25766(03-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 25766  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         Magistrado Ponente:   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado  Acta  No.  63   

Bogotá     D.    C.,    tres (3) de mayo de dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  el  recurso de apelación  interpuesto  por  el  implicado ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO, quien desempeñó el  cargo  de  Juez Primero Penal del Circuito de Bogotá, y por su defensor, contra  la  sentencia  de  primera instancia del 26 de abril de 2006, a través del cual  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá condenó a dicho funcionario judicial por el  delito   de   prevaricato   por  acción,  al  conceder  la  libertad  a  un implicado en un proceso penal,  quien    había    instaurado    una    acción    pública    de   hábeas corpus.   

HECHOS  

Con  memorial  del 24 de abril de 2002, las  magistradas  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de Bogotá, María del  Rosario  González  de  Lemos,  Graciela  Ciro  de  Gallardo y el magistrado Max  Alejandro   Flórez   Rodríguez,  denunciaron  ante  la  Unidad  de  Fiscalías  Delegadas  ante  esa  corporación,  al doctor ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO, quien  desempeñaba    el    cargo    de   Juez   Primero   Penal   del   Circuito   de  Bogotá.   

Centraron  la  denuncia  en  que  el doctor  HERNÁNDEZ    SERRANO,  concedió    la    acción   pública   de   hábeas  corpus al ciudadano Oscar Hernando Romero Latorre: i)  con  el  argumento  consistente  en  que  se  había  prolongado  ilegalmente su  privación   de   la  libertad,  por  el  incumplimiento  de  una  sentencia  de  tutela, que ordenaba anular  el   proceso   penal   que   lo  vinculaba;  ii)  desconociendo  que  frente  al  incumplimiento  de  una  orden  de  tutela  debe  adelantarse  el  incidente  de  desacato;   y   iii)  a  sabiendas  de  que  Romero  Latorre  tenía  medida  de  aseguramiento  vigente,  que  había sido condenado en las dos instancias por el  delito  de  homicidio  y  cuando  el  recurso  de  casación  interpuesto por su  defensor  se  encontraba  en  trámite;  todo  lo  cual  tornaba improcedente su  liberación a espaldas del proceso penal.   

ANTECEDENTES  

Para la cabal comprensión de los hechos que  motivaron  la  denuncia  contra  el  Juez Primero Penal del Circuito de Bogotá,  ARMANDO    HERNÁNDEZ    SERRANO,    se    estima    pertinente    referir    lo  acontecido    en   tres  actuaciones  procesales  distintas: i) en el proceso penal contra Oscar Hernando  Romero  Latorre; ii) en sendas acciones de tutela instauradas por este ciudadano  y  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá; finalmente, iii) en el trámite de la  solicitud     de     hábeas    corpus, antes mencionado.   

Posteriormente  se aludirá a las denuncias  penales a que dieron lugar tales actuaciones.   

I.  EL  PROCESO PENAL CONTRA OSCAR HERNANDO  ROMERO LATORRE   

1.1  El  4 de diciembre de 1998, en la vía  que   de   esta   capital   conduce   al   municipio   de   Choachí,  fue  encontrado  el  cadáver  de  un  hombre,  que  según  el  protocolo  de necropsia correspondía a una persona joven que presentaba huellas  de  quemaduras post mortem y  signos de acción depredadora.   

1.2  Agotadas  a  cabalidad  las  fases  de  instrucción  de  la  causa,  mediante  sentencia  del  18 de agosto de 2000, el  Juzgado  Treinta  y  Seis   Penal del Circuito de  Bogotá  condenó  a Oscar Hernando Romero Latorre, a  la  pena  principal  de  cuarenta  (40)  años  de  prisión  por  el  delito de  homicidio.   

1.3 Al desatar la apelación interpuesta por  el  defensor,  una sala de decisión penal del Tribunal superior de Bogotá, con  fallo  del  6  de marzo de 2001, confirmó íntegramente la sentencia de primera  instancia.   

1.4   Contra   la  sentencia  de  segundo  grado,  tanto  el defensor  como   el   representante  del  Ministerio  público  interpusieron  el  recurso  extraordinario  de  casación;  el cual fue concedido por auto del 14 de mayo de  2001.   

1.5  La  Sala de Casación Penal inadmitió  las  demandas,  el  16  de  mayo  de  2002,  por  no  satisfacer  los requisitos  inherentes        a       la       esencia        del        recurso  extraordinario (radicación  19125)1.   

II. LAS ACCIONES DE TUTELA  

2.1 Después de haber sido condenado en las  dos  instancias,  cuando  ya  se  había  concedido el recurso extraordinario de  casación,  pero antes de que esta Sala de la Corte inadmitiera las demandas, el  ciudadano  Oscar  Hernando  Romero Latorre interpuso acción de tutela contra el  Tribunal     Superior     de    Bogotá,    con    la    pretensión  de que se declare la nulidad de  todo        lo          actuado,   a    partir      de      la   definición    de  la   

situación  jurídica,  incluidas  las  sentencias  de instancia, aduciendo que es inocente,  que  las  pruebas  fueron  valoradas defectuosamente y que se vulneró el debido  proceso.   

El trámite de dicha acción de tutela tuvo  las siguientes incidencias:   

2.2 Mediante sentencia del 13 de diciembre  de  2001,  el Juzgado Sesenta y Uno Civil Municipal de Bogotá, cuyo titular era  el  doctor  Bedmar  Alonso  Martínez,  concedió  el amparo demandado por Oscar  Hernando Romero Latorre.   

En      consecuencia, ordenó anular todas las actuaciones  a   partir  de  la  definición  de  la  situación  jurídica,  incluyendo  las  sentencias  de  instancia; y concedió dos días al Tribunal Superior de Bogotá  para que “proceda de conformidad.”   

2.3    Inconformes    con    aquella  determinación,   los  integrantes  de  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de Bogotá actuaron así:  i)  se  abstuvieron  de  cumplirla,  por  falta  de  competencia,  debido a que ya se había concedido el  recurso  de extraordinario de casación, hecho que comunicaron al Juez Sesenta y  Uno  Civil  Municipal;  ii)  impugnaron  la  decisión  del mencionado Juez, por  considerarla  abiertamente  ilegal;  y iii) a su vez, instauraron una acción de  tutela  contra  el trámite de la anterior, por vulneración del debido proceso,  ya que no fueron notificados oportunamente.   

2.4  La  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Bogotá suspendió provisionalmente los efectos  de  la  sentencia de tutela emitida por el Juez Sesenta y Uno Civil Municipal; y  posteriormente,  con  sentencia  del  5  de  febrero  de 2002, tuteló el debido  proceso  de  los  integrantes  de  la  otra Sala de la misma corporación, en el  sentido  de  declarar  que  continúan  suspendidos  los efectos de dicho fallo,  hasta que resuelva la impugnación el Juez competente.   

2.5 Fue así como, al desatar la apelación  contra  la  sentencia  de  tutela  del 13 de diciembre de 2001, proferida por el  Juez  Sesenta  y  Uno  Civil Municipal, el Juzgado Tercero Civil del Circuito de  Bogotá,  con proveído del 4 de marzo de 2002, declaró la nulidad del trámite  de  tutela,  tras  verificar  que  no  se  integró  el contradictorio en debida  forma.   

2.6  Repetido  el  trámite,  nuevamente,  mediante  sentencia  del 1° de abril de 2002, el mismo Juez Sesenta y Uno Civil  Municipal  de  Bogotá (doctor Edmar Alonso Martínez  Sánchez),  con  idénticos  argumentos  que  en  la  primer  oportunidad,  tuteló  los  derechos de Oscar  Hernando  Romero  Latorre;  ordenó  anular todas las actuaciones a partir de la  definición  de la situación jurídica, incluyendo las sentencias de instancia;  y  concedió  dos  días  al Tribunal Superior de Bogotá para que “proceda de  conformidad.”   

2.7 Notificados de la sentencia de tutela,  los  magistrados  de  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Bogotá actuaron  así:  i)  reiteraron al Juez Sesenta y Uno Civil Municipal, que no era factible  cumplir  la  sentencia  de tutela, por cuanto el proceso penal adelantado contra  Oscar  Hernando  Romero  Latorre se encontraba en la Sala de Casación Penal, en  virtud  del recurso extraordinario; ii) dieron traslado del fallo de tutela a la  Sala  de  Casación  Penal,  para  su  conocimiento  y  fines  pertinentes; iii)  solicitaron  prórroga  del  término  para el eventual cumplimiento de la orden  impartida,  sin  perjuicio  de lo que decida la Sala de Casación Penal, por ser  la  competente  para  pronunciarse  en  el  proceso  penal; y además,  iv)  impugnaron la sentencia de tutela.   

El  Juez  Sesenta y Uno Civil Municipal de  Bogotá,  negó la solicitud de ampliación del término para el cumplimiento de  la  acción  de  tutela,  toda  vez  que la normatividad vigente no contempla la  posibilidad de prórroga.   

2.8  Al decidir la nueva impugnación, con  fallo  del  4 de junio de 2002, el Juzgado Tercero Civil del Circuito de Bogotá  revocó  en  su integridad la sentencia del 1° de abril de 2002, emitida por el  Juzgado  Sesenta  y  Uno  Civil  Municipal;  y  declaró  improcedente el amparo  solicitado  por  Oscar  Hernando  Romero  Latorre,  toda  vez  que  tenía  otro  mecanismo   jurídico   para   la   discusión   de  sus  pretendidos  derechos,  concretamente,  el  recurso extraordinario de casación que estaba en trámite a  la fecha de radicar la demanda de tutela.   

Cabe  recordar  que  la  Sala de Casación  Penal  inadmitió  las  demandas  de  casación,  el  16 de mayo de 2002, por no  reunir    los    requisitos    legales    (radicación   19125).   

III.  LA  ACCIÓN  PÚBLICA  DE  HÁBEAS  CORPUS   

La  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de  Bogotá      no      cumplió     –dentro  de  los  dos  días  siguientes-  la  segunda sentencia de  tutela  proferida  por  el  Juez  Sesenta  y  Uno  Civil  Municipal (la  del  1°  de  abril  de 2002), por  falta  de  competencia  para  declarar la nulidad de lo actuado, debido a que se  había   concedido   el  recurso  extraordinario  de  casación     ante    la    Corte    Suprema    de  Justicia.   

Aduciendo  lo anterior, el ciudadano Oscar  Hernando  Romero  Latorre,  con escrito del 19 de abril de 2002, promovió en su  propio   nombre   la  acción  pública  de  hábeas  corpus, trámite que se reseña así:   

3.1   La   petición   de   hábeas     corpus,     de    Oscar  Hernando  Romero  Latorre  se fundamenta de la siguiente manera:   

-.  hace  saber al Juez competente, que la  Sala  Penal del Tribunal Superior no cumplió la orden impartida en la sentencia  de  tutela, “por estar el proceso actualmente en la  Honorable  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  Penal,  para surtirse el recurso  extraordinario  de  casación”; y que por ello, la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior dio traslado de la sentencia de tutela a la  Corte  Suprema  de Justicia “Corporación que tiene  en     el     momento    la    competencia    sobre    el    proceso”.   

-.  Asegura  que  al iniciar la acción de  tutela,  “la causa se encontraba en el Honorable Tribunal Superior de Bogotá  –  Sala Penal…Por lo  tanto…no  debieron  haber  enviado  (en  forma  dolosa)  el  expediente  a  la  Honorable  Corte  Suprema  de  Justicia  Sala  de  Casación  Penal.” (sic).   

-.    Sostiene   que   “Con  el  derecho  constitucional  que  me  fue reconocido desde el  primero  (1)  de  abril  del  presente  año; la consecuencia lógica es que soy  acreedor  a  obtener  mi  libertad de locomoción.”  (Folio 1 anexo 1)   

Anexó copia de la sentencia de tutela del  1°  de  abril  de  2002  emitida  por  el Juez Sesenta y Uno Civil Municipal de  Bogotá;  y  del  memorial  impugnatorio  de  dicha  sentencia, suscrito por los  magistrados    de    la    Sala    Penal del Tribunal Superior de Bogotá.   

3.2  El día en que se radicó la acción  pública  hábeas corpus,  el  19  de  abril  de  2002, el Juzgado Primero Penal del Circuito de Bogotá, a  cargo  del  doctor ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO, solicitó información al Juzgado  Sesenta  y Uno Civil Municipal, a la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá  y a la Sala de Casación Penal. Todos respondieron el mismo día.   

-.  El Juez Sesenta y Uno Civil Municipal  de  Bogotá remitió copia auténtica de la sentencia de tutela del 1° de abril  de   2002,   y   confirmó   que   la   orden   impartida   aún  no  se  había  cumplido.   

–  Los  dignatarios  de la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de Bogotá informaron que por auto del 14 de mayo de 2001 se  concedió   el   recurso  extraordinario  de  casación;  enviaron  (en  244  folios)  copia  de  todo  lo  actuado  en  la acción de tutela promovida por Oscar Hernando Romero Latorre; y  confirmaron  que  “para la fecha del proferimiento  de   la   sentencia   de   tutela   –Abril  1°  de  2002-, la actuación era de competencia de la Sala  de   Casación   Penal   de   la   Corte,   y   que  por  ese motivo, se comunicó al juez el impedimento  para  dar  cumplimiento  a  la  orden  contenida  en el fallo, por imposibilidad  material y jurídica.”   

-.  La  Sala de Casación Penal comunicó  que  el  expediente contra Oscar Hernando Romero Latorre se encontraba en espera  de  la decisión sobre la admisibilidad de las demandas de casación2.   

3.3  Después de referirse a la petición  de  hábeas  corpus y al  trámite  impartido  a  la  misma, según lo antes reseñado, el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito de Bogotá, con proveído del 19 de abril de 2002, declaró  procedente  la  solicitud  y  concedió la libertad inmediata e incondicional al  ciudadano  Oscar  Hernando  Romero  Latorre,  con base en los fundamentos que se  sintetizan así:   

-.  Es  cierto que mediante sentencia del  1°  de abril de 2002, se tuteló el derecho al debido proceso de Romero Latorre  y   “se  ordenó  a  la  parte  accionada  nulitar  provisionalmente   todas  y  cada  una  de  las  actuaciones,  a  partir  de  la  definición  de  la  situación  jurídica del accionante, en lo que se incluyen  los  fallo  de  primera  y segunda instancia, evento para el que se concedió el  término  de  dos  días,  a  partir  de  la notificación del fallo.”   

-.  Mientras  se  tramitó  la acción de  tutela  de  Romero  Latorre  contra la Sala Penal, el proceso correspondiente se  encontraba   en   la   sede   del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  –Sala Penal-.   

-. Sin perjuicio de las razones expresadas  por  los magistrados de la Sala Penal para oponerse a la sentencia de tutela del  1°  de  abril  de  2002,  lo  cierto es que hasta la fecha de instauración del  hábeas    corpus,   han   transcurrido   más   de  15  días,  “sin que se  haya  dado  cabal  cumplimiento  a lo ordenado…independientemente de que dicho  pronunciamiento  esté  bien  o  mal, se traduce de contera en una situación de  prolongación  ilegal  del  derecho  a  la  libertad, que tiene el militante del  Hábeas Corpus”.   

-.  Cita  como jurisprudencia de apoyo la  Sentencia   T-262  de  1997,  en  la  cual  la  Corte  Constitucional  expresó:  “Los   sujetos   a   los   cuales   se  dirigen  las  órdenes  de  un  Juez,  sometidos como están al  imperio  de la constitución y de las leyes, y dada su obligación de respetar y  obedecer  a  las  autoridades,  deben atenderlas de inmediato, si piensan que el  Juez   no   podía   impartirlas,   según   normas  jurídicas  en  vigor,  tal  consideración   no   tiene   por   qué  obstruir  su  acatamiento.”   

-.  De manera que si no se ha cumplido la  orden  de tutela impartida por el Juez Sesenta y Uno Civil Municipal de Bogotá,  “devino  la  situación de prolongación ilegal de  libertad  del solicitante del Hábeas Corpus, pues de haberse cumplido la orden,  la  consecuencia  no  hubiera  sido  distinta  a la de la libertad inmediata del  accionante.”.   

-.  Si  “el  señor  Juez  de Constitucionalidad, el Juez 61 Civil Municipal de este Distrito  Judicial,  se  equivocó  o no en la determinación que tomó, no es situación,  que    pueda    incidir    sobre    el    derecho    fundamentalísimo    a   la  libertad…               independientemente   de  las  decisiones  que  sobrevengan  en  el  procedimiento de tutela.”   

-.   Como   lo   expresó   la   Corte  Constitucional  en  sentencia  No.  181 del 14 de abril de 1994, “el  fallo  de  tutela  es  de  cumplimiento  obligatorio, no puede  esperarse  a  una eventual revisión, con la esperanza, justificada o no, de que  sea modificada la decisión…”.   

Así,  el Juez Primero Penal del Circuito  de  Bogotá,  doctor  ARMANDO  HERNÁNDEZ  SERRANO,  concedió  el  hábeas  corpus a Oscar Hernando Romero  Latorre  y  expidió  la  boleta  de libertad, con destino a la Dirección de la  Cárcel Nacional Modelo, donde se encontraba detenido.   

IV. LAS DENUNCIAS PENALES  

4.1  Contra  el  Juez Sesenta y Uno Civil  Municipal de Bogotá, por lo decidido en la acción de tutela   

Inicialmente, con escrito del 22 de enero  de   2002   (folio   200  cdno.  Anexo),  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá presentó  denuncia  contra  el Juez Sesenta y Uno Civil Municipal de Bogotá, doctor Edmar  Alonso  Martínez  Sánchez, por el delito de prevaricato por acción. Hasta ese  momento,  había  proferido  la primera sentencia de tutela, es decir, la del 13  de  diciembre de 2001; y luego, después del largo trámite referido, emitió el  segundo  fallo,  el del 1° de abril de 2002, persistiendo en la orden de anular  el proceso penal.   

Por   los  anteriores  acontecimientos,  agotadas  a  cabalidad  las  fases  de  investigación  y  juzgamiento, mediante  sentencia  del  18  de  mayo  de 2004, la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  –distinta   por   supuesto   a   la  involucrada  en  las  acciones  de  tutela- condenó  a  Edmar Alonso Martínez Sánchez, por el delito de  prevaricato  por acción,  a  la pena de cuarenta y ocho (48) meses de prisión, al pago de multa por valor  de   cincuenta   y   cinco   (55)   salarios   mínimos   legales  mensuales,  a  inhabilitación  de  derechos  y  funciones públicas  por  setenta  (70)  meses; y le negó la suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

Al  desatar la apelación interpuesta por  el  procesado y su defensor, con fallo del 15 de septiembre de 2004 (radicación  22549),     la    Sala    de    Casación    Penal  confirmó   la   sentencia   impugnada,   con   la  modificación  consistente  en  fijar  la  pena  de  prisión en 44 meses, la de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas en 64 meses  y la de multa en 52 salarios mínimos legales   

4.2  Contra  el  Juez  Primero  Penal del  Circuito   de  Bogotá,  por  la  decisión  adoptada  en  trámite  de  hábeas  corpus   

Con memorial del 24 de abril de 2002, las  magistradas  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de Bogotá, María del  Rosario  González  de  Lemos,  Graciela  Ciro  de  Gallardo y el magistrado Max  Alejandro   Flórez   Rodríguez,  denunciaron  ante  la  Unidad  de  Fiscalías  Delegadas  ante  esa  corporación,  al doctor ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO, quien  desempeñaba  el  cargo  de  Juez Primero Penal del Circuito de Bogotá, por las  razones expuestas en el acápite de los hechos, esto es:   

-.  El  funcionario judicial adujo que se  había  prolongado  ilegalmente  la  privación  de  la libertad de Oscar  Hernando  Romero Latorre, por el  incumplimiento  de  una sentencia de tutela que ordenaba anular el proceso penal  que lo vinculaba.   

-. El Juez denunciado tenía conocimiento  de  los  problemas  suscitados  en desarrollo de la acción de tutela, sabía la  posición  de los magistrados de la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá,  y   estaba   informado  de  que  era  imposible  cumplir  la  orden  de tutela,  debido  a  que  a  partir  del  momento  en  que fue  concedido  el recurso extraordinario de casación (14  de  mayo  de  2001),  dicha  corporación perdió la  competencia  para  decidir  al  interior  del proceso penal, que, por demás, se  encontraba en la Sala de Casación Penal.   

-.  El  Juez  implicado  desconoció  que frente al incumplimiento  de una orden de tutela debe adelantarse el incidente de desacato.   

-.  Tampoco  tuvo  en  cuenta  que Romero  Latorre  tenía  medida  de  aseguramiento vigente, que había sido condenado en  las  dos  instancias  por  el  delito de homicidio y que el recurso de casación  interpuesto  por  su defensor se encontraba en trámite; conjunto de razones que  indicaban   la   improcedencia   de   su  liberación  a  espaldas  del  proceso  penal.   

La  denuncia contra el Juez Primero Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  doctor  ARMANDO  HERNÁNDEZ  SERRANO, dio origen al  presente  asunto,  que  ahora  conoce  la  Sala  de  Casación  Penal en segunda  instancia.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  RELEVANTE   

1. La Unidad de Fiscalías Delegadas ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá abrió investigación y vinculó al entonces  Juez  Primero Penal del Circuito de la misma ciudad, ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO,  quien  en  su indagatoria expresó que está absolutamente convencido de que era  procedente  el  hábeas  corpus, ante el incumplimiento de la acción de tutela,  por  prevalencia  del  artículo  86 de la Constitución Política; que sólo en  opinión   del   Tribunal  Superior  –que  él  no  comparte-  era  necesario  tramitar  un incidente de  desacato  lo cual impedía la prosperidad del hábeas  corpus;  que  en  el  peor  de los casos habría que  convenir  que  se  equivocó,  sólo porque su criterio es diferente al de otras  personas;  y  que  no  le  correspondía a él, en la decisión del hábeas   corpus,  determinar  si  era  ilegal  o  no  el  fallo  de  tutela,  emitiendo  una  orden  contra el Tribunal  Superior,  a sabiendas de que para ese momento del proceso penal, la competencia  radicaba  en  la Sala de Casación Penal. (Folio 79 y  256 cdno. 1)   

2. Al definir  la  situación  jurídica  provisionalmente, con resolución del 19 de agosto de  2002,  la  Unidad de Fiscalías Delegadas  ante el Tribunal Superior de Bogotá impuso a ARMANDO HERNÁNDEZ  SERRANO  medida  de  aseguramiento,  consiste  en  detención  preventiva por el  delito   de   prevaricato  por  acción;    y    le    concedió   libertad   provisional.   (Folio8 cdno. 2)   

El defensor del implicado apeló la medida  de  aseguramiento;  y ésta fue confirmada por la Unidad de Fiscalías Delegadas  ante  la Corte Suprema de Justicia, con resolución del 15 de diciembre de 2003.  (Folio 3 cdno. 2ª instancia Fiscalía)   

3. Recaudada la  prueba   necesaria,   el   2  de  diciembre  de  2003  se  declaró  cerrada  la  investigación. (Folio 59 cdno. 2)   

4. La Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de Bogotá calificó el mérito del sumario,  el  7  de  abril  de  2004, con resolución acusatoria contra ARMANDO HERNÁNDEZ  SERRANO,  Juez  Primero  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  por  el  delito  de  prevaricato  por acción,  tipificado  en  el  artículo  413  del  Código  Penal,  Ley  599 de 2000, y le  endilgó   la   circunstancia  de  agravación  punitiva  consistente  en  “la  posición  distinguida”   que el implicado ocupa en la sociedad, prevista  en  el  numeral  9° del artículo 58 ibídem. (Folio  114 cdno. 2)   

El  Fiscal Delegado advera que HERNÁNDEZ  SERRANO  debe  responder por el delito de prevaricato  por  acción,  ya  que  concedió  la  libertad a un  condenado  por  homicidio, pese a que no fue capturado en forma irregular, ni la  privación  de  su libertad se había prolongado ilícitamente; y a pesar de que  conocía  el  estado  del  proceso  penal  contra Oscar Hernando Romero Latorre,  donde   era  claro  que  la  medida  de  aseguramiento  se  encontraba  vigente,  precisamente  porque  no  se  había cumplido aún la  anulación   del   proceso  penal  ordenada  en  la  sentencia  tutela  emitida  por  el  Juez  Sesenta  y  Uno  Civil  Municipal  de  Bogotá.   

5. La fase de  la  causa  fue adelantada por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá. El  magistrado  sustanciador  dispuso  el  traslado previsto en el artículo 400 del  Código   de   Procedimiento  (Ley  600  de  2000)  para  alistar  la  audiencia  preparatoria y solicitar pruebas.   

En  la  parte  inicial  del  juicio  se  promovieron  varios  incidentes, de recusación, de impedimento, en inclusive de  cambio  de radicación. Superados tales escollos, la Sala Penal quedó integrada  por   magistrados   diferentes   a   aquéllos  que  suscribieron  la  denuncia;  se  realizó  la  audiencia  pública y se   emitió   el   fallo   objeto  de  la  alzada  que  ahora  se  resuelve.   

LA    SENTENCIA  IMPUGNADA   

Mediante  sentencia  del  26  de abril de  2006,  la  Sala  de Decisión Penal del Tribunal Superior de Bogotá  condenó a ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO  en    calidad    de    autor    responsable    del    delito   de   prevaricato   por   acción,  cometido  cuando  se  desempeñaba  como  Juez Primero Penal del Circuito de Bogotá, a la  pena  principal  de  cuarenta  y  dos (42) meses de prisión, a interdicción de  derechos  y  funciones  públicas por el lapso de seis (6) años, a pérdida del  empleo,  al  pago de multa por valor de cincuenta (50) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes;  le  negó  la  suspensión condicional de ejecución de la  pena y le concedió la prisión domiciliaria.   

El  Juez  colegiado  encontró  que  la  conducta  desplegada  por  ARMANDO  HERNÁNDEZ  SERRANO  se  adecuaba objetiva y  subjetivamente  en  el  delito  de  prevaricato  por  acción,  contemplado en el artículo 413 del Código Penal, Ley 599 de 2000.   

A  continuación  la  síntesis  de  los  argumentos de la corporación:   

-.  Los  funcionarios  judiciales  deben  aplicar  el  derecho  de  manera  razonable;  y  no  es razonable que se hubiese  esperado  que  la  Sala  Penal del Tribunal Superior destinataria de la orden de  tutela,  la  cumpliera,  en  el sentido de declarar la nulidad del proceso penal  que  involucraba  a  Oscar Hernando Romero Latorre, porque ese Juez colegiado ya  no   era   competente,   debido   a  que  ya  se  había  concedido  el  recurso  extraordinario de casación.   

-. Es manifiestamente contraria a derecho  la  decisión de conceder  el   hábeas  corpus  a  Romero  Latorre,  porque  la  medida de aseguramiento en su contra se encontraba  vigente  y  ya  había  sido  condenado  en  las dos instancias por el delito de  homicidio  agravado; el doctor ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO estaba enterado de las  vicisitudes  observadas  en  el  trámite  de la acción de tutela que promovió  Romero  Latorre,  pues  contaba  con  copia de todo el expediente; y en especial  sabía  que  el 14 de mayo de 2001 se había concedido el recurso extraordinario  de  casación,  inclusive  como  se lo confirmó la propia Corte; por lo cual la  Sala  Penal del  Tribunal Superior demanda carecía  de   competencia  en  la  tutela   y   no  podía  cumplir   el   fallo  por  imposibilidad  física  y  jurídica.   

-. De acuerdo con reiterada jurisprudencia  de   la   Sala   de   Casación  Penal,  el  hábeas  corpus   únicamente   puede  prosperar  cuando  la  violación   del   derecho   a   la   libertad   se  produce  por  causas    que    provengan    de    una   actuación   ilegal  extraprocesal,  pues  en  tanto  se  controvierta  el  derecho  a la libertad de  alguien  que  esté legalmente privado de ella, tal discusión debe darse dentro  del  proceso;  sin  que  el funcionario encargado de definir la acción pública  esté  autorizado  para  analizar las irregularidades supuestamente cometidas al  interior   del   proceso  penal,  dado  que  una  tal  injerencia  desquicia  el  ordenamiento jurídico.   

-. La decisión  del  Juez  Primero  Penal  del  Circuito de Bogotá, que concedió la libertad a  Oscar  Hernando  Romero  Latorre,  se  materializó  en  un  pronunciamiento  de  hábeas     corpus  manifiestamente  contrario  a  la ley, porque dicho ciudadano en ningún momento  estuvo  ilegalmente  privado de la libertad por una actuación extraprocesal, al  punto  que, mientras no se anulara el proceso penal donde había sido condenado,  no desaparecían los motivos de su privación de la libertad.   

-. El 19 de abril de 2002, cuando el Juez  implicado  concedió  el  hábeas corpus,   se   encontraba  vigente  el  artículo  382  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000,  que  disponía  que  “las  peticiones  sobre  libertad  de quien se encuentre legalmente  privado  de  ella deberán formularse dentro del respectivo proceso.”   De  ahí  que, como la supuesta prolongación ilegal de  la  privación  de  la  libertad  de  Romero  Latorre no se verificaba de manera  directa      y      material      –único    evento    para    la    procedencia   del   hábeas   corpus-   el   control  del  expediente  y  las  decisiones sobre libertad correspondían únicamente al Juez  de conocimiento.   

-.  El  delegado  del Ministerio Público  sostuvo  que  el  Juez  pudo  haber  incurrido  en  el  delito  de  abuso  de  autoridad  por  acto  arbitrario  o injusto,  porque  usó  en  forma arbitraria un poder, una facultad o una  situación de derecho.   

Tal  hipótesis no puede acogerse, porque  dicha  conducta  es  genérica  y  subsidiaria,  sin  sujetarse a los deberes de  determinados     servidores    públicos;    en    cambio,    el    prevaricato   tiene   más   riqueza  descriptiva  y  lo  subsume,  pues este ilícito se materializa en una decisión  judicial  manifiestamente contraria a la ley, como puede calificarse el auto del  19    de    abril    de   2002,   al   declarar   procedente   el   hábeas   corpus  a  espaldas  de  la  ley.   

-. El actuar del doctor ARMANDO HERNÁNDEZ  SERRANO  fue  doloso,  por  que  él  conocía  y  comprendía  el contenido del  artículo  382  del  Código  de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000), y sabía  que  la  detención de Oscar Hernando Romero Latorre se sustentaba en una medida  de  aseguramiento  vigente,  porque  el  proceso penal no había sido anulado; y  pese  a  tal  entendimiento,  reforzado  por  su  basta  experiencia  jurídica,  decidió  concederle  la  libertad,  lo que demuestra  que  era  consciente  de la ilicitud de su conducta,  estructurándose        así        el        delito       de       prevaricato.   

El  fallo  se  refiere  inicialmente  a la naturaleza de la acción  de  tutela  y a los requisitos para su procedencia, entre otros, la inexistencia  de    otros    mecanismos    judiciales    de    defensa   para   los   derechos  fundamentales.   

-.   No  se  trata  de  divergencia  de  criterios,  puesto  que  los  documentos  a  que tuvo acceso antes de decidir el  hábeas  corpus,  las pruebas practicadas y las informaciones que le suministró  el  Tribunal  Superior  y la Sala de Casación Penal, sobre el estado actual del  proceso   penal,   tenían  suficiente  entidad  para  llevarlo  a  colegir  que  esa acción pública era  improcedente.  Sin  embargo, ni siquiera mencionó esos documentos en el auto de  hábeas     corpus.  “En  consecuencia,  esos enunciados le exigían el  deber  de  atender  esas  manifestaciones, que palmariamente le estaban dando la  pauta  para  negar  la  acción  libertaria,  pues  le  estaban  formalizando la  información  de  las  razones  para  no  acceder al cumplimiento de la orden de  tutela.”   

-.  No es posible que un administrador de  justicia,   como  el  procesado,  con  basta  experiencia  en  su  operatividad,  conocedor,  como  el  que  más,  de las leyes, haya interpretado la ley de esta  manera,  en  un  asunto  que  no es de difícil interpretación, “como  no  fuera  con  la  conciencia  de  quebrantarla a ciencia y  paciencia  y  con  el  claro propósito de favorecer al procesado”.   

-.  No  era  el  hábeas corpus el camino  adecuado  para  que  el  ciudadano  Oscar  Hernando  Romero Latorre alcanzara su  pretensión       libertaria      ante  el incumplimiento de la acción de tutela; sino el trámite de  un  incidente  de  desacato;  ya  que  el  mismo  Juez de tutela es el encargado  legalmente   de   velar   por   su   cumplimiento,  de  acuerdo  con  lo previsto en el artículo 52 del  Decreto 2591 de 1991.   

-.   El   mismo   Juez  tramitó  otros  hábeas  corpus, negando  la  solicitud;  lo  que  demuestra  el cabal conocimiento y comprensión de esta  acción  pública,  especialmente, tras aducir que si existían otros recursos o  mecanismos,  éstos  debían  agotarse  al interior del proceso pertinente. Esta  realidad  descarta  que  se  hubiese  tratado  de  un  error  de  tipo y, por el  contrario,  resalta  que  la decisión del 19 de abril de 2002 estaba dirigida a  favorecer a Romero Latorre.   

En  la  sentencia condenatoria de primera  instancia,  el  Tribunal  Superior de Bogotá verificó la vulneración efectiva  del  bien  jurídico  de  la administración de justicia y encontró culpable al  doctor  ARMANDO  HERNÁNDEZ SERRANO, porque a él era exigible un comportamiento  conforme a derecho.   

Para  tasar  la  pena, tomó el delito de  prevaricato  por acción,  reprimido  con  prisión  de  3  a  8  años (36 a 96  meses),  con  multa  de  50  a 200 salarios mínimos  legales    mensuales    y    con    inhabilitación   para   el   ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas de 5 a 8 años,  en el artículo 413 de la Ley 599 de 2000.   

Estableció el ámbito de punibilidad y se  ubicó  en  el  primer  cuarto  (de 36 a 51 meses de  prisión),  tras  advertir que el implicado no tiene  antecedentes  y  que  no  es  aplicable  la  circunstancia  genérica  de  mayor  punibilidad    por    la    posición    distinguida    que    ocupaba   en   la  sociedad.   

Entonces,  siguiendo  los parámetros del  artículo  61 ibídem, por considerar que otorgar la libertad a un condenado por  homicidio  comportó una conducta sumamente grave, le impuso la pena de 42 meses  de  prisión.  Luego  de  referir  la  condición  socioeconómica y familiar de  HERNÁNDEZ  SERRANO,  le  impuso pena de multa por valor de 50 salarios mínimos  legales  mensuales;  fijó  la  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas en 6 años; y le impuso además la sanción de pérdida del  empleo,  atendiendo  a  lo  dispuesto en los artículos 43 y 45 de la Ley 599 de  2000.   

Además,      el     A-quo negó la suspensión condicional  de  la  ejecución de la pena, por ausencia del requisito objetivo de 3 años de  prisión,  señalado  en el artículo 63 del mencionado Código Penal, porque la  pena   a   imponer   es   de   48   meses;   y   concedió   a   HERNÁNDEZ    SERRANO    la    prisión  domiciliaria,    porque   el   descuento   de   la  sanción  en  su  propia  casa  es  suficiente  para  verificar el cumplimiento de los fines de la pena.   

DE     LAS  IMPUGNACIONES   

1.  LA  APELACIÓN  INTERPUESTA  POR  EL  DEFENSOR   

Pretende  que  la Sala de Casación Penal  revoque   la   decisión   adoptada   en   primera  instancia  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  y,  en su lugar,  absuelva  del  cargo por el delito de prevaricato por acción al  doctor  ARMANDO  HERNÁNDEZ  SERRANO,  con argumentos  que     se     sintetizan    de    la    siguiente  manera:   

1.1   Son   cuestionables  las  razones  esgrimidas  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  para  no  cumplir la orden  impartida  por  el  Juez  de  tutela.  Puesto  que  cuando se emitió la primera  sentencia  de tutela (13 de diciembre de 2001), el expediente penal contra Oscar  Hernando  Romero  Latorre  todavía se encontraba en sede del Tribunal Superior,  así  el  recurso extraordinario de casación se hubiese concedido el 14 de mayo  de 2001.   

1.2   El   criterio   del  A-quo       se      dirige      a  considerar  abiertamente  que  el  administrador  de  justicia,  ARMANDO  HERNÁNDEZ  SERRANO,  no  podía  conceder  el  hábeas  corpus que le fue solicitado,  y   que   al   hacerlo  incurrió  en  un  evidente  prevaricato  activo del cual le hace responsable, dado que Oscar Hernando Romero  Latorre  (el  condenado en el proceso penal) nunca estuvo ilegalmente privado de  la libertad por una actuación extraprocesal.   

1.3  En la apreciación y análisis de la  conducta   desarrollada  por  el  doctor  ARMANDO  HERNÁNDEZ  SERRANO,  existen  equívocos  manifiestos  en  cuanto  a la interpretación de lo sucedido,  yerros que llevaron a la condena  injusta por el delito de prevaricato.   

Es incuestionable que existían sentencias  condenatorias  de primera y segunda instancia contra el ciudadano Oscar Hernando  Romero  Latorre,  por  el  delito  de homicidio; pero estos fallos no enervan la  posibilidad  de  la  presentación  de  la  acción  de amparo y menos cuando se  estaba invocando el quebrantamiento del debido proceso.   

La  decisión  del  Juez  de  tutela, que  ordenaba   anular  el  proceso  penal,  incluida  la  medida  de  aseguramiento,  resultaba  de  obligatorio  cumplimiento,  sin  que  pudieran aceptarse argucias  jurídicas  para  evitar  el  cumplimiento  del  fallo de tutela; situación que  condujo  a  que  se  prolongara  ilegalmente  la  privación  de la libertad del  ciudadano que interpuso el hábeas corpus.   

La  información  con que contaba el Juez  Primero  Penal  del  Circuito,  ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO, en el sentido que el  Tribunal  Superior  no  podía  cumplir la  orden de tutela, por razón de haberse concedido el recurso de  casación  interpuesto  por  la  defensa  de Romero Latorre, no tiene incidencia  alguna   en   relación   con   la  determinación  tomada  en  el  hábeas  corpus  por  el  Juez  procesado, puesto que si bien esa  circunstancia  comportaba  una dificultad de orden procedimental, dicho problema  escapaba   al   ámbito   de  ingerencia  de  quien  estaba  decidiendo     sobre     la     acción    pública    de    hábeas        corpus,  toda  vez  que  carecía  de  cualquier  herramienta o facultad  jurídica  para  subsanarlo  dentro del estricto límite temporal -36 horas- que  se   tiene   para  adoptar  una  determinación  sobre  la  garantía  invocada.   

De  otra  parte,  hasta  el  momento  de  acudirse     al     hábeas    corpus  por  parte  de  Romero  Latorre,  apenas se estaba estudiando la  posibilidad de admisión  formal  del  recurso extraordinario de casación interpuesto por su defensor; de  ahí  que  la  acción  de  tutela  no  era  incompatible;  y, de todas maneras,  correspondía  dilucidar  ese  aspecto  al  Juez  de  tutela  y  no  al  Juez de  hábeas              corpus.   

Al  disponer la nulidad del proceso penal  contra   Romero   Latorre,   dejó   de  existir  jurídicamente  la  medida  de  aseguramiento  que  justificaba su detención preventiva. Y eso era así, aunque  el  Tribunal  Superior  no  hubiese  acatado  la  orden impartida por el Juez de  tutela.   Por   tanto,   actuó   bien  el   Juez   al   conceder  el  hábeas  corpus,  porque  ese  era el camino legal que debía  seguir.  Lo  contrario  equivaldría  a  burlar  el contenido y el alcance de la  sentencia  de  tutela  y  de  contera  a  desconocer  el  sentido  mismo  de las  garantías consagradas en la Constitución Política.   

Por  tanto,  estudiada  la  conducta  del doctor ARMANDO HERNANDEZ  SERRANO   al   pronunciar   el   auto   de   hábeas  corpus  del  19  de  abril  de 2002, a la luz de las  pruebas   acopiadas,   no   se   encuentra   razón   alguna   para  suponer  el  quebrantamiento  de  las  normas  positivas  que  enmarcan las exigencias de las  decisiones  respecto  del  mecanismo  protector  de  la  libertad individual, ni  emerge  comportamiento  alguno  que  justifique un reproche prevaricador, cuando  por  el  contrario,  su  comportamiento  se  ciñó  en un todo a los postulados  superiores emanados de la Constitución y la Ley.   

1.4  Como  el  Juez  de  tutela  concedió sólo dos días para que se anulara el proceso penal  contra  Oscar  Hernando Romero Latorre, y esta orden no se cumplió aún pasados  quince   días,   la   lógica   jurídica  indicaba  al  Juez  de  hábeas  corpus  que si no se cumplía  el  mandamiento  que imponía la obligación de otorgar la libertad inmediata al  titular  de  la  acción de amparo como consecuencia de la ordenada declaratoria  de  nulidad,  su  estado  de  privación  de  la  libertad devenía ilegal, como  evidentemente  lo  fue,  y  en  consecuencia  la  aplicación  de  la  norma del  artículo  382  (hábeas  corpus) de la Ley 600 de  2000 surgía imperativa.   

“No   se   trataba  entonces  de  una  discusión  que debía darse dentro del proceso porque el origen del mandamiento  provenía  de  una DECISION DE TUTELA no susceptible de controversia al interior  de  la  actuación  procesal  y  porque, fundamentalmente, al negarse la Sala de  Decisión  del  Tribunal  de  Bogotá  a  cumplir  la  orden emanada del Juez de  Tutela,  condujo a que la privación de la libertad del ciudadano accionante que  inicialmente  podía  ser  tratada de legal, YA NO LO FUERA por la contumacia de  los accionados.”   

Esa fue la situación que se le presentó  al   hoy  procesado  y  esa  la  obligación  que  tenía  en  acatar   la   normatividad  procesal,  como  efectivamente  lo  hizo  cuando  pronunció la decisión del 19 de abril de 2002  que   concedió   el   hábeas   corpus,  porque  en  tales  condiciones, se trataba de una prolongación  ilegal del estado de detención de Romero Latorre.   

1.5 El delito  de     prevaricato     por    acción   exige   en   su   estructura   típica  el  pronunciamiento  de  resolución,  dictamen  o  concepto  manifiestamente  contrario  a  la  ley,  entendiéndose  por  tal, lo  “descubierto, patente, evidente, claro”  de  acuerdo  con  el  significado  que  al vocablo entrega el  Diccionario de la Real Academia de la Lengua.   

La decisión adoptada por el Juez ARMANDO  HERNANDEZ  SERRANO,  el  19  de  abril  de  2002,  mediante la cual concedió el  hábeas  corpus  a  Romero  Latorre,  no fue bajo ningún aspecto contraria a la  ley,  porque  sencillamente  resultó  un  pronunciamiento acorde con las normas  constitucionales   y  legales  que  reglamentan  él  ejercicio  de  la  acción  pública,  ante  la  evidente  prolongación ilegal del estado de detención que  aquél sufría.   

Como  lo  indicó  la  Sala  de Casación  Penal,    en    providencia    del    3    de    septiembre    de   2002:          “Para  que  se  tipifique  el  delito de prevaricato por acción es  necesario  que  la  resolución,  el  dictamen  o  el  concepto  que profiera el  servidor  público  sean  manifiestamente  contrarios  a  la  ley.  Es  como  el  legislador  ha descrito la conducta en el artículo 149 del decreto 100 de 1980,  en  el  28  de  la  ley  190  de  1995 y en el 413 del Código Penal vigente. No  configura  el  tipo  penal,  entonces,  cualquier  error  en  el cual incurra el  funcionario  sino  que  se  requiere  que  entre  lo  que decidió, dictaminó o  conceptuó,  y  la  ley  o  el derecho aplicable, se presente una contradicción  ostensible.   Así   el   juicio   de   tipicidad   queda   completo”.   

Equivale  lo  anterior  a señalar que la  decisión  tomada  por  el  procesado  estuvo  en todo momento ceñida a la ley,  porque  fue  el  resultado del estudio, y la consecuencia del acatamiento de las  normas  constitucionales  y legales que enmarcan la acción pública del hábeas  corpus.   

De    otro    lado,   “Si  el  servidor  público, ha dicho la Corte, en ejercicio de sus  funciones   oficialmente   discernidas,  profiere  resolución  que  no  resulta  ostensiblemente  contraria a la norma jurídica aplicable al caso, pues se ubica  dentro  de  lo razonable, es decir dentro de los más amplios marcos del derecho  vigente,  simplemente el delito no alcanza a configurarse por la inexistencia de  uno  de  sus  elementos constitutivos. Si es así, no  hay necesidad de plantear si el funcionario tenía o  no  conocimiento  acerca del carácter delictivo del comportamiento.”   (Sentencia   de   Segunda  Instancia  del  24  de  junio  de  2006)   

Luego, como en el presente asunto es más  que  razonable  la  decisión  adoptada  por el doctor HERNÁNDEZ SERRANO, no es  aceptable    “presumir”    la   existencia   de  dolo en su conducta, como se hizo en la sentencia de  primera  instancia,  cuando  lo cierto es que no actuó maliciosa, intencional y  caprichosamente  cuando  resolvió favorablemente la acción pública de hábeas  corpus.   

El  doctor  ARMANDO HERNANDEZ SERRANO, de  hoja  de  vida  limpia y calificado en su gestión profesional como el mejor, no  tenía  ninguna  razón  para torcer un camino de rectitud y de transparencia al  servicio  de  la  administración de justicia, que ha conservado durante toda su  vida  como  servidor judicial; y no cometió el delito de prevaricato, ya que la  decisión      favorablemente     del     hábeas  corpus,  fue  el  producto  de  su raciocinio, de su  análisis  jurídico  y  de su obligación constitucional de aplicar la justicia  sustancial.   

Con base en los anteriores planteamientos  el  defensor  reitera  su  solicitud,  en el sentido que se revoque la sentencia  condenatoria  de  primera  instancia  y,  en  su  lugar, absuelva al funcionario  judicial procesado.   

2.  LA  APELACIÓN INSTAURADA POR EL JUEZ  IMPLICADO   

El doctor ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO, con  argumentos  similares  a  los  de  su defensor, solicita se revoque la sentencia  condenatoria  de  primera  instancia, puesto que no cometió la conducta punible  de     prevaricato     por    acción.   

Y  para  ahondar  en  las  razones que le  permiten  pregonar  su inocencia hace otros planteamientos, que pueden resumirse  así:   

-.   En   el   auto   de   hábeas  corpus  del  19  de  abril de  2002,  pese a la premura de ese trámite, hizo un análisis ponderado y objetivo  de     las     pruebas    que    logró    acopiar,    entre    ellas el fallo de la acción de tutela del  13  de diciembre de 2001, que amparaba los derechos del ciudadano Oscar Hernando  Romero Latorre.   

-. Cuando se emitió la primera sentencia  de  tutela,  el  13  de  diciembre  de  2001,  el  expediente  penal todavía se  encontraba  en  la  Secretaría  de la Sala del Tribunal Superior de Bogotá; al  enterarse  de  ese  fallo,  apresuradamente  se  remitió  a la Corte Suprema de  Justicia,  para  efectos  del recurso de casación, lo que ocurrió a finales de  enero  de  2002;  lo  cual  indicaba  que  los  magistrados demandados en tutela  acudieron  a  una  serie  de mecanismos y argucias para abstenerse de cumplir la  orden  del  juez  constitucional, llegando inclusive a instaurar los magistrados  su propia acción de tutela.   

Con  pretextos  de  esa  índole, la sala  accionada    tampoco   cumplió   el   segundo  fallo  de  tutela, emitido el  1°    de    abril    de    2002.   “Tales  hechos  fueron,  sin  duda, los que permitieron plantear al  solicitante  del  Hábeas Hábeas (sic), una especie de deslealtad procesal para  con   él,   como   sujeto   procesal  de  la  tutela,  la  que  de  entrada  se  advertía”.   

-. Insiste en que el incumplimiento de la  orden  de  tutela, impartida en la sentencia del 1°  de  abril  de 2002, que disponía anular inclusive la  medida  de aseguramiento que afectaba a Romero Latorre, generó su prolongación  ilegal  de  la  privación de la libertad, situación que era necesario remediar  concediendo    el    hábeas    corpus,  máxime  que  las  decisiones  de  tutela  deben  cumplirse  de  inmediato   y   que   los  jueces  sólo  están  sometidos  al  imperio  de  la  ley.   

-.  Asegura que concedió el hábeas  corpus convencido que   de   esa   era   la   decisión  constitucional  y  legal  para  el caso. Por ello, si se equivocó, tendría que  predicarse  que  actuó  movido  por  un error invencible, pues estuvo seguro no  concurrían  los  elementos  de  la  tipicidad  del  delito  de  prevaricato por  acción.   

-.  Contrario  a  lo  sostenido  por  el  Tribunal  Superior –dice  el  juez  implicado-  lo que observa es una disparidad de criterios, pues él se  inclinó  por aplicar el derecho constitucional que obliga el cumplimiento de la  acción   de   tutela,  y  para  esa  corporación  era  necesario  que  hiciera  consideraciones de otra índole.   

Recuerda     que     frente     a  situaciones  como  la  planteada,  donde se trata de  puntos  de  vista  jurídicos  disímiles,  no es factible predicar el delito de  prevaricato, como lo ha dicho la Sala de Casación Penal, así:   

“…todas aquellas providencias respecto  de  las  cuales  quepa  discusión  sobre  su  contrariedad  con  la  ley quedan  excluidas  del  reproche  penal,  independientemente  de que un juicio posterior  demuestre  la  equivocación  de  sus  asertos,  pues,  como  también  ha  sido  jurisprudencia  reiterada,  el  juicio  de prevaricato no es de acierto, sino de  legalidad.”  (Sentencia  del 2 de mayo de 2003).   

Concluye  solicitando  su  absolución,  porque es la manera legal y justa de resolver el presente asunto.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

De  conformidad  con  lo estipulado en el  numeral  3°  del  artículo  75  del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000),   compete   a  la  Sala  de  Casación  Penal  resolver  las  apelaciones  interpuestas  en  los  procesos  que  conocen  en primera instancia las Salas de  Decisión  Penal  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial. En consecuencia,  emitirá  el  pronunciamiento  que  en  derecho  corresponda  sobre  el  recurso  presentado    por    el    defensor   y   el   implicado,   ARMANDO   HERNÁNDEZ  SERRANO.   

En  esta  labor  la  Corte  se  encuentra  limitada  en  su  estudio  al  objeto  de  la  impugnación  y  a  los  aspectos  inescindiblemente      ligados      a      ella3.   

El  defensor  y ex Juez Primero Penal del  Circuito  de  Bogotá,  doctor ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO, aspiran a que la Sala  de  Casación Penal revoque la sentencia condenatoria, aduciendo que la conducta  es  atípica  para el ilícito de prevaricato, esencialmente por dos razones: i)  porque  el  auto  del  19  de  abril  de  2002,  que  concedió  el  hábeas corpus a Oscar Hernando Romero  Latorre,  no puede calificarse como una decisión manifiestamente contraria a la  ley;  y  ii)  porque  el  funcionario  judicial  implicado actuó sin  dolo,  convencido  de  que  conceder  la libertad a  aquél ciudadano era la decisión que  más se ajustaba a la Constitución Política y a la ley.   

1. Por disposición del artículo 6° del  Código  Penal,  Ley  599  de 2000, para que la conducta sea punible se requiere  que  sea  típica,  antijurídica  y  culpable; lo cual implica que si llegare a  descartarse  la  tipicidad  por ausencia de algunos de sus elementos objetivos o  subjetivos,  la  conducta  deja de ser punible, sin que sea necesario avanzar en  la   verificación   de   los  otros  componentes  estructurales  del  ilícito,  antijuridicidad y culpabilidad.   

La defensa descarta la estructuración del  ilícito  de  prevaricato  desde  el  punto de vista objetivo, pues no admite la  contrariedad   entre  la  normatividad  que  rige  en  materia  de  hábeas  corpus y la decisión adoptada  por  el  Juez  implicado,  y  también  lo refuta desde la óptica subjetiva, al  rechazar la atribución de dolo que se le hizo en el fallo.   

La Sala de Casación Penal confirmará la  sentencia  condenatoria  proferida  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá,  toda  vez  que se trata de una providencia jurídicamente correcta, en  cuanto  declaró  que  la  conducta  del Juez implicado corresponde al delito de  prevaricato  por acción,  pues  el auto del 19 de abril de 2002, por la cual concedió el hábeas corpus y  otorgó  la  libertad a Romero Latorre, es manifiestamente contrario a la ley, y  fue emitido con conocimiento, conciencia y voluntad.   

2. El delito de  de     prevaricato     por    acción  se  describe  en  el  artículo  413 de la Ley 599 de 2000, como  aquella  conducta  en  que  incurre  el  servidor público  “que  profiera  resolución,  dictamen  o  concepto manifiestamente  contrario a la ley.”   

Con relación al desvalor de la conducta,  que  se  concreta  en  el  proferimiento  de  una  decisión  “manifiestamente  contraria  a  la  ley”, la Sala de Casación Penal  señaló:   

“Se  trata  de un ingrediente normativo  porque  la manifiesta contrariedad con la ley se establece mediante una tarea de  confrontación  objetiva  entre  el  contenido  del pronunciamiento –resolución,  dictamen  o  concepto  –   y   lo   que  el  ordenamiento  jurídico  establece,  ordena o prohíbe, a fin de elucidar si las  disposiciones  o  materias  de  aquel  están  en sintonía con los dictados que  emanan  de  éste, sin que se exija una inclinación especial de la voluntad del  agente  diferente  al  capricho  o  arbitrio  de afectar la ley.” 4   

De ahí que si la resolución, dictamen o  concepto  no  es  manifiestamente  contrario  a  la  ley, no puede predicarse el  desvalor de la acción y por ende la conducta es atípica.   

3.  Contrario a lo que aspira la defensa,  desde  el  punto  de  vista  objetivo,  se adecua en el ilícito de prevaricato     por    acción    el  comportamiento  funcional  asumido  por el doctor ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO, al  emitir  el auto del 19 de abril de 2002, por ser éste manifiestamente contrario  a   derecho,   como   se   colige   a  partir  del  análisis  de  su  contenido  material.   

Como se explicó en detalle en el acápite  destinado  a los antecedentes, el Juez Primero Penal del Circuito de Bogotá, el  procesado    HERNÁNDEZ    SERRANO,    antes   de   conceder   el   hábeas    corpus    tenía    pleno  conocimiento  del  conflicto en torno de las acciones de tutela y de los motivos  por  los cuales no podía cumplirse la orden impartida por el Juez Sesenta y Uno  Civil  Municipal  de  Bogotá,  en  la  sentencia  de tutela del 1° de abril de  2002.   

El   mismo  ciudadano  interesado, Oscar Hernando Romero Latorre,  le  hizo  saber  que  la  Sala  Penal del Tribunal Superior no cumplió la orden  impartida  en la sentencia de tutela, “por estar el  proceso  actualmente en la Honorable Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, para  surtirse  el  recurso  extraordinario de casación…  Corporación  que tiene en el momento la competencia  sobre el proceso”.   

Además, el peticionario allegó copia de  la  sentencia  de  tutela del 1° de abril de 2002 emitida por el Juez Sesenta y  Uno  Civil  Municipal de Bogotá y del memorial impugnatorio de dicha sentencia,  suscrito  por  los  magistrados  de  la  Sala  Peal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá.   

Esa  impugnación,  además  de  oponerse  a  lo  decidido por el Juez de tutela, por  estimarlo  abiertamente  injurídico,  reitera  “la  falta  de  competencia  –del  Tribunal-  para  actuar  en  el  proceso  objeto  de  tutela, como quiera que aquél –el  expediente- se encontraba en la  Honorable  Corte  Suprema  de  Justicia, en virtud del recurso extraordinario de  casación”.  (Folio 233  cdno. 1)   

En   el   trámite   del   hábeas  corpus, los magistrados de la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Bogotá informaron que por auto del 14 de  mayo  de  2001  se  concedió  el  recurso extraordinario de casación; enviaron  (en  244 folios) copia de  todo  lo  actuado  en  la  acción de tutela promovida por Oscar Hernando Romero  Latorre;  y  confirmaron  que  “para  la fecha del  proferimiento      de      la      sentencia      de     tutela     –Abril  1°  de 2002-, la actuación  era  de competencia de la Sala de Casación Penal de la Corte, y que  por ese motivo, se comunicó al juez  el  impedimento  para  dar  cumplimiento  a  la orden contenida en el fallo, por  imposibilidad material y jurídica.”   

La  Sala  de  Casación  Penal  confirmó  oportunamente  al Juez del hábeas corpus  que  el  expediente  contra  Oscar  Hernando  Romero Latorre, se  encontraba  en  espera de la decisión sobre la admisibilidad de las demandas de  casación.   

4. Frente a ese panorama probatorio era de  esperarse  que  el Juez de hábeas corpus  se  inquietara  por  lo  menos sobre la trascendencia del asunto  sometido  a su conocimiento, pues era claro que Romero Latorre, condenado en dos  instancias  por  el  delito de homicidio agravado a la pena de cuarenta años de  prisión,  estaba buscando  su  libertad a como diera  lugar,  por  fuera del proceso penal; que la sentencia de tutela era tildada por  los  magistrados  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de Bogotá de ser  absolutamente  arbitraria  por  divorciada  de  la  legalidad; y porque sin duda  alguna,  esa corporación ya no podía cumplir la orden impartida por el Juez de  tutela,   por  imposibilidad  jurídica  y  física,  pues  por  competencia  el  expediente ya estaba a cargo de la Sala de Casación Penal.   

La desatención o desprecio de ese cúmulo  de   indicadores   acerca   de  los  motivos  por  los  cuales  no  se  cumplió  oportunamente  la  orden  impartida por el Juez de tutela, consistente en anular  el  proceso  penal,  incluida la medida de aseguramiento, no puede justificarse,  como  pretende  el  Juez  procesado,  en  modo  alguno  pretextando que de todas  maneras  tenía que cumplirse esa orden contenida en la sentencia de tutela. Ese  género    de    pensamiento,   supuestamente   arraigado   a   la   literalidad  constitucional,   pero   completamente  desprendido  de  la  realidad  jurídico  procesal, es inadmisible.   

5.  La  administración de justicia no se  concibe  como un engranaje mecánico de procedimientos y personas, para producir  decisiones  fabriles  ni  estereotipadas,  donde  el  Juez  apenas  se  ocupe en  articular elementos que le son ofrecidos desde afuera.   

Todo  Juez  de  la  República  antes  de  decidir,  debe  hacer  una  reflexión  ponderada  del conjunto de variables que  inciden  en  el  asunto  sometido a su conocimiento; tiene el deber de proyectar  con  apego  a  la  normatividad,  pero  sopesando los argumentos de cada parte y  midiendo  las consecuencias de la determinación a adoptar, más aún, cuando la  Constitución  y  la  ley  son susceptibles de interpretación, buscando siempre  que   se   cumplan   los   objetivos   de   las   instituciones  jurídicas  que  estatuyen.   

Ninguna  reflexión  atinente  a  aquél  estado  de  cosas hizo el Juez Primero Penal del Circuito de Bogotá, en el auto  del  19  de  abril  de  2002,  a  través  del  cual  concedió  el hábeas  corpus  y  liberó  a  Romero  Latorre.  Esa  omisión,  voluntaria y consciente, condujo a que tal providencia  sea  manifiestamente  contraria a la ley, porque en curso el asunto penal, ni la  tutela,    ni    el    hábeas   corpus,   eran  vías adecuadas para que el condenado alcanzara su libertad.   

En otras palabras, el Juez del  hábeas  corpus,  enterado  de  la problemática en torno del  caso  sometido a su conocimiento, estaba en la obligación de asumir una postura  crítica  frente  a  la orden dada en la sentencia  de  tutela del 1° de abril de 2002, emitida  por  el  Juez  Sesenta  y  Uno Civil  Municipal  de  Bogotá;  sentencia  que, por demás, se encontraba impugnada con  argumentos  que  con  nitidez  daban a entender por qué esa orden no podía ser  cumplida  por  el  destinatario:  sencillamente,  el  Tribunal  Superior  no era  competente,  porque  el  proceso  penal  se  encontraba  en la Sala de Casación  Penal,     por     competencia     funcional     en     virtud    del    recurso  extraordinario.   

Es  que  el proveído del 1° de abril de  2002,  por  el  medio  del cual el Juez Sesenta y Uno Civil Municipal de Bogotá  definió  la  tutela  y ordenó anular el proceso penal, donde Romero Latorre ya  había  sido  condenado,  era  apenas una manifestación caprichosa de autoridad  con  forma  material  de  sentencia.  Cualquier  lector  desprevenido  estaba en  capacidad de percibir ese despropósito.   

Por ello el doctor Bedmar Alonso Martínez  Sánchez,  entonces  titular  del  Juzgado  Sesenta  y  Uno  Civil  Municipal de  Bogotá,   fue   condenado   posteriormente   por   el  delito  de  prevaricato  por acción; y en fallo de  segunda  instancia,  con  relación a la tutela del 1° de abril de 2002, que el  Juez    de    hábeas    corpus    –ahora    procesado-    exigía    su  cumplimiento a ultranza, la Sala de Casación Penal acotó:   

“Debe resaltar la Corte que la conducta  que  ahora  se  juzga  y  que  se  le atribuye al doctor Bedmar Alonso Martínez  Sánchez,  es  como  la  que  más, refractaria a los principios trazados en los  artículos  86  de  la  Carta  y  en  el  decreto  2591  de  1991  (por lo tanto  manifiestamente  contraria  a  esas  disposiciones),  hasta el punto que por esa  vía  desdibujó  por completo el principio de autonomía judicial, mediante una  decisión  aparentemente  argumentativa,  sofística desde el principio hasta el  final  y claramente diseñada para favorecer a quien había sido condenado en el  marco  del  debido  proceso  y  con  base en los principios que gobiernan el ius  puniendi y no por fuera de él.   

(…)  

En  efecto,  la  acción  de  tutela  era  improcedente  en  el  caso  concreto;  objetivamente  inviable  y  absolutamente  improcedente,  como  el  mismo  procesado  lo  sabía,  pues  en  la providencia  prevaricadora  reconoció que contra la decisión de segunda instancia se había  propuesto  el  recurso  de  casación, lo cual era suficiente para solucionar el  tema  que  se  le  proponía.”  (Fallo  de segunda  instancia   del   15  de  septiembre  de  2004,  radicación  22594).   

Es   así   que,  no  tiene  cabida  la  pretensión  de  la  defensa,  según la cual, la sentencia de tutela del 1° de  abril   de   2002   tenía   que  ser  cumplida  de  todas  maneras,  sin consideraciones de ninguna clase,  sólo  porque  el  artículo 86 de la Carta dispone que las decisiones de tutela  son de cumplimiento inmediato.   

6. En el anterior orden de ideas, el auto  del  19 de abril de 2002, suscrito por el procesado, ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO,  en  calidad  de  Juez  Primero  Penal  del Circuito de Bogotá, para conceder el  amparo  de  hábeas  corpus  a Romero Latorre, es manifiestamente contrario a la  ley,  porque  desconoció  de  tajo  el artículo 382  (hábeas   corpus)  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000, vigente al tiempo de los  hechos.   

Ese  precepto, que define el hábeas  corpus,  en el inciso segundo  establece:   

“Las peticiones sobre libertad de quien  se   encuentre  legalmente  privado  de  ella  deberán  formularse  dentro  del  respectivo proceso”.   

Oscar   Hernando   Romero   Latorre  se  encontraba   legalmente  privado  de  la  libertad,  puesto  que  la  medida  de  aseguramiento  y  las  sentencias  condenatorias  por  el  delito  de  homicidio  agravado,  permanecían  incólumes. El hábeas  corpus  era,  pues, a primera  vista improcedente.   

No  se  ignora  que  la  Sala  Plena  de  la  Corte Constitucional, en Sentencia C-620 del 13 de  junio   de   2001,   declaró   inexequible   el   artículo   382  (hábeas   corpus)   del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000, “bajo la  consideración  de que la regulación del derecho fundamental del hábeas corpus  corresponde  a  una  ley estatutaria.” No obstante,  decidió  diferir  los  efectos  de  esa  inconstitucionalidad  hasta  el  31 de  diciembre   de   2002,  mientras  el  Congreso  de  la  República  aprobara    la    ley    estatutaria  pertinente.   

El     auto     de     hábeas    corpus   que   plasma   el  prevaricato fue proferido  el  19  de  abril  de  2002,  por el Juez Primero Penal del Circuito de Bogotá,  siendo,  entonces,  claro  que  la  solicitud  de libertad tenía que formularse  exclusivamente al interior del proceso penal.   

De otro lado, aunque el artículo 30 de la  Constitución  Política,  que  estatuye  la  acción  pública  de hábeas  corpus,  fue reglamentado con  la  Ley  Estatutaria  1095  del 2 de noviembre 20065,    ninguna    situación  favorable    puede   discernirse   para   el   procesado,   ARMANDO   HERNÁNDEZ  SERRANO   de   la  nueva  normatividad;  porque, si  bien,  ya  no  subsiste el artículo 382 del Código de Procedimiento Penal (Ley  600  de  2000) que establecía que las peticiones de libertad de quien estuviere  legalmente  privado  de  ella  tenían  que formularse en el respectivo proceso,  también   es   cierto   que   la   Ley   1095   de  2006  condiciona  la  procedencia  del  hábeas  corpus  a que se demuestre la  violación   de  las  garantías  constitucionales  o  legales  relativas  a  la  privación  de la libertad, o a que se verifique que  es ilegal la prolongación de tal privación.   

En  ningún  otro  caso  el  hábeas  corpus es procedente; y en el  presente  asunto,  las dos eventualidades      fueron     descartadas     según     lo     indicado     en  precedencia.   

Por lo demás, cuando el artículo 5° de  la  Ley 1095 de 2006 establece que el Juez de hábeas  corpus   podrá   solicitar   a   las   autoridades  información  sobre  todo  lo  concerniente a la privación de la libertad de la  persona  en cuyo favor se invoca, está a su vez precaviendo los medios para que  la  decisión  se  adopte  de  manera  razonada, con  ponderación de todos los elementos de juicio disponibles.   

El  mismo sentido tenía el artículo 386  de  la Ley 600 de 2000, vigente al tiempo de los hechos, al disponer que el Juez  de       hábeas  corpus     decretara     “inmediatamente  una  inspección  a  las  diligencias que pudieren  existir   en   el   asunto   que   dio   origen   a   la   petición,  la que se practicará a más tardar  dentro      de     las     doce     (12)     horas     siguientes”.   

Un  ejercicio  de  ponderación  lógica  de  esa naturaleza no fue emprendido, ni siquiera a manera de esbozo por el Juez  Primero   Penal   del  Circuito  de  Bogotá,  quien  omitió  la  inspección  judicial   y   actuó   por  completo  de  espaldas  al  proceso  penal  seguido  contra  Oscar  Hernando  Romero  Latorre;  aunque  el  procesado ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO, tenía claro,  porque  así  se  lo  comunicó  el  interesado, el Tribunal Superior y la Corte  Suprema  de  Justicia,  que dicho ciudadano ya había  sido  condenado  en las dos instancias y que para ese momento era jurídicamente  imposible  que  el  Tribunal Superior cumpliera la tutela, porque la competencia  radicaba  en la Sala de Casación Penal, corporación  ésta  que  no  fue vinculada al trámite de la acción prevista en el artículo  86 de la Carta.   

Nada de lo anterior movió a reflexión a  HERNÁNDEZ     SERRANO,    a    quien,  le  bastó para disponer la libertad de Romero Latorre, la orden  impartida  por  el  Juez  de tutela, no obstante que, de la simple lectura de la  decisión  de tutela del 1° de abril de 2002, emitida por el Juez Sesenta y Uno  Civil     Municipal     de    Bogotá,  se  infería  que  era en sí misma una vía de hecho camuflada  bajo  el ropaje formal de  una sentencia.   

7. Debe quedar  definitivamente     claro     que    el    hábeas  corpus  se  interpuso  después que se incumplió la  orden  de  tutela  impartida en la sentencia del 1° de abril de 2002, proferida  esta  sentencia  de  tutela cuando ya el expediente estaba a cargo de la Sala de  Casación Penal, por efecto del recurso extraordinario.   

Tal  precisión  es importante, porque el  Juez  procesado,  ARMANDO HERNÁNDEZ SERRANO, invoca,  tanto   en   el   auto   a   través   del   cual   concedió   el  hábeas  corpus, como en sus distintas  salidas  defensivas, la sentencia de tutela del 13 de diciembre de 2001, emitida  por  el  mismo  Juez Sesenta y Uno Civil Municipal de  Bogotá,  que  ya  había  sido  anulada  por el superior funcional; y la trae a  colación  para reforzar su afirmación equivocada según la cual, cuando Romero  Latorre  interpuso  la acción de tutela el Tribunal  Superior de Bogotá aún era competente para decidir.   

Ese  argumento  es  sofístico, porque la  sentencia   de   tutela   que  originó  el  hábeas  corpus  fue  la  proferida  el 1° de abril de 2002,  cuando,  sin  duda  alguna el proceso ya era competencia de la Sala de Casación  Penal,  como  esta  misma  colegiatura  lo  informó  oportunamente  al Juez que  tramitó     el     hábeas    corpus, ahora procesado por el delito de prevaricato.   

8.  No debe olvidarse que el Juez Sesenta  y  Uno Civil Municipal de Bogotá, en su sentencia de tutela del 1° de abril de  2002,  no  anuló  el  proceso penal, sino que, ordenó al Tribunal Superior que  dentro  de  los  dos  días  siguientes  declarara  la invalidez de lo actuado a  partir de la definición de la situación jurídica.   

No ocurre, como lo propone la defensa, que  automáticamente  y  de  pleno  derecho,  vencido  el plazo de los dos días, se  tornaba  ilegal  la  privación  de  la  libertad  de  Romero Latorre.  Ese  es  un  argumento  apriori que  parece  aferrarse  al artículo 86 de la Constitución Política, donde se ancla  la  acción  de  tutela;  pero  que  no  logra convencer, porque la sentencia de  tutela  del  1°  de  abril  de  2002  era  una  vía de hecho en sí misma, una  producción  grosera del talento proclive de un funcionario judicial, de lo cual  tenía  sobrado  conocimiento  el  Juez  del  hábeas  corpus.   

Es  más,  el  pretendido  efecto  invalidante  automático  de  la  sentencia de tutela es una  invención  del  Juez  de  hábeas corpus  procesado,  pues  ninguna  norma  así  lo  contempla, y, por el  contrario,  ante  el  incumplimiento  de la orden dada por el Juez de tutela, lo  que  dice  la  ley, concretamente los artículos 27, 36 y 52 del Decreto 2591 de  1991,  reglamentario  de  la  acción  de  tutela,  es  que  debe adelantarse un  incidente  de  desacato,  para  que  el  mismo  Juez  de  tutela  provea  para  que  el amparo del derecho  fundamental se materialice.   

Sobre  esa  precisa temática es bastante  ilustrativa la Sentencia T-763 de 1998, de la Corte Constitucional:   

“El peso del cumplimiento de la orden de  tutela  recae  en  el Juzgado o Tribunal que se pronunció en primera instancia,  el   cual   mantendrá   competencia   hasta   que  se  restablezca  el  derecho  vulnerado,   porque  la  protección  de  los  derechos fundamentales es la  esencia  de  la  tutela, luego el cumplimiento de la orden de protección es una  obligación   de   hacer   por   parte   del   juez   de   tutela   de   primera  instancia.   

(…)  

Lo  normal es que dentro del término que  señale  el fallo de tutela, la orden sea cumplida. Pero, si excepcionalmente la  autoridad  responsable  del  agravio  va mas allá del término que se señale e  incumple,  el  juez de tutela debe agotar los siguientes pasos obligatorios, uno  a  continuación  del otro: a. Si la autoridad obligada  no cumple, el juez  se  dirigirá  al  superior  del  responsable  y  le requerirá para que lo haga  cumplir  y  para  que abra el correspondiente procedimiento disciplinario contra  el  directo  responsable del incumplimiento. b. si pasan cuarenta y ocho horas a  partir  del requerimiento al superior y la orden de tutela aún no se cumple, se  ordena  abrir  proceso  contra el superior, c. en el mismo auto que ordene abrir  proceso  contra  el  superior,  el Juez directamente adoptará todas las medidas  para  el  cabal  cumplimiento  de  la  orden.  Y  para  tal efecto mantendrá la  competencia  hasta  tanto esté restablecido el derecho. Adicionalmente, el juez  encargado  de  hacer  cumplir el fallo PODRA (así lo indica el artículo 27 del  decreto 2591 de 1991)  sancionar por desacato.   

(…)  

Es  decir  que  debe  haber  negligencia  comprobada  de  la  persona  para  el  incumplimiento  del  fallo,  no  pudiendo  presumirse  la  responsabilidad  por  el solo hecho del incumplimiento. Y, si se  trata  del  superior  inmediato  del funcionario que ha debido cumplir la orden,  tratándose  de  la  tutela, adicionalmente ha debido existir una orden del juez  requiriéndolo  para  que  hiciere  cumplir  por el inferior el fallo de tutela,  dándosele  un  término  de  cuarenta  y ocho horas porque así expresamente lo  indica el artículo 27 del decreto 2591 de 1991.”   

Por manera que,  el  auto del 19 de abril de 2002, a través del cual el Juez procesado concedió  el   hábeas  corpus  a  Romero   Latorre,  resulta  también  palmariamente  distanciado  del  Decreto  2591  de 1991, dado que al incumplimiento de la orden  impartida  por  el  Juez  de tutela, le hizo producir efectos invalidantes de un  proceso  penal;  consecuencias que no contempla la normatividad reglamentaria de  la acción de tutela.   

La  decisión  del Juez de hábeas corpus  procesado,  se  predica también manifiestamente contraria a la ley, por ignorar  la  sistemática  procesal  establecida en la Ley 600  de   2000  sobre  competencia.  Este  aserto  tiene  fundamento,  en que por encontrarse el expediente adelantado contra Oscar       Hernando       Romero       Latorre,      material  y  funcionalmente  en  la  Sala  de  Casación Penal, en  trámite  del  recurso  extraordinario, esta colegiatura era la única autoridad  que    podía   tomar   decisiones   legítimas   sobre   la   validez   de   la  actuación.   

Lo anterior, porque proferido el fallo de  segunda  instancia,  el  recurso  extraordinario  de  casación  es el mecanismo  jurídico   adecuado   para   que  los  sujetos  procesales  demanden  la  restauración  o la vigencia de  sus prerrogativas fundamentales.   

Tal  es  el  sentido  del  artículo  206  del Código de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000,  vigente  al  tiempo  de  los hechos,  al  erigir en fines de la  casación:  “la efectividad del derecho material y  de  las  garantías  debidas  a  las  personas  que intervienen en la actuación  penal…y  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  con la  sentencia demandada”   

Por  suerte  que,  estando  en  curso  la  casación  interpuesta  por  el  defensor  de  Romero  Latorre,  la  tutela  era  improcedente,  porque  esta  acción pública es residual y subsidiaria, como se  ha  sostenido  en  invariable  jurisprudencia de la Corte Constitucional y de la  Corte Suprema de Justicia.   

Queda, por lo tanto, sin piso el pretexto  del Juez de hábeas   corpus,   según  el  cual,  él  como  autoridad  judicial,  estaba  obligado  a  proteger  el  derecho  fundamental  a  la  libertad  del  Oscar  Hernando Romero  Latorre.   

9. Y ese franco  desfase  entre  la  normatividad llamada a regular el asunto y el auto del 19 de  abril    de    2002,    por   medio   del  cual  el  procesado,  ARMANDO  HERNÁNDEZ   SERRANO   concedió   el  hábeas  corpus, no se explica sino en  su  voluntad  dirigida  a favorecer a Oscar Hernando  Romero    Latorre;   y  se   concibe   en   la  cavilación  dolosa,  preparada  y  consciente,  ni  más ni menos, así como lo exige el tipo subjetivo  del  delito  de  prevaricato por acción.   

HERNÁNDEZ     SERRANO  era un  Juez  Penal  del  Circuito,  con  muchos  años de experiencia, especializado en  derecho  penal, conocía los ingredientes normativos  del        delito       de       prevaricato,  identificaba  sin  dificultad  sus  elementos;  estaba     suficientemente     enterado  de  la  naturaleza,  alcances y limitaciones de las acciones  públicas  de  tutela  y  hábeas corpus. Luego,  la  dirección  de su actuar hacia el favorecimiento del condenado en el proceso  penal  refleja la conciencia de que su actuar era injusto, disvalioso como pauta  de     conducta    y    censurable    también    por    el    resultado:  una  persona  condenada  en  dos  instancias por el delito de homicidio agravado  consiguió  su libertad,  con  argucias  extrañas  al proceso penal; dando paso, también, al descrédito  de la administración de justicia.   

10.  En  el  anterior  orden  de  ideas,  no es factible  aceptar   que   ARMANDO   HERNÁNDEZ   SERRANO  concedió  la  libertad  con  el  convencimiento  “errado  e invencible”  de  que  su  decisión se ajustaba a derecho. Se trata de un  abogado    de    amplia   trayectoria,  especializado  en  derecho  penal  y con ejercicio en el mismo  ramo.   Para   salir   de  su  “error”   le  hubiese  bastado  leer  la  Constitución   Política,   el   Código   de   Procedimiento  Penal     y     la    información    que    le    habían  suministrado  el  interesado,  el  Tribunal Superior de Bogotá y la Sala de Casación Penal.   

11.  Desde  otro  punto  de  vista,  el  implicado  y su  defensor            sostienen  que  el  Juez  Primero  Penal del  Circuito   de  Bogotá  decidió  la  petición  de  hábeas              corpus, según  su  leal  saber y entender en torno de los derechos fundamentales, de buena fe y  tras  haber  arribado  a  la  convicción de que era  necesario   y  procedente  salvaguardar    la    libertad   de   Romero   Latorre;   y   que, por lo  tanto,  el auto del 19  de     abril     de     2002    cuestionado      no     materializa    un    delito    de  prevaricato.   

A   ello   debe   decirse,   como  lo  ha  sostenido  esta  Sala  de  la  Corte  en  otras  oportunidades,  que las expectativas personales del  funcionario  judicial  encargado  de  resolver un asunto de su competencia, o su  concepción   académica   de   las   instituciones  jurídicas,  o  su  postura  ético-política,   no   lo   excusan   del  acatamiento  de  la  ley,  pues  la  administración   de  justicia  debe  hacerse  realidad  exclusivamente  en  los  términos   que   caben   dentro   de   la  Constitución  Política   y  las  leyes;  vale  decir,  con  estricto  apego  a la normatividad vigente, pues el Juez que hace de lado la ley  porque  piensa  que  una  solución  por  fuera  de ella es más justa, corre el  riesgo  de  prevaricar, como ocurrió en el presente asunto, pues el prevaricato  se  materializa  precisamente  cuando  se  emite  una  decisión manifiestamente  contraria  a  la ley, aún si dicha decisión contiene fundamentos que desde una  óptica   distinta   algún  sector  pudiese  considerarlos  ideales6.   

12.  Asegura  el  Juez  implicado  en su  apelación  que  el problema puede reducirse a una disparidad de criterios, pues  él  se  inclinó por el derecho constitucional que obliga al cumplimiento de la  orden  dada  en  la  sentencia  de  tutela,  y para el Tribunal Superior, que lo  juzgó  en primera instancia, era imperativo que sopesara cuestiones ajenas a la  acción de tutela.   

Esta última postura no es más que otra  muletilla  que  se  lanza  en  pro  de  los intereses de la defensa, pero que no  alcanza  ninguna  entidad  frente  a  la  solidez de los argumentos que viene de  exponerse;   pues  lo  que  no  constituye  el  delito  de  prevaricato  es  una  providencia  respecto  de  la  cual  pueda  admitirse la discusión acerca de su  juridicidad,  porque  de  alguna  manera  su  motivación puede ser razonable en  comparación con quien sostenga una tesis jurídica distinta.   

Tal  ejercicio  comparativo  ni siquiera  puede  hacerse  en  el  presente  caso, porque el Juez Primero Penal del Circuito de Bogotá, en su auto  del  19  de  abril  de  2002, al conceder el hábeas  corpus  a Oscar Hernando Romero Latorre,  absolutamente nada dijo acerca de  la  arbitrariedad  latente  en  la  sentencia  de  tutela que ordenaba anular el  proceso;  ni  se  manifestó  sobre  la  significación de la vigencia de la medida de aseguramiento, ni  sobre  la  competencia,  que  en  ese  momento  radicaba en la Sala de Casación  Penal.   

Por manera que el auto del 19  de  abril  de  2002 carece de elementos que permitan pensar, al  menos  como  probable,  que    se    está    ante    una   decisión   de  alguna  manera  arraigada  en  el derecho; pues los  fundamentos    jurídicos    de    las   providencias   judiciales   no   surgen  espontáneamente  de  las  citas  de  doctrina  y  jurisprudencia que se traen a  manera   de  cuña  para  suplir  la  carencia  de  ideas;  sino  que  esa argumentación empieza a ser  razonable  y  atendible,  cuando  se  constata  en la motivación que    esas    citas    son    compatibles   con   las     ideas    surgidas    después    de    analizar      cabalmente     la        situación       por  resolver,  que  se  ha  abordado  en  su  plenitud  conceptual,  valorando  todas  las alternativas y posturas en controversia; y no  al  aislar  una  parte  de ellas, para mirar el problema desde los sesgos que de  antemano prepara el funcionario judicial.   

Así     las     cosas, la sentencia condenatoria será confirmada.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

Confirmar la  sentencia      del      veintiséis  (26) de  abril   de  dos  mil  seis  (2006)  proferida  por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de Bogotá, en cuanto fue objeto  de apelación.   

Contra  esta  determinación no proceden  recursos.   

Cópiese, notifíquese  y cúmplase   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

Comisión de servicio  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                     ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

                                                                                                         Impedido   

MARINA  PULIDO  DE  BARÓN                         JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                     JULIO  ENRIQUE  SOCHA          SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Excusa justificada  

TERESA RUIS NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Ninguno  de  los  H. magistrados que suscribieron dicho auto integra actualmente  la Sala de Casación Penal.   

2 La  Sala  de  Casación  Penal  inadmitió las demandas, por medio de auto del 16 de  mayo de 2002 (radicación 19125).   

3  Artículo 204 Código de Procedimiento Penal.   

4  Corte  Suprema  de  Justicia. Sentencia de segunda instancia del 11 de diciembre  de 2003, radicado 19547   

5  Publicada  en  el Diario Oficial No. 46.440 del 2 de  noviembre de 2006.   

6  Sala  de  Casación  Penal.  Sentencia  de  segunda  instancia del 1° de junio de 2006, radicación 21428.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *