo, con  las  que  llega  el fallador a la certeza  del hecho punible, como también  sobre    la    responsabilidad    del    sindicado4”,        de  manera  sorpresiva  condenó  únicamente por el ilícito que se  refería a la conservación de sustancias precursoras.   

Al  tenor  del  artículo  40  del Código de  Procedimiento  Penal,  una vez se formulen los cargos por el fiscal y se acepten  por  el  procesado,  el  juez “dictará sentencia de  acuerdo  a  los  hechos  y  circunstancias aceptadas, siempre que no haya habido  violación de garantías fundamentales”.   

El   acta  de  formulación  de  cargos  es  intangible,  pues  ni  el  fiscal  ni  el  juez tienen competencia para variar o  adicionar   la   acusación,  esto  es,  para  introducir  modificaciones  a  la  imputación  hecha  y  aceptada.  El  juzgador  por  lo  tanto,  deberá  dictar  sentencia  conforme  a  los  hechos y circunstancias aceptados, debiendo existir  congruencia  entre  aquella   providencia  y  el  acta  de  formulación  y  aceptación  de  cargos. La incompetencia del juez para variar la acusación, no  obsta  para que como supremo garante de la legalidad pueda anular la citada acta  cuando  advierta  que se violaron las garantías fundamentales o que en la misma  se    incurrió    en    error    en    la   denominación   jurídica   de   la  infracción5.   

Estas  premisas  obligaban  al director de la  causa  a emitir un pronunciamiento, bien condenando o declarando una nulidad, en  el  evento  de  observar alguna violación de las garantías fundamentales, pero  jamás  absolviendo,  que  fue  tácitamente lo que aconteció en el caso que se  sometió  a  consideración  del procesado, pues no obstante estar acreditada la  comisión  del  punible,  la  responsabilidad  del  sindicado  y el allanamiento  efectuado   por  el  incriminado,  nada  dijo  el  juez  sobre  el  tráfico  de  estupefacientes, quedando así en la total  impunidad.   

Es  tan  claro  lo  que  decía  el  material  probatorio   como   la   resolución  de  situación  jurídica  y  el  acta  de  formulación  de  cargos  en  el  sentido  de  identificar cada una de las   sustancias    halladas    en    la    carrera   70   A   No.   51   –  30  y  en  la  carrera  70  C No. 81  –   58,   que   resulta  imposible  admitir  que fue ésta última pieza procesal la que hizo incurrir en  error  al  operador  por  su supuesta falta de claridad, cuando si se examina la  misma  en  la  parte  pertinente  reza: “La conducta  punitiva  por la cual debe responder el señor DARÍO DE JESUS SEPULVEDA TORO es  la  imputable  en un concurso de delitos (Art. 31 del Código penal) de tráfico  de   estupefacientes   y   tráfico  de  sustancias  para  el  procesamiento  de  narcóticos,  previstos  en  los  artículos 376 , inciso 1º y 382 inciso 1 del  Código  Penal….  Esto dado que confesó que la tabla de cocaína, con un peso  de  78 gramos encontrada en el parqueadero del señor JAIME LEON ROLDAN RESTREPO  en   la   carrera   70   A   No.  51  –  30,  también  le pertenece a él y la dejó allí para que se la  guardara,  más  70  gramos  de  cocaína  encontradas en la carrera 70 C No. 81  –   158,   residencia  ocasional  suya,  según dice, donde además se incautaron los insumos químicos  de uso restringido. ..”    

Efectivamente,  puede  advertirse  que cuando  Darío  de  Jesús  Sepúlveda aceptó los cargos de los ensayos se refirió fue  al  hallazgo  de  droga  en  una  tabla de surfing que se encontró en el garaje  ubicado  en  la  carrera  70  A No. 51 –  306,   y no a los 70 gramos descubiertos en una bolsa de plástico  color negro en el lugar de su residencia.   

De hecho, la negación de esos 70 gramos para  nada  variaban el cargo y la calificación, ya que aceptándolos o no, lo único  viable  era  dictar  sentencia por el resto de la sustancia hallada, la cual, se  insiste,    el    incriminado    reconoció    como   suya   desde   su   primer  injurada.   

Cabe  asimismo  destacar,  que  a  través de  inspección   llevada  a  cabo  el 18 de marzo de 2005 en las instalaciones  del   Juzgado   Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Medellín,  el  instructor  pudo  constatar  que  este  era  el  único  fallo que revestía tal  característica,  pues  revisadas  las  sentencias anticipadas proferidas en los  años  2001,  2002  y  2003,  en  ninguna  se  observó  que  hubiera tomado una  decisión                  parecida7.   

No es de recibo tampoco la excusa que presenta  el  defensor  en cuanto a que fue la premura en el proferimiento de la sentencia  lo  que privó a su prohijado de disponer de un tiempo necesario para el estudio  del  expediente,  pues  la  Sala  resalta  que  JULIO LEON ESCOBAR CASTAÑEDA se  demoró  once  meses  en proferir la sentencia, cuando la ley otorga un plazo de  10  días  hábiles  para  ello;  luego no puede ahora alegar lo que a la postre  resulta perjudicándolo.   

b-  Las  diligencias  de  allanamiento en las  cuales  fueron  halladas  los elementos anteriormente descritos se realizaron el  3  de agosto de 2001, cuando  ya  se encontraba en rigor la ley 599 de 2000, motivo por el cual, no era viable  aplicar  el  artículo  43  de  la  ley  30  de  1986  sino  el  artículo  382.   

De  conformidad  con  el  artículo  29 de la  Constitución  Política  y  6º del Código Penal, nadie puede ser juzgado sino  conforme  a  leyes preexistentes al acto que se le imputa, de tal modo que en el  caso  que concitaba la atención del ex funcionario, la ley aplicable era la 599  de  2000,  artículo  382,  habida  cuenta  que el hallazgo de las sustancias se  produjo durante su vigencia, esto es, el 3 de agosto de 2001.   

De  hecho,  llama  la  atención  cómo si el  fiscal  nunca  hizo  alusión  a  la  temática  de  la  favorabilidad,  el juez  -motu   proprio-   hubiera  reconocido  este  derecho,  según  sus palabras, por haberse fijado en la fecha  que      mostraba      la      carátula     del     expediente     –  29  de  mayo  de  2001- y  no  en  aquella   -3  de agosto de  2001-  que se relacionaba en las actas de allanamiento  y  registro,  actas  de  incautación  de  los  elementos, informes de policía,  resolución  que  definía  la  situación  jurídica,  y  hasta  en  su  propia  decisión,  pues  textualmente trasladó los supuestos fácticos allí relatados  para  ceñirlos  en el aparte pertinente al caso de Darío de Jesús Sepúlveda,  así:  “El  día  3  de agosto pasado se realizaron  simultáneamente       las       diligencias       mencionadas      –  se  refiere  a  los  allanamientos-  produciéndose  las  capturas de …..   DARIO SEPÚLVEDA PEREZ,   a algunos de los cuales se les decomisó droga estupefaciente.”   

En   tales   condiciones,   no   constituye  justificación  para  la  Sala que la carátula del expediente fuera la culpable  de  la  confusión  del  operador  judicial,  pues  todas  las piezas procesales  gritaban   claramente  que  los  hechos  objeto  de  sentencia   anticipada  ocurrieron  el  3  de  agosto  de  2001  y  no  el  29 de mayo como lo acotó el  juzgador.   Aparte  que  resulta  sumamente  extraño  e  inusual, buscar y  verificar  la  fecha  de los acontecimientos en la carátula, cuando se sabe que  la   misma   aporta   es   una   información   atinente  a  la  identificación  administrativa   del   expediente,   relativa  especialmente  a  su  número  de  radicación, nombre del sindicado y el delito.   

Esta actuación, obviamente ilegal, permitió  inaplicar  la  sanción  que  registra  el artículo 382 del Código Penal   para   el   delito  de  tráfico  de  sustancias  para  procesamiento   de  narcóticos:  seis  (6)  años  de  prisión.   

c-  Pero  hay más: existe una situación que  pasó  totalmente inadvertida por la Fiscalía y el Tribunal, la Sala se refiere  al  texto  de  la  previsión legal que contiene el artículo 43 de la ley 30 de  1986:  “Posesión de elementos para el procesamiento  de   narcóticos”.  Ciertamente  cuando  el  doctor  ESCOBAR  CASTAÑEDA  procedió  a  transcribir  la norma, consignó:     

“El  que  ilegalmente  tenga  en su poder  elementos  que  sirvan  para  el  procesamiento  de cocaína o de cualquier otra  droga  que produzca dependencia, tales como: éter etílico, acetona, amoníaco,  permanganato   de   potasio,   carbonato  liviano,  ácido  clorhídico,  ácido  sulfúrico,  diluyentes,  disolventes  u  otras  sustancias  que según concepto  previo  del  Conseja  Nacional  de Estupefacientes se utilicen con el mismo fin,  incurrirá  en  prisión  de dos  (2) a cinco (5)  años y ….”   

Sin embargo, esta disposición fue modificada  el  21  de  febrero  de  1997 a través del artículo 20 de la Ley 365, quedando  así:   

“El  que ilegalmente introduzca al país,  así  sea  en tránsito, o saque de él, transporte, tenga en su poder elementos  que  sirvan  para  el  procesamiento  de  cocaína o de cualquier otra droga que  produzca   dependencia,   tales   como:   éter  etílico,  acetona,  amoníaco,  permanganato   de   potasio,   carbonato  liviano,  ácido  clorhídico,  ácido  sulfúrico,  diluyentes,  disolventes  u  otras  sustancias  que según concepto  previo  del  Conseja  Nacional  de Estupefacientes se utilicen con el mismo fin,  incurrirá  en  prisión  de  tres  (3)  a  diez  (10)  años y ….”   

Mírese como con la modificación introducida  por  la  ley  365 de 1997,  la nueva disposición preveía una pena mínima  de  3  años,  de  tal  suerte  que,  si  en gracia de discusión se aceptara la  existencia  de  una  equivocación  en  cuanto  a la aplicación de la ley 30 de  1986,  la  providencia  también  resulta  manifiestamente  contraria,  pues  el  entonces  Juez  Especializado  puso  a  decir a la norma en el año 2002, lo que  ella  no  decía  desde  el  21  de  febrero  de  1997 en materia de pena.    

d-   Y  no bastando con esto, JULIO LEON  ESCOBAR  CASTAÑEDA   procedió a fijar en la parte resolutiva una sanción  de  16  meses  de  prisión  contra  Darío  de  Jesús  Sepúlveda, cuando en la considerativa había dejado  sentado  que  la  pena  que procedía después de la rebaja por el acogimiento a  sentencia    anticipada,    era    20    meses   de  prisión.     

Resumiendo,  este  único  hecho que en otras  condiciones  habría  tenido  como  mínimo  una  pena  de 4 años o 48 meses de  prisión,   en  el caso de Darío de Jesús Sepúlveda quedó convertida en  1 año y 4 meses, sanción francamente irrisoria.   

e-  En  conclusión,  puede aseverarse que la  sentencia  que  emitió  JULIO  LEON  ESCOBAR  CASTAÑEDA el 12 de septiembre de  2002,  no  contiene  un  enfoque  racional del problema debatido, pues no estuvo  sostenida  en  una  apreciación razonada de los medios de prueba que confluían  en  la  actuación,  como tampoco en normas positivas vigentes, siendo todos los  anteriores  razonamientos  los  que  permiten  catalogarla  como manifiestamente  contraria a la ley, es decir, ostensiblemente ilegal.   

2-    El   aspecto   subjetivo  de  la  conducta    

Dice  el  sindicado en su intervención en la  diligencia  de  audiencia  pública, que si bien conocía y conoce la existencia  de  la  conducta  delictiva,  su  voluntad  nunca estuvo orientada ni dirigida a  cometerla,  razón  que  lo  lleva  a  concluir  que  su  comportamiento  no fue  doloso.   

Esta  petición  fue recogida en su totalidad  por  el  defensor  en  el  escrito  de impugnación con el objeto de obtener una  absolución.   

Sin embargo, la Sala despachará negativamente  ese  pedimento,  por  percibir  en  el  proceso  prueba  indicativa  de  que  el  propósito  del  doctor ESCOBAR CASTAÑEDA fue el de desconocer a todas luces la  ley.   

Si se lee con detenimiento la providencia y se  confronta  con el haz probatorio que obraba en la actuación, se llega sin mucho  esfuerzo  a  una deducción: la sentencia elaborada por el entonces Juez Tercero  penal  Especializado  del  Circuito  de Medellín tenía un solo fin, beneficiar  a     Darío    de    Jesús   Sepúlveda   con   la   concesión   de   la  libertad.   

Esta  conclusión  concretamente  refulge del  análisis  en  conjunto  de  todas  las  anomalías detectadas en la providencia  emitida  el  12  de  septiembre  de 2002 por el funcionario judicial, en íntima  correspondencia  con  la  determinación adoptada siete días después, el 19 de  septiembre,  fecha  en  la  cual,  el  entonces  Juez  Tercero  Especializado le  redimió  por trabajo a Darío de Jesús Sepúlveda, cuatro meses y quince días  como  parte cumplida de la pena impuesta, le concedió la libertad, y ordenó el  archivo del expediente por pena cumplida.   

Si  bien  podría  decirse  que  esta  era la  consecuencia  obvia de la determinación adoptada en la sentencia anticipada, no  puede  pasarse por alto que la libertad inmediata e incondicional obedeció a la  pena  que  consignó  el  administrador  de  justicia en la parte resolutiva -16  meses-,  hecho  que  incidió  notoriamente  en  la  determinación  del  19  de  septiembre  de  2002,  pues  si  se  hubiera  tenido  en  cuenta la sanción que  establecía  la  considerativa-  20 meses-, el beneficio no habría procedido en  ese  momento  en  la  medida  que  el  reo  llevaba 13  meses y 15 días de  privación efectiva de la libertad.   

Es del camino que recorre el ex funcionario en  la  providencia  que  aflora  su  intención  de dejar en libertad al procesado.  Mírese  que  tras  ignorar  el  cargo  que  hacía  la  fiscalía  y aceptó el  sindicado  por  el delito de tráfico de estupefacientes, procedió a aplicar la  ley  30  de  1986 por favorabilidad, cuando los hechos sucedieron en vigencia de  la  ley  599  de  2000-  artículo  382- que hacía la conducta más gravosa, al  tiempo  que  puso  a  decir  al  artículo  43 de la ley 30 de 1986 una pena que  había  desaparecido  desde 1997, y luego, fijó una sanción que sustituyó por  una  menor  en  la parte resolutiva; determinaciones que le permitieron conceder  un  subrogado  que  legalmente  no  procedía,  y  posteriormente,  otorgar  una  libertad   inmediata   e   incondicional   con  sustento  en   la  sanción  definitiva.   

Cada una de las irregularidades enunciadas es  independiente,  nada tiene que ver una con la otra, en otras palabras, no existe  un  enlace  fáctico  ni jurídico entre ellas que permita sostener que un error  originó  en  cadena  los otros, ciertamente, cada actuación vulneró de manera  aislada y trascendental disposiciones diferentes.   

Tal y como puede observarse, es imposible que  esta  sucesión  de  ilegalidades sea fruto de una equivocación, de hecho,  son  todas  ellas  las  que  permiten  pregonar  la  manifiesta dirección de la  voluntad  del  sindicado  hacia el favorecimiento ilícito de Sepúlveda Pérez,  pues  dentro  del  plenario  no  existe  ninguna razón para que el Juez hubiera  pasado  inadvertida  la  aceptación  del delito de tráfico de estupefacientes,  tampoco   la   hay  para  que  hubiera  deducido  de  oficio  una  favorabilidad  inexistente,    ni    menos    aún    para    partir   de   una   pena   de   2  años.      

La  experiencia del doctor ESCOBAR CASTAÑEDA  de   ocho años en el cargo de Juez Especializado en la ciudad de Medellín  donde  diariamente  se  manejan  estos  temas,  impide  también predicar que el  acusado   haya   actuado   sin   querer   la   realización   de   la   conducta  punible.   

Súmese,   que   el   asunto  no  revestía  complejidad  alguna,  el  juez  estaba frente a unos hechos diáfanos, un acervo  probatorio  legalmente  recaudado,  una  imputación  clara  y  aceptada  por el  sindicado,   y  unas   disposiciones  que  no  ofrecían  la  más  mínima  dificultad para su aplicación.    

Si bien durante la actuación no se descubrió  cuál  fue  el  móvil  que  llevó al doctor ESCOBAR CASTAÑEDA a actuar de esa  manera,  esta  situación  para  nada  desdibuja  o  desecha el dolo, el cual se  encuentra debidamente fundado en las explicaciones expuestas.   

3-   La  pena   

En  punto  a  la  dosificación  punitiva, la  defensa  estima  que  el  aumento de la pena en seis meses por la gravedad de la  conducta   va  implícito  en  el  mínimo  que  fija el legislador para el  delito   de   prevaricato   por   acción,  constituyendo  dicha  decisión  una  doble  agravación.   

De  cara a este planteamiento, en réplica se  dirá   que   el   juzgador   de  primera  instancia  cumplió  a  cabalidad  el  procedimiento  que  establecen  los artículos 60 y 61 del código represor para  efectos  de  tasar la pena. Conforme a esos lineamientos, una vez estableció el  marco  punitivo lo dividió en cuartos para desplazarse en el primer rango -36 a  51  meses-  donde  tuvo  en cuenta los criterios del inciso 3º del artículo 61  ibidem,    ponderando  “la   gravedad   de   la  conducta”,  desde  la  perspectiva  que  mediante la comisión del ilícito de  prevaricato  se  permitió  la  liberación  de  un  miembro  del  narcotráfico  organizado.   

Esta forma de fijar la pena se ajusta a lo que  dice  el  legislador,  y por tanto no existe ninguna “doble agravación” con  el  aumento  de  seis  meses a la sanción mínima, por lo que se confirmará el  fallo impugnado.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad  de la Ley,   

RESUELVE:  

    

1. Confirmar la sentencia condenatoria  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Medellín contra el doctor JULIO LEON  ESCOBAR CASTAÑEDA, recurrida por su defensor.     

    

1. Contra este fallo no procede recurso alguno     

Cópiese,   cúmplase,   notifíquese   y  devuélvase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN           

MARINA        PULIDO        DE  BARON                      JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANES               

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA               

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                             JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria.  

    

1 “El  que  ilegalmente  introduzca  al  país,  así sea en tránsito, o saque de él,  transporte,  tenga  en  su  poder  elementos que sirvan para el procesamiento de  cocaína  o  de cualquier otra droga que produzca dependencia, tales como: éter  etílico,  acetona,  amoníaco,  …..,  disolventes u otras sustancias que  según  concepto  previo del Conseja Nacional de Estupefacientes se utilicen con  el  mismo  fin,  incurrirá  en prisión de tres (3) a  diez (10) años y ….”   

2 “El  que  ilegalmente  introduzca  al  país,  así sea en tránsito, o saque de él,  transporte,  tenga  en  su  poder  elementos que sirvan para el procesamiento de  cocaína  o  de cualquier otra droga que produzca dependencia, tales como: éter  etílico,  acetona,  amoníaco,  ….  disolventes u otras sustancias que según  concepto  previo  del  Conseja  Nacional  de  Estupefacientes se utilicen con el  mismo  fin,  incurrirá  en  prisión seis  (6) a  diez (10) años y ….”   

3 Fol.  225 del cuaderno de anexo 6   

4 Fol.  126 del cuaderno original 1   

5 Corte  Suprema  de  Justicia.  Casación  Penal,  sentencia  de  junio  10  de  1998, y  sentencia del 13 de febrero de 2003, Rad. 13733. entre otras.   

6 Fol.  122 del c.a. 6   

7  Textualmente  en  el  folio  490  del  c.o.  1  aparece la siguiente anotación:  “Revisadas  y  examinadas todas las sentencias que se acaban de relacionar, se  constata  que  en  ninguna  de  ellas  el  doctor JULIO LEON ESCOBAR CASTAÑEDA,  absolvió  o  se  abstuvo de condenar por alguno o algunos de los delitos que el  sindicado  aceptó en la diligencia de formulación y aceptación de cargos para  sentencia anticipada.”     

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